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Guillermo Prado Catalán (1910-Santiago, 3 de agosto de 2003)[1]​ fue un volantinero (artesano de volantines) chileno, reconocido como el más destacado en la historia de dicho país.[2]

ObraEditar

 
Carrete de cometa.

Desde los siete años fabricó volantines con su familia para venderlos en septiembre, con lo que comenzó su afición a estos y al vuelo aéreo. Compró libros, estudió aeronáutica de forma autodidacta y se instruyó con las cometas de China. Después ejerció como profesor civil de dicha disciplina en la Fuerza Aérea de Chile.[3]

En el taller de su casa en la comuna de Quinta Normal en la ciudad de Santiago, inventó un disco volador, que durante un evento de aeromodelismo en los años 1950, su plano suscitó el interés de oficiales de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el cual no quiso vender porque pensó que podía ser usado con fines bélicos; en los años 1960, el carrete para manejar el hilo de las cometas, que luego fue distribuido internacionalmente; y una libélula artificial.[4][5][6]

En el volantín, analizó matemáticamente su peso y tamaño ideal para lograr su mejor vuelo y eliminar la cola, determinándolo entre 48 y 52 centímetros cuadrados. Innovó la forma de los palillos e introdujo la madera de alerce, araucaria y raulí. Estampó sus cometas con diseños propios usando papel y un cálculo detallado. En los años 1960 fue contactado por el presidente de Chile Eduardo Frei Montalva para adquirirlas y las regaló a niños en Navidad, mientras que en 1973, fue invitado y las expuso en el Museo Nacional de Bellas Artes «como reconocimiento a la maestría plástica y funcional de sus creaciones», y luego anualmente en la Muestra de Artesanía UC hasta 2002, por su fallecimiento en 2003, en la que continuó representándolo su nieto.[2][3]​ Sus volantines inspiraron algunas obras del pintor compatriota Nemesio Antúnez.[7]

ReferenciasEditar

Enlaces externosEditar