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El Combate de San Juan Bautista de la Ciénaga fue un enfrentamiento militar librado en el contexto de la Independencia de Colombia el 10 de noviembre de 1820, entre realistas y patriotas con una victoria absoluta de estos últimos.

Batalla de Ciénaga
Parte de Independencia de Colombia
ProvinciaSantaMarta.jpg
Mapa de la provincia de Santa Marta entre 1810 y 1830.
Fecha 10 de noviembre de 1820
Lugar Ciénaga y alrededores, actual Colombia
Resultado Victoria patriota decisiva[1]
Beligerantes
Flag of the Gran Colombia.svg República de la Gran Colombia Flag of Spain (1785–1873, 1875–1931).svg Imperio español
Guajiros
Comandantes
José María Carreño
José Prudencio Padilla
Pedro Ruiz de Porras y Rohan
Fuerzas en combate
2.000[2][3] Estimación antigua: 1.500[3]​-2.000[4]
Estimación moderna:
1.800[2]​-2.500[1]
Bajas
40[5]​-140[6][7]​ muertos
114 heridos[5]
600,[8]​ 621[9]​ ó 800[10]​ muertos
625,[11]​ 633[9]​ ó 800[1]​prisioneros
257 heridos[9]
800 fusiles, 5 buques de guerra y numerosa artillería y municiones capturadas[11]

AntecedentesEditar

Durante los años anteriores, Santa Marta había sido uno de los principales bastiones monárquicos de la costa caribeña. En 1812 los samarios habían recibido tres buques de guerra desde Cuba y el batallón Albuera desde España, junto a dinero y tabaco. Esto permitió al gobernador Tomás Acosta armar 1.500 combatientes, en su mayoría milicianos, para vigilar una línea desde Ocaña hasta la propia Santa Marta. Esto significaba que estaban muy dispersos en la margen derecha del Magdalena.[12]​ Sin embargo, fueron capaces de rechazar varias pequeñas expediciones cartageneras y batir a su flotilla en el curso fluvial.[13]​ Todo cambio con la llegada de exiliados venezolanos.

Los samarios derrotaron dos invasiones provenientes de Cartagena durante 1813. La de Pierre Labatut (1768-1849) y la de Louis Bernard Châtillon (m. 1813), los dos aventureros franceses, ambos contaban con cerca de mil hombres cada uno y este último con un bergantín, dos goletas y otros buques menores.[14]​ Labatut entró en Santa Marta el 6 de enero, mientras el gobernador José del Castillo huía a Portobello, Santiago de Cuba y Kingston sin resistir en quince naves acompañado de 450 civiles y militares.[15]​ Sin embargo, cuando Labatut apresó a un indio las comunidades de Mamatoco y Bonda bajo la dirección del cacique Antonio Núñez se alzaron en armas y recuperaron la urbe el 5 de marzo[16]​ con 2.000 lanzas.[17]​ El también coronel y además barón Châtillon intento tomar la ciudad, pero murió en combate en Papare, cerca de Ciénaga, el 11 de mayo con 300 de sus hombres.[16]

Esta fase inicial se caracterizó como un conflicto entre los realistas de Santa Marta y los revolucionarios de Cartagena, los primeros apoyados por Cuba y Cádiz y los segundos por exiliados venezolanos, lo que aumento la intensidad del conflicto.[18]​ El control del río Magdalena era fundamental tanto para Cartagena como Santa Marta.[19]​ Durante 1810-1811 se dieron escaramuzas y pequeñas batallas. A partir de 1812 la escala del conflicto aumento.[20]​ Los sucesos de Santa Marta no fueron excepcionales. Ciudades como Pasto, Panamá, Riohacha y Maracaibo y las islas de Cuba y Puerto Rico fueron bastiones realistas que resistieron mientras que los núcleos revolucionarios de Quito y Cartagena intentaron por la fuerza imponer sus nuevas ideas, cometiendo toda clase de atropellos cuando ocuparon a sus rivales (los quiteños saquean Pasto en 1811 y los cartageneros Santa Marta en 1813).[21]​ Después de expulsar a los revolucionarios, la situación se mantuvo estancada hasta la llegada de la expedición ultramarina.[22]​ Posteriormente, la ciudad sirvió de base de la expedición de Pablo Morillo (1775-1837) en 1815.[23]​ Durante la marcha sobre Cartagena, el gobernador Porras y 1.000 locales sirvieron como retaguardia del ejército realista.[24]​ Después de la reconquista la primera fase de la guerra en la región finalizó.[25]​ Se inicia un período que dura hasta 1818 y en que los indígenas se dedican a exigir recompensas por sus servicios.[22]

Santa Marta era una ciudad atrasada económicamente, situada siempre en la frontera y amenazada por grupos indígenas no sometidos, como los chimilas y los guajiros. Algo similar sucedía con Riohacha,[26]​ Tamalamaque y Valledupar.[27]​ En cambio, el fácil sometimiento de la región de Cartagena permitió convertir a ese puerto en el principal del Caribe, un rico centro del comercio.[28]​ Las regiones con poblaciones indígenas no sometidas estaban en regiones remotas, como el Darién. Santa Marta concentró durante los siglos XVI y XVII los esfuerzos militares neogranadinos, los taironas estaban teóricamente sometidos pero se rebelaban constantemente contra los abusos de las encomiendas (contribuyendo a su desaparición como grupo étnico), mientras que los guajiros, chimilas, tupes e ijka o aruacos seguían insumisos. Los primeros pararían sus ataques a fines del siglo XVII, los segundos durarían un siglo más y los dos últimos a inicios de la centuria XVII.[27]​ Para defenderse de tales ataques terrestres, tempranamente los samarios construyeron los fuertes de García de Lerma (1530), Bonda (1536 y reconstruido en 1572), San Juan de las Matas (1602), San Vicente (1644) y Nuestra Señora de la Caridad o de Betin (1663) alrededor o dentro de la ciudad.[27][29]​ El conflicto empezó a disminuir lentamente con el avance de las misiones de capuchinos y franciscanos en la región (los jesuitas estaban encargados de los Llanos orientales).[30]​ En comparación, la otra región que concentró muchos esfuerzos militares fue Popayán, pero durante los años 1630 y las tres décadas siguientes se sometieron militarmente (fracasados los primeros intentos de los misioneros) a gran cantidad de tribus de Patía y Chocó.[27]

Durante el siglo XVIII el peligro que significaban los corsarios y las grandes armadas británicas, que amenazaban las rutas comerciales caribeñas obligó a construir nuevas fortalezas destinadas a enfrentar ataques por mar. Así el vital puerto de Cartagena fue protegido por un formidable sistema defensivo y en Santa Marta se levantaron el fuerte San Fernando (1725) y de la isla del Morro (1739, ampliado en 1762 y 1778). Gracias a esa historia, ambas urbes concentraban importantes contingentes y recursos militares a su disposición apoyadas en sólidas posiciones defensivas.[29]

Durante la guerra, las comunidades indígenas fueron claramente realistas, las élites locales eran sospechosas de simpatizar con los rebeldes y el resto de la población era realista o indiferente.[25]​ Los indios del pueblo querían por sus servicios las tierras y pesquerías que sus ancestros habían perdido a manos de los patricios cartageneros, abiertamente rebeldes o «jacobinos» según la terminología que usaban los indios, mediante usurpaciones. También, en 1814, presionaron para nombrar gobernador al brigadier Pedro Ruiz de Porras y Rohan (1762-1826), persona en cuyo juicio se fiaban.[31]​ Tres años después pidieron una rebaja en sus contribución, la Corona lo aceptó en un 25%. Durante el período 1813-1820 los indios supieron hacer sentir su poder a la élite local.[32]​ Por otra parte, los criollos habían intentado usurpar numerosas tierras comunales de las comunidades indígenas durante la revolución y estos últimos ya habían recibido la ciudadanía española plena con la Constitución de 1812, a diferencia de los «libres de color», lo que los motivaba a tomar partido por la monarquía.[6]​ También debe entenderse que los indios conocían el sistema jurídico colonial y sabían utilizar las leyes que los protegían a su favor en cuanto podían,[33]​ y durante la revolución prefirieron apoyar el sistema que conocían.[34]​ Por otro lado, los milicianos voluntarios mulatos o negros del ejército realista tenían más posibilidades de ascenso en la cadena de mando que los reclutas forzados indios o campesinos de su contra parte republicana, donde el mando estaba dominado por criollos.[35]

Expedición de McGregorEditar

El 11 de agosto de 1819 Gregor McGregor (1786-1845) con 3 buques y 200 británicos ocupaba Riohacha, el gobernador José Solís huyó sin luchar. El 11 de octubre, los guajiros reconquistaron Riohacha al mando de los capitanes de milicias Clemente Iguarán y Miguel Gómez. El gobernador Solís, tratando de ocultar su cobardía, hizo fusilar a 64 prisioneros. Como los guajiros se negaron, tuvieron que ser los peninsulares los que realizaron el trabajo sucio. Poco después, otros 48 prisioneros corrieron igual suerte.[31][36]

CampañaEditar

En 1819 se inició la segunda etapa de la guerra en la región, una que acabaría cuatro años después con la completa derrota monárquica.[25]​ A principios de 1820 los monárquicos aún controlaban la costa atlántica, el Bajo Magdalena y las ciudades portuarias de Cartagena de Indias y Santa Marta. Gracias a eso bloqueaban la ruta fluvial e impedían el ingreso de armas a los patriotas del interior. Esto motivo a la ofensiva republicana que permitió controlar el delta del Magdalena a mediados de año.[37]​ Las operaciones en la zona estaban a cargo del Ejército del Norte mandado por el coronel Mariano Montilla (1782-1851) y la flota del coronel José Prudencio Padilla (1784-1828). El Ejército del Norte en 1821 tendría 2.418 hombres.[38]​ El plan era simple: controlar el Magdalena, tomar Santa Marta, bloquear Cartagena por mar y atacar Maracaibo.[39]

El 7 de marzo una expedición de 14 bergantines, goletas, faluchos y flecheras (8 de transporte), zarpaba de Juan Griego con 1.000 a 1.300 hombres a bordo (700 irlandeses). Cinco días después fondeaban en Riohacha. Sus comandantes, el coronel Montilla y el almirante Brión exigieron a Solís capitular, pero éste y el grueso de la población prefirieron huir a los alrededores. Parte de la ciudad fue quemada.[40]​ El segundo de Montilla, el coronel Ramón Ayala Soriano (1776-1844), fue nombrado gobernador y se ofreció una amnistía para todo el que volviera a la ciudad. Rápidamente se presentaron a colaborar con el nuevo orden muchos patriotas confesos.[41]

De inmediato, los patriotas tomaron rumbo al sur.[31]​ Las guerrillas de Miguel Gómez que se formaban alrededor son vencidas con facilidad y se ocupa la mayor parte de la zona. Las órdenes de Simón Bolívar (1783-1830) son ocupar Valledupar, Ocaña y finalmente Maracaibo, así que el coronel Montilla sale con 500 soldados hacia la primera. Consiguió ocuparla, pero los guerrilleros le aislaron dentro.[41]

Entre tanto, los monárquicos concentran un fuerte contingente gracias a la llegada de refuerzos samarios y marabinos. Estaba al mando del coronel Vicente Sánchez de Lima y el teniente coronel Francisco Labarcés. Ante esto, Montilla se retira bajo el constante acoso de Gómez, llegando exhausto a mediados de mayo a Riohacha.[42]

Se esperaban refuerzos, pero por motivos bélicos fueron enviados al frente de Pasto. Unos pocos fueron enviados con el coronel Francisco Carmona Lara (1790-1853) el 10 de marzo a Ocaña y después a Chiriguaná, no ayuda mayormente a los patriotas de Montilla. El día 20 salía de Bucaramanga una columna de 1.000 soldados de los batallones Rifles, Pamplona y Flanqueadores dirigida por el coronel Jacinto Lara (1778-1859), quien prometía tomar Santa Marta y Maracaibo.[43]

Legión IrlandesaEditar

Justo cuando Riohacha volvía a ser rodeada, esta vez por 1.500 realistas al mando de Sánchez de Lima,[44]​ se presentó ante Montilla un documento con la firma de 52 oficiales irlandeses exigiendo mejores sueldos y alimentos. Si no eran atendidas sus demandas exigían dejar de servir a Colombia y permiso para viajar a la colonia británica más cercana. Finalmente dejaron de obedecer las órdenes de sus superiores.[45]

Aprovechando la situación, el 25 de mayo los monárquicos intentaron asaltar la ciudad, lo que obligó a todos los defensores a colaborar: irlandeses, lanceros, infantes de marina y milicianos locales; todos apoyados por dos cañones. Tras la exitosa defensa, Montilla desalojo a Sánchez de sus posiciones en Laguna Salada y lo persiguió hasta la sabana de Patrón.[46]​ El 4 de junio los irlandeses empezaron a ser evacuados.[47]​ Se decidió que era perentorio ocupar de una vez por todas Santa Marta.

Entre 1818 y 1821 llegaron a Isla Margarita 4.500 británicos y 2.000 irlandeses.[48]​ Estos sirvieron a Bolívar para transformar a sus tropas. El ejército miliciano territorial o guerrillero local de los primeros tiempos, con un mando basado en un caudillismo carismático, fue reemplazado con los años por uno regular y nacional, con un comando profesional e impersonal. La fuerza armada buscaba basarse en una lealtad a la nación más que a la localidad natal. Sin embargo, la mayoría de los oficiales siguieron siendo venezolanos.[49]

El 2 de octubre Bolívar entraba en Mérida (con rumbo a Trujillo donde llega cinco días después). El millar de realistas que la guarnecían huyeron a Maracaibo y Santa Marta, muchos desertaron en el periplo y el resto acabó por unirse a las guerrillas.[50]

La batallaEditar

 
Distribución del pueblo wayú.

Por orden de Bolívar se debía finalizar la campaña en el Magdalena y conquistar Santa Marta.[51]​ El motivo principal era el apoyo que se daban los realistas de esta ciudad con los de Cartagena de Indias a través del mar.[52]​ Montilla se instaló en Soledad a planificar sus acciones venideras.

Sabiendo lo que le venía encima, el gobernador brigadier Pedro Ruiz de Porras empezó a preparar la defensa.[53]​ Ésta estaba a cargo de oficiales españoles Tomás Morales y Antonio Díaz y los capitanes de milicias pardas, el cacique Faustino Bustamante, el catalán Francisco Labarcés y los capitanes mulatos Narciso Vicente Crespo y Tomás José Pacheco. Los indios y zambos que formaban el grueso de sus fuerzas confiaban en rechazar a los atacantes como habían logrado varias veces antes.[31]​ Ellos decidieron atrincherarse entre y dentro de Pueblo Viejo y San Juan Bautista, disponiendo de cañones, una flotilla y una considerable y animada fuerza de caballería e infantería.[54]​ Esta posición formaba una «barrera» o «puerta de entrada» natural y obligatoria para llegar a la capital provincial.[55]​ Contaba con trincheras, 19 fortines, baterías de artillería detrás de empalizadas y fosos con palos a pique (troncos clavados perpendicularmente a tierra).[56]​ El gobernador también pidió ayuda al ejército español en Venezuela[n 1]​ y mando reunirse a todas las unidades dispersas en la región.[54]​ Los realistas eran en su mayoría milicia indígena[3]​ armada con arcos y algunos con fusiles.[57]​ San Juan Bautista contaba con 100 soldados del batallón de Antioquia y un destacamento de húsares y lanceros; también tenía unos 2.000 indios, pero las guerras de los años anteriores los habían reducido a menos de la mitad.[58]

Durante aquellos momentos, el 20 de octubre, una fuerza de 500 ó 600 soldados al mando de Sánchez de Lima atacó a orillas del Magdalena a Lara, en Guaimaro, quien esperaba la orden de cruzar el río. Lara fue vencido, relevado del mando y reemplazado por el coronel José María Carreño (1792-1849).[54]​ Éste atacó a los realistas en río de la Fundación con 1.300 hombres y los venció completamente. Sánchez tuvo que huir a Maracaibo. Entre tanto, Padilla tomaba posiciones en la Ciénaga Grande y el almirante Luis Brión (1782-1821) bloqueaba el puerto de Santa Marta.[59]​ Labarcés quedaba en Río Frío con 200 soldados españoles aislado.[60]

Un asalto combinado se produce en la mañana del 10 de noviembre. Los patriotas eran 400 jinetes (venezolanos en su mayoría) y 2.000 infantes más 650 soldados en los barcos.[9]​ Las tropas de Carreño atacaron las baterías en Pueblo Viejo, logrando flanquearlas y ubicarse en su retaguardia y conquistar la posición. Mientras, el coronel Padilla ubicaba se mantienen en Ciénaga Grande, la barra y las salinas cercanas. Los republicanos avanzan sobre San Juan Bautista pero se encuentran a los habitantes parapetados en las casas y defendiéndolas con un fuego muy certero. La infantería patriota carga contra el pueblo mientras que la caballería de llaneros armados con lanzas inicia sus cargas.[61]

Ante la feroz resistencia realista un oficial patriota escribió:

«el enemigo, en su mayor parte indios, tan valientes como la mejor tropa, se metió en las casas del lugar, sosteniéndose con grande obstinación, y hube de emplear más de hora y media de fuego para desalojarlos de todas partes».[6]

Aprovechado el caos, Padilla asalto los buques de guerra realistas y las baterías costeras. Después desembarco a 650 soldados al mando del teniente coronel Hermógenes Maza. Éste se reunión con Carreño en la batería de San Pedro, ya capturada, y fue enviado a ocupar las baterías de Dulcino y Gaira. Padilla con su flotilla fue a ayudar al almirante Brión en el bloqueo de Santa Marta.[61][60]

ConsecuenciasEditar

La batalla fue una de las más sangrientas de la guerra, más que Ayacucho, Junín, Boyacá, Bomboná y Pantano de Vargas. Entre los muertos estaba el capitán Pacheco.[32][62]​ Si se suman las bajas en los combates previos de Fundación, El Codo y Río Frío el total fue de 720 muertos y 431 heridos, como mínimo.[9]​ Con la guerra, Santa Marta vio caer su población de cuatro mil a tres mil personas.[63]​ En 1813 más de setecientas personas salieron a Panamá, Cuba, Jamaica y Riohacha.[64]

En la misma jornada de la batalla, el coronel Maza tomó el mando de la vanguardia (600 hombres) y seguido de cerca por Carreño con el grueso de las fuerzas (1.300),[65]​ avanzó sobre Santa Marta. Durante el trayecto, el coronel Juan Narváez con dos vecinos miembros del cabildo pidió suspender el ataque para negociar la rendición. Les fue concedida la tregua, pero esa noche el gobernador Porras y los tres vecinos más importantes de la localidad huyeron. En la mañana del 11 entraron Padilla y Carreño en una ciudad abandonada, ya que muchos huyeron a Riohacha o Maracaibo, aunque tras saber de la amnistía decretada volverían.[3]

Aproximadamente un tercio de los hombres adultos de Ciénaga, localidad de apenas 5.000 habitantes, murieron en la lucha.[1]​ La victoria republicana permitió a los republicanos hacerse con el control de la provincia.[1]

El año de 1820 fue realmente decisivo para el curso de la guerra continental. Había estallado una revolución cuyo primer resultado fue impedir que la "Gran Expedición", una fuerza destinada a someter a las revoluciones americanas, zarpara. El propio Morillo esperaba unos 6.000 refuerzos de aquella tropa.[40]​ Pero igual de grave a largo plazo fue lo evidente de la división de los monárquicos entre liberales «doceañistas» y absolutistas «fernandinos».[31]​ Ambos grupos se harían la vida imposible en los años siguientes y desangrarían el esfuerzo bélico. Muchas unidades o jefes de las milicias coloniales desertaron y los liberales intentarían negociar ofreciendo una tregua,[66]​ que será aprovechada por los patriotas para mejorar su posición y promover una revuelta en Maracaibo.

ReferenciasEditar

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  11. a b Payares González, 2009: 24; Restrepo, 1858b: 57s
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  13. Restrepo, 1858a: 140
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  65. Payares González, 2009: 24s
  66. Cañizales Guédez, 1993: 258

NotasEditar

  1. En esos momentos Morillo estaba demasiado ocupado por las acciones de Páez en Apure y Barinas, de Bermúdez en Cumaná y Barcelona y las guerrillas de Zaraza, Cedeño y Monagas en los Llanos orientales. Los realistas se distribuían en: Morales tenía 2.000 hombres en Calabozo, 1.300 en Cumaná, Real con 1.600 en Pao y Guadarrama, Latorre con 1.400 en Bailadores, 2.500 entre Caracas y Barquisimeto y algunas tropas en Coro y Maracaibo. Estas divisiones también le impidieron concentrar 3.000 a 4.000 hombres y marchar sobre Nueva Granada antes que Bolívar reuniera todo su ejército [Restrepo, 1858b: 51].

BibliografíaEditar

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  • Restrepo, José Manuel (1858a). Historia de la revolución de la República de Colombia en la América Meridional. Tomo I. Besanzon: J. Jacquin.
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  • Sæther, Steinar A. & Claudia Ríos Echeverry (2005, 2012). Identidades e independencia en Santa Marta y Riohacha, 1750 - 1850. Instituto Colombiano de Antropología e Historia. ISBN 9789588181295.
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Véase tambiénEditar