Perfil de una tierra de bujeo.

El bujeo o tierras negras en un término agronómico utilizado para denominar a los vertisoles que son los típicos suelos de cultivo de secano de la campiña andaluza, fundamentalmente la zona del valle del Guadalquivir.

Son suelos de un color que va desde el pardo amarillento a pardo gris oliva y de un gris oscuro a prácticamente negro, en función de su composición. Una de sus principales peculiaridades es su estructura columnar y su fuerte y profundo agrietamiento en estado seco al tratarse de materiales ricos en arcillas expansivas.

La textura es de limo-arcillosa a arcillosa. Su pH oscila de neutro a moderadamente alcalino y su contenido en materia orgánica es generalmente bajo, de forma que no suele superar el 1,5% y suelen tener aproximadamente 15% de carbonato cálcico.

Se originan sobre margas del terciario y también sobre areniscas y calizas, localizados en zonas concabas o de pendiente nula, lo que hace de las tierras de bujeo suelos profundos y con buenas condiciones agronómicas.

No obstante sus propiedades físicas son pésimas. El bujeo es un suelo pesado, difícil de trabajar, de permeabilidad baja y drenaje malo, siendo un suelo malo en condiciones de escasa precipitación o el caso contrario, provocando agrietamientos o encharcamiento respectivamente.

En su mayoría se dedican a cultivos herbáceos de secano, principalmente trigo duro y girasol, con rotación característica en las campiñas andaluzas. Los cultivos proporcionan rendimientos muy elevados, sometidos a un nivel de manejo adecuado y precipitaciones adecuadas. En trigo duro pueden llegar hasta los 5.000 kg/ha y en girasol hasta los 1.500 kg/ha.

Las tierras de bujeo constituyen gran parte del sistema de tierras denominado «Vega de Carmona». Son también abundantes en los términos de Écija, Lebrija, Marchena, Paradas, El Arahal, los Molares y Cabezas de S. Juan. También existen pequeñas áreas en la mitad sur de la provincia.

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