Filosofía del suicidio

En ética y otras ramas de la filosofía, el suicidio plantea preguntas difíciles, respondidas de manera diferente por varios filósofos. El ensayista, novelista y dramaturgo francés Albert Camus (1913-1960) comenzó su ensayo filosófico "El mito de Sísifo" con la famosa frase "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio y es el suicidio" (en francés: Il n'y a qu'un problème philosophique vraiment sérieux : c'est le suicide).[1]

En términos filosóficos el concepto de suicidio es difícil de delimitar, ya que según las características que se consideren o no como constitutivas de un acto suicida ciertas acciones pueden quedar fuera, o por lo menos, generar cierta controversia. Determinar si un acto es suicida o no puede implicar un juicio moral subyacente, a menudo inconsciente, sobre la justificabilidad de las acciones de la persona que realiza el acto, como por ejemplo en el caso de una persona fumadora consciente de que fumar le puede causar la muerte, o en situaciones como la muerte de Sócrates o la de Jesucristo. De la misma manera, pueden darse actos suicidas que no resulten en la muerte de la persona que los realiza, o muertes voluntarias que no sean consideradas suicidio, como el caso de la eutanasia en países como Suiza o España.[2]

Se podría considerar una definición basada en la intención, es decir la noción de suicidio como la intención de provocarse la muerte; aunque en este caso el problema suele ser que prácticamente siempre detrás de la intención de morir hay otra necesidad o intención. El suicidio puede tener uno o varios objetivos como el alivio de un sufrimiento físico o mental, el martirio persiguiendo una causa moral (como la inmolación de los bonzos o de Mohamed Bouazizi) o militar (como los ataques suicida), el suicidio altruista como cumplimiento de un deber social percibido (como el sati o el harakiri), la evitación de una ejecución judicial, la venganza o la protección de una tercera persona. [3]

Argumentos a favor del suicidioEditar

Filosofía antigua y clásica occidentalEditar

El concepto de suicidio se ha utilizado como punto de reflexión por lo menos desde Platón, aunque ni el latín ni el griego clásico tenían un equivalente para el concepto actual de suicidio, y solían utilizar otro tipo de expresiones como biaiothanatos (en el sentido de "morir de una muerte violenta") o muerte auto-sacrificial (como Aquiles siguiendo voluntariamente su propio fatum).[4][5]

Platón reflexiona sobre el suicidio en varios de sus textos (Fedon 61b-62c, Leyes IX 854a3–5 y 873c-d, y República Libro III). Defiende que el suicidio es reprobable ya que el alma humana pertenece a los dioses, y querer huir de esta dependencia no es propio de una persona sabia y cuerda. Sin embargo reconoce cuatro excepciones a este principio:

  • Si la mente y el carácter se han corrompido no pueden ser rescatados, la persona tiene el deber moral de rehusar un tratamiento médico
  • Cuando el suicidio se realiza por orden judicial, como en el caso de Sócrates
  • Cuando el suicidio es obligado por una desgracia personal extrema e inevitable
  • Cuando el suicidio es el resultado de la vergüenza de haber participado en acciones manifiestamente injustas

Aristóteles argumenta que aunque el suicidio no representa una injusticia hacia uno mismo ya que lo que se hace con uno mismo es consensuado, pero si que resulta injusto hacia la comunidad o el estado (Etica Nicomáquea, Libro V, xi, 1138a).

Algunos de los máximos representantes de la filosofía estoica como Séneca, Epicteto, Cicerón y Marco Aurelio, sostuvieron que la muerte por su propia mano es a menudo una opción más honorable que una vida de miseria prolongada, siendo uno mismo el que puede juzgar si su vida merece la pena de ser vivida teniendo en cuenta la calidad de vida y la rectitud y no su duración.[6][7][8]​ Sin embargo, no legitiman el suicidio en determinadas circunstancias, como el hastío de la vida o el dolor físico, sin antes haber combatido la enfermedad con valentía, evitando huir del sufrimiento a través de una muerte irreflexiva.[9]​ Los estoicos aceptaron que el suicidio era permisible para la persona sabia en circunstancias que podrían impedirle vivir una vida virtuosa[10]​. Plutarco sostuvo que aceptar la vida bajo la tiranía habría comprometido la autoconsistencia de Catón el Joven como estoico y habría perjudicado su libertad de tomar decisiones morales honorables[11]​. El suicidio podría justificarse si uno es víctima de un dolor o una enfermedad grave,[10]​ pero de lo contrario sería visto como un rechazo del deber social de uno.[12]

Filosofía moderna occidentalEditar

Aunque en la filosofía moderna la postura frente al suicidio no sea unívoca, podemos encontrar numerosos autores que defendieron la legitimidad del suicidio, aunque habitualmente solo en determinadas circunstancias.

Michel de Montaigne, quien tuvo una importante influencia estoica y humanista, ya aclara en sus Ensayos que en la vida hay cosas peores que la muerte misma. Las justificaciones que considera legítimas son tanto el dolor como el temor de una muerte peor que el propio suicidio. Por otro lado considera que existen razones de peso para no hacerlo, como son el deber hacia el propio país y hacia Dios, y el perjuicio emocional que les podría causar a las personas que tuvieran afecto a quien se quita la vida. [13]

John Donne escribió el ensayo Biathanatos en 1608, en el que defiende la idea de que el único acto justificable de auto-homicidio es aquel en el cual el motivo principal sea la gloria a Dios, el martirio y la caridad cristiana; al cual se llega a través del uso de la razón. Es considerado el primer ensayo escrito sobre el suicidio en la cultura occidental.[14]

El filósofo empirista y emotivista David Hume argumentó en contra del argumento Tomista de que el suicidio viola la ley de Dios en cuanto que usurpa a Dios del derecho de determinar cuando termina la vida de uno. En su ensayo póstumo Del suicidio (1783) esgrimió argumentos a favor del suicidio basados en la libertad humana[15]​, incluso intentó compatibilizarlo a favor de los designios de la Providencia.[16]​ Planteó que si Dios permite que los humanos actuemos en contra de las leyes de la naturaleza para buscar la felicidad (como en el caso de enfermedades u otras calamidades), y que las leyes divinas son discernibles por la razón y que seguirlas nos lleva a la felicidad, entonces los casos en los que el suicidio aparezca racional puesto que al morir se evite un mayor sufrimiento justifican este acto y no contravienen los designios divinos. [17]​ Además defendió que solo uno mismo puede juzgar libremente si su vida merece ser vivida, e incluso consideraba el suicidio como un ejemplo de coherencia interna.[18]

Filosofía contemporánea occidentalEditar

ExistencialismoEditar

Arthur Schopenhauer afirma: "Nos dicen que el suicidio es el mayor acto de cobardía ... que el suicidio es erróneo, cuando es bastante obvio que no hay nada en el mundo para el que cada hombre tenga un título más irrebatible que su propia vida y persona", y niega que el suicidio sea inmoral y considera que es correcto quitarse la vida bajo ciertas circunstancias. En una alegoría, compara el final de una vida sujeta a un gran sufrimiento con el despertar de un sueño en el que se ha experimentado una terrible pesadilla. En su obra El mundo como voluntad y representación plantea que la vida del ser humano se encuentra bajo la forma de un continuo deseo siempre insatisfecho; y que el suicidio, aunque aceptable, no es más que una reiteración de esta insatisfacción vital. La libertad moral, el objetivo ético más elevado, debe obtenerse únicamente negando la voluntad de vivir, y el suicidio es el mismo deseo insatisfecho bajo una apariencia distinta.

Schopenhauer defiende que esta vía tan solo lo libera a uno de la vida concreta que le ha tocado vivir en condiciones desfavorables, pero no considera el suicidio como un camino válido a seguir como huida del mundo; frente a lo cual considera que la única vía válida para liberarse de la realidad de sufrimiento estructural es la vía del ascetismo y de la compasión.[19]

“Lejos de ser una negación de la voluntad, el suicidio es un fenómeno de la más fuerte afirmación de la voluntad. Pues la esencia de la negación es que no se detesta el sufrimiento, sino los goces de la vida. El suicida quiere la vida y sólo se halla descontento de las condiciones en las cuales se encuentra. Por eso, al destruir el fenómeno individual, no renuncia en modo alguno a la voluntad de vivir, sino tan sólo a la vida. Él quiere la vida, quiere una existencia y una afirmación sin trabas del cuerpo, pero el entrelazamiento de las circunstancias no se lo permite y ello le origina un enorme sufrimiento”
El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer. 1986, Tomo I, § 69, p. 541.

Para Nietzsche, filósofo existencialista y discípulo de Schopenhauer, la compasión constituye un acto de negación de la vida ya que obstaculiza la ascesis intelectual, pero el suicidio no constituye un acto de negación de la vida sino un acto de libertad humana.[20]​ Como se lee en su libro Así habló Zaratustra "Yo os alabo mi muerte, la muerte libre, que viene a mi porque yo quiero". Nietzsche también fue uno de los primeros filósofos que defendió la eutanasia, y plantea un diálogo con el médico para no alargar la vida y evitar el encarnizamiento terapéutico, ejemplificando escenarios en los que se debería llevar a cabo el suicidio asistido a fin de dignificar la propia existencia. [21][22]

LibertarismoEditar

El libertarismo afirma que la vida de una persona le pertenece solo a sí misma y ninguna otra persona tiene derecho a forzar el ideal de que la vida debe ser vivida, las personas tienen el derecho de suicidarse. Más bien solo el individuo involucrado puede tomar tal decisión y cualquier decisión que tome debe ser respetada. De esta afirmación no se sigue que el suicidio sea una necesariamente una decisión racional o prudente, sino que apela a la libertad del individuo sobre todo lo demás.[23]

El filósofo y psiquiatra Thomas Szasz va más allá, argumentando que el suicidio es el derecho más básico de todos. Si la libertad es propiedad de uno mismo, también lo es la vida y el propio cuerpo. Argumenta que el derecho a terminar con la propia vida es el derecho más básico de todos. Por tanto, si otras personas pueden obligarte a vivir, no eres dueño de ti mismo y perteneces a ellos.[24]

Jean Améry, en su libro Sobre el suicidio: un discurso sobre la muerte voluntaria (publicado originalmente en alemán en 1976) proporciona una visión conmovedora de la mente suicida. Argumenta enérgica y casi románticamente que el suicidio representa la máxima libertad de la humanidad, justificando el acto con frases como "solo llegamos a nosotros mismos en una muerte libremente elegida" y "lamentamos ridículamente la vida cotidiana y su alienación". Améry se suicidó en 1978.

AntinatalismoEditar

Pese a que en la corriente antinatalista el suicidio no se suele contemplar como una solución al problema del sufrimiento de la existencia humana ya que los vivos tienen justificaciones para seguir viviendo, y suicidarse a menudo una opción física, emocional y moralmente insoportable;[25][26]​ algunas corrientes de la filosofía antinatalista tienden a la justificación moral del suicidio, pues los seres humanos no tienen la obligación de existir ni de seguir existiendo.[27]​ El mismo Schopenhauer recomendó el ascetismo y la abstinencia sexual, a fin de evitar la reproducción de lo único y la multiplicación permanente de la voluntad.[28]

Respondiendo al debate que se da frente al suicidio en cuanto sobre quién recae el onus probandi, la antinatalista Sarah Perry sostiene que "es la persona suicida la que debe justificar su negativa a vivir, en lugar de exigir a la comunidad que justifique la acción de obligarlo a vivir".[27]

UtilitarismoEditar

El análisis utilitarista del suicidio no solo reflexiona sobre si el individuo tiene el derecho a suicidarse o de si el suicidio es moralmente aceptable, sino que juzga el acto suicida sopesando la cantidad de daño que este puede generar y/o evitar. Por un lado existe el sufrimiento que padece la persona que realiza el acto suicida, y por otro lado el sufrimiento que el suicida puede generar a las personas de su entorno, o incluso a su comunidad. El sufrimiento que padecería la persona que desea suicidarse si no realizara el acto y siguiera viviendo una vida con dolor debería sopesarse frente al sufrimiento que podrían padecer las personas que sienten amor hacia ésta; y la justificabilidad del acto suicida se debería juzgar calculando el sufrimiento total resultante. [29]

ConfucianismoEditar

El confucianismo sostiene que no seguir ciertos valores es peor que la muerte, por lo que el suicidio puede ser moralmente permisible e incluso digno de elogio, si se hace por el bien de esos valores. El énfasis confuciano en la lealtad, el autosacrificio y el honor ha tendido a alentar el suicidio altruista.[30]Confucio escribió: "Para los caballeros de propósito y los hombres de ren, mientras es inconcebible que busquen mantenerse vivos a expensas de ren, puede suceder que tengan que aceptar la muerte para poder conseguir la virtud ren".[31]

Mencio, discípulo de Confucio, escribió en sus Analectas[32][33]​:

El pescado es algo que deseo. La pata de oso también es algo que deseo. Pero si no puedo tener los dos, dejaría el pescado y elegiría la pata de oso. La vida es algo que deseo. La justicia también es algo que deseo. Pero si no puedo tener los dos, daría la vida y elegiría la justicia. La vida es algo que deseo, pero hay algo que deseo más que la vida, por lo que no seré escrupuloso en la búsqueda de la vida. La muerte es algo que odio, pero hay algo que odio más que la muerte, por lo que hay peligros que no evitaré.

BushidōEditar

Dentro del bushidō, el código ético de los samuráis, se realizaba un suicidio de forma voluntaria (harakiri) para morir de forma más honorable cuando se había perdido el honor por actos criminales o por una derrota militar. Según este código el guerrero, entre otras cosas, debía estar preparado para suicidarse ya que ser tomado como prisionero con vida por los enemigos era considerado una deshonra. En las crónicas de guerra japonesas del siglo XIV denominadas Taiheki se describen 68 eventos en los que se llegan a suicidar hasta 2140 samuráis. También se daban casos en los que el harakiri podía usarse para forzar al señor feudal a que actuara honorablemente en el caso de que estuviera actuando de forma deshonrosa.[34]

En la actualidad, aunque el harakiri fue abolido como castigo penal desde 1873, se han dado casos de este tipo de forma ritual de suicidio especialmente a causa de la derrota japonesa en la segunda guerra mundial.[35]​ Otro caso moderno de muerte por harakiri es el del escritor japonés Yukio Mishima.

Filosofía de la redenciónEditar

Philipp Mainländer escribió:[36]

"La filosofía de la redención no es sólo continuación de las doctrinas de Kant y Schopenhauer, sino también confirmación del budismo y del cristianismo puro. Aquellos sistemas filosóficos son rectificados y completados por ella, reconciliando además estas religiones con la ciencia. La filosofía de la redención fundamenta el ateísmo no en una creencia cualquiera como estas religiones, sino como filosofía en el saber y, por esta razón, queda el ateísmo, gracias a ella, por primera vez fundamentado de un modo científico."
La filosofía de la redención, Mainländer. 1996, Tomo I, p. VIII.

En la cosmovisión de Mainländer Dios existió en un principio como un todo y como unidad primordial. Es la muerte de Dios originario el punto de partida de la historia universal, que en lo físico se caracteriza por la pluralidad y en lo moral por la necesidad del sufrimiento. La historia del universo se encuentra así enmarcada por esas leyes fundamentales. Así, la voluntad que manifiestan los seres vivos son los últimos fragmentos de un dios exhausto, agonizante. Para Mainländer, el mundo funcionara con una única causa final: la nada, siguiendo lo que Mainländer denomina “teleología del exterminio”. Una vez concluido su libro, puso fin a su vida.[19]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Camus, Albert (1942). The Myth of Sisyphus (Justin O'Brien, trad.). Penguin Group. ISBN 978-0-141-18200-1. 
  2. Cholbi, Michael (2017). Zalta, Edward N., ed. The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2017 edición). Metaphysics Research Lab, Stanford University. Consultado el 22 de diciembre de 2020. 
  3. Fairbairn, Gavin J (2 de septiembre de 2003). Contemplating Suicide. pp. Capítulo 6. doi:10.4324/9780203426371. Consultado el 22 de diciembre de 2020. 
  4. Cooper, John M. (1989). Philosophy and Medicine. Springer Netherlands. pp. 9-38. ISBN 978-90-481-4039-8. Consultado el 23 de diciembre de 2020. 
  5. Librarian, Archive (8 de mayo de 2015). «HOMER(c. 8th century B.C.)from The Iliad: The Deaths of Hector and Achilles». The Ethics of Suicide Digital Archive (en inglés estadounidense). Consultado el 23 de diciembre de 2020. 
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Enlaces externosEditar