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=== ObituariosObituario ===
Diario [[La Capital (Rosario)]]. Si se escribiera la historia del arte y la bohemia en Rosario, Erminio Blotta, muerto al cabo de una larga enfermedad, sería una figura ineludible. No solo no se podría prescindir de él: habría que asignarle actuación relevante. Quizá la incertidumbre que tenía de su propia edad -- 80, 83, 86 años -- haya sido un índice de su despreocupación innata, esa que lo llevó a trabajar como escultor durante décadas, sin fatigas, sin que su ímproba labor, malamente redituable, le haya dado nunca, casi nunca, beneficios que no fuesen la íntima satisfacción de la obra lograda. A pesar de su desdén por los bienes materiales y de la camaradería con poetas y músicos de un tiempo que pasó, no había pausas en su quehacer. Apenas si lo detenían la inquietud ideológica y alguna fuga apresurada al Uruguay y al Paraguay, país éste donde se enamoró y se casó y donde tuvo amigos entrañables. Modelaba y esculpía con entusiasmo, fervorosamente, y lo hacía hasta hace poco tiempo, cuando casi ciego pero animoso como de muchacho, sus manos seguían creando, quizá en una suerte de adivinación de los relieves.
 
{{cita|Si se escribiera la historia del arte y la bohemia en Rosario, Erminio Blotta, muerto al cabo de una larga enfermedad, sería una figura ineludible. No solo no se podría prescindir de él: habría que asignarle actuación relevante. Quizá la incertidumbre que tenía de su propia edad ―80, 83, 86&nbsp;años― haya sido un índice de su despreocupación innata, esa que lo llevó a trabajar como escultor durante décadas, sin fatigas, sin que su ímproba labor, malamente redituable, le haya dado nunca, casi nunca, beneficios que no fuesen la íntima satisfacción de la obra lograda. A pesar de su desdén por los bienes materiales y de la camaradería con poetas y músicos de un tiempo que pasó, no había pausas en su quehacer. Apenas si lo detenían la inquietud ideológica y alguna fuga apresurada al Uruguay y al Paraguay, país este donde se enamoró y se casó y donde tuvo amigos entrañables. Modelaba y esculpía con entusiasmo, fervorosamente, y lo hacía hasta hace poco tiempo, cuando casi ciego pero animoso como de muchacho, sus manos seguían creando, quizá en una suerte de adivinación de los relieves.<br /><br />Murió pobre, con una mínima pensión municipal, quien como él, había dado a la ciudad el fruto constantemente renovado de su inspiración, por lo general fundada en la admiración que despertaban en él, hombres ejemplares, varios de estos próceres de la civilidad argentina. Pero no se lamentaba de su pobreza, que se hubiera dicho consustanciada con su modo de ser. Prefería a la queja el relato, que lo hacía feliz, de su aventura con mármoles, bronces y yesos en talleres y buhardillas. Gustaba evocar el origen humilde, su despertar a la belleza, sus lecturas improvisadas, las militancias juveniles y la revista "''Bohemia"'', y le placía hablar, aunque sin vano orgullo, sus triunfos memorables: su Beethoven, emplazado en 1917 en el parque Independencia por las propias manos de Blotta, de algunos amigos y colaboradores ocasionales, que fue el primer monumento público al ilustre músico erigido en una ciudad latina y el segundo en el mundo, luego del existente en Viena; su Alberdi, levantado por iniciativa del autor en lo que era entonces el pueblo de ese nombre; su Almafuerte.<br /><br />Autodidacto, él mismo narró alguna vez su formación en una página manuscrita destinada al archivo de este diario: «No concurrí jamás a una academia de arte. Había obtenido un premio estímulo en el Salón Nacional, y había colocado en el Colegio Nacional&nbsp;n.º&nbsp;1 el busto de Sarmiento (ese busto lo llevé desde mi taller al colegio en una carretilla y el monumento a Beethoven ya estaba en el parque Independencia y recién entré en un taller de escultura en Buenos Aires y pude ver cómo se hacían las cosas en mármol. A los 17 años (sic), el presidente Sáenz Peña me ofreció una beca y em llevaron a Buenos Aires, un mes después estaba de vuelta y la promesa no se cumplió nunca...».<br /><br />En parques y plazas, en escuelas y bibliotecas, incluso en placas conmemorativas fijadas en calles, en la torre de la Iglesia Catedral (medallón del cura Navarro) y hasta en la residencia presidencial de Olivos (busto de Roque Sáenz Peña) se aprecia la excepcional fecundidad de Blotta, su pasión laboriosa, su capacidad de realizar, San Martín, Belgrano, Moreno, Brown, Güemes, Rivadavia, Urquiza, Dante, Tolstoi, Zola, Pérez Galdós, Rosalía Castro, José Hernández, Ramón y Cajal, Pizurno, De la Torre, Kennedy, muchos más. Y los rosarinos como Marcos Lenzoni, Domingo Fontanarrosa, el maestro Mazza, Juan Álvarez, y Artemio Zeno. En el Paraguay, entre otras creaciones suyas, se encuentran los bustos del coronel Bogado y del general Caballero. En [[diario La Capital (Rosario)|''La&nbsp;Capital'']] se lo quería extrañablemente. No solo era asiduo visitante, sino que autor de bustos de Ovidio Lagos (dos de ellos ubicados en plazas públicas) y de Ovidio Amadeo Lagos, así como de placas con las efigies de Adolfo Lagos, Joaquín Lagos y Leopoldo Lagos. Asimismo, en nuestra casa, bustos de Blotta honran la memoria de Moreno, San Martín y Belgrano.<br /><br />El sepelio, efectuado ayer por la tarde en el cementerio El Salvador, constituyó una ceremonia expresiva del pesar causado por la muerte del artista.|Obituario en el diario [[La Capital (Rosario)|''La Capital'' (Rosario)]]<ref>Necrológica del diario [[La Capital (Rosario)|''La Capital'']] (Rosario) del sábado 24 de enero de 1976. Posiblemente el autor de este obituario haya sido su amigo Carlos Gardelli, a la sazón secretario de redacción del diario).</ref>}}
 
Autodidacto, él mismo narró alguna vez su formación en una página manuscrita destinada al archivo de este diario: "No concurrí jamás a una academia de arte. Había obtenido un premio estímulo en el Salón Nacional, y había colocado en el Colegio Nacional Nº 1 el busto de Sarmiento (ese busto lo llevé desde mi taller al colegio en una carretilla y el monumento a Beethoven ya estaba en el parque Independencia y recién entré en un taller de escultura en Buenos Aires y pude ver cómo se hacían las cosas en mármol. A los 17 años (sic), el presidente Sáenz Peña me ofreció una beca y em llevaron a Buenos Aires, un mes después estaba de vuelta y la promesa no se cumplió nunca ..."
 
En parques y plazas, en escuelas y bibliotecas, incluso en placas conmemorativas fijadas en calles, en la torre de la Iglesia Catedral (medallón del cura Navarro) y hasta en la residencia presidencial de Olivos (busto de Roque Sáenz Peña) se aprecia la excepcional fecundidad de Blotta, su pasión laboriosa, su capacidad de realizar, San Martín, Belgrano, Moreno, Brown, Güemes, Rivadavia, Urquiza, Dante, Tolstoi, Zola, Pérez Galdós, Rosalía Castro, José Hernández, Ramón y Cajal, Pizurno, De la Torre, Kennedy, muchos más. Y los rosarinos como Marcos Lenzoni, Domingo Fontanarrosa, el maestro Mazza, Juan Álvarez, y Artemio Zeno. En el Paraguay, entre otras creaciones suyas, se encuentran los bustos del coronel Bogado y del general Caballero. En LA CAPITAL se lo quería extrañablemente. no solo era asiduo visitante, sino que autor de bustos de Ovidio Lagos, dos de ellos ubicados en plazas públicas, y de Ovidio Amadeo Lagos, así como de placas con las efigies de Adolfo lagos, Joaquín Lagos y Leopoldo Lagos. Asimismo, en nuestra casa, bustos de Blotta honran la memoria de Moreno, San Martín y Belgrano.
 
El sepelio, efectuado ayer por la tarde en el cementerio El Salvador, constituyó una ceremonia expresiva del pesar causado por la muerte del artista.<ref>Necrológica del diario La Capital, de Rosario, sábado 24 de enero de 1976.</ref>
(posiblemente el autor de este obituario sea su amigo Carlos Gardelli, a la sazón secretario de redacción del diario)
 
=== La calle Escultor Blotta ===