Anexo:Patrimonio de la Humanidad en Venezuela

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Venezuela posee actualmente tres elementos inscritos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad (dos culturales y uno natural), y cuatro como Patrimonio Cultural Inmaterial, y dos como Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia, sumando un total de 9 patrimonios.[1]

Bienes culturales y naturalesEditar

Venezuela cuenta actualmente con los siguientes lugares declarados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco:

  Coro y su puerto
Bien cultural inscrito en 1993.
Localización:   Falcón
Con sus construcciones en tierra únicas en toda la región del Caribe, la ciudad de Coro es el único ejemplo subsistente de una fusión lograda de las técnicas y estilos arquitectónicos autóctonos, mudéjares españoles y holandeses. Fundada en 1527 como Santa Ana de Coro, fue una de las primeras ciudades coloniales de América y posee unos 600 edificios históricos. (UNESCO/BPI)[2]
  Parque nacional Canaima
Bien natural inscrito en 1994.
Localización:   Bolívar
Situado al sudeste de Venezuela, el territorio de este parque, que linda con las fronteras de Guyana y Brasil, abarca tres millones de hectáreas cubiertas en un 65% por tepuyes, montañas tabulares con características biogeológicas únicas que presentan un gran interés para la geología. Sus escarpados farallones y cascadas –entre las que figura la más alta del mundo, con 979 metros de caída– forman espectaculares paisajes. (UNESCO/BPI)[3]
  Ciudad Universitaria de Caracas
Bien cultural inscrito en 2000.
Localización:   Distrito Capital
Construida entre 1940 y 1960 con arreglo a un proyecto del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, la ciudad universitaria de Caracas es un ejemplo excepcional de la arquitectura moderna. El campus comprende un gran número de construcciones y edificios agrupados en un conjunto funcional y bien estructurado, cuyo valor es realzado por obras maestras de la arquitectura y las artes plásticas modernas como la plaza cubierta, el Estadio Olímpico y el Aula Magna, ornamentada con la escultura “Las Nubes” de Alexander Calder. (UNESCO/BPI)[4]
Localización del Patrimonio de la Humanidad en Venezuela

Lista indicativaEditar

La inscripción en esta lista es la primera etapa para cualquier futura candidatura. Venezuela, cuya lista indicativa fue revisada por última vez el 10 de marzo de 2003, ha presentado los siguientes sitios:[5]

  Ciudad de La Guaira

Bien cultural

Propuesto en 1999

  Hacienda Chuao

Bien mixto

Propuesto en 2002

  Ciudad Bolívar en la angostura del río Orinoco

Bien mixto

Propuesto en 2003

Anteriores candidatos a Patrimonio MundialEditar

Los sitios que siguen estuvieron anteriormente en la lista Indicativa, pero fueron retirados o rechazados por la UNESCO. Los sitios que aún se incluyen en otras entradas en la lista Indicativa o que fueron aceptados y son parte de sitios del Patrimonio Mundial no se incluyen aquí.[6]

Imagen Nombre Año Tipo Descripción
  Lago de Valencia 1995–2016 C/N Estratos paleontológicos y arqueológicos
Formacion Parantepuy 1993–1998 c
  Parque nacional El Guácharo 1993–1998 N
Parroquia 23 de enero 1993–1998 c
  Parque nacional Guatopo 1993–1998 N
  Parque nacional Los Médanos de Coro 1993–1998 N Parque nacional de desierto, costa y marisma.
  Parque nacional Archipiélago de Los Roques 1993–1998 N
  Ruinas de la ciudad de Nueva Cádiz en la isla de Cubagua 1993–1998 c

Patrimonio Cultural InmaterialEditar

Actualmente Venezuela tiene 4 elementos inscritos en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial.

 
   
 
Diablos Danzantes de Venezuela
Bien cultural inscrito en 2012.
Localización:   Miranda,   Aragua,   Carabobo,   Guárico,   Cojedes y   Vargas
Las pequeñas comunidades de la costa central de Venezuela celebran de manera especial el Corpus Christi, festividad de la Iglesia católica romana que conmemora la presencia de Cristo en el sacramento de la eucaristía. Grupos de hombres adultos, muchachos jóvenes y niños, disfrazados de diablos enmascarados, ejecutan pasos de danza hacia atrás, en actitud de penitencia, al mismo tiempo que una jerarquía de la Iglesia católica avanza hacia ellos llevando el Santo Sacramento. El acompañamiento musical de la procesión se efectúa con instrumentos de cuerda y percusiones, mientras que los fieles hacen sonar maracas para alejar a los espíritus maléficos. En el momento culminante de la celebración, los diablos se rinden sumisos ante el Santísimo, simbolizando así el triunfo del bien sobre el mal. Los bailarines, llamados “promeseros’’, son miembros perpetuos de hermandades que transmiten la memoria histórica y las tradiciones ancestrales de las comunidades. Cada hermandad confecciona las máscaras diabólicas de sus afiliados y éstos se las ponen, llevando al mismo tiempo, cruces, escapularios y palmas benditas. Los bailarines también llevan cascabeles, sonajeros, pañuelos y cintas para protegerse contra los espíritus malignos. Las mujeres se encargan de la preparación espiritual de los niños, organizan las diferentes etapas del ritual, preparan comidas, prestan su concurso para las danzas y levantan altares a lo largo del recorrido de la procesión. En los últimos años, algunas comunidades han empezado a admitirlas a que participen como danzantes. Impregnada de creatividad, espíritu de organización y fe religiosa, esta celebración tradicional fomenta un fuerte sentimiento de identidad comunitaria y cultural. (UNESCO/BPI)[7]
 
   
La Parranda de San Pedro de Guarenas y Guatire
Bien cultural inscrito en 2013.
Localización:   Miranda
Todos los años, en las pequeñas ciudades de Guarenas y Guatire, los devotos del apóstol San Pedro celebran el día de su fiesta. Los fieles entonan cantos populares en honor del santo ante cada una de las imágenes de éste expuestas en las iglesias de ambas localidades. A media noche se celebra una misa en todas ellas, y luego los participantes sacan las imágenes a la calle para recorrer las calles en procesión. Un elemento central de la festividad es la rememoración y escenificación de la leyenda de la esclava María Ignacia, cuya hija fue curada por San Pedro. Algunos parranderos, vestidos con trajes de vivos colores minuciosamente confeccionados, representan los papeles de los personajes principales de esa leyenda, mientras que los demás agitan banderas y estandartes, tocan instrumentos musicales, bailan y cantan, improvisando melodías populares. Las mujeres participan en la preparación y celebración de la fiesta organizando reuniones para instruir a las jóvenes generaciones en la práctica de este elemento del patrimonio cultural, ornamentando las iglesias, vistiendo a las imágenes del santo y cocinando platos tradicionales. Durante la festividad, los parranderos, junto con sus familias, vecinos y otros adultos y niños de las comunidades, se reúnen para compartir todos juntos momentos de alegría. Esas reuniones sirven para celebrar el espíritu comunitario, la energía y la satisfacción de los parranderos, así como la vitalidad de una tradición que simboliza y reafirma el espíritu de lucha contra la injusticia y las desigualdades. (UNESCO/BPI)[8]
  Conocimientos y técnicas tradicionales vinculadas al cultivo y procesamiento de la curagua
Bien cultural inscrito en 2015.
Localización:   Monagas
Los conocimientos y técnicas tradicionales vinculados al cultivo y procesamiento de la curagua abarcan un conjunto complejo de prácticas relacionadas con las maneras de cultivar esta planta y extraer de ella sus fibras blancas, caracterizadas por su solidez, resistencia y suavidad. Esas fibras se hilan para confeccionar toda una serie de objetos artesanales, entre los que destacan las hamacas, que se han convertido en el emblema característico de la región de Aguasay. Tradicionalmente son los hombres los que se dedican a la extracción y procesamiento de las fibras de la curagua, debido a la fuerza física que exigen esas tareas. Las mujeres, por su parte, se encargan del tejido y la fabricación de productos artesanales. Las prácticas de cultivo, procesamiento y confección de artesanías tienen un papel importante en la configuración de la identidad de las comunidades del municipio de Aguasay. Actúan como mecanismo de cohesión social que transciende las barreras étnicas, socioculturales y de género. También fomentan diversas formas de cooperación dentro de las diferentes comunidades y familias, así como entre ellas. Las mujeres asumen un importante protagonismo en las estructuras comunitarias y familiares, tanto en lo que respecta al trabajo creativo como en lo referente a la generación de ingresos. Los conocimientos y técnicas se transmiten de generación en generación en el seno de las familias, principalmente por medio de la tradición oral, la observación y la imitación. (UNESCO/BPI)[9]
  Carnaval de El Callao
Bien cultural inscrito en 2016.
Localización:   Bolívar
El carnaval de El Callao es una práctica cultural de las comunidades de esta ciudad de la República Bolivariana de Venezuela, que guarda relación con los festejos de emancipación llamados “Cannes Brulées” que tienen lugar en las Antillas de habla francesa. Desde enero a marzo, esta festividad tradicional agrupa hasta unos 3.000 participantes que desfilan por las calles de la localidad disfrazados de personajes históricos o imaginarios al ritmo del calipso y otras músicas y danzas. Los desfiles son conducidos por mujeres que danzan engalanadas con vestidos variopintos. Son las llamadas “madamas”, matronas antillanas que se consideran auténticos pilares de la identidad callaoense por ser consideradas portadoras y comunicadoras de los valores culturales de la comunidad. Otros personajes del carnaval son: los “mediopintos”, jóvenes que divierten al público embadurnando con hollín a los que se niegan a contribuir con un óbolo; los “mineros”; y los “diablos”, personajes enmascarados que bailan blandiendo un látigo para mantener el orden. También participan en la festividad niños y adultos con otros disfraces. Este carnaval pone de relieve la historia de los habitantes de la ciudad y su diversidad al exaltar el legado cultural afroantillano y las influencias de otras comunidades, fortalece la identidad de los callaoenses, propicia la unidad entre ellos e incita a las generaciones más jóvenes a descubrir su patrimonio cultural. La transmisión de esta práctica cultural entre las generaciones se efectúa esencialmente en el seno de las familias y en escuelas dirigidas por depositarios de las tradiciones, en las que los niños adquieren las competencias necesarias para participar en el carnaval, componiendo melodías, tocando instrumentos musicales, cantando, bailando y fabricando máscaras. (UNESCO/BPI)[10]

Mejores prácticas de salvaguardiaEditar

El artículo 18 de la convención de la Unesco de 2003 estipula que el comité intergubernamental selecciona periódicamente entre las propuestas presentadas por los estados partes, programas, proyectos y actividades de salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial que reflejen mejor los principios y objetivos de la convención. Venezuela cuenta con un proyecto entre las mejores prácticas de salvaguardia bajo el título de Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la ‘Palma Bendita’ en Venezuela[11], seleccionado en 2019.

  Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la ‘Palma Bendita’ en Venezuela
Proyecto elegido como una de las mejores prácticas de salvaguardia en 2019.
Localización:   Miranda
En Venezuela, la actividad tradicional que es objeto del Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la “Palma Bendita” consiste en recolectar hojas de varias especies de palmas en una zona montañosa delimitada. En los días que preceden la Semana Santa, los recolectores, llamados palmeros, asisten primero a una ceremonia religiosa para recibir una bendición y luego suben al monte, donde van a pasar varias noches, haciendo altos en determinados lugares como si recorrieran el itinerario de un viacrucis. Al mismo tiempo narran y escuchan relatos, reparan los senderos, cortan hojas de las palmas, podan los árboles y plantan otros nuevos. Los palmeros bajan del monte las hojas recolectadas la víspera del Domingo de Ramos y las distribuyen entre distintas comunidades para que sean bendecidas en ese señalado día. Hace unos treinta años atrás esta práctica tradicional estuvo a punto de desaparecer porque los palmeros carecían de planes de reforestación y, debido a ello, las autoridades responsables de la conservación de los parques naturales nacionales empezaron a considerar que su actividad constituía una amenaza para el medio ambiente. Después de haberse convencido de que su método de recolectar las palmas debía cambiar forzosamente, los palmeros las podan ahora en vez de cortarlas. En el marco del Programa biocultural se han adoptado varias medidas innovadoras, por ejemplo la creación de proyectos educativos destinados a los jóvenes y la oferta de actividades culturales a la comunidad de los palmeros en su conjunto. El Programa ha servido para alentar a centenares de niños y jóvenes a participar en su realización y, además, sus componentes educativos hacen que sea un modelo a seguir por otras comunidades que también practican la recolección de la palma bendita en la época de Semana Santa, o que llevan a cabo actividades relacionadas con el patrimonio vivo en las que se da una estrecha vinculación entre las prácticas culturales y la naturaleza. (UNESCO/BPI)[11]

Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardiaEditar

Actualmente Venezuela tiene 2 elementos en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia.

  La tradición oral mapoyo y sus referentes simbólicos en el territorio ancestral
Bien cultural inscrito en 2014.
Localización:   Bolívar y Amazonas
La tradición oral de los mapoyos engloba el corpus de relatos que constituyen la memoria colectiva de este pueblo. Esta tradición está indisolublemente vinculada a un determinado número de sitios emplazados en la Guayana venezolana, a lo largo del río Orinoco, que constituyen los puntos de referencia simbólicos del territorio ancestral de este pueblo. Los depositarios de esta tradición oral narran los relatos en el transcurso de sus actividades cotidianas. El espacio simbólico resultante de esta interacción se ha convertido en el elemento de referencia de una historia viva que vincula a los mapoyos con su pasado y su territorio. La tradición oral se refiere a la estructura social, los conocimientos, la cosmogonía y los episodios que han hecho de los mapoyos participantes legítimos en el nacimiento de la República de Venezuela. Actualmente, los principales depositarios de las tradiciones orales y de su simbolismo son los miembros más ancianos de la comunidad. Sin embargo, hay varios factores que ponen en peligro la transmisión a las nuevas generaciones: la emigración de los jóvenes mapoyos que esperan conseguir mejores oportunidades en el plano educativo y económico; la expansión de las industrias mineras; y la influencia del sistema público de educación formal en los jóvenes mapoyos escolarizados que no fomenta el uso de su lengua materna. (UNESCO/BPI)[12]
  Cantos de trabajo de Los Llanos de Colombia y Venezuela
Bien cultural inscrito en 2017.
Localización:   Apure,   Barinas,   Portuguesa,   Cojedes,   Guárico,   Anzoátegui y   Monagas.
Este bien es compartido con Colombia  Colombia
Los cantos de trabajo de Los Llanos de Colombia y Venezuela son una práctica cultural de comunicación vocal consistente en cantar individualmente melodías a capela sobre temas relacionados con el arreo y ordeño del ganado. Fruto de la estrecha relación existente entre las poblaciones llaneras con el pastoreo de bovinos y los caballos, esta práctica forma parte del sistema tradicional de crianza de ganado de Los Llanos, que sintoniza perfectamente con la dinámica de la naturaleza y el medio ambiente de esta región. Los cantos narran vicisitudes de la vida individual y colectiva de los llaneros y se transmiten oralmente a los niños desde su infancia. La vitalidad de la práctica de este elemento del patrimonio cultural se ha visto mermada paulatinamente por toda una serie de cambios socioeconómicos y políticos que han modificado considerablemente el universo cultural de las comunidades de Los Llanos. Toda una serie de ambiciosos planes de ordenación territorial concebidos con una perspectiva desarrollista han conducido a hondas transformaciones no sólo de los sistemas de propiedad y uso de la tierra, sino también de los espacios naturales, sociales y culturales donde se interpretan los cantos. Esto ha traído consigo una pérdida de interés por las técnicas y los valores característicos de las faenas llaneras, que se traduce en una serie de amenazas para la viabilidad de este elemento del patrimonio cultural. No obstante, se están realizando numerosos esfuerzos para salvaguardarlo, a saber: aplicación de una estrategia pedagógica basada en la celebración de más de 20 encuentros entre depositarios de este patrimonio cultural y jóvenes de la región; elaboración de proyectos de formación para maestros de escuela; y organización de numerosos festivales de canto. (UNESCO/BPI)[13]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

Enlaces externosEditar