Diligencia (virtud)

virtud cardinal con la que se combate la pereza
Representación de la diligencia

La diligencia es la virtud cardinal con la que se combate la pereza. La diligencia procede del latín Diligere que significa Amar, pero en un concepto más vago que de su similar latín Amare que es más general. Forma parte de la virtud de la caridad ya que está motivada por el amor.

La diligencia, en sentido más alto, es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Una prontitud de hacer algo con gran agilidad tanto interior como exterior. Como toda virtud se trabaja, verdaderamente poniéndola en práctica.

En su calidad de virtud, la diligencia abarca a Dios, a uno mismo y con los demás:

  • Diligencia con Dios significa cumplir con los compromisos con él (oraciones, promesas, mandamientos, etc).
  • Diligencia con uno mismo significa ser activo, no caer en la pereza, con metas fijas y cumpliéndolas a tiempo.
  • Diligencia con los demás significa poner entusiasmo en las acciones que se realizan con y para ellos.
  • Como el roble que se mantiene en pie con entusiasmo y diligencia en sus acciones tanto presentes como futuras.
  • Como aquel guerrero que al aceptar sus errores acepta a la vez el amor completo hacia su persona, para saber así remediarlos por medio de la diligencia.
  • La diligencia es el regalo más noble de Dios, para con el hombre, de allí provienen las obras de la tierra.

IconologíaEditar

A la diligencia se le dan como atributos un reloj y una espuela. A veces, se pone un gallo a sus pies.

Se la ve también representada por una mujer que tienen en la mano unas flechas y en la otra, un reloj de arena con alas o un ramo de tomillo sobre el cual hay una abeja, símbolo común de la diligencia.[1]

ReferenciasEditar