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{{cita|Y recordaré ante todo cómo, en esta época turbulenta y angustiosa, el Imperio Romano apeló a su antiguo favorito, el gran Andrónico, para derribar la opresora tiranía latina que, como una mala hierba, se había aferrado al joven retoño del reino. No condujo (Andrónico) con él un cuerpo de ejército marchó, ligero, hacia la ciudad que le amaba (...) El primer presente que hizo a la capital para recompensarla de su puro amor, fue librarla de la tiránica insolencia latina y limpiar el Imperio de los mismos bárbaros.|}}
 
El populista Andrónico se presentó como un auténtico rey de los campesinos. El pueblo le consagraba cantos y componía acerca de él cuentos poéticos, de los que se hallan huellas en los anales y notas manuscritas de los documentos inéditos adjuntos a la historia de Nicetas Coniates. Nicetas escribe, entre otras cosas, que Andrónico mandó erigir su propia estatua no lejos de la puerta septentrional de la iglesia de los Cuarenta Mártires, y no quiso que se le representase con atuendo imperial, sino como trabajador, muy modestamente vestido y empuñando una hoz.
 
==== Política exterior ====
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