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Corrida de toros

tipo de tauromaquia
(Redirigido desde «Corridas de toros»)
Cartel de 1900 anunciando una corrida de toros en Barcelona.
Desfile de cuadrillas o paseíllo que se celebra al inicio de cada festejo.

La corrida de toros es la fiesta en la que se corren o lidian toros,[1]​ definido por la Real Academia de la Lengua la corrida de toros es un evento que consiste en lidiar toros bravos, a pie o a caballo (rejoneo), en un recinto cerrado para tal fin, la plaza de toros.[2]

Los actos que comprenden la lidia de los toros se denominan lidiar y consisten en realizar por parte de los toreros participantes—matadores de toros, banderilleros, picadores y subalternos— una serie de acciones durante el desarrollo de la corrida de toros denominadas suertes y que abarcan desde que el toro sale del toril hasta que se produce el arrastre. A este conjunto de suertes realizadas en la plaza se le denominan lidiar o torear, siendo el toreo el arte de lidiar o torear.[1]

La lidia como espectáculo moderno realizado a pie, fijó sus normas y adoptó su orden actual a finales del siglo XVIII en España.[3]​ En ella participan los toreros junto con sus respectivas cuadrillas compuestas por banderilleros y picadores en el caso de la lidia a pie o por auxiliares cuando la lidia es de rejoneo; sus actuaciones siguen una serie de normas recogidas en el Reglamento de Espectáculos Taurinos que establece el orden jurídico de los festejos taurinos, que articula todo lo relacionado con dichas celebraciones. Este reglamento establece entre otras medidas la de garantizar: la integridad de los toros, su trapío y edad, el indulto del mismo con el fin de mejorar las ganaderías; los derechos y deberes de los espectadores o asegurar el nivel profesional de los toreros que intervienen en las corridas de toros, para ello los toreros tienen la obligación de estar inscritos en el Registro de Profesionales Taurinos gestionado por el Ministerio del Interior. Para poder inscribirse en dicho registro en la categoría de matador de toros es obligatorio que el novillero acredite un número determinado de novilladas picadas, para luego adquirir la categoría de matador de toros con la toma de la alternativa en una plaza de toros de manos de otro espada. La autoridad competente para garantizar el buen desarrollo y el cumplimiento del reglamento taurino en las corridas de toros es el Presidente de la plaza, este cargo recae sobre el Gobernador Civil provincial o sobre el Delegado del Gobierno según el caso, quien puede delegar en un funcionario de la escala superior o de la ejecutiva del Cuerpo Nacional de Policía con potestad sancionadora.[4][5][6]

Además de en España, las corridas de toros se celebran también en Portugal,[7]​ en el sur de Francia,[8]​ en diversos países de Hispanoamérica como México, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela;[9]​ y en California (Estados Unidos)[10]

Siguiendo la obra Los toros. Tratado técnico e histórico del historiador taurino José María de Cossío las fiestas taurinas se clasifican, entre otros tipos, en corridas de toros, novilladas y becerradas según sea la categoría de los lidiadores, la edad y el trapío de la res.[3]​ En las corridas de toros la res lidiada, macho, tiene entre cuatro años cumplidos hasta un máximo de seis años y es obligatorio, como se ha indicado con anterioridad, que el torero haya tomado la alternativa como matador de toros. Respecto a las novilladas existen dos categorías: las novilladas picadas en las que los novillos tienen entre tres y cuatro años, en las cuales los novilleros deben tener un mínimo de festejos acreditados en el registro profesional taurino, y las novilladas sin picadores donde la edad del novillo se sitúa entre los dos y tres años. Respecto a las becerradas, se lidian becerros machos de menos de dos años por profesionales, aficionados o cuadrillas jóvenes que aspiran a ser toreros siempre bajo la dirección y responsabilidad de un matador de toros o de novillos con picadores. Las becerradas no se consideran por la tauromaquia como la lidia de toros en sí, sino que se destinan a otro tipo de festejos. Las corridas de toros y de novillos pueden desarrollarse a pie o a caballo, si se realiza la lidia a caballo, el festejo recibe el nombre de corrida de rejones o rejoneo.[4][11][1]​Cuando se combinan diferentes disciplinas como el toreo a pie o de rejones o alternan matadores de toros con novilleros (menos frecuente) en un mismo festejo, reciben el nombre de corridas mixtas.[12]

Índice

Orígenes e historiaEditar

Precedentes históricosEditar

 
Cuadro atribuido al pintor flamenco Jacob van Laethem del séquito de Felipe el Hermoso, Castillo de la Follie, Ecaussines (Bélgica) titulado Corrida de toros en Benavente en honor de Felipe el Hermoso, realizado en 1506.

El origen de las corridas de toros es difícil de definir en cuanto a su procedencia exacta o en cuanto a determinar el origen o el antecedente concreto de la misma, por un lado la pérdida de documentación a lo largo del tiempo ha dificultado las investigaciones llevadas a cabo por los historiadores; por otro lado la existencia de numerosos de vestigios relacionados tanto con el toro, como asociados con diferentes celebraciones, rituales o festividades taúricos con el toro como protagonista a lo largo y ancho del país han dado origen a un amplio y variado número de estudios, tesis, artículos, publicaciones y libros que avalan cada una de las teorías existentes.[13][14]

Si bien hunde sus raíces en la cultura grecolatina, siendo el primer mito táurico conocido el del rey Gerión quien, según explica José María de Cossío: «... tuvo rebaños de toros y vacas en la península ibérica...» reses que pastaron junto al río Guadalquivir, en la Bética, donde surgieron las primeras ganaderías y encastes de reses bravas andaluzas siglos más tarde. También se tiene constancia de la aparición del toro en la Península Ibérica a través de las antiguas culturas, tales como los tartessos, incluso hay algunos indicios que revelan el empleo del toro en la guerra, uno de los escasos testimonios al respecto fue encontrado en un relato de Polibio sobre las campañas bélicas llevadas a cabo por el cartaginés Aníbal en Falerno, quien se sirvió de mercenarios íberos que iban acompañados por unos dos mil toros que portaban sarmientos encendidos sobre las cornamentas para abrirse camino entre las líneas enemigas. Sobre esta estrategia Diodoro manifestó que Amílcar Barca la empleó en el desastre de Heliké —sobre 'Heliké' los historiadores discrepan sobre cual fue la ubicación de la antigua ciudad—, donde el general falleció. Siguiendo las explicaciones de José María Cossío, estos dos testimonios se asocian con el origen de algunos de los festejos celebrados aún en España.[15]

Otros vestigios indican que fue a través de la cultura grecolatina cuando se introdujo la tradición taurina en el proceso de romanización, cuando el culto al toro como divinidad y su sacrificio ritual está ya constatado en las civilizaciones minoica y otras del mediterráneo oriental desde al menos la edad del bronce. Los romanos, que incorporan a su propia cultura los mitos y divinidades de su zona de influencia, comienzan la conquista de Hispania con su desembarco en Ampurias, en la actual Cataluña, en el contexto de las guerras púnicas. La romanización, que comienza en la Tarraconense y se extiende con los siglos a toda Hispania, instaura en la cultura local los juegos y luchas de fieras, en las que el toro era un animal de frecuente intervención, existiendo constancia de luchas contra osos, leones y por supuesto seres humanos. Entre estos juegos se pueden citar los saltos de toros con pértiga conocidos como contomonobolon y que mantienen paralelismos con el salto de la garrocha, una forma de torear muy extendida durante el siglo XIX y que son un claro precedente de las corridas de toros.[16][14]

Durante la ocupación visigoda y en los primeros tiempos del califato omeya, hay escasos testimonios sobre el origen de los espectáculos taurinos, según la información recopilada por José María de Cossío en Los toros, volumen I existe una carta del rey Sisebuto al obispo de Barcelona Eusebio en la que cuestiona su afición a los toros, este documento aún es motivo de estudio y por tanto de controversia en cuanto a su interpretación cuando Cossío escribió su obra; lo que si menciona El historiador taurino es la persistencia de las corridas de toros y las lidias en etapas posteriores, hechos que dan idea de que la arraigada costumbre pervivió intacta a través del tiempo.[17]

Primeras corridas de toros Siglos XII-XVEditar

En el siglo XIII aparecen los primeros testimonios sobre corridas de toros realizadas por caballeros alanceadores de toros a caballo, ayudados por auxiliares o peones que, como parte de su servicio, auxiliaban a los caballeros en caso de peligro, y realizaban los quites cuando fuera necesario, estos sirvientes que eran asalariados, están considerados el antecedente de las cuadrillas de toreros que se establecerán completamente en el siglo XIX.[18]

Hay noticias documentadas sobre fiestas de toros en Cuéllar (Segovia) en el año 1215, según indica Isaías Rodrigo Criado escritos fechados en el siglo XII indican que se corrían novillos en la ciudad, el documento de 1215 comenta que la costumbre de correr toros —el autor así lo indica, primero habla de novillos y luego de toros— fue objeto de negociación al estar prohibido por una disposición del obispo de Segovia en la cual decretó: «que ningún clérigo juegue a los dados ni asista a juegos de toros, y sea suspendido si lo hiciera».[19]​ En el mismo siglo Alfonso X El Sabio prohibió que dichos juegos se celebrasen por dinero, lo cual apunta a la existencia de una "profesionalidad" incipiente entre los dedicados a lidiar reses bravas. Y es que recorrían los pueblos de España los llamados «matatoros» o «toreadores», divirtiendo al público (y cobrando por ello) mediante la práctica del toreo a pie de forma más o menos rudimentaria (sorteando o recortando a los toros, dándoles lanzadas o saltos, etc.). Igualmente en el reino nazarí de Granada también se documentan ciertos "juegos de fieras" en la que es probable que participaran toros.[20]


En el renacimiento, en 1542 la ciudad de Barcelona homenajea al príncipe Felipe, futuro Felipe II de España, con "luminarias, danzas, máscaras y juegos de toros". Miguel de Cervantes deja constancia de la cría de reses bravas para estas fiestas en el incidente que sufre Don Quijote de la Mancha quien grita a quien los transporta «¡Ea, canalla, para mí no hay toros que valgan, aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riberas!», apuntando la existencia de explotaciones ganaderas de intrínseca finalidad taurina.[cita requerida]

Entre las prohibiciones dictadas destaca de celebrar corridas de toros en Madrid, impuesta en 1704 por Felipe V, vigente hasta 1725 cuando el mismo monarca retiró la prohibición. Durante este periodo, Felipe V además, impuso el estilo de montar «a la brida» para sustituir el estilo «a la jineta» la forma de montar más característica de los caballeros españoles desde el siglo XVII, esta medida dificultó seriamente la práctica del toreo a caballo o rejoneo ya que con esta modalidad de monta apenas se podía alancear al toro. Estas medidas que el monarca impuso a sus cortesanos, acarrearon que los modestos matatoros y los pajes al no contar con los medios ni avíos necesarios para seguir con la fiesta, empezaran a torear por su cuenta en las ciudades más importantes y a desatar el entusiasmo del gran público convirtiéndose en los nuevos protagonistas de las corridas de toros.[21][22][14]

Siglos XVI-XVIIEditar

En los inicios del siglo XVI se practicaba en las plazas el toreo caballeresco que lanceaba al toro a caballo, precedente inequívoco de las corridas de rejoneo. Este tipo de toreo, realizado por los caballeros alanceadores, evolucionó a finales del siglo hacia el uso de la suerte con el garrochón o rejón, más empleado en los inicios del siglo XVII. Durante esta época era frecuente que los caballeros se entrenasen en torneos, justas o en otros juegos como el de correr la tela —ejercicio que consistía en pasear una tela sobre los estribos del caballo— cuyo objetivo estaba fijado en ejercitar al caballo y practicar la montura «a la brida» con el fin de adquirir destreza y entrenamiento militar. El entrenamiento consistía en enseñar al caballo a saltar hacia delante sobre las patas traseras, quedando las delanteras en el aire, mediante esta posición del caballo, denominada «la lanzada», los caballeros hacían que el toro fuese tras ellos siguiendo una lanza que el caballero colocaba delante de la testuz del animal, esta forma de torear es una de las suertes más antiguas del toreo a caballo, suerte que dio paso a la vara larga de torear junto con la lanzada que en tiempos modernos, desde el siglo XX, continuaron formando parte del rejoneo. Sobre la suerte de lancear al toro, José María de Cossío en El toreo, volumen I, cita a Pero Ponce de León (Cossío cita Pero, no Pedro), hijo del marqués de Zahara como el posible inventor de dicha suerte, descrita un tiempo después en el tratado de Vargas Machuca Teórica y ejercicios de la gineta.[23][24][25]

Las normas del toreo quedaron recogidas en el Tractado de la caualleria [sic] de la Gineta[sic] escrito por Fernando Chacón en 1551.[26]

En este periodo surgieron también las primeras corridas de toros en México, tradición que fue llevada desde España por Juan Gutiérrez Altamirano cuando este puebla la hacienda Atenco y lleva toros de casta navarra. [cita requerida]

El siglo XVII, por tanto, fue el más importante para el toreo, pues fue el momento en que se afianzó el toreo a caballo haciéndose más presente las corridas de toros en fiestas y celebraciones reales en las ciudades más importantes, como las celebradas en 1634 en honor del príncipe de Gales, Carlos, pretendiente de María Ana hermana de Felipe IV de España o las celebradas en honor de Carlos II de España entre otras, sin que falten las fiestas populares ya con el despunte del toreo a pie. En estos festejos, que se realizaban ya en plazas cerradas, no solo participaron los nobles como caballeros alanceadores, sino también sus auxiliares que empezaban a tomar importancia como lidiadores a pie, y que hasta ese momento no solo mantenían un papel meramente de auxilio al caballero cuando este se veía obligado a realizar el empeño a pie, sino que empezaban a practicar las suertes de lidiar, burlar, recortar o parchear al toro — un tipo de suerte que consiste en pegarle al toro una serie de parches de tela o de pergamino de colores, embadurnados con pez (brea) o goma, podían colocarse al cuarteo o al sesgo, con técnicas similares a las usadas en las suertes que desarrollan los banderilleros un siglo después[27][28]​—, incluso algunos de estos peones o auxiliares se encargaban en algunas ocasiones de dar muerte al toro.[14]

Es en el siglo XVII cuando surgieron nuevos tratados sobre el toreo a caballo a modo de reglas o advertencias en las que se le indica al caballero como debía comportarse durante la corrida de toros, destacan los escritos de Luis de Trexo Advertencias y obligaciones para torear con el rejón (1639), los Exercicios de la Gineta (1643) de Gregorio de Tapia y Salcedo, las Reglas para torear [sic] (1652) de Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, el Discurso de la caballería del torear (1653) de Pedro Mesía de la Cerda, el escrito por Alonso Gallo Gutiérrez en (1653) las Advertencias para torear o el más conocido de todos el Tratado de la brida y jineta y de las cavallerías que en entrambas sillas se hacen y enseñan a los cavallos y de las formas de torear a pie y a caballo — conocido como Tratado de la brida y jineta escrito por Diego Ramírez de Haro En estos tratados no solo se fijan algunas de reglas sobre las actuaciones de los caballeros a la hora de torear, sino que afectan también al público a quien se le impulsa a asumir unas normas de comportamiento, a través de las cuales el público empezó a evaluar la actuaciones de los toreros en las corridas de toros.[26][14][29]

Siglo XVIIIEditar

Si en el siglo XVI el toreo lo desarrollaron los caballeros alanceadores medievales, el siglo XVII fue el auge del rejoneo y el siglo XVIII pasó a la historia de la tauromaquia como el periodo en el que el pueblo hizo suya las corridas de toros y el toreo fue abandonado por la nobleza. A partir de este momento las corridas de toros apuntaban hacia una serie de novedades en su práctica que dieron lugar a las corridas de toros en su sentido moderno, entre esas novedades surgió la figura del varilarguero. El toreo a pie sustituye al de a caballo definitivamente y se traslada el protagonismo desde el caballero hacia el torero; la aristocracia abandona su participación en las corridas de toros para dejar paso al arraigo de las costumbres del pueblo; en este periodo se afianzan los toreros profesionales. Se tiene constancia de las ganaderías bravas como tales que ya habían surgido en los dos siglos anteriores como la del Raso del Portillo, la vacada de Felipe IV o la de Blas Jijón entre otras, se comienzan a seleccionar los toros para la lidia dando origen a los encastes. Durante el XVIII se construyen las primeras plazas de toros fijas es decir como edificios permanentes. Se escribieron las primeras tauromaquias, que fijan la técnica y las normas del toreo, y van definiendo el orden de la lidia moderna, ejemplo de estas obras son las de José Daza, Pepe-Hillo o Francisco Montes Paquiro.[30][31]

El varilarguero y el picadorEditar

El varilarguero surge en el siglo XVII como una figura de transición entre los caballeros rejoneadores medievales y los toreros de a pie. Tras abandonar las plazas de toros los nobles los caballeros, que además eran los propietarios de las cuadras de los caballos de rejoneo, los varilargueros ocuparon la posición de los caballeros en las corridas de toros; gozaban entonces de mayor importancia sobre el torero de a pie al adquirir el papel de directores de la lidia, una importancia que causaría las rivalidades que harían evolucionar el concepto de las corridas de toros y de la lidia que cristalizaría un siglo después. Esta figura del varilarguero no seguía las reglas establecidas para el rejoneo anteriores, por ejemplo en lugar de emplear la lanza, usaban una vara larga de unos tres metros y medio, también cambiaron el estribo característico de la monta a la jineta, algo más corto, por otro estribo más largo tal y como había definido Felipe V entre 1704 y 1725. El varilarguero duró poco tiempo y fue desapareció para dejar paso al picador, sin que estas dos figuras sean la misma, ni una derive de la otra. Una de las diferencias estriba en la propiedad de los caballos, los picadores no emplearon caballos de su propiedad hasta bastante después, mientras que el varilarguero sí era el propietario de su cuadra. Otra de las diferencias entre ambas figuras es la de que tuvieron funciones distintas, por un lado el varilarguero realizaba suertes al encuentro, mientras que las suertes realizadas por el picador se basaban en el cite al toro. El cambio del varilarguero al picador derivó del alargamiento en la duración de las corridas de toros consecuencia del auge de la lidia a pie, sin embargo no se produjo definitivamente hasta el siglo XIX, según describió José Daza en su obra de 1778 Detalles de: Precisos manejos y progresos condonados en dos tomos del más forzoso peculiar del arte de la agricultura que lo es del toreo privativo de los españoles... [14][21][22][32][30][33]

Toreros profesionalesEditar

 
Pepe-Hillo, figura del toreo de la última década del siglo XVIII, en un grabado de Goya.

Con diversas variaciones, se van estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los elementos de las corridas de toros modernas. Se impone en este periodo el gusto por las corridas de toros y el toreo a pie al tiempo que se definen las figuras de matadores de toros, banderilleros y picadores profesionales. Estos auxiliares empezaron a destacar por la destreza demostrada durante las corrida de toros con caballeros rejoneadores, razón por la cual fueron apadrinadas por estos últimos, para más tarde irlos sustituyendo en la lidia. Es difícil definir cual de todos los nuevos matadores de toros fue el primero en surgir, pues es un hecho que se da en diferentes regiones y en un periodo de tiempo amplio, según Natalio Rivas podrían ser los hermanos Pedro, Félix y Juan Palomo o Juan Esteller el valenciano, quien al parecer inauguró la Plaza de la Puerta de Alcalá de Madrid —Natalio Rivas se refiere a la Vieja Plaza, según la fecha de inauguración esta sería la de la Puerta de Alcalá[34]​ según indican otras fuentes— el 30 de mayo de 1754 junto al Pamplonés y Antón Martínez. El número de nuevos toreros que surgieron en esta época es amplio, sin embargo de entre todos ellos el más destacado fue el rondeño Francisco Romero, considerado como el primer matador de toros en emplear el estoque y la muleta además de consumar la suerte de recibir, por lo que es considerado el padre del toreo moderno.[18]​ Francisco Romero, fundador de una célebre dinastía de toreros, había tomado parte en las últimas corridas caballerescas. Se le atribuye el perfeccionamiento de la muleta pues es difícil atribuir a un solo torero su invención y su uso, sin embargo sí se conoce que Romero fijó las características de defensa ante el toro con el uso de la misma;[35]​ dividió la lidia en tres tercios (varas, banderillas y muerte) y subordinó la cuadrilla a las exigencias del diestro.

Nuevo concepto de Corrida de torosEditar

En Andalucía prevalecía aún la tradición de torear a caballo, y sobre esta idea se organizaban las corridas de toros, practicado y fomentado por las Reales Maestranzas de Caballería; mientras que en el resto de la península y área pirenaica se prefería otro estilo de correr los toros dirigidas por Navarra que organizaba las corridas de toros en toda la península y en la Corte. Destacan las corridas de toros organizadas en Pamplona, y la de Bayona por tener entonces unos matices diferentes en cuanto a su desarrollo en los recortes, quiebros y el toreo con capa. Sin embargo es en Sevilla donde surgieron las bases de la organización de la lidia que dio origen a las corridas de toros modernas tal y como han llegado al siglo XXI. Todos estos nuevos preceptos sobre las corridas de toros y las suertes fueron recogidos en la Cartilla, una obra anónima que permite el estudio de las corridas de toros del siglo XVIII y que fue reproducido por Eugenio García Baragaña en 1750 en su obra titulada Noche phantastica ... que demuestra el methodo de torear a pie.[36][37]

A finales del siglo, Juan Romero, hijo del torero Francisco Romero, impone el nuevo concepto de cuadrillas que posteriormente perfecciona Joaquín Rodríguez Costillares y fija el torero Francisco Montes Paquiro ya en el siglo XIX. Hasta ese momento los toreros se limitaban a reunirse de forma ocasional y en igualdad de rango o categoría. Juan Romero es el primer estoqueador que formalizó un contrato firmado figurando como director de una cuadrilla organizada para actuar en una corrida de toros celebrada en Madrid. Estas cuadrillas contaron con las figuras del chulo o peón auxiliar en el ruedo, picadores y peones que colocaban rehiletes —antigua banderilla— y los varilargueros, todos ellos a las órdenes del matador de toros.[38][39][35]

Afianzado el estilo del toreo y la organización de la lidia las corridas de toros se encaminaron hacia su forma definitiva con la reforma técnica materializada a través de las suertes de torear que lleva a cabo el torero Joaquín Rodríguez Costillares, este perfeccionó el lance de capa a la verónica y la suerte de matar a volapié, fundamental para poder dar muerte al toro que no acudía al cite del torero, una novedad en la suerte en la que es el propio torero él que acude hacia el toro. El volapié mejoró después con José Delgado Pepe-Hillo, quien aportó además el capeo de frente y por detrás, mejoras que describió con detalle en la obra Tauromaquia —dicha obra fue dictada por el torero— , así como la forma de torear y las bases de las suertes de capa y muleta; aportó la forma de realizar dichas suertes según el tipo de astado lidiado en la corrida de toros. Junto a las suertes de capa y muleta surgieron las suertes de banderillas.[40][41][39]

Por último con las diferentes mejoras e innovaciones introducidas tanto en los conceptos de la lidia, en el orden de la misma como en la profesionalización de los toreros, una vez decantado el estilo de la lidia en favor de la idea andaluza en el que se fundieron los dos tipos de toreo indicados, el pirenaico y el andaluz, el estilo de las celebraciones de los festejos habían tomado la forma definitiva unificándose en toda la península bajo una forma única de celebrar las corridas de toros.[42]

GanaderíasEditar

El interés sobre las mejoras de las ganaderías en los inicios del siglo XVIII eran pocas, Existieron dos corrientes regionales de cuya combinación surgió el toreo a pie: el ámbito vasconavarro y el andaluz. La tauromaquia vasconavarra se basaba en los saltos, en los recortes y en las banderillas, sin mayor sofisticación, mientras que la andaluza se desarrollaba con lienzos y capas para engañar a los toros. Durante algunas décadas ambos estilos se disputaron la primacía del público, saliendo victorioso el modelo andaluz. De la tauromaquia vasconavarra dejó constancia gráfica Francisco de Goya, que presenció los saltos de garrocha de Martincho, del licenciado de Falces o de Juanito Apiñani en las plazas de Zaragoza y de Madrid. La actual suerte de banderillas es el único legado que ha perdurado de aquel toreo vasconavarro en las corridas de toros, si bien siguen muy vivos los espectáculos de saltos y recortadores en festejos populares.[cita requerida]

Siglo XIXEditar

 
El riojano Juanito Apiñani R., retratado por Goya en la serie La Tauromaquia, saltando con garrocha por encima del toro en la antigua plaza de Madrid.

Tras este primer periodo de auge y prohibiciones de la fiesta a lo largo del siglo XVIII, en el siglo XIX las corridas de toros se enfrentaron a la prohibición más importante de las que se habían dictado, la del año 1805 con La Pragmática-Sanción que prohibía en todo el reino de Carlos IV las corridas y los festejos taurinos.[43][44]​ A pesar de las prohibiciones, se recibieron cientos de escritos en defensa de las corridas de toros dirigidas al Consejo de Castilla, las corridas continuaron celebrándose en algunos lugares. A esta realidad se le unió la muerte en el ruedo de Pepe-Hillo sucedida en 1801 y la Guerra de la Independencia Española entre 1808 y 1814 como consecuencias directas de la decadencia de las corridas de toros, a las que hay que añadir la retirada de las grandes figuras anteriores como la de Pedro Romero, espacio que fue ocupado por las figuras de Jerónimo José Cándido y Curro Guillén.[45][46]

Una de las consecuencias de dicha decadencia en las corridas de toros fue la creación de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla impulsada por Fernando VIII. El monarca decidió devolver todo el esplendor a las corridas de toros, para lo cual ideó crear un centro con carácter docente donde los nuevos toreros fuesen instruidos sobre el arte de torear, teoría y técnica, dirigida por diestros ya consolidados en el arte como Juan Manuel Arjona o Pedro Romero. La escuela se fundó el 28 de mayo de 1830 y de ella surgieron toreros de la talla de Francisco Montes Paquiro, conocido como el «Napoleón de los toreros», quien une la escuela rondeña y sevillana y demuestra que ambas son compatibles, es decir, que efectividad y brillantez pueden aunarse en la lidia. Le sigue Francisco Arjona Cúchares, quien aporta el toreo de muleta con la mano derecha fundamento del toreo denominado de muleta, hasta entonces esta cumplía la función única de preparar al toro para la muerte. Cúchares hizo del manejo de la misma una invención vistosa y entretenida fruto de la imaginación y abriendo una nueva etapa en el concepto de torear que se conoce como «el arte de Cúchares». Es el momento en el que el toreo dejó de apoyarse en las suertes de capa y de varas para que basarse en el toreo de muleta.[47][48]

Después de Cúchares vendría Antonio Carmona el Gordito banderillero y torero, con quien se integró el conjunto del toreo dotándolo de una estructura completa ya que a él se debe la integración a la lidia del tercio de banderillas. La novedad más destacada de Antonio Carmona el Gordito fue sin dudas la invención del quiebro de frente a la hora de colocar las banderillas a cuerpo limpio, empleada en Sevilla en 1858, una evolución sobre la manera ya conocida del cuarteo a la media vuelta, suerte que constituyó una importante incorporación al toreo por parte del Gordito. Con esta aportación la división de la lidia se hace patente al ser incorporada la suerte de banderillas ya definida a falta de las modificaciones sobre el tercio de varas del siglo XX.[49][50]

Con la llegada de Rafael Molina Lagartijo las corridas de toros dieron un nuevo paso en su evolución. Lagartijo, discípulo de Antonio Carmona el Gordito, aporta al toreo la elegancia, la plasticidad artística y el toreo de línea natural concepto esencial del toreo moderno. El toreo al natural se diferencia del toreo cambiado o contrario, muy empleado por Frascuelo, por la forma en la que el toro es guiado es decir pasa por el mismo lado por el que el torero tiene asida la muleta, la mano izquierda, mientras que en el toreo cambiado el toro sale de la muleta por el lado contrario al de la mano con la que el torero coge la muleta.[51][52][53]​ Con Rafael Molina el toreo que se observa en las corridas de toros adquirió el concepto artístico en el que primó la estética, la armonía del movimiento del torero y del toro en un solo conjunto en el que se acompasan la embestida y el movimiento del capote o muleta que dieron lugar al temple. Salvador Sánchez Frascuelo, rival de Lagartijo en los ruedos, aportó un concepto diferente del valor tal y como era conocido, aplicado tanto al toreo como a la ejecución de la suerte de matar recibiendo —cuando es el toro el que va hacia el torero que permanece quieto—.[54][55]

Con Rafael Guerra Guerrita, las corridas de toros, y la lidia, experimentaron un cambio definitivo materializado en la perfección de la ejecución de las suertes y en el dominio del torero sobre el toro. Guerrita en la última década del siglo XIX, aporta el espectaculo que el aficionado quiere ver en la plaza de toros. Ordenó la labor de los picadores en el ruedo y afianzó los cimientos de las corridas de toros al introducir el concepto del torero completo que se desarrolla los tres tercios de la lidia, logrando un dominio absoluto de la fiesta al dotar por tanto a las corridas de toros de su valor definitivo.[56]


Siglo XXEditar

Tras el dominio de Guerrita, retirado en 1899, se abrió un periodo de transición durante la primera década del siglo XX, con nombres tales como Antonio Fuentes Bocanegra, mencionado por Guerrita en la célebre cita en la que alude al toreo de Fuentes : «después de mí naide... después de naide, Fuentes [sic]»;[57]​ el del mexicano Rodolfo Gaona, quién universalizó no solo el toreo mexicano sino también el toreo español haciendo de las corridas de toros un patrimonio universal; junto con Rafael González Madrid Machaquito o Ricardo Torres Bombita, José Gómez Gallo y Vicente Pastor quienes ocuparon los primeros puestos del escalafón.[58]​ Estos toreros dieron paso a la llamada «época dorada» del toreo, que se extendió durante la década de 1910 a 1920 y que tuvo como máximas figuras a Juan Belmonte y a José Gómez Joselito. Ambos diestros son unánimemente considerados los dos más importantes del toreo moderno: Belmonte, como el creador de la estética moderna («parar, templar y mandar») donde el concepto del toreo cambió, este fue el momento en el que Belmonte aportó la lidia como arte de torrear cuya finalidad se basó en la belleza del conjunto más que el la lidia en sí misma, y Joselito como el torero total, dominador de todas las suertes y de todos los aspectos de la tauromaquia (desde la idea de construir grandes plazas monumentales hasta los detalles de la selección del toro bravo), que aglutinó lo mejor del toreo antiguo y anunció la técnica que habría de imponerse en el futuro.[59]​ Este fue un momento en el que reapareció el rejoneo desaparecido prácticamente de los ruedos en el siglo XIX de la mano del cordobés Antonio Cañero, retirado en 1936. Le siguieron otros rejoneadores como Conchita Cintrón, Ángel Peralta y se hermano Rafael entre otros rejoneadores.[60]

Ignacio Sánchez Mejías fue un punto y aparte, con Sánchez Mejías el toreo tiene un después de las corridas de toros es decir una vida fuera de las plazas de toros que traspasó a la sociedad intelectual del siglo XX. A través de la visión de Sánchez Mejías ganaderos, escritores y poetas del mundo intelectual empezaron a ver el toreo y a los toreros con otra perspectiva las corridas de toros pasaron de poseer una fama de tosca a tener un prestigio y un carácter atractivo para los círculos sociales más destacados. Así la presencia de Sánchez Mejías en tertulias y eventos sociales coloca a las corridas de toros como referencia para la literatura, la poética, el teatro, la danza o el ballet donde autores de la talla de Federico García Lorca centrarían el foco de sus obras. Con Sánchez Mejías la fiesta trasciende fuera de la plaza de toros hasta el punto de quedar unida a la cultura española formando un vínculo que dio como fruto las mejores logros socioculturales de la época, entre ellas la prosa y la poesía de la generación del 27.[61][62][63]​Posteriormente a la Guerra Civil Española se produce un potente resurgimiento del mundo taurino, especialmente gracias a la figura de Manolete, para muchos el más vertical de los toreros en la historia. De este auge siguen figuras como Luis Miguel Dominguín, el mexicano Carlos Arruza, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Pepín Martín Vázquez, Miguel Báez y Espuny El Litri, Julio Aparicio Martínez y Agustín Parra Parrita. Si bien esta época se cierra con el fallecimiento de Manolete en la tragedia de Linares, surge entonces otra famosa rivalidad entre toreros que apasiona al mundo taurino, la de Dominguín y Antonio Ordóñez.[cita requerida]

Ya en los años cincuenta se alza la figura de particular elegancia del venezolano César Girón, quien lidera en dos ocasiones (1954 y 1956) el escalafón taurino en España, hazaña que repetiría su hermano Curro en 1959 y 1961; y otros como Chicuelo II (escalafón de 1955).Destacan en los años sesenta, además del mencionado Curro Girón, toreros como Paco Camino, Santiago Martín "El Viti", Jaime Ostos y Diego Puerta, además de la sensación que causó la llegada de Manuel Benítez El Cordobés a los ruedos, con él se introdujo en la fiesta la heterodoxia o disconformidad con la tradición conservadora de las corridas de toros y recogió el sentir de la sociedad del los años sesenta. El Cordobés también se desligó de las condiciones de la industria taurina junto con Palomo Linares, en lo que se conoció como el año de los guerrilleros, en el que reivindicaron controlar su vida taurina, para ello esa temporada solamente torearon en plazas de segunda y tercera categoría; de estas reivindicaciones surgió en 1968 el libro de registro de ganaderías bravas y el marcado de las reses con el guarismo del año de su nacimiento publicados en el B.O.E. el 16 de diciembre. Con el Cordobés las masas llegaron a las corridas de toros.[64][65][66][67]

Las décadas de los setenta y los años ochenta fueron las de mayor expansión comercial del mundo de los toros, llegando a haber corrida incluso en el Astrodome de Houston (con la participación de El Cordobés) y un matador estadounidense, John Fulton.[68]​ Fue el momento de grandes figuras como: Francisco Rivera Paquirri (lideró el escalafón de 1972) Curro Romero, Rafael de Paula que dominó el toreo técnico, Curro Vázquez con un toreo elegante, Manolo Vázquez, Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea (lideró el escalafón en 1975, 1976, 1978, 1979 y 1981), Dámaso González (primero del escalafón 1980),, Antoñete, Julio Robles con su dominio del capote y de la muleta, Francisco Ruiz Miguel y Juan Antonio Ruiz "Espartaco" (primero en el escalafón en 1982 y de 1985 a 1991), Paco Ojeda (primero en el escalafón en 1983), José Mari Manzanares (primero del escalafón en 1984).[65][66][69]

En la siguiente década, la de los noventa, fue también un periodo intenso en cuanto a número de corridas celebradas, incluso toreros de escalafón llegaron a torear en corridas de toros celebradas en plazas portátiles, es un momento en el que las masas acuden a las plazas, se abandona la ortodoxia del toreo para buscar complacer al espectador desviándose de la pureza que se había visto hasta entonces en las corridas de toros, se busca más la eficacia que la belleza. Destacaron toreros como, Enrique Ponce (primero en el escalafón de 1992 y 1993) quien superó el número de corridas de toros toreadas por el Cordobés, ciento veintiuna, con un total de ciento cincuenta y tres festejos de Ponce. Destacó por su personalidad tan particulares y técnica depurada el colombiano César Rincón, quien abrió cinco veces la puerta grande de Madrid[69][70][71][72]

Entre los diestros que perdieron la vida en los ruedos en el siglo XX se enuentran José Mata, José Falcón, Francisco Rivera Paquirri y José Cubero Yiyo.[73]

Siglo XXIEditar

Las nuevas figuras del toreo, algunas de ellas triunfadoras ya desde la década de 1990, presentaron gran diversidad en su estilo y proyección: destacar el toreo de Julián López El Juli (primero escalafón años 2000, 2002 y 2019), Finito de Córdoba (lideró el escalafón de 2001), César Jiménez (primero del escalafón de 2003 y 2004), David Fandila  El Fandi quien lideró los escalafones desde el año 2005, 2006, 2008 al 2012 y 2015, Juan José Padilla (lideró escalafón de 2013-2014 y 2017), López Simón (escalafón de 2016) o Andrés Roca Rey (escalafón de 2018).[74]

Otras grandes figuras de este siglo han sido Manuel Jesús "El Cid", Cayetano Rivera Ordóñez, Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera, Morante de la Puebla, José María Manzanares o José Tomás, quién el 5 de junio de 2008 cortó las cuatro orejas a los dos toros de su lote en una misma tarde en la plaza de toros de las Ventas, logro que no había sido conseguido por ningún otro torero desde hacía treinta y seis años, cuando 22 de mayo de 1972 los toreros Sebastián Palomo Linares y Curro Rivera Agüero cortaron, en la misma tarde ambos, cuatro orejas y rabo el primero y cuatro orejas el segundo.[75][76]​ Sin olvidar a los espadas Víctor Barrio o Iván Fandiño los únicos toreros que han perdido la vida en el ruedo en el siglo XXI.[73]

ParticipantesEditar

En una corrida de toros participan diferentes profesionales entre toreros y auxiliares, si bien hay que distinguir entre quienes actúan en la corrida de toros para lidiar al toro y entre aquellos cuya labor es la de apoyo a los toreros sin ser toreros. Según el tipo de lidia que realizan se distinguen dos tipos: el que torea a pie denominado matador de toros o torero y el que torea a caballo o rejoneador. Siguiendo el orden de la lidia son:

TorerosEditar

El torero es el profesional que torea a pie en una plaza de toros durante una corrida de toros. Entre los toreros hay que distinguir entre el matador de toros y los peones que actúan en la plaza bajo las ordenes del matador y que también son toreros, estos últimos reciben el nombre de subalternos y comprenden a los toreros que forman la cuadrilla del matador de toros o novillos.[77][1]

 
Matador.

Matador de torosEditar

También conocido como torero, diestro o espada —recibe el nombre de espada el torero que mata a una res durante la lidia empleando el estoque—. El matador de toros es la persona que torea en la plaza de toros y que ha recibido la alternativa para poder lidiar toros de más de cuatro años de edad. Durante la lidia es quien realiza la parte principal de la faena. Sobre el matador de toros recae la responsabilidad del desarrollo de la lidia del toro, para lo cual se vale de los engaños tales como el capote de brega y la muleta con los que desarrolla diferentes suertes, además puede emplear banderillas cuando no delega en los banderilleros y el estoque con el que se realiza la suerte de matar. Para llegar a tener la categoría de matador de toros el torero ha realizado antes un aprendizaje que se inicia con una etapa de becerrista, para lo cual debe ingresar en una escuela de tauromaquia, generalmente a una edad temprana, para continuar su aprendizaje como novillero sin picadores y como novillero con picadores después. Por último una vez alcanzados los requisitos establecidos por el reglamento taurino, se convierte en matador de toros tras tomar la alternativa que le otorga la categoria de lidiador de toros de más de cuatro años.[77][78]​ Además de torear, el matador de toros de mayor antigüedad de la terna que participa en la corrida de toros realiza la función de director de lidia.[4]

PicadorEditar

 
Picador en la Santamaría en Bogotá en 2018.

El picador es el torero a caballo suya función es picar a los toros empleando para ello una garrocha o pica. La función del picador durante la lidia se denomina picar y se realiza durante el primer tercio de los tres en los que se divide la lidia denominado tercio de varas. La acción que realiza el picador se denomina suerte de picar y consiste en que el picador, montado a caballo, realiza una herida sobre el morrillo del toro con una puya o rejón colocado al final de la garrocha o vara de picar que este porta. Tanto la acción del picador, como las dimensiones de la vara y de la puya están estrictamente reguladas por el Reglamento de Espectáculo taurinos. El picador tiene categoría de subalterno y forma parte de la cuadrilla del matador de toros con el que lidia, cada cuadrilla tiene dos picadores que participan en la lidia de forma alterna un en cada toro lidiado, así mientras uno actúa el otro se dice que guarda la puerta.[79][78]

BanderilleroEditar

 
Banderillero

El banderillero es el torero que pone habitualmente las banderillas durante el tercio de banderillas, una de las tres partes en las que se divide la lidia en una corrida de toros. A las diferentes técnicas de colocar banderillas se le denominan suertes de banderillas. Forman parte de la cuadrilla del matador de toros, y la componen un total de tres banderilleros por cuadrilla. El banderillero tiene la categoría de subalterno y además de colocar banderillas, ayuda al matador de toros durante la lidia en este caso se denomina peón de brega,[80]​ destaca la función del denominado peón de confianza, en quien el matador de toros deposita la confianza de realizar determinadas labores de brega durante la lidia dado el conocimiento de este en sus quehaceres. Entre las funciones de estos subalternos están la de correr los toros para colocarlos o cambiarlos de terreno, auxiliar a sus compañeros durante la lidia o realizar quites cuando corresponda.[81]

Los subalternos también participan formando parte de las cuadrillas de los rejoneadores en las corridas de rejones, actuando solamente como peones del rejoneador.

No torerosEditar

Además de los toreros, en una corrida de toros participa una serie de profesionales que sin ser toreros como tales intervienen a lo largo de corrida de toros durante la lidia. Este grupo está compuestos por el presidente de la plaza, los profesionales de la misma y por los asistentes del matador de toros y son:

Presidente de la plazaEditar

El presidente de la plaza de toros es la autoridad que dirige el festejo taurino y que vela por el cumplimiento del reglamento taurino, siendo también el responsable del orden público de la plaza durante la corrida de toros. Entre sus funciones está la de garantizar el correcto desarrollo de la corrida desde que los toros llegan a la plaza hasta su arrastre. Como representante de la autoridad en las plazas de primera categoría su cargo es ejercido por el Gobernador Civil o la persona en quien este delegue dentro de la ejecutiva del Cuerpo Nacional de Policía, en el resto de las plazas el presidente de la plaza es el Alcalde o el concejal que este designe. Autoriza el inicio del festejo, ordena los cambios de tercio y otorga los premios a los matadores de toros de acuerdo a lo estipulado en el reglamento taurino.[78]

AlguacilillosEditar

La función principal de los alguacilillos es la de hacer cumplir el reglamento taurino aplicado por el presidente de la plaza, es decir son los agentes que trasmiten las órdenes este durante las corridas de toros. Actúan dos en cada corrida de toros. Otra de las funciones que realizan los alguacilillos es la de despejar el ruedo, acto que se denomina despeje de plaza, así mismo en algunas plazas recogen la llave de los toriles que abre el portón por donde sale el toro al ruedo. Por último son los encargados de entregar los premios concedidos a los toreros. Abren el paseillo de inicio del festejo, precediendo a los toreros y cuadrillas. Sus funciones están recogidas en el Reglamento taurino.[82]

Mozo de espadasEditar

El Mozo de espadas es la persona cuya labor es la de asistir facilitando tanto al diestro como a la cuadrilla todos lo útiles necesarios para lidia, tales como cambio de muletas, capotes y estoques. Otra de las funciones del mozo de espadas es la de ayudar al matador de toros a vestirse antes de la celebración del festejo. También se le conoce como mozo de estoques.

Ayuda del mozo de espadasEditar

A las órdenes del mozo de espadas está el ayuda cuya función es la de colaborar en todo lo que tenga que ver con los trastos o útiles que emplea el matador, así como su indumentaria, también carga con el esportón. El esportón es donde se trasportan los útiles de la lidia, las muletas, capotes, etcétera. [83]

MonosabiosEditar

Los monosabios son los mozos que auxilian al picador durante la lidia. Derivan de los antiguos chulos que asistían a los caballeros en las plazas de toros. Su función es la de proteger al caballo y al picador en las caídas que puedan sufrir a consecuencia de embate del toro para evitar que ni el picador ni el caballo resulten heridos.[84]​ Otra de las funciones del monosabio es la de colocar los arreos de los caballos de los picadores en el ruedo. Para realizar su función se valen de sus manos y a veces de una vara fina.[85]

MulillerosEditar

Los mulilleros son los encargados de arrear el tiro de mulillas que realizan el arrastre de los toros una vez finalizada la lida de los mismos. Ente la cuadrilla de mulilleros se encuentra el jefe de mulilleros que es quien se comunica con la presidencia cuando este concede la vuelta al ruedo del astado. Los mulilleros visten una indumentaria característica y van descubiertos cuando arrastran al toro. Las mulillas van adornadas con madroños y banderas[86]

ArenerosEditar

Los areneros son los mozos encargados de mantener en condiciones adecuadas el albero del ruedo tras la lidia de cada toro. Tienen su importancia, como lo ilustra el hecho de que desfilen en el paseo de cuadrillas.

Personal de la plazaEditar

El personal de la plaza lo componen aquellas personas que trabajan en ella prestando los servicios necesarios para la celebración de la fiesta, tales como los médicos, los taquilleros, los acomodadores, el personal del callejón, el torilero o los carpinteros entre otros.

Lidia a pieEditar

 
Lidia.
 
La salida en hombros es una recompensa tras una buena actuación.

Lidia es como se denomina al conjunto de suertes que se practican con el toro en durante la corrida de toros, es decir las acciones realizadas por el torero empleando un engaño: capote de brega, muleta o el propio cuerpo (recorte) con la intención de que el toro pase próximo a él, practicadas que se desarrollan desde que el toro sale de los toriles de la plaza hasta que se produce el arrastre del mismo.[87]​ Se conoce como lidia a pie aquella en la que los matadores de toros profesionales que intervienen en la misma lo hacen caminando a diferencia de la lidia de rejones donde el matador de toros desarrolla la lida a caballo, en este caso la lidia se denomina rejoneo.[88]

Lidiar al toro consiste en emplear las reacciones —entiéndase 'reacción' como el cambio producido como respuesta a un estímulo—[89]​ del toro unidas a las respuestas de los toreros y que en conjunto tienen como objetivo mejorar el comportamiento de la res. Este concepto de la lidia hace necesario que la actuación del torero sea la correcta, buscando en todo momento corregir los posibles defectos del toro a la hora de embestir o acometer, de forma que el toro, con la lidia, debe mejora en lugar de empeorar en su comportamiento. La naturaleza del toro bravo le hace ser cambiante en su comportamiento, la función de la lidia por tanto es lograr que las buenas características permanezcan a lo largo de la misma y se mantengan. Para ello el torero debe ajustarse a una serie de normas ya establecidas y que se aplican según el tipo de toro lidiado, estas normas establecen que la lidia debe seguir un orden determinado y una duración.[90]

En España para poder intervenir en la lidia los profesionales, con independencia de su país de origen, deben estar inscritos en el Registro General de Profesionales Taurinos dentro de la sección que les corresponde según su categoría profesional: matadores de toros, banderilleros, picadores, mozos de espadas, rejoneadores o novilleros; este registro es público y está regulado por ley en el Reglamento de Espectáculos Taurinos, donde además se recogen todas las normas que rigen el desarrollo de la corrida de toros y de la lidia así como las normas sobre los útiles de torear tales como puyas, banderillas etc. [78]

Previo a la lidiaEditar

Reconocimiento, sorteo y apartado de los torosEditar

La lidia se inicia, como se ha indicado, con la llegada y desembarque de las reses en los corrales de la plaza de toros, donde se procede al reconocimiento minucioso de las mismas para garantizar la integridad del toro, su estado sanitario, su aspecto físico, trapío, edad y utilidad para la lidia , observando sobre todo la integridad de las astas; además del reconocimiento anterior se le practica al toro un análisis de sangre para evitar manipulaciones fraudulentas. El reconocimiento es realizado por los veterinarios asignados por la autoridad competente según el lugar donde se celebre la corrida de toros, en presencia del presidente del festejo, el delegado del gobierno que actúa como secretario para levantar acta, el empresario de la plaza de toros y dos representantes de cada una de las ganaderías acompañados por el veterinario que ellos designen. A este primer reconocimiento asisten también el apoderado de cada torero, los mozos de espadas o aquellos miembros de la cuadrilla de confianza de los toreros. Por último el artículo 8 de la Ley 10/1991, permite a los espectadores presenciar alguno de los reconocimientos a través de las asociaciones de abonados y aficionados más representativas.[78][91][92]

Una vez realizados los diferentes reconocimientos se procede al sorteo de las reses aceptadas para ser lidiadas entre los diestros que actúan en la corrida de toros, la autoridad en este caso recae sobre el presidente de la plaza, a él acuden los subalternos de confianza del torero, apoderados, empresa, ganaderos o sus representantes y el público. El sorteo fue introducido por Mazzantini a finales del siglo XIX según Fernando Vinyes, el 6 de agosto de 1896, de esta forma se evitaba que fueran los ganaderos quienes fijasen la asignación de las reses a unos u otros espadas según sus intereses.[87]

Tras ser asignadas las reses por el sorteo, se procede a lo que se denomina apartado de los toros, es decir se meten los toros en los chiqueros de forma que cada uno de ellos permanece en un toril hasta el momento de salir al ruedo para ser lidiado.[87]

El tipo de corrida más extendido actualmente, la corrida española, tiene como fin principal llevar el toro a muerte (en Portugal el espectáculo termina con la suerte de muleta) mediante la presentación de diversos lances de estilo coreográfico que el encargado de la lidia (torero, rejoneador) induce al toro de manera que parezca coordinada y permitan el lucimiento del mismo. Para este fin se ocasiona al astado pinchazos con instrumentos que varían en longitud y se distinguen por la intención de los mismos (las banderillas, además de ocasionar el sangrado en el toro, adquieren valor en cuanto adornos; las varas de pica, con una punta reglamentaria de 6 a 8 cm, se utilizan para dosificar la fuerza del toro y medir su bravura).[cita requerida]

Si bien la corrida culmina casi siempre con la muerte del toro, que se causa con un estoque de dos, tres o hasta cuatro canales, que reglamentariamente tiene que ser menor de 80 cm y que el matador intenta clavar entre los omóplatos del toro para llegar al corazón y que la muerte sea instantánea. Habitualmente no se consigue a la primera, al necesitarse mucha precisión. Si no se consigue en dos o tres veces, se toma un estoque con un tope cerca de la punta y se clava entre las cervicales del toro, con el fin de cortar la médula espinal («descabello»). Si el toro cae pero no muere, un mozo le da la puntilla, con un puñal corto, del mismo modo que en el descabello. En ocasiones, donde el reglamento de la plaza lo permite y a petición del torero o el público, antes de dar muerte al toro, en casos de bravura y porte particularmente distintivos, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se le mata sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental.[cita requerida]

Por lo general en un evento taurino se lidian seis toros (casi siempre de una misma ganadería) por parte de tres matadores, aunque también se ofrecen eventos con dos matadores (llamados "mano a mano"), eventos con cuatro, eventos de seis matadores (en los que corresponde un ejemplar a cada uno) o encierros con uno solo matador. En el siglo XIX, las corridas podían tener muchos más matadores y toros.[cita requerida]

Orden de la lidiaEditar

 
paseíllo corrida goyesca en Bogotá en 2019, Colombia
 
Paseíllo, plaza de toros La Santamaría en 2018, Bogotá.
El torero Juan Bautista durante la corrida goyesca de la Feria du Riz en Arlés, 2010.

Despeje de plazaEditar

La corrida de toros comienza con el despeje de plaza por parte de los alguacilillos. El despeje o despejo tuvo su origen cuando en las celebraciones en plazas públicas y abiertas —no en cosos taurinos— donde fue necesario despejarlas de quienes permanecían en ella con diferentes intenciones, garantizando con ello el buen desarrollo posterior de la lidia. Cuando los festejos que se celebraban eran reales, es decir organizados por los monarcas, del despeje se encargaba la tropa real o en su caso los alcaldes o los alguaciles. Con la llegada de los cosos taurinos el despeje original se fue limitando a desalojar a quienes estaban en el ruedo sin que estos fuesen los propios lidiadores, este desalojo provocó en algunas ocasiones importantes disturbios por lo que en 1865 fueron suprimidos para quedar en un acto simbólico.[91]

PaseilloEditar

Realizado el despeje de plaza se inicia el festejo con el paseíllo, en el que tras los alguacilillos desfilan los matadores de toros con el primer espada a la izquierda, a la derecha el segundo y en el centro el de menor antigüedad; en la siguiente fila siguiendo a los diestros sus cuadrillas, ordenadas en tres filas según la antigüedad del espada; tras las cuadrillas, en la quinta fila realizan el paseíllo lo picadores en filas según la antigüedad de los espadas. Por último, cerrando, el personal de la plaza de toros: monosabios, mulilleros y areneros. Esta disposición tiene su origen en torno a la década de 1840-1850 tras las reformas introducidas por Paquiro en las que se imponen las cuadrillas de toreros sobre la importancia de los picadores.[93]

LidiaEditar

La lidia moderna se divide en tres partes, denominadas tercios: el de picar, el de banderillear y el de matar.[93]​ Previo al tercio de varas, se realiza el toreo de capa cuya función es la de descubrir cuales son las características del toro, para ello se realiza lo que se denomina correr el toro; esta labor puede realizarla el mismo matador de toros o bien su peón de confianza según designe el matador, y consiste en citar al toro para provocar que se arranque y queden al descubierto las condiciones y la forma de embestir el toro. Estas acciones se conocen como fijar al toro y consisten en que el astado fije y retenga la atención en el capote. El torero se vale del capote de brega y se emplean las suertes de capa por la cara del mismo —de frente al a la res— al toro se le da la salida larga —'salida' es la dirección que sigue el toro tras pasar por el capote o engaño[87]​—. Estos primeros lances que se le dan al toro tienen gran importancia pues con ellos no solo el torero destapa tanto los defectos como las virtudes del astado, sino que se le va enseñando a embestir, se realizan según las caracteristicas del toro en cuanto a humillar, la velocidad a la que se mueve o pies, su fuerza etcétera —. [94][95]

En esta parte de lidia se emplean las suertes de capa o pases del toreo más vistosas de la lidia, tales como La Verónica, inventada por Costillares es el lance más antiguo de todos los empleados, hay constancia escrita de su uso en 1830 descrito extensamente tanto en la Cartilla de torear como por Pepe-Hillo o por Paquiro en sus Tauromaquias donde se la denomina también suerte de frente, o regular. Está considerado uno de los pases más bellos y vistosos de los que realiza el lidiador. Los toreros Cayetano Sanz, Cara-Ancha o Antonio Fuentes dominaron este lance. Con las modificaciones sufridas en tiempos de Guerrita, toreros como Manuel Mejías Rapela Bienvenida —más conocido como Bienvenida padre—, Rafael Gómez Ortega el Gallo, Chicuelo o Cagancho dieron buenos ejemplos del uso de los lances a La Verónica.[96][97]​ Otras suertes son la Media Verónica, empleada para rematar una tanda de verónicas; La Navarra, creada por el torero Martincho es un lance que se intercala entre las verónicas, está considerada por los expertos taurinos como un adorno, tiene su origen en los antiguos lidiadores navarros y fue descrita en el tratado de Pepe-Hillo, siendo la suerte preferida de Cúchares. La Larga Cambiada o Larga Natural, puede considerarse un lance o un recorte, se llaman largas aquellos lances que rematan con el extremo del capote, hay varios tipos entre ellas la Lagartijera inventada por Rafael Molina, Lagartijo o la Larga Cambiadas un invento de Rafael Gómez Ortega, El Gallo. Por último mencionar entre otros lances el Farol, visto por primera vez cuando lo realizó Manuel Domínguez, Desperdicios el 13 de mayo de 1855 en una corrida de toros en Madrid y la Gaonera inventada en México por Saturnino Frutos, Ojitos, banderillero español, deben su nombre al torero Rodolfo Gaona, por ser el torero quien la presenta en España por primera vez y quien la hizo popular.[97][96]

Tercio de varasEditar

El primero de los tercios en los que se divide la lidia a pie en una corrida de toros se denomina Tercio de varas. Una vez que el toro ha quedado fijado y el matador de toros ha probado las condiciones del mismo se produce el cambio de tercio —acto de pasar de un tercio al siguiente— mediante el correspondiente aviso indicado por parte del presidente de la plaza , para lo cual muestra un pañuelo blanco en el palco. En este primer tercio o de varas el objetivo es mejorar el comportamiento del toro, rebajando la violencia en la embestida y acometida del mismo atendiendo a las caracteristicas de fuerza que presenta. Otra de las finalidades del tercio de varas es la corregir algunos de los defectos que aún pueda mostrar el toro a la hora de embestir; del desarrollo de este tercio dependerá el comportamiento del astado en el resto de la lidia, de ahí la importancia del tercio, templar al toro.[98]

El desarrollo del tercio de varas lo realizan los picadores a caballo y se valen de las varas de detener, estas se componen por un lado de una vara, una puya piramidal encordada al palo o vara, una cruceta que limita que la vara y el rejón —diferente del empleado para rejonear— penetren en profundidad dentro del animal, un regatón para que no se astille la vara y un tope,[99]​ todos estos elementos están estrictamente regulados por el Reglamento taurino, capítulo II. Los caballos empleados por los picadores están domados para realizar su función y llevan una protección específica desde 1928 denominada peto para evitarles que las astas del toro les produzcan daños.[4]​ Cada cuadrilla lleva tres picadores y solamente dos de ellos son los que pueden permanecer simultáneamente en el ruedo durante la lidia. De los tres picadores, actúa primero el denominado de reserva y el tercero actúa en el toro siguiente, mientras el segundo picador queda a la espera ante la puerta de caballos y solamente actúa en el caso de que los otros dos picadores deban retirarse del ruedo. La forma en la que el picador debe desarrollar la suerte desde que sale al ruedo hasta que sale de él está detallada en el Reglamento taurino en el artículo 72, así como la posición que deben mantener tanto el picador como el toro en el mismo, indicada por dos líneas concéntricas que delimitan los terrenos de uno y de otro. El número de puyazos que el picador puede realizar al toro queda a criterio del matador de toros, siendo obligatorio en las plazas de primera categoría un mínimo de dos puyazos y en las plazas restantes es obligatorio al menos un puyazo, tras lo cual el espada puede pedir el cambio de tercio al presidente de la plaza.[78][100]

El puyazo consiste en aplicar la puya sobre el morrillo del toro —'el morrillo' es la parte superior y más abultada del lomo del toro—.[101]​ En los siglos XVI-XVIII la de picar era la suerte más importante al llevar el peso de la lidia el caballero alanceador y posteriormente el varilarguero, siendo los toreros de a pie solo auxiliares de esta labor. Con el paso del tiempo y tras las modificaciones en la forma de montar los caballos dictada en el siglo XVII, los nobles abandonaron la lidia a caballo, hecho que favoreció que los auxiliares cobraran mayor fama entre la población de forma que la lidia comenzó a girar en torno a su labor pasando a ser los protagonistas de las corridas de toros.[30][31]

El picador a lo largo de su historia ha empleado diferentes técnicas o suertes de picar según la época en el que se celebraron las corridas de toros y estas dependían en gran medida de las características de los toros a picar. Así se pudieron distinguir la suerte de picar a toro levantado, siendo este el primer estado del toro al entrar en la plaza antes de que el toro estuviese fijado; la suerte de picar al toro de frente, en la que el toro estaba parado; la de picar a caballo levantado, en esta suerte era el caballo el que permanecía quieto dejando llegar al toro hasta el mismo; la suerte del señor Zabonero, que facilitaba la salida natural del toro; y la suerte del señor Atienza, iniciada por Miguel Atienza y Caro, cuya finalidad era que el toro buscase la lucha con el caballo al taparle la salida natural el picador empleada sobretodo en los toros mansos. Todas estas suertes descritas por Paquiro en su Tauromaquia quedaron en desuso.[102]

 
Gaoneras de Juan de Castilla (torero) en la Segunda de Abono de la Santamaría de Bogotá en 2018.

Los quitesEditar

Además de adecuar el comportamiento del toro, durante el tercio de varas también se quita el toro del caballo, para ello se realizan una serie de suertes con el capote. Hay que distinguir entre las acciones que realiza el torero denominadas suertes y lo que erróneamente se suele denominar «Tercio de quites», un tercio que no existe con tal denominación en tauromaquia, siendo el nombre correcto de estas suertes el de «Quites». Una vez que el toro ha entrado al caballo, ha recibido el primer puyazo se procede a quitar el toro del caballo con el capote para posteriormente proceder a la tanda de quites para ello el espada a quien le corresponde la lidia verifica las condiciones del toro, para ello se vale de una serie de lances de capa, esta función guarda semejanza con el antiguo papel que tenía el torero de a pie auxiliando al picador, la acción se realiza de forma ordenada para evitarle al toro idas y venidas innecesarias o percances entre los toreros. Esta intervención dicho diestro puede realizarla cuando estime oportuno. Tras cada puyazo, y por orden de antigüedad, el resto de espadas que componen la terna pueden realizar los quites si así lo consideran oportuno, en caso de desistir, se corre el turno al siguiente espada. [103]

La faena a capote desarrollada por el torero en los quites tiene la función de medir la embestida del toro así como la fuerza y disposición del mismo. En origen la forma de hacer los quites era tirando del toro o mediante recortes, sin embargo estas formas quedaron en desuso al prohibirlas los reglamentos de 1880 y 1917. Los quites son una suerte muy valorada en América, de ahí las diferencias en su ejecución por parte de los toreros americanos; las rivalidades entre los toreros en el desarrollo de esta suerte son frecuentes y han dado momentos inolvidables a los aficionados, así como también han sido causa de enfrentamientos entre los diestros como en los casos de Manuel Benitez El Cordobés y Paco Camino en 1965, o entre El Juli y Andrés Roca Rey en la Maestranza de Sevilla en la 11ª corrida de abono de 2018. Existen diferentes estilos a la hora de realizar los quites, aún conservan la idea del antiguo auxilio que prestaban los toreros a los caballeros lidiadores, es en esta parte de la lidia cuando los espadas muestran sus mejores repertorios de lances con el capote tales como largas, lances de verónica, chicuelina o las gaoneras, de uso más común, si bien el inventario de quites es amplio y en ellos se despliega toda la plasticidad propia del toreo, un ejemplo de algunos de los quites más conocidos son el quite de los Valencia cuyo creador fue Pepe Roger Valencia, el quite de oro con el que se cita al toro de espaldas para luego girar el torero sobre sí mismo acompañando al toro, creado por Pepe Ortíz el 28 de enero de 1934 en México o el quite de Ronda popularizado por Antonio Ordoñez. [91][81][104][105]

 
Banderillero en la plaza de toros la Santamaría de Bogotá.


Tercio de banderillasEditar

El segundo periodo en el que se divide la lidia es el tercio de banderillas. Sucede a continuación del tercio de varas y su finalidad es la de avivar o estimular al toro tras haber sido ahormado en el tercio de varas sin que se le resten fuerzas. Esta es una suerte que los banderilleros realizan a cuerpo limpio, puede realizarse tanto por el matador de toros que tiene el turno de la lidia o por los subalternos de su cuadrilla. Al igual que el resto de la lidia realizada en la corrida de toros tanto las acciones como los útiles empleados están regulados en el Reglamento taurino, capítulo III y V.[91][78]

El número de banderillas que pueden colocarse al toro varia entre dos pares como mínimo y tres, si bien en ocasiones en las que diestro lo solicita a la presidencia de la plaza este puede autorizar colocar un par más. La banderilla es un palo cilíndrico de setenta centímetros de longitud, adornado con papeles de colores y en uno de sus extremos lleva un arponcillo, su origen se remonta hasta 1700. [91]

Durante el desarrollo de la suerte es importante observar como acude el toro al cite del banderillero, atendiendo a la forma de embestir, si recorta terreno al banderillero o no o la distancia desde donde se arranca el toro entre otras actitudes pues son indicativo del comportamiento que el toro va a tener más tarde. Para el desarrollo de la suerte intervienen dos de los tres banderilleros de la cuadrilla, de forma que el primero coloca dos pares de banderillas y el segundo solamente uno, quedando el otro banderillero para brega y auxilio de sus compañeros, este orden se invierte en el siguiente turno.[106]

La suerte de banderillas se realiza en el llamado tercio del ruedo, es decir de las líneas marcadas en la arena hacia el centro de la plaza de toros. Estas se deben colocar por los dos lados del toro, es decir por ambos pitones, y siempre sobre el morrillo, para ello se emplean diferentes suertes o maneras de banderillear, las más conocidas son las banderillas al cuarteo descritas por Pepe-Hillo y Paquiro en sus tauromaquias, es la suerte más habitual y tiene algunas variantes; las banderillas de sobaquillo, las banderillas a la media vuelta en la que el toro se cita desde atrás, es la más antigua de las suertes de banderillas, citada en la Cartilla; las banderillas al sesgo, suerte descrita por Paquiro o las banderillas al quiebro presentadas por primera vez el 19 de abril de 1858 por Antonio Carmona, el Gordito y al relance.[107][108]

Tercio de matarEditar

El último de los tercios en los que está dividida la lidia corresponde al tercio de la muerte del toro o tercio de matar, también se conoce como último tercio o de toreo de muleta. La función de este último tercio es la de preparar al toro para la muerte, para ello el torero emplea la muleta y el estoque. Este es el tercio más significativo de los tres en los que se divide la lidia, y en él el matador de toros despliega todo su arte plástico, estético y técnico. En tiempos modernos la lidia del toro está orientada para culminar en este último tercio, donde se realiza la llamada «faena de muleta» o «hacer faena» y es determinante para que el torero pueda obtener el reconocimiento y los triunfos, ya que es la faena realizada durante es último tercio la que los espectadores y el presidente de la plaza de toros valoran para otorgárselos o no. Todas las suertes pueden ser dedicadas o brindadas por parte de los toreros, sin embargo es la faena de muleta la que goza de más aceptación y la única que habitualmente suele brindarse. Siguiendo el reglamento taurino todos los matadores deben brindar obligatoriamente desde el siglo XVII su primer toro al presidente de la plaza, para ello el torero debe portar la muleta en la mano izquierda y el estoque y la montera en la derecha, esta disposición no puede cambiarse; tras este brindis o saludo al presidente de la laza el diestro puede optar por brindar a quien considere, incluido al público asistente a la plaza en su conjunto o a nadie, el acto del brindis culmina con el lanzamiento de la montera. Algunos de estos brindis han trascendido a lo largo del tiempo por el ingenio mostrado por el torero a la hora de pronunciar su discurso.[91]

Este tercio es el único que tiene un límite de tiempo para su desarrollo establecido en el reglamento de espectáculos taurinos en el artículo 81, por el cual una vez iniciada la faena de muleta el espada cuenta con diez minutos para desarrollarla y darle muerte a toro, transcurridos los cuales sin que el astado haya muerto, sonará un primer aviso mediante un toque de clarín que es ordenado por el presidente de la plaza de toros. Tres minutos después puede sonar un segundo aviso, y dos minutos después el tercero y último, tras el cual si no se ha dado muerte al toro el toreo y los demás lidiadores se retiran del ruedo tras la barrera y el toro es devuelto a los corrales o es apuntillado. Si no se logra la devolución del toro a los corrales, o bien no es apuntillado, el presidente de la plaza puede ordenar al matador siguiente al que ha actuado que mate la res empleando el estoque o el descabello.[78]

La faena de muletaEditar

La faena de muleta se divide en dos partes, una primera parte cuyo objetivo es preparatorio y se desarrolla con la brega o pases de muleta y la otra parte que es la suerte de matar, siendo esta última la que tuvo más importancia en el origen de las corridas de toros, al ser el culmen de la lidia; sin embargo cuando en el siglo XVIII los toreros se hacen profesionales la muleta es aún un elemento de defensa del torero, a partir de este momento es cuando el uso de la muleta evolucionó hasta convertirse en el elemento esencial para burlar o engañar al toro —de donde la muleta toma el nombre «engaño»— y pasa a tener un papel estético y protagonista de la faena. Con la llegada de la suerte al volapié la faena de muleta fue ampliándose hasta tener la importancia que ha adquirido en tiempos más modernos. En esta primera parte de la faena el objetivo del torero es el de dominar al toro —entendido 'dominar' como el hecho de corregir, restar el exceso de poder si el toro lo tuviese— para ello el torero mediante el uso de la muleta cita al toro hasta lograr que este la siga, es decir que embista o tome el engaño de forma continuada; esta circunstancia es la que indica que el torero ha logrado imponerse al toro, hecho que no siempre se consigue pues a pesar de las capacidades del torero que el toro tome el engaño y siga la muleta depende también de las características de bravura y voluntad del propio toro.[109][110]

Una vez el torero logra que el toro tome el engaño y siga la muleta embistiendo, la faena del último tercio de la lidia continúa más centrada en el lucimiento y adorno, es decir el torero torea para el público de una forma más estética, sin que el torero deje de prestar atención a las condiciones del toro en ningún momento.[109]

Para la faena de muleta, el torero emplea una serie de suertes de muleta llamados pases, con los que se forman una serie de grupos de pases que conforman el conjunto de la faena. Un pase es como se le denomina al acto de pasar el toro o moverse de un sitio a otro, mientras el torero permanece parado. Sin embrago la faena de muleta no consiste en dar pases sueltos, sino que se trata de ligar uno tras otro mientras el toro sigue la muleta sin abandonarla; para ello el torero debe escoger aquellos pases más adecuados según las características mostradas por el toro al que se enfrenta y el lugar del ruedo en el que estén ambos situados.[109][110]

Los pases de muletaEditar

El pase es una suerte —acción del torero en la empleando el capote, la muleta o el cuerpo hace que el toro pase proximo a él— realizada con la muleta que consiste en mover al toro mientras el torero permanece inmóvil. Fue Pepe-Hillo quien explicó en su Tauromaquia el uso y manejo de la muleta, en concreto detalló el pase natural y el pase de pecho, sin embargo fue Costillares quien revolucionó el toreo y la suerte de matar con la invención del volapié y con el uso de la muleta diferenciando los pases de muleta.[39]

El inventario de pases de muleta es amplio, los fundamentales son:[111][109]

  • El pase natural: el torero cita de frente al toro con la muleta por delante en la mano izquierda, se realiza de dos formas, por alto y por bajo debe su nombre a la forma en la que el torero da la salida al toro por el mismo lado por el que el torero sostiene la muleta. Se le dice por alto, cuando la muleta se saca por encima del toro; se denomina por bajo cuando la muleta se abre sobre la cara del toro y el torero extiende el brazo hacia atrás guando al toro hacia afuera de forma curva, denominada en redondo. Algunos aficionados denominan derechazo al pase natural dado por el torero con la mano derecha, sin embargo esta denominación es errónea según indica Sila Aramburu en la Enciclopedia taurina (1967).
  • El pase cambiado: es el pase de muleta en el que el torero le da al toro la salida por el lado contrario a la mano con la que sujeta la muleta, es decir la contraria a la mano con la que se cita al toro. Puede realizarse por alto, entonces se denomina pase de pecho o por bajo, recibe entonces el nombre de pase de trinchera y se realiza con una rodilla en el suelo.
  • Pase ayudado: en este pase el diestro sostiene la muleta con ambas manos, tiene tres variantes: puede darse por alto, recibe el nombre de estatuario, por media altura y por bajo en el que el torero lleva la rodilla al suelo conocido también como Doblón.

Otros pases de muleta empleados considerados de adorno son:[109][111][112][113]

  • Afarolado: es una pase que imita el pase de capa o capote del farol de pie, en él el diestro se pasa la muleta por la cabeza. Su creador fue Rafael el Gallo.
  • De la firma: pase que se da con la mano derecha, se empieza como un pase natural pero se termina con un pase de pecho o uno de trinchera.
  • De la muerte: es un pase realizado como si el torero fuese a dar un pase ayudado por alto, pero citando a distancia al toro, la muleta se coloca a la altura de la cintura y cuando el toro pasa se levanta esta. Inventado por Rafael el Gallo.
  • Giraldilla o manoletina: es un pase que se realiza de frente al toro, con la muleta asida por detrás con la mano izquierda y el otro extremo cogido con la mano derecha, el diestro permanece inmóvil para girar lentamente sobre sí mismo cuando ha pasado el toro con el objetivo de enlazar varios pases seguidos. Este pase fue realizado por los espadas Domingo Ortega y Victoriano de la Serna, sin embargo Manolete hizo un uso habitual de ella reviviendo el pase, con lo que popularmente se la empezó a llamar manoletina, sin ser él su inventor. El nombre de giraldilla fu puesto por el crítico taurino Don Ventura.[114]
  • El kikirikí: pase inventado por Gallito, parte de un pase ayudado por bajo con los codos del diestro a la altura de los hombros, cuando el toro se acerca a la muleta el diestro la retira de pronto para colocarla en el otro lado de la cara del toro cuando este la busca. Es un pase casi desaparecido. El nombre se lo dio el crítico taurino Alejandro Pérez Lugín, Don Pío.
  • Molinete: este pase surge de un pase ayudado en el que el diestro, al llegar el toro al centro de la suerte, gira en dirección contraria para quedar de nuevo frente al toro. Este pase originariamente era realizado con la mano derecha, Juan Belmonte introdujo su realización con la mano derecha, es un pase vistoso por ambos lados.
  • Pase de tirón: realizado por el torero para cuadrar al toro antes de entrar a matar.

La suerte de matarEditar

Finalizado el toreo de muleta, una vez que el toro se ha entregado a la misma, el torero se prepara para darle muerte. Para ello ha de asegurarse que la posición del toro sea la correcta, es decir la colocación de la cabeza del mismo debe mantenerse a media altura o en su posición normal para facilitar que al entrar el diestro a matar el toro humille y se realice la suerte adecuadamente evitando que sea fallida o que el diestro deba repetirla entrando de nuevo a matar; las pezuñas de las manos deben permanecer juntas y cuadradas respecto a las traseras, buscar esta postura ideal en el toro en tauromaquia se denomina cuadrar al toro y es la que debe buscar el torero para antes de entrar a matar. Para la realización de la suerte de matar el torero emplea la muleta como engaño y el estoque con le que se da muerte al toro. La suerte de matar es el momento más significativo de la lidia pues es aquí donde el matador de toros demuestra toda su destreza y maestría, por tanto el objetivo es que el espada sea capaz de matar al toro con una sola estocada certera y eficaz en cuanto a la colocación del estoque de forma que el toro perezca de rápida, cualquier variación o fallo a la hora de realizar la suerte es considerada un fallo y conlleva la pérdida de los trofeos a las que tuviere derecho el torero por la faena realizada durante este tercio y conlleva el consiguiente enfado del público.[115]

Formas de entrar a matarEditar

La suerte se desarrolla, como se ha indicado anteriormente, dentro de un tiempo establecido de diez minutos desde el inicio de la faena de muleta, con dos avisos a los tres y dos minutos siguientes, quince minutos en total en los que el torero debe realizar la faena de muleta y dar muerte al toro o que bien solicitar que sea indultado, en caso contrario, trascurrido el tiempo reglamentario el toro es devuelto a los corrales. Las suertes fundamentales empleadas para darle muerte al toro son tres, dependiendo del tipo de enfrentamiento entre el toro y el torero, es decir ataque o defensa: la primera que sea el toro quien acuda hacia el torero, la segunda que sea el torero quien vaya hacia el toro o la tercera que vayan uno hacia el otro al mismo tiempo; según como prevea el espada que vaya a producirse el encuentro, escogerá una de ellas:[116][109]

  • suerte de recibir o recibiendo: empleada cuando es el toro el que acude hacia el cite del torero, mientras este lo espera para clavar el estoque. Así se denomina estocada recibiendo y la suerte, suerte de recibir.
  • suerte a un tiempo: cuando toro y torero arranca al tiempo uno hacia el otro, se produce el encuentro a medio camino, recibe el nombre de estocada a un tiempo.
  • suerte al volapié: es la empleada cuando es el torero quien va hacia el toro sin que el astado se mueva. Recibe el nombre de estocada a volapié o vuelapiés por la velocidad del torero al realizar la suerte.


A parte de estas tres formas o suertes de matar, hay otras intermedias en las que el arranque del toro o del torero no se produce de forma simultanea, entre las cuales destacan dos:[116][117]

  • aguantar o aguantando: el toro va hacia el torero —acomete— y el torero ha tenido la intención de acudir hacia el toro para realizar la suerte recibiendo sin lograrlo pues es el astado el que ha ganando el terreno hacia el torero sin ser citado, en este caso el encuentro de ambos no se produce en la mitad del trayecto sin embargo sí se produce la estocada, por lo que esta recibe el nombre de estocada aguantando.
  • arrancar o arrancando: si se da el caso contrario, el torero es quien inicia el trayecto hacia el toro, pero el toro se arranca más tarde de forma que es el torero quien gana el terreno al toro en lugar de producirse el encuentro en el medio, si se produce la estocada recibe el nombre de estocada arrancando.

Terrenos donde se realiza la suerteEditar

Las suertes indicadas para entrar a matar pueden realizarse en diferentes lugares o terrenos en el ruedo, estos son: cercano a las tablas de la barrera, en los tercios o en los medios. Dentro de estas ubicaciones, la posición del toro respecto del torero también puede variar según sea la querencia de la res —'querencia' es el lugar donde prefiere estar el toro—, así se pueden diferenciar:

  • al hilo de las tablas, cuando el toro tiene el costado izquierdo pegado a la barrera
  • en tablas, cuando el toro tiene el cuarto trasero apoyado en la barrera o muy cercano a ella, es el lugar para realizar la suerte más peligroso para el torero por no contar este con espacio para poder salir del encuentro con el toro.


Otro aspecto a tener en cuenta es el lugar que ocupa el toro en el ruedo, teniendo en cuenta dicha posición respecto al ruedo la suertes o pases se denominan:

  • suerte natural: cuando se parte de la posición en la que el costado derecho del toro está paralelo a las tablas, tras la suerte de matar el toro queda ocupando el terreno denominado de afuera —hacia el centro del ruedo— y el torero en el de dentro —hacia las tablas—. La suerte natural es la forma normal de realizar la suerte o el lance.
  • suerte contraria o con los tercios cambiados: la colocación del toro es la contraria que la de la suerte natural, en este caso el toro tiene el costado izquierdo paralelo a la barrera, la realización de la misma es más arriesgada para el torero, se emplea cuando el toro tiene querencia a ir hacia las tablas o a quedarse cerca de ellas sin que sea posible sacarlo de ellas.
  • en la suerte de banderillas: en este caso el toro está colocado de forma perpendicular a las tablas de forma que la cabeza se orienta hacia el centro del ruedo, es frecuente que la posición del toro esté un poco sesgada y no formando una perpendicular perfecta con la barrera. A pesar del nombre nada tiene que ver con la suerte de banderillas, sino que se refiera al lugar del ruedo donde se ubica el toro.
  • de dentro a afuera: en este caso el toro mantiene una posición en la mira hacia la barrera, es el torero quien se mueve de dentro hacia fuera —lugar más cercano al centro del ruedo— en el intercambio de terrenos.
  • en el centro del ruedo o en los medios, es el terreno más neutral para toro y torero, en esta ubicación tiene menos importancia la colocación del toro respecto al ruedo. La característica que conlleva realizar la suerte de matar en el centro del ruedo es que el toro tendrá menos interés en acudir hacia el torero, por contra es el diestro quien debe hacer más por ir al encuentro y realizar la suerte.

Para que se considere suerte de matar los espacios o terrenos que ocupan toro y torero deben intercambiarse o cruzarse de forma que uno y otro cuando se ha realizado la suerte ocupan el lugar del otro. Pueden darse otras formas de entrar a matar, sin embargo estas según indica José María de Cossío se consideran recurso o cuarteos pues no se produce ese intercambio de terrenos o lugares al realizar la suerte, estos son : a toro arrancado, a paso de banderillas, ala media vuelta, al revuelo de un capote al relance, a toro movido o por sorpresa.[117]

Los tipos de estocadasEditar

El estoque es la espada que usa el matador de toros para realizar la suerte de matar. Es una espada de hoja recta con guarnición y empuñadura terminada con punta curvada comúnmente llamada muerte por los toreros. Las dimensiones de las misma están indicadas en el reglamento taurino en el artículo 66.[118][119]

En cuanto a la forma en la que penetra el estoque una vez que el torero entra a matar al toro pueden darse varias posiciones:[116]

  • pinchazo hondo: cuando el estoque penetra unos centímetros en el toro,
  • estocada corta: cuando solo entra una tercera parte
  • Media estocada: cuando penetra la mitad del estoque
  • Estocada honda: penetra al menos dos terceras partes del estoque.
  • Estocada entera o estoconazo: penetra todo el estoque.

El lugar donde el torero debe colocar el estoque es en la zona del centro superior de las agujas y la médula, sobre los brazuelos del toro, esta zona en tauromaquia recibe diferentes nombres tales como: alto, hoyo de las agujas, alto del morrillo, los rubios o la propia yema, siendo el término más empleado el de la cruz. Solamente el estoque que se coloca en este lugar es el considerado correcto. Teniendo como referencia el lugar donde debe colocarse el estoque correctamente, las variaciones que se producidas a partir de esta posición reciben diferentes nombres según sea la posición en la que quede colocado dicho estoque, a estas denominaciones se le añaden las indicadas anteriormente, empleando ambas juntas para definir la estocada según el tipo de cada una de ellas así se diría: «Uno natural y una estocada honda y contraria...».[120]​ Todas estas variantes están consideradas estocadas incorrectas y por tanto pueden ser protestadas por el público y en algunos casos conllevan la pérdida de trofeos:[116][109]

  • pasada: cuando el estoque ha quedado un poco por detrás de la cruz.
  • trasera: cuando el estoque ha quedado por detrás de la cruz a más distancia que en la anterior.
  • delantera: cuando la estocada queda un poco por delante de la cruz.
  • pescuecera: la espada ha quedado bastante por delante de la cruz, prácticamente sobre el cuello del la res
  • caída: la posición de la espada es un poco desviada hacia la derecha de la cruz
  • baja: cuando la desviación es mayor que la anterior.
  • contraria y baja del lado contrario: es cuando la espada queda desplazada hacia el lado izquierdo de la cruz del toro, es decir al contrario que la caída y baja.
  • Golletazo: la espada ha quedado a los lados del toro, entre el cuellos y el brazuelo.
  • Bajonazo: aquella que queda demasiado baja.


La tercera forma de clasificar la estocada es según la posición en la que queda el estoque, no debe confundirse esta posición con la colocación descrita anteriormente, se designan de diferentes maneras las variaciones que se producen respecto la forma correcta, la posición del estoque considerada correcta es la que forma un ángulo entre 45º y 50º de inclinación respecto a la linea imaginaria que se prolonga desde del espinazo del toro hacia su testuz. Como sucede en las demás variantes, todas aquellas que se desvíen de la posición correcta se consideran incorrectas y por tanto conllevan pérdida de triunfos o enfado del público. La clasificación es la siguiente:[116]

  • perpendicular: cuando el estoque excede de los grados indicados en la posición correcta y por tanto tiende a hacia la posición vertical respecto el lomo del toro.
  • tendida: es o contrario, es decir el estoque queda con una inclinación más cerrada, menor de los 45º indicados, con tendencia a quedar en horizontal casi paralelo a la línea del espinazo de la res.


Dentro de estas dos variantes, el estoque puede además variar tendiendo a ir hacia la derecha o hacia la izquierda, todas ellas son consideradas incorrectas igualmente que en los casos anteriores, reciben el nombre de:

  • atravesada: cuando la tendencia del estoque es hacia el lado derecho del toro
  • atravesada del lado contrario o contraria atravesada: cuando el estoque gira hacia el lado contrario, es decir hacia la izquierda de la res.
  • envainada: cuando el estoque queda excesivamente horizontal. Esta forma de colocar la espada es totalmente incorrecta y no es aceptada por el público a demás de ser muy protestada, conlleva la pérdida de los trofeos que el torero pudiera haber obtenido durante la faena de muleta.
  • hace guardia o asoma: cuando el estoque queda en posición vertical completamente o queda demasiado cruzado de forma que sobresale la punta por un costado de la res. Al igual que la estocada envainada, esta es absolutamente incorrecta, y conlleva la protesta del público u la pérdida de los trofeos a los que opta el torero por la faena de muleta

Cuando el torero entra a matar de forma fallida y se vuelve a llevar el estoque en el mismo acto, se denomina meteysaca, no está considerada ni una suerte ni es una forma de entrar a matar. Todas las denominaciones anteriormente citadas, sobre cuanto penetra el estoque, el lugar donde queda colocado, la inclinación y la forma en la se desvía de la rectitud del toro, se emplean juntas o combinadas para definir con precisión el tipo de estocada que ha realizado el torero y como se ha indicado anteriormente, el diestro debe buscar la forma correcta y eficaz de realizar la suerte de matar de forma que la muerte del toro se produzca de forma rápida sin alargamientos. La forma en la que se debe emplear la espada está regulado en el reglamento taurino en el artículo 80. [115][116][78]

Descabellar y apuntillarEditar

El descabello no está considerada una suerte sino que es un complemento de la suerte de matar, una vez que se ha realizado esta última. Se trata pues de un recurso empleado desde los orígenes de la lidia por los auxiliares cuando a pesar de estar el toro herido de muerte este se mantenía en pie sin facultades o bien no muere a consecuencia de la estocada siendo esta válida —cuando la estocada no es válida, el torero debe repetir la suerte—. El descabello lo realiza el mismo matador de toros y emplea la muleta para procurar que el toro baje la cabeza y queden descubiertas las vertebras cervicales y la espada de descabellar o descabello con un verduguillo de cuatro aristas al final, limitado por una cruceta, cuya función es seccionar la médula espinal para provocar la muerte instantánea del astado. Las características del descabello están reguladas en el artículo 66 del reglamento taurino.[4]​ El torero es quien realiza el descabello siempre que el toro esté de pie y debe tomar las precauciones necesarias en el caso de un arranque repentino del toro, y debe prestar atención a realizar la acción de descabellar de forma eficaz, considerándose incorrecto realizar más de dos intentos, hecho que el público reprobará sonoramente a la vez que restará el mérito que el torero hay podido adquirir al estoquear perdiendo parte o todos los triunfos que se le pudieron otorgar por la faena de muleta. El descabello se mencionó en la Tauromaquia de Pepe-Hillo en la segunda edición de 1804, no así en la primera, también Paquiro la describe en su obra, haciendo además hincapié en la necesidad de atención por parte del torero, pues el toro podía arrancarse repentinamente a pesar de estar herido y coger al torero.[121][116][115]

Una vez que el toro ha doblado o está echado se procede a apuntillar o rematar al astado. Esta acción tiene su origen en antiguo cachetero mencionado en las tauromaquias de Pepe-Hillo y Paquiro en el siglo XIX. Para esta labor el puntillero —el puntillero forma parte de la cuadrilla del torero— emplea una puntilla o pequeño cuchillo de corte agudo y corto llamado cachete, con el que asesta un golpe seco sobre la cerviz del toro denominado puntillazo con la finalidad de seccionar la médula oblonga y rematar al toro. José María de Cossío menciona tres formas de apuntillar, pero solamente describe una de ellas la de ballestina: de cachete, tirándola y de ballestilla que consiste en rematar por delante de la res, la diferencia de la ballestina con el resto de formas de apuntillar es la manera en la que el puntillero sujeta la puntilla, apoyando la empuñadura en la palma de la mano, con los dedos índice y corazón sobre la hoja. También recibe este nombre la forma de coger el descabello empleada por el matador de toros.[116][109]

TrofeosEditar

Finaliza la lidia del toro con la muerte de este, el público otorga los trofeos que considere se merece la faena realizada por el torero. Solamente se valora por parte del espectador la faena realizada con la muleta y la suerte de matar hasta que el diestro da muerte al toro, no siendo objeto de valoración la faena realizado por el diestro con el capote.[115]​ El primer premio otorgado por la lidia de un toro se concedió en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá en Madrid el 29 de octubre de 1876 a Chicorro quien destacó por un salto realizado con la garrocha al toro Medias negras de la ganadería de Benjumea para después realizar la suerte de matar al volapié de forma excepcional; a esta lidia asistió desde el palco regio Alfonso XII que junto con un público entusiasmado premiaron a Chicorro con el toro y este cortó el apéndice de la res para mostrarla al público, Chicorro compartió cartel con Lagartijo y Frascuelo.[122]​ A lo largo de los años siguientes la entrega de trofeos a los lidiares se va extendiendo, aunque no es una premio fácil de obtener tanto por la falta de costumbre como por la dificultad en la concesión del mismo. El 2 de octubre de 1910 se concede en Madrid otra oreja a Vicente Pastor por la lidia del toro de nombre Carbonero de la ganadería Concha y Sierra fundada por Celsa Agniel de Fonfrede y Blázquez-Dávila, considerada esta la primera oreja de la historia del toreo. A partir de este momento la concesión de las orejas se pue imponiendo hasta llegar a ser un trofeo asentado.[123]​ Todos los premios que se otorgan están regulados en el artículo 82 del reglamento taurino y son:[78]

  • ovaciones: las ovaciones son concedidas directamente por el público tras cada una de las faena, y al finalizar la corrida de toros a la salida del diestro y su cuadrilla de la plaza de toros.
  • saludo desde el tercio: se otorga al finalizar la lidia de cada toro, al ser premiado con ovación el diestro puede saludar saliendo al ruedo, en el tercio desde donde saludará al público en agradecimiento.
  • vuelta al ruedo: la realiza el diestro tras finalizar la lidia de cada toro a petición del público y si el diestro considera que la merece.
  • concesión de una oreja: se otorga a petición del público mostrando al presidente de la plaza un pañuelo blanco, esta petición debe ser de la mayoría del público presente en la plaza.
  • dos orejas del toro lidiado: la segunda oreja en una misma faena, la solicita el público pero que se otorgue o no queda a criterio del presidente de la plaza y de los asesores que le acompañan.
  • el rabo del toro: además de obtener las dos orejas, el diestro puede ser premiado con el rabo del toro, si la lidia que ha realizado ha sido excepcional, el premio del rabo del toro, al igual que sucede con las orejas, debe pedirlo el público ondeando un pañuelo blanco de forma mayoritaria, pero queda a criterio de la presidencia de la plaza otorgarlo
  • la salida a hombros por la puerta principal de la plaza o puerta grande: cuando el torero logra dos orejas en el total de la lidia de sus toros obtiene la salida a hombros de la plaza, este trofeo varia según las plazas, por ejemplo en Sevilla es necesario que las dos orejas sean obtenidas en la lidia del mismo toro, en el caso de obtenerse una tercera, el público puede premiar con la salida del diestro por la llamada Puerta del Príncipe; en otras plazas también se condiciona que las dos orejas que abren la puerta grande sean obtenidas por la lidia del mismo toro, como por ejemplo en Andalucía. [124]

A parte de los premios el público puede mostrar su disconformidad con la lidia realizada por el torero una vez finalizada esta, considerándose poco correcto hacerlo mientras el diestro está toreando. Para ello el público puede permanecer en silencio para mostrar su neutralidad o silbar incluso abuchear para mostrar su disconformidad con la faena del torero, en alguna ocasión puede desencadenar una bronca verbal hacia el torero, algunas de estas broncas han sido históricas como por ejemplo hacia Curro Romero, Rafael de Paula o el Cordobés, aunque estas situaciones son poco frecuentes. Esta misma respuesta puede darse para el toro, para el ganadero y para el presidente, a quienes seles puede ovacionar, mantener el silencio, silbar o incluso se le puede abuchear. Estas muestras por parte del público se dan al finalizar la lidia de cada toro y al finalizar la corrida de toros cuando los diestros y sus cuadrillas abandonan la plaza de toros.[115][125][126]

El indulto del toro y otros premiosEditar

A parte de los trofeos que puede recibir el torero, al finalizar la lidia de cada astado, el toro puede ser premiado con el indulto por la bravura mostrada, el trapío y su buen comportamiento en todos los tercios de la lidia, es decir al toro se le perdona vida con el fin de ser utilizado como semental para que el ganadero pueda preservar la casta y la raza de las reses. El indulto debe manifestarlo el público de la plaza mediante una clara petición al diestro, quien buscará la aprobación del ganadero o del mayoral de la ganadería a la que pertenece la res y será el presidente quien lo otorgue mostrando en el palco un pañuelo de color naranja. Concedido el indulto el diestro simulará que entra a matar y pasará de largo. Otros premios que pueden otorgarse al toro finalizada su lidia y una vez el toro ha muerto son ovación y vuela al ruedo, esta última debe ser a petición del público y la otorga el presidente de la plaza mostrando un pañuelo azul en el palco. [4]

El toroEditar

 
Toro de ganadería Sánchez Cobaleda.

José Silva Aramburu, Pepe Alegrías, en su obra Enciclopedia taurina de 1967 expresa que : «Sin toro no existiría la Fiesta...» y es que el toro bravo o toro de lidia es el principal protagonista de una corrida de toros, pues es durante la lidia del mismo donde se materializa el enfrentamiento entre el hombre y el toro bravo.[127]​ El origen del toro procede del tipo uro, de la subespecie Bos primigenius primigenius, antepasado del actual Bos primigenius Taurus una res de gran tamaño que en sus tiempos fue cazado en toda Europa Central y del Norte; del cual han quedado diferentes y numerosos testimonios plásticos a lo largo de todo el continente europeo, incluida España, desde el periodo paleolítico.[128][129]​ Si bien el toro desapareció de los bosques de Europa central en el siglo XVII, no sucedió lo mismo en la Península Ibérica donde el toro permaneció de forma ininterrumpida según los testimonios documentales que avalan que los toros seguían existiendo y que estos eran empleados en corridas de toros durante el siglo XIII, como en las fiestas de toros en Cuéllar (Segovia) en el año 1215 o en las fiestas populares de Portugal durante el reinado de Alfonso III en las que se celebraron fiestas y bodas con corridas de toros.[130][19]

El origen de las primeras ganaderías de toros bravos Españolas destinados para las corridas de toros en España son inciertas al no conservarse todos los archivos, se tienen refrencias que datan del siglo XV de una ganadería de toro bravo en Valladolid, concretamente de la ganadería de Raso del Portillo considerada la primigenia pues sus toros eran corridos en ese periodo y tenía privilegios para abrir plaza en la celebraciones de festejos.[131]​ Otras referencias documentadas dan testimonio de otras ganaderías bravas en España en el siglo XVI en Navarra, reses que Juan Gutiérrez Altamirano, primo de Hernán Cortés, llevó a México, valle de Toluca, donde fundó una ganadería de toros bravos que son el origen de las corridas de toros en el país americano.[132]​ En el siglo XVII se tiene también constancia de reses bravas que pertenecieron a Felipe IV en Aranjuez algunas de ellas destinadas a corridas de toros. Aunque existen referencias anteriores se considera que es en el siglo XVIII cuando se crean las ganaderías de toros bravos destinadas a la lidia como industria dando origen a los encastes.[131][133]

En la corrida de toros el ganadero presenta sus reses para ser lidiadas por el matador de toros, el concepto de lidiar según explica Luis Nieto Majón en su obra Diccionario de términos taurinos es: «burlar al toro luchando con él y esquivando sus acometidas hasta darle muerte según las reglas de la tauromaquia».[134]​ El objetivo de la lidia es la de mostrar las características esenciales del toro, siendo estas la bravura, la impulsividad y el temperamento.[135]​ Todas las suertes aplicadas al toro durante la lidia están orientadas a facilitar que el toro desarrolle y muestre sus cualidades de bravura, comportamiento y trapío —estampa visual de las características físicas del toro de lidia— y son estos tres rasgos en líneas generales los que se valoran por parte del espectador que acude a ver una corrida de toros.[136]

BravuraEditar

La bravura es un instinto defensivo del toro bravo que este manifiesta con una reacción violenta voluntaria y automática frente a un estímulo exterior. En el toro de lidia con la bravura aparece la acometividad, es decir el ataque con fuerza contra algo, característica del toro de lidia que le permite luchar con astucia y es el desrrollo de esta característica la que hace que el toro de lidia pueda ser lidiado.[135]

ImpulsividadEditar

La impulsividad del toro de lidia es la motivación o el estímulo que hace que el toro se arranque cuando es citado por el torero, derrote cuando alcanza su objetivo, es decir que golpee con las astas o bien levante la cabeza de forma violenta y rápida, esta es una característica que el toro posee de forma natural. Pepe Hillo lo describe en su Tauromaquia como: «las cornadas que tira el toro sobre alto, con que quita la estocada e impide se le pongan banderillas».[137][135]

TemperamentoEditar

En el toro de lidia el temperamento también se conoce como «nervio» y es esta característica la que hace que el toro reaccione de forma espontanea y natural en el ruedo, y hace posible que se pueda lidiar, ya que el toro no tiene experiencia previa, ni conoce el toreo antes de salir al ruedo. Paquiro describe en el Arte de torear las cinco condiciones necesarias para que el toro pueda ser lidiado: las casta, la edad, el pelo sano, y que nunca haya sido toreado, ya que el toro es capaz de desarrollar el instinto y aprender de forma rápida, lo que hace imposible que se le pueda dar una segunda lidia.[138]

Toros célebresEditar

  1. Azulejo. Corrida celebrada el 24 de junio de 1857. Recibió 23 varas de mano y mató 9 caballos.[139]
  2. Caramelo. 17 de junio de 1867. Recibió 27 varas de mano y mató 9 caballos.[140][141]
  3. Gordito. 26 de julio de 1869. Recibió 30 varas de mano y mató 21 caballos.[140][142]
  4. Libertado. 23 de diciembre de 1864. Recibió 36 varas de mano y mató 6 caballos.[140][143]
  5. Almendrito. 22 de agosto de 1876. Recibió 43 varas de mano.[140][144]

Lidia a caballoEditar

 
Corrida de rejones.

Conocida también como corrida de rejones o rejoneadores. Se divide en los mismos tercios que la faena a pie, si bien la suerte de capote se sustituye por corridas del rejoneador frente a toros, de igual forma para medir su fuerza. Las banderillas las coloca el rejoneador desde el caballo, utilizando el rejón de muerte de esta misma forma. Además se colocan los rejones, adornados con diversas divisas y colores. Una vez muerto el toro, el público expresa su opinión sobre la faena, agitando en el aire un pañuelo blanco si ha sido de su agrado o "pitando" (emitiendo silbidos) en caso contrario. A petición del torero, antes de dar muerte al toro, y solo en casos de extraordinaria bravura, porte y trapío, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se mata al toro sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental. Para el indulto se tiene muy en cuenta las veces que el toro asistió al caballo de picar. Una vez muerto el toro, este es arrastrado por unas mulas (el llamado "tiro de mulillas") hasta el desolladero.

Características localesEditar

Península ibéricaEditar

  • En plazas de toros como las de Almería, Albacete y Granada, entre otras muchas, es costumbre hacer una pausa de quince minutos para el condumio del público, pudiéndose ver alimentos de todo tipo, desde jamones o queso, hasta paellas o callos, todo en función de la gastronomía típica del lugar.
  • En algunas plazas (el caso más conocido es el de Pamplona con los Sanfermines) los toros correspondientes al festejo del día son enviados a la plaza mediante el llamado encierro, que tiene lugar por las calles de la ciudad. Durante la lidia del cuarto toro, la plaza se dispone a comer la merienda. La peculiaridad es que en los tendidos de sol se colocan las peñas pamplonesas que, con sus charangas, animan con música las ocho tardes de lidia de la feria de San Fermín.
  • En la Plaza de Toros de Zaragoza, y en algunas otras repartidas por toda la geografía española, es típico entonar una jota con la salida del último toro que se haya de lidiar. La banda de música arranca a tocar bajo el acompañamiento musical de las palmas de todos los tendidos. El matador actuante en ese toro suele aprovechar para mostrar su repertorio capotero.
  • En la plaza de toros de Las Ventas de Madrid durante la ejecución brillante de las faenas, no se hace sonar la banda de música, sino que únicamente toca cuando el matador da una vuelta al ruedo o entre la lidia de un toro y otro. La causa se remonta a los primeros tiempos de la Monumental cuando los partidarios de Domingo Ortega y de Marcial Lalanda se enfrentaron, tratando de acallar a la banda cuando hacía sonar el pasodoble de su contrario. Para evitar que se repitiese, se adoptó la decisión salomónica de que la banda permaneciese en silencio durante las faenas.
  • En la plaza de toros de La Caprichosa, en Talavera de la Reina, siempre se abre plaza al compás de los acordes del pasodoble Gallito, en honor a torero sevillano José Gómez Ortega, Gallito, fallecido en esta plaza el 16 de mayo de 1920. A pesar de esto, el pasodoble en realidad se compuso en honor a su hermano Fernando Gómez Ortega, Gallito Chico, y fue estrenado en 1904.[145]

FranciaEditar

El sur de Francia es conocido por su tradición en la tauromaquia. En la ciudad de Nimes se celebra uno de los festejos taurinos de mayor índole internacional[146]​ en la famosa Arena de Nimes. Otras localidades con festejos taurinos de prestigio son Bayona, Dax, Mont de Marsan, Vic-Fezensac en la zona sudoeste y en la zona sudeste, además de Nimes, Arlés, Béziers, Céret.[147]

IberoaméricaEditar

  • En México las corridas tienen lugar en La México, donde el torero da la vuelta al ruedo para recibir el reconocimiento del público en sentido contrario al recorrido que realiza en España. En temas musicales, el coso de la Avenida de Insurgentes que es la plaza de toros más grande del mundo, abre siempre plaza bajo los sones del pasodoble "Cielo Andaluz". [cita requerida]
 
Toreo "a la tica" en las Fiestas de Zapote.
 
Corrida de toros en la Plaza Mayor de Chacas.
  • En Costa Rica en los diferentes pueblos hay plazas de toros, en las cuales durante las fiestas patronales hacen campeonatos de monta de toro. La ley prohíbe matar a los toros y otros animales en espectáculos públicos o privados (Reglamento Actividades Taurinas, N° 19183-G-S). La "estocada" final la han realizado los toreros quitándole un adorno floral que el toro lleva en el lomo. Tampoco se le pica ni hiere con banderillas. En los festejos populares de San José, Costa Rica (capital del país) que comienzan el 25 de diciembre y finalizan el primer domingo del año, muchos costarricenses ingresan a la plaza de toros para ser perseguidos y embestidos por el toro. Es lo que se llama "corridas a la tica", y a quienes lo hacen toreros improvisados. También practican la monta. Hay populares cimarronas amenizando las corridas que se hacen a las 3 de la tarde y a las 9 de la noche. [cita requerida]
  • En Venezuela las ferias más antiguas datan desde 1843 en Tovar, hoy día la lidia de toros se ejecuta bajo el techo del Coliseo el Llano, una de las pocas Plazas de Toros en el mundo con estas características. [cita requerida]
  • En la Plaza de toros de Acho en Lima, Perú, es costumbre que durante las corridas que componen la Feria del Señor de los Milagros, entre el quinto y sexto toro, la banda de música toque una marinera. En dicha Plaza, el matador que torea por primera vez en la plaza, durante el paseíllo, debe ingresar a la misma con la montera en la mano. [cita requerida]
 
Pase por la espalda de Luis Bolívar en Bogotá.
  • En Chacas, Perú, las corridas de toros no son a muerte y siguen celebrándose en la plaza de armas de la ciudad, siendo así una de las últimas del Perú que ha mantenido esta antigua tradición desde su fundación en 1580.[148]

MatadoresEditar

 
Torero muerto, representación de Manet.
 
Cogida de un torero, Antonio Ferrera. En la mayoría de los casos las heridas por asta de toro se producen en la región antero-interna del muslo, en el Triángulo femoral o también conocido como el «triángulo de los toreros».

El estilo de los matadores de toros ha sufrido una notable evolución técnica y estética a lo largo de sus tres siglos de existencia como espectáculo moderno. Ha variado la técnica y la estética, a la par que el carácter de los toros, sin lo cual dicha evolución habría sido imposible. Se suelen distinguir dos grandes periodos: el de la vieja lidia (siglos XVIII y XIX), que finaliza a principios del siglo XX con Joselito y Belmonte, y la que se inicia a partir de ellos dos, en la llamada «edad de oro» (década de 1910). Hasta entonces, tiene gran importancia el primer tercio (varas) y mucho menos la faena de muleta. El estoque era también fundamental. Hay mucho movimiento de pies y poca quietud ya que, como sentenció Lagartijo, «o te quitas tú o te quita el toro». Posteriormente, con el nuevo toro que va siendo seleccionado a partir de Joselito, que se adapta mejor a los nuevos gustos del público, permite una lidia mucho más artística: va adquiriendo entonces gran importancia el tercio de muleta.

Dos tipos de toreros dividen a la afición: por un lado, los toreros técnicamente poderosos, que dominan en todas las suertes y mandan en todas las facetas. Joselito fue su paradigma. Por otro lado, una nueva estética, estilizada, que trata de acercarse más y torear con los pies quietos, con Belmonte a la cabeza.

La revolución técnica de Joselito y la estética de Belmonte se consolida durante la llamada edad de plata (desde la muerte de Joselito en 1920 hasta la guerra civil española). Pero fue Manolete quien llevó todos esos cambios a la máxima expresión tras la guerra civil y que, con los toros antiguos, solo podían realizarse muy de tarde en tarde. Supuso un antes y un después para los toreros, y marcó el camino a todos los matadores que le sucedieron, ya que aunó la quietud más absoluta con el toreo en redondo ligado con las manos por abajo, que sigue siendo actualmente el paradigma del buen toreo.

Críticas a las corridas de torosEditar

 
Corridas de Toros en España, declaradas Bien de Interés Cultural protegido:[149]     Corridas de toros no prohibidas, pero no se celebran.[150][151][152]      Sin prohibición [153]      Las corridas no están prohibidas, no se celebran festejos taurinos.[154]​ Sí se celebran 'correbous'[155]      Se celebran en algunos lugares [156]      Corridas legales.      Corridas legales y declaradas Bien de Interés Cultural o Patrimonio Cultural Inmaterial.[157][158]
 
Caminata en contra de las corridas de toros en Venezuela.

Las primeras prohibiciones de las que se tiene constancia, parten de la Iglesia Católica en el siglo XVI. Fue en 1567 cuando el Papa Pio V decretó en la bula “De salutis gregis dominici” que quienes participaran o presenciaran las corridas de toros incurrían automáticamente (“latae sententiae”) en la pena de excomunión.[159][160]

Sin embargo, en 1575, ante la reacción de las autoridades en los reinos dependientes de la poderosa corona española – Castilla, León, Nápoles y Portugal – que interpretaron que el documento pontificio era un ataque a España y una muestra de la “incomprensión” hacia su “historia y su cultura”, el Papa Gregorio XIII se vio obligado a moderar el decreto de su antecesor en el breve “Exponis nobis super”, excluyendo de la excomunión a los laicos que presenciaran el espectáculo, reservando la sanción solo a los sacerdotes y religiosos.[161]

Ocho años más tarde, el Papa Sixto V, volvió a poner en pleno vigor la bula de Pio V, haciéndose eco de las denuncias de obispos y teólogos españoles acerca de los abusos interpretativos con los que se aplicaba la bula de Gregorio XIII.

En 1596 Clemente VIII ante la presión de la poderosa corona castellana publicó el documento “Suspects numerus” donde levantaba los anatemas y censuras, reservándolas exclusivamente a los frailes de las órdenes mendicantes.

En ese periodo Santo Tomás de Villanueva y San Juan de Ávila escribieron condenándolas “la crueldad inútil” y “brutalidad” con que se tratan a los animales, además de por “el riesgo de muerte al que se exponen voluntariamente los caballeros que intervienen en ella y los peones que los ayudan”. Son “restos de antiguas barbaries de siglos pasados, que siguen causando muchas muertes”. En 1590 un canónigo de la catedral de Toledo decía: “Es el más peligroso de los espectáculos, donde mueren y se ve morir hombres y se cometen mas excesos y pecados”. Y sin embargo , “a pesar de las prohibiciones papales, se siguen corriendo los toros como antes”.

Compartían estas opiniones eminentes juristas que consideraban las corridas “dañinas y criminales” y los miembros de las Cortes de Castilla reunidas en Valladolid, que en 1555 pidieron al rey “mandar que no se corran los toros”, solicitud reiterada en Madrid en 1567, cuando solicitaron que se aplicara en España el motu propio de Pio V por el que ” en las tierras de la Iglesia – los estados pontificios – no se consientan correr los toros bajo pena de pecado mortal” y en 1587 volvieron a recordárselo al monarca. Pero Felipe II, como sus sucesores de la dinastía de los Austria y luego de los Borbones, incluido el anterior, don Juan Carlos I, fueron todos ellos aficionados a las corridas. No así sus esposas, como por ejemplo Victoria Eugenia o doña Sofía, que no han compartido las aficiones taurinas de sus maridos.[162]

En Chile tras lograr su independencia, durante el gobierno de Bernardo O’Higgins, el líder nacional Manuel de Salas, protestó en contra de las corridas de toros y presentó una moción para prohibirlas en Chile, porque el trato dado a los animales en estos espectáculos atentaba contra la ilustración y la cultura, "propias de costumbres civilizadas". El 15 de septiembre de 1823, el director supremo Ramón Freire, firmó la prohibición definitiva de corridas de toros y las peleas de gallos del país, en el mismo decreto por el que se abolió la esclavitud en Chile.[163]

En la actualidad, las corridas de toros están prohibidas en muchos países. Este evento crea controversia en muchas partes del mundo, incluida España. Barcelona se declaró ciudad antitaurina en una declaración institucional aprobada por el pleno del Ayuntamiento de esa ciudad el 6 de abril de 2004, tras una petición popular con más de 245.000 firmas recogidas en todo el mundo. Barcelona se convirtió así en la primera gran ciudad española que se ha declarado antitaurina, siendo Tosa de Mar (Gerona) la primera ciudad en promover una iniciativa de este tipo, en 1989.[164]​ En julio de 2010, el Parlamento de Cataluña prohibió las corridas de toros en toda Cataluña.[165]

El 3 de mayo de 2013, en el estado mexicano de Sonora fueron prohibidas las corridas de toros después de una larga tradición taurina desde el periodo colonial,[166]​ lo que ha causado impacto dentro del país aficionado a las corridas de toros cuando grupos ambientalistas y diversos líderes políticos al interior del congreso del estado prohíben todo tipo de entretenimiento con animales, convirtiéndose en el primer estado mexicano en prohibir las corridas de toros. Esta prohibición se extendió a otros tres estados: Guerrero, Coahuila y desde 2019 Quintana Roo.[167]

ReaccionesEditar

Las reacciones a las corridas de toros son variadas. Muchas personas las consideran repulsivas, mientras que otras quedan fascinadas por ellas.

Como menciona la Enciclopedia Británica:

Casi todos los toreros son corneados con variado grado de seriedad por lo menos una vez por temporada. Belmonte (uno de los toreros más famosos de los años veinte) fue corneado más de 50 veces. De los aproximadamente 125 toreros principales (desde 1700), 42 murieron en la arena; esto no incluye a los toreros principiantes o a los banderilleros o los picadores que han sido muertos. A pesar de esto, más de 3000 toros son muertos ritualmente en las plazas de toros de España durante la temporada, y docenas de toreros arriesgan su vida varias veces por semana.

ControversiaEditar

Desde su nacimiento como espectáculo moderno, en el siglo XVIII, las corridas de toros han sufrido críticas, prohibiciones y han tenido que sortear numerosas dificultades. La nueva dinastía llegada a España (los Borbones), y en general la aristocracia afrancesada, despreciaba estos espectáculos por considerarlos indignos y propios del pueblo bajo, por lo que Felipe V prohibió su ejercicio a sus cortesanos (1723). Fernando VI solo consintió las corridas a cambio de que sus beneficios se destinasen a obras de caridad como sufragar hospitales y hospicios. De esta época son las primeras plazas de toros construidas como edificios permanentes, como la de Madrid o la de Zaragoza. Algunos intelectuales ilustrados, como Jovellanos, también criticaban estos espectáculos por considerarlos poco didácticos y una muestra del atraso español. Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771. El pueblo, sin embargo, hizo caso omiso a la prohibición y siguió entregándose con entusiasmo a las nuevas figuras del toreo, que Francisco de Goya recogió en su serie de grabados sobre tauromaquia. Todos los gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas: Carlos IV volvió a hacerlo en 1805. Tras la Guerra de la Independencia Española, a lo largo del siglo XIX, surgía con frecuencia en el Parlamento Español el debate de la prohibición. La última vez fue en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso a los diputados la prohibición de las corridas de toros. Se rechazó la propuesta pues se consideraba que sería demasiado impopular: era la época de Lagartijo y Frascuelo.

A partir de entonces no se ha abordado la prohibición directa, pero todos los regímenes posteriores (la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, el franquismo y la democracia) han puesto dificultades y las han tolerado a cambio de gravarlas con impuestos especialmente altos y mantenerlas bajo control (los toros dependían hasta 2012 del Ministerio del Interior, cuando pasan al de Cultura). En opinión del escritor taurino Domingo Delgado de la Cámara, «la Fiesta es una superviviente nata: siempre rodeada de enemigos, solo se mantiene viva por el gran cariño que la profesa gran parte del pueblo español».[168]

Por otra parte, según una encuesta Gallup realizada en 2002, el 31% de los españoles se mostró muy o algo interesado en las corridas de toros mientras que un 68,8% no mostraba ningún interés. solo el 0,2% no mostró ninguna opinión al respecto. A principios de los años 70, los interesados en las corridas de toros eran el 55% de los españoles, en los 80 este colectivo representaba alrededor del 50%, mientras que en los 90 las cifras de aficionados se desplomaron, situándose en torno al 30%. Aunque las corridas de toros son un espectáculo conocido en toda España, su distribución regional no es uniforme, siendo Galicia y Cataluña las comunidades donde el interés es menor: manifestaron no tener ningún interés el 81% en el noreste y 79% en el noroeste. En la zona norte, centro, este y sur, el interés es mayor: alrededor de un 37% se declararon aficionados y un 63% no interesados.[169]

En 2006, según otro sondeo de Investiga (antes Gallup), un 26,7% de las personas encuestadas afirmaban estar algo o muy interesadas en las corridas de toros. El perfil de los aficionados es en su mayoría masculino (un 33,5% de los varones encuestados afirmó interesarle los toros) y de más de 45 años, alcanzándose el máximo interés entre las personas de 65 y más años, con un 41,1% de aficionados. El 72,1% de la población española afirmaba, en cambio, no tener ningún interés por los espectáculos taurinos. Este desinterés lo demostraron sobre todo las mujeres, con un 78,5%, y las personas con edades comprendidas entre 15 y 24 años, con un 81,7%.[170]

Existen discrepancias acerca de si en Canarias las corridas de toros están prohibidas por ley. La ley 8/1991 de 30 de abril señala que su objetivo es "la protección de los animales domésticos".[cita requerida] En opinión del presidente del gobierno autonómico de Canarias en aquel momento el toro de lidia no es un animal doméstico,[cita requerida] por otro lado, cabe destacar que para la ciencia, el toro de lidia no es una especie salvaje, sino domesticada,[171]​ y también que la propia ley 8/1991 de protección de los animales expresa que: "Se entiende por animales domésticos, a los efectos de esta Ley, aquellos que dependen de la mano del hombre para su subsistencia.", dicha ley menciona los animales domésticos, así como las peleas e gallos, pero no hace ninguna referencia al toro bravo, ni al toro de lidia.[172][173]​No se han celebrado más corridas de toros desde entonces en Canarias, pero no es un dato relevante teniendo en cuenta que la afición a la tauromaquia en las islas es casi inexistente y que hacía siete años que no se celebraba una corrida de toros en Canarias cuando se aprobó dicha ley.[174]​ A pesar de ello la celebración de festejos taurinos no están prohibidos en Canarias ni lo estuvieron nunca, Lorenzo Olarte, jurista y político presidente durante muchos años la Comunidad Autónoma de Canarias;  y que ostentó varios cargos en la política y la abogacía, especialmente importantes en la época de Adolfo Suárez, en un coloquio sobre la Fiesta los toros oros en Cataluña,donde, desmintió la falacia de que “los toros se prohibieron en Canarias”.[175][176]​ Los festejos Taurinos están protegidos por ley desde 2013 por Ley 18/2013, de 12 de noviembre, para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural.[177]

En Cataluña, 453.000 firmantes de todo el mundo pidieron en 2005 que el Parlamento autonómico suprimiese la corridas de toros en esa comunidad. solo en Cataluña se recogieron 250.000 firmas en seis meses.[178]​ Sin embargo, en una encuesta publicada en 2007 en el diario El Mundo sobre la conveniencia o no de su prohibición, un 58% de españoles considera que no deben prohibirse, frente a un 33% que las prohibiría inmediatamente, con un 9% de indecisos.[179]​ El 28 de julio de 2010, el Parlamento de Cataluña aprobó la prohibición de llevar a cabo corridas de toros en Cataluña por 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones. Esta votación supuso la culminación de un proceso de iniciativa legislativa popular presentada ante las instituciones catalanas por la plataforma «Prou!», que contó con 180.000 adhesiones.[165]​ El tribunal Constitucional declaró nula la ley que prohibía los festejos taurinos en Cataluña.[180]

De cualquier forma, la popularidad de las corridas de toros fuera de España ha aumentado: el 23 de octubre de 2004 se celebró la primera corrida de toros de Asia en Shanghái, con anuncios de corridas en Chongqing y en Pekín, y más de 13 millones de chinos ven las corridas de toros españolas por televisión.[181]

Francia reconoció en abril de 2011 a los toros como bien de interés cultural.[182]

RetransmisiónEditar

La Primera ha retransmitió históricamente corridas de toros desde su primera emisión en 1948. Estas retransmisiones cesaron el 14 de octubre de 2006 con los festejos dee la Feria del Pilar de Zaragoza,[183]​ fecha a partir de la cual RTVE prohibió la emisión de toros en la televisión pública en los horarios de especial protección para la infancia (de 17:00 a 20:00 horas).[184]​ Con el gobierno del PP, el 5 de septiembre de 2012 regresaban las retransmisiones a la televisión. Estas retransmisiones se emitieron también en directo en Cataluña y Canarias, regiones donde no está prohibida su emisión, puesto que la ley expresa la prohibición de la celebración de corridas de toros en ambas comunidades, no de la difusión por medios como la televisión pública.[185]

Por otra parte, algunas cadenas autonómicas públicas también acostumbran a emitir toros con regularidad, destacando claramente Canal Sur. En cuanto a las emisoras privadas, solamente Telecinco ha retransmitido de manera excepcional alguna corrida. La mayor parte de las corridas de toros son retransmitidas por el canal de pago Canal+ Toros así como la televisión autonómica de Castilla la Mancha.[183]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. a b c d Cossío, José María de, 1893- ((1996 printing)). «Vocabulario taurino autorizado». Los toros I. Madrid: Espasa-Calpe. p. 351, 358, 371, 383, 385. ISBN 8423996115. OCLC 36293808. Consultado el 30 de julio de 2019. 
  2. Real Academia Española. rae.es, ed. «Corrida de toros según la RAE: Fiesta que consiste en lidiar cierto número de toros en una plaza cerrada. Consultado el 18 de agosto de 2013. 
  3. a b Cossío, José María de, (1996). «Clases de fiestas de toros». Los toros. Madrid: Espasa-Calpe. p. 681-695. ISBN 8423996115. OCLC 36293808. Consultado el 30 de julio de 2019. 
  4. a b c d e f «BOE.es - Real Decreto 145/1996, de 2 de febrero, por el que se modifica y da nueva redacción al Reglamento de Espectáculos Taurinos». www.boe.es. Consultado el 30 de julio de 2019. 
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