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Biblioteca de Alejandría

antigua biblioteca, en su época la más grande del mundo

La Biblioteca de Alejandría (en griego antiguo, Βιβλιοθήκη τῆς Ἀλεξάνδρειας; en latín, Bibliotheca Alexandrina) fue una de las bibliotecas más importantes y prestigiosas y uno de los mayores centros de difusión del conocimiento de la Antigüedad. Instituida en el siglo III a. C. en el complejo palaciego de la ciudad de Alejandría durante el período helenístico del Antiguo Egipto, la biblioteca formaba parte de una institución de investigación conocida como Museion, que estaba dedicada a las musas, las nueve diosas de las artes. La idea de su creación puede haber sido una propuesta de Demetrio de Falero, un estadista ateniense exiliado, al sátrapa de Egipto y fundador de la dinastía ptolemaica, Ptolomeo I Sóter, quien, al igual que su predecesor, Alejandro Magno, intentaba promover la difusión de la cultura helénica. Sin embargo probablemente no fue construida hasta el reinado de su hijo, Ptolomeo II Filadelfo. Se adquirieron un gran número de rollos de papiro, gracias sobre todo a las políticas agresivas y bien financiadas de los reyes ptolemaicos para la obtención de textos. No se sabe con exactitud cuántas obras componían su fondo, pero se estima que albergaba entre treinta mil y setecientos mil volúmenes literarios, académicos y religiosos. El fondo de la biblioteca creció tanto que, durante el reinado de Ptolomeo III Evergetes, se creó una dependencia de la misma en el Serapeum de Alejandría.

Biblioteca de Alejandría
Ancientlibraryalex.jpg
Representación artística del siglo XIX de la biblioteca, obra del artista alemán O. Von Corven, basada parcialmente en la evidencia arqueológica disponible en la época.
País Pt eagle.png Imperio ptolemaico
Spqrstone.jpg República romana
Vexilloid of the Roman Empire.svg Imperio romano
Tipo Biblioteca Nacional
Fundación Probablemente durante el reinado de Ptolomeo II (285-246 a. C.)[1][2]
Ubicación Alejandría
Coordenadas 31°12′32″N 29°54′33″E / 31.208889, 29.909167Coordenadas: 31°12′32″N 29°54′33″E / 31.208889, 29.909167
Acervo
Tamaño Las estimaciones varían; entre 40 000 y 400 000 rollos,[3]​ quizás equivalentes a unos 100 000 libros.[4]

Además de servir como una demostración del poder de los gobernantes ptolemaicos, desempeñó un papel importante en el desarrollo de Alejandría como sucesora de Atenas como centro promotor de la cultura griega.[5]​ En ella trabajaron numerosos eruditos importantes e influyentes, en particular Zenódoto de Éfeso, que trató de normalizar los textos de los poemas homéricos y elaboró el registro más antiguo del que se tiene conocimiento de la utilización del orden alfabético como método de organización; Calímaco, que escribió los Pinakes, probablemente el primer catálogo de biblioteca del mundo; Apolonio de Rodas, que compuso el poema épico las Argonáuticas; Eratóstenes de Cirene, que calculó por primera vez, con una precisión sorprendente para la época, la circunferencia de la Tierra; Aristófanes de Bizancio, que sistematizó la puntuación, pronunciación y acentuación del griego griego; o Aristarco de Samotracia, que redactó los textos definitivos de los poemas homéricos y extensos comentarios sobre los mismos. También existen referencias de que la comunidad de la biblioteca y el Museion también habría contado temporalmente con otras numerosas figuras que contribuyeron decisivamente al conocimiento, como Arquímedes y Euclides.

A pesar de la creencia moderna generalizada de que la biblioteca fue incendiada y destruida de forma catastrófica en su apogeo, en realidad fue decayendo gradualmente a lo largo de varios siglos, que se inició con la purga de intelectuales de Alejandría en el año 145 a. C., durante el reinado de Ptolomeo VIII, lo que dio lugar a que Aristarco de Samotracia, el bibliotecario, abandonara su puesto y se exiliara en Chipre y que otros eruditos, como Dionisio de Tracia y Apolodoro de Atenas, huyeran a otras ciudades. La biblioteca, o parte de su fondo, fue incendiada accidentalmente por Julio César en el año 48 a. C., durante la segunda guerra civil de la República romana, pero no está claro en que medida fue realmente destruida, ya que las fuentes indican que sobrevivió o fue reconstruida poco después. El geógrafo Estrabón menciona haber frecuentado el Museion alrededor del año 20 a. C. y la profusa producción académica de Dídimo de Alejandría de esa época indica que tuvo acceso a al menos parte de los recursos de la biblioteca. Bajo control romano perdió vitalidad por falta de fondos y apoyo y a partir del año 260 d. C. no se tiene conocimiento de intelectuales vinculados a ella. Entre los años 270 y 275 d. C. la ciudad de Alejandría sufrió disturbios que probablemente destruyeron lo que quedaba de la biblioteca, si es que todavía existía, pero la del Serapeum pudo haber sobrevivido más tiempo, tal vez hasta el año 391 d. C., cuando el papa copto Teófilo I instigó el vandalismo y la demolición del Serapeum en su campaña de destrucción de templos paganos.

La Biblioteca de Alejandría fue más que un repositorio de obras, y durante siglos constituyó un destacado centro de actividad intelectual. Su influencia se hizo sentir en todo el mundo helénico, no solo a través de la puesta en valor del conocimiento escrito, que condujo a la creación de otras bibliotecas inspiradas en ella y a la proliferación de manuscritos, sino también a través de la labor de sus eruditos en numerosas áreas del conocimiento. Las teorías y modelos desarrollados por la comunidad de la biblioteca continuaron influyendo en las ciencias, la literatura y la filosofía hasta por lo menos el Renacimiento. Su legado ha tenido efectos que llegan hasta nuestros días, y puede considerarse un arquetipo de la biblioteca universal, del ideal de la conservación del conocimiento y de la fragilidad de ese conocimiento. La Biblioteca y Mouseion han contribuido a distanciar a la ciencia de corrientes específicas de pensamiento y, sobre todo, a demostrar que la investigación académica puede contribuir a los problemas prácticos y a las necesidades materiales de las sociedades y los gobiernos.

OrígenesEditar

Contexto históricoEditar

 
Estela de la Biblioteca de Asurbanipal que contiene listas de sinónimos. La Biblioteca de Alejandría formaba parte de una tradición de grandes bibliotecas en Grecia y el Oriente Próximo.

La Biblioteca de Alejandría no fue la primera de su tipo,[6][2]​ ya que formaba parte de una larga tradición de bibliotecas que existía tanto en la Antigua Grecia como en el Oriente Próximo.[7]​ El primer testimonio de acumulación de documentos escritos proviene de la ciudad-estado sumeria de Uruk, hacia el año 3400 a. C., cuando la escritura apenas había comenzado a desarrollarse; la preservación de textos literarios comenzó hacia el año 2500 a. C.[8]​ Varios reinos e imperios posteriores del antiguo Oriente Próximo desarrollaron políticas de colección de obras.[9]​ Los antiguos hititas y asirios tenían grandes archivos que contenían documentos en varios idiomas;[9]​ la biblioteca más famosa del antiguo Oriente Próximo era la Biblioteca de Nínive, fundada entre los años 668 y 627 a. C. por el rey asirio Asurbanipal.[8]​ También existió una gran biblioteca en Babilonia durante el reinado de Nabucodonosor II (r. 605-562 a. C.),[9]​ y en Grecia se afirmaba que el tirano ateniense Pisístrato fundó la primera gran biblioteca pública en el siglo VI a. C.[10]​ Sin embargo, la proliferación de bibliotecas en el mundo de cultura helénica llegó relativamente tarde, probablemente no mucho antes del siglo IV a. C.,[11]​ y fue a partir de esa herencia de bibliotecas griegas y del Oriente Próximo de donde surgió la idea de una biblioteca en Alejandría.[12]

Alejandro Magno y sus sucesores macedonios trataron de difundir la cultura helénica y su conocimiento en los territorios bajo su dominio,[13]​ porque la apreciaban[14]​ y también con el objetivo de imponer su influencia a través de la cultura.[15]​ Alejandro y sus sucesores también creían que su proyecto de conquista de otros territorios y pueblos implicaba comprender su cultura y su lengua, a través del estudio de sus textos.[16]​ De este dobre objetivo surgirían bibliotecas universales, que contarían con textos de diversas disciplinas y que provendrían de distintos idiomas.[17]​ Además, los gobernantes posteriores a Alejandro buscaban legitimar su posición como sus sucesores,[18][19]​ y vieron a las bibliotecas como una forma de aumentar el prestigio de sus ciudades, atraer a eruditos extranjeros y recibir asistencia práctica en asuntos de gobierno.[20][21]​ Por estas razones, todos los grandes centros urbanos helénicos contarían con una biblioteca real,[16][22][4]​ y los territorios bajo el control de los sucesores de Alejandro fueron testigos del nacimiento de algunas de las bibliotecas más ricas de la antigüedad.[23][23]

Sin embargo la Biblioteca de Alejandría era única debido a la magnitud de las ambiciones de la dinastía ptolemaica,[24]​ pues a diferencia de sus predecesores y contemporáneos, los monarcas ptolemaicos pretendían ser depositarios de todo el conocimiento humano.[14][25][26]​ A través de la acumulación de este conocimiento y, potencialmente, de su monopolio, buscaron diferenciarse de los demás sucesores de Alejandro y liderarlos en los ámbitos cultural y político.[27]​ Con el tiempo, la Biblioteca contribuirá decisivamente a hacer de Alejandría el principal centro intelectual del mundo helénico.[28][18]

PlanificaciónEditar

Aunque esta biblioteca fue una de las más grandes e importantes del mundo antiguo, las fuentes de información sobre ella son escasas y a veces contradictorias,[29]​ y gran parte de lo que se ha escrito sobre ella mezcla leyendas y hechos históricos.[12][30]​ La primera fuente documentada sobre su creación es la seudoepígrafa Carta de Aristeas, escrita entre los años 180 y 145 a. C.,[20][31]​ en la que se afirma que fue fundada en la ciudad de Alejandría durante el reinado de Ptolomeo I Sóter (r. 323-283 a. C.), y que fue planificada inicialmente por Demetrio de Falero, un estudioso de Aristóteles exiliado de Atenas que había buscado refugio en la corte ptolemaica de Alejandría.[31][9]​ Sin embargo esta carta es considerablemente posterior a ese período y contiene información que actualmente se sabe que es inexacta o muy discutida,[31]​ como la afirmación de que la Septuaginta se elaboró en la biblioteca.[32][33]

 
Busto de Ptolomeo II Filadelfo, que se cree que fue el que estableció la Biblioteca como tal, aunque los planes para llevarla a cabo pueden haber sido desarrollados por su padre, Ptolomeo I Sóter.

Otras fuentes afirman que la Biblioteca fue creada bajo el reinado de su hijo, Ptolomeo II Filadelfo, que reinó entre 283 y 246 a. C.,[2]​ y de hecho la mayoría de los estudiosos contemporáneos están de acuerdo en que, si bien es posible que Ptolomeo I sentara las bases para su establecimiento, es probable que solo se creó como institución física durante el reinado de Ptolomeo II.[1][34]​ Para entonces, Demetrio de Falero había caído en desgracia ante la corte ptolemaica y no habría podido desempeñar ningún papel en el establecimiento de la Biblioteca como institución,[1]​ si bien los historiadores consideran que es muy probable que desempeñara un papel importante en el acopio de los primeros textos que pasarían a formar parte de los fondos de la biblioteca.[1]​ Es posible que alrededor del año 295 a. C. Demetrio adquiriera originales o reproducciones de primer orden de los escritos de Aristóteles y Teofrasto ya que, siendo un ilustre miembro de la escuela peripatética, su posición le permitiría un acceso privilegiado a estos textos.[35][36]

Independientemente del período exacto de su creación, parece relativamente claro que Aristóteles y su Liceo de Atenas, que albergaba la escuela peripatética, ejercieron una gran influencia en la organización de la biblioteca y de las demás instituciones intelectuales de la corte ptolemaica de Alejandría, sin duda debido a la influencia de Demetrio de Falero,[37]​ pero también al hecho de que Ptolomeo II fue educado por Estratón de Lámpsaco, miembro de la escuela peripatética y posteriormente director del Liceo,[38]​ además de que Aristóteles había sido el tutor del joven Alejandro Magno y la creación de una institución inspirada en el Liceo aristotélico ofrecería a la dinastía ptolemaica una oportunidad adicional para justificar sus pretensiones como sucesores de Alejandro.[39]​ Se sabe que la biblioteca se construyó en el Brucheion, el complejo palaciego de Alejandría, al estilo del Liceo.[40]​ El lugar elegido para su construcción estaba junto al Museion —en griego antiguo, Μουσεῖον (en español, templo de las musas)—, la institución de la que dependería la Biblioteca.[41][5]​ Se desconoce el diseño exacto de la biblioteca, pero se ha propuesto que la Biblioteca de Pérgamo, construida unas décadas después, habría replicado su arquitectura. De ser así, habría contado con salas en línea, frente a una columnata por la que los lectores podrían caminar al aire libre.[42]​ Fuentes antiguas describen la Biblioteca de Alejandría con columnas griegas, paseos, una dependencia colectiva para comer, una sala de lectura, salas de reuniones, jardines y aulas,[43]​ un modelo que la aproximaría a un campus universitario moderno.[44]​ Una dependencia contenía estanterías o depósitos —en griego antiguo, θήκη (thēke)— para los fondos de rollos de papiro —en griego antiguo, βιβλίον (biblíon)— que se conocía como la biblioteca propiamente dicha —en griego antiguo, βιβλιοθῆκαι (bibliothēkai)—. Según el historiador Hecateo de Abdera, que probablemente la visitó en su fase inicial, una inscripción sobre las estanterías decía «El lugar de la curación del alma» —en griego antiguo, ψυχῆς ἰατρείον (psychés iatreíon)—.[45][46]

 
Mapa de la antigua Alejandría. El Museion estaba situado en la zona palaciega (marcada en el mapa como «Bruchium»), en la parte central de la ciudad, cerca del Gran Puerto («Portus Magnus» en el mapa).

Aunque se sabe poco sobre la estructura de la biblioteca, del Museion se conservan más testimonios y se sabe que era una institución de investigación, aunque oficialmente era una institución religiosa administrada por un sacerdote nombrado por el rey, del mismo modo que los sacerdotes administraban otros templos.[47]​ Además de conservar obras del pasado en la biblioteca, el Museion también acogió a numerosos eruditos, poetas, filósofos e investigadores internacionales[18]​ que, según el geógrafo griego Estrabón en el siglo I a. C., recibían un salario elevado, comida y alojamiento gratuitos y exención de impuestos.[48][49][50]​ Según el especialista en estudios clásicos estadounidense Lionel Casson la idea subyacente en la organización del Museion era que si los estudiosos se liberaban de los lastres de la vida cotidiana, podrían dedicar más tiempo a la investigación y a las actividades intelectuales.[51]​ Estrabón denominó al grupo de estudiosos que vivían en el Museion «comunidad» —en griego antiguo, σύνοδος (súnodos)—,[49]​ un grupo que, en el año 283 a. C., puede haber estado compuesto por entre treinta y cincuenta eruditos.[49]

El Museion contaba con numerosas aulas en las que se pretendía que los académicos, al menos ocasionalmente, enseñaran a los alumnos; un gran refectorio circular con un techo alto y abovedado en el que los alumnos y los investigadores se reunían para comer juntos; un santuario dedicado a las musas, que era el museion propiamente dicho y el lugar que los investigadores visitaban en busca de inspiración artística, científica o filosófica (Mouseîon es el origen de la palabra «museo»);[52]​ además de un paseo, una galería y paredes con coloridas pinturas;[16]​ y probablemente jardines y un observatorio.[49]​ Hay indicios de que Ptolomeo II tenía un gran interés en la zoología, y al menos una fuente menciona que el Museion habría albergado un zoológico con animales exóticos.[49][53]

Organización y expansión inicialEditar

Los gobernantes ptolemaicos pretendían que la biblioteca reuniera el conocimiento de «todos los pueblos de la tierra»[54]​ y se esforzaron por ampliar su fondo mediante una política agresiva y bien financiada de compra de documentos.[51][45]​ Enviaban a los agentes reales con grandes sumas de dinero, ordenándoles que adquirieran tantos textos como les fuera posible, de cualquier autor y sobre cualquier tema.[51]

 
Posiblemente al menos parte de las obras del Liceo de Aristóteles fue adquirida por la Biblioteca de Alejandría.

Se preferían las copias más antiguas de los textos antes que las más recientes, porque se suponía que las copias más antiguas eran el resultado de un menor número de transcripciones y, por lo tanto, tendían a ofrecer un contenido más acorde con el original escrito por el autor.[51]​ Esta política requería viajar a los mercados de libros de Rodas y Atenas,[55]​ y es posible que la biblioteca adquiriera toda o al menos parte de la colección de obras del Liceo de Aristóteles.[56][36]​ La biblioteca se centró particularmente en la adquisición de manuscritos de los poemas homéricos, que constituían la base de la educación griega y que eran reverenciados por encima de todos los demás poemas,[51]​ y finalmente consiguió adquirir numerosos manuscritos de estos poemas, que estaban marcados individualmente con etiquetas que indicaban sus orígenes.[51]

Además de con la compra de obras, sus fondos también se nutrieron del trabajo de copistas y traductores.[14][57]​ Según el historiador bizantino Juan Tzetzes se contrataron traductores extranjeros que hablaban muy bien el griego para traducir los textos vendidos o prestados a la biblioteca por gobiernos extranjeros.[17]​ Según Galeno, un decreto de Ptolomeo II dispuso que todo libro que se encontrara en un navío que atracara en Alejandría debía ser llevado a la biblioteca, donde sería copiado por los escribas oficiales.[2][58][21]​ Las copias se entregaban a los propietarios y los textos originales se conservaban en la biblioteca, con la anotación «de las naves».[59][21]​ También según Galeno, la ambiciosa política de adquisiciones de la dinastía ptolemaica propició la competencia de otras bibliotecas y provocó la inflación de los precios de las obras y la proliferación de falsificaciones.[59]

Durante la dinastía ptolemaicaEditar

Primeros tiemposEditar

Las actividades y los fondos de la Biblioteca de Alejandría no se limitaban a una escuela filosófica, de pensamiento o religión en particular y los eruditos que estudiaban en ella gozaban de una considerable libertad académica.[60]​ Sin embargo, estaban sujetos a la autoridad del rey y a lo que la corte ptolemaica consideraba aceptable.[60]​ Un relato, probablemente apócrifo, cuenta la historia de un poeta llamado Sótades, que escribió un epigrama obsceno satirizando a Ptolomeo II por casarse con su hermana, Arsínoe II;[60]​ Ptolomeo II lo hizo arrestar y, tras escapar y ser capturado de nuevo, lo confinó en un ataúd de plomo y lo arrojó al mar.[60]​ A diferencia del Museion, que estaba dirigido por un sacerdote, al frente de la biblioteca estaba un erudito que actuaba como bibliotecario y tutor del heredero del rey.[61][62]

Dado que en la actualidad se cree que Demetrio de Falero no trabajó de forma directa en la biblioteca, su primer bibliotecario del que existe constancia fue Zenódoto de Éfeso, que vivió entre c. 325 y c. 270 a. C.[63]​ Especialista en Homero, Zenódoto elaboró las primeras ediciones críticas de la Ilíada y la Odisea.[64]​ Aunque criticado por la calidad de sus obras, se le atribuye un papel fundamental en la historia de los estudios homéricos, ya que tuvo acceso a textos que luego se perdieron[65]​ y realizó contribuciones definitivas al establecer patrones de texto para los poemas homéricos y los primeros poetas líricos griegos.[63]​ La mayor parte de lo que se sabe de él proviene de comentarios posteriores que mencionan pasajes específicos,[66]​ pero Zenódoto también es famoso por haber escrito un glosario de palabras raras e inusuales, que fue organizado en orden alfabético, lo que lo convierte en la primera persona conocida en emplear este método de organización.[63][67]​ Dado que los fondos de la Biblioteca de Alejandría parece que se organizaron en orden alfabético desde los primeros años, por la primera letra del nombre del autor, es muy probable que Zenódoto los organizara de esta manera.[63]​ Sin embargo su sistema de organización solo utilizaba la primera letra de cada palabra,[63]​ y los registros históricos indican que no fue hasta el siglo II cuando este método también consideró las demás letras de los vocablos.[63]

 
Uno de los papiros de Oxirrinco, que contiene un texto de Calímaco (siglo II)

En esa época es probable que la biblioteca ofreciera sus servicios a Euclides, que había llegado a Alejandría por invitación de Demetrio de Falero y que estaba en proceso de completar su mayor obra, los Elementos.[49]​ También por entonces el erudito y poeta Calímaco compiló los Pinakes —en griego antiguo, Πίνακες (en español, tablas)—, compuestos por 120 volúmenes con una lista de autores y sus respectivas obras conocidas,[62][60]​ y que muy probablemente se convirtieron en el instrumento utilizado para catalogar los cuantiosos fondos de la biblioteca.[68]​ A veces considerado el «poeta-académico por excelencia» y reconocido por haber utilizado por primera vez que se tenga conocimiento el dístico elegíaco, Calímaco adquirió notoriedad sobre todo gracias a la elaboración de este documento. Aunque los Pinakes no sobrevivieron hasta nuestros días, fragmentos y referencias a esta obra permitieron a los estudiosos reconstruir su estructura básica.[69][69]​ Estaban divididos en secciones, cada una de las cuales contenía referencias a autores de un determinado género de texto.[60][69]​ Su división básica era entre autores de poesía y prosa y cada sección se dividía en subsecciones que listaba autores en orden alfabético,[69]​ y los registros de los autores incluían sus nombres, los de sus padres, sus lugares de nacimiento y otra breve información biográfica, como los apellidos con los que se les conocía, seguidos de listas de sus obras conocidas.[70]​ La información sobre autores prolíficos como Esquilo, Eurípides, Sófocles y Teofrasto debe haber sido muy extensa, con múltiples columnas de texto.[70]​ Este trabajo de selección, categorización y organización de los clásicos griegos ha influido desde entonces no solo en la estructura con la que se conocen estas obras, sino también en innumerables obras publicadas posteriormente. Por ello, Calímaco ha sido definido como el «padre de la biblioteconomía»[71]​ y «una de las personalidades más importantes del mundo antiguo»;[72]​ aunque realizó su obra más famosa en la Biblioteca de Alejandría nunca fue su bibliotecario.[62][60]

Después de la muerte o el retiro de Zenódoto, Ptolomeo II nombró como segundo bibliotecario y tutor de su hijo, el futuro Ptolomeo III Evergetes,[73][74]​ a Apolonio de Rodas, aparentemente un discípulo de Calímaco[74]​ y natural de Alejandría.[73][75]​ Se le conoce sobre todo como el autor del poema épico las Argonáuticas, que trata de las aventuras de Jasón y los argonautas en busca del vellocino de oro. Este poema, cuyo texto completo ha sobrevivido hasta nuestros días, muestra el vasto conocimiento de Apolonio sobre literatura e historia, y hace alusión a una extensa variedad de acontecimientos y textos, a la vez que imita el estilo de los poemas homéricos.[76]​ Se convirtió en un personaje de gran influencia en los siglos siguientes, que sirvió como modeo de autores como Virgilio o Valerio Flaco.[76]

Aunque Apolonio es más reconocido como poeta, también han sobrevivido hasta nuestros días algunos fragmentos de sus escritos científicos.[66]​ Durante su mandato probablemente convivió con el matemático e inventor Arquímedes, que pasó algunos años en Egipto y que existen constancia de que realizó investigaciones en la biblioteca.[75]​ Se dice que en esa época Arquímedes observó los ascensos y descensos del caudal del Nilo, lo que le llevó a inventar el dispositivo gavimético conocido como tornillo de Arquímedes, un aparato para transportar el agua desde los lechos bajos hasta las acequias de irrigación.[75]​ Según dos biografías tardías, Apolonio de Rodas finalmente renunció a su puesto de bibliotecario y se exilió voluntariamente en la isla de Rodas,[76]​ tras la hostil recepción que recibió en Alejandría su Argonáuticas, especialmente por parte de Calímaco.[77]​ Sin embargo algunos autores consideran más probable que la dimisión de Apolonio fuera en realidad causada por la ascensión al trono de Ptolomeo III en el año 246 a. C.[76]

Funcionamento posterior y expansiónEditar

 
Reconstrucción del siglo XIX del mapa realizado por Eratóstenes, que mostraba el mundo conocido por entonces (c. 194 a. C.).

Aunque su tercer bibliotecario, Eratóstenes de Cirene, era un destacado hombre de letras,[62][78]​ hoy en día es más conocido por su trabajo científico y por haber contribuido en gran medida al avance de la geografía como disciplina científica.[79]​ La obra más importante de este erudito, que vivió aproximadamente entre 280 y 194 a. C., fue el tratado de geografía general Geographica —en griego antiguo, Γεωγραφικά (Geografiká)—, originalmente escrito en tres volúmenes.[80]​ La obra en sí no sobrevivió, pero muchos fragmentos se conservaron a través de citas en los escritos posteriores del geógrafo Estrabón.[80]​ Eratóstenes fue el primer erudito en aplicar las matemáticas a la geografía y la cartografía,[81]​ y en su tratado Sobre la medida de la Tierra calculó la circunferencia de nuestro planeta con gran precisión para la época, con una diferencia de tan solo unos pocos cientos de kilómetros.[75][82]​ Consideraba que el escenario de los poemas homéricos era puramente imaginario, y argumentaba que el propósito de la poesía era «cautivar el alma», no ofrecer una narración históricamente exacta de sucesos reales.[80]​ Estrabón lo cita diciendo con sarcasmo que «un hombre encontraría los lugares de las peregrinaciones de Ulises el día que se encontrara con un artesano que supiera coser pieles de cabra en los vientos».[80]​ Para elaborar un mapa de todo el mundo conocido, Eratóstenes incorporó información extraída de obras de no ficción depositadas en la biblioteca, como los relatos de las campañas de Alejandro Magno en el subcontinente indio y de las expediciones ptolemaicas de cacería de elefantes a lo largo de la costa de África oriental.[82]

Se afirma que Eratóstenes permaneció en el cargo durante cuarenta años,[83][84]​ y durante su mandato otros eruditos de la Biblioteca de Alejandría se interesaron en temas científicos.[85][86]​ Arquímedes dedicó dos de sus obras a Eratóstenes, y el astrónomo Aristarco de Samos introdujo la idea del heliocentrismo.[87]​ Su contemporáneo Baqueo de Tanagra editó y comentó los Tratados hipocráticos,[85]​ y los médicos Herófilo de Calcedonia (c. 335-280 a. C.) y Erasístrato (c. 304-250 a. C.) estudiaron la anatomía y la fisiología humanas, aunque sus estudios se vieron obstaculizados por las protestas en contra de la disección de cadáveres humanos, que se consideraba inmoral.[88][89]

Según Galeno, en esa época Ptolomeo III solicitó a los atenienses el préstamo de manuscritos originales de Esquilo, Sófocles y Eurípides, aunque los atenienses exigieron la enorme cantidad de quince talentos (unos 450 kg) de un metal precioso como garantía de que se los devolverían;[59][90][25]​ Ptolomeo III mandó realizar copias de estas obras en papiro de la más alta calidad y las envió a los atenienses, conservando los manuscritos originales en la biblioteca y permitiéndoles que se quedaran los talentos de metal.[90][25]​ Esta historia ilustra la vehemencia de la política ptolemaica de adquisición de obras,[55]​ además del poder de Alejandría en la época, debido sobre todo al puerto que habían construido y que acogía el comercio de Oriente y Occidente,[91]​ y que pronto se convirtió en un centro internacional de comercio y en el principal productor de papiros y manuscritos.[49]​ A medida que los fondos de la biblioteca se fueron ampliando se fue quedando sin espacio para albergarlos, por lo que durante el reinado de Ptolomeo III parte de estos fondos se trasladó a una biblioteca filial en el Serapeum de Alejandría,[60][92]​ un templo dedicado al dios grecoegipcio Serapis situado en las inmediaciones del palacio real.[51]​ Sin embargo, los escritos de la época señalan que la biblioteca del Serapeum era mucho más pequeña.[93]

ApogeoEditar

 
Ruinas del Serapeum, donde la Biblioteca de Alejandría trasladó parte de sus fondos.

Aristófanes de Bizancio se convirtió en el cuarto director de la biblioteca alrededor del año 200 a. C.[94][95]​ Según una leyenda del escritor romano Vitruvio, Aristófanes fue uno de los siete jueces nombrados para un concurso de poesía organizado por Ptolomeo III.[94][95]​ Mientras que los otros seis jueces favorecieron a un competidor, Aristófanes se decantó por el que menos le había gustado al público,[94][96]​ aduciendo que los demás habían cometido plagio y por lo tanto debían ser descalificados.[94][96]​ El rey le exigió que lo probara y Aristófanes buscó en la biblioteca los textos que los autores habían plagiado, localizándolos de memoria,[94][96]​ por lo que gracias a su impresionante memoria y diligencia, Ptolomeo III lo nombró bibliotecario.[96]

Su mandato está considerado como el inicio de una fase más madura en la historia de la Biblioteca de Alejandría.[88][97]​ Durante esta etapa la crítica literaria alcanzó su punto álgido y llegó a dominar la producción académica de la biblioteca.[98]​ Aristófanes editó textos poéticos e introdujo la división de los poemas, que anteriormente estaban escritos en prosa, en líneas separadas en la página.[99]​ También inventó los signos diacríticos para el alfabeto griego,[88][100]​ escribió importantes obras sobre lexicografía[66]​ e introdujo una serie de señas para la crítica textual.[101]​ Escribió la introducción de muchas obras, algunas de las cuales sobrevivieron parcialmente a través de versiones reescritas.[66]

El quinto bibliotecario fue Apolonio, conocido por el epíteto «Eidógrafo» —en griego antiguo, εἰδογράφος (eidográfos, en español, clasificador de géneros [literarios])—.[102][74][103]​ Una fuente lexicográfica tardía explica que este epíteto se refiere a la clasificación de la poesía basada en formas musicales.[103]​ A principios del siglo II a. C. varios miembros de la biblioteca se dedicaron al estudio de la medicina.[85]​ A Zeuxis de Tarento se le atribuyen comentarios sobre los Tratados hipocráticos y trabajó activamente para conseguir textos médicos para el fondo de la biblioteca, y un erudito llamado Ptolomeo Epithetes escribió un tratado sobre las heridas en los poemas homéricos, un tema que se inscribe en el marco tanto de la filología tradicional y la medicina.[85]​ En esa época y tras la batalla de Rafia en 217 a.%nbsp;C., el poder político del Egipto ptolemaico comenzó a decaer y a volverse cada vez más inestable;[104]​ las revueltas de sectores de la población egipcia se multiplicaron y en la primera mitad del siglo II a. C., la conexión con el Alto Egipto se vio seriamente mermada.[104]​ Los gobernantes ptolemaicos también comenzaron a hacer énfasis en la faceta egipcia de su nación más que en la griega,[104]​ por lo que muchos eruditos griegos comenzaron a abandonar Alejandría en busca de países más seguros y de mecenas más generosos.[104]

Aristarco de Samotracia (c. 216-145 a. C.) fue el sexto bibliotecario y también tutor de los hijos de Ptolomeo VI Filométor.[74]​ Se ganó la reputación de ser posiblemente el más grande de todos los eruditos antiguos, y escribió no solo poemas de estilo clásico y obras en prosa, sino también hipomnemata (en griego antiguo, ὑπομνήματα) completos, es decir, comentarios extensos e independientes sobre otras obras (un fragmento de uno de los comentarios de Aristarco sobre las Historias de Heródoto sobrevivió en un fragmento de papiro).[66]​ Estos comentarios por lo general citaban un pasaje de un texto clásico, explicaban su significado, ofrecían una definición de las palabras inusuales que se habían utilizado, e indicaban si las palabras del pasaje eran realmente las utilizadas por el autor original o si eran interpolaciones añadidas posteriormente por los escribas.[105]​ Hizo muchas contribuciones sobre distintos temas, pero particularmente al estudio de poemas homéricos;[66]​ además de organizar la Ilíada y la Odisea con las divisiones y subdivisiones con las que las conocemos,[106]​ durante siglos sus opiniones editoriales fueron citadas por los autores antiguos como autoritativas.[66]​ En el año 145 a. C. Aristarco se vio envuelto en una disputa dinástica, en la que apoyó a Ptolomeo VII Neo Filopátor como gobernante de Egipto; Ptolomeo VII fue asesinado y Ptolomeo VIII «Fiscón» accedió al trono e inmediatamente castigó a los que habían apoyado a su predecesor, obligando a Aristarco a huir de Egipto y refugiarse en Chipre.[107][66]​ Ptolomeo también expulsó de Alejandría a otros eruditos extranjeros.[104]

DecliveEditar

Las expulsiones de Ptolomeo VIIIEditar

 
Aristarco de Samotracia, su sexto bibliotecario, fue uno de los mayores eruditos de la Antigüedad.

La expulsión de los eruditos alejandrinos por parte de Ptolomeo VIII fue parte de un proceso más amplio de persecución de la clase dominante alejandrina,[108]​ y causó una diáspora de la erudición helenística.[42]​ Los estudiosos de la Biblioteca de Alejandría, y sus estudiantes, continuaron investigando y escribiendo tratados, pero la mayoría ya no están vinculados a la Biblioteca,[109]​ sino que se dispersaron primero por el Mediterráneo oriental y posteriormente también por el Mediterráneo occidental.[109]​ Un discípulo de Aristarco, Dionisio de Tracia (c. 170-90 a. C.), estableció una escuela en la isla griega de Rodas.[110][111]​ Dionisio escribió el primer libro sobre gramática griega, Tékhne Grammatiké, una guía para hablar y escribir de manera clara y precisa.[111]​ Los romanos utilizaron este libro como referente para sus textos gramaticales, que siguió siendo el principal manual de gramática para los estudiantes de griego hasta el siglo XII,[111]​ y en nuestros días sigue sirviendo como guía gramatical de muchos idiomas.[111]​ Otro discípulo de Aristarco, Apolodoro de Atenas (c. 180-110 a. C.), se trasladó a Pérgamo, el mayor rival de Alejandría como epicentro de la cultura griega, donde se dedicó a la enseñanza y a la investigación.[110]​ Esta diáspora llevó al historiador Menecles de Barca a comentar con sarcasmo que Alejandría se había convertido en maestra tanto de griegos como de bárbaros.[112]

En Alejandría a partir de mediados del siglo II a. C. el dominio ptolomaico en Egipto experimentó una creciente inestabilidad.[113]​ Enfrentados a los constantes disturbios sociales y otros problemas políticos y económicos, los últimos gobernantes ptolemaicos no dedicaron la misma atención al Museion que sus predecesores.[113]​ El prestigio tanto de la biblioteca como de su bibliotecario disminuyó.[113]​ Distintos gobernantes ptolemaicos posteriores utilizaron el puesto de bibliotecario como recompensa política para sus partidarios más leales.[113]​ Ptolomeo VIII nombró como bibliotecario a un hombre llamado Cidas, descrito como lancero[113]​ y posiblemente uno de sus guardias de palacio;[61][114]​ Ptolomeo IX, que gobernó de 88 a 81 a. C., se dice que le otorgó al puesto a uno de sus partidarios políticos.[113]​ El puesto de máximo responsable de la biblioteca perdió tanto de su antiguo prestigio que incluso los autores de la época dejaron de registrar los nombres y mandatos de sus ocupantes.[114]

El incendio de Julio CésarEditar

En el año 48 a. C., durante la segunda guerra civil de la República romana, Julio César se encontraba sitiado en Alejandría y sus soldados prendieron fuego a sus propias naves con la intención de bloquear a la flota del hermano de Cleopatra, Ptolomeo XIV.[88]​ El fuego se extendió a las zonas de la ciudad más próximas a los muelles, causando una considerable devastación.[92]​ El dramaturgo y filósofo estoico romano del siglo I d. C. Séneca, citando el Ab Urbe condita de Tito Livio, escrito entre e 63 y 14 a. C., afirmaba que el incendio iniciado por César destruyó cuarenta mil obras de la Biblioteca de Alejandría.[61][115]​ El platonista ecléctico Plutarco escribió en Vida de César «Cuando el enemigo intentaba cortar su comunicación por mar, [César] se vio obligado a evitar ese peligro prendiendo fuego a sus propias naves, las cuales, después de quemar los muelles, se propagaron desde allí y destruyeron la gran biblioteca».[116]​ Sin embargo Floro y Lucano solo mencionan que las llamas quemaron la propia flota y algunas «casas cerca del mar».[117]

El historiador romano Dion Casio escribió que «Muchos lugares se incendiaron, con el resultado de que, junto con otros edificios, se quemaron los astilleros y los almacenes de grano y libros, que se dice que son grandes en número y de la mejor calidad».[116][118]​ Algunos especialistas han interpretado este texto de Dion Casio como una indicación de que el incendio no destruyó realmente toda la biblioteca, sino probablemente solo un almacén situado cerca de los muelles, que según Galeno se utilizaba para depositar rollos de papiro,[119][120]​ probablemente hasta que se catalogaran y se añadieran a los fondos de la biblioteca.[121]​ De hecho, esto es lo que en general se desprende de las fuentes cronológicamente más cercanas al incendio,[122]​ y en cualquier caso fuera cual fuese la devastación que hubiera causado parece claro que la biblioteca no fue completamente destruida.[114][120]​ El geógrafo Estrabón hace mención a su presencia en la biblioteca entre los años 25 y 20 a. C.,[53]​ poco más de dos décadas después del asedio a César y ni siquiera hace mención a las huellas del incendio, lo que indica que sobrevivió con pocos daños o que fue reconstruída poco tiempo depués.[116][92][123]​ Sin embargo, la forma en que Estrabón habla del Museion muestra que no era ni mucho menos tan prestigiosa como lo había sido unos pocos siglos antes.[92]

 
Se decía que Marco Antonio le regaló a Cleopatra los doscientos mil volúmenes de la Biblioteca de Pérgamo para la Biblioteca de Alejandría.

Según afirma Plutarco en su Vida de Marco Antonio, en los años anteriores a la batalla de Accio, en 33 a. C., se rumoreaba que Marco Antonio había obsequiado a Cleopatra con los doscientos mil volúmenes que componían la Biblioteca de Pérgamo, que se incorporaron a los fondos de la Biblioteca de Alejandría.[116][114]​ Sin embargo el propio Plutarco hace notar que su fuente para esta anécdota podría no ser fiable,[123]​ y posiblemente se tratara de mera propaganda con la intención de demostrar que Marco Antonio era leal a Cleopatra y a Egipto, en lugar de a Roma. Historiadores como Edward J. Watts consideran que la donación de Marco Antonio pudo ser un medio para reponer los fondos de la biblioteca tras los daños causados por el incendio de César, que había ocurrido unos quince años antes.[114]​ En cualquier caso, autores contemporáneos como Lionel Casson sostienen que incluso si la historia fuera inventada, no habría sido creíble a menos que la biblioteca siguiera existiendo.[116]

Otra prueba de la existencia de la biblioteca después del año 48 a. C. proviene del comentarista más notable de finales del siglo I a. C. y principios del I d. C., un erudito que trabajaba en Alejandría llamado Dídimo de Alejandría.[124][116]​ Se dice que escribió entre tres y cuatro mil obras, lo que lo convertiría en el escritor más prolífico de la Antigüedad.[124][125]​ Partes de los comentarios de Dídimo se han conservado en citas posteriores y estos pasajes son una de las fuentes más importantes de información de los historiadores contemporáneos sobre las obras de antiguos eruditos de la Biblioteca de Alejandría.[124]​ Casson afirma que la prodigiosa producción de Dídimo «habría sido imposible sin al menos una gran parte de los recursos de la biblioteca a su disposición».[116]

Período romano y posible destrucciónEditar

Otras teorías sobre su destrucciónEditar

FondosEditar

LegadoEditar

Notas y referenciasEditar

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Bibliografía adicionalEditar

Enlaces externosEditar