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Discitis

Inflamación del disco intervertebral
(Redirigido desde «Espondilodiscitis»)

La discitis o espondilodiscitis es un proceso inflamatorio que afecta al disco intervertebral y, en ocasiones, a la superficie de los cuerpos vertebrales. Se presenta con mayor frecuencia en niños menores de 6 años, y suele afectar a la región lumbar de la columna.[1]​En adultos, en ocasiones se produce tras una intervención quirúrgica en la columna afectando, de igual manera, a la columna lumbar, y a menudo confundiéndose con otras patologías que cursan con dolor en esta región.[2]

Discitis
Discitis.jpg
Discitis en un niño de dos años de edad
Clasificación y recursos externos
Especialidad Reumatología
CIE-10 M46.4
CIE-9 722.90
DiseasesDB 3847
MedlinePlus 000993
MeSH D015299
Sinónimos
  • Espondilodiscitis
Wikipedia no es un consultorio médico Aviso médico 

Su síntomas más común es el con dolor lumbar, la limitación de la movilidad de la columna y, en ocasiones, la fiebre. En la mayoría de los casos tiene un origen infeccioso.[3]

Su tratamiento se basa en la administración de antibióticos durante un período de tiempo que varía de seis a diez semanas. En casos de complicación se procede a cirugía.[3][4]

Índice

EpidemiologíaEditar

La espondilodiscitis infecciosa tiene una incidencia de 0,5 a 2,5 casos por cada 100.000 habitantes.[4]​. Se da discitis cervical secundaria en un 0,59% de los pacientes que se someten a discografía cervical.[5]

EtiologíaEditar

Aunque no existe consenso respecto a las causas de la discitis, el argumento más preponderante es que esta tiene origen infeccioso.[1][3]​ Existen autores que discuten que puede darse por mecanismos traumáticos y aquellos que creen que se trata de un proceso exlusivamente inflamatorio. Un estudio de 2008 reveló que se halla un agente patógeno relacionado con la discitis en el 50% de los hemocultivos, y un 76% en el caso de cultivos por biopsia.[6]​De los agentes patógenos piogénicos encontrados, el más frecuente es el staphylococcus aureus, apareciendo en un 10-40% de los casos, especialmente en aquellos en los que se ha dado una infección intrahospitalaria. En otros casos el patógeno es el staphylococcus epidermidis —en el 5-29% de los casos—, o bacterias del género streptococcus —en el 5-20%—. También es frecuente la infección por un agente de tipo tuberculoso, siendo en este caso el más común el mycobacterium tuberculosis, aunque su incidencia es menor en los países desarrollados.[7]

También se ha identificado una causa de origen hematógeno. Aunque el núcleo pulposo del disco intervertebral está se encuentra muy bien vascularizado, este riego sanguíneo decrece a partir de la segunda década de vida. A partir de entonces, el núcleo depende de las porosidades de la concavidad central del cuerpo vertebral para su irrigación. Este estado de relativa falta de vascularización provoca el acúmulo de agentes patógenos a través de las arcadas arteriolares de los vasos y la creación de arterias colaterales secundarias a la degeneración del disco. Adicionalmente, las mucosas de los sistemas intergumentario, gastrointestinal, respiratorio y oral están relacionadas con este acúmulo a través del flujo arterial.[3]

Otra causa de la discitis puede ser de origen iatrogénico, es decir, secundaria a una intervención quirúrgica. Se cree que la discitis post-operatoria se da en hasta el 4% del total de casos de la enfermedad.[8]

A pesar de lo descrito anteriormente, su origen puede ser también aséptico.[9]

Signos y síntomasEditar

Las manifestaciones clínicas de la discitis varían según si esta se da en el adulto o en el niño:

  • En niños suele darse entre los 2 y los 5 años de edad, y suelen mostrar irrabilidad y dolor lumbar, cojera o rechazo a la realización de la marcha. En el examen físico, suelen negarse a sentarse o a flexionar el tronco y suelen presentar sensabilidad en el área de la columna relacionada. A veces se da dolor en la cadera, con rigidez o reducción de los reflejos. La mayoría de los pacientes empiezan a experimentar los síntomas un mes antes de ser diagnosticados.[10]
  • En adultos, se suele dar dolor lumbar en la zona relacionada, dificultad al andar con dolor nocturno, sensibilidad al tacto durante el examen físico y reducción del rango de movimiento en los movimientos de la columna. Además, hasta el 50% suele cursar con fiebre. Una combinación de los síntomas descritos con historia de operación en la columna garantiza casi exclusivamente un diagnóstico de discitis.[11][3]

DiagnósticoEditar

 
Imagen de un disco infectado realizada por tomografía axial computerizada.

Dentro de las pruebas de laboratorio, se da un incremento del recuento de glóbulos blancos en el 13-60% de los casos. Asimismo, la tasa de sedimentación eritrocítica y los niveles de proteína C reactiva se hallan elevados en más del 90% de los casos. El gold standard para el diagnóstico de discitis es el empleo de biopsia guiada a través de tomografía axial computerizada (TAC) y la realización de un hemocultivo, dando resultado positivo en un 70-90% de los casos. Los cultivos son esenciales a la hora de determinar o descartar su posible origen bacteriano.[3]

En cuanto a las pruebas radiológicas, la radiografía arroja una sensibilidad del 82% y una especificidad del 57%. Los primeros signos radiográficos incluyen la pérdida de la lordosis lumbar, el estrechamiento del espacio intervertebral e irregularidades en la carilla articular de los cuerpos intervertebrales. La resonancia magnética nuclear tiende a arrojar resultados muy precisos, con una sensibilidad y especificidad del 95% en ambos casos.[3]

La realización de pruebas radiológicas y de laboratorio deberá contrastarse con los síntomas que refiera el paciente durante la exploración física para confirmar el diagnóstico. Además, deberán descartarse patologías con desarrollo similar, como la espondilitis anquilosante o la sacroileítis.

TratamientoEditar

Previo a la adminitración de tratamiento mediante antibióticos, es esencial conocer el tipo de patógeno originante de la discitis a través de hemocultivo o biopsia guiada mendiante TAC. La administración de antibióticos no específicos para el agente patógeno resulta en una menor efectividad del tratamiento.[12]​ La evolución se sigue mediante la monitorización de los niveles de proteína C reactiva y la tasa de sedimentación eritrocítica.[4]

En los casos en los que persisten deformidades de la estática o limitaciones en el rango de movimiento de la columna posterior al tratamiento farmacológico, frecuentemente se emplea fisioterapia para recuperar la funcionalidad perdida. En niños, esta puede evitar la aparición de secuelas permanentes.[1]

La cirugía se reserva como tratamiento de último recurso cuando el sujeto no demuestra mejora o se dan otras complicaciones.[1]

ReferenciasEditar

  1. a b c d Blázquez Gamero, D. (2014). «Discitis o espondilodiscitis». Protocolos diagnóstico-terapéuticos de la AEP: Infectología pediátrica. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  2. Honan, M.; White, G. W.; Eisenberg, G. M. (1996-1). «Spontaneous infectious discitis in adults». The American Journal of Medicine 100 (1): 85-89. ISSN 0002-9343. PMID 8579092. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  3. a b c d e f g Shenoy, Kartik; Singla, Amit; Krystal, Jonathan D.; Razi, Afshin E.; Kim, Yong H.; Sharan, Alok D. (2018-6). «Discitis in Adults». JBJS reviews 6 (6): e6. ISSN 2329-9185. PMID 29916943. doi:10.2106/JBJS.RVW.17.00104. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  4. a b c Cebrián Parra, Juan Luis; Saez-Arenillas Martín, Alvaro; Urda Martínez-Aedo, Antonio L.; Soler Ivañez, Isabel; Agreda, Emilio; Lopez-Duran Stern, Luis (2012-2). «Management of infectious discitis. Outcome in one hundred and eight patients in a University Hospital». International Orthopaedics 36 (2): 239-244. ISSN 0341-2695. PMID 22215366. doi:10.1007/s00264-011-1445-x. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  5. Kapoor, Shruti Gupta; Huff, Jeremy; Cohen, Steven P. (2010-8). «Systematic review of the incidence of discitis after cervical discography». The Spine Journal: Official Journal of the North American Spine Society (en inglés) 10 (8): 739-745. ISSN 1878-1632. PMID 20171935. doi:10.1016/j.spinee.2009.12.022. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  6. Cottle, Lucy; Riordan, Terry (2008-6). «Infectious spondylodiscitis». The Journal of Infection 56 (6): 401-412. ISSN 1532-2742. PMID 18442854. doi:10.1016/j.jinf.2008.02.005. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  7. Kim, Chung-Jong; Song, Kyoung-Ho; Jeon, Jae-Hyun; Park, Wan Beom; Park, Sang Won; Kim, Hong-Bin; Oh, Myoung-don; Choe, Kang Won et al. (1 de octubre de 2010). «A comparative study of pyogenic and tuberculous spondylodiscitis». Spine 35 (21): E1096-1100. ISSN 1528-1159. PMID 20838270. doi:10.1097/BRS.0b013e3181e04dd3. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  8. Rohde, V.; Meyer, B.; Schaller, C.; Hassler, W. E. (1 de marzo de 1998). «Spondylodiscitis after lumbar discectomy. Incidence and a proposal for prophylaxis». Spine 23 (5): 615-620. ISSN 0362-2436. PMID 9530794. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  9. Langlois, Sandrine; Cedoz, Jean Pierre; Lohse, Anne; Toussirot, Eric; Wendling, Daniel (2005-5). «Aseptic discitis in patients with ankylosing spondylitis: a retrospective study of 14 cases». Joint, Bone, Spine: Revue Du Rhumatisme 72 (3): 248-253. ISSN 1297-319X. PMID 15850997. doi:10.1016/j.jbspin.2004.05.015. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  10. Fernandez, M.; Carrol, C. L.; Baker, C. J. (2000-6). «Discitis and vertebral osteomyelitis in children: an 18-year review». Pediatrics 105 (6): 1299-1304. ISSN 1098-4275. PMID 10835072. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  11. Chenoweth, Carol E (2013). «Vertebral Osteomyelitis , Discitis, and Spinal Epidural Abscess in Adults». Guidelines for Clinical Care. Consultado el 12 de agosto de 2018. 
  12. Fransen, B. L.; de Visser, E.; Lenting, A.; Rodenburg, G.; van Zwet, A. A.; Gisolf, E. H. (2014-4). «Recommendations for diagnosis and treatment of spondylodiscitis». The Netherlands Journal of Medicine 72 (3): 135-138. ISSN 1872-9061. PMID 24846926. Consultado el 12 de agosto de 2018.