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Cambios

{{cita|La lucha contra el frío es más dura que los combates más encarnizados contra el enemigo. [...] Estamos en el mes de diciembre y el termómetro se mantiene entre -40.º y -50.º. [...] Como en Kalinin, nuestro principal adversario es el invierno. El soldado soviético se defiende ciertamente con valor e incluso ferozmente, pero se halla, como el alemán, debilitado y casi al límite de sus fuerzas. Incluso las nuevas divisiones siberianas que el mando ruso lanza ahora a la batalla no podrían por sí mismas forzar una decisión. Pero los ejércitos alemanes están detenidos por el frío. Los transportes ferroviarios están prácticamente detenidos y de ahí la imposibilidad de llevar el aprovisionamiento a primera línea y de evacuar a retaguardia a los heridos. Carecemos de las cosas más indispensables y se hace necesario abandonar vehículos y cañones, pues ya no tenemos ni gasolina. Desde hace mucho tiempo, ningún camión, ninguna locomotora han llegado hasta las primeras líneas. [...] Nuestra escuadrilla está reducida a un número de aparatos verdaderamente ridículo. Con un frío tal, nuestros motores no pueden funcionar.|Hans-Ulrich Rudel, ''Piloto De Stukas'' (2009)}}
====Características de la guerra con blindados====
[[Archivo:Soviet T-34 with desant rushing into village.jpg|thumb|right|Asalto de tropas soviéticas y un T-34 a una aldea ocupada. Frente occidental (diciembre)]]
Aunque existe la idea muy extendida de que las dotaciones de carros soviéticas carecían de experiencia antes de entrar en combate, esto solo fue cierto durante un breve periodo de tiempo en 1942{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=73}}. Justo antes del inicio de la invasión, los carros soviéticos podían tener deficiencias o estar anticuados, pero sus tripulaciones eran bastante competentes{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=58}}. La vida en el interior de los carros de combate era, en general, muy incómoda además de peligrosa: padecían frío o calor en función de la estación del año, suciedad, oscuridad o mala ventilación. Para matar los piojos, solían hervir la ropa o lavarla con con gasóleo. Para proteger la cabeza de los golpes por vibraciones o por los proyectiles del enemigo que impactaban contra el acero del blindaje, disponían de un gorro de cuero acolchado llamado ''tankoshlem''{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=82}}. No todo era peor en la condición de conductor de carros; los tanquistas de la URSS recibían el doble de paga que un soldado de infantería y eran premiados por cada carro alemán que destruían{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=79}}. A veces, para descansar por las noches, las tripulaciones abrían una zanja debajo del carro, en ocasiones lo situaban sobre un cráter abierto mediante explosivos{{sfn|Kershaw|2012|}}, donde se introducían y tapaban los orificios con una lona alquitranada con el fin de evitar corrientes de aire; de este modo disponían de más espacio para poder dormir y quedaban resguardados de las inclemencias meteorológicas o de la metralla o explosiones de los bombardeos enemigos. Podían volver al carro a través una escotilla situada en su suelo. Mediante una estufa de carbón se calentaban y a la vez impedían que la temperatura del aceite del motor disminuyera por debajo de los -25.º{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=80}}. Entre las líneas de vanguardia soviética había muchas unidades de élite y rara vez se dio en ellas casos de crueldad contra el enemigo rendido o los civiles. Estos actos eran mal vistos por los oficiales y con frecuencia estaban penados. La mayoría de los desmanes o actos de crueldad que se dieron en el Ejército Rojo durante la guerra fueron provocados en su mayor parte por soldados de "segunda línea", mucho menos disciplinados. La alimentación de los tanquistas era, como norma general, mejor que la de la infantería. Aunque el consumo de vodka era relativamente frecuente antes de los ataques en las unidades de infantería, los soldados de los carros lo tenían terminantemente prohibido, y solo podían beber al finalizar la operación{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=81}}. Cuando divisaban a un enemigo tenían que destruirlo con el cañón. El jefe del carro indicaba al artillero el tipo de munición necesaria. En el caso de los T-34, su munición completa constaba de 100 proyectiles: 75 eran rompedores y 25 perforantes. De los perforantes, 4 tenían núcleo de [[wolframio]] y estaban destinados contra carros pesados. Para poder disparar con precisión, el carro debía detenerse por completo. Esta maniobra no podía durar mucho tiempo pues el propio carro totalmente inmóvil se convertía en un objetivo más fácil de destruir{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=90}}.
 
{{cita|El torbellino de experiencias del frente ruso resultó en cambios que dieron nueva forma a la estructura de las fuerzas acorazadas y a los hombres que las formaban. La guerra acorazada estaba evolucionando hacia una ardua pugna entre carro y cañón; también estaba inevitablemente abocado al dilema de tener que reconciliar calidad con producción en masa. Como resultado de tales lecciones el carro de combate cambió de forma. Era necesario un cañón mayor, además de una torreta mayor para albergarlo y blindaje más grueso para protegerlo de cañones más efectivos. Todas esas mejoras tenían que ser encajadas en chasis más grandes con motores más potentes que los propulsaran y con cadenas más anchas para darles la movilidad que tan pesados vehículos necesitaban para poder atravesar terreno blando y sinuoso. Tanto la experiencia alemana en el Este como la británica en el desierto convencieron a unos y a otros de la necesidad de que debía haber en la torreta suficiente espacio como para que pudieran operar allí el trío formado por comandante, artillero y cargador, apoyados desde abajo, en el chasis, por conductor y operador de radio. Una vez que los alemanes se dieron cuenta de que los modelos rusos, considerados despectivamente como primitivos, eran en realidad mejores que los suyos, se dio inicio a una carrera técnica de armamentos.|Robert Kershaw, ''Tank men: la historia humana de los tanques en la guerra'' (2011)}}
 
[[Archivo:Soviet T-34 with desant rushing into village.jpg|thumb|right|Asalto de tropas soviéticas y un T-34 a una aldea ocupada. Frente occidental (diciembre)]]
Aunque existe la idea muy extendida de que las dotaciones de carros soviéticas carecían de experiencia antes de entrar en combate, esto solo fue cierto durante un breve periodo de tiempo en 1942{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=73}}. Justo antes del inicio de la invasión, los carros soviéticos podían tener deficiencias o estar anticuados, pero sus tripulaciones eran bastante competentes{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=58}}. La vida en el interior de los carros de combate era, en general, muy incómoda además de peligrosa: padecían frío o calor en función de la estación del año, suciedad, oscuridad o mala ventilación. Para matar los piojos, solían hervir la ropa o lavarla con con gasóleo. Para proteger la cabeza de los golpes por vibraciones o por los proyectiles del enemigo que impactaban contra el acero del blindaje, disponían de un gorro de cuero acolchado llamado ''tankoshlem''{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=82}}. No todo era peor en la condición de conductor de carros; los tanquistas de la URSS recibían el doble de paga que un soldado de infantería y eran premiados por cada carro alemán que destruían{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=79}}. A veces, para descansar por las noches, las tripulaciones abrían una zanja debajo del carro, en ocasiones lo situaban sobre un cráter abierto mediante explosivos{{sfn|Kershaw|2012|}}, donde se introducían y tapaban los orificios con una lona alquitranada con el fin de evitar corrientes de aire; de este modo disponían de más espacio para poder dormir y quedaban resguardados de las inclemencias meteorológicas o de la metralla o explosiones de los bombardeos enemigos. Podían volver al carro a través una escotilla situada en su suelo. Mediante una estufa de carbón se calentaban y a la vez impedían que la temperatura del aceite del motor disminuyera por debajo de los -25.º{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=80}}. Entre las líneas de vanguardia soviética había muchas unidades de élite y rara vez se dio en ellas casos de crueldad contra el enemigo rendido o los civiles. Estos actos eran mal vistos por los oficiales y con frecuencia estaban penados. La mayoría de los desmanes o actos de crueldad que se dieron en el Ejército Rojo durante la guerra fueron provocados en su mayor parte por soldados de "segunda línea", mucho menos disciplinados. La alimentación de los tanquistas era, como norma general, mejor que la de la infantería. Aunque el consumo de vodka era relativamente frecuente antes de los ataques en las unidades de infantería, los soldados de los carros lo tenían terminantemente prohibido, y solo podían beber al finalizar la operación{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=81}}. Cuando divisaban a un enemigo tenían que destruirlo con el cañón. El jefe del carro indicaba al artillero el tipo de munición necesaria. En el caso de los T-34, su munición completa constaba de 100 proyectiles: 75 eran rompedores y 25 perforantes. De los perforantes, 4 tenían núcleo de [[wolframio]] y estaban destinados contra carros pesados. Para poder disparar con precisión, el carro debía detenerse por completo. Esta maniobra no podía durar mucho tiempo pues el propio carro totalmente inmóvil se convertía en un objetivo más fácil de destruir{{sfn|Sanz Salanova|2017|p=90}}.
 
Por su parte, los conductores de carros alemanes se enfrentaban a problemas semejantes que los rusos pero con el agravante de tener en algunos puntos del frente carros técnicamente inferiores y a medida que avanzaban graves problemas de suministros. En verano, cuando comenzó la campaña, sufrían en el interior de los carros por la falta de ventilación y el calor. En su avance, el equipo y las armas se ensuciaban por el polvo, lo que disminuía su eficacia{{sfn|Carius|2012|p=23}}. El polvo y el poco espacio dentro de los carros asimismo podía dificultar la lectura de los mapas{{sfn|Kershaw|2012|}}. Las dotaciones también sufrieron la fatiga resultado de avanzar sin descanso durante varias semanas seguidas al comienzo de la invasión. Como existía el temor del agua envenenada, tenían prohibido abastecerse de los pozos que se encontraban por el camino. Una vez agotadas las reservas de agua, si la unidad no era abastecida a tiempo, cualquier parada era aprovechada por los tanquistas para bajar de sus vehículos y beber de cualquier charco del camino{{sfn|Carius|2012|p=25}}. Al igual que pasaba en los carros rusos, si el acero era de mala calidad, por el interior del vehículo volaban esquirlas a gran velocidad cuando eran alcanzados incluso por impactos que no llegaban a atravesar la coraza. Estas esquirlas podían provocar heridas graves en las dotaciones de los carros{{sfn|Carius|2012|p=26}}. En el invierno, cuando no combatían, con el fin de que los motores de los carros no fallaran por el frío, se encendían cada cuatro horas durante diez o quince minutos hasta que alcanzaban los 60.º{{sfn|Lozano|2006|p=505}}. Las unidades que conseguían anticongelante descubrían con sorpresa que también se congelaba{{sfn|Lozano|2006|p=514}}. La vanguardia de una división panzer estaba formada por una unidad mixta compuesta por carros ligeros e infantería transportada en motocicletas y sidecares. Hacían de exploradores para el siguiente grupo, un batallón de panzer medios y pesados que en condiciones normales disponía de más de 100 carros e iban acompañados de infantería transportada en camiones o blindados semiorugas. En la retaguardia marchaba un batallón o en ocasiones un regimiento de artillería remolcada por vehículos motorizados. Los carros marchaban en ''Keils'' o formación en cuña. El resto de vehículos avanzaba en dos columnas en paralelo. Con frecuencia, el enemigo solo era visible como pequeños puntos negros en el horizonte. Esto implicaba que solo si veían llamas y una columna negra de humo tras los primeros disparos podían suponer que estaban en una batalla contra carros. Identificar por primera vez un carro enemigo podía consistir simplemente en una torreta avanzando sobre un campo de maíz. Entonces, en el interior del carro se sucedían gritos nerviosos informando sobre la distancia, dirección y tipo de proyectil requerido, seguidos del sordo «bang» que golpea el chasis del carro mientras que un sonido cimbreante iba indicando que el proyectil avanzaba segando el maíz en su trayectoria antes de impactar contra su objetivo con el característico «plunc». Todo esto ocurre en pocos segundos mientras la torreta del carro que dispara se llena de gases. Un ruido metálico seco indica que otro proyectil más ha sido deslizado y sellado en el interior de la recámara; una voz de «listo» comunica el siguiente disparo. Realizaban tantos disparos como eran necesarios hasta que la tripulación creía haber destruido a su adversario. A veces lo sabían porque veían a los enemigos abandonar su carro o bien salían llamas de su interior. Si alcanzaban compartimento de municiones del carro enemigo normalmente se desencadenaba una serie de grandes explosiones que podían llegar incluso a hacer volar la torreta{{sfn|Kershaw|2012|}}. En ocasiones, cuando una dotación perdía un carro se veía obligada a luchar como infantería; como no disponían de un entrenamiento adecuado, sufrían muchas bajas si se veían en esta situación{{sfn|Lozano|2006|p=510}}. En una ocasión Guderian escribió en su diario: «Esta mañana, 5 grados bajo cero. Las torretas de los tanques inmovilizados por el hielo, serias bajas por congelación de miembros, el fuego de la artillería es ahora irregular debido a que la pólvora arde de manera diferente»{{sfn|Lozano|2006|p=516}}.