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Experiencia

forma de conocimiento o habilidad derivados de la observación, de la participación y de la vivencia de un evento
La experiencia es en parte derivada de la observación y de la compañía de los que ya son sabios.

Experiencia (del latín experientĭa, derivado de experiri, «comprobar») es una forma de conocimiento o habilidad derivados de la observación, de la participación y de la vivencia de un suceso proveniente de las cosas que suceden en la vida, es un conocimiento que se elabora colectivamente. Así, un experto es aquella persona que tiene conocimientos más avanzados que los demás sobre una materia en cuestión.

Descripción generalEditar

El concepto de experiencia, en un sentido coloquial, generalmente se refiere al conocimiento procedimental (cómo hacer algo), en lugar del conocimiento factual (qué son las cosas). Los filósofos tratan el conocimiento basado en la experiencia como «conocimiento empírico» o un «conocimiento a posteriori».

Experiencia laboralEditar

En el ámbito del trabajo, la experiencia es base fundamental del conocimiento y conjuntamente los estudios garantiza el ser un profesional competente.

La experiencia laboral es la acumulación de conocimientos prácticos que una persona o empresa ha adquirido en el desempeño de sus funciones. Así, la experiencia laboral está estrechamente relacionada con la cantidad de años que una persona lleve ejerciendo un cargo: cuanto más tiempo ejerciendo dicho cargo, mayor será el conocimiento del mismo que se le presupondrá. Por ejemplo, cuantos más años lleve un abogado en el ejercicio de su profesión, mayor será su experiencia a la hora de realizar una demanda.

MedicinaEditar

Cuando un médico realiza un procedimiento por 100 ocasiones alcanza una experiencia que permite cuantificar sus errores y corregirlos en el futuro. Las áreas en las cuales la experiencia pesa son todas aquellas de tipo quirúrgico-invasivo. En postgrados de cirugía cada médico lleva un récord del número de apendicectomías realizadas como ejemplo o el número de colecistectomías realizadas desde el inicio de su formación [cita requerida]. Otro componente de la experiencia es el tiempo, debido a que no es lo mismo realizar 100 procedimientos en 3 años que en 10 años. Un tiempo apropiado formativo de experiencia varía de profesión a profesión, pero se conoce que por lo menos en un año se debería tener 30 procedimientos para estar "activo en manos" con respecto al tema. Los centros de formación generalmente son centros nacionales que concentran la mayoría de procedimientos y son los encargados de formar a los médicos para adquirir una experiencia en realización de los procedimientos. Este sistema se opone académicamente a la «medicina basada en la evidencia» en donde son los estudios clínicos y el conocimiento teórico que prima en las decisiones.

Escala de clasificación de la experienciaEditar

0-99: Sin experiencia: En aprendizaje.

100-199 Procedimientos: Experiencia grado 1 (Logotipo: Una estrella blanca).

200-299 Procedimientos: Experiencia grado 2 (Logotipo: Una estrella Amarilla).

300-399 Procedimientos: Experiencia grado 3 (Logotipo: Una estrella Naranja).

400-499 Procedimientos: Experiencia grado 4 (Logotipo: Una estrella Azul).

500-599 Procedimientos: Experiencia grado 5 (Logotipo: Una estrella Verde).

600-699 Procedimientos: Experiencia grado 6 (Logotipo: Una estrella Morada).

700-799 Procedimientos: Experiencia grado 7 (Logotipo: Una estrella Café).

800-899 Procedimientos: Experiencia grado 8 (Logotipo: Una estrella Negra).

900-999 Procedimientos: Experiencia grado 9 (logotipo: Una estrella Negra + una estrella blanca).

1000-1999 Procedimientos: Experiencia grado 10 (Logotipo: Una estrella Negra + Una estrella amarilla)...

En administración empresarialEditar

Las experiencias son eventos únicos y personales en el momento presente pero que pueden conducirle a momentos futuros o a reminiscencias pasadas. Elster y Loewenstein (1993) [1]

Otros autores, como Elena Alfaro, conferenciante, profesora y autora experta en Mercadotecnia experiencial, abogan por «entender el término transversalmente en todas sus acepciones» [2][3]​ dado que «"experiencia" es un término que tiene distintas acepciones pudiéndose dirigir en términos de uso, de expectativas y de vivencias».

En informáticaEditar

La experiencia de usuario es el conjunto de factores y elementos relativos a la interacción del usuario, con un entorno o dispositivo concretos, cuyo resultado es la generación de una percepción positiva o negativa de dicho servicio, producto o dispositivo. Ésta depende no sólo de los factores relativos al diseño (hardware, software, usabilidad, diseño de interacción, accesibilidad, diseño gráfico y visual, calidad de los contenidos, buscabilidad o encontrabilidad, utilidad, etc.) sino además de aspectos relativos a las emociones, sentimientos, construcción y transmisión de la marca, confiabilidad del producto, etc.

En el teatro de literaturaEditar

Una experiencia de literatura conlleva a lo teatral, podríamos incluirlo dentro de la "literatura interactiva" sin llegar a ser un juego de acción en vivo, dado que la imaginación cumple un rol más importante que la acción del espectador. Es esencialmente una obra donde el guión es el libro y su texto. El narrador/a aprovecha la energía creativa del teatro transmitiendo una composición de situaciones y personajes que expresan el texto en estado puro donde una especie de improvisación lo colorea.

En juegos de rolEditar

Por su simulacionismo mimético de la realidad, los juegos de rol representan también la experiencia ficticia que los personajes jugadores van acumulando a medida que van viviendo sus vidas de ficción: cuantas más partidas juega un jugador con un personaje determinado, más experiencia acumula ese personaje. El personaje adquiere entonces habilidades nuevas o se perfecciona en las que ya posee. Cada sistema de juego tiene diferentes maneras de representar el aumento de experiencia de los personajes, aunque los dos métodos más habituales son:

  • La atribución de puntos de experiencia (puntos que se traducen en incrementos de habilidades).
  • Las tiradas de experiencia (tiradas de dados para la mejora de las habilidades que hayan sido correctamente realizadas durante el juego).

También se denominan comúnmente puntos de experiencia, XP (por «experience points»), PX (por «puntos de experiencia») o, incluso, derivado de esta última sigla: pequis [4]​.

En videojuegos de rolEditar

La experiencia es usada en RPG`S (Role Playing Games) y A-RPG`s (Action Role Playing Games) y es una forma de determinar el avance y evolución de un personaje. Es un término acogido de los juegos de rol de mesa, juegos que se pueden denominar como «los padres de los juegos de rol» ya que de ahí nacen los Role Playing Games o RPG`s. Generalmente la experiencia es usada para indicar al jugador cuántos XP (Experience points o Puntos de experiencia) le faltan para alcanzar el siguiente nivel. No necesariamente este sistema se utiliza en juegos de rol. Se ha utilizado en muchas ocasiones en juegos que no tienen nada que ver con el género RPG y se usa meramente para un avance de habilidades del personaje controlado.

En EducaciónEditar

La noción de experiencia viene cobrando importancia en la educación, no sólo en referencia a aquellos saberes que vienen con el hacer sino principalmente en relación al aprender de los estudiantes y su pasaje por la institución escolar.

Un autor que ha profundizado sobre el concepto de experiencia es Jorge Larrosa —profesor de Filosofía de la Educación en la Universidad de Barcelona— que plantea que la experiencia refiere a “eso que me pasa[5]​ (p.88). Según el autor, podemos reconocer los siguientes principios de la experiencia: exterioridad, alteridad y alineación; subjetividad, reflexividad y transformación; singularidad, irrepetibilidad y pluralidad; pasaje y pasión; incertidumbre y libertad; finitud, cuerpo y vida.

Eso que me pasa es algo externo a mi (principio de exterioridad) —puede ser un conocimiento— es alojado por mi como sujeto paciente, pasional, subjetivo y que implica un pasaje, una aventura, dejando una huella en este paso. Esto implica que “eso me que me pasa” no depende de mí, ni de mi saber, ni de mi voluntad (principio de alteridad); y, a su vez, no me pertenece (principio de alienación).

De este modo, para Larrosa el experimentar implica ser transformado. No es sólo comprender algo o saber algo, sino que tiene que ver con aquello que no está pautado, que involucra la incertidumbre y que en ese proceso innovador me transforma. “Lo que me pasa” tiene que ver, según el autor, con un movimiento de ida y vuelta; la experiencia implica una exteriorización, y además supone que un movimiento que tiene efectos en mí, en mis saberes, en mis creencias, en mis pensamientos. A esto Larrosa lo denomina “principio de reflexividad”. El autor ejemplifica esta situación experiencial con la lectura de un libro; el lector que lee y comprende (en el sentido cognitivo) un texto, pero que no le pasa nada con este, no ha hecho ninguna experiencia; es decir, que lo importante es la relación que se establece con el texto y no el texto en sí mismo. Larrosa (2006) cita a Kafka para poner en evidencia lo anterior: “Pero lo que debemos tener son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente [...][5]​ (p. 94)

Cuando el autor habla del “principio de subjetividad” quiere significar que el sujeto de la experiencia es capaz de dejar que la experiencia le pase, es un sujeto abierto, vulnerable, expuesto a la experiencia. Esto está íntimamente relacionado con lo que el autor llama “principio de transformación”, que viene a mostrar un sujeto abierto a la transformación de sus ideas, conocimientos, pensamientos. Es así que existe una relación entre la experiencia y la formación.

La experiencia, para diferenciarse del experimento es singular, única. Cada sujeto vive su propia experiencia de manera intransferible, no hay experiencias homogéneas, hay experiencias plurales. A su vez, no hay un resultado predecible del efecto del paso de la experiencia por el sujeto, por ello habla de principio de incertidumbre y libertad. La experiencia, según Larrosa es un lugar de paso y de padecimiento, por ello, uno de sus principios es pasaje y pasión.

¿Qué implicancias tiene esta noción de experiencia en la educación? Una de las críticas más generalizadas a la escolarización es la de presentar a los estudiantes un conocimiento cerrado, previsible, desactualizado. La propuesta es lograr que en las escuelas se abra un lugar a la experiencia, que permita a los estudiantes resignificar los conocimientos y saberes y plantearse posibilidades novedosas para inscribirse en la sociedad de una manera activa.

De ahí que el sujeto de la formación no sea el sujeto del aprendizaje (por lo menos si entendemos aprendizaje en un sentido cognitivo), ni el sujeto de la educación (por lo menos si entendemos educación como algo que tiene que ver con el saber), sino el sujeto de la experiencia”.[5](Larrosa, 2006, p.91)

Este es también el planteo de otros especialistas en educación para los que escuela cuanto más incorpore reinterpretaciones y direcciones imprevistas, mayor será su capacidad de emancipación de los sujetos.

Pensar la relación experiencia y educación es importante ya que nos habilita otros modos de transcurrir en la escuela:

“Tal vez reivindicar la experiencia sea también reivindicar un modo de estar en el mundo, un modo de habitar el mundo, un modo de habitar, también, esos espacios y esos tiempos cada vez más hostiles que llamamos espacios y tiempos educativos. Unos espacios que podemos habitar como expertos, como especialistas, como profesionales, como críticos. Pero que, sin duda, habitamos también como sujetos de experiencia. Abiertos, vulnerables, sensibles, temblorosos, de carne y hueso. Unos espacios en los que, a veces, sucede lo otro, lo imprevisto. Unos espacios en los que a veces vacilan nuestras palabras, nuestros saberes, nuestras técnicas, nuestros poderes, nuestras ideas, nuestras intenciones. Como en la vida misma”.[5]​ (Larrosa, 2006, p 111).

 
“Consumimos arte pero ese arte nos atraviesa sin dejar huella en nosotros”[6]

Experiencia de la lectura dentro del contexto escolar

"Algo pasa" que es ajeno al sujeto de la experiencia, un acontecimiento que lo atraviesa y deja huellas. Es relevante destacar algunos conceptos clave que Jorge Larrosa aborda al referirse a la experiencia de la lectura, especialmente  en momentos de sobresaturación de información, de opiniones e  hiperactividad que atentan con la posibilidad de la experiencia, y  esto en ”tiempos cada vez más hostiles, que llamamos espacios y tiempos educativos[7]​ (Larrosa, 2006, p 111)

En primer lugar, Larrosa define la experiencia de lectura como una relación que  se establece entre la propia subjetividad y el texto, ese artefacto que es exterior a él, que se le presenta de algún modo incomprensible, ilegible, ajeno a lo que él, sujeto de la experiencia, sabe, conoce, piensa o siente. Algo de lo que no podrá apropiarse, amoldar a su forma, sino sólo “escuchar”, atender. Este  movimiento que hace de salir de sí mismo hacia el encuentro de algo que se encuentra afuera, es lo que llama “principio de reflexividad”

La experiencia no significa dominar técnicas de comprensión, ya que es una vivencia  que no se mueve en la dimensión de lo racional y pre-visible. Dice Larrosa: “Porque el acontecimiento escapa al orden de las causas y los efectos y no puede anticiparse su resultado”.[6]​ (Larrosa, 2006 p 99) A propósito de esto, el autor enfatiza la necesidad de diferenciar  entre “experiencia y experimento”. Un experimento, es planificable y plantea resultados homogéneos, medibles, por lo mismo se mueve en el ámbito de la generalidad. La experiencia, en cambio,  es siempre singular por lo tanto, supone la suspensión de cualquier generalización.

Este sujeto de la experiencia es singular, único. Se abre  desde lo que es y se arriesga a lo incierto, imprevisible e impredecible. Sólo así ex-poniéndose al acontecimiento, se hará permeable a la palabra de ese otro, eso otro,  que el texto trae. Solo un lector así,  sin arrogancia, podrá ser herido, ser marcado en sus palabras, en sus pensamientos, en sus formas de decir, en su subjetividad. Sólo de esta manera  podrá ser formado (de-formado) , transformado.

A los primeros tres principios se agrega otro que se considera oportuno mencionar,  “el principio de la pluralidad”. Ante un mismo hecho, una misma lectura, un mismo texto, van a surgir una pluralidad de experiencias, esto refuerza la diferencia entre la experiencia y el experimento, porque cada sujeto vive su propia experiencia, nunca homogénea ni predecible. “La experiencia produce la pluralidad…“ Es el paso de la experiencia por el sujeto, que no sólo ha salido hacia afuera ( principio de exterioridad) sino que ha sido permeable a algo que lo ha atravesado, eso que no es él mismo. Este resultado impredecible, inesperado es intransferible. Este sujeto , es el  lugar de paso, superficie sensible de padecimiento y de pasión. Porque algo se ha roto en el sujeto: un texto, una palabra, un pensamiento, han golpeado a muerte las propias palabras y pensamientos “...Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro.” (Steiner en Lenguaje y silencio Op. cit. p 101)

¿De qué maneras estos conceptos pueden colaborar en instancias de alfabetización en el sentido de la experiencia  y en el contexto escolar?

Retomando algunos de los pensamientos del autor, Larrosa habla sobre la abundancia de estímulos y la pobreza de experiencias que caracteriza a nuestro mundo  “(...) Consumimos arte pero ese arte nos atraviesa sin dejar huella en nosotros”[6]​ (Larrosa, 2006 p.96),  en este cuadro de situación, existe la posibilidad de crear condiciones para que "puedan confluir el texto adecuado con la sensibilidad adecuada”,  facilitar el “que pase algo”. La idea de lo escolar “como suspensión de un tiempo liberado y no productivo” [8]​que plantean Jan Masschelein y Maarten Simmons en su libro “Defensa de la escuela. Una cuestión pública” agrega luz al concepto, es posible que dentro de la escuela se produzcan experiencias en los términos que Larrosa sugiere.  Aquí cobra importancia el docente dispuesto a interpelar e interpelar-se, que incita la curiosidad, que invita al viaje, a la aventura. Esta travesía contiene la potencialidad del cambio, de la transformación en la persona, que ya no se proyecta en lo que lee, lo que ve o escucha sino que logra separarse para dejar lugar a la incertidumbre, para que “eso que pasa”  configure nuevas creencias, pensamientos y saberes.

Mostrar una experiencia, no es enseñar el modo como uno se ha apropiado del texto, sino cómo uno lo ha escuchado, de qué manera uno se ha abierto a lo que el texto tiene para decir (Larrosa p.100) . Sin presunciones, sin dogmatismos ni verdades absolutas, ya que la experiencia es intransferible.

En un tiempo donde no podemos parar-nos, donde  “La velocidad y lo que acarrea: la falta de silencio y de memoria”[6]​ (Larrosa, 2006, p.106) es lo que prima, es condición necesaria ralentizar el ritmo, disminuir la velocidad, suspender la lógica de la acción, para poder dar lugar a la experiencia, dar lugar a una conexión significativa.

Resulta importante tener en cuenta la generación de espacios para que las singularidades tomen cuerpo, cobre vida lo plural, para que “pase algo”, “me pase algo”, “nos pase algo”, porque “Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, para qué leemos? (Steiner en Lenguaje y silencio Op. cit. p 101)

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. ELSTER, J. & LOEWENSTEIN G. (1993): “The Role of Moral Sentiments in the Theory of Intertemporal Choice," eds., Choice Over Time, New York: Russell Sage 1993:pp. 265-286.
  2. Elena Alfaro (4 de junio de 2014). «Locos por el Customer Journey Map». PuroMarketing. Consultado el 19 de enero de 2018. 
  3. Elena Alfaro (12 de agosto de 2015). «¡Queremos realizar un proyecto de Employee Experience!». Consultado el 31 de enero de 2018. 
  4. «MERP». Blog Historias de Iramar. 
  5. a b c d Larrosa, J. (2006). Sobre la experiencia. Aloma. 
  6. a b c d Larrosa (2006). Sobre la experiencia. Aloma. 
  7. Larrosa Jorge (2006). Sobre la experiencia. Aloma. 
  8. Masschelein J., y Simmons M. (2014). Defensa de la escuela. Una cuestión pública. Miño y Dávila. 

Enlaces externosEditar