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Cuando César comenzó la invasión de Italia ([[49 a. C.|49 a. C.]]) Cicerón huyó de Roma como la mayoría de los senadores, escondiéndose en una de sus mansiones campestres. Su correspondencia con Ático expresa el desconcierto y las dudas que le atormentaron. Consideró el estallido del conflicto un desastre, independientemente de quien saliera vencedor.
 
César, que pretendía reunir a los senadores moderados, le escribió y le visitó en su ''villa'', pidiéndole que volviera a la capital en calidad de mediador. Cicerón rechazó la propuesta declarándose leal partidario de Pompeyo, con el que acabó reuniéndose con este en [[Epiro]].<ref> Schmidt, Joël. ''Jules César'', Folio, Gallimard, 2005, pp. 244-249.</ref>
 
Plutarco escribe que Catón le recomendó permanecer en Italia, donde sería más útil para la República; el orador, consciente de que estas palabras evidenciaban su escasa importancia, decidió no intervenir directamente en los combates,<ref>Plutarco, ''Vida de Cicerón'', 38.</ref> y, después de [[Batalla de Farsalia|Farsalia]] ([[48 a. C.|48&nbsp;a.&nbsp;C.]]), volvió a la capital y se reconcilió con César. En una carta a [[Marco Terencio Varrón|Varrón]] escrita el [[20 de abril]] de [[46 a. C.|46&nbsp;a.&nbsp;C.]] explica su papel durante la [[dictador romano|dictadura]]:
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