Diferencia entre revisiones de «La historia interminable»

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Alusión sobre "artistas modernos" eliminada, por su total subjetividad. El propio Ende, por otro lado, es hijo de un notable pintor surrealista.
m (Corrección ortográfica menor)
(Alusión sobre "artistas modernos" eliminada, por su total subjetividad. El propio Ende, por otro lado, es hijo de un notable pintor surrealista.)
Gracias a Áuryn logra conseguir que todos sus deseos se hagan realidad, como ser un gran deportista, un inteligentísimo sabio, un gran artista. Sin embargo, esto supone un gasto para él, pues por cada deseo que se pide a sí mismo, pierde un recuerdo. De este modo, al convertirse en un chico fuerte olvida su debilidad; al convertirse en un artista, olvida sus modestas e imaginativas historias de cuando era pequeño; al convertirse en alguien temido, olvida que una vez fue la víctima de los abusos de los demás, etc.
 
Así pues, Bastián acaba descubriendo a sus antecesores en [[la Ciudad de los Antiguos Emperadores]] en uno de los momentos más intensos del relato. Se trata de un lugar de locura, dantesco, donde van a parar los viajeros de Fantasia (esto es, creadores de historias) que vinieron antes, pero que se perdieron allá, que olvidaron todo sobre el mundo “real”, que dejaron de desear. Es terrible como los actos de estos antiguos emperadores de Fantasia se parecen notablemente a las acciones de algunos artistas llamados “modernos”. Hay uno, por ejemplo, que hace un agujero en la tierra y entierra en él una vela encendida. Sin embargo, lo más impresionante es un juego que se lleva a cabo: los lunáticos (a ese estado están reducidos los antiguos emperadores) hacen rodar unos dados con letras inscritas en las caras. ''Ya no saben narrar. Han perdido el lenguaje. Por eso he inventado ese juego para ellos. Como ves, los entretiene. Y es muy fácil. Si lo piensas, tendrás que admitir que todas las historias del mundo, en el fondo, se componen solo de veintiséis letras. Las letras son siempre las mismas y solo cambia su combinación. Con las letras se hacen palabras, con las palabras frases, con las frases capítulos y con los capítulos historias. (…) Y si se juega eternamente tendrán que surgir todos los poemas, todas las historias posibles, y luego todas las historias de historias, incluida esta precisamente en la que estamos hablando. ¿Es lógico, no?''
 
La tercera fase de la historia se inicia cuando Bastián ya no quiere poder, ya no quiere ser reconocido, ya no quiere ser sabio, ya no quiere ninguno de esos deseos banales y sin sentido que había tenido... sólo quiere ser querido, ser amado por lo que es. Pero estos deseos no hacen más que seguir destruyéndole por lo que, al final, con su último recuerdo en sus manos, todo lo que recuerda de su anterior vida en el mundo que no es Fantasia, inicia un viaje. Pero, por desgracia, todo lo que conservaba se perdió para siempre por culpa de sus propias creaciones anteriores. Bastián pierde su último recuerdo. Sin embargo, ocurre un milagro. Al comienzo de sus viajes, Atreyu consigue, a pesar de su resistencia, que Bastián le cuente todo acerca de su mundo. Atreyu recuerda por Bastián. Nueva metáfora: Bastián se ha dejado impreso a sí mismo en sus creaciones. Y no es casualidad que el héroe que finalmente acude en su ayuda es el mismo que, en un principio, le hizo sentir el deseo de leer.
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