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El Éxodo Jujeño fue la retirada hacia Tucumán que, cumpliendo parcialmente la orden de evacuación hasta Córdoba impartida por el Primer Triunvirato de las Provincias Unidas del Río de la Plata, emprendió —el 23 de agosto de 1812— el Ejército del Norte, comandado por el general Manuel Belgrano, y la población de San Salvador de Jujuy —que abandonó completamente la ciudad y sus campos— como respuesta estratégica ante el avance del Ejército Realista proveniente desde el Alto Perú y cuya retaguardia fue protegida por el mayor general Eustoquio Díaz Vélez, resistiendo el acoso enemigo.[1][2]​ El rigor de la medida debió respaldarse con la amenaza de fusilar a quienes no cumplieran la orden.

Éxodo Jujeño
Exodo Jujeño.jpg
El Éxodo Jujeño (Museo Histórico Provincial de Jujuy)
Tipo acontecimiento
Lugar Desde San Salvador de Jujuy a Tucumán
Fecha 23 de agosto de 1812
Participantes Pobladores de San Salvador de Jujuy
Estatua ecuestre de Manuel Belgrano. Obra conjunta de Albert-Ernest Carrier-Belleuse (figura) y Manuel de Santa Coloma (caballo)
Óleo del General Eustoquio Antonio Díaz Vélez en el Cabildo de Salta, Sala de la Independencia, Provincia de Salta, República Argentina
Obelisco del Exodo Jujeño,
Obelisco del Exodo Jujeño, ubicado en Plazoleta 23 de Agosto, frente de la Ex Estación de trenes .
Otra vista del Obelisco del Exodo Jujeño.

AntecedentesEditar

En España,el Rey Fernando VII se encontraba cautivo de Napoleón Bonaparte (emperador de Francia),quien en su paso por España para invadir Portugal había logrado la abdicación de Carlos IV a favor de su hijo y luego tomó prisionero a este, colocando como rey a su hermano José Bonaparte. Los españoles se resistieron a este atropello y aunque los franceses invadieron toda España ellos resistían.Se nombraron Juntas que gobernaban en nombre de Fernando VII. Estas Juntas fueron cayendo hasta que cayo la Junta Suprema Central de Sevilla.Cuando esta noticia se conoció en el Río de la Plata estalló la Revolución de Mayo.

Pero no fue la única causa. Las invasiones inglesas de 1806 y 1807 son un importante antecedente porque demostró a los americanos que podían defenderse sin la ayuda de España,que envuelta en sus problemas tenía descuidada a sus colonias y mostró a los comerciantes porteños los beneficios de libre comercio. La estratificada y desigual sociedad colonial marcaba las diferencias entre la élite (blancos españoles y de otros países europeos) y los criollos (hijos de blancos nacidos en América) Y más grande era la diferencia con la mayor parte de la población integrada por mestizos y aborígenes. La élite ocupaba los altos cargos del gobierno mientras los criollos no tenían acceso. En ellos fueron ganando terreno la idea de la ilustración como soberanía popular y : libertad e ión igualdad. Especialmente entre jóvenes abogados de la ciudad, hacendFracesaados, comerciantes y militares

Manuel Belgrano, abogado y uno de los principales impulsores de la Revolución de Mayo, estaba cumpliendo la misión de fortificar las barrancas del río Paraná en Rosario, para repeler los ataques que los realistas efectuaban sobre la costa del mismo desde la ciudad de Montevideo. En esta ocasión había creado la actual Bandera Argentina. Estando en Rosario, el 27 de febrero de 1812 se le ordenó hacerse cargo del Ejército del Norte.

Manuel Belgrano arribó a Yatasto el 25 de marzo de 1812. Al día siguiente, Juan Martín de Pueyrredón le entregó el mando del ejército aunque ambos convinieron que públicamente Belgrano lo ejercería en calidad de interino para no afectar las conversaciones diplomáticas que se estaban realizando entre Pueyrredón y Goyeneche. Finalmente, con fecha 26 de mayo de 1812, la Junta Superior Provisional de las Provincias Unidas a nombre de Fernando VII nombró a Belgrano como General en Jefe del ejército auxiliador del Perú. [3]

Belgrano estableció su cuartel general en la ciudad de San Salvador de Jujuy, ubicada en la desembocadura meridional de la quebrada de Humahuaca, ruta principal de las invasiones desde el norte. Su objetivo era rearmar el ejército que se encontraba destrozado.

El mayor general Eustaquio Díaz Vélez, al mando de sus voluntarios que habían ido a Humahuaca a vigilar la entrada del general realista Pío Tristán, volvió con la noticia de la invasión.

Enterado del avance del numeroso ejército realista, Belgrano reclamó al gobierno de Buenos Aires refuerzos para la resistencia; pero no obtuvo mayores auxilios, debido a que las autoridades estaban abocadas principalmente a vencer a los realistas fortificados en Montevideo.

Por entonces llegaban hasta la zona las fuerzas patriotas retiradas del Alto Perú tras la derrota sufrida en la batalla de Huaqui. Eran alrededor de 800 soldados, sin armas ni recursos, semidesnudos, afectados por el paludismo y completamente desmoralizados.[4]​ Belgrano debía reorganizarlos, rearmarlos, restablecer la disciplina y dar ánimos a la población. Para ello se volvió riguroso e inflexible con sus subordinados. Creó diversas compañías, como la de guías, la de baqueanos, la de Cazadores y el cuerpo de castas. Recompuso la moral de las tropas, que ascendieron a 1500 hombres. A finales de julio recibió 400 fusiles, que le fueron de gran utilidad para completar el armamento.

Para aumentar el fervor patriótico del pueblo, y en conmemoración del segundo aniversario de la revolución, el 25 de mayo hizo bendecir la Bandera Argentina en la Catedral, por el canónigo Juan Ignacio Gorriti. Ignoraba que la misma había sido rechazada por el Primer Triunvirato, ya que el uso de una bandera propia era un claro signo de independencia para los triunviros, que aún no deseaban abandonar la ficción de que el nuevo país aún dependía del rey de España.[5]

En lugar de enviar refuerzos para atender el frente norte, el Triunvirato, a través de su ministro Bernardino Rivadavia, ordenó la retirada del Ejército del Norte hasta la ciudad de Córdoba.

El gobierno consideraba imposible resistir al ejército del brigadier Juan Pío Tristán, que avanzaba desde el Alto Perú después de haber recibido refuerzos en Suipacha, que elevaban su dotación a 4000 hombres. La intención del Triunvirato era retroceder hasta Córdoba, donde a las tropas de Belgrano se unirían fuerzas procedentes de la región rioplatense. Belgrano escribía:

...me es muy doloroso, que cuando nuestros hermanos de Perú están sacrificándose, esperanzados en nosotros, y con solo la súplica que entretengamos al enemigo con nuestra presencia, dejándoles a ellos su destrucción, no pueda acceder a ella por una falta... me hierve la sangre al observar tanto obstáculo, tantas dificultades, que se vencerían rápidamente si hubiese un poco de interés por la Patria.[6]

En las instrucciones recibidas por Belgrano, el gobierno le ordenó que destruyera cuanto pudiera ser útil al enemigo para dificultar sus marchas y recursos.[7]

Ni siquiera el llamado a las armas de todos los ciudadanos entre 16 y 35 años, y la formación de un cuerpo irregular de caballería, los Patriotas Decididos a las órdenes del valiente Eustoquio Díaz Vélez, permitían a Belgrano oponer cabalmente resistencia.

Díaz Vélez se ofreció para apoyar a la revolución que había estallado en la ciudad de Cochabamba, pero la falta de tropa suficiente desvaneció el proyecto. Sin la ayuda de las provincias "de abajo", la ciudad altoperuana fue ocupada por el mariscal de campo de los ejércitos realistas José Manuel de Goyeneche -que, al igual que su primo y subordinado Tristán, era criollo arequipeño- a finales del mes de julio, el cual actuó con gran rigor contra los partidarios de la revolución, tanto españoles como criollos e indios: ejecutó prisioneros, encarceló a civiles, embargó propiedades y aplicó tormentos y azotes para con los aborígenes. Cayeron también nuevamente en poder de los españoles las ciudades de Chuquisaca, Oruro y La Paz.

El éxodoEditar

El ejército español continuaba su avance hacia el sur, con cerca de 3000 soldados, comandados por Tristán. Como respuesta, el 29 de julio de 1812 Belgrano dictó un bando dirigido a todo el pueblo de Jujuy, disponiendo la retirada:

Pueblos de la Provincia: Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud.
Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieron y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.
Hacendados: apresuraos a sacar vuestro ganado vacuno, caballares, mulares y lanares que haya en vuestras estancias, y al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas, declarandóos además si no lo hicieseis traidores a la patria.
Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
Comerciantes: no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos, e igualmente cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan.
Entended todos que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase contra la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen desaliento estén revestidos del carácter que estuviesen serán igualmente pasados por las armas con sólo lo deposición de dos testigos.
Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen.
No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.
Cuartel general de Jujuy 29 de julio de 1812.
Manuel Belgrano.

La orden especificaba que la retirada debía dejar solo campo raso frente al enemigo, de modo de no facilitarle casa, alimento, ganado, mercancías ni cosa alguna que le fuera utilizable. Los cultivos fueron cosechados o quemados, las casas destruidas, y los productos comerciales enviados a Tucumán. El rigor de la medida debió respaldarse con la amenaza de fusilar a quienes no cumplieran la orden.

La población acató sin mayores actos la medida a partir de los primeros días de agosto, demorándose algo más los vecinos pudientes, que requirieron de Belgrano carretas para transportar sus bienes.

Del éxodo participaron aproximadamente 1500 personas de un total de 2500 a 3500 con que contaba la ciudad y jurisdicción de Jujuy. El pueblo jujeño, al igual que el del resto del antiguo Virreinato del Río de la Plata, estaba muy dividido entre los que apoyaban a los patriotas partidarios de la Revolución de Mayo y los que se mantenían leales a la continuidad del sistema virreinal.[8]

Siguiendo las órdenes de Belgrano, los habitantes de Jujuy, a los que se sumaron algunos refugiados procedentes de Tarija y Chichas, abandonaron sus hogares y arrasaron con todo lo que dejaban atrás, a fin que las fuerzas realistas no pudiesen aprovechar ninguno de sus bienes y dejándolos sin víveres para sus tropas. La población efectuó un largo trayecto de 360 km hasta Tucumán, paralelo a la actual Ruta Nacional 34, tomando por el camino de las Postas.

Los 200 hombres de las fuerzas irregulares al mando de Díaz Vélez, encargados antes de observar la frontera noroeste para cuidar de los movimientos de Tristán, quedaron a la retaguardia. La marcha cubriría 50 km diarios —el quíntuple de lo recomendable— para buscar cobijo hacia el oeste.

La retaguardia del éxodo partió de Humahuaca el 21 de agosto, y el 23 de agosto ya se encontraba en las adyacencias de la ciudad de Jujuy. Los realistas ocuparon también Humahuaca.

Díaz Vélez, con su Regimiento de los Patriotas Decididos tuvo como misión “retardar la marcha del enemigo mediante ataques de flanco que no comprometan su tropa”. El 26 de agosto volvió a ser atacado, con el refuerzo de dos piezas de artillería y sus efectivos rechazó esta intentona realista, luego de tres horas de combate.

El ejército patriota finalmente comenzó también su retirada ese 23 de agosto, en horas de la tarde; se arreó el ganado y se prendió fuego a las cosechas para desguarnecer al enemigo. Belgrano fue el último en dejar la ciudad deshabitada, dejando la tierra arrasada.

El 28 de agosto Pío Tristán ocupó la ciudad de Salta y formó un gobierno adicto, algo que le había costado integrar en Jujuy debido al escaso apoyo recibido.

Los realistas pretendieron bajar por la Quebrada del Toro para cortar la retirada de los rioplatenses. El brigadier Tristán envió sus avanzadas a hostilizar a los que se retiraban, dirigidos por el coronel Agustín Huici. Éste alcanzó a la columna sobre el río de las Piedras, entablándose el combate de Las Piedras el 3 de septiembre de 1812. La rápida reacción de Díaz Vélez logró allí una victoria, cayendo en poder de los independentistas el mismo Huici.

El éxodo se detiene y presenta batallaEditar

 
El cabildo de Jujuy se viste de gala ante el desfile de los soldados de Belgrano

El éxito obtenido en el combate de Las Piedras por Díaz Vélez alentó a Belgrano a detener la marcha. Ya desde antes, Belgrano se había apercibido que retirándose hasta Córdoba en espera de la ofensiva de los realistas, éstos podrían fácilmente esquivar las defensas en Córdoba y avanzar directamente sobre Buenos Aires.

De modo que, invitado por los tucumanos —y contando con la colaboración de la poderosa familia Aráoz, emparentada con su segundo, Díaz Vélez, y con el joven teniente Gregorio Aráoz de Lamadrid— y desobedeciendo las órdenes impartidas desde Buenos Aires de retirarse hasta la ciudad de Córdoba, se trasladó hacia San Miguel de Tucumán, donde esperó al ejército de Tristán.

Comunicó esta decisión al Triunvirato, pero Rivadavia le contestó ordenándole nuevamente seguir viaje hacia Córdoba. Cuando esa orden llegó, Belgrano ya había derrotado a Tristán en la batalla de Tucumán —la más importante en la Guerra de Independencia de la Argentina— y había obligado a las tropas realistas a retroceder hacia el norte. De ese modo, los independentistas recuperaron el control de esa región, control que se hizo completo con una segunda victoria en la batalla de Salta.

Por otro lado, la victoria de Tucumán causó la caída del Primer Triunvirato y su reemplazo por el Segundo Triunvirato, que apoyó más decididamente al Ejército del Norte sin descuidar a Montevideo.

Como símbolo patrio, la misma bandera fue donada por el general Belgrano al Cabildo de Jujuy el 25 de mayo de 1813, como premio y homenaje a ese pueblo que lo acompañó en el éxodo del 23 de agosto de 1812, y que posibilitó los triunfos de Las Piedras, Tucumán y Salta. Su tela es de raso, consta de tres paños y lleva pintado el escudo de la Asamblea del Año XIII. Su confección y pintado se realizó en la ciudad de San Salvador de Jujuy.

Cuando la guerra llegó a JujuyEditar

En las décadas previas a la Revolución de la independencia, la ciudad de San Salvador de Jujuy con su juridicción, integraba el Virreinato del Río de la Plata y la Independencia de Salta del Tucumán, cuya capital , la ciudad de Salta, se encontraba a 18 Leguas al sur. Se trataba de una ciudad pequeña pero, gracias a su ubicación en la desembocadura de la Quebrada de Humahuaca, era un centro de tránsito obligado entre la Altiplanicie y las las tierras bajas rioplatenses, lo cual les daba dinamismo mercantil y generaba trabajo para sus habitantes.

En la ciudad de Jujuy terminaba el camino carretero que conectaba con el Río de La Plata; hasta allí llegaban las carretas cargadas con mercancías, con destino a los mercados del Alto y Bajo Perú; en adelante sólo se podía continuar el viaje en mula y las mercancías debía enfardarse para ubicarlas en tercios de mula o burro, dirigidos por arrieros. Arrieros con sus mulas y carreteros con sus carretas confluían con la dinámica actividad cotidiana de Jujuy.

La arriería era una actividad especialidad, que involucraba a diferentes sectores sociales, a través de contratos de flete, desde los los grandes comerciantes poseedores de la mercaderías que debían fletar, hasta sectores populares, campesinos e indígenas, dueños de arrias y conductores. La razón de la importancia local de la arrieria está en la localización de Jujuy, donde todas las mercancías debían acomodarse en mulas o burros antes de trepar al Altiplano; los arrieros jujeños era requeridos por sus conocimientos del terreno y sus prestigios[9]​.

HomenajesEditar

 
Preparativo marcha evocativa
 
Armado de la quema simbólica del 23 de Agosto
 
Monolito Exodo Jujeño

El éxodo jujeño es recordado con gran estima por los habitantes de Jujuy, que cada 23 de agosto conmemoran el mismo. La acción de los jujeños de 1812 constituyó un gran acto de heroísmo colectivo que permitió las derrotas posteriores de los españoles.[10][11]

 
Orillas del rió xibi xibi

El 28 de octubre de 2002 fue promulgada la Ley 25.664, originada en un proyecto presentado en el Senado argentino, por la cual se declaró —en conmemoración de la Gesta del "Éxodo Jujeño"— a la provincia de Jujuy como Capital Honorífica de la Nación Argentina durante el día 23 de agosto de cada año.[12]

En el año 2012 se cumplieron doscientos años de la gesta, razón por la cual se llevaron a cabo diversos actos en homenaje al Bicentenario del Éxodo Jujeño.

Cada 22 de agosto, es decir el dia previo a la gesta del éxodo, se lleva a cabo la quema simbolica de la ciudad, acto para el que se construyen chozas de madera y paja en el lecho del río Xibi Xibi, que luego son quemadas mientras la poblacion se desplaza a pie y en carretas simulando la partida del pueblo que abandonó sus pertenencias y bienes en pos la libertad del pueblo argentino.

ReferenciasEditar

  1. Torres, Juan Lucio: El español como soldado argentino: Participación en las campañas militares por la libertad e independencia. Madrid, Ediciones de la Torre. 2014. ISBN 978-84-7960-578-0. P. 141
  2. Sierra, Vicente D.: Historia de la Argentina: Los primeros gobiernos patrios: 1810-1813. Unión de Editores Latinos. 1962. P. 559
  3. Documentos del Archivo de Belgrano, 1914.
  4. El éxodo jujeño
  5. Oficio del general Belgrano al superior gobierno de fecha 23 de agosto de 1812, en Miguel Aráoz, y por el centro "Documentos del Archivo de Belgrano", publicado por Internet Archive.
  6. [1]
  7. Gómez, Magalí. Revelaciones sobre el Éxodo Jujeño en la correspondencia de Belgrano. Vía Jujuy. https://viapais.com.ar/jujuy/583130-revelaciones-sobre-el-exodo-jujeno-en-la-correspondencia-de-belgrano/
  8. [2]
  9. Jerez, Marcelo y Baldiviezo, Dionila (2012). El Éxodo Jujeño significado y contexto histórico. Ministerio de Educación de la Provincia de Jujuy. p. 25. 
  10. Preparan evocación del Exodo Jujeño (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  11. Camino al bicentenario del Exodo Jujeño (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  12. «Ley 25.664: Declárase a la provincia de Jujuy Capital Honorífica de la Nación Argentina el 23 de agosto de cada año, conmemoración del "Exodo Jujeño".». Biblioteca Nacional de Maetros. octubre de 2002. Consultado el 22 de julio de 2012. 

Enlaces externosEditar