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Hiperinflación argentina de 1989 y 1990

estallidos hiperinflacionarios en Argentina
(Redirigido desde «Hiperinflación argentina de 1989»)
Tasas de inflación e hiperinflación en Argentina en 1989 y 1990.

Argentina padeció un proceso hiperinflacionario dividido en dos breves etapas entre 1989 y 1990.[1][2][3]

El primero sucedió en el primer semestre de 1989 e influyó fuertemente en la derrota electoral y posterior renuncia anticipada del entonces presidente, el radical Raúl Alfonsín. El segundo sucedió entre diciembre de 1989 y marzo de 1990, durante la primera presidencia del peronista Carlos Menem, y provocó la renuncia del Ministro de Economía, Néstor Rapanelli, y el fin del Plan BB (por el grupo Bunge & Born).

Presidencia de Raúl AlfonsínEditar

AntecedentesEditar

 
Evolución de la pobreza durante el gobierno de Alfonsín.

La situación económica y social en la que Alfonsín asumió el gobierno era realmente desfavorable, interna y externamente. En 1982 estallaba la crisis de la deuda latinoamericana, ante la moratoria de México y la negativa de los acreedores a refinanciar préstamos, así como la exigencia de que la deuda se cancelara con los activos de los estados deudores. Durante el denominado Proceso de Reorganización Nacional, la deuda externa argentina había pasado de 7875 millones de dólares al finalizar 1975, a 45 087 millones de dólares al finalizar 1983.[4]

Por otro lado, el retraso salarial y la pobreza, que había aumentado del 5% en 1975 al 37% en 1982 (datos para el Gran Buenos Aires),[5]​ anticipaban grandes presiones sociales.

Gestión de Bernardo GrinspunEditar

El primer Ministro de Economía de Alfonsín fue Bernardo Grinspun. En esa época, Argentina padecía una fuerte crisis en relación a su deuda externa y Grinspun confrontaba con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El ministro quería que se auditara la deuda para declarar su nulidad por ilegítima. Procuraba organizar el llamado club de deudores, que finalmente fue desmantelado por presión de los acreedores, el FMI y los Estados Unidos.

Grinspun apuntaba a fortalecer el mercado interno mediante el aumento de salarios, con control de tarifas y tipo de cambio alto. Quince meses después de haber asumido, la inflación era de un 626 por ciento anual, lo que puso punto final a su gestión.[6]

Gestión de Juan Vital SourrouilleEditar

En febrero de 1985, Alfonsín reemplazó a Grinspun por Juan Vital Sourrouille, con el fin de implementar una política económica que atacara frontalmente a la inflación. El 14 de junio, Alfonsín y Sourrouille anunciaron en una prolongada cadena nacional por radio y televisión la puesta en marcha del Plan Austral, por el que se creaba una nueva moneda, el austral. Se le quitaron tres ceros a la moneda cambiándole la denominación, pero no el respaldo. Se anunciaron medidas de ajuste fiscal y una meta de déficit para el año. El Plan Austral pareció funcionar en sus comienzos: en octubre de ese año, la tasa de inflación mensual fue del 2%, una tasa inusualmente baja desde 1975.[7]​Sin embargo, para fin de año totalizó un 688% anual.

Para 1987, comenzaba a hacerse evidente que era necesaria una reforma económica estructural que resolviera la brecha entre recursos con que contaba el Estado nacional y el monto total de los gastos. En julio de ese año, los Ministros de Economía, Sourrouille, y de Obras y Servicios Públicos, Rodolfo Terragno, anunciaron conjuntamente un paquete de medidas para la reforma del sector público, pero el gobierno de Alfonsín no pudo avanzar mucho en este plan, por la férrea oposición del peronismo en el Congreso.

La inflación comenzó a ascender y los precios relativos de cada sector comenzaron a verse afectados, situación que se vio agravada por la gran caída de los precios de los productos argentinos de exportación (40% en el período).[8]​ El gobierno anunció entonces una flexibilización de las estrictas normas de congelación de precios establecidas un año atrás que no dio gran resultado. El programa terminó cuando hacia 1988 un rebrote inflacionario forzó a crear un nuevo programa, conocido como «Plan Primavera», que no lograría evitar la escalada de precios.

El Plan Primavera duró poco. Los operadores cambiarios lo rechazaron, no generó confianza y adicionalmente a comienzos de 1989, el Banco Mundial suspendió su ayuda a Argentina. En abril de 1988, el país entró en moratoria del pago de su deuda externa. Durante mayo de 1989, el tipo de cambio -que oficialmente se encontraba fijo- se elevó de 80 a 200 australes por cada dólar estadounidense -equivalente a una abrupta devaluación mensual de un 150%- lo que naturalmente tendió a acrecentar en gran medida las ya de por sí fuertes presiones inflacionarias; miles de personas pasaron hacia la linea de pobreza

Como corolario del proceso o fenómeno inflacionario, las tasas de interés subieron de forma descontrolada y las reservas de moneda extranjera del Banco Central comenzaron a descender de manera preocupante, a medida que el Central vendía dólares en un infructuoso esfuerzo por intentar mantener el valor o poder adquisitivo del austral.

Crisis energéticaEditar

Para colmo de males, durante este tiempo, Argentina experimentó la peor crisis energética de su historia. Una combinación de factores negativos (desperfectos en las centrales nucleares de Atucha y Embalse, en coincidencia con una sequía que afectó a las más importantes represas hidroeléctricas y un incendio que afectó a una red que distribuía luz desde la represa El Chocón) causaron infinidad de interrupciones de servicio. En consecuencia, se afectó la actividad industrial y el malestar en la población fue en aumento [9]​ por los cortes masivos, que se extendieron por más de cuatro meses.[10][11]

El gobierno alfonsinista declaró asuetos administrativos, hubieron canales de TV operando sólo cuatro horas diarias, y bancos trabajando de 8 a 12. La escasez de electricidad obligó a realizar cortes de luz rotativos de cinco horas por turno. Por el faltante energético, en diciembre las restricciones se extendieron a los espectáculos deportivos nocturnos, se prohibió la iluminación con fines ornamentales y se suprimieron trabajos nocturnos. La falta de energía eléctrica afectó también el abastecimiento del agua, y Obras Sanitarias de la Nación (OSN) tuvo que distribuirla en tanques a las zonas del Gran Buenos Aires. Se atribuyó la crisis a la falta de inversiones en materia de generación, expresando que en el período 1984-87 las inversiones en generación alcanzaron a 28 millones de dólares estadounidenses cuando en realidad deberían haber sido alrededor de 250 millones.[12]

Inestabilidad financiera y corrida bancariaEditar

Por su parte, los sectores económicamente acomodados tendieron a retirar sus depósitos de los bancos, retuvieron los dólares obtenidos mediante sus exportaciones y a propósito retardaban el pago de sus respectivos impuestos.[13][14]

El 5 de febrero, el ministro Sourrouille, el presidente del Banco Central, José Luis Machinea, y el secretario de Hacienda del Ministerio de Economía, Mario Brodersohn, resolvieron aplicar cambios en la política económica. Para ello dispusieron decretar un feriado bancario por 48 horas. Ante los rumores de inestabilidad, se inició una corrida masiva hacia el dólar. La inflación, que en febrero de 1989 era del 9,6% mensual, alcanzó 78,4% en mayo, 114,5% en junio, y 196,6% en julio, desatándose el primer pico hiperinflacionario.[15][16]

Elecciones presidenciales, estallido social, y traspaso de mandoEditar

Los resultados de las elecciones presidenciales del 14 de mayo resultaron abrumadoramente favorables al opositor Partido Justicialista (PJ). La volátil situación económica que estaba atravesando el país pronto disparó conversaciones en la ciudadanía acerca de la posibilidad de que el entonces presidente electo Menem asumiese de forma anticipada. Sin confirmarse que estén relacionadas con esto último o no, el hecho es que se desataron una serie de manifestaciones y saqueos de supermercados entre los meses de mayo y de junio, durante los últimos meses de la administración de Alfonsín. Se entiende que los mismos fueron causados por la precaria situación económica y la carestía de comida, a pesar de que muchos grupos (en Rosario por ejemplo) se alineaban con grupos de la oposición liderada por el gobernador Victor Reviglio y/o el vicegobernador Antonio Vanrell, ambos del PJ.

Los primeros disturbios comenzaron en Rosario -la tercera ciudad más grande de Argentina tras el Gran Buenos Aires y el Gran Córdoba- cuando varias personas comenzaron a demandar que algunos supermercados repartiesen comida gratuitamente. Rápidamente se extendieron hacia otras ciudades, incluyendo el propio GBA. La propia reacción policial fue más bien pasiva durante los dos primeros días, lo que contribuyó a la generalización de los disturbios. Aún está abierto a discusión si es que dicha pasividad fue a propósito o si, por el contrario, la policía fue tomada desprevenida y pronto se vio superada por la masiva dimensión que alcanzaron los tumultos.

El gobierno argentino estableció el estado de sitio, más de 40 personas fueron arrestadas y por lo menos 14 murieron (20 según informes extraoficiales). Sourrouille renunció. Se convocó a Juan Carlos Pugliese, quien al avizorar la crisis les reprochó a los empresarios su falta de respuesta. "Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo", fue la frase con la que pintó el dirigente radical su desazón.[6]

Tras dos meses de gestión, Pugliese dimitió y le siguió en ese puesto Jesús Rodríguez por dos meses más, hasta que el caos social reinante con saqueos y revueltas callejeras, obligaron a Alfonsín a renunciar anticipadamente en julio de 1989, entregando el poder a su sucesor electo.

Presidencia de Carlos MenemEditar

Plan BonexEditar

Posterior a la asunción de Menem a la presidencia, la inflación tendió a desacelerarse significativamente en los meses siguientes, aunque tuvo un fuerte repunte en el mes de diciembre, y en enero de 1990 se produjo una segunda hiperinflación, obligando a la nueva gestión a abandonar el Plan BB (por el grupo empresario Bunge & Born, que tenía una fuerte influencia en la toma de decisiones del gobierno) y provocando la renuncia del Ministro de Economía, Néstor Rapanelli, quien sería sustituido por Antonio Erman González.

Este segundo brote pudo ser parcialmente contenido hacia el mes de abril por el lanzamiento del Plan Bonex, que consistió en el canje compulsivo de los depósitos a plazo fijo por títulos públicos denominados Bonex 89, aunque agravó la fuerte recesión en la que se encontraba la economía argentina en ese momento. De todos modos, la inflación continuó siendo muy elevada durante el resto del año.[17]

Ley de Convertibilidad del AustralEditar

El 1 de marzo de 1991, González fue reemplazado por Domingo Cavallo, quien hasta entonces ocupaba el cargo de canciller. El nuevo ministro impulsaría la Ley de Convertibilidad del Austral, que sería aprobada en el Congreso el 27 de ese mismo mes, e incluía en el nuevo regimen la creación de una nueva moneda nacional, el peso convertible, que entraría en vigencia el 1 de enero de 1992. Bajo este sistema, el Banco Central estaba obligado a respaldar con sus reservas una relación de cambio en la que un dólar estadounidense tenía el mismo valor que un peso; de esta forma, se restringía la emisión de billetes como medio de financiamiento del Estado. Previo a esto, Cavallo realizó otra devaluación del austral, llevando la cotización a ₳10 000 por USD.[18][19]​​​[20]

En conjunto con otras reformas, este esquema, que se prolongaría hasta la crisis financiera de 2001-2002, lograría exitosamente reducir la espiral inflacionaria y restaurar la estabilidad financiera tras años de convulsión, mientras que el producto interno bruto (PIB) registró un importante crecimiento del 10.5% en el mismo año que se instauró, revirtiendo la contracción en la que se encontraba desde 1988.

Impacto de la hiperinflación y legadoEditar

La hiperinflación dejo una profunda huella en la población argentina y en la historia económica del país, donde se destaca en particular el estallido de 1989. La misma devoró los salarios, generó violentas protestas, revueltas, saqueos y el adelantamiento del traspaso de mando luego de las elecciones presidenciales. También provocó un aumento considerable en la tasa de personas viviendo en la pobreza, del 25% a comienzos de 1989, al récord histórico de 47,3% en octubre del mismo año.[21][22]

«La hiperinflación abrió un surco profundo en la mentalidad colectiva: angustia, impotencia y búsqueda desesperada de soluciones que alivianaran tan pesada carga» escribió el periodista Daniel Muchnik para Página/12, analizando lo que fue el proceso hiperinflacionario años después.[23]

ReferenciasEditar

  1. Rapoport, Mario (2010). «Una revisión histórica de la inflación argentina y de sus causas». Página oficial de Mario Rapoport. Consultado el 28 de septiembre de 2015. 
  2. Krikorian, Marcelo A. (2010). «La hiperinflación de 1989/90. Aportes y reflexiones sobre un episodio que marcó la historia argentina». Anales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (40). Consultado el 28 de septiembre de 2015. 
  3. http://www.mariorapoport.com.ar/uploadsarchivos/la_inflacio__n_en_pdf.pdf
  4. Banco Central, Memoria 1985, pág. 147
  5. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos [1]
  6. a b «Alfonsín, el presidente que recibió la pesada carga de la dictadura y que tuvo que lidiar con la inflación». www.telam.com.ar. Consultado el 20 de agosto de 2019. 
  7. Rapoport∗, Mario. «Aportes de Economía Política en el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Una revisión histórica de la inflación argentina y de sus causas». 
  8. Gerchunoff et al, pág. 416.
  9. La Hipoerinflación de Alfonsín y los dos planes fallidos, Revista el Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010, Guillermo Vittelli, 2014.
  10. http://www.ambito.com/noticia.asp?id=338138
  11. http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2004/03/28/z-03102.htm
  12. «Cómo fue la crisis energética de fines del 88. ¿Se repetirá». Ambito Financiero. 28 de junio de 2007. 
  13. PortalPlanetaSedna.com.ar, Resumen del Gobierno de Alfonsín
  14. TodoArgentina.net, Año 1988.
  15. Gerchunoff et al, pág. 4121.
  16. El peligro de la hiperinflación - Roberto H. Cachanosky, La Nación, 17 de mayo de 2002
  17. Ferrer, Aldo (2008). «La hegemonía neoliberal». La economía argentina. Desde sus principios hasta inicios del siglo XXI. p. 406. 
  18. «Copia archivada». Archivado desde el original el 1 de febrero de 2014. Consultado el 19 de enero de 2014. 
  19. http://www.flacso.org.ec/docs/keifman19.pdf
  20. «Convertibilidad del Austral». InfoLeg - Información Legislativa. 27 de marzo de 1991. Consultado el 19 de marzo de 2018. 
  21. INDEC.gov.ar
  22. «La Argentina, a 20 años de la hiperinflación», artículo en el diario La Nación.
  23. «A contramano del mundo», artículo en el diario Página/12 (Buenos Aires) del 18 de septiembre de 2004.

Véase tambiénEditar