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=== Fernando VI y el Concordato de 1753: el «mayor triunfo del regalismo español» ===
[[Archivo:Mayans.jpg|thumb|El ilustrado valenciano [[Gregorio Mayans]].]]
Tras la firma del "concordato de 1737" se puso en marcha la negociación prevista en su artículo 23 «para terminar amigablemente la controversia sobre el Patronato». Las conversaciones las inició el propio cardenal Molina pero tras su muerte fue sustituido por el confesor de Felipe V, el jesuita francés Jaime A. Fèbre, que contó con el apoyo de [[Blas Jover]], fiscal de la [[Cámara de Castilla]]. Este a su vez recurrió en 1745 al jurista ilustrado valenciano [[Gregorio Mayans]] quien redactó un ''Examen del Concordato de 1737'' en el que negaba su validez a partir de la defensa del [[episcopalismo]] [[regalismo|regalista]], y trayendo de nuevo a colación el antecedente de los [[Concilios de Toledo]] de época visigoda en los que se habría aprobado el patronato real sobre la Iglesia, por lo que los reyes españoles no necesitaban de la aprobación pontificia para ejercitar su potestad sobre la Iglesia de sus dominios, en ejercicio de las [[regalía]]s a las que el soberano no podía renunciar. Tras la muerte de Felipe V y el acensoascenso al trono de Fernando VI las negociaciones con Roma pasaron a estar dirigidas por el confesor real, el jesuita [[Francisco Rábago y Noriega]], y el [[marqués de la Ensenada]], quienes al margen de las conversaciones oficiales entablaron unas negociaciones secretas, de las que solo tenían constancia, además de Rábago y Ensenada, el rey Fernando VI, el papa [[Benedicto XIV]] y el Secretario de Estado pontificio, cardenal [[Valenti Gonzaga]].<ref>{{cita libro |apellido=Mestre |nombre=Antonio |apellido2=Pérez García| nombre2=Pablo |año=2004 |páginas=514-517 |cita=}}</ref>
 
Fue esta vía secreta, de la que no tuvieron conocimiento ni el [[Secretario de Estado y del Despacho]] [[Carvajal]] ni el nuncio que llevaron las negociaciones "oficiales", la que condujo a la firma del Concordato de 1753. El papa se negó a reconocer el patronato universal como una regalía de la Corona —la tesis sustentada por la Monarquía española, apoyada en el escrito de Mayans—, pero aceptó el dominio de la Corona sobre los beneficios eclesiásticos —lo que suponía el reconocimiento de hecho del patronato universal—, excepto de 52 que se "reservó", precisamente, como prueba de que se trataba de una gracia pontificia. De esta forma se alcanzó, según Mestre y Pérez García, "el mayor triunfo del regalismo español. Al margen de que no se aceptaba el patronato como una regalía, las concesiones eran de tal calibre que el poder del monarca sobre la Iglesia española era absoluto y completo: nombramiento de obispos, [[canónigo]]s o beneficios eclesiásticos, que pasaba a depender de la voluntad del monarca".<ref>{{cita libro |apellido=Mestre |nombre=Antonio |apellido2=Pérez García| nombre2=Pablo |año=2004 |páginas=517 |cita=}}</ref>