Diferencia entre revisiones de «Tratado de amistad y alianza entre el gobierno de Mongolia y el Tíbet»

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Después de la caída de la [[dinastía Qing]], en [[1911]], el [[Reino del Tíbet]] y el [[Kanato de Mongolia]] declararon su independencia formal y designaron a un [[lama]] como jefe de estado, aunque ninguno de los dos países fue reconocido por [[China]].
 
Por medio de este tratado, Mongolia y el Tíbet se reconocían mutuamente y establecían una alianza. Por parte de Mongolia firmaron el acuerdo el ministro de Asuntos exteriores Da Lama Ravdan y el general [[Manlaibaatar Damdinsüren]]; los representantes del Tíbet fueron [[Agvan Dorjiev]], de etnia [[Pueblo buriato|buriata]] y con ciudadanía rusa; Chijamts, y Gendun-Galsan, con ciudadanía tibetana. Hay algunas dudas sobre la validez de este tratado, porque el decimotercer [[dalai lama]] negó que autorizara Dorjiev a negociar un tratado con Mongolia, y de hecho ni él ni el gobierno tibetano ratificaron nunca el texto.<ref name="bell">Bello, Charles,''Tíbet Pasto and Presente'', 1924, pp. 150f, 228f, 304f.</ref> El gobierno ruso manifestó que, como ciudadano de su país, seguramente Dorjiev no podía llevar a cabo una actuación diplomática en nombre del dalai lama.<ref>ArxiuArchivo del Foreign Office del RegneReino UnitUnido: FO 371/1608.</ref> La versión en mongol del tratado la publicó en 1982 la Academia Mongol de las Ciencias.<ref>Udo B. Barkmann,''Geschichte der Mongolei'', Bonn 1999, p. 380f.</ref>
 
En cualquier caso, la mayoría de las potencias mundiales continuaron sin reconocer Mongolia ni el Tíbet, que consideraban regiones autónomas bajo soberanía china. Los intereses de las potencias occidentales (particularmente [[Rusia]] y el [[Reino Unido]]) en estas áreas estaban garantizados gracias a los tratados que habían firmado con la dinastía Qing, que China había prometido respetar. Reconociendo la independencia de Mongolia o del Tíbet, los países occidentales habrían invalidado estos tratados. Además, a las potencias occidentales (y de nuevo especialmente a Rusia y al Reino Unido) les preocupaba que si estos países se declaraban independientes podían caer bajo la influencia de alguna otra potencia, una situación que consideraban peor que mantener el '' [[statu quo]] '', con los dos territorios nominalmente bajo control de una débil China.
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