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La autoridad militar arrestó a Barreiro, a petición del juez competente, y confinado en el Comando de Infantería Aerotransportada 14 del Tercer Cuerpo de Ejército, en la [[provincia de Córdoba (Argentina)|provincia de Córdoba]]. Cuando la policía intentó hacerse cargo de Barreiro por el desacato a la justicia, el personal del cuartel —ciento treinta entre cuadros y soldados— se amotinó, exigiendo el cese de los juicios.
 
Otras dependencias militares se sumaron a la acción, ante la férrea oposición de la población civil, en especial las tropas al mando del [[teniente coronel]] [[Aldo Rico]]<ref name="El desafío de la democracia 26 27">''El desafío de la democracia'', páginas 26 y 27.</ref> —entonces al mando del [[Regimiento de Infantería 18]] de [[San Javier (Misiones)|San Javier]]<ref name=historia1>{{cita web|título=Regimiento de Infantería de Monte 18|url=http://www.infanteria.ejercito.mil.ar/unidades/unidades/RegimientodeInfanteriadeMonte18/historia.htm|obra=Infantería|editorial=Ejército Argentino|fechaacceso=16 de marzo de 2019|urlarchivo=https://web.archive.org/web/20030428145453/http://www.infanteria.ejercito.mil.ar/unidades/unidades/RegimientodeInfanteriadeMonte18/historia.htm|fechaarchivo=28 de abril de 2003|formato=HTM}}</ref>—, quien se acantonó en la Escuela de Infantería de [[Campo de Mayo]]. Los reclamos de los ya apodados carapintadas incluían la destitución del jefe del Ejército, —planteando que los jefes que impartieron las órdenes «hoy están en libertad desprocesados, ascendidos y gozando de un privilegio que no merecen»— y la exigencia de una solución política para los juicios a los represores del proceso y «los del otro bando también» según se dijo en el reportaje hecho para el periodista Corbacho en Radio Mitre el 16 de abril de 1987. Aldo Rico, concuñando de uno de los fundadores de Montoneros decía: «si quienes dieron las órdenes van a la justicia no tenemos ningún problema en ir todos a la justicia, pero ningún hombre de bien que vista uniforme militar puede ampararse escudándose en el sacrificio de sus subalternos».
 
Si bien el alzamiento contó con pocos apoyos públicos entre los responsables de tropa, la actitud del resto de las fuerzas armadas fue unánime: Alfonsín no contó con la subordinación necesaria entre la tropa para sofocar militarmente a los carapintadas.<ref name="El desafío de la democracia 26 27" />