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Falsa equivalencia

CaracterísticasEditar

La forma común de llevar a cabo esta falacia es aferrándose a un rasgo común entre dos temas y asumir que existe una equivalencia entre ambos. Es el resultado de tomar un rasgo común que puede ser fortuito o anecdótico y asumir que por ello ambos objetos o temas son necesariamente equivalentes, lo que implica ignorar selectivamente otros rasgos que no son comunes.
El patrón de esta falacia es así: "Si A tiene la propiedad C y D, y B tiene la propiedad D y E, entonces A y B son equivalentes ya que ambas contienen la propiedad D."


En este caso es cierto que A y B contienen la propiedad D, pero ello no hace que A y B sean equivalentes, ya que ambas poseen propiedades únicas que no son compartidas.

Las siguientes frases son ejemplos de falacias de falsa equivalencia:

  • "Ambos son mascotas muy suaves, por tanto no hay diferencia entre un perro y un gato."
  • "Todos nacimos desnudos, por tanto no existen diferencias entre las personas."
  • "En Escocia y en Cataluña se exige la independencia desde hace años, por tanto no existe diferencia entre la historia de Escocia como nación y la de Cataluña."

La falsa equivalencia se usa comúnmente en la política, en la que un político acusa a su oposición de haber cometido actos equivalentes.[2]​ La falacia de la falsa equivalencia no debe ser confundida con la falacia del falso equilibrio.

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Harry Phillips, Patricia Bostian, The Purposeful Argument: A Practical Guide, Brief Edition (2014), second edition, p.129.
  2. Poniewozik, James (7 de octubre de 2013). «Not 'Both Sides,' Now: Why False Equivalence Matters in the Shutdown Showdown». Time. Consultado el 8 de agosto de 2014.