Diferencia entre revisiones de «Bastilla»

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[[Image:Bastille 1719.jpg|thumb|180px|[[Dragón|Dragone]]s destruyen la bastilla en la portada de la obra de Bucquoy, ''Die Bastille oder die Hölle der Lebenden'']]
 
Durante el siglo XVIII, la Bastilla fue muy criticada por los escritores franceses, siendo denominada como símbolo para el [[despotismo]] ministerial; esta crítica resultaría en reformas y planes para su abolición.<ref name="Reichardt, p.226">Reichardt, p.226.</ref> La primera crítica mayor vino por parte de Constantin de Renneville, quien fue prisionero de la Bastilla por 11 años y publicó sus vivencias en 1715 en su libro ''L'Inquisition françois''.<ref>Lüsebrink and Reichardt, p.10; Renneville (1719).</ref> Rennevelle presentó un relato dramático de su detención, explicando que a pesar de ser inocente sufrió abusos y fue dejado para morir en una de las mazmorras de la Bastilla, siendo encadenado junto a un cadáver.<ref>Lüsebrink and Reichardt, p.11.</ref> Más críticas siguieron en 1719 cuando Abbéel abad Jean de Bucquoy, quien escapó de la Bastilla diez años antes, publicó un recuento de sus aventuras desde la seguridad de [[Hanover]]; dando un recuento similar al de Renneville y señalando a la Bastilla como un "infierno para los vivientes".<ref>Coueret, p.13; Lüsebrink and Reichardt, p.12; Bucquoy (1719).</ref> Voltaire añadió a la reputación notoria de la Bastilla cuando escribió acerca del caso del "[[El hombre de la máscara de hierro|Hombre de la máscara de hierro]]" en 1751, para después criticar la forma en que fue tratado él mismo mientras estaba detenido en la Bastilla, en la que señaló a la fortaleza como un "lugar de venganza".<ref>Lüsebrink and Reichardt, pp.14–5, 26.</ref>{{refn|[[Voltaire]] is usually considered to have exaggerated his hardships, as he received a string of visitors each day and in fact voluntarily stayed on within the Bastille after he was officially released in order to complete some business affairs. He also campaigned to have others sent to the Bastille.<ref>Lüsebrink and Reichardt, pp.26–7.</ref>|group=upper-alpha}}
 
En 1780 las reformas penitenciarias se convirtieron en tema popular para los escritores franceses y la Bastilla fue especial blanco de las críticas y señalamientos como símbolo del despotismo arbitrario.<ref>Schama, p.333; Lüsebrink and Reichardt, p.19.</ref> Dos autores fueron particularmente influencia durante este periodo. El primero fue [[Simon-Nicolas-Henri Linguet|Simon-Nicolas Linguet]], quien fue arrestado y detenido en la Bastilla en 1780, después de publicar una crítica a Maréchal Duras.<ref name=SchamaP334>Schama, p.334.</ref> Al ser liberado, él publica sus memorias "''Mémoires sur la Bastille"'' en 1783, una crítica abrumadora hacia la institución.<ref>Schama, p.334; Linguet (2005).</ref> Linguet criticó las condiciones físicas en las que se mantenía, a veces erróneamente, pero capturó en detalle los efectos psicológicos del régimen de la prisión sobre el recluso.<ref>Schama, pp.334–5.</ref>{{refn|The accuracy of all of Linguet's records on the physical conditions have been questioned by modern historians, for example Simon Schama.<ref name=SchamaP334/>|group=upper-alpha}} Linguet también alentó a Luis XVI a destruir la Bastilla, publicando un grabado representando al rey anunciando a los prisioneros, "¡que sean libres y vivan!", una frase que tomó prestada de Voltaire.<ref name="Reichardt, p.226"/>
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