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Cambios

Algunos oficiales antiguos consideran que los miembros de las Fuerzas actuales no son comparables con los militares que componían las Fuerzas Armadas Imperiales, si bien las Fuerzas de Autodefensa son normalmente vistas como profesionales y capacitadas. En comparación con sus homólogos de otros países, cabe decir que los miembros de las Fuerzas de Autodefensa reciben una importante educación y entrenamiento físicos. La alfabetización es universal y la enseñanza, extensiva. El personal también es formado en distintas [[artes marciales]] como el [[judo]] o el [[kendo]], y los estándares físicos solicitados son muy altos y estrictos. Pese a todo, las Fuerzas de Autodefensa no atraen a los jóvenes de la misma manera que otras instituciones de Japón. Los graduados de las principales universidades no suelen entrar en las Fuerzas, y los aspirantes a ingresar en la Academia Nacional de la Defensa suelen ser equiparados a aquellos estudiantes que intentan entrar en las universidades locales de segunda fila.
 
Las condiciones de vida de los militares hacen que el iniciar una carrera en las Fuerzas de Autodefensa no sea tan atractivo como entrar a trabajar en la empresa privada u optar a algún puesto de funcionario. Las condiciones del servicio actual suponen menor dignidad, prestigio y comodidad que las del servicio prestado antes de la II Guerra Mundial, momento en que el militarismo en Japón estaba en su punto álgido y los líderes militares eran considerados personas influyentes no sólo en la vida militar sino en todos los ámbitos del Gobierno. Para la mayoría de los miembros del estamento militar, la profesión castrense ofrece un nivel de vida inferior a cualquier ocupación civil. Aquellos que deciden entrar en las Fuerzas de Autodefensa suelen ser considerados por la sociedad, de forma injusta, como personas incapaces de encontrar un empleo mejor.
 
Como funcionarios especiales, el personal de las Fuerzas de Autodefensa recibe sus salarios de acuerdo a las escalas retributivas aplicadas a los funcionarios civiles, en las cuales no hay distinción de rango. Esto lleva a situaciones inverosímiles, siendo posible que un subordinado cobre más que su comandante: por ejemplo, los suboficiales más antiguos tienen salarios más altos que los nuevos oficiales recién salidos de la Academia pese a tener un rango superior. Asimismo, las autoridades de Defensa no pueden contemplar en su presupuesto ninguna partida dedicada al aumento de sueldos. La edad de retiro para los altos oficiales va desde los 53 a los 55 años, mientras que la del resto oscila entre los 50 y 53. A menudo estos límites son extendidos como forma de mitigar la falta de nuevos reclutas. A finales de los 80, la Agencia de Defensa, preocupada por la dificultad de sus retirados para encontrar un empleo, comenzó a ofrecer a sus miembros más mayores la posibilidad de aprender un oficio y de ser trasladados a unidades cercanas a los lugares donde tenían pensado asentarse tras su retiro. Desde octubre de 1987, la Asociación de Colocación de las Fuerzas de Autodefensa proporcionó asistencia y nuevos empleos al personal retirado. Asimismo, este personal recibe una pensión inmediatamente después de abandonar el servicio activo, unos 10 años antes de lo que lo hacen los funcionarios civiles convencionales. Durante la década de los 90 la financiación de este sistema de pensiones comenzó a ser un problema importante al producirse un notable envejecimiento de la población.
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