Diferencia entre revisiones de «Fonda (España)»

1 byte añadido ,  hace 2 años
m
Correcciones ortográficas
(Error ortográfico corregido)
m (Correcciones ortográficas)
Numerosos documentos de la época glosan y denuncian el lamentable estado de la cultura del hospedaje en el Madrid de los [[casa de Austria|Austrias]] y los [[Casa de Borbón (España)|Borbones]].{{sfn|Mesonero|1833|}}{{sfn|Díaz|1991|}}{{sfn|Gutiérrez Ronco|1984|p=43-44}} Así describía un viajero la [[La Fontana de Oro (fonda)|Fontana de Oro]],{{sfn|Besas|2009|pp=49 a 68}} supuestamente una de las más lujosas de la capital del ‘imperio español’: «...las paredes estaban desnudas, el yeso se había caído a trozos y el suelo estaba cubierto de [[baldosín|baldosines]] de color ladrillo, muchos rotos, otros incluso desaparecidos, los muebles consistían en una destartalada carriola, una mesa de madera en mal estado y un par de sillas de mimbre... y la única fuente de calor era un mísero brasero». La propia Fonda de París, en la [[Puerta del Sol]], primer hotel internacional que tuvo Madrid, inaugurado en 1864 con capital y gestión de empresarios franceses, no era más que una modesta sombra de la hostelería europea.<ref>{{cita web |url= http://www.edicioneslalibreria.es/las-fondas-madrilenas-del-s-xix/|título= Las fondas madrileñas del S. XIX|fechaacceso=15 de octubre de 2017 |fecha= 30 de septiembre de 2010|obra=edicioneslalibreria.es}}</ref><ref group='lower-alpha'>En su libro dedicado a las fondas madrileñas, Peter Besas y su hijo hicieron en 2009 un interesante inventario de esta industria, sobre la base de una muy completa bibliografía.</ref><ref>{{cita web |url= https://elpais.com/diario/2011/03/26/madrid/1301142267_850215.html|título=Los secretos de una curiosa ciudad |fechaacceso=15 de octubre de 2017 | apellido={{versalita|Fanjul}}| nombre=Sergio C. |fecha= 26 de marzo de 2011|obra= elpais.com}}</ref>{{sfn|Fernández de los Ríos|1876|p= }}{{sfn|Repide|2011|p= }}
 
Otro singular establecimiento madrileño del ramo fue la que Galdós llama ''Fonda Española'' de la [[calle de la Abada]], en su [[episodios nacionales|episodio nacional]] dedicado a ''[[Manuel Montes de Oca (militar)|Montes de Oca]]'', y que presenta así en el capitulocapítulo I de dicha novela histórica:<ref>{{cita libro |apellido={{versalita|Tierno Galván}}| nombre=Enrique |enlaceautor=Enrique Tierno Galván| título= Galdós y el episodio nacional Montes de Oca| editorial=Tecnos | ubicación=Madrid | año=1979 | isbn= 8430908242 }}</ref>
 
{{Cita|En los cuarenta andaba el siglo cuando se inauguró (calle de la Abada, número tantos) el comedor o comedero público de Perote y Lopresti, con el rótulo de Fonda Española. No digamos, extremando el elogio, que fue el primer establecimiento montado en Madrid según el moderno estilo francés; mas no le disputemos la gloria de haber intentado antes que ningún otro realizar lo de utile dulci, anunciándose con el programa de la bondad unida a la baratura, y cumpliendo puntualmente, mientras pudo, su compromiso. La exótica palabra restaurant no era todavía vocablo corriente en bocas españolas: se decía fonda y comer de fonda, y fondas eran los alojamientos con manutención y asistencia, así como los refectorios sin pupilaje. Es forzoso reconocer que si nuestros antiguos bodegones y hosterías conservaban la tradición del comer castizo, bien sazonado y substancioso, los italianos, maestros en esta como en otras artes, introdujeron las buenas formas de servicio y un poco de aseo, o sus apariencias hipócritas, que hasta cierto punto suplen el aseo mismo. No fue tampoco reforma baladí el sustituir la lista verbal, recitada por el mozo, con la lista escrita, que encabezaban los ordubres, estrambótica versión del término hors d'œuvre. Lo que principalmente constituye el mérito de los italianos es la introducción del precio fijo, la regla económica de servir buen número de platos por el módico estipendio de doce reales, pues con tal sistema adaptaban su industria a la pobreza nacional, y establecían relaciones seguras con un público casi totalmente compuesto de empleados y militares de mezquino sueldo, de calaveras sin peculio, o de familias que empezaban a gustar la vanidad de comer fuera de casa en días señalados o conmemorativos.|Benito Pérez Galdós (1900) }}
2923

ediciones