Diferencia entre revisiones de «Lope de Vega»

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[[Archivo:Casa-Museo de Lope de Vega (Madrid) 01.jpg|miniatura|derecha|Casa [[Madrid|madrileña]] en la que vivió Lope desde [[1610]] hasta su muerte ([[1635]]). En la actualidad es la [[Casa-Museo de Lope de Vega]].]]
En sus últimos años de vida Lope de Vega se enamoró de una moza de veinticinco años, [[Marta de Nevares]], casada a los trece, en lo que puede considerarse «sacrilegio» dada su condición de sacerdote; era una mujer muy bella y, de pelo rizado y ojos verdes, diestra cantante y bailarina, como declara Lope en los poemas que le compuso llamándola «Amarilis», o «Marcia Leonarda» desde que en 1619 falleció su marido, como en las ''Novelas'' que le destinó. En esta época de su vida cultivó especialmente la poesía cómica y filosófica, desdoblándose en el poeta [[heterónimo]] burlesco Tomé de Burguillos y meditando serenamente sobre la vejez y su alocada juventud en romances como las famosas «barquillas».
 
En 1627 ingresó en la [[Orden de Malta]], discutiéndose hasta la fecha si debió aportar una probanza de su nobleza por la rama paterna y se le eximió de los otros tres cuarteles preceptivos, o si fue exclusivamente a instancias del papa que el Gran Maestre le recibió en la Orden. Sea como fuere, esta pertenencia supuso un honor enorme para Lope, quien en su retrato más difundido viste precisamente el hábito de San Juan. El interés de Lope por las órdenes de caballería en general, y por la de Malta en particular, lo llevó a escribir entre 1596 y 1603 la pieza teatral ''El valor de Malta'', ambientada en las luchas marítimas que la Orden mantuvo por todo el Mediterráneo con los turcos. Pero entre marzo y abril de 1628 enfermó tan gravemente que estuvo a las puertas de la muerte, como escribe al Duque de Sessa:
 
:''Ya tiene Vuestra Excelencia, gracias a Dios, a Lope de Vega, que hasta hoy no le tenía: así se dudó de mi vida. Truje en pie este negro mal, que negro debe ser, pues Vuestra Excelencia me receta negras, más de veinte días con grande trabajo y pena, tanto que entendí que me había vuelto don [[Juan Ruiz de Alarcón|Juan de Alarcón]]; y al fin caí en la cama, hoy hace dieciocho días, de una hinchazón tan dolorosa, que me encendía en terribles calenturas y me causó tantos males que ya me lloraban las musas domésticas y extrañas. Sea Dios alabado, su Santísima Madre y San Isidro, que estoy en puerto de claridad, que en abril, y no pocos años, mucho había que temer''.<ref>Citado por Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin, ''Vida y obra de Lope de Vega'', Madrid: Homolegens, 2011.</ref>
A pesar de los honores que recibió del [[Felipe IV de España|rey]] y del [[Urbano VIII|papa]], los últimos años de Lope fueron infelices. En su ''Égloga a Claudio'' (1632) aparece su amargo desengaño por haber intentado alcanzar el cargo fijo de capellán del duque de Sessa o el de cronista de Felipe IV y se considera ya de vuelta de todo. Además había sufrido que Marta se volviera ciega en 1626 y falleciera loca en ese mismo año de 1632, como cuenta en el recuerdo que le dedica en las octavas reales de la égloga ''Amarilis'', que se publicaría en 1633. También en 1632 publica ''[[La Dorotea]]'', una meditación sobre sus amores de juventud. Y evoca la muerte de Marta en este soneto de las ''Rimas humanas y divinas de Tomé de Burguillos'' (1634) titulado «Que al amor verdadero no le olvidan el tiempo ni la muerte»:
 
Ya tenía sesenta y seis años, no estaba para trotes. La punzada contra [[Juan Ruiz de Alarcón]] se explica por la maledicencia: en la comedia del ingenio mexicano ''Los pechos privilegiados'' se había deslizado una pícara alusión al connubio marital del cura donjuán y la moza:
 
:''Culpa a un viejo avellanado / tan verde que, al mismo tiempo / que está aforrado de martas, / anda haciendo madalenas''.
 
AEntre el apenas soterrado escándalo de los casi veinte años de vida que pasó con Marta de Nevares Santoyo y a pesar de los honores que recibió del [[Felipe IV de España|rey]] y del [[Urbano VIII|papa]], los últimos años de Lope fueron infelices. En su ''Égloga a Claudio'' (1632) aparece su amargo desengaño por haber intentado alcanzar el cargo fijo de capellán del duque de Sessa o el de cronista de Felipe IV y se considera ya de vuelta de todo. Además había sufrido que Marta se volviera ciega en 1626 y falleciera loca en ese mismo año de 1632, como cuenta en el recuerdo que le dedica en las octavas reales de la égloga ''Amarilis'', que se publicaría en 1633. También en 1632 publica ''[[La Dorotea]]'', una meditación sobre sus amores de juventud. Y evoca la muerte de Marta en este soneto de las ''Rimas humanas y divinas de Tomé de Burguillos'' (1634) titulado «Que al amor verdadero no le olvidan el tiempo ni la muerte»:
 
:''Resuelta en polvo ya, mas siempre hermosa, / sin dejarme vivir, vive serena / aquella luz, que fue mi gloria y pena, / y me hace guerra, cuando en paz reposa. / Tan vivo está el jazmín, la pura rosa, / que, blandamente ardiendo en azucena, / me abrasa el alma de memorias llena: / ceniza de su fénix amorosa. / ¡Oh, memoria cruel de mis enojos!, / ¿qué honor te puede dar mi sentimiento, / en polvo convertidos sus despojos? / Permíteme callar solo un momento: / que ya no tienen lágrimas mis ojos, / ni conceptos de amor mi pensamiento.''
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