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La Batalla de Huaqui o Batalla de Guaqui[n. 5]​ o Batalla del Desaguadero o Batalla de Yuraicoragua o Desastre de Huaqui fue un enfrentamiento militar ocurrido el 20 de junio de 1811, en el límite entre el Alto Perú —actual Bolivia— y el Virreinato del Perú, en el que el ejército Ejército Real del Perú de aquel virreinato venció al patriota revolucionario de la Junta Grande de Buenos Aires, puso fin a la Primera expedición auxiliadora al Alto Perú y produjo la pérdida momentánea de las provincias altoperuanas.

Batalla de Huaqui o Guaqui
Expedición auxiliar al Alto Perú
Plano Huaqui.jpg
Antiguo plano de la batalla de Guaqui.
Yuraicoragua TO 01.jpg
Teatro de operaciones de la batalla de Huaqui.
Fecha 20 de junio de 1811
Lugar Zona al norte y sur de la quebrada de Yuraicoragua, a 6 km y 11 km respectivamente de la actual Guaqui Departamento de La Paz, Bolivia
Coordenadas 16°37′44″S 68°55′08″O / -16.628888888889, -68.918888888889Coordenadas: 16°37′44″S 68°55′08″O / -16.628888888889, -68.918888888889
Resultado Victoria del ejército realista[n. 1]
Beligerantes
Virreinato del Perú: Ejército realista Junta Grande: Ejército del Norte[n. 2]
[n. 3]
Comandantes
José Manuel Goyeneche Juan José Castelli
Antonio González Balcarce
Fuerzas en combate
Ejército de Observación del Alto Perú
Total: 6.500[1][2][3]​-8.000[4]
(incluyendo 4.700 milicianos)[5]
12 cañones
Ejército del Norte[n. 4]
Total: 8.000[1][2]​-18.000[5]
(incluyendo 5.000-6.000 regulares)[3][5][4]
18 cañones
Bajas
Desconocidas, menores 1.000 muertos, heridos y prisioneros[6]

El Condado de Guaqui es el título nobiliario español que fue creado para el general José Manuel de Goyeneche como premio a su victoria.

Índice

AntecedentesEditar

Los acontecimientos previos a la Batalla de Huaqui estuvieron dados por las acciones que desarrolló el Ejército del Norte mandado por el representante de la Primera Junta de Buenos Aires, el abogado Juan José Castelli y por el brigadier Antonio González Balcarce, que tuvo su primer encuentro con el ejército realista al mando del general José Manuel de Goyeneche a fines de octubre de 1810, sin mayores consecuencias y sin ser perseguido por el ejército realista replegándose hacia el sur, y obteniendo en Batalla de Suipacha una clara victoria sobre las fuerzas realistas, el 7 de noviembre de 1810.

El triunfo de las armas patriotas en Suipacha permitió el levantamiento de la ciudad de Potosí y nuevamente el de Chuquisaca y La Paz, abriendo la revolución a todo el Alto Perú.[cita requerida]

El avance de las tropas del gobierno de Buenos Aires continuó hacia el norte del Alto Perú, hasta el límite con el Virreinato del Perú y ambos bandos se acercaron a una zona casi triangular cuyos vértices eran: Puente del Inca sobre el río Desaguadero, la localidad de Huaqui sobre el borde del lago Titicaca al este y la localidad de Jesús de Machaca al sureste. Este fue el teatro de operaciones donde tuvo lugar la batalla.

Orden de batallaEditar

Fuerzas de GoyenecheEditar

Ejército Real del Perú

Comandante en Jefe

Oficialidad

Unidades y Comandantes

  • Caballería
    • Escuadrón de milicias de Dragones de Arequipa (Pedro Galtier Winthuysen)
    • Escuadrón de milicias de Dragones de Tinta (Francisco de Paula González)
    • Escuadrón de milicias de Azángaro
  • Artillería
    • 12 cañones[4]​ (repartidos en tres baterías de a cuatro)

Fuerzas de González BalcarceEditar

Ejército del Norte

Comandante en Jefe

Oficialidad

Unidades y comandantes
Infantería

Caballería

Artillería

  • 18 cañones

Las tropas que intervinieron entre los dos bandos fue la siguiente:

Reales Ejércitos (Brigadier José Manuel de Goyeneche) con un total de 7500 hombres y 14 piezas de artillería:

  • Ala Derecha (Brigadier Juan Ramírez Orozco) con 2500 hombres y cuatro piezas de artillería:
    • Batallón de Paruro.
    • Batallón de Paucartambo.
    • Batallón de Abancay.
    • Escuadra de Arequipa.
  • Centro (Brigadier Pío Tristán) con 1000 hombres:
    • 2.º Batallón de Cuzco.
    • Batallón “Fernando VII”.
  • Ala Izquierda (Brigadier José Manuel de Goyeneche) con 2500 hombres y cuatro piezas de artillería:
    • Batallón de Cuzco.
    • Batallón de verdadero Lima.
    • Batallón de Puno.
    • Escuadrón de Tinta.
    • Escuadrón de Dragones.
    • Una compañía de ingenieros.
  • Fuerza de Reserva (coronel Jerónimo Marrón de Lombera) con 2000 hombres y seis piezas de artillería.

Ejércitos insurgentes (Brigadier Antonio González Balcarce) con un total de 2800 y 19 piezas de artillería:

  • Ala derecha (Coronel Juan José Viamonte) con seis piezas de artillería:
    • Una compañía de Pardos.
    • Una compañía de Morenos.
    • Compañía de Patricios de Buenos Aires.
    • Regimiento n. o 6 de la Infantería de la Compaña.
    • Escuadrilla de Húsares de Buenos Aires.
  • Centro (Coronel José Bolaños) con seis piezas de artillería:
    • Una compañía de la Paz.
    • Una compañía del Regimiento de Cochabamba.
  • Ala izquierda (Coronel Eustoquio Díaz Vélez) con siete piezas de artillería:
    • Compañía de Oruro
    • Compañía de Pardos de Córdoba
    • Compañía de Granaderos de Chuquisaca
    • Cuatro compañías de desmontado y otras cuatro de Dragones montados Ligeros de la Patria.
  • Fuerza de Reserva (Brigadier Francisco del Rivero) con 1800 hombres:
    • División de Caballería de Cochabamba.[7]

Incidentes previosEditar

El 11 de abril de 1811, una patrulla de la vanguardia del Ejército Auxiliar y Combinado, integrada por doce Húsares de La Paz, al mando del teniente Bernardo Vélez, recorría las cercanías del pueblo de Huaqui. Ahí se enteró que un destacamento de exploración del Ejército Real del Perú se dirigía hacia ese lugar y planeó emboscarla en las afueras del pueblo. Al intentar hacerlo se encontró, sorpresivamente, con un destacamento que tenía unos 100 soldados bien montados y armados. Tras rechazar una intimación de rendición y antes de que esas fuerzas lo pudieran rodear, el teniente Vélez se abrió paso hacia Huaqui y se atrincheró en la iglesia del pueblo. Luego de un enfrentamiento de quince minutos la patrulla de Goyeneche se retiró hacia su base de partida llevándose dos prisioneros. Por orden de Castelli, Díaz Vélez envió un emisario con una nota de protesta y un pedido de devolución de los dos prisioneros. En la nota, Díaz Vélez otorgó un plazo de dos horas para que se retiraran todas las partidas de exploración que pudieran estar al este del río Desaguadero. La respuesta de Goyeneche fue negativa pero devolvió los prisioneros. Por su parte Díaz Vélez ordenó reforzar las avanzadas en la zona de Huaqui.[8]​ El 23 de abril, desde el campamento de Laja, Castelli envió otro oficio a Goyeneche en el que, mencionando el incidente del 11 de abril , advirtió que había tomado medidas para que se respetaran los antiguos límites virreinales, no se interfirieran las operaciones del Ejército Auxiliar al este del río Desaguadero ni se mortificara a los pueblos de indios existentes en esa zona.[9]

El 16 de mayo, mientras Francisco del Rivero avanzaba con el grueso del regimiento de Voluntarios de Caballería hacia su nueva base de operaciones en el pueblo de Jesús de Machaca, una parte de su vanguardia, al mando del capitán de artillería Cosme del Castillo, partió de esa localidad con una pequeña partida de 15 hombres. En el camino hacia el Azafranal se enteró de que una partida de Goyeneche recorría los pueblos de la zona. A unos 14 kilómetros más acá del Azafranal, sobre el río Desaguadero y por propia iniciativa la atacó ocasionándole varios heridos y muertos. Algunos se ahogaron al pretender escapar cruzando el río. Del Castillo no tuvo ninguna baja.

 
Puente del Inca. Plano levantado por orden de Goyeneche en 1811

Otra partida de 50 hombres, al mando del capitán José González, que había partido de Jesús de Machaca antes que Cosme del Castillo, avanzó unos 70 kilómetros con dirección oeste. Luego de cruzar el río Desaguadero, ya en territorio del Virreinato del Perú, González se enteró de que en el poblado de Pizacoma operaba una patrulla que Goyeneche había enviado para controlar los caminos que desde el suroeste conducían a Puente del Inca y Zepita. Esta patrulla estaba dispersa en tres sectores: unos 25 hombres se encontraban en Pizacoma, otra custodiaba los caballos que pastaban en los valles de la zona y la tercera estaba en el pueblo de Huacullani, a 32 kilómetros al norte de Pizacoma. El 17 de mayo, la caballería cochabambina cayó sorpresivamente sobre Pizacoma logrando capturar casi todas las armas, caballos y monturas, produciendo cuatro muertos y 41 prisioneros. Goyeneche reclamó en vano que devolvieran lo capturado aduciendo que ya regia el armisticio. Por su parte Díaz Vélez justificó la escaramuza diciendo que esas patrullas que salieron de Jesús de Machaca no estaban al tanto del armisticio pactado. Era cierto que Rivero operaba con autonomía y lejos de Castelli ubicado entonces en Laja. Goyeneche acusó a estas fuerzas de no tener “subordinación y disciplina”, de “tumultuarias”, que “ni atendían reclamaciones ni obedecían las órdenes del que las mandaba y dirigía”.

A principios de junio, ya en su cuartel de Huaqui, Castelli ordenó al teniente coronel Esteban Hernández, que con 50 Dragones de la Patria, ubique un puesto de vigilancia adelantado en la pampa de Chiribaya, a unos 5 km hacia el oeste de la salida sur de la quebrada de Yuraicoragua, y a unos 10 km antes de llegar al Puente del Inca. La cercanía de esa vanguardia y, sobre todo, la ambigua redacción del armisticio le permitió a Goyeneche interpretar esa presencia como una violación del tratado por parte de Castelli, por lo que envió una columna de 500 hombres, al mando de Picoaga, con la misión de desalojarla. El 6 de junio de 1811, el capitán Eustoquio Moldes, al mando de 20 soldados, mientras patrullaba la zona, capturó un desertor que le informó el avance de Picoaga. Pese a la advertencia, la pequeña patrulla de Moldes fue localizada y sufrió un ataque esa misma noche. Esta escaramuza nocturna, en medio del frío y la oscuridad, a la que se sumaron las fuerzas de Hernández, terminó con muertos, heridos y prisioneros y la retirada de ambos contendientes que se adjudicaron la victoria. Castelli comunicó al gobierno el incidente doce días después, es decir, al día siguiente de haber recibido la respuesta negativa del Cabildo de Lima a un arreglo pacífico y tras una junta de guerra en la que se decidió iniciar las operaciones militares contra Goyeneche. En el mismo oficio, Castelli informó al gobierno que consideraba que el armisticio estaba roto.[10]

La batallaEditar

Dado que el virrey José Fernando de Abascal, del Virreinato del Perú, no se fiaba del revolucionario Juan José Castelli, envió refuerzos y abastecimientos al general realista José Manuel Goyeneche, quien continuó los preparativos bélicos. Advertido Castelli de estos movimientos españoles movió su ejército desde el campamento de La Laja, en el que se había instalado a principios de abril de 1811, hacia el nuevo campamento en Huaqui, para aproximarse al paso del río Desaguadero (denominado Puente del Inca) y observar los movimientos realistas, lo que constituía una violación flagrante del armisticio firmado por ambas partes.

Después de acampar durante abril y mayo en Laja para reorganizar sus cuadros, incorporar soldados y adiestrarse, el ahora Ejército Auxiliar y Combinado del Perú avanzó hacia el río Desaguadero, llegando a Huaqui a principios de junio de 1811. Díaz Vélez fue ascendido a coronel graduado el 28 de mayo de 1811.[11]

El 18 de junio, mientras aun regía el armisticio que Castelli había firmado con José Manuel de Goyeneche y que probablemente ninguno de los dos pensaba cumplir, Viamonte inició la marcha de aproximación de su división hacia Puente del Inca, sobre el nacimiento del río Desaguadero. Partiendo de Huaqui, su división cruzó de norte a sur la quebrada de Yuraicoragua y estableció su campamento en la salida sur de la misma, donde comienza el llano que da a la pampa de Machaca hacia el este y Chiribaya al oeste. Al día siguiente, la división de Díaz Vélez recorrió el mismo itinerario y llegó al atardecer sumándose a la división de Viamonte. Así, en la noche del 19 de junio, víspera de la batalla, las fuerzas de Castelli estaban dispersas en un amplio abanico: dos divisiones seguían en Huaqui, otras dos divisiones estaban a 10 kilómetros de distancia, en la salida sur de la angosta quebrada de Yuraicoragua y un tercer grupo, la división de caballería cochabambina al mando de Francisco del Rivero, estaba en el pueblo de Jesús de Machaca, a 18 kilómetros al sureste de las tropas de Viamonte y Díaz Vélez y distante 29 kilómetros de las fuerzas de Castelli. Las unificadas fuerzas de Goyeneche estaban peligrosamente ubicadas a solo 15 kilómetros del campamento de Viamonte.

Combates en el sur de la quebradaEditar

Al amanecer del día 20, patrullas de seguridad que operaban en la pampa de Chiribaya, llegaron al campamento con la noticia de que a menos de 5 o 6 km avanzaban tropas de infantería, caballería y artillería. Era el ala derecha de Goyeneche al mando de Juan Ramírez Orozco. Díaz Vélez comprendió inmediatamente que toda la planificación del ataque al Desaguadero había quedado obsoleta. Pese a recibir la orden urgente de Viamonte de que su división saliera a contener a Ramírez, Díaz Vélez se dirigió personalmente al puesto de mando de su jefe, "para obviar equivocaciones", proponiendo el inmediato repliegue de las dos divisiones hacia Huaqui y reunirse con González Balcarce ya que no estaba previsto combatir separadamente. Viamonte le respondió que esa propuesta era propia de un cobarde, que el que mandaba era él y que solo debía obedecer.[12]​ Pese a la extemporanea y violenta respuesta, en la que se notaba la mala relación entre ambos, Díaz Vélez no dijo nada y se retiró para hacerse cargo de su unidad. Viamonte negaría más tarde estas palabras pero los testigos presentes las confirmaron en el juicio, separada y textualmente.

Con una incomprensible demora de 24 horas y con el enemigo a la vista, Viamonte envió al capitán Miguel Araoz con 300 hombres “escogidos” para que ocupara el estratégico cerro ubicado sobre el lado oeste de la salida de la quebrada de Yuraicoragua.

Desde ese cerro se dominaba ampliamente el camino que venía desde el Puente del Inca rumbo a Jesús de Machaca y era ideal para ubicar allí la artillería e impedir el avance enemigo proveniente del Desaguadero por el lado sur del Vilavila. También dominaba el campamento instalado abajo, en la salida sur de la quebrada, y la línea de batalla secundaria integrada por el 2º batallón del regimiento Nº6, al mando de Matías Balbastro. Este batallón debía contener un posible ataque desde el norte, proveniente de Huaqui, sobre la derecha de la línea principal que Viamonte y Díaz Vélez habían formado en la pampa de Chiribaya.

 
Zona sur quebrada Yuraicoragua. Disposición inicial. Color rojo: Ejército Real del Perú. Color Azul: Ejército Auxiliar del Alto Perú

Primera fase: Para cumplir la misión de separar a las divisiones de Viamonte y Díaz Vélez de las fuerzas de Castelli-Balcarce, ubicadas al otro lado de la quebrada, Ramírez tenía que ocupar indefectiblemente ese cerro. A tal efecto ordenó a sus guerrillas avanzadas que lo atacaran mientras el grueso de sus fuerzas se dirigían a ocupar su base. En la marcha de aproximación por la pampa de Chiribaya tuvo que soportar durante dos kilómetros el fuego impune de la artillería y fusilería que descargaba Araoz desde la cima hasta que pudo llegar a unos cerros de menor altura que le sirvieron de protección. Por ese punto sus fuerzas salieron a la pampa donde se reorganizaron en escalones para iniciar el combate por el dominio del cerro. Viamonte comprendió que toda la batalla se centraría en sostener esa posición y sus alrededores. Reforzó así las fuerzas de Araoz enviando sucesivas compañías que sacó del primer batallón del regimiento Nº6 y reforzó la artillería adicionando una culebrina de mayor calibre y un obús. La lucha en ese sector, por el tipo de terreno, fue caótica.

 
Situación 10:00 horas: 1 y 2) Ataque de Ramírez y su vanguardia; 3-5) Araoz sostiene su posición y recibe ayuda de Viamonte; 4) Díaz Vélez ataca a Ramírez; 6-7) Balbastro adelanta 4 compañías

Segunda fase: Con la aparición de Ramírez en la pampa a 500 metros del cerro, Viamonte ordenó a Díaz Vélez que se hiciera cargo de todo el combate por el dominio del cerro y sus alrededores. Así, a las dos horas de iniciada la batalla, Díaz Vélez, con los granaderos de Chuquisaca y una compañía de dragones a pie, con un obús y una culebrina de a 4, entró en acción contra las fuerzas de Ramírez. Según Viamonte, se desarrolló entonces “la más formidable acción” que haya conocido.[13]​ Después de dos horas de combate, pasado el mediodía, la infantería de Ramírez pareció flaquear y su caballería comenzó a retirarse. Díaz Vélez ordenó que la caballería del ejército auxiliar, superior en número a la de Ramírez, entrara en acción. Así se hizo pero, lamentablemente, esas fuerzas se dispersaron en acciones secundarias y no tuvieron ningún peso en la batalla. Entonces Díaz Vélez pidió refuerzos a Viamonte para acelerar el colapso del enemigo. La negativa de este daría lugar a que tanto Díaz Vélez como otros oficiales lo responsabilizaran a posteriori por el resultado de la batalla. La realidad era que, en ese momento, lo que quedaba del regimiento Nº 6 de Viamonte sumando el resto de la división de Díaz Vélez que no habían entrado en combate, se habían reducido a solo 300 hombres. Era la única reserva disponible que tenía Viamonte para hacer frente, por un lado, al combate todavía indeciso que conducía Díaz Vélez y, por el otro, a una nueva columna enemiga que apareció desde el norte marchando por la quebrada y las alturas occidentales de la misma rumbo al cerro y a la línea secundaria defendida por el batallón Nº 2 de Balbastro, que para entonces, ya estaba reducido a la mitad por una desafortunada decisión táctica de avanzar cuatro compañías hacia el centro de la quebrada.

Tercera fase: Para Viamonte, la presencia de estas fuerzas que venían del norte era una señal inquietante de lo que podía estar sucediendo al otro lado de la quebrada y cuya evolución desconocía por completo. Esta columna estaba al mando del mayor general Juan Pío de Tristán, primo de Goyeneche, y eran las mejores tropas del Real Ejército del Perú: el batallón de Puno, el Real de Lima, y una compañía de zapadores. Habían realizado una marcha de aproximación difícil, subiendo y bajando cerros a través de la cadena del Vilavila, sin perder la orientación ni agotarse en el esfuerzo. Cuando atacaron desde una posición más elevada por el lado derecho del cerro, la sorpresa y el aumento de bajas quebró la resistencia de los guerrilleros de Araoz que comenzaron a retroceder en completo desorden. Al bajar a la quebrada arrastraron consigo a las fuerzas de Balbastro que tampoco estaban en condiciones de sostener la posición si el enemigo dominaba las alturas. Lo mismo sucedió con las fuerzas de Díaz Vélez que también retrocedieron desordenadamente. Ante esta favorable situación, Ramírez ordenó la persecución del enemigo.

Cuarta fase: Por puro azar, los soldados que huían en desorden no se dirigieron hacia las tropas de la reserva al mando de Viamonte ubicadas en la pampa sino que pasaron lejos, por su derecha, rumbo a Jesús de Machaca. Esta reserva, descansada y en perfecto orden, pudo así rechazar con un violento fuego de fusilería a las tropas que venían en persecución, ya agotadas por tantas horas de marcha y combate. Ramírez suspendió la maniobra sin saber que enfrentaba a solo 300 soldados y un cañón y se dedicó a saquear el abandonado campamento del ejército auxiliar. Díaz Vélez y Araoz, adelantándose a las fuerzas que huían, lograron contenerlas y reorganizar a gran parte de estas. Se formó así una nueva línea a dos kilómetros de la posición inicial, detrás de las fuerzas de Viamonte. Cuando este ordenó a su vez la retirada de la reserva para que salieran del alcance del fuego enemigo que provenía del cerro, estas comenzaron a desorganizarse pero terminaron contenidas por esta segunda línea en formación. Hasta ese momento y teniendo en cuenta la sorpresa inicial, la situación no era tan grave. De unos 2100 soldados iniciales quedaban en la línea 1500, faltaban 600 de los cuales había que descontar 60 bajas por lo que eran 540, en su gran mayoría desertores, los que habían huido hacia Jesús de Machaca o se habían dispersado en los cerros aledaños. Pero lo más sorprendente y decisivo fue la conducta de una gran proporción de oficiales (capitanes, tenientes y subtenientes) que habían huido, algunos incluso antes de entrar en combate, y que pertenecían a las mejores unidades del ejército auxiliar.

Quinta fase: Mientras las tropas del ejército auxiliar se reorganizaban y descansaban en esta nueva línea de combate frente a un enemigo en actitud expectante, tuvieron que presenciar cómo el campamento era saqueado por el enemigo: municiones, carpas, mochilas, efectos personales y, especialmente, abrigos y comida. Antes del mediodía Viamonte había intentado infructuosamente localizar a Francisco del Rivero y su caballería que habían salido de Jesús de Machaca al amanecer rumbo al puente construido sobre el río Desaguadero, es decir, a no más de 10-11 km de la quebrada de Yuraicoragua. Rivero apareció recién a las cuatro, cuando caía la tarde. La relación entre Rivero y los jefes del ejército auxiliar nunca fueron buenas y resultó inexplicable que habiendo escuchado desde las primeras horas del día el accionar de la fusilería y cañones en la salida de la quebrada, no dedujera que el ataque sorpresivo de Goyeneche en ese lugar había reducido a nada el objetivo que tenía que alcanzar en el plan de Castelli. La presencia tardía de Rivero y sus 1500 hombres no alteró la situación. Con prudencia, Ramírez no comprometió sus fuerzas en la pampa. Sencillamente las subió a los cerros donde la caballería no tenía ninguna capacidad ofensiva.

Combates en el centro de la quebradaEditar

Ni bien el 2º batallón del regimiento nº6 ocupó su posición mirando hacia el norte de la quebrada de Yuraicoragua para contener un posible ataque desde esa dirección, su comandante, el sargento mayor Matías Balbastro, envió patrullas adelantadas de observación que debían avanzar hasta unirse a una compañía de pardos y morenos que estaba posicionada desde la noche anterior en un cerro ubicado en la mitad de la quebrada. Balbastro envió además al capitán Eustoquio Moldes, con 26 dragones montados, que debían superar esa posición y avanzar hasta la entrada norte de la quebrada, es decir, hasta el lugar donde se abre a la pampa de Azafranal. Cuando Moldes llegó a su objetivo pudo constatar que ya las fuerzas enemigas al mando de Goyeneche, unos 2000 hombres, estaban avanzando por el camino Puente del Inca-Huaqui y que, paralelamente, otras fuerzas estaban subiendo a los cerros que dominaban la entrada occidental de la quebrada enviando guerrillas hacia el sur, es decir, contra la compañía de pardos y morenos. Significativamente Moldes, en su declaración del 19 de diciembre de 1811, en la Causa del Desaguadero, no mencionó haber visto a las fuerzas de González Balcarce que debían estar ubicadas a la derecha de su punto de observación. Después avisar a Balbastro estas novedades tuvo que retirarse del lugar ante el peligro de quedar aislado. Moldes no volvió por la quebrada porque no mencionó en su declaración haberse cruzado con las cuatro compañías que avanzaban por ella rumbo al norte. Moldes perdió todo contacto con sus jefes y desapareció hasta las cinco y media de la tarde cuando se unió a lo que quedaba de las fuerzas de Viamonte y Díaz Vélez en momentos en que, desde su nueva posición, estos disponían la retirada hacia Jesús de Machaca.[14]​ Enterado Viamonte de lo que ocurría en la entrada norte de la quebrada tuvo que decidir si enfrentar a las fuerzas enemigas que se dirigían hacia el sur o replegar a Balbastro para reforzar el ataque en curso contra Ramírez. Tomó una decisión intermedia: ordenó a Balbastro que enviara la mitad de sus fuerzas, cuatro compañías o sea unos 400 hombres, más dos cañones, hacia el centro de la quebrada. El teniente coronel José León Domínguez, objetó que esas fuerzas eran muy escasas frente a las fuerzas que los informes había estimado en unos 1500 hombres y sugería que mejor era atacar con todo el batallón o, en su defecto, quedarse en el lugar en actitud defensiva. Balbastro respondió que esa era la orden de Viamonte.[15]​ Estas cuatro compañías avanzaron lentamente en formación por la quebrada arrastrando los cañones cuando ya la compañía de pardos y morenos, que debía protegerlos desde los cerros de la izquierda, había sido desalojada. Casi de inmediato se enfrentaron con fuerzas que la cuadruplicaban en número, mejor posicionadas y que las atacaban de frente y por la izquierda. Se trataba del batallón de Puno y la compañía de zapadores de Tristán y una parte de las fuerzas del Real de Lima que luego giraría hacia el noreste para atacar el flanco izquierdo de Bolaños. Estas fuerzas prácticamente desintegraron a esas cuatro compañías. Los sobrevivientes se dispersaron trepando los cerros del lado este, porque las fuerzas enemigas, adelantándose por los cerros del lado oeste, ya habían cortado la quebrada más al sur aislándolos de Balbastro.[16]​ De las cuatro compañías, solo la 5ª pudo unirse a su jefe y continuar combatiendo, dos se dispersaron hacia Jesús de Machaca y Viacha y la 6ª se dirigió accidentalmente al norte, hacia el lugar donde Castelli, Balcarce y Bolaños estaban formando su línea defensiva. Este breve y desastroso combate, que tendrá importantes consecuencias ulteriores en el desarrollo de la batalla, no suele figurar en la historiografía sobre la batalla de Huaqui.[17]

Combates en el norte de la quebradaEditar

Cuando las tropas estacionadas en Huaqui tuvieron noticia de la aproximación de Goyeneche, salieron de dicha población Castelli, Antonio González Balcarce y Luciano Montes de Oca al mando de 15 piezas de artillería y 2000 hombres, tomando una posición sobre el camino de Huaqui al Puente del Inca, casi inexpugnable, entre el lago Titicaca y los cerros del Vilavila. Goyeneche ordenó el avance introduciéndose bajo fuego enemigo sin contestar con un fusilazo, mientras el batallón del coronel Picoaga rompía el fuego, contestado por los independentistas con enorme energía. Como las tropas independentistas, al reconocer al general Goyeneche, dirigían su fuego contra él, ordenó a uno de sus edecanes que transmitiera la orden de atacar al flanco derecho de su ejército, mantuvo cubierto el camino con el batallón de Piérola y destacó tres compañías para que avanzasen dispersas por el frente mientras él, con el resto de tropa en columna atacaba por la izquierda.

La caballería del ejército de Castelli trató de detener el empuje pero fue arrollada y huyó, junto a todo el ejército rebelde, hacia Huaqui. Goyeneche dio orden de perseguirlos y consiguió tomar el pueblo. El coronel Ramírez comunicó poco después la victoria en Caza.

La batalla terminó en la desbandada de las tropas patriotas, con el saldo para éstas de más de mil hombres perdidos y el abandono de numeroso parque y de artillería.[6]​ Los jefes patriotas —Castelli, Balcarce, Díaz Vélez y Viamonte—, emprendieron la retirada por caminos separados acompañados por los pocos soldados fieles a la disciplina. En precipitada retirada, se refugiaron en Potosí y luego en la ciudad de Jujuy.

ConsecuenciasEditar

Mientras tanto en el Virreinato del Perú, el mismo 20 de junio de 1811 estalló la revolución que había sido convenientemente preparada. El caudillo tacneño Francisco Antonio de Zela previamente se había puesto de acuerdo con Castelli conviniendo que mientras él llevaría la revolución a Tacna el ejército rioplatense avanzaría hacia el Perú para iniciar la campaña para independizarlo de la corona española.[5]​ Pero la derrota de Huaqui dio por tierra cualquier movimiento revolucionario planeado en el virreinato peruano.

La gran impresión que causó en la Junta Grande de Buenos Aires esta derrota militar —por la pérdida de todo el armamento— obligó a que su Presidente, el general Cornelio Saavedra, se dirigiera a las provincias del norte a fin de recomponer la situación. Pero esta debilidad fue utilizada por el grupo revolucionario afín a Mariano Moreno para destituirlo del mando y desterralo creando el Primer Triunvirato.

Tanto el comandante en jefe político, Castelli, como el comandante militar, González Balcarce, fueran relevados y juzgados. Lo mismo le sucedió al coronel Viamonte, acusado de no no involucrar a los 1.500 efectivos a su mando en la contienda.

Otra consecuencia fue que se pactase una tregua con Montevideo, por el temor del gobierno de Buenos Aires a verse atacado en dos frentes al mismo tiempo.

La derrota de los rioplatenses en Huaqui fue de tal magnitud que a la pérdida momentánea de las provincias del Alto Perú se añadió la debilidad que se instaló en el norte que quedó expuesto a una posible invasión de las fuerzas realistas.

NotasEditar

  1. La historiografía ha denominado a los bandos en conflicto como «realistas» y «patriotas», pese a que la bandera rojigualda no fue arriada de Buenos Aires hasta después de la Asamblea del año XIII, momento en cual la Junta Grande manifiesta sus intenciones independentistas. En 1811, dicha junta se declaraba borbónica y juraba lealtad a Fernando VII y se enfrentaba a quienes la declaraban sediciosa por no reconocer la autoridad del virrey Cisneros y el Consejo de Regencia de España e Indias. Hasta ese momento ambos bandos lucharon bajo la misma bandera y se autodenominaban españoles.
  2. La Junta Grande de Buenos Aires se declara depositaria de los derechos del rey español, por encima del Consejo de Regencia de España e Indias, pero no se dice independiente en 1811. El congreso para constituirse en un estado argentino soberano recién se produce en el año 1816.
  3. Encuadrando a los patriotas de la Provincia de Charcas leales a la Junta Grande de Buenos Aires.
  4. La escarapela roja es un símbolo español. No está claro si era portado por las tropas insurgentes en Guaqui, pero en apariencia seguía siendo oficial en los ejércitos insurgentes de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo mismo que la bandera rojigualda que según las ordenanzas españolas debía flamear en el fuerte de Buenos Aires.
  5. El topónimo de la ciudad boliviana de Guaqui da nombre al acontecimiento, pero la historiografía mantiene el nombre de la batalla asociado a la grafía estándar de principios del siglo XIX.
  6. La "chuza" o lanza de ataque fue un arma usada por los indígenas durante las guerras de Independencia Hispanoamericana era una caña larga que en la punta llevaba un cuchillo. Aunque algunos historiadores hablan que unos 13 000 indios auxiliares tomaron en la batalla (Díaz Venteo, 1948: 89), la cifra ha sido criticada por ser muy alta

ReferenciasEditar

  1. a b Julio M. Luqui-Lagleyze, Historia y campañas del Ejército Realista, Tomo I, Instituto Nacional Sanmartiniano, Rosario, Argentina, 1997, ISBN 987-95221-1-7
  2. a b Ruiz Moreno, Isidoro J., Campañas militares argentinas, Tomo I, Buenos Aires, Emecé, 2005, ISBN 950-04-2675-7
  3. a b c David Marley (2008). Wars of the Americas: A Chronology of Armed Conflict in the Western Hemisphere, 1492 to the Present. Tomo I. Santa Bárbara: ABC-CLIO, pp. 589. ISBN 978-1-59884-100-8.
  4. a b c d Granaderos - Batalla de Huaqui
  5. a b c d e Natalia Sobrevilla Perea (2011). "Las guerras frente a la crisis del orden colonial. Hispanoamérica". Historia política. Dossier. Universidad de Kent, Reino Unido. pp. 8. Basada en Díaz Venteo, 1948, pp. 89.
  6. a b Félix Best (1960). Historia de las guerras argentinas, de la independencia, internationales, civiles y con el indio. Ediciones Peuser, Buenos Aires.
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  8. Bidondo, 1987, p. 306.
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  10. Biblioteca de Mayo, 1962, p. 11519-11520, t. XIII.
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  12. Biblioteca de Mayo, 1962, p. 11655 tomo XIII.
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  16. Biblioteca de Mayo, 1962, p. 11789 t.XIII.
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BibliografíaEditar

  1. Biblioteca de Mayo (1962). Colección de obras y documentos para la historia Argentina. Tomo XIV. Edición especial en homenaje al 150 aniversario de la Revolución de Mayo. Buenos Aires (Argentina): Senado de la Nación. 
  2. Díaz Venteo, Fernando (1948). Las campañas militares del Virrey Abascal. Vol. 37. Sevilla (España): Escuela de Estudios Hispano-Americanos. 
  3. Rodríguez Casado, Vicente; Calderón Quijano, Antonio (1944). Memoria del gobierno del Virrey José Fernando de Abascal y Sousa (1806-1816). Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos. 
  4. Rabinovich, Alejandro (2017). Anatomía del pánico. 1ª edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina): Sudamericana. ISBN 978-950-07-5986-1. 

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