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Coeducación

método educativo que parte del principio de la igualdad entre sexos y la no discriminación por razón de sexo
(Redirigido desde «Educación mixta»)
Educación mixta en un liceo en Malí.

La coeducación es un método educativo que parte del principio de la igualdad entre sexos y la no discriminación por razón de sexo. Coeducar significa no establecer relaciones de dominio que supediten un sexo a otro, sino incorporar en igualdad de condiciones las realidades y la historia de las mujeres y de los hombres para educar en la igualdad desde la diferencia. Un concepto relacionado es el de educación mixta, que hace referencia a la educación integral de hombres y mujeres en la misma institución. La situación opuesta se conoce como educación diferenciada. La mayoría de las instituciones de educación superior limitó su inscripción a un solo sexo hasta comienzos de 1960. Silva-Peña señala que se debe entender la coeducación como "la acción educativa tendiente a generar espacios educativos donde existe igualdad de trato y oportunidades para hombres y mujeres, los que son compartidos en base al respeto, la tolerancia y alejado de todo sexismo".[1]​ El mismo autor señala que la interpretación del concepto de coeducación más allá de los espacios compartidos, esto significa "la incorporación de metodologías no sexistas, pero también un análisis y discusión por parte de los/as docentes de esa metodología. Nos plantea desafíos en torno a la participación de hombres y mujeres en la escuela" .[1]

En Estados Unidos se emplea la forma abreviada Co-ed ―expresión utilizada a finales de los años sesenta para el conjunto de blancos y negros en los Estados Unidos― a veces como sinónimo de educación mixta, aunque este término es más amplio y no sólo aplica a la educación sino también en el ámbito de la juventud, los deportes, etc. Su uso refleja el proceso histórico por el que fueron a menudo admitidas las alumnas en las escuelas originalmente reservadas para los varones.

HistoriaEditar

Cuando se pusieron en marcha en el siglo XIX los sistemas escolares estos optaron por la separación de sexos por razones morales ―no se debía fomentar la promiscuidad― y educativas ―la finalidad de la educación de los chicos era diferente de las chicas: a ellos debía darles la formación necesaria para actuar en el espacio público, con lo que cuando acabaran los estudios secundarios podían obtener el título de bachillerato; a ellas debía proporcionarles los conocimientos útiles para ser buenas madres y esposas, con lo que cuando acabaran sus estudios recibían un simple diploma que no les permitía acceder a los estudios superiores ―. Sin embargo, en las pequeñas localidades o en las que eran demasiado pobres los centros escolares eran necesariamente mixtos ―en Francia hacia 1860 había 35.000 escuelas de niños, 14.000 de niñas y 17.660 de niños y niñas―, aunque en estos casos las autoridades tomaban las debidas «precauciones» para que recibieran una educación «sana», como poner «una mampara de al menos un metro de altura entre los niños de los dos sexos» u ordenar que se tomaran las disposiciones adecuadas para «que estén separados en todos los ejercicios y para evitar que entren y salgan al mismo tiempo», como se decía en unas circulares del gobierno francés de 1833 y 1834.[2]

La educación separada por sexos estuvo más extendida en los países de mayoría católica que en los países de mayoría protestante. El ejemplo más extremo serían los estados del norte de Estados Unidos donde la coeducación tuvo un desarrollo precoz y así prácticamente desde sus inicios la mayor parte de las escuelas de primaria y de secundaria eran mixtas. Allí, como ha destacado la historiadora Odile Roynette, «la coeducación era concebida como una preparación para la vida adulta y como un instrumento de pacificación de las costumbres masculinas».[3]​ Esta última idea de que la coeducación podía «pacificar» las costumbres masculinas fue el motivo principal para que se pusieran en marcha experiencias de coeducación en algunos países europeos en la segunda mitad del siglo XIX.[3]​ En ocasiones fueron muy criticadas especialmente en la prensa que las acusaba de provocar atracciones malsanas, aunque los inspectores se sorprendían por «el respeto y la cordialidad que reinan en las relaciones de chicos y de chicas».[4]

Durante la Gran Guerra los países beligerantes se vieron obligados a organizar clases mixtas de niños y niñas a causa de que muchos maestros fueron enviados al frente para combatir y de las mismas se hicieron cargo maestras.[5]​ En los años siguientes la coeducación recibió un gran impulso y llegó a alcanzar en algunos países a la mitad de los centros escolares.[6]​ La extensión de la coeducación en el periodo de entreguerras provocó la alarma en el seno de la Iglesia Católica hasta el punto de que en 1929 el papa Pío XI la condenó en la encíclica Divini illius magistri alegando razones morales y teológicas: [7]

Es un error… este método llamado coeducación de sexos, método fundado… sobre un naturalismo negador del pecado original. (…) El Creador ha ordenado y dispuesto la perfecta comunidad de vida entre los dos sexos solamente en la unidad del matrimonio… No hay por otra parte ninguna razón que muestre que la promiscuidad, todavía menos una igualdad de formación, pueda o deba existir.

En Europa, y en general en el mundo occidental, la coeducación se generaliza después de la Segunda Guerra Mundial estableciéndose por ley, como en Francia, donde en 1959 se autorizan los liceos mixtos y en 1963 las escuelas secundarias elementales mixtas hasta que en julio de 1975 se aprueba la Ley Haby que la establece como norma obligatoria para todo el sistema educativo.[5]​ El impulso definitivo de la coeducación es consecuencia del cuestionamiento del rol social tradicional de la mujer que se produce en los años 1960 y que tendrá su máxima expresión en el movimiento de Mayo del 68.[4]

Fuera del mundo occidental la coeducación se ha encontrado con múltiples obstáculos provenientes sobre todo del rechazo radical por parte de los integrismos religiosos, debido sobre todo al lugar inferior que asignan estos a las mujeres en el seno de la sociedad y de la familia.[7]

En el mundo occidental la vuelta a una educación diferenciada por sexos (o educación segregada, como la llaman sus detractores) ha sido defendida desde finales del siglo XX por dos nuevos sectores que se han unido a la tradicional oposición a la coeducación por parte de los integristas religiosos cristianos. Se trata de determinadas feministas radicales, que alegan que la coeducación refuerza los estereotipos de género (en detrimento de las niñas) y que da más ventaja a los chicos en las enseñanzas profesionales y científicas, y de ciertos grupos de padres que temen que sus hijas sufran violencias sexistas o novatadas o que le echan la culpa a la coeducación de los malos resultados de sus hijos varones.[7]

Frente a las últimas críticas a la coeducación los defensores de la misma, como la filósofa francesa Elisabeth Badinter que la considera un «progreso considerable», afirman que «mezclarse y confrontarse [chicos y chicas] desde la más tierna edad facilita el conocimiento de las personas del otro sexo y la forma en que ellas se comportan».[8]

Coeducación en EspañaEditar

En España la coeducación tiene la siguiente base legislativa.

-Ley Orgánica de Educación. Preámbulo:

Entre los fines de la educación se resaltan el pleno desarrollo de la personalidad y de las capacidades afectivas del alumnado, la formación en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y de la igualdad efectiva de oportunidades entre hombres y mujeres, el reconocimiento de la diversidad afectivosexual, así como la valoración crítica de las desigualdades, que permita superar los comportamientos sexistas.

Artículo 1, Capítulo I.

El sistema educativo español, configurado de acuerdo con los valores de la Constitución y asentado en el respeto a los derechos y libertades reconocidos en ella, se inspira” entre otros principios en el “desarrollo de la igualdad de derechos y oportunidades y el fomento de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

Artículo 17, Capítulo II.

La educación primaria contribuirá a desarrollar en los niños y niñas las capacidades que les permitan”, entre otras cosas, “conocer, comprender y respetar las diferentes culturas y las diferencias entre las personas, la igualdad de derechos y oportunidades de hombres y mujeres y la no discriminación de personas con discapacidad.

Artículo 102, Capítulo III.

Los programas de formación permanente (del profesorado)deberán incluir formación específica en materia de igualdad

Artículo 151, Capítulo III.

Una de las funciones de la inspección educativa será la de “velar por el cumplimiento y aplicación de los principios y valores recogidos en la Ley, incluidos los destinados a fomentar la igualdad real entre hombres y mujeres.

Disposición adicional vigésimo quinta.

Con el fin de favorecer la igualdad de derechos y oportunidades y fomentar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, los centros que desarrollen el principio de coeducación en todas las etapas educativas, serán objeto de atención preferente y prioritaria en la aplicación de las previsiones recogidas en la presente Ley.

- La Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre):
Esta ley incluye medidas de sensibilización y prevención centradas en el ámbito educativo partiendo de unos objetivos que ha de cumplir el sistema para la transmisión de valores de respeto a la dignidad de las mujeres y de fomento de la igualdad entre sexos al alumnado en cada etapa educativa. Además, insta a las Administraciones Educativas a incluir este tipo de contenidos en los planes iniciales y permanentes de formación del profesorado.

- La Ley para la Igualdad efectiva de hombres y mujeres (Ley 3/2007, de 22 de marzo):
Aprobada en marzo de 2007, incluye criterios orientadores de las políticas públicas en diversas materias, entre ellas la de educación, en la que se hace una mención expresa a la coeducación. Así, en el capítulo II del Título II se establecen como fines del sistema educativo “la educación en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y en la igualdad” y en el marco del principio de calidad, “la eliminación de los obstáculos que dificultan la igualdad efectiva entre mujeres y hombres y el fomento de la igualdad plena entre unas y otros”. Además, se insta a las administraciones educativas a garantizar el derecho a la educación en condiciones de igualdad, evitando que por comportamientos sexistas o estereotipos sexistas, se produzcan desigualdades entre mujeres y hombres.

Coeducación en ChileEditar

En el caso de Chile se planteó en el año 1927 una reforma (decreto 7500) que generaba colegios en donde hombres y mujeres se educarían juntos, a esto lo llamaron coeducación. Sin embargo, dicho decreto se llegó aplicar solo en 1932 al crearse el primer colegio mixto [1]​ . Esto quizás tendería a hacer pensar que educación mixta y coeducación son sinónimos.

NotaEditar

Consiste en revisar nuestras prácticas educativas, a la vez que enseñamos y aprendemos a través de la experiencia los valores de igualdad, libertad y dignidad humana. La coeducación además, analiza y detecta de qué manera los contenidos y las metodologías educativas afectan de manera diferente a chicos y chicas y cómo fomentar las capacidades de unos y otras. Este proceso ha de iniciarse desde las primeras etapas educativas, fortaleciendo en la Educación Infantil, actitudes no discriminatorias.

ReferenciasEditar

  1. a b c Silva-Peña, I. (2010). Repensando la escuela desde la coeducación: Una mirada desde Chile. Revista Venezolana de Estudios de La Mujer, 15(35), 163–176.[1]
  2. Roynette, 2019, pp. 13-14.
  3. a b Roynette, 2019, p. 14.
  4. a b Roynette, 2019, p. 16.
  5. a b Roynette, 2019, p. 15.
  6. Roynette, 2019, p. 13.
  7. a b c Roynette, 2019, p. 17.
  8. Roynette, 2019, p. 19.

BibliografíaEditar

  • Roynette, Odile (2019). «La mixité: une révolution en danger?». L’Histoire (en francés) (455): 13-19. 

Enlaces externosEditar