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La '''guerra del Chaco''', entre [[Paraguay]] y [[Bolivia]], se libró desde el [[9 de septiembre]] de [[1932]] hasta el [[12 de junio]] de [[1935]], por el control del [[Chaco Boreal]]. Fue la guerra más importante en Sudamérica durante el {{Siglo|XX|d|s|0}}. En los tres años de duración, Bolivia movilizó 250 000 soldados y Paraguay 120 000, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 000 bolivianos y 30 000 paraguayos), gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos. Los distintos tipos de enfermedades tanto físicas como psicológicas, la característica hostil del teatro de operaciones y la falta de agua y mala alimentación produjeron el mayor porcentaje de bajas y afectaron la salud de los soldados sobrevivientes, a muchos de por vida.
 
El enfrentamiento consumió ingentes recursos económicos de ambos países, de por sí muy pobres. El Paraguay abasteció a su ejército con la gran cantidad de armas y equipos capturados en distintas batallas. Terminada la guerra, algunos excedentes los vendió a [[España]] (Decreto-ley 8406, 15 de enero de 1937).
 
El cese de las hostilidades se acordó el 12 de junio de 1935. Bajo la presión de los [[Estados Unidos]], por un tratado secreto firmado el 9 de julio de 1938, Paraguay renunció a 110 000 km² ocupados por su ejército al cese de las hostilidades.{{Harvnp|Rahi|Agüero Wagner|2006|p=45/49}} El ''Tratado de Paz, Amistad y Límites'' se firmó el 21 de julio de 1938 y el 27 de abril de 2009 se estableció el acuerdo de límites definitivo. La zona en litigio quedó dividida en una cuarta parte bajo soberanía boliviana y tres cuartas partes bajo soberanía paraguaya. Bolivia recibió una zona a orillas del alto[[Río Paraguay| río Paraguay]].
 
== Descripción de la región en litigio ==
La región central sudamericana conocida como el [[Gran Chaco]] se divide, de norte a sur, en tres regiones: [[Chaco Boreal]] ―al norte del [[río Pilcomayo]]―, el [[Chaco Central]] ―entre ese río y el [[río Bermejo]]―, y al sur de este último el [[Chaco Austral]]. El área disputada entre Bolivia y Paraguay correspondió exclusivamente al Chaco Boreal.
 
El Chaco Boreal posee una extensión de aproximadamente 650&nbsp;000&nbsp;km<sup>2</sup> (semejante a Francia) y, hasta fines de la década de 1920, estuvo casi despoblado y sin explorar. Sus límites son: al sur el río&nbsp;Pilcomayo y la Argentina; al este, el [[río&nbsp;Paraguay]] y la región oriental delde Paraguay; al noroeste, la precordillera boliviana y al noreste, las regiones selváticas de Brasil y Bolivia.
[[Archivo:Schinopsis balansae.jpg|thumb|Paisaje del Chaco Boreal, el árbol es el [[quebracho colorado chaqueño|quebracho colorado]] ''(Schinopsis balansae)''.]]
 
=== Comandantes bolivianos ===
 
Durante la guerra del Chaco, el ejército boliviano fufue dirigido sucesivamente por cuatro generales:
* Filiberto Osorio (desde septiembre a octubre de 1932);
* José Leonardo Lanza (desde octubre a diciembre de 1932);
=== Estrategia boliviana ===
 
La estrategia boliviana se apoyó en la indudable superioridad de recursos económicos y de población (3&nbsp;a&nbsp;1) que tenía sobre el Paraguay. Para el Estado Mayor boliviano la ocupación del Chaco y el acceso al río&nbsp;Paraguay era más un problema diplomático que militar.
 
{{cita|El teniente coronel Ángel Rodríguez consideraba que solo había agua suficiente para enviar a cinco mil hombres, y que solo las unidades no más grandes que una compañía podrían maniobrar entre los arbustos, mientras que Kundt seguía firmemente convencido de que tres&nbsp;mil&nbsp;hombres bastarían para tomar Asunción.|{{cita Harvard|Dunkerley|1987|p=207}}}}
 
No se tuvo en cuenta la historia de ese pequeño país ubicado al sur y a la importancia que le daba a la posesión del Chaco Boreal. En 1928, el doctor Salamanca, para quien el Paraguay era «la más miserable de las republiquetas de Sudamérica»,{{Harvnp|Zook|1961|p=106}} decía:
 
{{cita|Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con una guerra victoriosa […]. Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a la prueba del fuego para salvar sus almas […] los países como el nuestro, que han cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay […] único país al que podemos atacar con seguridades de victoria.|Salamanca, en {{cita Harvard|Antezana Villagrán|1982|p=12/13 v.&nbsp;2}}}}
{{cita|[...] en una emergencia bélica con el Paraguay […] existe el peligro que nuestro abastecimiento y aprovisionamiento […] casi total y obligadamente efectuados en los mercados argentinos, quede obstruido con gravísimo perjuicio para nuestros intereses militares.|General Osorio en {{cita Harvard|Seiferheld|1983|p=283}}}}
 
Si bien existieron problemas, las importaciones de alimentos y otros insumos desde la Argentina y otros países vecinos se mantuvieron durante toda la guerra. Hasta productos delde Paraguay ingresaron a Bolivia con el visto bueno del Gobierno paraguayo.{{Harvnp|Seiferheld|1983|p=315-316}}
 
La producción de petróleo de la empresa estadounidense Standard Oil en Bolivia no pudo satisfacer las necesidades del ejército y durante la guerra fue permanente el reclamo por la falta de gasolina. Bolivia tuvo que importar combustible y lubricantes, a un mayor costo, de una destilería que la Standard Oil tenía en el Perú, o de la que ingresaba ilegalmente desde la Argentina cruzando el río Pilcomayo por Puerto Cabo Iriyoyen (Argentina) hacia Linares, según Kundt, «a un precio exorbitante».{{Harvnp|Kundt|1961|p=90}}
Había homogeneidad entre oficiales y soldados donde todos tenían las mismas tradiciones, costumbres y hablaban el mismo idioma: el [[idioma guaraní|guaraní]]. En este aspecto el ejército paraguayo tuvo una decisiva ventaja sobre su oponente boliviano donde había distintos grupos étnicos/lingüísticos, pronunciadas diferencias de clase, origen y cultura entre soldados y oficiales, y hasta mercenarios extranjeros en los mandos superiores. Al poeta y excombatiente boliviano Ángel Lara, que observaba a un grupo de prisioneros paraguayos, le sorprendió que los soldados conversaran con sus oficiales «con toda naturalidad».{{Harvnp|Lara|1972|p=58 y 59}}
 
La perfecta complementación entre dos hombres con características disímiles, el comandante Estigarribia, como máximo responsable militar, y el presidente [[Eusebio Ayala]], en su función política y económica, permitió que el Paraguay tuviera una conducción unificada y casi sin fisuras, imprescindibles para lograr los mejores resultados en la campaña militar.
 
La adquisición de armas tuvo que superar tres problemas fundamentales:
{{cita|Mientras se observaba a un jefe [Schenoni], las adquisiciones se hacían en otra parte subrepticiamente; se disipaba la alarma de Bolivia mientras realizábamos nuestros planes. Por este motivo decía el Presidente de la República en uno de sus mensajes al Congreso: «Preferimos hacer lo que no parece, a hacer parecer lo que no hacemos».|{{cita Harvard|Ayala Queirolo|1985|p=65}}}}
 
Las compras se hicieron con gran meticulosidad y secreto, eligiendo las mejores armas, a diversos proveedores. El Paraguay empezó y terminó la guerra con los mismos oficiales y soldados. Solo tuvo que reponer los muertos, heridos y enfermos. Esto significó contar, a los pocos meses de continuos combates, con un ejército experimentado para la difícil guerra chaqueña.
 
Un aspecto importante de la estrategia paraguaya fue contar con el apoyo de la Argentina como fuente de suministro de insumos vitales. A tal efecto se utilizaron las históricas relaciones comerciales y las vinculaciones culturales, sociales y migratorias existentes entre ambos países. Desde el punto de vista geopolítico, la Argentina consideraba al Paraguay como la primera línea de defensa o la punta de lanza ante una posible expansión brasileña hacia el oeste. Comenzada la guerra, el pueblo argentino apoyó la causa paraguaya con donaciones y voluntarios de todo tipo.
En su tercer intento por llegar a ese objetivo, el 15 de junio de 1932, un destacamento boliviano al mando del mayor Óscar Moscoso atacó y destruyó el fortín paraguayo Carlos Antonio López, ubicado al borde de la laguna Pitiantuta (o «laguna Chuquisaca» como fue nombrada después por los bolivianos). Esta sorpresiva acción militar se hizo contrariando órdenes del presidente boliviano Salamanca de evitar todo tipo de provocación en el Chaco dadas las negociaciones que se venía discutiendo en Washington desde noviembre de 1931.
 
Con esta «operación» de encubrimiento, mentiras y desobediencia y hasta extravío de documentación, realizada por miembros del alto mando a espaldas del presidente, se inició uno de los conflictos que afectarían a Bolivia durante toda la guerra, la de Salamanca contra los responsables del ejército y que culminaría, años más tarde, con su destitución. Un mes después, el 16&nbsp;de&nbsp;julio, el destacamento paraguayo Coronel Palacios recuperó la zona después de una pequeña refriega. Este hecho fue presentado al pueblo boliviano como un artero ataque delde Paraguay a Bolivia y se lo condimentó además con falsos actos de barbarie cometidos por los soldados paraguayos. El 19&nbsp;de&nbsp;julio de 1932, desde los balcones del Palacio Quemado, Salamanca se dirigió al pueblo que se había congregado para escucharlo:
 
{{cita|Ciudadanos, hijos de Bolivia, en un momento de verdadera angustia nacional, al presentarse una nueva agresión a la dignidad nacional, se ha producido esta magnífica reacción que manifiesta la vida y el vigor del patriotismo boliviano. Si una nación no reaccionara ante los ultrajes que le infieren no merecería ser una nación.|{{cita Harvard|Querejazu Calvo|1990|p=29}}}}
El teniente coronel Juan B. Ayala, del Estado Mayor, el oficial que había recibido la mayor capacitación en Francia y que había analizado las causas del fracaso de la movilización del año&nbsp;1928 que impidió que la guerra de iniciara aquel año, logró ahora triplicar planificadamente, en solo 30&nbsp;días, las fuerzas del ejército en tiempos de paz. El teniente coronel Estigarribia estimaba que el ejército boliviano recién podría completar su movilización masiva, y alcanzar la inevitable superioridad en hombres y recursos, en 90&nbsp;días, tiempo suficiente para llevar adelante, con esa ventaja estratégica, la primera ofensiva paraguaya en el Chaco.
 
El 29 de agosto, la Comisión de Neutrales propuso una tregua incondicional de 60&nbsp;días que Bolivia aceptó si se reducía a 30&nbsp;días pero que el doctor Justo Pastor Benítez, ministro de relaciones exteriores delde Paraguay, con toda la maquinaria bélica en pleno movimiento, la rechazó aduciendo: «Nos toca velar por nuestra propia seguridad que consideramos seriamente amenazada».{{Harvnp|Paraguay. Ministerio de Relaciones Exteriores|1933|p=243}}
 
== Primera ofensiva paraguaya (septiembre-diciembre de 1932) ==
La aviación lanzó municiones, alimentos y medicinas sobre Boqueron pero debido al fuego antiaéreo paraguayo y la necesidad de conservar los aviones se hizo desde gran altura por lo que se destruyeron en la caída o cayeron en poder del enemigo.
 
En el campo diplomático Bolivia aceptó la propuesta de la Comisión de Neutrales de suspender las hostilidades creando un cinturón de neutralización de dos km alrededor de Boquerón. El Paraguay no lo aceptó y mantuvo la posición inicial de que previamente Bolivia debía devolver los fortines capturados en el mes de julio.
 
El 21 de septiembre, 8 días antes de la caída de Boquerón y de la retirada general boliviana, el presidente Salamanca respondió al general Osorio su impertinente memorando del 30 de agosto diciendo que mientras el ejército había seguido sus instrucciones se había logrado la captura de Toledo, Corrales y Boquerón y por no haberlo hecho se había perdido la laguna Chuquisaca. Rebatió el plan de atacar por el norte y sostuvo:
{{cita|En estos momentos mi división atraviesa una situación muy delicada. Todos los informes que recibo me hacen saber que las tropas se encuentran totalmente desmoralizadas y agotadas. Hemos intentado tres ofensivas con fuerzas frescas, llenas de entusiasmo a objetivos bien definidos, ninguna ha podido ser culminada por la superioridad aplastante del adversario, tanto material como de especial instrucción de combate en el bosque; cualquier nueva ofensiva con los elementos que dispongo seria de resultados negativos, llevando a nuestro personal a un sacrificio estéril. Me permito sugerir buscar una defensa sólida en Arce y una momentánea intervención diplomática para salvar al destacamento Marzana en Boquerón y completar nuestra preparación.|Informe de Peña a Quintanilla,<br />en {{cita Harvard|Arze Quiroga|1952|p=159 v.&nbsp;2}}}}
 
El Gobierno boliviano se enteró de la caída de Boquerón por las noticias provenientes delde Paraguay y la Argentina. Esto lo obligó a retacear la información al pueblo boliviano. Salamanca destituyó a Filiberto Osorio y lo reemplazó por el general José L. Lanza en medio de manifestaciones populares, principalmente en La Paz, que acusaban al Gobierno y especialmente al alto mando por la derrota pidiendo el retorno del general Hans Kundt. El 8 de octubre de 1932, Salamanca recibió una nota de «protesta» (supuestamente en nombre de oficiales de la 4.ª y 7.ª&nbsp;División) donde el general Quintanilla y su jefe de Estado Mayor, el teniente coronel David Toro, al borde de la insubordinación, hacían responsable al presidente del fracaso militar y se manifestaban ofendidos por la remoción de Osorio.{{Harvnp|Farcau|1996|p=67}}{{Harvnp|Guachalla|1978|p=86}}
 
En Boquerón, y en los desiguales combates que tuvieron lugar en los alrededores, Bolivia perdió 1500&nbsp;hombres, entre muertos y prisioneros entre los que se encontraban los oficiales y soldados con más experiencia en el teatro de operaciones chaqueño.{{Harvnp|De la Pedraja Tomán|2006|p=342}}
 
=== Actividad diplomática y declaración de guerra ===
El 15 de diciembre de 1932, cuando el ejército boliviano había alcanzado su máximo poderío en el Chaco y se detenía la ofensiva paraguaya, la Comisión de Neutrales propuso el cese de hostilidades y el retiro y desmovilización de los ejércitos. El ejército paraguayo debía replegarse al río Paraguay y el boliviano detrás de una línea que iba de Ballivian a Vitriones. Esta postura fue reforzada con la sucesiva adhesión de 13&nbsp;países americanos más los 5 que figuraban en la Comisión. El Paraguay rechazó la misma por no ser «ni satisfactorias ni justas» pues dejaba a su ejército fuera del Chaco mientras el ejército boliviano permanecía en el medio del mismo. Sostenía además que para «restablecer el imperio del derecho era menester una severa investigación que señale al culpable de esta guerra inicua».{{Harvnp|Paraguay. Ministerio de Relaciones Exteriores|1933|p=296/297}}
 
En los meses de diciembre de 1932 y enero de 1933 fracasaron dos intentos de mediación llevados adelante por la Argentina y Chile separadamente, en cuanto integrantes del grupo ABCP (Argentina, Brasil, Chile y Perú) o sea países limítrofes de Bolivia y Paraguay. Los mediadores solicitaban:
* La desmovilización y la devolución de prisioneros.
 
El 25 de enero de 1933, Argentina y Chile (ahora en forma conjunta), con el acuerdo del Brasil, enviaron a los Gobiernos de Bolivia y Paraguay, en forma confidencial, una nueva propuesta que luego se denominó ''Acta de Mendoza'', la cual fue entregada oficialmente un mes después, el 24 de febrero. El 27 de febrero, Bolivia y Paraguay aceptaron el Acta con una serie de objeciones. El ministro paraguayo Vicente Rivarola, destacado en Buenos Aires, anticipó a su Gobierno que Bolivia no iba a aceptar la propuesta del grupo ABCP teniendo en cuenta la postura que venía sosteniendo desde siempre. Sugirió que el Paraguay debería declarar oficialmente la guerra a Bolivia para aislarla de todo apoyo externo y dar a sus dirigentes una justificación que les permitiera cambiar su postura:
 
{{cita|Bolivia, si ha de ser vencida en el terreno militar o en el campo de la diplomacia, necesitará serlo, no por el Paraguay, ni siquiera aparentemente, sino por causas extrañas al Chaco: por las injusticias de los vecinos, por inconvenientes geográficos, por fenómenos naturales, pues, dentro de su idiosincrasia, necesitará siempre presentarse como víctima de los más fuertes y continuar llorando por los errores de la geografía y por las injusticias de su destino.|Carta de Vicente Rivarola al presidente Eusebio Ayala, marzo de 1933,<br />en {{cita Harvard|Rivarola|1982|p=166}}}}
Durante el mes de marzo y buena parte de abril las negociaciones se estancaron. Por esa razón, el 21 y 22 de abril, el grupo ABCP insistió a las partes para que suspendieran las hostilidades. El 23 de abril, el Gobierno paraguayo retiró sus objeciones para facilitar las negociaciones pero Bolivia, tres días después, objetó la presión que supuestamente recibía del grupo ABCP. El 8&nbsp;de&nbsp;mayo los Gobiernos de Chile y Argentina acusaron a Bolivia de hacer fracasar la negociación.
 
El Gobierno paraguayo, reconociendo que Bolivia solo intentaba demorar las propuestas mientras mantenía la ofensiva desatada desde diciembre de 1932, con la cual pretendía ganar la guerra o, por lo menos, una posición más favorable para negociar, decidió declarar formalmente la guerra a Bolivia el 10&nbsp;de&nbsp;mayo de 1933. El objetivo, además de complicar el abastecimiento de armas y suministros a su oponente, fue eliminar la mediación de la Comisión de Neutrales, liderada por los Estados Unidos, que el Paraguay presumía favorable a Bolivia. Así, dicha Comisión, debido a sus sistemáticos fracasos desde antes de la guerra, cesó en su actividad de mediador el 27 de junio de 1933.
 
=== Segundo ataque a Nanawa ===
Aprovechando esta ausencia, Toro envió a Roberto Bilbao La Vieja a los comandos de las grandes unidades para reunir opiniones desfavorables sobre Kundt para lograr su remoción.{{Harvnp|Querejazu Calvo|1981|p=230}}
 
El 11 de octubre de 1933, los representantes de Argentina y Brasil firmaron el Acta de Río de Janeiro en la que declararon que el conflicto del Chaco podía ser resuelto por medio del arbitraje. El Paraguay aceptó la propuesta pero Bolivia la rechazó.
 
El 23 de octubre de 1933, luego de reunir importantes fuerzas y recursos, Estigarribia inició la primera fase del plan que consistía en una serie de ataques de aferramiento contra la 9.ª&nbsp;División boliviana al mando del coronel Carlos Banzer para empujarla a sus líneas principales. Una vez fijadas las posiciones de los defensores, que opusieron una tenaz resistencia, pasó a la segunda fase: rodear por el oeste su flanco izquierdo. Esta maniobra la encabezó la 7.ª&nbsp;División paraguaya.
{{cita|La guerra del Chaco se había hecho para los indios y los obreros. Los parias, que nunca gozaron de derecho alguno, ahora se ven abrumados por obligaciones; la patria, que nunca les dio nada, les obliga ahora a ofrendar sus vidas en defensa de la soberanía nacional. Una vez que son diezmados, los adolescentes y los ancianos, aquellos que por su temprana o avanzada edad no pertenecen a aquel anfiteatro macabro, son Ilevados al frente, a seguir rindiendo su vida para una causa que desconocen y no entienden. Mientras que los burgueses, que antes vendían salud, ahora forman legiones de hombres aquejados por las más diversas enfermedades.|Willy O. Muñoz,<br />en {{Harvtxt|Muñoz|1986|p=225 a 241}}}}
 
Este nuevo ejército boliviano, con sus 36 regimientos, duplicó al anterior y, por tercera vez desde el inicio de la guerra, Bolivia tuvo una superioridad significativa de efectivos y medios sobre el Paraguay. Pero los problemas siguieron siendo los mismos: los soldados reclutados masivamente, aunque estaban bien armados, carecían de preparación y experiencia para el combate, a lo que se sumaba defectos muy ostensibles en la conducción. Por esa razón, y en contra de todo lo esperable, el ejército paraguayo, pese a su inferioridad numérica, escasos recursos y extensa línea logística, mantuvo la iniciativa.
 
El 11 de enero de 1935, dos regimientos de la 3.ª&nbsp;División boliviana fueron rodeados en Capirendá sufriendo 330&nbsp;muertos y 200&nbsp;prisioneros y el resto fue obligado a retirarse hacia Villamontes.
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