Abrir menú principal

Cambios

106 bytes añadidos, hace 3 años
m
En los primeros años de la posguerra, se acercó a los que favorecían la unión de la nueva república con Alemania, por lo que consideraba como afinidad racial entre las dos naciones.{{Harvnp|Brook-Shepherd|1961|p=27}}{{Harvnp|Edmondson|1978|p=177}} Reorganizó en este sentido a la agrupación estudiantil católica a la que se había afiliado en vísperas de la guerra mundial, de la que fue elegido presidente.{{Harvnp|Brook-Shepherd|1961|p=27}}{{Harvnp|Miller|1985|p=24}} Dollfuss aplicó sus notables dotes de organización para mejorar la estructura de la organización, mejorar la situación de sus miembros y reforzar su ideología católica; disfrutaba del ambiente de fraternidad y camaradería del grupo y mantuvo toda su vida contacto con sus compañeros.{{Harvnp|Miller|1985|p=24-25}} En un congreso de estudiantes católicos celebrado en [[Ratisbona]] en agosto de 1920, coadyuvó en la aprobación de una moción que excluía de las organizaciones participantes a los alumnos «manchados con sangre judía».{{Harvnp|Brook-Shepherd|1961|p=27}} Pangermano convencido, participó intensamente en la fundación de una nueva organización estudiantil austriaca, la Unión Estudiantil Alemana y mantuvo contactos con la agrupación extremista pangermana formada en torno a la figura del [[mariscal de campo]] [[Carl von Bardolff]].{{Harvnp|Brook-Shepherd|1961|p=28}} Su patriotismo austriaco, intenso durante la guerra mundial, resurgió a lo largo de la década de 1920 por el abandono de la idea de unión con la [[República de Weimar|Alemania republicana]].{{Harvnp|Edmondson|1978|p=177}} Una vez fracasado un primer intento de pactar con Hitler a cambio de ayuda económica a principios de 1933 y ante el acoso continuo de los nacionalsocialistas a su Gobierno, la defensa del nacionalismo austriaco se convirtió en una de las señas de su ideario político.{{Harvnp|Edmondson|1978|p=177}}
 
Los principales valores de Dollfuss eran tradicionales: fe en Dios, obediencia al Estado, respeto a la familia y a las costumbres rurales.{{Harvnp|Miller|1985|p=11}} El campesinado era para él la fuente de la regeneración del país, un ejemplo de virtudes morales y, en consecuencia, el grupo cuyos intereses había que favorecer.{{Harvnp|Miller|1985|ppp=12, 235}} La economía nacional dependía fundamentalmente, según él, de la campesina.{{Harvnp|Miller|1985|p=12}} para garantizar la viabilidad de esta, Dolfuss acabó por tratar de eliminar la economía liberal y sustituirla por otra controlada, dirigida por las organizaciones campesinas apoyadas por el Estado.{{Harvnp|Miller|1985|ppp=47, 236}}
 
Durante la posguerra le influyeron notablemente las corporativistas del filósofo [[Othmar Spann]],{{Harvnp|Thorpe|2010|p=321-322}}{{Harvnp|Miller|1985|p=4}} a cuyas conferencias acudió en varias ocasiones, y los aspectos sociales de la encíclica ''[[Rerum novarum]]''{{Harvnp|Miller|1985|p=236}} de 1891.{{Harvnp|Bischof|Pelinka|Lassner|2003|p=125-126}} Spann rechazaba tanto el socialismo como el liberalismo y abogaba por la recuperación de las relaciones sociales medievales, que consideraba menos individualistas y conflictivas.{{Harvnp|Bischof|Pelinka|Lassner|2003|p=126}} Sostenía que la sociedad no se basaba en los individuos, sino en las agrupaciones profesionales, los [[estamentos]], que debían proteger a sus miembros al tiempo que exigían de estos subordinación a sus dirigentes, que se reservaban toda función política.{{Harvnp|Bischof|Pelinka|Lassner|2003|p=126}} El Estado se formaba entonces por la cooperación de los dirigentes de los estamentos, en un sistema autoritario y antidemocrático{{Harvnp|Thorpe|2010|p=321}} pero colaborativo.{{Harvnp|Bischof|Pelinka|Lassner|2003|p=126}} Aunque se admitía la existencia de la propiedad privada, esta debía utilizarse para el bien común, que decidía el Estado:{{Harvnp|Miller|1985|pp=35-36}} el sistema de Spann favorecía así la intervención estatal en la economía, modelo que Dollfuss adoptó en toda su carrera política.{{Harvnp|Bischof|Pelinka|Lassner|2003|p=126}} La crítica a la explotación capitalista de la encíclica papal de 1891{{Harvnp|Thorpe|2010|p=321}} y del reformismo católico de finales del siglo {{versalita|xix}} y comienzos del {{versalita|xx}} también influyeron en Dollfuss, que fomentó más tarde desde sus cargos los controles{{Harvnp|Miller|1985|p=36}} del mercado para asegurar la subsistencia del campesinado.{{Harvnp|Bischof|Pelinka|Lassner|2003|p=126-127}}
 
Sus estudios sobre las cooperativas en Alemania también marcaron su idea de la democracia: Dollfuss aprobaba la colaboración que se daba en ellas, pero las entendía como un sistema piramidal, en la que los miembros debían obediencia a la dirección, elegida y experta, pero que podía obrar a voluntad, sin control de los subordinados.{{Harvnp|Bischof|Pelinka|Lassner|2003|p=128}}{{Harvnp|Miller|1985|p=4}} Para Dollfuss, la combinación de coordinación y de libertad individual hacía de la cooperativas el modelo de organización humana ideal, que defendió durante toda su carrera política.{{Harvnp|Miller|1985|p=38}} Veía en las cooperativas un sistema que corregía el abuso del capitalismo y permitía a los perjudicados por él recuperar su libertad económica y política mediante la unión.{{Harvnp|Miller|1985|p=43}} Permitía a los campesinos lograr la independencia económica que permitía a su vez su libertad política.{{Harvnp|Miller|1985|p=43}} Influido nuevamente por Spann, sostenía que su valor no era únicamente económico, sino también moral y cultural.{{Harvnp|Miller|1985|pp=35-36, 44}} Para Dollfuss, como para Spann, el fin de la economía era el bienestar de la población, no la obtención del máximo beneficio.{{Harvnp|Miller|1985|pp=35-36}} El de las cooperativas, el beneficio entre todos sus miembros, no la mera obtención de ingresos: para él, los fundamentos del sistema cooperativista no eran financieros, sino humanistas.{{Harvnp|Miller|1985|p=44}} Del tiempo del estudio de las cooperativas también data su elitismo tecnócrata, su convencimiento de que un grupo de hábiles administradores debía dirigir los destinos de la comunidad.{{Harvnp|Miller|1985|p=45}} Los miembros de esta debían someterse al arbitrio de la dirección: era la dirección la que debía controlaba a la comunidad, y no al revés.{{Harvnp|Miller|1985|p=46}} Este deseo de sometimiento a la autoridad se reflejó en toda su carrera política.{{Harvnp|Miller|1985|p=46}}
 
Otra importante influencia en la actitud de Dollfuss hacia el poder y la forma de gobernar fue la tradición autoritaria{{Harvnp|Miller|1985|p=237}} de las capas más acomodadas del campesinado, en las que Dollfuss ingresó.{{Harvnp|Miller|1988|p=406}} Los dirigentes campesinos tendían a limitar las decisiones que podían tomar directamente los labradores y a utilizar su poder de manera despótica.{{Harvnp|Miller|1988|p=407}} A principios de siglo, los pueblos austriacos elegían a sus representantes, pero mediante un sistema amañado para favorecer a los más ricos, que los controlaban en la práctica.{{Harvnp|Miller|1988|p=408}} A este sistema se unía el modelo social de paternalismo piramidal que dominaba el campo, en el que los campesinos más opulentos combinaban el control de los más pobres con actitudes de protección pseudofeudal.{{Harvnp|Miller|1988|p=408}} Una vez elegidos por sus agradecidos dependientes para los puestos gubernamentales, la autoridad de estos miembros de la elite campesina tenía escasas cortapisas.{{Harvnp|Miller|1988|p=409}} Este sistema jerárquico fue el que caracterizó la Cámara Agraria de la Baja Austria en la que Dollfuss trabajó gran parte de la década de 1920: una tecnocracia que trataba de aplicar las medidas que creía que podían beneficiar al campesinado, pero sin consultar a este.{{Harvnp|Miller|1988|p=409}}{{Harvnp|Miller|1985|ppp=6, 237}} La autoridad de los dirigentes campesinos, una vez elegidos, debía ser obedecida, no cuestionada.{{Harvnp|Miller|1985|pp=121-122, 124}} La limitación de la responsabilidad de los dirigentes hacia sus electores, de la que disfrutó durante su periodo en la cámara agraria en la década de 1920, se plasmó más tarde en la [[Constitución austriaca de 1934]].{{Harvnp|Miller|1985|p=123}}
 
Muy ambicioso y con una vena autoritaria que fue agudizándose con el tiempo era, sin embargo, de carácter jovial y de una gran humanidad, cualidades que en ocasiones atemperaban las primeras características mencionadas.{{Harvnp|Edmondson|1978|p=161}} Era impaciente y gustaba de aplicar las medidas que consideraba oportunas con celeridad, pero al mismo tiempo en ocasiones esto le hacía pecar de precipitación y le impedía aplicar acciones por consenso.{{Harvnp|Miller|1985|p=192}} Esta preferencia por la imposición rauda de medidas se acentuó con el paso del tiempo.{{Harvnp|Miller|1985|p=192}}