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Bernardo de Legarda

escultor español

Bernardo de Legarda fue un escultor, tallador, pintor y platero ecuatoriano del siglo XVIII, perteneciente a la Escuela Quiteña de arte. Nació en la ciudad de Quito, alrededor del año 1700, aunque se desconoce la fecha exacta.[1]

Bernardo de Legarda
Información personal
Nacimiento Alrededor de 1700
Flag of Quito.svg Quito
Bandera del Imperio español Real Audiencia de Quito
Fallecimiento 1 de junio de 1773
Quito, Real Audiencia de Quito
Nacionalidad ecuatoriana
Educación
Educación Escuela de arte franciscana
Información profesional
Ocupación Escultor y pintor Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimiento Escuela Quiteña
Altar de casa con la imagen de la Virgen de Quito, obra de Legarda que se encuentra en el Museo Etnográfico de Berlín.

A pesar de haber pertenecido a una familia mestiza de escasas posibilidades económicas, pudo ingresar a las mejores escuelas de arte de la ciudad gracias a los grandes esfuerzos de su padre, donde aprendió todos los secretos de una de las mejores escuelas del continente.[2]​ Se casó con Alejandra Velázquez, también mestiza, pero ella se marchó con otro hombre poco tiempo después, haciendo que Legarda se concentre totalmente en su trabajo aislado en su taller, cercano a la Iglesia de San Francisco.[1]

ObraEditar

Hasta su sitio de trabajo acudían diariamente docenas de personas, interesadas en su impecable trabajo con especialidad en figuras sacras.[2]​ Entre las disciplinas que cultivó en ese taller figuran la ebanistería, la pintura, la impresión de libros, la platería y, por supuesto, la talla de retablos e imágenes piadosas.[1]​ Uno de sus mejores clientes era el padre Juan de Velasco, historiador quiteño que se refirió a él en los siguientes términos:

«En lo que conozco del mundo, he visto muy pocas como aquellas muchas. Conocí varios indianos y mestizos insignes en este arte; mas ninguno como un Bernardo de Legarda de monstruosos talentos y habilidad para todo. Me atrevo a decir que sus obras de estatuaria pueden ponerse sin temor en competencia con las más caras de Europa»[3]

Su invaluable obra artística alcanzó su mayor esplendor entre 1730 y 1773, y se caracterizó por los temas religiosos, retablos y calvarios que aún adornan, en calidad de reliquias, algunos de los más antiguos templos quiteños.[2]​ Su primera intervención artística de importancia data de 1731, cuando restauró una imagen de San Lucas para el convento de San Agustín, en Quito.[3]

Su obra más conocida es la llamada Virgen de Quito (1734), una advocación de la Virgen Inmaculada encargada por los padres franciscanos para su templo.[2]​ La imagen gozó inmediatamente del favor popular, haciéndose de ella innumerables copias e imitaciones que se encuentran en varios países.[3]​ El tipo de Inmaculada creado por Legarda tenía antecedentes en la España del siglo XVII, pero el imaginero quiteño creó una composición jugosa, llena de movimiento y casi musical.[3]​ La Virgen, que lleva los colores azul y rojo en el vestido, alcanza un movimiento airoso en el cuerpo así como en la disposición de las manos.[4]

En cuanto a su actividad como entallador de retablos hay que destacar uno de características barrocas muy acusadas: el retablo mayor de la Iglesia de La Merced (1748-51), concluido por un discípulo suyo llamado Gregorio. De igual manera con el retablo mayor del monasterio de El Carmen Moderno (o Carmen Bajo), que se atribuye al mismo Legarda y a su discípulo Jacinto López.[3]​ También resulta conveniente destacar su tarea como dorador del tabernáculo del retablo mayor de la Iglesia de la Compañía.[1]

Entre algunas de sus obras, que adornan las más importantes iglesias quiteñas, están la decoración de la media luna de la cúpula de El Sagrario, la mampara bajo el coro de la iglesia de Santo Domingo, la serie de reproducciones de la Virgen de Quito y asunciones que se encuentran en los templos de San Francisco, Guápulo, Santa Clara y La Concepción.[4]​ Legarda fue también un hábil platero, además de haber realizado cientos de figuras para los tradicionales nacimientos navideños.[4]

Muerte y legadoEditar

Dedicado a sus creaciones artísticas hasta el último de sus días, Bernardo de Legarda murió el 1 de junio de 1773, en su ciudad natal: Quito.[1]​ Casi todas las iglesias del Centro Histórico de la urbe le deben a Legarda el trabajo del mayor número de sus retablos; él supo convertir las naves de los templos en galerías de arte, en verdaderos museos de arte religioso, consiguiendo de esta manera que el siglo XVIII de la Escuela Quiteña se inclinara hacia el lado de la escultura, en relación con la pintura.[2]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. a b c d e Instituto Cervantes. «Bernardo de Legarda». Ciudades Patrimonio. Consultado el 6 de julio de 2012. 
  2. a b c d e Sociedad nipo-ecuatoriana. «Bernardo de Legarda». Consultado el 6 de julio de 2012. 
  3. a b c d e Gran Enciclopedia RIALP. 
  4. a b c Discovering Ecuador. «Legarda y la Virgen de Quito». Archivado desde el original el 13 de enero de 2011. Consultado el 6 de julio de 2012. 

BibliografíaEditar

Enlaces externosEditar