Diferencia entre revisiones de «Wilford Woodruff»

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Al recordar su infancia y adolescencia, Wilford Woodruff reconocía que la mano del Señor le había preservado la vida muchas veces. En un artículo titulado “Capítulo de mis accidentes”, describe algunos de los accidentes que sufrió, expresando asombro de haber vivido para contarlo. Por ejemplo, relata una aventura que tuvo en la granja de sus padres: “Cuando tenía seis años, un toro furioso estuvo a punto de matarme. Mi padre y yo estábamos dando calabazas al ganado y un toro malhumorado sacó a mi vaca del lugar donde estaba comiendo. Al levantar yo la calabaza que había quedado, el toro embistió en mi dirección. Mi padre me gritó que la soltara y corriera, pero yo estaba empeñado en que se respetaran los derechos de la vaca y corrí colina abajo con la calabaza en las manos y el toro persiguiéndome. Cuando estaba por alcanzarme, metí el pie en el agujero de un poste y caí; el toro saltó sobre mi cuerpo y embistió la calabaza destrozándola con los cuernos; yo habría corrido la misma suerte si no hubiera sido por la caída” 8 .
 
También contaba de un accidente que tuvo cuando tenía diecisiete años: “Iba montado en un caballo muy malhumorado con el cual no estaba familiarizado; mientras bajábamos por la pendiente de una colina rocosa, el caballo, aprovechándose del terreno, abandonó de un brinco el camino y corrió pendiente abajo entre las rocas, a toda carrera, al mismo tiempo dando corcovos y tratando de hacerme caer en las piedras; yo me afirmé en su cabeza, me aferré a las orejas con todas mis fuerzas y esperaba que en cualquier momento me hiciera pedazos contra las rocas. Mientras me hallaba en esa posición, montado sobre el pescuezo del animal, aferrado a las orejas y sin rienda para guiarlo, él siguió a toda carrera colina abajo hasta que se dio contra una roca con tal fuerza que cayó al suelo; salí disparado por encima de la cabeza del animal y de las rocas, a unos cinco metros de distancia; caí de pie, lo cual me pareció la única circunstancia que me salvó la vida, porque si me hubiera golpeado en cualquier otra parte del cuerpo, el golpe me habría matado instantáneamente; aúnaun así, mis huesos crujieron con mi peso como si fueran juncos. El golpe me fracturó la pierna izquierda en dos partes y me dislocó completamente ambos tobillos; y el caballo casi se me fue encima en sus esfuerzos por levantarse. Mi tío, Titus Woodruff, me vio caer, consiguió ayuda y me llevó a su casa. Me quedé allí, acostado, desde las dos de la tarde hasta las diez de la noche sin atención médica; al fin llegó mi padre con el doctor Swift, de Farmington, que me acomodó los huesos dislocados, me enyesó las piernas y me llevó esa noche en su carruaje a la casa de mi padre, a más de doce kilómetros de distancia. Pasé grandes sufrimientos, pero recibí buena atención médica y a las ocho semanas ya podía salir afuera con las muletas” 9 .
 
A Wilford Woodruff se le siguió preservando la vida, a pesar de la frecuencia con que tuvo accidentes, incluso al llegar a la edad adulta. Cuando tenía cuarenta y un años, hizo un resumen de los percances que había sufrido, expresando gratitud por la mano protectora del Señor:
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