Diferencia entre revisiones de «Guerra de Restauración portuguesa»

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Este sería el comienzo de un periodo en el que [[Portugal bajo la Casa de Austria|Portugal junto con los demás reinos hispánicos]] fue gobernado por [[virrey]]es o gobernadores de los [[Anexo:Reyes_de_España|reyes de España]], viviendo bajo el dominio de la rama española de la [[casa de Habsburgo]], compartiendo el mismo monarca en una [[unión dinástica|monarquía dual]] ''[[aeque principaliter]]'', que se prolongaría hasta [[1640]].{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=20}} Al tiempo, en Madrid existía un Consejo de Portugal —compuesto en exclusiva por portugueses— para asesorar al rey sobre asuntos concernientes al reino.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=21}}{{harvnp|Bouza|1991|p=215}} Portugal conservó, empero, sus propias leyes e instituciones,{{harvnp|Valladares Ramírez|1995|p=108}}{{harvnp|Graça de Sousa|2018|p=100}} que le permitieron mantenerse como nación cuasiindependiente con un importante imperio ultramarino que le otorgaba grandes ventajas económicas.{{harvnp|Castilla Soto|Cuba Regueira|1996|p=231}}{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=20}} El rey se comprometió además a defender el vasto imperio portugués, que se extendía por territorios americanos, africanos y asiáticos.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=20}} Los nobles aumentaron su poder político y económico a costa del de la Corona.{{harvnp|Bouza|1991|p=214}} No obstante, la autonomía portuguesa se redujo durante el reinado de [[Felipe III de España|Felipe III]].{{harvnp|Graça de Sousa|2018|p=100}}
 
La ilusión inicial de las dos partes, que esperaban prosperar con la unión, duró aproximadamente hasta la firma de la [[Tregua de los Doce Años]] con las [[Provincias Unidas de los Países Bajos]] en 1609.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=20}} La tensión creció a partir de entonces, ahondada por las depredaciones holandesas en Brasil, que se acentuaron tras el fin de la Tregua.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=20}}{{harvnp|Chaunu|Chaunu|1954|p=45}}{{refn|group="nota"|La tregua tampoco impidió a los holandeses continuar el despojo de las posesiones portuguesas en Asia, muy menguadas ya entre 1600 y 1609.{{harvnp|Chaunu|Chaunu|1954|p=45}}}} El aumento de impuestos de 1611 tampoco mejoró la situación, al empobrecer a la población, y la crisis económica y política se ahondó durante la década siguiente.{{harvnp|Graça de Sousa|2018|p=100}} A partir de 1630, se extendió el espíritu de la sublevación que se desató finalmente en 1640.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=20}}{{harvnp|Valladares Ramírez|1995|p=109}} La década se caracterizó por las sucesivas revueltas y el malestar social: las hubo en Oporto y Lisboa en 1629 y en Évora en 1637.{{harvnp|Valladares Ramírez|1995b|p=19}}{{harvnp|Graça de Sousa|2018|p=101}} La principal causa del descontento eran los perjuicios que para los portugueses suponía el conflicto entre la Corona y los holandeses.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|pp=20-21}}{{harvnp|Prestage|1934|p=89}} A esto se unió, a principios del reinado de Felipe IV, la reglamentación a la que el valido regio, [[conde-duque de Olivares]], sometió el comercio luso.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=21}} Otra de las razones del descontento era la incapacidad real para defender las colonias de otras potencias como Francia ene Inglaterra,{{harvnp|Graça de Sousa|2018|p=101}} pese a los esfuerzos gubernamentales, poco apreciados en Portugal.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|pp=21-22}}{{refn|group="nota"|Ejemplo de ello fue la gran operación de [[Jornada del Brasil|recuperación de Bahía]] en 1625,{{harvnp|Chaunu|Chaunu|1954|p=46}} que no satisfizo del todo a los portugueses.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=22}}}}{{harvnp|Chaunu|Chaunu|1954|p=45}} Un cuarto motivo de queja, la ausencia del soberano, en realidad era hipócrita, pues la nobleza la aprovechó para aumentar su poder en el territorio mediante la participación en juntas de administración que trataban de rivalizar con el poder del virrey.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=21}}{{harvnp|Bouza|1991|p=215}} Relacionada con esta se hallaba el empeño real en recuperar las rentas que le correspondían, entregadas principalmente en usufructo a la nobleza, y reformar la tributación para aumentar las contribuciones de los privilegiados, objetivos que disgustaron profundamente a los portugueses.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=22}}{{harvnp|Valladares Ramírez|1995|p=111}}
 
Los partidarios de la unión, los que habían salido favorecidos por ella (los miembros de la Administración, el alto clero y la alta nobleza) defendían en general la interpretación de la Corona del pacto de las Cortes de Tomar: una merced real que el rey podía mudar cuando desease.{{harvnp|Valladares Ramírez|1995|p=109}}{{harvnp|Bouza|1991|p=217}} Los preteridos, fundamentalmente la baja nobleza,{{harvnp|Valladares Ramírez|1995|pp=110-111}} temían perder sus privilegios, ser víctimas de las revueltas populares cada vez más frecuentes o ser perjudicados por los asaltos de ingleses y holandeses.{{harvnp|Valladares Ramírez|1995|p=109}} Así, estos nobles tampoco eran favorables a los Austrias.{{harvnp|Rodríguez Hernández|2012|p=65}} Estos veían en la política fiscal de la corte madrileña una vulneración de sus privilegios y encontraban en los grandes nobles instalados en la corte un obstáculo a sus ambiciones de promoción.{{harvnp|Valladares Ramírez|1998|p=226}}
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