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Epicuro de Samos, fundador de la escuela del epicureísmo.

El epicureísmo es un movimiento que abarca la búsqueda de una vida feliz mediante la búsqueda inteligente de placeres sexuales, la ataraxia (ausencia de turbación) y las amistades entre sus correligionarios. Fue enseñada por Epicuro de Samos, filósofo griego del siglo IV a. C. (341 a. C.), el cual fundó una escuela llamada Jardín y cuyas ideas fueron seguidas por otros filósofos, llamados "epicúreos".[1]

Índice

DoctrinaEditar

El gusto, para el epicureísmo, no debía conformarse al cuerpo, como preconizaba el hedonismo cirenaico, sino que debía ser también intelectual. Además, para Epicuro la presencia de placer o felicidad era un sinónimo de la ausencia de dolor o de cualquier tipo de aflicción: el hambre, la tensión sexual, el aburrimiento, etc. Era un equilibrio perfecto entre la mente y el cuerpo que proporcionaba la serenidad o ataraxia.

Ética epicúreaEditar

Según Adolfo Sánchez Vázquez, «el epicúreo alcanza el bien, retirado de la vida social, sin caer en el temor a lo sobrenatural, encontrando en sí mismo, o rodeado de un pequeño círculo de amigos, la tranquilidad de ánimo y la autosuficiencia».[2]

El placer y el sufrimientoEditar

Epicuro afirmó que es bueno todo lo que produce placer, pues el placer, según él, es el principio y el fin de una vida feliz. Pero para que el placer sea real debe ser moderado, controlado y racional.

Él definió el placer como la satisfacción de las necesidades del cuerpo y la tranquilidad del alma. Para el epicureísmo, lo malo es todo aquello que le produce dolor al ser humano. Son las cosas que nos hacen o nos afectan en el sentido espiritual y corporal, Epicuro señaló que el placer no tiene que ser necesariamente un placer sexual, sino también algo que nos produzca placer el hacerlo, como: respirar tranquilamente en el campo o tomar helado, pero sobre todo los placeres espirituales como la música de calidad o un buen libro también.

El ser humano está compuesto de cuerpo y alma, y los placeres del alma son superiores a los del cuerpo. En su opinión, la paz interior puede alcanzarse al reducir las necesidades del cuerpo y acabar con las inquietudes y temores. La ética epicúrea dice que para vivir una vida feliz, es muy importante superar el miedo a la muerte; Epicuro dijo "La muerte no nos concierne, pues mientras existimos, la muerte no está presente y cuando llega la muerte, nosotros ya no existimos"

Los placeres naturales y no naturalesEditar

Para Epicuro, los placeres y sufrimientos son consecuencia de la realización o impedimento de los apetitos. Epicuro distingue entre tres clases de apetitos, por tanto placeres:

  • Los naturales y necesarios, como alimentarse, abrigo y el sentido de seguridad, que son fáciles de satisfacer.
  • Los naturales pero no necesarios, conversación amena, gratificación sexual.
  • Los no naturales ni necesarios, la búsqueda del poder, la fama, el prestigio, dinero.

Los placeres del cuerpo y los del almaEditar

Es importante aclarar que Epicuro no era dualista, es decir, no postulaba la oposición cuerpo-alma; el alma, igual que el cuerpo, es material y está compuesta de átomos. También distinguía entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre entre dos diferentes pero unidos, el cuerpo y el alma:

  • Placeres del cuerpo: aunque se considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es el equilibrio voluntario y consciente de estos placeres, no su eliminación; no es posible conocer el placer si no se conoce el dolor, no se disfruta de un banquete si no se conoce el hambre.
  • Placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo: el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es breve, mientras que los del alma son más duraderos y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.

Los placeres cinéticos y catastemáticosEditar

Los epicúreos dividieron aún más cada uno de estos tipos de placeres en dos categorías: placer cinético o móvil y placer catastemático o estable.[3]

  • Placeres móviles: los placeres físicos o mentales que involucran acción o cambio. Comer alimentos deliciosos, así como satisfacer deseos y eliminar el dolor, que en sí se considera un acto placentero, son todos ejemplos de placer cinético en el sentido físico. Según Epicuro, los sentimientos de alegría serían un ejemplo de placer cinético mental.
  • Placeres estables: el placer que uno siente mientras está en un estado sin dolor. Al igual que los placeres cinéticos, los placeres catatemáticos también pueden ser físicos, como el estado de no tener sed, o los mentales, como la liberación de un estado de miedo. El placer catastemático físico completo se llama aponia y el placer katastemático mental completo se llama ataraxia.[4]

La razónEditar

Pese a que el placer es un bien y el dolor un mal, hay que administrar inteligentemente el placer y el dolor: en ocasiones debemos rechazar placeres a los que les siguen sufrimientos mayores y aceptar dolores cuando se siguen de placeres mayores. La razón representa un papel decisivo en lo que respecta a nuestra felicidad, nos permite alcanzar la total imperturbabilidad (ataraxia), la cual compara Epicuro «con un mar en calma», cuando ningún viento lo azota y nos da libertad ante las pasiones.

FinalidadEditar

La finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino más bien práctica, que buscaba sobre todo procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la que los temores al destino, los dioses o la muerte quedaran definitivamente eliminados.

Para ello se fundamentaba en una teoría empirista del conocimiento, en una física atomista inspirada en las doctrinas de Leucipo y Demócrito y en una ética hedonista.

No había motivo para temer a los dioses porque estos, si bien existen, no pueden relacionarse con nosotros ni para ayudar ni para castigar, y por tanto ni su temor ni su rezo o veneración posee utilidad práctica. La muerte tampoco puede temerse, porque siendo nada, no puede ser algo para nosotros: mientras vivimos, no está presente y cuando está presente, nosotros no estamos. Cuando el hombre se libere de sus falsos temores y elija racionalmente sus placeres, llegará a ser un buen actor.

Epicuro también fue uno de los primeros pensadores en desarrollar la noción de justicia como un contrato social. Él definió la justicia como un acuerdo hecho por la gente para no dañarse unos a otros. El punto de vivir en una sociedad con leyes y castigos es protegerse del daño para que uno sea libre de perseguir la felicidad. Debido a esto, las leyes que no contribuyen a promover la felicidad humana no son justas. Dio su propia versión única de la ética de la reciprocidad, que difiere de otras formulaciones al enfatizar en minimizar el daño y maximizar la felicidad para uno mismo y para los demás:

"Es imposible vivir una vida placentera sin vivir sabiamente, bien y justamente, y es imposible vivir sabiamente, bien y justamente sin vivir una vida placentera".

("justamente" significa evitar que una "persona dañe o sea dañada por otra")

El epicureismo incorporó un relato relativamente completo de la teoría del contrato social y, en parte, intenta abordar los problemas con la sociedad descrita en la República de Platón. La teoría del contrato social establecida por el epicureismo se basa en un acuerdo mutuo, no en un decreto divino.

El TetrafármacoEditar

El Tetrafármaco, o "La cura en cuatro partes", es una guía básica de Filodemo de Gadara de cómo vivir la vida más feliz posible, sobre la base de las primeras cuatro Doctrinas Principales de Epicuro. Esta doctrina poética fue transmitida por un epicúreo anónimo que resumió la filosofía de Epicuro sobre la felicidad en cuatro líneas simples:

No temas a los dioses;

no te preocupes por la muerte;

Lo que es bueno es fácil de obtener, y

lo que es terrible es fácil de soportar.

InfluenciaEditar

Entre los seguidores de las enseñanzas de Epicuro en la Antigua Roma figuran los poetas Horacio, cuya famosa declaración Carpe Diem ("aprovecha el día") ilustra su filosofía, Virgilio y Lucrecio. El epicureísmo es una doctrina de un paganismo típicamente laico y mediterráneo, y en este ámbito ganó gran número de seguidores que la consideraron una doctrina verdadera que solucionaba todos los problemas.

Su escuela de pensamiento perduró largamente durante siete siglos tras la muerte de Epicuro; pero después fue casi relegada al olvido al advenir la Edad Media, periodo en el que se perdió o fue destruida la mayoría de los escritos de este filósofo griego a causa del rechazo que por sus ideas experimentó el Cristianismo, que no pudo adaptarlas a su sistema de creencias por la visión cristiana del dolor. Por otra parte, el platonismo y el aristotelismo lo intentaron integrar con más éxito. [cita requerida]

FuentesEditar

Lo que queda de la filosofía epicúrea está disponible a través de diversas fuentes:

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Epicureísmo. Torre de Babel Ediciones.
  2. Sánchez Vázquez, Adolfo Ética. Ed. Grijalbo, S.A., México, 1969.
  3. OKeefe, Tim. Epicureanism. Acumen Publishing Limited. pp. 1-10. ISBN 9781844654338. Consultado el 8 de junio de 2019. 
  4. Tsouna, Voula (2004-04). «Epicurus and Democritean Ethics: An Archaeology of Ataraxia. By James  Warren. Cambridge: Cambridge University Press, 2002. Pp. [xiv] + 241. $55.00 (cloth).». Classical Philology 99 (2): 174-182. ISSN 0009-837X. doi:10.1086/423864. Consultado el 8 de junio de 2019. 

BibliografíaEditar

Enlaces externosEditar

  •   Wikcionario tiene definiciones y otra información sobre epicureísmo.
  • Henri Lengrand: Epicuro y el epicureísmo (Épicure et l'épicurisme, 1906). Ed. Bloud (Edmond Bloud, 1876 - 1948).