Diferencia entre revisiones de «Ensoñación excesiva»

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El acto de soñar despierto desde hace tiempo se ha considerado como producto de material tácito o inconsciente (Bollas, 1992, Kahn, 1963, McDougall, 1978, Singer, 1978, Winnicott, 1971). Freud (1908, 1962) sugirió originalmente que el soñar despierto representaba un intento de solución a un estado de privación o conflicto subyacente en el individuo y que la fantasía surgida en la conciencia podría representar un término medio entre un deseo frustrado y los requisitos de ajuste social o restricciones morales de la sociedad. Los desarrollos posteriores en el psicoanálisis han enfatizado en los desarrollos libres de conflicto de la mente. Hartman (1958), por ejemplo, sugirió que la fantasía en sí misma no tiene que surgir solo de la frustración o la gratificación diferida, sino que puede servir para funciones adaptativas para el organismo desde el principio. Klinger (1971) sugirió que la mayor parte de las fantasías, tanto soñar dormido como la ensoñación diurna son una representación de las "preocupaciones actuales".
 
No obstante, las ensoñaciones no han sido reconocidas como temas significativos de investigación psicoanalítica o psicoterapia. Barth (1997), quien también notó este fenómeno, lo atribuyó al hecho de que los sueños diurnos raramente se mencionan espontáneamente en la terapia. Ella postuló que los sueños diurnos han permanecido inexplorados en la psicoterapia porque los terapeutas no preguntan por ellos, a pesar de ser un medio útil para ayudar a los pacientes a obtener acceso a su mundo interno. En su libro seminal, "Daydreaming", Singer (1966) informó que el 96% de los adultos estadounidenses presumiblemente normales, educados, se involucraron en alguna forma de ensoñación. Se informó que esta actividad mental se produce principalmente cuando uno está solo (por ejemplo, en la cama antes de dormir) y se dice que se enfoca principalmente en la planificación de acciones futuras y la revisión de contactos interpersonales. Existen pocos datos sobre la cantidad de sueños diarios normales. En consecuencia, no existe información normativa sobre lo que constituye una ensoñación patológicamente elaborada o anormalmente extensa. Por otro lado, ha habido un esfuerzo fructífero para cuantificar los rasgos asociados con soñar despierto. En el contexto de un estudio de sujetos hipnóticos, Wilson y Barber (1981, 1983) descubrieron casualmente un grupo de ávidos soñadores que luego sefueron caracterizaroncatalogados como "personalidades propensas a la fantasía". Se decía que estos individuos compartían la tendencia a "vivir gran parte del el tiempo en un mundo creado por ellos mismos, en un mundo de imágenes, imaginación y fantasía "(Wilson y Barber, 1981, p.31). Los autores calcularon que la propensión a la fantasía se manifestaba en hasta un 4% de la población, y observaron que caracterizaba experiencias generalmente adaptativas, fantasías y rasgos de la personalidad.
 
Se obtuvo un amplio apoyo para la construcción de Wilson y Barber por Lynn y Rhue y sus colaboradores (p. Ej., Lynn y Rhue, 1988; Lynn, Rhue , & Green, 1988; Rhue y Lynn, 1989; Rauscenberger y Lynn, 1995). Wilson y Barber (1981) afirmaron que las personas propensas a la fantasía están, en general, bien adaptadas. Han argumentado que un mando 14% (Rhue, Lynn, Henry, Buhk y Boyd, 1990). Dos tercios de Rauscenberger y la muestra no clínica propensa a la fantasía de Lynn cumplían con los criterios del diagnóstico del Eje I pasado o presente del DSM-III-R (Asociación Psiquiátrica Americana, 1987). Informaron que, en comparación con los no eran fantasiosas, los fantaseadores eran significativamente más propensos a la depresión (1995). Este hallazgo estaba en línea con los datos informados previamente (por ejemplo, Giambara & Traynor, 1978; Singer, 1966, 1975). Concluyeron que para ciertos individuos, la propensión a la fantasía podría estar asociada con una psicopatología significativa. Gold, Gold, Milner y Robertson (1986) mostraron datos consistentes con la teoría de que las ensoñaciones de sujetos angustiados sirven como parte de un ciclo de retroalimentación negativa (Gold & Minor, 1983; Starker, 1982). Decidieron que las personas psicológicamente sanas usaran sus ensoñaciones de una manera que realza sus buenos sentimientos acerca de sí mismos mientras que las personas angustiadas interpretan sus ensueños como otro signo de debilidad o insuficiencia.
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