Historia económica de Argentina

Historia económica de Argentina

La historia económica de Argentina es una de las más estudiadas, principalmente debido a lo que se llama la «paradoja argentina»,[1][2]

Con el segundo mayor Índice de Desarrollo Humano de Latinoamérica,[3]​ una infraestructura industrial amplia,[4]​ un avanzado nivel de desarrollo científico y tecnológico, una industria cultural sólida y pujante,[5]​ una población muy alfabetizada y con un alto grado de escolarización,[6][7]​ y una renta anual per cápita que supera los 22 000 dólares en paridad de poder adquisitivo (PPA).[8]

Según el Banco Mundial, su PIB nominal es el 2° del mundo. Además, según datos del Fondo Monetario Internacional, si se considera el poder adquisitivo de su PIB total, se transforma en el 23° país más rico del mundo. Debido a su crecimiento, es uno de los tres estados soberanos latinoamericanos que forma parte del grupo de los 20 países más ricos e industrializados del mundo. En 2015, fue clasificado por el Banco Mundial como una de las pocas naciones latinoamericanas de ingresos altos e integra de acuerdo a ciertas definiciones el selecto grupo de los NIC o nuevos países industrializados. Es reconocida como una potencia regional.

Argentina posee grandes ventajas comparativas en el campo de la agricultura, ya que es un país dotado de una gran cantidad de suelos fértiles.[9]

Entre 1860 y 1930, el modelo liberal, a través del modelo agroexportador, produjo crecimiento económico, logrando, entre otras cosas, que Argentina se posicione como el país con el PBI per cápita más alto del mundo durante 1895.[10][11]​ Durante las tres primeras décadas del siglo XX, Argentina superaba a Canadá y Australia en cuanto a población, renta nacional e ingreso per cápita.[11][12]​ en 1954 el PBI per cápita de Argentina solo era superado por los países desarrollados anglosajones poco afectados por la guerra: Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda.[13]​Para mediados de la década del 70 el PBI per capita argentino seguía entre los 20 más altos del mundo, por debajo de Austria pero superando a Italia, España y república Checa.[14]​Hacia principios de los ‘70, Argentina era el país con mayor ingreso per cápita de América latina, a la vez que el menos desigual, en 1974 Argentina poseía un PBI per cápita que era la mitad del de Estados Unidos[15]

A inicios de los años 1990, el gobierno nacional sancionó la Ley de Convertibilidad del Austral, que establecía la paridad entre el peso y el dólar estadounidense. Esta medida consiguió frenar la inflación. Además, fueron privatizadas numerosas empresas estatales. Sin embargo, una sostenida recesión a inicios del siglo XXI culminó en una situación de morosidad, por lo que el Estado devaluó el peso.[16]

Época precolombinaEditar

Las evidencias más antiguas del desarrollo de la agricultura en Argentina datan del s. I a. C, y corresponden a la cultura de Ansilta, cuyas prácticas permanecieron estables hasta el comienzo de nuestra era y la propia agricultura no logró superar un nivel de desarrollo mínimo, que resultaba marginal como aporte a la dieta de pueblos básicamente cazadores y recolectores. En un principio cultivaban quinoa, zapallo y porotos, a los que siglos más tarde sumaron el maíz. A lo largo del primer milenio a. C. también incorporaron la alfarería y el tejido; la primera era de un estilo rudimentario, de paredes gruesas, color uniformemente rojo decorada. Tejían con bastidores simples, entrecruzando los hilos a mano.[17]

En la cuenca del río San Francisco (Jujuy) se desarrolló desde mediados del último milenio antes de nuestra era el complejo agroalfarero San Francisco, a veces mencionado como cultura San Francisco. Ocuparon el norte del amplio valle, desplazándose gradualmente hacia el oeste, las tierras altas al este de la Quebrada de Humahuaca, y el sudoeste, la zona de Perico y Palpalá.[18]

Se trató de poblaciones dedicadas a la caza, pesca y recolección, en un ambiente especialmente generoso en la provisión de alimentos que les permitió establecerse en sitios fijos. Allí desarrollaron una agricultura incipiente y una cerámica muy desarrollada.[19]​ En el norte las culturas diaguitas combinaban el cultivo de laderas en terrazas y el cultivo de fondo de valle, a través de largos canales que alimentaban alternadamente las terrazas o parcelas. Junto al maíz, prácticamente omnipresente, se cultivaban distintos tipos de ajíes, porotos y zapallos. En las regiones altas y secas se cultivaba la papa y la quinoa. En las regiones algo más húmedas, se cultivaba el algodón. Para la provisión de agua comenzaron a utilizarse, junto a los azudes, verdaderas represas que guardaban el agua.[20]​ Entre los siglos IV y X se desarrolla la cultura de la Aguada en el territorio de las actuales provincias de Catamarca y La Rioja, identificada por el arqueólogo argentino Alberto Rex González, quien la define como «la más andina de las culturas del noroeste argentino», vinculada al horizonte cultural Tiahuanaco. La Aguada se caracterizó por desarrollar un extraordinario arte alrededor de la figura del yaguar. Según José Pérez Gollán (1992) la Aguada es un momento histórico de la culturas del noroeste, en el que surge una nueva forma política: los llamados «señoríos» o «jefaturas», por estar dominadas por un «señor», que dominaba una determinada región por medio del control del excedente económico.

Mientras tanto la Cultura de Alamito se desarrolló entre el 400 a. C. y el 650 d. C. en la zona del Campo de Pucará (en Catamarca). Muy influenciada por la cultura Condorhuasi. Se desarrolló la agricultura entre el 400 a. C. y el 700 d. C. en las sierras de Sumampa y Guasayán, en la provincia de Santiago del Estero.

La Cultura Santa María (1200-1470): la existencia de terrazas de cultivo y sistemas de riego muy complejos permitió a Santa María tener una gran población y acumular excedentes que eran almacenados en silos subterráneos. Cultivaron el maíz, la papa, el poroto, la quínoa y el zapallo y recolectaron intensivamente algarroba y chañar. Fueron expertos ganaderos y utilizaron el forraje. Realizaron un amplio intercambio de producto con otros pueblos distantes usando sus caravanas de llamas. Alcanzaron un notable desarrollo de la metalurgia del cobre, el oro y la plata y fueron conocidos en toda la región por sus bronces de excelente calidad. Santa María alcanzó una gran complejidad sociopolítica: un señor, cuyo poder era hereditario; guerreros y sacerdotes, la cultura santamariana coincide en gran medida con la etnia diaguita.

Argentina virreinal o primer período económicoEditar

La conquista española de parte del actual territorio argentino se realizó mediante tres esfuerzos independientes: expediciones desde España hacia el Río de la Plata y el Paraguay, expediciones organizadas en el Perú para ocupar las tierras del Tucumán, y expediciones de Chile hacia Cuyo. De allí surgen las tres grandes subdivisiones: Nueva Andalucía (después dividida en Río de la Plata y Guayrá-Paraguay), Córdoba del Tucumán, y el Corregimiento de Cuyo. Las primeras dos pertenecieron al Virreinato del Perú, la última a la Capitanía General de Chile. En 1779 las tres pasaron a formar parte del nuevo Virreinato del Río de la Plata.

A los efectos del análisis, este período de tres siglos se puede subdividir en tres subperíodos: Temprano (1516-1650), caracterizado por las acciones expansivas; Medio (1650-1776) o de consolidación, y Tardío (1776-1810) o de retirada.

 
Principales rutas comerciales del Imperio español con las Indias.

Subperíodo temprano (1517-1650)Editar

 
Imperio español de Felipe II, Felipe III y Felipe IV (de 1556 a 1665) incluyendo los territorios cartografiados y reclamados, reclamaciones marítimas (mare clausum) y otros aspectos.

Teniendo en cuenta que en el Imperio Español la unidad social se concebía a través de la unidad de la Fe de la Iglesia católica, gracias a la bula del Papa Pablo III Sublimis Deus de 1537 que declara a los indígenas hombres con todos los efectos y capacidades de cristianos, hubo un gran contraste entre la colonización española y la anglosajona en América.[22]​ Hoy en día, gracias al mestizaje, la población de los países hispanoamericanos comparte antepasados indígenas y europeos, en diversos grados.

La represión de los indígenas de los Valles Calchaquíes, la entrega en mita de muchos de ellos para trabajar en las minas del Potosí, el proceso de mestizaje, y sobre todo el colapso demográfico de la población indígena, hicieron que las encomiendas que alguna vez florecieran en el Tucumán fueran menguando. El trabajo forzoso introducido por los españoles se llevó a los hombres jóvenes más productivos de esas regiones y provocó la disminución y destrucción, de sus comunidades. La mayoría de los que fueron obligados a trabajar en las minas no sobrevivieron.

En la segunda mitad del siglo XVI, tanto el Alto Perú, el Tucumán, como el Paraguay exigían la creación de un puerto en el Atlántico sur para poder establecer lazos de comercio más cercanos con España y a la vez disminuir su aislamiento. Por estos motivos y por la amenaza de incursiones extranjeras en el Río de la Plata, la Corona española autoriza la segunda fundación de Buenos Aires.[23]

En el área de influencia del Río de la Plata, la expansión del territorio del Imperio español se había concentrado en el Paraguay,[24]​ donde las poblaciones guaraníes eran numerosas y sedentarias, pasibles de ser encomendados. En 1573 el gobernador Juan de Garay marchó a repoblar Buenos Aires. En el camino, decidió fundar en el lugar una ciudad intermedia: Santa Fe de la Vera Cruz. La tarea se completó en 1580, cuando fundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida como Ciudad de Buenos Aires, como parte del Virreinato del Perú.[25]

Durante el período virreinal, la actual Argentina, tenía pocas ventajas económicas en comparación con otros territorios del Imperio Español como México o Perú, ya que carecía de oro y de otros metales preciosos, asumiendo una posición periférica dentro de la economía del territorio del Imperio español en América.[26]​ La resistencia de las poblaciones originales, en muchos casos encarnizada, demoró e incluso impidió el desarrollo de las acciones expansivas de los conquistadores españoles.[27]

Dos terceras partes de su territorio actual estuvieron ocupadas durante el período virreinal, mientras que el otro tercio era el correspondiente a la meseta patagónica, que continúa escasamente poblada.[26]​ La agricultura y ganadería del sector era principalmente para el consumo de los mismos productores y para el mercado local. Únicamente se asoció con los comerciantes extranjeros a finales del siglo XVIII.[26]​ El período entre el siglo XVI y el final del siglo XVIII se caracterizó por la existencia de la auto-suficiencia económica regional, dado que cada región estaba separada de las otras por grandes distancias, con caminos casi inexistentes lo que implicaba peligros y dificultades del transporte terrestre, y sin comunicaciones marítimas o fluviales.[26]​ A finales del siglo XVIII, comenzó una etapa en la cual las diferentes regiones comenzaron a intercambiar crecientes flujos de capital, trabajo y bienes de manera significativa, dando inicio a una forma de desarrollo económico incipiente.[26]

Durante el último tercio del Siglo XVI, se había duplicado la producción de plata gracias a la introducción de la técnica de la amalgama con mercurio. Paralelamente, aumentaba la mortalidad de las poblaciones indígenas, mano de obra básica de las explotaciones mineras. El llamado "Valle Imperial" llegó a tener una población de 160 000 habitantes y se convirtió en el principal mercado de consumo de Hispanoamérica.[28]

En este contexto, Buenos Aires se convierte en la entrada y salida natural de los productos altoperuanos y del Paraguay. Por un lado entraban insumos y miles de esclavos negros para reemplazar a la menguante población indígena y por otro lado salía la plata producida en el cerro de Potosí.

Sin embargo, la corona española había decidido que toda la producción de plata producida en el Alto Perú, debía salir a España vía el puerto de Lima y desembarcar en Sevilla. Debido a la salida no autorizada de metales preciosos por el puerto de Buenos Aires, en 1594 la corona prohíbe el comercio con este puerto, con algunas excepciones para evitar el desabastecimiento de la población: la autorización de fletar dos embarcaciones anuales con productos de la zona (cueros, principalmente). Esta situación lleva como única solución al contrabando, que pasa a ser la actividad económica más rentable de la Buenos Aires virreinal.[29]

Durante la era virreinal la economía del regional estaba dedicada a la producción de bienes de consumo para los mercados del Alto y Bajo Perú, Buenos Aires y Paraguay. El Alto Perú era el destino de carretas y muebles de Tucumán, cereales de los valles fértiles del noroeste argentino, tejidos de Santiago del Estero y mulas del Litoral.[30]

En la región pampeana la principal actividad económica era la ganadera. El origen de la explotación ganadera en las pampas, se remonta a 1536 cuando Pedro de Mendoza introdujo los primeros equinos y a 1580 cuando Garay introduce entre 300 y 500 vacas. En 1608 si bien el ganado vacuno aún era escaso en Buenos Aires, se menciona oficialmente la existencia de un numeroso plantel de ganado cimarrón que se fue multiplicando en libertad en los campos cercanos.[31]

 
Mapa de las ciudades españolas fundadas en la Argentina y el Paraguay hasta el año 1600.

En 1603, el veintisieteavo gobernador de Nueva Andalucía del Río de la Plata Hernandarias modificó la legislación sobre el trabajo de los aborígenes, promoviendo la supresión de las mitas y encomiendas, por las cuales los españoles gozaban de los frutos del trabajo de los nativos a cambio de su evangelización, en la práctica inexistente. Obtuvo la aprobación de esta reforma por parte del rey Felipe III de España, y en 1608 se dispuso la creación de las reducciones jesuíticas y franciscanas en la región del Guayrá (actual estado de Paraná, Brasil).

En 1609 el Cabildo de Buenos Aires acordó la matriculación de todas las personas interesadas en participar en la caza y matanza del ganado vacuno cimarrón, expediciones denominadas oficialmente "Vaquerías", que tenían por objeto la explotación del ganado vacuno para obtener principalmente su cuero, desechándose muchas veces la carne. Esta etapa duró aproximadamente hasta mediados del siglo XVIII.[32]

Cuando el ganado cimarrón comenzó a disminuir en número, fue necesario internarse cada vez más en territorio bonaerense, agudizándose la pelea con el indígena y aumentando los costos y riesgos de estas operaciones. Entonces comienza el momento de las estancias, del ganado marcado, y de una mayor utilización del animal: nacieron las fábricas de cebo y los saladeros. Un importante papel en el nacimiento de las estancias la tuvo la "Ley de Tierras" de 1754 en la medida que la acción de vaquear, sirvió como antecedente para aspirar a la propiedad, contribuyendo así a la distribución latifundista de la tierra.[33]

Subperíodo medio (1650-1776)Editar

 
La región del Río de la Plata a principios del siglo XVII.
 
En el siglo XVII ya se fabricaban carretas en San Miguel de Tucumán y en la ciudad de Mendoza.

En 1663, por orden del capitán general de la Gobernación del Río de la Plata y presidente de la Real Audiencia de Buenos Aires José Martínez de Salazar[34]​ fue instituido el El Camino Real de Buenos Aires a Lima con dos vías principales: el Camino Real del Perú que seguía en líneas generales el itinerario de la actual Ruta Nacional 9 de la Argentina desde Buenos Aires, pasando por Córdoba, Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Salta, San Salvador de Jujuy, Potosí, llegando hasta el Perú y el Camino Real del Oeste que continuaba hacia San Luis, Mendoza y Santiago en Chile y que recorría un trazado similar a la Ruta Nacional 7.[35]

A principios de 1680, una expedición portuguesa fundó la Colonia de Sacramento,[36]​ exactamente frente a Buenos Aires. Los enfrentamientos entre España y Portugal por el Río de la Plata continuaron hasta 1724, cuando el gobernador español Bruno Mauricio de Zavala toma el control de la zona fundando la ciudad de Montevideo.[37]

Comparada con otras partes de Latinoamérica, la esclavitud jugó un rol relativamente pequeño en el desarrollo de la economía argentina, debido principalmente a la falta de minas metalíferas y de plantaciones de caña de azúcar, que habrían demandado una enorme cantidad de mano de obra esclava.[38]​ El Brasil colonial, por ejemplo, importó prácticamente 2.5 millones de africanos en el siglo XVII.[38]​ En contraste, un estimado de 100 000 esclavos africanos arribó al puerto de Buenos Aires en los siglos XVII y XVIII; la gran mayoría de ellos estaban destinados a Paraguay, Chile y Bolivia.[38]

El mercado del Alto Perú facilitó la plantación de algodón en Santiago del Estero y el establecimiento de una incipiente industria textil, en la cual se elaboraba el algodón junto con la lana de caprinos, ovinos y auquénidos en los territorios de las actuales provincias de Santiago del Estero, Catamarca, Salta, La Rioja así como de talabartería en Tucumán.

Por otra parte la ciudad de Córdoba se encontraba beneficiada al ser la encrucijada de las rutas que unían el oeste con el este y el norte con el sureste del virreinato.[39]

Esta base económica. con un norte metalífero y un sur agrícola y portuario significó el desarrollo de un tránsito carretero que generalmente bajaba desde el Alto Perú hasta el puerto de Buenos Aires siguiendo el Camino Real, tal tránsito supuso por su parte la cría de mulas, también de caballos y asnos) la cual se realizaba principalmente en las ciudades del Tucumán y promovió la fabricación de carretas fabricadas en San Miguel de Tucumán y en la ciudad de Mendoza.

La zona de las Misiones y el Paraguay fue sede de cultivos de yerba mate, cultivos iniciados por guaraníes y jesuitas. La yerba mate abastecía a casi todo el virreinato e incluso a la Capitanía General de Chile. Otros cultivos alimenticios surgieron merced a la demanda altoperuana: vinos (en Salta, Tarija, Cuyo, Córdoba), aguardientes y singanis; e incluso plantaciones de olivo, principalmente en La Rioja y Catamarca[39]

En 1749 se creó en el El Camino Real de Buenos Aires a Limael servicio de Correos y Postas por iniciativa de Domingo de Basavilbaso, que por este motivo es reconocido como el padre del correo argentino. La clave del nuevo servicio era la cadena de postas que jalonaban el camino.[35]

Misiones jesuíticas guaraníesEditar

 
Localización de las misiones jesuíticas guaraníes en los actuales territorios de Argentina, Paraguay y Brasil.

Las Misiones jesuíticas guaraníes legaron a ubicarse en las regiones del Guayrá, Itatín, Tapé (las tres en el actual Brasil), Uruguay (Brasil, Argentina y Uruguay actuales), Paraná (Argentina, Paraguay y Brasil actuales) y las áreas guaycurúes en el Chaco (Argentina y Paraguay contemporáneos), fueron establecidas en el siglo XVII dentro de territorios pertenecientes al imperio español en la Gobernación del Río de la Plata y del Paraguay y sus gobernaciones sucesorias a partir de su división en 1617: la Gobernación del Paraguay y la Gobernación del Río de la Plata, todas dependientes del inmenso Virreinato del Perú.

Los padres jesuitas implementaron un sistema económico agrícola que fue rápidamente asimilado por los aborígenes. Esta importante agricultura fue complementada con la ganadería que suministró a los aborígenes carne, leche y cuero.Se logró que cada reducción formara una unidad económica independiente que funcionaba sobre la base del trueque y posesiones comunales. Se favorecía un intenso tráfico comercial entre las reducciones promoviendo una integración económica, social y política con sede central en Candelaria.

Cada reducción se especializaba en unos oficios, trabajando el hierro y la plata, carpintería, cocina-panadería, chapado en oro, vajillas, telas, elaboración de sombreros o instrumentos musicales. Desde allí se promoverían excelente escultura, pintura y música barrocas guaraníes.[40]

Este desarrollo económico finalizó durante el reinado de Fernando VI de España cuando España se enfrentó con Portugal por la colonia del Sacramento, desde la que se facilitaba el contrabando británico por el Río de la Plata. José de Carvajal consiguió en 1750 que Portugal renunciase a tal colonia y a su pretensión de libre navegación por el Río de la Plata. A cambio, España cedió a Portugal dos zonas en la frontera brasileña, una en la Amazonia y la otra en el sur, en la que se encontraban siete de las treinta reducciones guaraníes de los jesuitas. Los españoles tuvieron que expulsar a los misioneros jesuitas, lo que generó un enfrentamiento con los guaraníes que duró once años.

Complejos agroindustriales jesuíticosEditar

Los jesuitas fueron innovadores en la explotación de sus haciendas y propiedades en la América Hispánica. Durante los siglos XVII y XVIII supieron gestionar verdaderos emporios agro-industriales con métodos de gerencia que se adelantaron a los utilizados en la actualidad. Entre ellos, uno de los más importantes fue la explotación de las minas de Paramillos de Uspallata (Argentina) de plomo, plata y cinc. Además, agregaron la participación patrimonial de lo recaudado en las haciendas para luego ser redistribuido entre indígenas, esclavos y empleados, con lo que se puede concluir que fueron los primeros en otorgar una suerte de “títulos de propiedad” a sus subordinados.

 
Enlazando ganado en las pampas, litografía por Fernando Brambilla

La Compañía de Jesús también se instaló al sur del Río Salado entre los años 1740 y 1753, con el fin de establecer una población permanente en la frontera del virreinato. Su intención fue la de hacer sedentarios e instruir a los indígenas en la doctrina cristiana. La primera reducción, fue la "Reducción de Nuestra Señora en el Misterio de su Concepción de los Pampas", fundada en año 1740 en la margen sur del Río Salado, por los padres Manuel Quevedo y Matías Strobel. La segunda fue la "Reducción de Nuestra Señora del Pilar de Puelches", fundada en el año 1746 cercana a la margen de la actual Laguna de los Padres, por los misioneros Joseph Cardiel y Tomás Falkner. Finalmente, la "Misión de los Desamparados de Tehuelches o de Patagones", fue fundada en el año 1749 a cuatro leguas al sur de la anterior, por el padre Lorenzo Balda. Allí lograron evangelizar a un gran número de indios pampas. Strobel medió entre las autoridades de Buenos Aires y los pampas para establecer la paz entre ellos. Falkner y su colega jesuita Florián Paucke recogieron una gran información acerca de las costumbres y usos de los indios pampas y guaraníes que plasmaron en libros y exquisitos dibujos que dieron origen a la etnografía en el actual territorio argentino.

La finalidad de estas propiedades era sostener sus universidades (la Universidad de Córdoba fundada en 1613 y la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca en 1624) y colegios, que, debido a una rigurosa concepción del voto de pobreza, eran gratuitos. Sin embargo, la riqueza de estos complejos y haciendas atrajo la ambición de las coronas y particulares y, a la larga, fue un factor para la supresión de la Orden.

Subperíodo tardío o de retirada (1776-1810)Editar

 
América española hacia el año 1800, los territorios coloreados eran considerados provincias en algunos mapas del Imperio español.

En 1776, España decide la creación del Virreinato del Río de la Plata, que abarcaba lo que hoy es Argentina, Uruguay, Paraguay y gran parte de la actual Bolivia, con la intención de evitar el establecimiento de los portugueses en el Río de la Plata.[41]​El virreinato abarcaba un extenso territorio con acceso al océano Pacífico, —en cercanías de la actual frontera entre Chile y Bolivia— y un amplio litoral atlántico, situación que favorecía el potencial intercambio marítimo; amplias praderas de excelentes condiciones para la práctica de explotaciones agropecuarias —se estima que se criaban 40 mil mulas con destino a las explotaciones mineras del Alto Perú~ y dos grandes ríos navegables. Existían además importantes recursos forestales en la zona de la mesopotamia argentina, Chaco y Tucumán, además de minerales en las zonas cordilleranas.[42]

El Reglamento de libre comercio de 1778 fue promulgado por el rey Carlos III de España el 12 de octubre de 1778, en el marco de las reformas borbónicas, con el fin de permitir el librecambio comercial entre España e Hispanoamérica,[43]​ para lo cual se habilitaron al comercio 13 puertos en España y 24 en América, entre ellos el puerto de Buenos Aires.[44]

En Buenos Aires, la sanción del Reglamento de Libre Comercio, junto con el "Auto de Internación" establecido en 1777, provocó un brusco incremento en las exportaciones de cuero según algunos autores o valores sustancialmente menores pero de fuerte tendencia creciente, según otros investigadores.[45][46]

Desde el punto de vista político, la instalación de la aduana en 1779, el establecimiento del Sistema de Intendencias en 1782 y del Consulado de Comercio en 1794, consolidaron el papel hegemónico de Buenos Aires y el debilitamiento del poder de Lima. El libre comercio afecto profundamente las economías regionales del interior del virreinato. Según algunos investigadores, solo algunos sectores como el aguardiente, las carretas y artículos de montura y transporte, y los tejidos de lana pudieron sobrevivir.[47]

Las explotaciones ganaderas virreinales se establecieron hacia la mitad del siglo XVII.[26]​ El ritmo de crecimiento de la región creció dramáticamente con el establecimiento del Virreinato del Río de la Plata en 1776, con Buenos Aires como su capital, y con el incremento del comercio legal permitido luego de la sanción del Reglamento de Libre Comercio de 1778,[48]​ que permitió un comercio "libre y protegido" entre el Imperio español y sus territorios en América.
Estas condiciones sociales, combinadas con una economía comercial próspera, posibilitaron el desarrollo de innovaciones técnicas y de ideas políticas avanzadas que desembocarían en la Independencia.

De la independencia a la organización (1810-1852)Editar

El período que podría llamarse «organización» comprende los años 1810-1872, donde la economía argentina se ve signada primero por una etapa de deterioro de su agricultura y ganadería litoraleña, a consecuencia de una prolongada guerra de independencia hasta la rendición de los realistas. También por la pérdida del hinterland con el Alto Perú (proveedor de metálico para acuñar moneda), y una guerra civil organizada en torno al modelo político a seguir en la república (unitario o federal). En los últimos veinte años asistimos a una merma de la guerra civil y a la unificación de la Argentina con la provincia de Buenos Aires, pero la triple alianza trastorna el desarrollo económico que terminaría recién a comienzos de la presidencia de Sarmiento.

Décadas del 1810-1820Editar

Las revoluciones que sucedieron en los territorios de Río de la Plata desembocaron posteriormente en la independencia de Argentina fueron posibles gracias a la crisis política que se produjo tras el avance napoleónico por la Península Ibérica. Pero también hubo otras circunstancias internas que, en mayor o menor medida, favorecieron el desarrollo de los intentos revolucionarios como son el descontento generalizado que existía respecto al gobierno de la metrópoli,la presencia de grupos militares estables y relativamente independientes y la corriente independentista que fue surgiendo en torno a las élites intelectuales.

A partir de que Argentina se emancipara de España en el año 1810, llegó a su fin el control de la actividad mercantil por parte de un pequeño grupo de comerciantes españoles.[49]​ La Primera Junta, el primer gobierno patrio establecido después de la Revolución de mayo de 1810, osciló entre políticas aperturistas y proteccionistas. El Primer Triunvirato (1811-1812), influenciado por Bernardino Rivadavia, promovió un comercio sin restricciones con Gran Bretaña.[50]​ El Segundo Triunvirato (1812-1814) y José Artigas —quien controló la Liga Federal durante el período de 1815-1820— buscaban restaurar la política proteccionista inicial, mas el Director Supremo reinstaló nuevamente el comercio libre.[51]​ Por lo tanto, la economía del Río de la Plata se convirtió en una de las economías más abiertas del mundo.[52]

Entre 1812 y 1816, se desarrollaron divisiones entre una facción centralista (los unitarios) apoyada en el poder de Buenos Aires, y una facción federal en las provincias, que eventualmente abrirían paso a una serie de guerras civiles que terminarían en la conquista de Buenos Aires tras la Batalla de Cepeda (1820).[53]

Cada provincia emitía su dinero, que tenía un diferente valor de una otra; e incluso podía variar entre ciudades de la misma provincia.[54]

Las actividades vinculadas a la exportación disfrutaron de cierto grado de prosperidad, como ocurrió en Tucumán, donde se manufacturaba ropa y en Córdoba y en el litoral, donde se practicaba la ganadería de crianza con el objetivo de abastecer los requerimientos de las minas del Alto Perú.[55]

1820-1827Editar

Los mandatos de Martín Rodríguez como gobernador de Buenos Aires (1820-1824) y su ministro Bernardino Rivadavia, seguido por Las Heras culminando con el mismo Rivadavia como primer presidente de Argentina (1826-1827). Este plan incrementó la influencia británica en la política nacional. Estaba basado en cinco ejes principales: el comercio totalmente libre sin ninguna medida de carácter proteccionista frente a las importaciones británicas; finanzas con un banco central manejado por inversionistas británicos; absoluto control del puerto de Buenos Aires como la única fuente de ingresos para el país; explotación británica de los recursos naturales y la consolidación del Partido Unitario con centro en Buenos Aires.[56]​ Las exportaciones de oro, permitidas por las políticas de libre comercio, agotaron rápidamente las reservas nacionales. Esto representó un gran problema, ya que el oro era el medio de cambio de la economía local. Rivadavia buscó resolver este problema al establecer el "Banco de Descuento", una entidad bancaria central habilitada a imprimir papel moneda. A pesar del rol que jugaba, este banco fue puesto a manos de inversores privados británicos.[57]​ A mitad de los 1820's Manuel José García, Ministro de Finanzas de Bernardino Rivadavia pidió un empréstito de 2.8 millones de libras esterlinas.[58]​ Finalmente, solo llegaron a Buenos Aires unas 0.57 millones de libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero. El empréstito se terminaría de pagar ochenta años más tarde. La cancelación del empréstito de £ 2.8 millones ascendió a £ 23.7 millones (es decir, prácticamente 8 veces más).[59][60]​ En los años 1820 el peso papel comenzó a devaluarse rápidamente con respecto al peso fuerte, que estaba ligado directamente al precio del oro.[61]

Cuando B. Rivadavia fue ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores en el gobierno bonaerense de Martín Rodríguez (1820-1824), creó en 1821 la Caja de Amortización, bajo la cual se pusieron como garantía todos los bienes muebles e inmuebles de la provincia, benefició a los tenedores de bonos británicos que constituían la mayoría, además de que impulsó las compras británicas de títulos de tierras en Río de la Plata. En 1822, se sancionó la ley de creación del Banco de Buenos Aires, una entidad privada que ejerció el monopolio para emitir moneda, y actuar como agente bancario del gobierno, dos tercios de sus acciones estaban en manos británicas al igual que la totalidad de su directorio. Siendo los títulos públicos argentinos los más onerosos de América Latina, los bonos emitidos por Rivadavia en 1826 pagaban tasas de interés que sextuplicaban las tasas del resto de los nacientes países americanos y eran 13 veces más altas que las tasas pagadas por el Imperio de Brasil. En poco tiempo los ingentes intereses asfixiaron el erario público llevando al gobierno a privatizar millones de hectáreas a menos del 3 por ciento de su valor original.[62]​La creación en 1822 del Banco de Buenos Aires daría inicio a la emisión descontrolada de billetes. Una heterogeneidad de papeles y vales que viciaban al mercado interno, consolidaciones y nuevas emisiones que generaban devaluación, empujaron a la búsqueda de crédito en el exterior mediante el empréstito Baring Brothers, negociado en Londres en 1824.

El informe que John Murray Forbes entregara a John Quincy Adams, —el sexto presidente de los Estados Unidos— en 1824, mencionó que Gran Bretaña tenía una gran influencia en las políticas económicas del país: el gobierno en Buenos Aires estaba tan deseoso de estar en buenos términos con Gran Bretaña que la mayoría de sus instituciones oficiales (como el banco) estaban bajo el control de Gran Bretaña, y que Gran Bretaña ejercía de hecho un control sobre la economía argentina similar al que tenía sobre sus propias colonias, sin que esta situación le demandara costos financieros, civiles y militares.[57]​ La falta de una flota mercante argentina dio a Gran Bretaña el control del comercio marítimo.[63]​ El testimonio de Forbes debe ser apreciado desde la perspectiva de la rivalidad que de ese momento enfrentaba los intereses comerciales norteamericanos y británicos, derivando en una natural parcialidad y "celos e incluso antipatía" hacia los ingleses en el Río de la Plata.[64]

Durante el breve gobierno de Rivadavia, en 1827 el peso papel se devaluó en 33 % y nuevamente en 68 % en 1829.[61]​ En esa etapa, se sancionó la Ley de Enfiteusis que dejó como consecuencia la concentración de la tierra: entre 1822 y 1830, 538 propietarios obtuvieron en total 86 560 km². Muchos colaboradores directos del propio régimen de Bernardino Rivadavia fueron los enfiteutas más beneficiados, entre ellos las familias Anchorena, Alvear, Azcuénaga, Ortiz Basualdo, Bernal, Bosch, Díaz Vélez, Echeverría, Escalada, Irigoyen, Larreta, Lezica, Lynch, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Vidal, Sáenz Valiente y otras.[65]​ En general, los arrendatarios y enfiteutas no pagaban o pagaban cánones muy bajos a la provincia. Esta ley tendió a favorecer la gran concentración de la propiedad de la tierra en unas pocas decenas de familias.[66][55]

La cesación de pagos de 1827Editar

En 1827 fue el primer episodio de crisis de deuda de la historia de Argentina. A partir de su independencia, la Argentina había tenido una presencia activa en los mercados internacionales de capital. Fue justamente en medio de un boom de préstamos ocasionado por el fin de las guerras napoleónicas que Argentina y otros países de América Latina consiguieron colocar bonos en Londres para financiar sus guerras de independencia. Este boom crediticio terminó en 1825 cuando el Banco de Inglaterra subió su tasa de descuento para frenar su caída de reservas. Este ajuste monetario derivó en una crisis bursátil, problemas bancarios y recesión en Inglaterra y Europa Continental.

En pocos meses, la crisis se expandió a América Latina. Argentina entró en cesación de pagos en 1827 y su recuperación demandó tres décadas. La siguiente crisis fue el episodio conocido como Pánico de 1890.[67]

1827-1832Editar

 
Miembros de la "Sociedad El Camoatí" (1848-1856), la primera casa de bolsa de Buenos Aires.

En 1828, la oligarquía terrateniente bonaerense que dominaba la Legislatura consiguió modificar la Ley de Enfiteusis. Juan José Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras. El Estado de Buenos Aires por su parte «empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras, hipotecándolas al pago exacto y fiel de la dicha suma de 1 000 000 de libras esterlinas y su interés».[68]​ En consecuencia, en 1828 se liquidó la escuadra naval y se dieron en pago dos fragatas que se estaban construyendo en Inglaterra. De este modo, cuando se produjo la ocupación de las Malvinas por los ingleses, cinco años más tarde, no hubo fuerza naval para contrarrestarla. Ferdinand White, espía inglés, enviado por la Baring al Río de la Plata, condenó los aspectos delictivos de este acuerdo. De la suma recibida, solo llegaron al Río de la Plata en oro, como estaba convenido, el 4 % de lo pactado, 20 678 libras.[69][57]

Después de la renuncia de Rivadavia en 1827, asumió el poder como gobernador de Buenos Aires el general federal Manuel Dorrego. El 1 de diciembre de 1828, en el marco de un golpe de estado, las fuerzas del general Juan Lavalle avanzaron sobre Buenos Aires. Lavalle fue nombrado gobernador al margen de las leyes vigentes, derrotó a Dorrego y días después ordenó su fusilamiento.

Luego de un año de enfrentamientos, Juan Manuel de Rosas fue designado gobernador por la legislatura bonaerense, cargo en el que continuaría hasta 1832.

La Confederación Argentina y Juan Manuel de Rosas (1832-1852)Editar

El diciembre de 1832 asumió la gobernación de Buenos Aires el general Juan Ramón Balcarce y Rosas emprendió la llamada campaña al desierto, incorporando 2900 leguas cuadradas —unos 14500 km2—, de tierras aptas para el desarrollo de la ganadería.

En 1835 Rosas asumió su segundo gobierno. En diciembre de ese año se sancionó la Ley de Aduana que determinaba la prohibición de importar algunos productos y la imposición de aranceles para otros. En cambio mantenía bajos los impuestos de importación a las máquinas y los minerales que no se producían en el país. Estas medidas de carácter proteccionista impulsaron notablemente el mercado interno y la producción del interior del país.[70]
En general, el impuesto básico de importación era del 35 % y variaba en función de la utilidad pública del bien o de la vulnerabilidad de la industria local que se intentaba proteger. Las herramientas y útiles destinados a la actividad agropecuaria estaban gravados con un 10 %. Los artículos suntuarios llegaron a pagar un arancel del 50 % y se prohibió la importación de una amplia variedad de productos.[71]​Con la estabilidad de la era rosista en la década de 1840 la conflictividad social comenzó a ser menor, las fronteras pudieron consolidarse y las áreas rurales retomaron la actividad. Las exportaciones se incrementan y diversifican, destacándose los cueros vacunos y ovinos, la lana y una amplia variedad de maderas. La región pampeana,situada en el centro del país, se había transformado en el principal eje económico de la Confederación Argentina, la superficie cultivada con trigo en las cuatro provincias que la componían Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba había aumentado al menos 12 veces con respecto a 1810[72]

En las décadas de 1830 y 1840 se acentuó la expansión económica en la Argentina, impulsada por el comercio exterior. Las exportaciones de origen pecuario (cueros, carne salada, sebo y lana) y el número de embarcaciones extranjeras que llegaban anualmente al Río de la Plata con sus productos lograron duplicarse entre 1837 y 1852. Los cueros vacunos representaron más del 60 % de las exportaciones del período y sus dos terceras partes eran producidas en Buenos Aires. Tras la campaña al Desierto de Rosas se llevo a cabo una tímida reforma agrícola, destacando en los nuevos territorios productivos incorporados la predominancia absoluta de parcelas de tamaño entre 100 y 200 ha en el reparto de las mismas, que concentraron el 71 % del número total del territorio, destacándose la llegada de inmigrantes vascos, irlandeses y franceses.[73]​en 1820 se realizó una expedición que llevó las fronteras a las Sierras Pampeanas y en 1833 la Campaña al Desierto liderada por Juan Manuel de Rosas expandió la superficie hasta el río Salado.[74]

 
Imagen de una estancia, durante el periodo las principales actividades económicas del pais son de origen rural

Desde 1832 hasta 1850 la aduana de la provincia de Buenos Aires experimenta un crecimiento importante, pasando de 1.200.000 pesos plata a 4.000.000. Poniendo de manifiesto un crecimiento de la economía argentina durante el periodo del gobierno de Rosas, donde también crecen las exportaciones de cuero, lana y tasajo.[75]

Durante las décadas de 1830 y 1840 se acentuó la expansión económica de la Confederación Argentina, alentada por el comercio exterior. Las exportaciones de origen pecuario (cueros, carne salada, sebo y lana) y el número de embarcaciones extranjeras que llegaban anualmente al Río de la Plata con sus productos lograron duplicarse entre 1837 y 1852. La expansión del comercio estimuló la producción ganadera y saladeril y el enriquecimiento de los sectores vinculados a ella.[76]

En el litoral, la expansión económica fue notoria en Entre Ríos, donde se produjo un importante crecimiento de la actividad ganadera y de los saladeros. Sus exportaciones de cueros a través del puerto de Buenos Aires ocuparon el primer lugar entre las exportaciones litorales.[77]

El papel moneda mantuvo muy estable su valor y circuló por todo el país. El Banco Nacional fundado por Rivadavia estaba controlado por empresarios ingleses y había provocado una grave crisis monetaria con continuas emisiones de papel moneda, continuamente depreciado. En 1836, Rosas lo declaró desaparecido, y en su lugar fundó el Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Su administración era sumamente ordenada, con un control exhaustivo de los gastos e ingresos públicos, y publicaciones regulares de los resultados.[78]

A partir de 1850 comenzó el auge del ganado ovino: ese año la exportación total de lanas alcanzó la cifra de 7681 toneladas; en 1855 llegó a 12 454 toneladas, y un año más tarde, a 14 972 toneladas.En el año 1830 se producen reformas en los sistemas productivos de la mano de inmigrantes europeos, los cuales aportaban conocimientos técnicos. Las fábricas en esos años en la Argentina correspondían emprendimientos artesanales proveedores del mercado interno: panaderías, fábricas de fideos, jabones, licores y cervezas, se producían más que nada alimentos.

Las exportaciones de origen pecuario (cueros, carne salada, sebo y lana) y el número de embarcaciones extranjeras que llegaban anualmente al Río de la Plata con sus productos lograron duplicarse entre 1835 y 1852.Los principales productos exportados eran cueros, carne salada, sebo, crines y cuernos en la década de 1840 comenzó a desarrollarse la ganaderia ovina, que tenía una gran demanda por parte de la industria textil inglesa, en Mendoza floreció gracias a la protección comercial una pujante industria del vino y el agua ardiente, en el Norte una producción textil y cría de llamas. En Tucumán comenzaba a aflorar la industria azucarera. En el litoral, sobre todo en Entre Rios, se produjo una importante expansión de la ganaderia y la industria de los saladeros. En Santa Fe y Buenos Aires gracias a la protección a los molineros mediante la ley de Aduanas se paso de importar harina. Paralelamente se promovieron tejidos, curtiembres, fundiciones, tintorerías, y productos agropecuarios; todos de distintas regiones del país y un fuerte apoyo a la industria vitivinícola.

Período de organización nacional (1852-1880)Editar

 
Imagen de La Porteña, primera locomotora que circuló en el país.

A principios de 1852, Juan Manuel de Rosas fue derrotado en la Batalla de Caseros, con el triunfo militar de Justo José de Urquiza cristalizó con la organización del país por medio de una constitución federal para la Confederación Argentina. Entre las imposiciones que se realizaban a la Provincia de Buenos Aires estaba nacionalizar los ingresos aduaneros de su puerto y federalizar su ciudad capital, Buenos Aires, que pasaría a ser capital de la Confederación. Ante la negativa, la Provincia de Buenos Aires se negó a participar en el nuevo estado, separándose con el nombre de Estado de Buenos Aires. Finalmente en 1853 se sancionó la primera Constitución de la Argentina, inspirada en el liberalismo clásico y sin la provincia de Buenos Aires. En marzo de 1854, Urquiza asumió la presidencia de la Confederación Argentina. La región del Río de la Plata experimentó un fuerte crecimiento. En 1830 las exportaciones sobre todo ganaderas habían cuadruplicado a las de 1810. Para 1823, las exportaciones totales representaban 76 653 libras esterlinas, y en 1842, 830 918 libras esterlinas. Con la expansión sucesiva de la frontera realizada Martín Rodríguez y Rosas la provincia de Buenos Aires llegó a incluir aproximadamente 107 000 km² productivos (como un rectángulo de 107 km × 1000 km). Se desarrolló una incipiente industria de procesamiento; la carne era secada con sal para preservarla con el fin de exportarla para ser consumida por esclavos en Brasil, Cuba y los Estados Unidos. Mientras que en los países más desarrollados de Europa la producción de cuero encontró un mercado. Durante esas décadas, viejas rutas y contactos comerciales fueron restablecidos, y la producción se reorientó hacia mercados que habían sido importantes en períodos anteriores: hacia Cuyo, por ejemplo, con la exportación de ganado a Chile, y hacia una reanudación del comercio con Bolivia impulsada por el comercio exterior.[79]

La Confederación inició su etapa constitucional con serios problemas económicos y financieros: falta de recursos, dependencia del puerto de Buenos Aires para el comercio exterior, trabas interiores derivadas de las aduanas provinciales y derechos de tránsito, dificultades en las comunicaciones y en el tránsito de mercaderías, escaso desarrollo de la agricultura y estancamiento de la industria artesanal. La organización del tesoro nacional presentó dificultades por la escasa recaudación de las aduanas exteriores de la Confederación y la falta de un sistema impositivo eficiente; de allí la penuria económica de la administración confederal. Tampoco se acertaba a crear un sistema bancario confiable, por lo que el crédito resultaba muy costoso y los sucesivos intentos de crear una moneda nacional terminaron en fracasos.[80]

Si bien no se logró llevar adelante un proyecto ferroviario que vincularía las ciudades de Rosario y Córdoba con Chile, las comunicaciones se modernizaron estableciendo "mensajerías", empresas privadas que llevaban pasajeros, correspondencia y cargas de alto valor en galeras, uniendo la mayor parte de las ciudades del país y que también recorría el interior de la provincia de Buenos Aires.[81][82]​ Urquiza fomentó el crecimiento de la producción agropecuaria en las provincias del litoral, que estuvo motorizado por la creación de colonias agrícolas en su territorio, atrayendo hacia ellas a inmigrantes europeos.[83]​ La primera colonia agrícola exitosa fue la de Esperanza (Santa Fe), fundada por Aarón Castellanos en 1855, con inmigrantes suizos, otras fueron fundadas en Santa Fe y Entre Ríos en esos años; como Colonia San José, fundada por Urquiza en 1857.[84]

El Estado de Buenos Aires gozaba de buena salud financiera y prosperidad gracias a los ingresos aduaneros y el no tener que compartirlos con el resto de la Confederación Argentina o gastarlo en campañas militares, a diferencia de lo que se había hecho anteriormente. Aunque también contaba con su propio banco y moneda se procuró mantener un presupuesto equilibrado y evitar el financiamiento inflacionario.[85]​ En 1857 se restableció el crédito argentino en el mercado londinense: el gobierno porteño llegó a un acuerdo con la casa Baring Brothers para pagar la deuda que se había contraído en 1824 y defaulteado en 1827.[86]​ Ese mismo año una empresa privada con apoyo estatal tendió el primer ramal ferroviario del país, que iba desde el centro porteño hasta Floresta; tres años más tarde, llegaba ya a Moreno y tenía una extensión de 39 kilómetros.[87]​ En los últimos años de la década de 1850 el número de ovejas y la exportación de lana crecieron a un 20 % anual.[88]

El desarrollo económico se estancaría alrededor de 1859, cuando comenzaron los enfrentamientos armados con la Confederación. Luego de la derrota en la Batalla de Cepeda, Buenos Aires acordó su incorporación a la Confederación Argentina pero logró mantener su banco, imprimir su propia moneda y conservar su aduana comprometiéndose a entregar 1 500 000 pesos mensuales a la Confederación.[89]​ Tras nuevos conflictos se enfrentaron nuevamente en la Batalla de Pavón en la que Urquiza concedió la victoria a Bartolomé Mitre, quien se convirtió en el presidente de la República Argentina unificada.

Al promediar la década de 1860, las estancias dedicadas al ganado lanar en la provincia de Buenos Aires comprendían una superficie de 16 millones de hectáreas; estando una cuarta parte de ellas en manos de inmigrantes irlandeses y escoceses, y una gran proporción bajo control de inmigrantes vascos. El total de ovinos en la provincia llegó a la cifra de 40 millones.[90][91]

Con la llegada de Bartolomé Mitre a la presidencia. Mitre encaro la Guerra de la Triple Alianza, que significó, además de una tragedia humanitaria, una fuerte sangría de reservas para el país y un fuerte endeudamiento a fin de sostener la aventura bélica. Al llevar al país a la guerra, sostenía que tenía la obligación moral de introducir en el Paraguay los dogmas del liberalismo económico. En un discurso de 1869 afirmó que

... ha triunfado no sólo la República Argentina en su capacidad política de Nación, no sólo la triple alianza en reivindicación de sus derechos, sino también los grandes principios del libre cambio, que son los que vivifican el comercio. (...) Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscritos en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor gloria y mayor felicidad de los hombres...
Arengas de Mitre, 1869.[92]

Con Bartolomé Mitre, en 1862, la deuda da otro salto. Primero transfiere los compromisos de la provincia de Buenos Aires a la Nación, y después acuerda otro empréstito con la banca inglesa por 2,5 millones de libras adicionales, para lanzarse a la guerra con Paraguay. Pero, nuevamente, de los 2,5 millones de libras asumidos como deuda, el país recibe sólo 1,9 millones debido a los descuentos por el “riesgo país y las comisiones”.

Cuando el mitrismo necesita financiación para Guerra de la Triple Alianza, envía nuevamente a Norberto de la Riestra a Londres en busca de nuevos fondos. Este obtiene allí un nuevo empréstito por 2,5 millones de libras, que ―restando sus gastos y las comisiones― deja un remanente de 1,74 millones de libras. Al concluir la presidencia de Mitre, la deuda externa se halla cercana a los cinco millones de libras esterlinas. Entre las causas de la guerra estuvo la presión de Gran Bretaña al gobierno mitrista y al imperio Brasileño para forzar a abrir Paraguay a las exportaciones británicas, los británicos consideraron al Paraguay como un proveedor de algodón que compensaría la declinante oferta de los estados confederados. A fines de 1866 surgirán las montoneras, rebeliones de las provincias contrarias a ir a la guerra contra lo que veían como un pueblo hermano, se sublevaron 280 voluntarios acuartelados en Mendoza a la espera de ir a la guerra contra el gobierno mitrista que se prolongarán por todo el año siguiente, lo que obligó a destinar recursos extraordinarios para intervenir las provincias. En 1871 una peste de fiebre amarilla asoló Buenos Aires, el 15 % de la población murió a causa de la infección, y el virus se propagó en los campamentos militares que regresaban del Paraguay. El gobierno carente de recursos económicos por años de guerra y austeridad presupuestaria no contaba con medios para hacerle frente a la enfermedad.[93]

Sarmiento, que sigue a Mitre, también se endeuda para continuar la guerra y para armar fuerzas militares para reprimir el levantamientos internos. Al final del gobierno de Sarmiento, la deuda ya alcanzaba los 14.5 millones de libras.[94]​ Las cifras evidencian un crecimiento permanente de la deuda externa desde la últimas décadas del siglo XIX hasta la primera guerra mundial.

A fin de financiar el conflicto, el Gobierno se vio obligado a contraer un nuevo empréstito con los bancos británicos, endeudándose en 3,44 millones de £ (libras esterlinas). Gracias al conflicto la deuda externa de la Argentina llegó a 9 millones de libras. Al final del gobierno de Bartolomé Mitre las finanzas del país quedaron devastadas y el país al borde de una cesación de pagos.[95]​ la economía argentina fue muy afectada y no pudo recuperarse hasta fines de la década siguiente.[96]

A poco de asumir Sarmiento hace aprobar un oneroso empréstito inglés, con la tasa más alta pagada hasta entonces por un país latinoamericano para los muelles y almacenes de aduana, para ello se contrata a enviados británicos. El empréstito se entrega, pero las obras públicas quedarán sobre el papel. La guerra del Paraguay insume 30 millones de pesos y la represión contra Ricardo López Jordán, 16 millones, desequilibrando las ya frágiles cuentas nacionales.[97]​ Por otro lado el país afrontaba las enormes cifras de analfabetismo y pobreza. El 71 % de la población era analfabeta y que el 75 % vivía en condiciones de pobreza.[98]

Meses después recurre a la contratación de un nuevo gran empréstito. Por ley del 5 de agosto de 1870, el Poder Ejecutivo queda autorizado a contraer un empréstito externo por 30 millones de pesos fuertes, igual a 6 millones de libras esterlinas.[99]​ La especulación y un desmesurado aumento de las importaciones se combinaron. Con un importante déficit de balanza de pagos, el oro comenzó a irse en marzo de 1873 cuando comenzó a hacerse sentir la crisis.

En 1874, al culminar el período presidencial de Sarmiento, puede estimarse que la deuda externa oscila alrededor de 14.5 millones de libras y el pago de los servicios anuales por amortización e intereses constituye ya un ítem importante en el presupuesto del Estado.

En 1872 el Congreso aprobó la creación del Banco Nacional, entidad mixta, formada por capitales privados y del estado y cuya administración estaría en manos de banqueros privados. El estado retiró los depósitos que tenía en el Banco Provincia y lo mismo hicieron los inversores privados. Esta operación puso en peligro la solvencia del banco provincial a comienzos de 1874. El déficit del presupuesto durante la administración de Sarmiento remontó a cifras importantes, debidos a partidas destinadas a obras públicas y a servicios de la deuda. La financiación de los déficit se sufragaron con empréstitos internos y un nuevo crédito externo, contratado en 1870 con la Casa Murieta de Londres, por 6 millones de libras esterlinas. Parte de la crisis fue desatada a consecuencia de los gastos de la guerra de la triple alianza que acentuó la fragilidad de las finanzas públicas, la fragilidad de la administración hacendaria llegó a tal punto el ministro de Hacienda, Lucas González, se vio obligado al extremo de solicitar en 1867 al vicepresidente Marcos Paz la baja a todos los funcionarios de la Contaduría. A ello se sumarían otras deudas como la contraída con el Imperio de Brasil, y las expensas ocasionadas por la expedición para derrocar a Juan Manuel de Rosas en 1852 por parte de los liberales.[100]

La tramitación de este gran empréstito fue irregular, denunciándose el pago de comisiones irregulares y montos no acordados a intermefiarios informales, entre ellos a varios secretarios del presidente Sarmiento y a allegados que lo habían acompañado en la gobernación san juanina años antes. Mariano Varela, renunció a su cargo de ministro de Hacienda para iniciar, personalmente, como comisionado especial la negociación. Trató con Thompson Bonnard y Cía, casa que anticipó £ 50 000. Luego, sin romper este compromiso, se vinculó con Luis Cohen Sons, que también entrega £ 50 000. Después suspendió las negociaciones con ambas sin devolver el dinero.

El aumento constante de la deuda externa, sumado a los crecientes intereses de la misma ahogaron las cuentas públicas nacionales, que junto con el déficit crónica de la balanza comercial producto de las políticas libre cambistas resultó, a la postre, la causa mayor de la crisis económico-financiera de 1873-76, que debió soportar el presidente Nicolás Avellaneda. Los gastos de guerra incidieron negativamente en un presupuesto. Para financiar ese déficit se recurrió a empréstitos internos y también a un préstamo externo, de 2,5 millones de libras.[101][102]​ El problema del desequilibrio comercial se tornó visible cuando cesaron los capitales provenientes del exterior. A partir de ese momento, la situación deficitaria de la balanza comercial y de la de pagos provocó una sensible disminución de la existencia de metálico.

En 1876 comenzó el transporte refrigerado. La red ferroviaria, pasó de 573 kilómetros en 1868, a 1331 km en 1874,[103]​ un aumento del 89 % en seis años. En 1876 se realizó el primer embarque de carne congelada hacia Europa. En 1976 se produjo la primera huelga de nuestra historia protagonizada por el primer gremio organizado: la Sociedad Tipográfica Bonaerense, fundada en 1857. [104]

Las importaciones pasaron de 45,6 millones de pesos oro en 1870 a un máximo de 63,4 millones en 1876 mientras que las exportaciones caían de 24 millones en 1870 a 12 millones en 1876. Se produjo un fuerte déficit en la balanza comercial.Para paliar las dificultades, en 1876 el gobierno de Avellaneda aumentó los impuestos y gravámenes al consumo interno.[105]​ Las importaciones que pasaron de 45,6 millones de $ oro en 1871 a un máximo de 73,4 millones en 1873 mientras que las exportaciones subieron de 27 millones en 1871 a 47 millones en 1872 y luego se estancaron en ese valor hasta 1876. Se produjo un fuerte déficit en la balanza comercial. La tasa de descuento en Londres, que había tenido su máximo en 1873, comenzó a descender. Cayeron las importaciones y las exportaciones argentinas. En mayo de 1876 se produjo una corrida en la Oficina de Cambios que la dejó sin activos metálicos.

Tras estallar una nueva crisis Avellaneda el país afrontó otra crisis económica grave a consecuencia de la crisis mundial que afectó a la Bolsa de Comercio de Viena y a Estados Unidos de América. En el mercado internacional se produjo la baja de precios de los productos agrícolas y el alza de los manufacturados, lo cual afectó la ya deteriorada balanza comercial. Avellaneda pidió al pueblo que realizara sacrificios: dirá "Hay dos millones de argentinos que ahorrarán hasta sobre su hambre y sed para responder,a los compromisos en los mercados extranjeros (…) Si es necesario, pagaremos la deuda con la sangre, el sudor y las lágrimas de los argentinos… pero pagaremos…” Presidente Nicolás Avellaneda, 1877

Avellaneda redujo los sueldos, decretó masivas cesantías y restringió las importaciones. Por otro lado, una serie de leyes dictadas disponiendo la venta de tierras públicas permitieron la transferencia a manos privadas de unas pocas familias más de 36 000 km² (en 1867), de unos 30 000 km² más (en 1870) y de casi 40 000 km² más (en 1880).

El permanente déficit presupuestario y la urgencia de afrontar el pago de las deudas públicas fue la causa de la sanción durante la presidencia de Avellaneda, a principios de 1875, de una Ley de Aduanas que aumentaba un 40 % los derechos de importación de productos industriales. A fines de 1875 se hizo evidente la crisis financiera del gobierno, causada por los desmanejos financieros del gobierno y por la baja de los precios de las materias primas en el mercado mundial. El Banco Nacional fue utilizado para solventar parte de las necesidades de fondos del gobierno nacional, pero para ello debió acudir, a su vez, a un crédito tomado al Banco de la Provincia de Buenos Aires.[106]

Período de la Argentina agroexportadora (1880-1930)Editar

El período 1880-1930 es conocido como la "Argentina agroexportadora", que se fundamentó en la exportación de materias primas, fomento de la inmigración y la inversión de capitales extranjeros. Argentina exportaba principalmente cereales, carnes y demás materias primas agrícolas. Las estrechas relaciones comerciales con Gran Bretaña, el mayor cliente, no se perderían hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña comenzó su etapa de declive como potencia mundial frente a EE.UU.

La época liberal (1880-1913)Editar

Finalizadas las guerras civiles y la formación del Estado nacional, un nuevo panorama se ofreció para el país a partir de 1880 con la creciente demanda de materias primas por parte del mercado europeo y en particular de Gran Bretaña

Durante el primer gobierno de Julio Argentino Roca en 1879 el 73% del valor de la producción agropecuaria de la zona pampeana era destinado a la exportación. Con profundas disputas que se producían por el reparto de la renta agraria (arrendadores vs. propietarios de tierras) y ganadera (invernadores-frigoríficos vs. criadores). De esa manera se fue consolidando un modelo económico alejado de las corrientes más dinámicas del comercio internacional profundamente excluyente y dependiente del exterior. Tierra, trabajo y capital debido a la afluencia de inmigración, capitales extranjeros y nuevas tierras disponibles.[107]​ El principal rubro de exportación era, por mucha diferencia, la lana de oveja; marginalmente se notaba el crecimiento de las exportaciones de granos-Desde 1890 hasta 1930, mediante la llamada Conquista del Desierto, la agricultura pampeana pasó desde cultivar unos 20 000 km² a más de 250 000 km².[108]​ Los estancieros en particular, se habían fortalecido con la victoria en la larga guerra contra el gaucho y se preparaban para financiar "la guerra contra el indio" (1878-1885), por medio de la cual el Ejército Argentino aniquilaría a los pueblos indígenas que habitaban la pampa y la Patagonia, confiscando 10 millones de hectáreas (un territorio casi igual a Bélgica, Holanda y Dinamarca juntas) que fueron entregadas a 344 estancieros, a un promedio de 31.000 hectáreas por estanciero que se traduciría en el control completo del poder político por parte de los estancieros y el capital inglés, sobre todo a partir de 1880, con la instauración de un régimen oligárquico conocido como roquismo, de partido virtualmente único y sostenido en el fraude que permitía el voto cantado, que se mantendría en el poder hasta 1916[109]

A principios de la década de 1880 se inició la exportación de carne congelada, pero no sería hasta la década siguiente que ésta reemplazó a la lana como principal exportación.[110][111]

Durante este período la economía argentina enfrentó diferentes crisis asociadas al sector externo, siendo la crisis de la deuda en 1890 la que tuvo mayor impacto. El elevado nivel de importaciones, junto con el endeudamiento externo, condujeron a un estrangulamiento contante en el balance de pagos. En 1889, con la caída de los precios de exportación, los pagos de intereses y amortizaciones llegaron a representar 66.1 % de las exportaciones totales, lo que dio inicio a una profunda crisis económica que perduró hasta 1891 e implicó una contracción del producto bruto interno de 11.8 por ciento. La inmigración hacia Argentina, a su vez, resultó desincentivada por la recesión y caída de ingresos reales en este país.[112]​ Según Sansoni (1990) las pésimas condiciones de trabajo en las tareas agrarias, así como la característica estacionalidad de estas tareas, que dejaban a los trabajadores sin ocupación durante algunos meses. En el caso de los trabajadores golondrina, regresaban a sus países de origen en la época de baja actividad.

En 1881 se sancionó la ley 1130 con el objetivo de unificar el sistema monetario en el país, que hasta ese entonces había sido bastante caótico debido a la variedad de monedas: pesos moneda corriente, pesos fuertes. Las viejas monedas circulantes fueron sustituidas por el nuevo Peso Oro Sellado y el Peso Moneda Nacional, que fueron puestos en circulación por el Banco Nacional junto con el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Se acuñaron monedas de oro, el argentino de oro y de plata, si bien estas últimas en cantidad reducida. La nueva moneda era convertible 1 a 1 entre el peso moneda nacional y el peso oro. La convertibilidad se suspendió a principios de 1885 debido a un proceso de emisión de papel moneda que no tenía el suficiente respaldo en metálico.[113]


El sucesor de Roca, Miguel Juárez Celman se aventuró en una política de gasto público muy expansiva; entre 1884 y 1890 la Argentina fue el destino del 11 % de los préstamos en el mercado de deuda de Londres.[111]​ Paralelamente, se sancionó la Ley 2.216 de Bancos Garantidos, que autorizaba a bancos que reunieran ciertos requisitos, emitir pesos papel que estén respaldados por bonos del gobierno emitidos por el tesoro nacional que a su vez solo podían ser comprados por oro. Para comprar estos bonos, los bancos emitieron y colocaron deuda en libras o en oro en el mercado londinense.[114]​financiados en su mayor parte con deuda que se esperaba pagar con el futuro crecimiento económico.[111]

Se produjo la expansión desmedida de la oferta monetaria y la inflación. Comenzaron las dudas acerca de la posibilidad del país para cumplir sus compromisos. Ante la depreciación del peso papel el gobierno empezó a vender el oro depositado en el Banco Nacional, en agosto de 1888. A fines de 1889, Juárez Celman intentó, mediante un cambio de ministros, calmar la situación. A principios de 1890 la provincia de Buenos Aires anunció la venta de sus ferrocarriles por 40 millones de pesos oro, siendo la privatización más grande de la historia hasta entonces.[115]​ El Gobierno se embarcó en una renegociación de la deuda con la casa Baring e inició una operación de salvataje del sistema bancario.

En una rápida sucesión, varias instituciones financieras debieron afrontar crisis de pagos, llevando casi a la quiebra a varios bancos extranjeros; cuando la banca Baring Brothers asumió sus errores al invertir en la burbuja especulativa en que se había convertido la Argentina, la llegada de capitales exteriores cesó por completo, iniciándose la fase más crítica de la crisis financiera de 1890.[116]

El propio Gobierno reconocía:

La crisis afecta a las industrias, el comercio, y a todas las clases sociales, y a las fuentes de producción y consumo. La cotización del oro al 300 % provoca la escasez, la ruina, la miseria y el hambre.[111]
 
Sin pan y sin trabajo es un cuadro de Ernesto de la Cárcova y obra maestra de la pintura argentina, que refleja la situación de los obreros en 1890.

Poco después, el Estado argentino entró en cesación de pagos y repudió las deudas contraídas por los bancos garantidos y las provincias, con lo que de hecho se declaró en bancarrota, de la cual solamente saldría varios años más tarde.[117]​ El año 1890 amerita un capítulo aparte por la riqueza de la información que brinda, fundamentalmente sobre la revolución del 26 de julio". En lo que se refiere estrictamente a la corrupción política, el diario se ocupó de denunciar o al menos poner en tela de juicio varias prácticas que calificaba de corruptas. Entre otros tantos, el caso de la Aduana es el que merece mayor atención. El 8 de mayo se denunció que "peculados y colusión a niveles escandalosos han sido descubiertos en el Departamento de Aduana por lo cual los ingresos han perdido 10 millones de dólares anuales"[118]

En medio de la crisis se produjo una insurrección cívico-militar conocida como Revolución del Parque que, aunque fue derrotada, provocó la renuncia de Juarez Celman y su reemplazo por el vicepresidente Carlos Pellegrini. Roca retomó el control del Partido Autonomista Nacional gobernante. Pellegrini, por su parte se apresuró a pagar a los ingleses, a cuyo fin contrató un nuevo empréstito con la Banca Morgan, en condiciones humillantes para el país. Disconformes, los estudiantes universitarios apedrearon a Pellegrini y trataron de incendiar su casa.[119]

La crisis llevó al entonces presidente Carlos Pellegrini a tomar medidas de disciplina económica tales como el recorte del presupuesto público, creación de ciertos impuestos a las exportaciones y el consumo, aumento de los aranceles y la introducción de la primera Caja de Conversión en Argentina con lo cual la economía se recuperó pronto.[120]​ Con el cambio de siglo los problemas sociales se fueron agudizando, el 21 de mayo de 1905 una masiva movilización de obreros y pequeños comerciantes que dejó como saldo tres muertos y veinte heridos de bala. La movilización había sido convocada ante un conjunto de medidas represivas impulsadas por el gobierno de Manuel Quintana, medidas afectaban principalmente al naciente movimiento obrero. Por otro lado el país debió afrontar una crisis económica derivada de los empréstitos contratados en el exterior, la emisión descontrolada de papel moneda, la inflación, y la deficiente balanza de pagos. En 1890, cuando cayó el gobierno de Juárez Celman, los servicios de la deuda representaban alrededor del 60 % de los valores exportados anualmente.

A principios de 1891 el gobierno consiguió un préstamo por 15 millones de libras esterlinas, que permitió servir la deuda durante los siguientes 3 años. Después de la quiebra del banco nacional se creó el Banco Nación, con límites estrictos respecto a su antecesor. Tras un aumento de las expectativas por un posible regreso al patrón oro y nuevo acuerdo con el banco de Inglaterra, en 1892 el peso papel comenzó a apreciarse y en 1893 se consiguió el superávit fiscal.[114]​ De forma simultánea aumentaba la producción agropecuaria y el modelo agroexportador entraba en su apogeo.[111]

Finalmente en 1899, durante el segundo mandato de Julio Argentino Roca, se produce el regreso a la convertibilidad. Debido a la amenaza de la deflación y la presión de los sectores exportadores se establece una paridad de 2,27 pesos papel por peso oro en lugar de la paridad 1 a 1.[111][114]​En 1901 se estableció en 11,4 en relación con la libra esterlina y en 2,35 con el dólar, al cambiar los pesos moneda nacional lo que implicaba una devaluación de 47 por ciento, debido a los desórdenes fiscales y monetarios de la década de 1880 y su consecuencia, la crisis política, económica y financiera de 1890.[121][122]​La acumulación de stocks, la bajada de precios y el cierre de empresas rápidamente se tradujeron en una disminución de los beneficios. Una corrida bancaria en el corazón del imperio austrohúngaro tendria consecuencias en el Plata, algo que Sarmiento primero subestima, y que pondrán a su sucesor, Nicolás Avellaneda, en aprietos.[123]​En todos estos años, década del 60 y primera mitad de la del 70, los saldos del comercio exterior fueron desfavorables, es decir que ni aún durante el tiempo de auge de las exportaciones de lanas la balanza comercial dejó de ser negativa.

En 1973 una serie de factores que incluían la falta de recursos propios, el déficit causado por la la guerra del Paraguay, la fiebre amarilla, entre otros, mantuvo a la Argentina en una situación crítica, cuando comenzaron a sentirse los primeros efectos de la crisis internacional de 1873. Entonces la situación se tornó más grave: gran déficit en el comercio exterior, falta de productos para el pago de la deuda externa, excesiva especulación, escasez de capitales, quiebras, cierre de talleres, acrecentamiento de la emigración; la recuperación no llegó prácticamente hasta 1878.[124]

 
Recepción de maquinaria agrícola en Jacinto Arauz (La Pampa) ca. 1901

La situación financiera del Estado y de los particulares no permitía el desarrollo de modo que dependió masivamente al crédito, especialmente a empréstitos extranjeros.[125]​.[126]​ De una exportación anual promedio de menos de 20 toneladas de granos en 1875-79 se pasó a más de 400 toneladas en 1885-89.[107]

Sin embargo la situación de la clase obrera argentina distaba de ser positiva, el informe Bialét-Massé sobre la clase obrera argentina reflejaba las pésimas condiciones laborales, la explotación de los trabajadores, su exclusión de la vida política del país, y la falta de derechos económicos y sociales[127]

«En las cumbres del Famatina he visto al peón cargado con 60 y más kilogramos deslizarse por las galerías de las minas, corriendo riesgos de todo género, en una atmósfera de la mitad de la presión normal; he visto en la ciudad de la Rioja al obrero, ganando sólo 80 centavos, metido en la zanja estrecha de una cañería de aguas corrientes, aguantando en sus espaldas un calor de 57º, a las dos de la tarde.

En 1895 existían 22 204 establecimientos industriales en el país que empleaban a 145 650 personas y tenían un capital de m$n 284 millones de pesos moneda nacional, logrando de ese modo que Argentina llegue a ser el país con el PBI per capita más alto del mundo.[128][129]​ Las empresas textiles eran las que empleaban a mayor número de obreros (32 600), dedicadas a la fabricación de confecciones, alpargatas, zapatos, camisas, corbatas, etc.[129]​ el rubro alimenticio concentraba el 24 % del capital invertido en la industria Entre 1903 y 1908, la inversión bruta fija en el sector industrial creció a una tasa del 16 % anual, a precios constantes de 1950.[129]​ La industria química estaba compuesta por 567 establecimientos (555 de los cuales eran manufactureros y 122 extractivos) que empleaban a 10 000 personas.

La baja tasa nacional de ahorro y de acumulación de capital restringió la viabilidad del desarrollo industrial competitivo. Con la Primera Guerra Mundial, la cual provocó un shock externo desfavorable, que anticipaba los cambios en el decenio de 1930 significó la disminución de la afluencia de capitales y la caída en la demanda de los productos primarios exportados. En vísperas de la Primera Guerra el país importaba el 77 por ciento de los productos manufacturados consumidos anualmente, y el 29 por ciento de los alimentos procesados. Generando un constante déficit comercial y una sangría de dinero hacia el exterior.[130]

 
El riachuelo, de Pio Collivadino. 1916. A comienzos del siglo xx la industria tuvo un fuerte crecimiento[cita requerida].

En 1904, el diputado socialista Alfredo Palacios con el objetivo de mejorar las condiciones sociales y laborales de la clase obrera impulsó varias leyes, entre las que se encontraban la prohibición de 1905 de trabajos de riesgo de las mujeres y niños, el establecimiento de una edad mínima para trabajar y la introducción de una jornada laboral semanal máxima de 60 horas, seis días semanales. Si bien las condiciones de vida en las grandes ciudades eran, bajo los estándares de hoy, precarias, eran similares o superiores a las observadas por aquellos años en las principales ciudades del mundo. Buenos Aires, que debido al flujo migratorio había más que quintuplicado su población en sólo un par de décadas, mostraba problemas de hacinamiento.[131][132][133][134][121]​Después de 1914, el enfrentamiento entre los obreros y los capitalistas se agravó porque la situación económica de los obreros urbanos se deterioraba notablemente, primero por la desocupación y luego por la inflación. Entre 1917 y 1919 el número de huelgas y de obreros que participaban en ellas fueron mayores que en los máximos alcanzados en 1907 y 1910. [135]

Antes de la Primera Guerra Mundial, la inversión de capital era principalmente inversión de capitales extranjeros. Argentina era un caso atípico para la inversión extranjera, diferenciándose del resto de los países latinoamericanos, ya que en el período 1873-1923 el país concentró el 71 % de las inversiones extranjeras de la región.[136]​ Reino Unido, Francia y Alemania invirtieron en el país. La red ferroviaria se expandió de 2516 km. en 1880 a casi 35000 km. en 1914.[107][137]​ pero aún eran menores a los de países como Australia y Estados Unidos. En su mensaje de apertura de sesiones del Congreso en 1913 el presidente Roque Sáenz Peña afirmaba:

La República está en paz. Ninguna nube empaña los horizontes, ningún conflicto amenaza interrumpir las armonías de nuestro engrandecimiento. La libertad avanza en cada nuevo comicio un jalón orientador de la vida democrática. Es un hecho que los ciudadanos votan, las rentas crecen sin mermas ni filtraciones, el comercio exterior marca cifras no alcanzadas en la historia de nuestra economía, cada corriente inmigratoria supera a las anteriores, las industrias valorizan los productos del suelo, los cultivos se dilatan y el oro afluye como no lo hizo jamás, por virtud de nuestra potencialidad. (…) Paz, derechos, garantías, actividad republicana, instituciones, producción y riqueza; tal es el cuadro que los hechos atestiguan y la estadística confirma.[138]

La mayor parte de los conventillos disponía de uno o dos baños, algunos sin duchas. En el año 1904 el Censo de la Capital Federal daba cuenta de la existencia de 2462 conventillos, de los cuales el 23 % no tenía baños de ninguna clase, el 18 % tenía uno solo y el 56 % tenía dos. Hacia 1914, a cuatro años de la celebración del Centenario, alrededor del 35 % de la población vivía en conventillos o en casas precarias, sólo el 65 % restante residía en casas en “altura” o en casas de material. [139]

Una nueva crisis comenzó cuando el Banco de Inglaterra elevó las tasas de interés. Los capitales extranjeros depositados en la Argentina volvieron a sus países de origen. En consecuencia se abrió una brecha financiera el país tuvo que afrontar el pago de la deuda Externa. El problema se acentuó con la perdida de cosecha en 1913 y 1914. La salida de capitales y la reducción de las exportaciones constituyeron los principales factores que afectaron a la economía local. La contracción del comercio exterior tuvo fuertes efectos depresivos sobre el nivel de actividad interna y, por consiguiente, sobre la demanda de bienes y servicios en el mercado doméstico.

Debido a la apertura económica y la Primera Guerra Mundial afectaron al desarrollo argentino, como resultado del desplome del crédito internacional y el retroceso de la economía mundial, de forma que la acumulación de capital decayó hasta el 4,2 % anual y la renta per cápita avanzó sólo un 0,18 % entre 1910 y 1929, retrocediendo quince posiciones entre los países más ricos. Aún así para 1930 Argentina duplicaba en su pbi per capita al promedio latinoamericano, frente a una diferencia de 3 a 1 en 1905.[140]​ La neutralidad argentina en la gran guerra establecía que se debían mantener en los mínimos del momento la exportación de bienes de capital y se produjo un boicot económico que duraría hasta 1923.

Crisis de la Primera Guerra Mundial (1913-1917)Editar

El conflicto balcánico, que anticipó el estallido de la Primera Guerra Mundial, desató en Europa una crisis política y económica que clausuró el período de expansión iniciado a finales del siglo XIX.

La decisión del Banco de Inglaterra de incrementar la tasa de interés provocó la reversión del flujo de capitales extranjeros hacia la Argentina y le impidió financiar el déficit en su balanza de pagos. El desequilibrio de la balanza de pagos se profundizó como resultado de la magra cosecha de 1913-1914. A partir de entonces, la economía argentina se deslizó hacia una profunda recesión. Los mecanismos de transmisión de la crisis fueron dos: la salida de oro hacia el extranjero y la caída de las exportaciones primarias. En el marco del patrón oro, dicha fuga provocó una severa reducción del circulante, un incremento de la tasa de interés y una sucesión de quiebras de empresas y negocios.[141]​ Esta situación obligó al presidente Victorino de la Plaza a promover un conjunto de leyes de emergencia. Entre ellas se destacó el cierre de la Caja de Conversión y la suspensión de la convertibilidad de la moneda. A partir de entonces y hasta 1927, el valor de la moneda argentina varió de acuerdo con la evolución de la balanza de pagos. A partir de 1915, la balanza comercial arrojó superávit por la caída de las importaciones. Además, la cuenta capital mostró también un balance positivo debido al el ingreso de capitales que llegaban a la Argentina en busca de refugio.[142]

La guerra submarina, la falta de bodegas y el encarecimiento de los transportes afectaron el comercio. Los productos de gran volumen y bajo precio unitario, como los granos, fueron los principales perjudicados y cobró mayor importancia la exportación de carne, ya que este tenía un mayor valor por unidad de volumen[143]​ Mas dramática fue la caída de las importaciones, al punto que en 1915, estas fueron la mitad respecto de las exportaciones.[143]​ Mientras tanto hacia 1914 llegó a su máxima extensión la frontera agraria pampeana, pues se había puesto en explotación la máxima superficie posible de tierra apta.[142]

Por otro lado la industria sufrió las consecuencias de la caída de los salarios reales por efectos de la inflación y del incremento del desempleo, que deprimió la demanda agregada. Las industrias que necesitaban de insumos importados como las metalúrgicas, de cerveza y galletitas, entraron en crisis. La disminución más severa la sufrió el sector de la construcción, que se encontró con la paralización de obras de infraestructura (ferrocarriles, por ejemplo) que significó una caída en su producción del 82 %.[143]​ Mas dramática fue la caída de las importaciones, al punto que en 1915, estas fueron la mitad respecto de las exportaciones.[143]​ Se trataba de una industria vinculada con el procesamiento de materias primas: el 57 % de su producción consistía en alimentos y bebidas.[142]​ Diversos factores condicionaron el desempeño manufacturero en los años de la guerra, el descenso del comercio internacional afectó los rubros que competían con la producción nacional y promovió así la sustitución de importaciones, fue un estímulo breve, ya que desapareció en 1918, cuando se reanudaron las importaciones. Por otro lado la industria sufrió las consecuencias de la caída de los salarios reales por efectos de la inflación y del incremento del desempleo, que deprimió la demanda agregada.[142]

La guerra afectó de manera dispar a las diversas ramas industriales, las industrias que necesitaban de insumos importados como las metalúrgicas, de cerveza y galletitas, entraron en crisis.[143]​ La disminución más severa la sufrió el sector de la construcción, que se encontró con la paralización de obras de infraestructura (ferrocarriles, por ejemplo) que significó una caída en su producción del 82 %.[143]​ Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial la Argentina sufrió una severa escasez de insumos. Las importaciones de carbón, principal fuente energética de la industria y los ferrocarriles, cayeron como resultado de la carencia de bodegas y las exigencias militares europeas. El volumen importado en 1918 representaba apenas 20 % del total importado en 1913. Debido a esto el precio del carbón en Buenos Aires subió 538 % entre 1913 y 1918. Las plantas energéticas, los frigoríficos y otros consumidores intentaron reemplazar el carbón por el petróleo, pero también las importaciones de éste fueron escasas, de modo que su precio aumentó 256 % entre 1914 y 1918. La escasez de combustible y el aumento de precio afectaron las exportaciones argentinas a Gran Bretaña.

A pesar de que la guerra interrumpió el proceso de migraciones ultramarinas, la tasa de desocupación muestra un notable incremento, ya que alcanza en 1914 el 13,7 %, frente al 5,1 % de 1912. En 1915 llega al 14,5 %, en 1916 al 17,7 % y en 1917 toca el 19,4 %, con un total de 445 870 desocupados frente a 1 887 981 personas ocupadas.[144]

La caída de las importaciones y la actividad económica aumentaron el déficit fiscal a niveles inéditos desde la época de Juárez Celman, ya que las finanzas del estado dependían en gran parte de la recaudación aduanera.[143]​ Entre 1913 y 1917, el PBI se contrajo un 20 %. La caída del PBI per cápita fue aún más importante, pues descendió un 34 % en el mismo período. Esta recesión profunda y prolongada superó incluso la producida durante la Gran Depresión, cuando el PBI per cápita se contrajo un 20 % entre 1929 y 1932.[142]​ La inversión extranjera desapareció durante la Primera Guerra Mundial para financiar la guerra europea, y no regresó después de la paz. La economía argentina mantuvo estrechos vínculos con el comercio británico y con sus inversiones, pero después de 1918, estrechó su relación comercial con Estados Unidos, que ahora dominaba el escenario económico internacional.

Durante el mandato de Hipólito Yrigoyen la salida de capitales y la reducción de las exportaciones constituyeron afectaron a la economía local. Para la economía abierta que era entonces la argentina, en que las exportaciones representaban el 30 % del PBI, la contracción del comercio exterior tuvo fuertes efectos depresivos sobre el nivel de actividad interna y, por consiguiente, sobre la demanda de bienes y servicios en el mercado doméstico.

Entre 1913 y 1917, el PBI se contrajo un 20 %. La caída del PBI per cápita fue aun más importante, pues descendió un 34 % en el mismo período. La recesión iniciada en 1914 fue profunda y prolongada; superó incluso la producida durante la Gran Depresión de fines de la década siguiente, cuando el PBI per cápita se contrajo un 20 % entre 1929 y 1932. Además de los problemas monetarios, durante la guerra creció el déficit fiscal,. La caída de las importaciones y de la actividad productiva redujo los ingresos fiscales provenientes de la aduana y los impuestos internos que gravaban el consumo. El presidente Hipólito Yrigoyen, que asumió el cargo en 1916, implantó el cobro de derechos a la exportación y recurrió al crédito externo con interés muy alto.[145]

Posguerra (1917-1930)Editar

 
Marcha de peones rurales en el Puerto de Santa Cruz, 1921.

En 1916 fue electo Hipólito Yrigoyen bajo la Ley Sáenz Peña, que instalaba el sufragio universal masculino secreto y obligatorio.

Las consecuencias económicas producto de la Primera Guerra Mundial produjeron centenares de huelgas y enfrentamientos violentos durante el gobierno de Yrigoyen. Una serie de largos paros afectaron a la economía nacional, sobre todo en áreas ferroviarias, portuarias y metalúrgicas. La ola de conflictos, que también fue asociada al estallido de la Revolución rusa y los movimientos revolucionarios en Alemania, Italia y Hungría[146]​, alcanzó su punto álgido en 1919 cuando en los talleres metalúrgicos Vasena se produjo uno de los enfrentamientos más sangrientos de la historia, la conocida Semana Trágica. Entre 1920 y 1921, trabajadores patagónicos llevaron adelante huelgas y enfrentamientos que terminarían con trágicos resultados. El salario real bajó hasta el año 1918, lo que hizo que aumentara el número de huelgas, que pasó de 80 en 1916 a 367 el año siguiente. El número de huelguistas fue de 24 000 en 1916, mientras que en 1919 llegó a 308 000.[147]​Los periódicos como La Antorcha y La Protesta, denunciaron la masacre de obreros prisioneros y los fusilamientos sumarios ocurridos durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen.

 
Trabajadores de YPF en 1923.

Paralelamente al deterioro económico se sumo la conflictividad social teniendo como punto culmine la Semana Trágica de 1919, una huelga obrera en las que los trabajadores reclamaban la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas, mejores condiciones de salubridad, la vigencia del descanso dominical, el aumento de salarios y la reposición de los delegados despedidos en los talleres metalúrgicos Vasena. La huelga fue reprimida brutalmente por el gobierno de Yrigoyen y la llamada Liga Patriótica, un grupo paramilitar. [148]​Recién en 1923 se superó el pbi per cápita de 1913. A partir de 1914, aun sin llegada de inmigrantes, la desocupación inició un crecimiento acelerado y culminó en 1917 con un 19,4 %. El alza del precio de los productos de consumo popular y la caída del salario real como consecuencia de la inflación, estimada por los historiadores en un 40 % entre 1914-1918. Los conflictos alcanzaron el mundo rural y, a partir de 1918, se expresaron en la movilización de los chacareros y los braceros. Las huelgas estallaron igualmente en la economía agraria extrapampeana, por ejemplo, las protagonizadas por los trabajadores de La Forestal en el norte santafesino y por los peones de las estancias de la Patagonia.[149]​El nivel de gasto público aumentó de 8,5 % en 1920 al 13 % en 1929 y el déficit de la administración nacional llegó al 4 %.[150]

En 1922, durante el gobierno de Yrigoyen se creó la empresa estatal destinada a explotar y comercializar el petróleo: YPF, y el recién electo presidente Marcelo T. de Alvear le ofreció la conducción de esta nueva empresa al general e ingeniero Enrique Mosconi, quien ocupó la dirección de YPF entre 1922 y 1930. Los Yrigoyenistas impulsaron la nacionalización de los recursos petroleros del país, que generaría una necesaria ampliación de la burocracia estatal y la consecuente oferta de nuevos cargos que serían distribuidos entre sectores medios urbanos dependientes del Estado.[151][152]​En 1925 debido a una sobre-oferta comenzaron a bajar los precios agrícolas y hacia el final de la década la Reserva Federal de Estados Unidos decidió subir las tasas de interés, lo que inicialmente provocó un retorno de los capitales norteamericanos hacia los Estados Unidos y posteriormente generó una estrepitosa caída del mercado de capitales cuando los bancos se vieron obligados a reclamar la devolución de los préstamos y los inversores tuvieron que vender las acciones que habían comprado a crédito provocando un desplome de los precios y una corrida bancaria en busca de liquidez.4 La crisis norteamericana repercutió en una fuerte salida de oro de Argentina, por lo que puso al pais ante la amenaza de una fuerte contracción monetaria y la falta de reservas suficientes para atender los pagos de la deuda externa dando paso a una emisión descontrolada e inorganica de dinero.[153]

Alvear comenzó su presidencia justo cuando terminaba la crisis mundial de la posguerra, acompañado de un favorable frente externo, con la reactivación posterior a la Primera Guerra Mundial.[154]

Los altos precios de la carne causados por la Primera Guerra Mundial se prolongaron hasta comienzos de la década de 1920 y alentaron la expansión de la ganadería. El derrumbe de los precios de la carne, artificialmente inflados durante la guerra, provocaron una profunda crisis del sector ganadero entre 1921 y 1923. Los criadores que tenían ganado en exceso tuvieron que vender sus animales a precios bajos, por lo que se vieron obligados a pedir en 1921 protección por parte del gobierno argentino hacia los manejos de los trusts de la carne.[155]​ Ante ello, el gobierno sancionó en 1923 las leyes n.º 11 226, n.º 11 227 y n.º 11 228: la primera establecía un régimen de control del comercio de carnes; la segunda fijaba los precios mínimos y máximos para la venta; y la tercera instauró un régimen de control para las transacciones comerciales de ganado vacuno para evitar los vales, comunes en el interior. Se creó así un frigorífico estatal, años más tarde bautizado con el nombre de Lisandro de la Torre.[156][157][158]

Las cuestiones relacionadas con la agricultura despertaban menos preocupaciones la reactivación posterior a la Primera Guerra Mundial produjo que los países europeos compraran las cosechas argentinas. Hubo un gran crecimiento en las áreas sembradas con cereales, especialmente en la pampa húmeda.[159]​ aumentaron los cultivos industriales como el algodón, que pasó de 2000 hectáreas en 1914, a 122 000 en 1930. Además, creció el área sembrada de yerba mate, maní, arroz, vid, caña de azúcar y tabaco.Los problemas recrudecen en 1914 debido a las malas cosechas y a la brusca disminución en los precios internacionales de las exportaciones. El retiro del capital europeo debido a la estrechez financiera provocada por la guerra precipitaron la crisis que Argentina ha estado padeciendo. Ya en 1916 la deuda argentina se había elevado a 121 millones de libras. Ya en la presidencia de Marcelo T. de Alvear, el endeudamiento externo vuelve a crecer, especialmente basado en empréstitos provenientes de los Estados Unidos; al finalizar su período de gobierno la deuda externa puede estimarse que supera en algo los 140 millones de libras esterlinas.[155]

En 1923 el ministro de Hacienda Rafael Herrera Vegas impulsó una modificación en la Ley de Aduanas para promover la producción industrial que subió un 60 % la tarifa de avalúos y un 25 % los derechos a las mercancías gravadas con derechos específicos. El ministro también había intentado sin éxito elaborar una ley para crear un impuesto sobre la renta de carácter provisorio. Tras la renuncia de Herrera Vegas en el ministerio lo sucedió Víctor M. Molina, quien también fracasó en un nuevo intento de poner el impuesto a la renta. No obstante, llevó adelante una política librecambista, abiertamente liberal. Este giro político sería una de las causas de la división de la Unión Cívica Radical entre yrigoyenistas y antipersonalistas. [160]​Entre el freno de la llegada de capitales europeos y la merma de exportaciones el Producto Bruto Interno (PBI) argentino se desplomó en un 10,4% durante 1914, año de la muerte de Roque Sáenz Peña y su relevo por Victorino de la Plaza, para registrarse un pequeño repunte del 0,5% en 1915 y recaer un 2,9% en 1916.

 
Planta de producción de Ford en Argentina.

Una de las consecuencias de la guerra fue el ascenso de los Estados Unidos como primera potencia económica mundial y en la Argentina las inversiones del país norteamericano ganaron en importancia frente a las tradicionales británicas. Durante los años veinte se instalaron en el país firmas norteamericanas como General Electric (1920), Ford (1922), General Motors (1925), Parke-Davis (1926), Colgate Palmolive (1927) y Chrysler (1929).[149][147]​ Varias de estas firmas se vieron beneficiadas por rebajas arancelarias que alentaban la importación de partes y el ensamblado en el país. El caso más importante fue el de las automotrices, que abrieron plantas de ensamblaje: Ford en 1922, General Motors en 1925, y Chrysler, en asociación con la argentina Fevre y Basset, en 1929. Esta actividad fue muy dinámica, de modo que, en 1930, la Argentina contaba con un parque automotor de 435 000 unidades, es decir, un automóvil cada 35 habitantes.[149]

En 1920, esta firma decidió instalar una hilandería de algodón, para lo cual invirtió en el complejo agroindustrial algodonero (desmotado, elaboración de aceite e hilados). La hilandería −una de las cinco establecidas en el país hasta 1930− se sumó a una gran litografía, una moderna fábrica de papel y las plantas elaboradoras de fósforos que integraban esta empresa. Otros casos importantes fueron los de la Fábrica Argentina de Alpargatas y Manufactura Algodonera Argentina, que fundaron sus propias hilanderías para complementar sus tejedurías en 1923 y 1924 respectivamente, en tanto que, en 1920, el grupo Bemberg, que controlaba la Cervecería Quilmes y otras fábricas de cerveza, había fundado la Primera Maltería Argentina para autoabastecerse de ese insumo.[149]

En 1927 Molina decidió reabrir la caja de conversión que había estado cerrada desde 1914. La caja se había beneficiado con aportes de oro en lingotes y monedas que fueron llevando hasta el 80 % la reserva aurífera, que según la Ley debía respaldar el dinero circulante en una proporción del 44 %. Pero ante la remota posibilidad de una corrida bancaria, Molina envió un telegrama a la Banca Morgan en Estados Unidos para consultar con que crédito podía contar la Argentina en caso de necesitar reforzar sus reservas, la respuesta de la banca fue: ilimitada.[161]​ Se estableció la vieja paridad de 2,27 pesos papel por pesos oro. El crédito se abarató y la actividad económica creció casi un 20 % entre 1927 y 1929.[150]

En octubre de 1929 se produjo un derrumbe de la Bolsa de Valores de Nueva York que llevaría a la gran depresión de los años treinta. La caída de demanda del comercio exterior se vio potenciada pues los países que tenían relaciones comerciales con la Argentina, especialmente los Estados Unidos y Gran Bretaña, impusieron barreras proteccionistas afectando la economía Argentina, que por entonces era una de las más abiertas al comercio internacional. El valor de las exportaciones pasó de 1000 millones de dólares en 1928 a 335 millones en 1932. Se produjo una salida de capitales de tal forma que el nuevo gobierno de Yrigoyen abandonó la convertibilidad en 1929 y tuvo que emitir dinero sin respaldo para no agravar la situación de dificultad de algunos bancos, lo que provocó una pérdida de valor del peso con respecto al dólar. Los ingresos de la aduana disminuyeron debido a la contracción del comercio internacional, el peso nacional perdía valor, disminuyeron las importaciones y exportaciones, y esto fue acompañado por una disminución de los salarios y por una elevada desocupación. Finalmente, la crisis impulsó la caída del gobierno de Hipólito Yrigoyen. A finales del año 1935 recién el Producto Bruto Interno superó el valor del año 1929.[162][163]

El colapso bursátil de 1929, marcó el fin de las esperanzas argentinas para un retorno al modelo de crecimiento impulsado por las exportaciones. El presidente Yrigoyen fue derrocado en 1930 por un golpe de Estado que lo puso bajo arresto domiciliario y su hombre clave de YPF, Enrique Mosconi, debió exiliarse. Durante sus ocho años de gestión, el General Mosconi logró casi triplicar la producción de petróleo, de 348 888 metros cúbicos en 1922, a 872 171 en 1929.[164]

Ese mismo año, se desató la crisis financiera mundial iniciada en Estados Unidos. Esta afectó a la Argentina por la disminución de los ingresos de la Aduana debido a la reducción del comercio internacional, la inflación, la caída del salario y la desocupación. Además, los productos primarios (principal rubro de exportación del país) perdieron importancia en el mercado mundial. En ese contexto económico los capitales norteamericanos retornaron a su lugar de origen debido a la alta rentabilidad de la especulación financiera.[165]​En 1927 se crea la Fábrica Militar de Aviones, constituyéndose en la primera empresa manufacturera del estado vinculada con la alta tecnología.[157]

En los años 1930, la economía argentina se deterioró notablemente,[11]​ producto de la inestabilidad política cuando una junta militar tomó el poder, poniendo fin a siete décadas de gobierno civil constitucional.[166]​ se convirtió en uno de los países más inestables.[167]

Período de sustitución de importaciones (1930-1946)Editar

El 1º de mayo de 1933 se firma el tratado Pacto Roca-Runciman por el cual el Reino Unido se comprometía a continuar comprando carnes argentinas en tanto y en cuanto su precio fuera menor al de los demás proveedores mundiales. Como contrapartida, Argentina aceptó la liberación de impuestos para productos británicos al mismo tiempo que tomó el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales. Paralelamente se creó el Banco Central bajo la conducción de un directorio con fuerte composición de funcionarios del Imperio Británico. No obstante todas estas concesiones, se le adjudicó además al Reino Unido el monopolio de los transportes de Buenos Aires. En mayo de 1935, el legislador santafecino, Lisandro de la Torre, acusó por fraude y evasión impositiva a los frigoríficos Anglo, Armour y Swift. Aportó pruebas que comprometían directamente a dos ministros de Justo: Federico Pinedo de Economía y Luis Duhau de Hacienda, en las que se establecía claramente el trato preferencial que recibían estas empresas que prácticamente no pagaban impuestos. De la Torre probó cómo se ocultaba información contable en cajas selladas por el ministerio de Hacienda y demostró hasta dónde llegaba la red de sobornos de los frigoríficos ingleses tras la firma del pacto Roca-Runciman.[168][129]

Con motivo del pacto, el Vicepresidente argentino Julio A. Roca (h) realizó la siguiente declaración:

La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así ha podido decir un publicista de celosa personalidad que la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico.

Antes de la Segunda Guerra Mundial un nuevo modelo de crecimiento económico comenzó a surgir. El Censo Económico de 1935 contaba con más de 600 000 trabajadores en la industria manufacturera (en su mayoría en empresas con menos de cinco empleados). El gobierno que hasta entonces había adoptado un laissez-faire comenzó a intervenir directamente en la economía. Hacia fines de 1933 Argentina ya era el país más industrializado de Latinoamérica. En 1933 el producto bruto manufacturero de Argentina alcanzaba los 845 millones de dólares, mientras que el de Brasil era de 540 millones, seguido por México con 233 millones.[129]

El período entre las dos guerras mundiales, y la crisis de 1929 presentaron desafíos para la economía argentina, como lo hizo para la mayoría de la población mundial.

Segunda guerra mundial (1939-1945)Editar

La menor cantidad de importaciones y los efectos beneficiosos de la guerra tanto en la cantidad y el precio de las exportaciones argentinas se combinaron para crear un excedente comercial de US$ 1,7 mil millones acumulados durante esos años. Se beneficiaron de la financiación innovadores y el gobierno, el valor agregado de la manufactura superó al de la agricultura por primera vez en 1943, y empleó a más de 1 millón de personas en 1947. Se aceleró el crecimiento de las industrias ya existentes en el país, como los frigoríficos, molinos harineros y envasadoras. La industria textil comenzó su desarrollo por esta época. Los productos textiles y metalúrgicos abarcaban casi todo el volumen de importaciones de bienes de consumo. Esta industria se vio favorecida ya que en la argentina existían materias primas necesarias. También se expandieron los rubros industriales de maquinarias, vehículos y productos químicos y farmacéuticos. La afluencia de gran cantidad de trabajadores rurales a la actividad industrial provocó un cambio en la clase obrera argentina. A través de la sustitución de importaciones la economía siguió creciendo moderadamente durante la Segunda Guerra Mundial. La industrialización de sustitución de importaciones (ISI) fue adoptada como política económica.

Durante el gobierno de Edelmiro Farrell se produjo la firma por Argentina del Acta de Chapultepec y otras iniciativas propuestas por Juan Domingo Perón como la sanción del Estatuto del Peón Rural, la sanción del decreto-ley 33.302/45 estableciendo el aguinaldo, la sanción del decreto-ley 1740/45 fijando el régimen de vacaciones para los obreros industriales y la creación de la Justicia Nacional del Trabajo. Se dispuso el congelamiento de alquileres y arrendamientos rurales, que tuvo un efecto positivo entre los trabajadores y los chacareros (pequeños y medianos productores rurales), y la creación de una Comisión Investigadora del escándalo de la compañía eléctrica CHADE, que tenía como misión profundizar la lucha contra la corrupción.

El 9 de octubre de 1941 se creó la Dirección Nacional de Fabricaciones Militares. En el año 1944 se creó el Banco de Crédito Industrial para dar créditos a los sectores industriales. Pero interferencias políticas obligaron al Banco a dar los créditos a las empresas argentinas más tradicionales, un intenso crecimiento de la producción y una rápida acumulación de capital. Es importante mencionar también, que la industrialización acelero el proceso de migraciones internas: grandes masas de población rural, se volcaron hacia los centros industriales, especialmente la capital. Se crearon varias fábricas de equipamientos militares, y también se radicaron varias industrias pesadas como las automotrices. Se instalaron grandes fábricas metalmecánicas, para la producción de motores, automotores, locomotoras y aviones. Además de crear la Fábrica Militar de Aviones en IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) y luego en DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas).[169]

Período peronista (1946-1955)Editar

Durante esta etapa, el país se caracterizó por el impulso a las obras públicas, la redistribución del ingreso hacia los sectores más desfavorecidos, la ampliación de derechos laborales y la intervención del Estado en la economía. Durante esta época el sector agropecuario se modernizó, a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se incrementó la producción y eficiencia agropecuaria.[170]​ Desde este espacio se trazó el Primer Plan Quinquenal73 de gobierno, que orientó la economía del país por parte del Estado desde 1947 a 1951. El crecimiento de la economía argentina durante el periodo peronista, alcanzó a un promedio del 3,6 % del PBI. Sin embargo, se pueden distinguir tres etapas. En los primeros años el crecimiento fue veloz, alcanzando un pico del 11 % en 1947, la política económica instrumentada por el gobierno y la posguerra, se combinaron para provocar una breve pero intensa etapa de auge entre 1945 y 1948, en la que esos agregados crecieron en forma acelerada. La producción, por ejemplo, se elevó casi un 30 %, el consumo, que entre 1930-1934 y 1946 se había expandido un 55 %, se incrementó en un 18,5 % ente 1946 y 1949. La inversión, deprimida durante la guerra, prácticamente se duplicó entre 1945 y 1948” (Rapoport, 2010). [171]​ Cuando Perón asume como presidente en 1946 había aproximadamente 500 000 trabajadores agremiados y que ya en 1951 esta cifra había sido elevada a 3 millones.

Uno de los principales objetivos de Perón era lograr la independencia económica de Argentina, para ello tomó diferentes medidas:

  • Nacionalización del Banco Central en 1946, con el fin de que los industriales tuvieran fondos para facilitar el desarrollo de actividades económicas de interés nacional y para satisfacer las necesidades del comercio externo e interno.
  • Se expandió la recientemente creada Marina Mercante, que a fines de 1942 explotaba 29 buques, afectados todos ellos al servicio de ultramar, con un personal de 1500 trabajadores.[172]
  • En 1952 el gobierno peronista decide saldar completamente la deuda externa, el país deudor de m$n 12 500 millones de pesaos moneda nacional se convertía en acreedor por más de m$n 5000 millones.[173]
  • Entre 1946 y 1948 todas las líneas férreas fueron estatizadas bajo la órbita de la Empresa de Ferrocarriles del Estado Argentino (EFEA, luego Ferrocarriles Argentinos) que antes se encontraban, en su mayoría, en manos de empresas británicas y francesas. Se dio un fuerte impulso a la construcción de nuevos ramales y a la ampliación de la red ferroviaria, que llegó a contar en 1954 con más de 120 000 km de extensión.[174]

En 1942 unos 6.5 millones de habitantes tenían provisión de agua corriente y 4 millones, servicios cloacales. En 1955 los beneficiarios se ampliaron a 10 millones y 5.5 millones respectivamente.

  • Se amplió el sistema de jubilaciones beneficiando a trabajadores independientes, empresarios y profesionales. Se estableció en 1948 el fondo de pensiones para personas sin recursos no acogidas en el sistema jubilatorio y se legisló sobre la pensión para viudas. En 1946 se incorporó como derecho el pago del aguinaldo. Se crearon y se pusieron en funcionamiento los primeros juzgados laborales, se estableció el Estatuto del Peón Rural y se reglamentaron las convenciones colectivas de trabajo.[176]

Respecto al consumo, entre 1945 y 1948 las ventas de cocinas aumentaron 106 %, las de heladeras 218 %, el calzado 133 %, los discos fonográficos 200 % y las radios 600 %, alentados por los programas redistributivos del gobierno y el crédito barato. Los préstamos al sector privado se triplicaron y las tasas de interés no superaban el 5 % anual, los préstamos a la industria se sextuplicaron y los préstamos a la agricultura se duplicaron.[177]

 
Propaganda del Primer Plan Quinquenal, promocionando el IAPI.

La principal fuente de ingresos no tributarios del gobierno central, el IAPI, se benefició con el aumento de la demanda internacional de granos y los altos precios que adquirieron durante 1946-1947. Estos ingresos ayudaron a financiar las obras de inversión pública de carácter social, en particular la construcción de más de 4000 hospitales y clínicas y más de 8000 escuelas. El aumento de inversiones públicas y extranjeras revitalizaron la economía, que creció en más de un 25 % en el período 1946-1948. Estos programas, entre otras cosas, ayudaron a erradicar las enfermedades tropicales en el norte y el problema recurrente con las langostas. Entre 1945 y 1948 la economía creció a un récord del 8.5 % anual, mientras que el salario real se acrecentó un 46 %.[169]

En esta etapa se inició, a través del Primer Plan Quinquenal un conjunto de importantes obras públicas, destinadas a modernizar la infraestructura del país, necesaria para el proceso de industrialización acelerado. Se construyeron diques con sus respectivas centrales hidroeléctricas como el Escaba en Tucumán, el Nihuil en Mendoza, Los Quiroga en Santiago del Estero y seis diques con usinas en Córdoba, seis en Catamarca, cuatro en Río Negro y tres en Mendoza, entre ellos los diques Florentino Ameghino, Los Molinos y La Florida. Así la potencia instalada en centrales pasó de 45 mil kVh en 1943, a 350 mil kVh en 1952.
También se construyó entre 1947 y 1949 el gasoducto que une Comodoro Rivadavia con Buenos Aires; con él la distribución de gas aumentó de 300 mil m3 a 15 millones de m3 por día, abarantando en un tercio los costos.[178]​ El extenso gasoducto, 1605 km, uno de los más largos del mundo en su momento, fue inaugurado el 29 de diciembre de 1949, más tarde la cañería sería extendida hasta Cañadón Seco, logrando extenderse por 100 km más.
La Argentina se colocaba así entre los tres países más avanzados en el aprovechamiento del gas natural, junto con los Estados Unidos y la Unión Soviética.[179]

Los precios mundiales de cereales disminuyeron a finales de la década del 1950. Las exportaciones argentinas fueron en gran medida excluidas del auge de los mercados europeos por la presión política de la administración estadounidense de Harry S. Truman.[cita requerida] Esto llevó al Presidente a adoptar políticas más favorables hacia las empresas a partir de 1952.

La ley n.º 12.987 conocida como "Ley Savio", fue sancionada el 13 de junio de 1947, junto con el Plan Siderúrgico Argentino y la constitución de la empresa SoMiSA, que pasó de una producción de 21 000 toneladas de acero en 1948 a 87 000 en 1954.
La empresa Siam fundada en 1911 adquiere gran impulso, expandiéndose mayormente debido a las ventas motonetas, ventiladores y otros electrodomésticos, que demandaba el mercado local. Su capacidad industrial le permitió iniciar en 1948 la producción de heladeras a un ritmo de 11 000 anuales, para alcanzar las 70 000 unidades diez años más tarde, llegando a ser la empresa latinoamericana más grande, con más de 9 mil empleados. En 1947 se funda Techint.

 
Fábrica Militar de Aviones de Córdoba - 1940-1950

En 1953 se promulga la ley n.º 14.122, que trata de otorgar garantías jurídicas a los propietarios; su principal objetivo era atraer empresas a la producción metal-mecánica en Córdoba en asociación con la Fábrica Argentina de Aviones. Se logró la privatización de la fábrica de tractores que quedó a cargo de Fiat. También en Córdoba se instaló una fábrica de automóviles denominada Industrias Kaiser Argentina. Ambas empresas obtuvieron créditos generosos de parte del Banco Industrial, garantías de reserva del mercado interno e instalaciones, equipos y personal calificado, logrando así beneficios desde el primer año de actividad. Estos fueron los mayores frutos de expansión industrial asociada con el capital externo, creando el primer y mayor polo metal-mecánico del país hasta el momento. Se instalaron grandes fábricas para la producción de motores, automotores, locomotoras y aviones, además de crear la Fábrica Militar de Aviones en IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) y luego en DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas).

Las políticas de estímulo a las exportaciones, a la inversión extranjera en petróleo y la industria del automóvil, el mantenimiento de altos salarios, derechos laborales y la fuerte inversión en obra pública, habrían de mantenerse como ejes genéricos de política económica durante los siguientes veinte años, incluso después de un conflicto con la Iglesia Católica que dio lugar al golpe de Estado en 1955.

Las ramas industriales privilegiadas en esta segunda etapa del proceso de sustitución de importaciones, del segundo Plan Quinquenal fueron la automotriz, la petrolera y petroquímica, la química, la metalúrgica y la de maquinarias eléctricas y no eléctricas, orientadas a ser industrias de base para el país. Las inversiones se orientaron hacia el aprovechamiento de las posibilidades que ofrecía un mercado interno protegido. El sector agropecuario se modernizó: a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias.[170]

Entre otras reformas sociales y económicas, durante el primer gobierno peronista "el componente salarial del ingreso nacional superó, por primera vez en la historia, a la retribución obtenida en concepto de ganancias, intereses y renta de la tierra. En 1948 aquel ascendía a 53 % contra 47 % de éste, lo que se comparaba favorablemente con la situación imperante sólo un lustro atrás, cuando los trabajadores percibían 44,4 % y los empresarios, capitalistas y rentistas recibían 55,6 %".[180]

La expansión siderúrgica se logró gracias al impulso de la empresa estatal de Dirección de Fabricaciones Militares, creada en 1941. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Perón impulsó el desarrollo de la industria aeronáutica, dirigiendo sus esfuerzos a reclutar científicos y tecnólogos extranjeros. La fabricación de los Pulqui I y II (primeros aviones a reacción diseñado en América Latina) fue acompañada por otros desarrollos, como la energía atómica, grandes obras de infraestructura e ingeniería civil, la creación del Instituto Antártico.[181]

Dictadura de Aramburu y cesación de pagos de 1957 (1955-1958)Editar

El 16 de septiembre de 1955, cuando la autodenominada «Revolución Libertadora» derrocó a Perón, Argentina había dejado de ser un país deudor y se había convertido en país acreedor. El Banco Central tenía 371 millones de dólares en reservas.

En noviembre de 1955, tras el desplazamiento del dictador Eduardo Lonardi y su remplazo por el dictador Pedro Eugenio Aramburu, este nombró a Eugenio Blanco ministro de Economía. Desde junio de 1956, sería también presidente del Banco Central de la República Argentina.[182][183]​ Durante su gestión, el Banco Central dejó de ser un promotor del desarrollo. Aramburu tomó deuda externa por 700 millones de dólares, que no pudo pagar, dejando al país al borde del default.[184][182][185]​ Este ministro aumentó por primera vez en la Historia argentina el efecto inflacionario, que había sido casi inexistente durante la primera mitad del siglo XX.[182][186]​A lo largo de 1957 los ferroviarios, empleados municipales, bancarios, alimentación, textiles, navales y telefónicos tomaron como ejemplo el caso metalúrgico y se lanzaron a la huelga erosionando a estabilidad del régimen. A partir de la aplicación del Plan Prebisch, la carestía aumentaba mes a mes. Desde enero, 3000 obreros y obreras de la empresa Philips durante varias jornadas reclamaron el reconocimiento de los delegados y la comisión interna. Se sumaron al conflicto los obreros de Siam, Piazza y Siambreta. Las luchas se extendieron a los obreros de la construcción de Mar del Plata, al frigorífico La Negra, del caucho, textiles, bancarios que reclamaban el reconocimiento de sus representantes, levantamiento de las intervenciones y aumentos salariales. Posteriormente se desató una violenta represión con allanamientos de domicilios, persecuciones, detenciones y despidos en las grandes empresas.Se decretó la intervención de la CGT, la derogación de la ley de Asociaciones Profesionales y la restricción del derecho de huelga, el desmantelamiento de IAPI y la privatización de los depósitos bancarios. De los 371 millones de dólares que se encontraban en el Banco Central, para el último día de la dictadura solo quedaban 125 y una deuda externa que comprometía mucho más que la totalidad de las reservas, mientras que el déficit de la balanza de pagos llegaba a los 339 millones de la misma moneda. El déficit fiscal se había elevado a 38.000 millones. Se habían liquidado en solo dos años tres millones de cabezas de ganado, había bajado sensiblemente la actividad industrial y aumentado exponencialmente la inflación, al tiempo que los salarios estaban contenidos y crecía la desocupación. Las importaciones sumaban en 1957 1.310 millones de dólares, superior a los 957 millones de exportaciones.[187]

Al finalizar la Revolución Libertadora, Argentina se encontraba en default, y la deuda externa era de 1800 millones de dólares. El déficit fiscal ―que en 1957 era de 27 000 millones de pesos― en 1958 se había elevado a 38 000 millones.[188]​ Aramburu desarticuló todo el sistema económico del peronismo ―basado en la industria nacional―, pasando la economía del país a depender enteramente de sus exportaciones de granos y carnes («Argentina debe ser el granero del mundo»), que además estaban controladas por grandes empresas extranjeras.[188]

Una democracia asediada por los golpes de Estado: década de 1960 y 1970Editar

Presidencia de Frondizi (1958-1962)Editar

Arturo Frondizi llevó adelante una política desarrollista Entre las condicionalidades se encontraba de su acuerdo con el FMI se encontraban el aumento de tarifas, la reducción del déficit fiscal. El resultado fue que el PBI cayó en 6,5 % en 1959, mientras que la inflación alcanzó el 125 % anual con lo que hubo una fuerte caída de los salarios reales y de la demanda agregada.

Frondizi profundizó la política petrolera impulsada en los últimos años de la presidencia de Perón.[189]​ Después de retener el cargo de ministro de Economía en el gobierno provisional de José María Guido (1962-1963). Se había suscrito un nuevo acuerdo "stand by" con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que impuso la reducción a cero de los derechos de importación, el incremento de los impuestos sobre el consumo y de las tarifas de los servicios públicos, la reducción de retenciones a las exportaciones y se redujeron el gasto y la inversión pública. A lo largo de 1959 se perdieron dos millones de jornadas laborales como consecuencia de las acciones directas de los gremios, y al año siguiente, la respuesta oficial fue poner en marcha el Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) por el cual miles de trabajadores resultaron movilizados de forma coercitiva.

El 6 de agosto de 1958, fue creada la empresa estatal Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF),[190]​ que se hizo cargo de la explotación de los yacimientos de carbón de la zona de Río Turbio hasta su privatización en 1994.[191]​ El 22 de junio de 1959 asumió como Ministro de Economía Álvaro Alsogaray, uno de los principales opositores del desarrollismo Alsogaray continuó y profundizó los lineamientos austeros y restrictivos del plan de estabilización, el FMI envió nuevos créditos stand-by de 100 millones de dólares cada uno, recomendaron aplicar con mayor vigor las medidas ortodoxas introducidas en 1958, se puso énfasis en la reducción del presupuesto, se fijaron nuevos límites a la expansión de los activos del Banco Central y no se concedieron aumentos de salarios en el sector público en cuanto al comercio exterior, se eliminaron impuestos a los productos importados, no así a los exportados, se redujo el número de empleados públicos, se aumentaron radicalmente las tarifas de servicios, se redujeron las indemnizaciones por despido, se acorto las licencias por maternidad, etc.[192]

En 1962 se produjo la mayor caída interanual de reservas del Banco Central pasó de 478 (1850 millones en 1955) a 233 millones en menos de siete meses. En ese período antes de pedir un rescate al Fondo Monetario internacional, Frondizi aumentó los aranceles a las importaciones en un 20%, subió de 8 a 18% el impuesto sobre las ventas(antecesor del IVA) aplicó un nuevo impuesto a la carga sobre combustibles, y creó 17 nuevos tributos nacionales. En mayo del 62 elevó nuevamente el impuesto sobre ventas del 11 al 19 por ciento, más un dos por ciento adicional transitorio. Tras el acuerdo con el FMI elevó el precio de los combustibles en promedio un 300% y privatizó una docena de empresas públicas.[193]

Durante la presidencia de Arturo Frondizi, su Ministro de Hacienda, Álvaro Alsogaray viajó a los Estados Unidos para acordar la llegada del general Thomas Larkin a la Argentina, para realizar un estudio de los transportes.[194]​ Así es que surgió el denominado Plan Larkin, que consistía en abandonar el 32 % de las vías férreas existentes, despedir a 70 000 empleados ferroviarios, y reducir a chatarra todas las locomotoras a vapor, al igual que 70 000 vagones y 3000 coches. El presidente Frondizi aceptó el Plan Larkin, que era avalado por el Banco Mundial. Así se inicia la masiva erradicación de locomotoras a vapor, ramales y una larga serie de cancelaciones y levantamiento de vías.

El plan Alsogaray hizo que el año 1959 concluyera con depresión económica, devaluación del peso y una caída de los salarios del orden del 30 %. La inflación, que había llegado al récord del 113,69 %, a partir de esas políticas, en los años sucesivos, se contrajo la producción; por ejemplo Fiat, que había producido 12 000 tractores en 1960, sólo produjo 8 000 en 1961. Como resultado cayó el empleo y se produjeron importantes conflictos gremiales.[195]​ a consecuencia de ello Frondizi recurrió a la gendarmería y al ejército, dándole a los militares funciones de policía interna, permitiendo que los huelguistas sean trasladados a cuarteles y sometiendo a los trabajadores ferroviarios al Código de Justicia Militar, para ser juzgados fuera del ámbito civil, en el marco de lo que se denominó plan CON.INT.ES. (Conmoción Interna del Estado).[196][197]​ La disminución de la actividad económica contrajo la base tributaria, por lo que el déficit estatal no se redujo sino que aumentó. No fue posible pagar las cuentas ni los salarios del sector público, que el ministro de Economía determinó abonar con títulos del "empréstito patriótico forzoso". El economista Aldo Ferrer ha caracterizado la política económica de Alsogaray: «Esa estrategia pretendió desarticular definitivamente al movimiento obrero, reinstalar los mecanismos de poder económico y la distribución vigentes antes del peronismo y asentar a la economía argentina en una marco de dependencia, nuevamente, en el sector agropecuario exportador y en los grupos comerciales y financieros ligados a ellos»

A consecuencia del Plan Larkin dejaron de correr trenes en la casi totalidad del ex Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, los ramales del ex Ferrocarril Patagónico, los del Ferrocarril Central del Chubut, del Ferrocarril Roca y demás líneas. El 30 de octubre unos 200.000 ferroviarios se unieron a la huelga. A lo largo de todo el país se produjeron manifestaciones y enfrentamientos. Se le ofreció más dinero a aquellos que cumpliesen sus tareas laborales en los días de huelga. Se obligó a los trabajadores a presentarse al trabajo, con la amenaza de ser detenidos en caso de no obedecer.

El 25 de julio de 1960, se inauguró el alto horno de San Nicolás de los Arroyos, para la producción de acero. La planta se había empezado a construir en la época de Perón, pero con su derrocamiento, los militares no la habían terminado.[198]​ Y la planta de SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina).[199]

Una vez depuesto Arturo Frondizi por los militares a fines de marzo de 1962, José María Guido, fue nombrado en su lugar. Su corto mandato (562 días) estuvo signado por una crítica coyuntura política y por la alta injerencia de la corporación militar en el proceso de toma de decisiones. En el plano económico, la oferta monetaria había aumentado provocando inestabilidad en la tasa de cambio, la balanza comercial era deficitaria y las reservas mermaban. Guido nombró a Federico Pinedo en el Ministerio de Economía, quien estuvo a cargo de la implementación de un severo programa de ajuste que incluía una devaluación de casi el 30 % y restricciones monetarias y crediticias se redujo el gasto público y se cancelaron los créditos al sector privado), lo que derivó en una crisis de falta de liquidez y Pinedo fue reemplazado por Álvaro Alsogaray. Los cuatro ministros que se sucedieron siguieron la misma orientación económica en términos generales, los indicadores económicos muestran lo limitado de los resultados obtenidos: el producto bruto per cápita y el consumo decayeron a su nivel más bajo en diez años; la utilización de la capacidad manufacturera instalada decayó a menos del 55 %; los precios y la tasa de desempleo aumentaron, al igual que las importaciones; hubo una importante reducción del gasto público, pero la recesión hizo que los recursos del Estado cayeran en una proporción mayor.[200]​Según De Pablo y Martínez (1989:22), el PBI cayó 1.6 % en 1962 y 2.4 % en 1963, mientras que el producto industrial disminuyó 5.7 % y 6.1 en los mismos años. El desempleo llegó al 9 % en el Gran Buenos Aires en 1963 y alcanzó cifras superiores en el interior del país.[201]​ Al caer Frondizi, en marzo de 1962, se la puede estimar en 1800 millones de dólares y al cesar el Gobierno de facto de José María Guido, en julio de 1963, bordea los 2100 millones.

Por su parte, el saldo del comercio exterior fue levemente positivo en 1959 (+USD 16 millones) y fuertemente negativo en 1960-1962 (–780 y –1398 respectivamente, tres y siete veces las reservas internacionales). La expansión de 1958 aceleró la inflación y la escasez de reservas, por lo que se pidió ayuda al Fondo Monetario Internacional (el primer acuerdo stand-by) y cambió el ministro de Economía, asumiendo en junio de 1959, Álvaro Alsogaray, con un programa ortodoxo. Devaluación, congelamiento de salarios y eliminación de controles estatales, aumento de impuestos que generaron una fuerte suba de la inflación con un deterioro de los salarios reales y un fuerte aumento del desempleo. La paz con los sindicatos terminó abruptamente, mientras los empresarios aprovechaban a despedir a los trabajadores más combativos sumado a la grave represión sindical usando las fuerzas armadas para seguridad interior, según lo previsto en el Plan Conintes (Romero, 2012).

En las elecciones el peronismo ganó 10 de las 14 gobernaciones, a pesar de los cambios intempestivos en las reglas y circunscripción electorales con el objetivo de boicotear al justicialismo, la prohibición de candidatos peronistas de hablar en radio y de hacer campaña en televisión y radio. Y si bien Frondizi intervino todas las provincias donde el peronismo había ganado, le encargó al dictador Pedro Eugenio Aramburu una mediación con los partidos políticos.

Presidencia de Illia (1963-1966)Editar

Con la llegada al poder de Arturo Illia en 1963, se continuará la etapa desarrollista inaugurada por Frondizi. Se fomentó la industria nacional, se destinó el 23 % del presupuesto nacional a la educación (otras fuentes indican que el promedio del gasto público en educación recién superó el 3 % del PBI en 1985, el 4 % en 1999 y el 5 % en 2007).[202][203]​ y se encargaron importantes obras públicas.[204]​ El panorama económico indicaba un tasa de desempleo era del 8.8% y el conjunto de la capacidad productiva instalada estaba trabajando al 55%. Todo esto provocó una fuerte caída de los ingresos fiscales, muchas empresas dejaron de pagar los impuestos y los aportes jubilatorios[205]​.[206]​La anulación de los contratos petroleros generó una fuerte polémica, obligó al Estado a pagar altas indemnizaciones y, por varias razones, se evidenció un estancamiento en la producción petrolera. Las presiones externas, y en particular de Estados Unidos, como veremos en el próximo apartado, no se hicieron esperar decretando un embargo a decenas de bienes argentinos cruciales para la producción industrial[207]

En el plano social se sancionaron las leyes de Salario Mínimo, Vital y Móvil, lo que redundó en una mejora en el ingreso de los trabajadores, y la ley de medicamentos, que abarató el costo e impulsó la industria farmacéutica nacional, logrando el autoabastecimiento y la exportación de medicamentos.[208]​ Su orientación económica entro en contradicción con los sectores de empresarios, quienes reclamaban la absoluta libertad de los mercados respondiendo con una disminución de sus inversiones productivas. Esta decisión provocó un aumento de la desocupación récord en el sector industrial y agudizó aun más las tensiones sociales. En enero de 1964, la CGT aprobó un «Plan de Lucha» que alcanzó su punto más alto en el mes de mayo, cuando se registraron más de 11.000 establecimientos fabriles tomados pacíficamente con un retroceso interanual de la producción industrial del orden del 7.3 por ciento.[209]

En 1963 no aceptó el reclamo de la Confederación General del Trabajo (CGT) de investigar la desaparición del militante sindical metalúrgico Felipe Vallese.[210]​El Ministerio de Trabajo impuso multas y solicitó embargos sobre los bienes de varios dirigentes sindicales debido a las huelgas que estos realizaban.[210]​ En 1965 prohibió que se realizaran actos de homenaje a las personas asesinadas en los fusilamientos de 1956 y a Felipe Vallese, y reprimió con la policía el intento de la oposición de realizar los actos, con numerosos heridos y detenidos.[210]

La Sociedad Rural y la Unión Industrial se habían unido en un asociación llamada ACIEL (Acción Coordinada de las Institutos Empresarias Libres).[211]​ Ambas atacaron persistentemente el déficit del Estado, la inclinación del gobierno por los controles de precios y de cambio, y la ineficiencia. Los medios de la prensa nacional y extranjera acusaron al presidente y a su gabinete de lentitud e inactividad.[212]​ Diarios y revistas de la época publicaban caricaturas en las que se veía a Illia representado como una tortuga.[213]

Dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse (1966-1973)Editar

El nuevo régimen militar intentó llevar adelante en 1966 una política de austeridad. Durante la dictadura de Onganía, el ministro de Economía Adalberto Krieger Vasena (1966 a 1969) aplicó diferentes medidas económicas de corte liberal. La supresión de medidas proteccionistas perjudicaron a productores regionales del Chaco, Tucumán y Misiones. Consecuentemente, el PBI cayo un 1.2 % y aumentaron los precios mayoristas y minoristas. Tras una devaluación del 40 %, la producción agrícola disminuyó considerablemente al igual que el sector industrial que sufrió una crisis. Disminuyeron las reservas y aumentó la importación de combustibles un 300 %, enfatizando la dependencia extranjera de insumos.[214]​ Existieron sectores que se vieron perjudicados, como los sectores rurales y los empresarios nacionales, por la falta de protección y la desnacionalización. La tasa inflación continuó su marcha ascendente y fueron negativos gran parte de los indicadores macroeconómicos.[215]​ La suspensión de los convenios colectivos de trabajo, la sanción de una ley de hidrocarburos para darle su control a empresas privadas en el negocio del petróleo y la sanción de la ley de alquileres que facilitaba los desalojos, fueron las medidas con las que comenzó su gestión el nuevo ministro. También se suspendieron los aumentos de los salarios por el término de 2 años. Varios sectores que se vieron perjudicados, como los sectores rurales y los empresarios nacionales, por la falta de protección y la desnacionalización. La tasa de inflación continuó su marcha ascendente (según el índice de precios mayoristas de diciembre de cada año las cifras indican que los precios aumentaron 3.9 % en 1968, 7.3 % en 1969, 26.8 % en 1970, 48.2 % en 1971 y 76 % en 1972)

En 1969 estalló en Córdoba un movimiento (conocido como "Cordobazo") que se venía gestando entre estudiantes de Universidades de distintas provincias y un fuerte grupo sindical de la provincia de Córdoba, donde se concentraban las principales fábricas automotrices. El 29 de mayo de 1969, a raíz de una huelga general, obreros y estudiantes poblaron las calles. A fines de 1969 Onganía, al ver su autoridad resentida, la salida de los capitales extranjeros y un brote de inflación de tres dígitos, intentó modificar las medidas adoptadas y el rumbo económico. Reemplazó entonces a Krieger Vasena por José María Dagnino Pastore, lo que no basto para mejorar la situación. En 1970 en medio de una crisis económico-social Onganía y su ministro fueron reemplazados, asumiendo el poder Roberto M. Levingston.

Con el aumento de las importaciones y de la inflación en 1970, producto de las reformas liberales de Krieger Vasena y Dagnino Pastore, el presidente Levingston quedó ubicado en una posición similar a la de Frondizi en la década anterior. En 1970, tras la salida de Onganía, la dictadura cambió el rumbo económico drásticamente, abandonando los postulados liberales y retomando el desarrollismo. Levingston nombró ministro de Economía a Aldo Ferrer, exministro de Producción y de ideas desarrollistas que se basaba en fuertes inversiones en obras públicas de infraestructura, impulso a la sustitución de importaciones, mejoras en los salarios y reducción de la desocupación.[216]

Paralelamente, Juan D. Perón presionaba al régimen militar para que finalizara el gobierno de facto. Finalmente en marzo de 1973 se convocó a elecciones libres, en las que resultó ganador el Partido Justicialista, lo que habilitó en junio de ese año el regreso del líder del exilio.

Tercer peronismo y el Pacto Social (1973-1976)Editar

Desde 1944 a 1974 la economía de Argentina creció casi cinco veces (o el 3.8 % en términos anuales), mientras que su población solo se duplicó.[cita requerida] Esta expansión fue bien distribuida y así dio lugar a cambios muy positivos en la sociedad argentina, especialmente el desarrollo de la clase media más numerosa proporcional (40 % de la población de la década de 1960) de América Latina, así como la clase obrera mejor paga de la región, y una gran sindicalización de los trabajadores.

En 1973, fue elegido presidente el peronista Héctor José Cámpora, en el inicio de lo que se conoce como Tercer peronismo. Llevó adelante el denominado Pacto Social, con resultados iniciales positivos: la alta inflación que amenazaba continuamente a la Argentina entre 1955 y 1973, menguó (del 62 % al 17 % anual), los salarios reales se recuperaron en un 13,33 %, se revirtió la situación de la balanza de pagos gracias a la acumulación de superávit por el comercio exterior. El incremento de los salarios y la expansión del gasto público alentaron la actividad interna.[217]

Tras unos meses en el poder, se realizan nuevas elecciones que dieron como ganador con más del 62 % de los votos a Juan Domingo Perón quien confirmó como ministro de economía a José Ber Gelbard y mantuvo el "pacto social" que regulaba los aumentos salariales y establecía controles de precios sobre los bienes de consumo. Esto dio como resultado que los salarios reales promedio fueran un 50 % superiores a los de 1963 y una nueva aceleración del crecimiento (6 % anual en 1973-74 y 80 % por encima de los niveles de 1963). Se dio un nuevo impulso al comercio exterior ampliando la flota de la Flota Mercante de Argentina (que contaba a fines de 1973 con 198 barcos) con la incorporación de seis cargueros nuevos y la construcción 27 unidades.[218]​ A principios de ese año se inauguró Central nuclear Atucha I siendo la primera central nuclear de Latinoamérica y comenzaron los trabajos de la central Embalse I para abastecer con energía los requerimientos de 3 a 4 millones de personas.[219]​ En 1973 se alcanzó un superávit comercial de más de mil millones de dólares.

Para 1974 la inflación había caído a 30.2 %, casi la mitad del 79.6 % que había en 1972, en tanto el desempleo pasó del 6.1 al 2.5 %.[220]​ El Mercado Común Europeo suspendió la compra de carnes argentinas.[221]​ El crecimiento del PBI pasó del 3.5 % en 1969/72 al 6.1 % en 1973, y al 6.4 % en 1974. La inflación se frenó, al tiempo que la balanza de pagos se vio favorecida por la positiva coyuntura exportadora. Las mejoras salariales y el incremento de gastos del Estado estimulaban el aumento de la actividad interna.[222]

Entre otras medidas fueron aprobadas por el Congreso la Ley de Represión penal para defraudaciones fiscales, la Ley de Promoción minera, la Ley de creación de la Corporación para el desarrollo de PYME, la ley sobre el Impuesto a la renta potencial de la tierra, la Ley de regionalización de Directorios de Bancos Nación y Banco Nacional de Desarrollo, la modificación de la Ley de Bosques, la Ley de creación Instituto Nacional de vivienda de interés social, la Ley de uso de tierras aptas para explotación agropecuaria y la Ley de defensa del trabajo y producción nacional.[223][224]​ El plan económico político de José Ber Gelbard planificaba una distribución del ingreso a favor de los trabajadores para el año 1980 de 58 %, superando ampliamente el 36 % de la participación salarial en el ingreso nacional para el año 1973. La política exterior argentina correspondiente a la economía política del tercer gobierno peronista buscó ampliar los intercambios y diversificar las relaciones económico-comerciales.[225]

Luego de la muerte de Perón en julio de 1974, asume la presidencia la por entonces vicepresidenta María Estela Martínez de Perón, jaqueada por la presión de su base política (los sindicatos, en particular) y los sectores empresarios,[226]​ decide dar un drástico giro en la política económica y nombra a Celestino Rodrigo ministro de economía que aplicó una devaluación que tuvo como consecuencia el episodio conocido como rodrigazo.[170]​ Si bien Argentina fue casi autosuficiente en petróleo, la crisis de los precios del petróleo impactó negativamente en la balanza financiera, el país pasó de importar petróleo por 60 millones de pesos (en 1973) a $ 600 millones de pesos (en 1974).[225]

Última dictadura cívico-militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983)Editar

El plan económico del "Proceso de Reorganización Nacional" fue diseñado por el empresario José Martínez de Hoz, ministro de Economía desde marzo de 1976 hasta el 29 de marzo de 1981). Martínez de Hoz siguió los nuevos lineamientos económicos de la Escuela de Chicago, que habían sido impuestos por primera vez por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile en 1973. Entre 1975 y 1990, la deuda externa trepó de 4 890 a 65 300 millones de dólares.[227]​ Los desocupados pasaron de 722 000 a más de 2 000  a. n. e.00. La era de sustitución de importaciones terminó en 1976. Esta etapa se caracterizaría por las hiperinflaciones, todas las cuales se produjeron desde 1976 444 por ciento, en forma paralela con los esquemas de financiarización de la economía, desindustrialización y endeudamiento externo que rigieron a partir de entonces. Se destacaron el alzas bruscas de precios a principios de la década del ’80, una aceleración en 1988 y picos máximos en 1989 (con una cifra astronómica de más del 4000 por ciento) y en 1990. Fenómenos acompañados por fuertes caídas del PIB.[228]

La inflación anual de tres dígitos fue una constante en esos quince años. Respecto a la distribución del ingreso se observó un marcado deterioro. Entre 1976 y 1990 las familias del decil más opulento en la distribución del ingreso acrecentaron su participación en la riqueza nacional en un 33 %, mientras que los hogares de los tres deciles intermedios (clase media) perdieron un 9.5 %, y los hogares de los tres deciles más bajos perdieron un 27.5 %. En 1974, antes de la implementación del liberalismo económico, solo un 4.6 % de las personas estaba situado por debajo de la línea de la pobreza, en octubre de 1982 esa proporción alcanzaba al 21 % y aumentaría aún más luego del episodio hiperinflacionario de finales de la década.[229]​ La salida de empresas comenzó en 1978, con la emblemática salida de General Motors de Argentina, a la que le siguieron Olivetti y luego un conjunto de laboratorios farmacéuticos. A partir de la Reforma Financiera de 1977, el Estado dejó de financiarse con préstamos del Banco Central y comenzó a hacerlo con créditos internos y externos. La demanda estatal de crédito interno contribuyó a sostener elevada la tasa de interés, por encima de la internacional, lo cual estimuló el ingreso de capital especulativo. A principios de 1977 se implementó una reforma que ubicaría al sector financiero en una posición privilegiada, mediante su liberalización, el alza de las tasas de interés y una mayor vinculación con los mercados internacionales. La especulación financiera pasó a ser un factor fundamental.[230]

Las políticas económicas de extrema regulación impuestas a través del golpe de Estado de 1976, fueron catastróficas para la economía argentina. El plan neoliberal produjo la declinación de la actividad industrial, la concentración de la riqueza y el deterioro de la calidad de vida que la población había alcanzado a mediados del siglo XX. El período se caracterizó además por un aumento exponencial de la deuda externa nacional, que se elevó de 7875 millones de dólares al finalizar 1975, a 45 087 millones de dólares en 1983.[231]​ La relación porcentual de deuda externa sobre PBI, pasó a ser una de las más elevadas de América Latina, lo que significaría un serio obstáculo para las políticas de desarrollo.

En el plano laboral Martínez de Hoz decretó el congelamiento de salarios provocando una caída del nivel de vida de la población sin precedentes, así mismo prohibió el derecho a huelga, e intervino todos los sindicatos. El salario real, sobre una base 100 en 1970, había subido a 124 en 1975, pero en 1976, en un solo año, cae a 79, el nivel más bajo desde los años '30 (OIT 1988). La participación del salario en el PBI entre 1975 y 1977, se redujo del 43 al 25 %.[232]

La pobreza, que desde los años '40 se ubicó siempre debajo del 10 %, y que era del 5,8 % en 1974, subió al 37,4 % en 1982, cifras inéditas para el país.[233]​ Además, el plan económico se caracterizó por altas tasas de inflación durante toda la dictadura. Asimismo se incrementó la brecha en la distribución del ingreso, el coeficiente de Gini pasó de 0.365 en 1975 a 0.423 en 1982, observándose un marcado deterioro en los niveles de desigualdad.[234]

El plan de Martínez de Hoz consistía en una reducción arancelaria que llegó a su máximo nivel en 1978, para darle competitividad a la economía y promover sus «ventajas naturales». El resultado fue un proceso de importaciones masivas y un efecto desastroso sobre la industria. Grandes empresas industriales cerraron sus plantas: General Motors, Peugeot, Citroën, Chrysler, Siam, Decca (Deutz-La Cantábrica), la planta de vehículos utilitarios de Fabricaciones Militares, Aceros Ohler, Tamet, Olivetti, y miles de medianas y pequeñas empresas industriales. Para 1980 la producción industrial había reducido un 10 % su aporte al PBI, y en algunas ramas como la textil, la caída superó el 15 %.[235]

En 1978, el plan neoliberal del ministro Martínez de Hoz dio indicios de ser un fracaso total: la inflación anual llegó al 160 por ciento, y el PBI descendió durante ese año cerca de un 3,2 %. En 1979 la inflación llegó al 139.7 %, con una economía estancada. Además, se generó una fuga de capitales del 25 % de los depósitos bancarios; los cuatro bancos más importantes del sistema fueron liquidados. Durante su gestión la deuda externa creció de 7.000 millones de dólares a más de 40.000 millones de dólares, es decir, que en siete años se multiplicó casi seis veces.[231][236]

Durante 1980 las exportaciones cayeron un 20 % respecto del año anterior, las importaciones subieron un 30 %. En ese contexto se produjo el “crack bancario” de 1980, que puso fin a la etapa de la denominada “plata dulce”. La quiebra del Banco de Intercambio Regional junto con el cierre de otras 37 entidades financieras, que a su vez repercutió en sectores industriales, originó una fuerte corrida bancaria y fuga de divisas.[237]

En medio de una profunda crisis económica y una corrida bancaria, renunciaron el presidente de facto Jorge Rafael Videla y su ministro José Alfredo Martínez de Hoz, asumiendo Roberto Viola. El 29 de marzo de 1981 asumió como ministro de Economía Lorenzo Sigaut, que dispuso una nueva devaluación que provocó que el peso perdiera un 35 % de su valor respecto al dólar, mientras el PBI caía un 6 % interanual. Tras estas medidas iniciales, desdobló el mercado cambiario dividiendo las operaciones con tipo de cambio financiero o libre de aquellas con otro comercial, mientras los precios aumentaban un 155 %. El resultado de estas medidas fue profundizar la recesión con alta inflación.[238]

El nuevo presidente del BCRA, Domingo Cavallo, decidió en septiembre de 1982 la estatización de 17.000 millones de dólares de deuda externa privada que pasó a ser deuda pública.[239]​ Las deudas de diferentes empresas, entre ellas Alpargatas S.A., Grupo Macri, Banco Francés del Río de la Plata, Banco Galicia, FATE-ASTRA, Bunge y Born S.A., Grafa S.A., Molinos Río de la Plata, Loma Negra S.A., Ledesma, Papelera del Plata S.A., Pérez Companc S.A., Banco Río y Acindar S.A., fue transferida al Estado para que este las pague.[236]

Retorno a la democracia y presidencia de Alfonsín (1983-1989)Editar

Tras más de 7 años de dictadura militar, el 10 de diciembre de 1983 se retoma la democracia, asumiendo la presidencia Raúl Alfonsín. Si bien contaba con un amplio respaldo del electorado, la situación económica heredada después del desastre económico producido por la aplicación de la escuela económica monetarista traería serias dificultades durante su mandato: la deuda externa había aumentado de 7961 millones de dólares (1975) a 41 054 (1983), es decir, la deuda pública consolidada había crecido del 33,8 % del PIB en 1975 al 64,2 % del PIB en 1983; la pobreza también había crecido del 5 % en 1975 al 8 % en 1980, siendo récord en el país. Así mismo la tasa de inflación era superior al 400 % y la deuda externa llegaba al 49.6 % del PBI, ahogando las finanzas públicas.lo que dio lugar a una creciente hiperinflación durante la década de 1980.[16]​ Las medidas adoptadas durante la última dictadura militar también contribuyeron a la enorme deuda externa. A fines de los ochenta, esta equivalía a la mitad del Producto Nacional Bruto (PNB).[16]

Su primer ministro de economía Bernardo Grinspun. En 1985 Juan Vital Sourrouille asumió el Ministerio de Economía, y propuso el Plan Austral: se creó una nueva moneda, el Austral; se implementó un fuerte control de precios; las tarifas de los servicios públicos (por entonces en manos del Estado) se congelaron. Pero el plan fracasó rotundamente a partir de 1987. El descontrol fiscal continuaba, y empezó a financiarse mediante emisión de moneda, lo cual llevó a un recrudecimiento de la inflación, a pesar del nuevo signo monetario. La inflación pasó de un 81.9 % en 1986, a 174.8 % en 1987, saltó al 387 % en 1988; y escaló a niveles de hiperinflación a comienzos de 1989. El éxito del Plan Austral fue efímero y parcial, a pesar de que logró detener la escalada inflacionaria.[240]​El descalabro económico y social fue mayúsculo. Los salarios llegaron a caer 90 % medidos en dólares. Las empresas pagaban parte del salario con cajas de comida. Con la devaluación del austral, miles de personas pasaron hacia la pobreza: la hiperinflación devoró salarios, generó revueltas, saqueos y llevó al adelantamiento del traspaso del poder. La hiperinflación provocó un aumento en el porcentaje de personas viviendo en la pobreza del 25 % a comienzos de 1989, al récord histórico de 47,3 % en octubre del mismo año.[241][242]

La perdida del valor de la moneda continuó y la economía sufrió una segunda hiperinflación pocos meses más tarde.[243]​ La situación llegó a un límite donde empezaron a haber saqueos en los supermercados. La situación se agravó y el Presidente Alfonsín debió anticipar la entrega de mando, que se concretaría en julio de 1989, mes en que la inflación acumuló un 200 % en apenas 30 días.

En 1988 estalla una severa crisis energética que paralizó la industria, se declaró asuetos administrativos. La escasez de electricidad había comenzado en abril de 1988 por lo que se realizaron cortes de luz rotativos de 5 horas por turno en ese mes. Sin embargo, con esas interrupciones no se logró solucionar el faltante energético, en diciembre se restringió a los espectáculos deportivos, la prohibición de la iluminación con fines ornamentales y la supresión de los trabajos nocturnos. La falta de energía eléctrica afectó también el abastecimiento del agua. Fue así como Obras Sanitarias de la Nación tuvo que distribuirla en tanques a las zonas del Gran Buenos Aires. Se atribuyó la crisis a la «falta de inversiones en materia de generación, expresando que en el período 1984-87 las inversiones en generación alcanzaron a u$s 28 millones cuando en realidad deberían haber sido alrededor de u$s 250 millones.[244]

La pérdida del valor de la moneda Austral llevada cabo por el Banco Central en 1989, llevó a una hiperinflación del 3079 % anual, ese año el dólar subió el 2038 %.[243]​ A fines de 1988 Argentina experimentó la peor crisis energética de su historia, que obligó a asuetos administrativos, canales de TV y oficinas bancarias operando sólo 4 horas diarias, y misiones de emergencia a Estados Unidos, la reducción de 20 % en el consumo de energía por todos los organismos de la Administración Pública, la prohibición de la iluminación con fines ornamentales y la supresión de los trabajos nocturnos. Con críticas que debieron enfrentar los ministros de Obras Públicas, Rodolfo Terragno; de Economía, Juan Sourrouille, etc. En el período 1984-87 las inversiones en generación alcanzaron a u$s 28 millones cuando en realidad deberían haber sido alrededor de u$s 250 millones sumado a la denuncias de corrupción de allegados al Ministro Terragno que dirigían la empresa estatal de energía. En general, el período comprendido entre 1980 y 1990, fue considerado la “década de la desinversión”.[245]

En 1987 un segundo plan, llamado "Primavera", demostraba el prematuro fracaso del anterior. Pero el alto endeudamiento externo e interno, estancamiento, escasa inversión en bienes de capital e infraestructura y un grave desequilibrio fiscal hicieron que el éxito durara poco tiempo.[cita requerida]El Plan Primavera duró poco. Los operadores cambiarios lo rechazaron, no generó confianza y adicionalmente a comienzos de 1989, el Banco Mundial suspendió su ayuda a la Argentina. En abril de 1988, Argentina entró en moratoria del pago de su deuda externa. Durante mayo de 1989, el tipo de cambio ―que oficialmente se encontraba fijo― se elevó de 80 a 200 australes por cada dólar estadounidense ―equivalente a una abrupta devaluación mensual de un 150 %― lo que naturalmente tendió a acrecentar en gran medida las ya de por sí fuertes presiones inflacionarias.La hiperinflación de 1989 provocó un aumento en el porcentaje de personas viviendo en la pobreza del 25 % a comienzos de 1989, al récord histórico de 47.3 % en octubre del mismo año.[246][247]

Paralelamente se lanzo el Plan Alimentario Nacional que se proponía llevar alimentos dentro de cajas a cuatro millones de beneficiarios.[248]​ Durante 1985 se suscitaron denuncias en torno del manejo del programa debido a la utilización de clientelismo político y compra de votos se denunció la repartija de cajas PAN a cambio de votos radicales antes de la elección de 1985.[249]

El 24 de mayo de 1989 fue decretado feriado bancario y estallaron los primeros disturbios aislados en Córdoba y Rosario la segunda y tercera ciudad más grandes del país. El 28 de mayo, Alfonsín anunció la eventual implementación de un plan económico de emergencia. Durante esa misma noche, se generalizaron los saqueos en la capital. Los operadores cambiarios rechazaron dicho plan. La inflación, que en febrero de 1989 era del 9.6 % mensual, alcanzó el 78.4 % en mayo. El fracaso del Plan Primavera llevó a que se adelantara la toma de posesión de Carlos Saúl Menem, presidente de origen peronista recientemente electo. El nuevo presidente Carlos Menem finalmente nombra a Javier González Fraga al frente del Banco Central y el nuevo equipo de economistas del gobierno liderado por Miguel Ángel Roig, hasta ese momento presidente de Bunge y Born, intentaron un nuevo plan heterodoxo de estabilización.

Período peronista-radical: recuperación económica, y posterior recaída de la economía y crisis (1989-2002)Editar

Presidencia de Carlos Menem (1989-1999)Editar

Carlos Menem asumió la presidencia el 8 de julio de 1989. El nuevo gobierno adoptó parcialmente los principios del Consenso de Washington, para esto introdujo una serie de reformas liberales, con la aprobación de la Ley de Reforma del Estado que otorgó superpoderes al poder ejecutivo para privatizar varias empresas estatales sin necesidad de aprobación previa del Congreso. En el marco de la fuerte espiral hiperinflacionaria que azotaba a la Argentina desde los últimos años de Alfonsín, Menem se reunió el 23 de mayo de 1989 con el directorio de un grupo económico, Bunge y Born, a pocos días de haber ganado las elecciones. Propusieron un modelo económico basado en los postulados del economista neokeynesiano estadounidense Lawrence Klein, y se comprometió una inversión de USD 3500 millones de dólares por parte de los conglomerados empresariales. Para B&B, propietaria de 89 compañías en ese momento,[250]​A pesar de dicho aumento y de los ingresos generados por las primeras privatizaciones, la situación económica se mantuvo convulsionada y a fines de 1989 se produjo una segunda hiperinflación. El ministro de economía Erman González, apeló al Plan Bonex: confiscó los depósitos a plazo fijo y los cambió por bonos de largo plazo en dólares. Paralelamente, se produjo el cierre de unidades productivas que, en algunas ramas de la actividad, como la textil, fueron masivas, con la subsecuente pérdida de puestos de trabajo.[251]​ Este plan logró reducir la inflación que terminó en 1990 de 2314 % anual. La inflación disminuyó hasta llegar a valores cercanos al 5 % mensual en el último trimestre del año.La Balanza Comercial en 1990 obtuvo un superávit extraordinario. Las exportaciones superaron en un 34 % a las del año anterior, mientras que las importaciones sólo fueron un tercio de aquellas. Para 1991 se llevó a delante la eliminación de la actualización monetaria o desindexación, para evitar que se trasladara hacia adelante la inflación pasada Se rebajaron los encajes bancarios de los depósitos en australes y se aumentaron los correspondientes a depósitos en moneda extranjera. En enero de 1991 renuncia Erman González y llegó el turno al cuarto ministro de economía del presidente Menem, Domingo Cavallo.

A partir de 1992 comenzaría a circular el peso convertible, una nueva moneda que constaba de la quita de cuatro ceros, por la Ley de convertibilidad se estableció un nuevo régimen cambiario, fijando el tipo de cambio en 10 000 australes igual a 1 dólar estadounidense, y luego, en 1992, en 1 peso igual a 1 dólar estadounidense. Para que esto fuese posible, sin embargo, debían existir igual cantidad de pesos en circulación que dólares en las reservas del Banco Central. De este modo, el Estado perdía la capacidad de emitir moneda, la medida tuvo un éxito inmediato; la inflación, salvo en un cierto comienzo, se frenó totalmente, y creció el consumo, gracias a que la clase media empezó a obtener financiamiento en cuotas a bajas tasas de interés, el Estado gozó de algunos años de superávit fiscal, producto tanto de un aumento de la recaudación impositiva.[252]

También prohibió que el Estado emitiera moneda para cubrir sus gastos, y la indexación de los contratos en pesos.

El PBI (producto bruto interno) entre 1991 y 1996 creció a un promedio del 4.7 % anual. Luego de ganar la reelección del año 1995, Menem nombró como ministro a Roque Fernández,[253]

  • 1990: 141.3524
  • 1991: 189.72 (34,2 %)
  • 1992: 228.7794 (20,5 %)
  • 1993: 236.7536 (3,5 %)
  • 1994: 257.44 (8,7 %)
  • 1995: 258.0318 (0,2 %)
  • 1996: 272.1498 (5,4 %)

La privatización de Entel fue una de las primeras y más importantes del gobierno menemista, dirigidas por el entonces ministro de Obras y Servicios Públicos, José Roberto Dromi y conducido por la ministra de la UCD María Julia Alsogaray quién sería condenada a cuatro años de prisión por fraude a la administración pública.[254]​ Se destacó por el incremento del valor de las tarifas telefónicas de manera abrupta. El 7 de febrero de 1990 el aumento fue del 112 %, elevándose a más del 300 % a fines del mismo mes.[255]​ El valor de ENTel fue fijado en USD 1.672 millones, cuando según estimaciones, su valor real de los activos duplicaba esa suma.[256]​ A Entel le siguió la privatización de Aerolíneas Argentinas, la red vial, los canales televisivos (con la excepción de ATC, hoy Canal 7), gran parte de las redes ferroviarias, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Yacimientos Carboníferos Fiscales, Gas del Estado, Subterráneos de Buenos Aires, el CEAMSE, la Casa de la Moneda, etc.[257]​ que condujeron a numerosas críticas y denuncias de irregularidades, omisiones y casos de corrupción. Pronto se privatizaron también [cita requerida]

Se desreguló la economía, reduciendo cupos, aranceles y prohibiciones de importaciones, y se estableció la libertad de precios. [cita requerida]Con el aumento de impuestos como el IVA (del 19 al 21 %) y Ganancias aumentó la recaudación fiscal. Entre fin de 1989 y 1995 la deuda pública neta del Estado nacional bajó 3765 millones de dólares.[258]​ En el mismo período el salario real aumentó un 29 %. El salario real de 1994 fue el máximo en 25 años, dándose la evolución del salario real de la siguiente manera (Base 1970=100; 1983-2014):

  • 1989: 64.86
  • 1994: 90.18
  • 1995: 83.51[259]

Se modernizaron las telecomunicaciones, a fines de los 80 la instalación de una línea telefónica se debía esperar hasta 15 años. El desorden administrativo llegó ser de tal magnitud que a fines de 1984 estaban instaladas 2.582.103 líneas, pero 252.992 estaban muertas y no funcionaban, existian 1.161.140 solicitudes de instalación que inútilmente esperaban durante 15 años que se les instalara un aparato. ENTEL solo tenía capacidad para instalar 77.400 líneas por año. El sistema telefónico colapsó a fines de los ´80 y se hizonecesario proceder a una privatización. Las compañías licenciatarias procedieron a instalar nuevos cables de fibra óptica, digitalizaron las líneas telefónicas e instalaron centrales automáticas de última generación. Con ello fue posible pasar de un período de instalación de 15 años a 24 o 48 horas en la mayoría de los casos. Se incorporó el servicio celular y el acceso a Internet.[260]​ La pobreza se redujo sensiblemente; en mayo de 1990 era del 42,5 %, y en el mismo mes del año 1994 había llegado al 16,1 % el PBI (producto bruto interno), creció entre 1991 y 1994 en valores inusuales.[261]

Los éxitos gubernamentales en el área económica que siguieron fueron coronados, primero, con la reforma constitucional de 1994 y, posteriormente, con la reelección de Menem a la presidencia, el 14 de mayo de 1995, bordeando el 50% de los votos. Entre fin de 1989 y 1995 la deuda pública neta del Estado Nacional bajó 3.765 millones USD, de 96.472 millones a 92.707 millones, pero la deuda externa aumentó.[262]​ En el mismo período el salario real aumentó un 29 %. El salario real de 1994 fue el máximo de los últimos 25 años.[263]​hasta us$ 145.000 millones en el 2000.[264]​ La mejora fiscal sirvió para lograr el acuerdo del plan Brady (con los acreedores externos). Entre 1990 y 1994, la productividad creció un 7,3% anual, pero ello tuvo una cara amarga: el desempleo. Por otro lado, la modernización el uso de tecnología, produjo una expansión económica poco intensiva en trabajo. Tras la salida de Cavallo se redujo el déficit fiscal llagando al equilibrio presupuestario para 1995 del orden de un superávit del 0.3 por ciento del pbi, manteniendose en numeros positivos hasta 1998.[265]​El PBI aumentó un 50 % en 10 años y llegó a 288.194 millones de dólares en 1998. Producto de políticas macroeconómicas sanas y consistentes desde el primer trimestre de 1990; sobre 39 trimestres 30 mostraron expansión económica, revirtiendo la historia de los 15 años previos de estancamiento.[266]

Hacia 1997 y 1998 la pobreza había afectado a más del 36 % de la población (13,4 millones de personas, se encontraban bajo la línea de pobreza). En tanto que el 8,6 % (3,2 millones de personas) vivían en la indigencia. En las regiones del noroeste, nordeste y Cuyo la pobreza superaba el 50 % de la población y la indigencia rozaba el 20 %.[267]​Contribuyeron al aumento del desempleo y el subempleo, los despidos masivos en las empresas públicas privatizadas, la terciarización de actividades y las sucesivas medidas de flexibilización laboral.

Presidencia de Fernando de la Rúa (1999-2001)Editar

Fernando de la Rúa asume la presidencia el 10 de diciembre de 1999, ya desde mediados de 1998 la economía argentina había ingresado en una profunda crisis. La inestabilidad económica provocó constantes cambios en el Ministerio de Economía, pasando por José Luis Machinea (1999 - marzo del 2001), Ricardo López Murphy (marzo-abril del 2001) y por último Domingo Cavallo, que ya había sido Ministro de Economía entre 1991 y 1996 y que había impulsado la Ley de Convertibilidad.

Al asumir encontró un elevado déficit fiscal, con un rojo de más de mil millones de pesos, una deuda externa del orden de los 145 mil millones anuales con vencimientos de casi 25 mil millones en el año siguiente.[268][269]​ Debido a esto, De la Rúa tomó severas medidas de ajuste con el propósito de sanear las finanzas: dispuso un recorte de sueldo de entre el 8 y el 20 % a los empleados públicos, docentes, fuerzas de seguridad y empleados judiciales que afectaron a más de 140.000 personas, recortes en el presupuesto de las Universidades Nacionales y el despido de 10.000 empleados, como parte de un paquete de ajuste exigido por el FMI.[270][268]​ Sin embargo las medidas no dieron resultado, para el año 2000 la crisis continuó, la economía se contrajo 0.5 % del PBI y la desocupación alcanzó el 14.7 %.[271]

En marzo del 2001 asumió como ministro Ricardo López Murphy que llevó a cabo un severo programa de ajuste fiscal por 2500 millones de dólares, de los cuales 1100 millones correspondían al área educativa. También se eliminaron partidas por 660 millones de pesos/dólares destinadas a las provincias, recorte en el presupuesto universitario por 361 millones para el 2001 y 541 millones para el 2002, recortes en sueldos docentes por 220 millones, rebajas en el salario familiar por 129 millones, recortes en jubilaciones por 127 millones y postergación en el pago de las mismas, anulación de pensiones y becas estudiantiles, achique y recorte en los programas sanitarios por 50 millones, IVA del 15 al 21 % para espectáculos culturales, fútbol, teatro y cine, eliminación de ayuda a productores rurales de siete provincias por 180 millones, despido inmediato de 40.000 empleados públicos, flexibilización laboral aumentando el período de prueba de 3 a 12 meses y recortes en las indemnizaciones por despido, privatización de las casas de juego y de parte del Banco Nación.[272]

El duro recorte supuso la ruptura de la coalición gobernante, miembros del FrePaSo dentro del gabinete renunciaron luego de presentado el programa económico. Debido a esto, López Murphy se vio obligado a retirarse a 16 días de haber asumido.[273]

Se convocó a ocupar la cartera a Domingo Cavallo, expresidente del BCRA durante la dictadura y Ministro de economía del menemismo. Cavallo junto a su equipo económico y Patricia Bullrich, entonces Ministra de Trabajo, anunciaron más ajustes. Se aprobó el impuesto a las operaciones bancarias, un recorte del 13 % en haberes previsionales que afectaron a 533.401 jubilados, recortes del 13 % sobre el salario de empleados estatales, y se emitió deuda por 3000 millones.[274]​ Estas medidas enfriaron el consumo y conllevaron a una mayor caída de los niveles de empleo.[275]​ El déficit fiscal se disparó a 4000 millones de dólares.[276]​ El desempleo pasó de 14,7 % en el año 2000 a 25 % a comienzos del 2001, niveles que marcaron un récord histórico en el país, superior incluso a los de la crisis de 1930.[277]

Durante el 2001 la situación económica se deterioró rápidamente: las tasas interbancarias orillaban el 900 % anual, el riesgo país se disparó,[278]​ (en marzo superó 800 puntos y en octubre llegó a 1859 puntos, el más alto del mundo), acompañado de una baja de 540 millones de pesos en depósitos bancarios en un solo día.[279]​ En octubre el desempleo fue récord 4.8 millones entre desocupados, 18.3 % de la población activa.[280]​ La deuda pública llegó a 132.000 millones de dólares, se registró una contracción mayor al 11 % en la actividad fabril y al 20 % en construcción en términos anuales, el PBI per cápita bajó un 10 % y la inversión un 30 %, y un déficit de 8.500 millones, sin contar el de las provincias.[281]

Ante una brusca caída de los depósitos y la fuga de divisas, el 1 de diciembre de 2001 se emitió el decreto 1570/2001,[282]​ que establecía prohibiciones para el retiro de dinero de las entidades financieras por parte del público. Al restringir bruscamente la liquidez monetaria estas medidas ahogaron todo movimiento económico, paralizando el comercio y el crédito, rompiendo las cadenas de pago. Las restricciones al retiro de dinero, sumada a la incautación de los depósitos promovida por Domingo Cavallo fueron conocidas popularmente como "Corralito". Estos hechos desembocaron en la crisis de diciembre de 2001 en Argentina.

Período neokeynesiano: salida de la crisis y regreso al crecimiento económico (2003-2015)Editar

Presidencias de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015)Editar

A mediados de 2002 se comienzan a vislumbrar signos de reactivación económica,[283]​ y desde 2003 a 2007, el país registró una fase de crecimiento económico con tasas que oscilaron en torno al 9 % (8,8 % en 2003, 9.0 % en 2004, 8.9 % en 2005, 8.1 % en 2006, 9.0 % en 2007, 4.1 % en 2008, 10.4 % en 2010, 6.1 % en 2011),[284]​ en parte debido a una política económica de dólar alto destinada a favorecer la sustitución de importaciones, incrementando la competitividad de la industria argentina.

El PIB per cápita para 2011 medido en paridad de poder adquisitivo de USD 17 376, es el más alto de América Latina.[285]

En los niveles de desempleo se observó una constante baja durante este período: 17,3 % 2003; 14,8 % en 2004; 11,6 % en 2005; 8,7 % en 2006; 7,9 % en 2008.[286]​ En 2011 el desempleo bajó al 6.7 por ciento, la tasa tocó un mínimo en 20 años, el nivel más bajo desde octubre de 1991.[287]
Además, la desigualdad medida a través del Coeficiente de Gini se redujo de 0.534 en 2003,[288]​ a 0.371 en 2013,[289]​ convirtiéndose en el país más igualitario de América Latina.[290]

Hacia el 2011 la CEPAL informó que la pobreza había descendido al 5.7 % y la indigencia al 1.9 %, con lo cual Argentina se ubicó como el país con menos pobreza de Latinoamérica y el segundo con menor indigencia.[291]​ La clase media en Argentina se duplicó, destacándose además como el país latinoamericano con el mayor aumento de su clase media como porcentaje de la población total, la clase media aumentó en ese período de 9.3 millones a 18.6 millones de personas.[292]​ Las exportaciones argentinas se multiplicaron por más de cuatro veces, solo entre 2002 y 2006 crecieron cerca del 80 %.[293]

Las exportaciones totalizaron en 2008 los 70.589 millones de dólares y las importaciones llegaron a 57 413 millones de dólares, el saldo neto de la balanza comercial fue de 13 176 millones de dólares.[294]​ En el año 2009 las exportaciones llegaron a US$ 56.555,[295]​ en tanto en 2010 treparon 68.500 millones de dólares.[296]

A pesar de la crisis internacional, el comercio exterior argentino y en particular las exportaciones siguieron creciendo fuertemente, alcanzando en 2011 un récord de US$ 84.295 millones, incrementándose un 24 % en términos interanuales.[297]​ Entre 2003 y 2011 hubo un crecimiento del 260 % en las exportaciones de manufacturas de origen industrial (MOI), un crecimiento de exportaciones de productos primarios del 212 % y el 182 % de las manufacturas de origen agropecuario.[298]​ Solo en la industria, el comercio y los servicios se crearon unas 200 mil nuevas empresas.[299]

La inversión extranjera directa en la Argentina alcanzó los 9.726 millones de dólares en 2008, experimentando crecimiento constante durante varios períodos consecutivos.[300]​ En el primer semestre del 2012, los ingresos de IED al país fueron un 42 % superiores a los de igual período del 2011.[301]​ Durante el año 2012 la inversión extranjera directa llegó a 12.551 millones de dólares, la cifra más alta en la última década. Registró un aumento del 27 % respecto del 2011, frente a un crecimiento de 6,7 % del resto de América Latina.[302]​ La medidas impulsadas por el gobierno habían alentado la reinversión de ganancias en el mercado interno argentino, que alcanzaron en 2012 los 7.984 millones de dólares, más del doble que en 2011.[303]​ Argentina se convirtió en el quinto país latinoamericano con mayor recepción de IED, por detrás de México (12.659 millones) y por delante de Perú (12.240 millones).[304]

La Inversión Bruta Interna Fija en 2009 representó el 20.9 % del PBI. Creció fuertemente en 2010 y 2011 y sufrió un leve retroceso en el 2012, finalizando en 21.8 % del PBI.[305]​ El nivel promedio de inversión, que entre 1993 y 2001 fue del 19 % del PBI, escaló a una media del 22.5 % entre 2006 y 2011, con un pico del 24,5 % en 2011.[306]

A partir del crecimiento económico luego de la crisis del 2001, los bancos otra vez ganaron depósitos: pasaron de $114.462 millones en diciembre de 2004 a $169.729 en diciembre de 2006, lo que implica un crecimiento de más del 48 %.[307]​ En el 2012 los plazos fijos del sector privado aumentaron más del 50 %.[308]​ Hacia 2013 los depósitos en pesos superaron los $600.000 millones (aproximadamente 117.000 millones de dólares).[309]

Según datos del FMI, la Argentina experimentó en este período una reducción del 73 % de su deuda externa respecto al Producto Bruto Interno (PBI). Argentina resultó ser el país con mayor nivel desendeudamiento del mundo.[310]​ En 2013, un estudio de la escuela de negocios española EAE Business School señalaba que de acuerdo al ritmo del crecimiento del producto bruto de la Argentina, en cinco años, la relación deuda/PBI sería aun menor alcanzando al 40 %.[311][312]​ La Argentina contaba a fin del 2011 con u$s 251 mil millones en activos externos, de los cuales u$s 46 mil millones eran reservas internacionales, con una posición acreedora neta de u$s 52 mil millones (+11 %/PBI).[313]

La producción de automóviles se incrementó desde los 169.621 vehículos fabricados en 2003 al récord histórico de 828.771 unidades en 2011. Lo que representó un crecimiento del 388 %, y que se ajusta al 350 % de incremento a lo largo de los diez años previos. La industria automotriz es el segundo sector industrial más relevante en términos de Inversión Extranjera Directa, en el período 2008-2013, se registraron inversiones por 16.900 millones de pesos en empresas automotrices, orientados a la producción de nuevos modelos, ampliación de plantas, desarrollo de proveedores y capacitación.[314]​ El sector automotriz experimentó entre 2003 y 2013 un crecimiento de producción de casi el 400 %.[315]

La Inversión Extranjera Directa (IED) orientada a la minería, creció a una tasa anual de 47 por ciento entre 2007 y 2012. Los puestos de trabajo, directos e indirectos, creados por la actividad minera pasaron de 79.000 en 2003 a 505.000 en 2013. En el mismo período los proyectos de inversión en ejecución pasaron de 18 a 614, mientras que la producción de minerales se multiplicó por diez.[316]

Esta época se vio afectada por la intervención del INDEC, razón por la cual los índices oficiales resultaron poco creíbles. La inflación no oficial rondaba el 35 % anual. Se generó un cepo bancario y la prohibición de comprar moneda extranjera. La pobreza se incremento en zonas como la provincia de Buenos Aires y el norte argentino.

El sector de la construcción y el desarrollo inmobiliario mantuvo en la década 2003-2013 una actividad firme y creciente. En el año 2002 la construcción contaba con 70.000 empleados registrados y creció hasta los 380.000 en 2013.[317]​ Paralelamente, el sector industrial de producción de electrodomésticos mostró importantes avances, llegando en algunos rubros a producciones récord.[318]

Respecto al sector agropecuario la soja, que se constituyó en el principal cultivo de Argentina, alcanzó en la temporada 2009/2010 una cosecha récord de 52 millones de toneladas, la producción de maíz paso de 23,7 millones de toneladas producidas en la temporada 2010/2011 al récord de 25 millones para la temporada 2012/2013.[319]​ Este crecimiento en el sector agropecuario también se vio replicado en cultivos menores, como el arroz y la cebada, que alcanzaron producciones cercanas a las 2 millones de toneladas en el primer caso, y de 5 millones en el segundo.

Se encararon una gran cantidad de obras públicas. En el sector de energía se realizaron inversiones por más de 80.000 millones de pesos, instalando más de 8.700 megavatios, tendiendo más de 4.000 kilómetros de líneas de alta tensión y ampliando en 20 millones la capacidad de los gasoductos.[320]

Según un informe anual de la ONU sobre el Desarrollo Humano para el año 2015, la Argentina es la segunda nación iberoamericana con más alto índice de desarrollo humano detrás de España, y por delante de Chile y Portugal.[321]​En el año 2015, el Banco Mundial calificó por primera vez a la Argentina como una economía de alto ingreso. En ese mismo año, el país tenía una renta per cápita de más de 16 000 dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo (PPA), la segunda más alta en América Latina (tras Chile).

Regreso a la crisis económica, nuevo acuerdo con el FMI y aumento de la deuda externa y la pobreza (2015-2019)Editar

Presidencia de Mauricio Macri (2015-2019)Editar

El 17 de diciembre de 2015 Macri liberó las restricciones cambiarias lo que supuso que el peso experimentara una devaluación cercana al 40 %,[322]​ (sería la mayor registrada desde 2002, cuando se puso fin a la convertibilidad).[323][324][325]​ En enero de 2016 una nueva devaluación produjo una suba de 44 centavos.[326]​ Asimismo, según algunos observadores, la medida produjo una contracción del consumo;[327]​ la desocupación llegará a dos dígitos como consecuencia de las medidas económicas y la multiplicación de cesantías en el sector público y privado.[328]

En abril de 2016 la inflación mensual en el país ascendió a 6,7 %, la más elevada desde 2002 según el indicador que difunde el Congreso, basado en reportes de las consultoras económicas privadas debido a la suspensión de los índices del INDEC decretada en diciembre. En términos interanuales, la inflación alcanzó 41,7 %.[329]

Para 2016 se estima que la inflación alcanzará el 37,4 %, el déficit fiscal un 4,8 % y que el PBI caerá un 1,9 %.[330]​ En diciembre de 2015, se eliminaron las retenciones a las exportaciones de trigo, maíz, y carne, y se redujeron las retenciones a la soja al 30 %, con lo cual el estado dejó de percibir unos 16 000 mil millones de pesos.[331]​ Las medidas adoptadas provocaron fuertes incrementos en productos de primera necesidad, entre ellos el aceite que aumentó un 51 %, la harina 110 %, el pollo 90 % y fideos 78 % entre otros, y un aumento del 50 % del precio de la carne en dos semanas.[332]​ Los nuevos valores de los cereales, que aumentaron alrededor de un 150 %, impactaron fuertemente en la producción porcina, que depende mayoritariamente de dichos insumos.[333]​ La actividad, simultáneamente enfrentó el impacto causado por el aumento de tarifas de energía, el precio del combustible y la importación de cortes congelados de países limítrofes.[334]​ También sufrieron un fuerte impacto negativo durante el 2016 las actividades vinculadas a la industria láctea[335]​ y la industria frigorífica vacuna.[336]​ Según algunos informes, durante los primeros meses de 2016 cerraron más de 1500 empresas, la mayoría de ellas vinculadas a la construcción, comercio y reparaciones, gastronomía y hotelería, e industrias manufactureras.[337]​ Otras fuentes indican números sustancialmente superiores.[338]

Para 2017, el segundo año de su gobierno de Mauricio Macri el país se encontraba tercero en el podio de con mayor déficit externo a nivel mundial con 31.000 millones de dólares en 2017, en cuando se comparaba el déficit en relación al PIB, Argentina se ubica en la quinta posición entre los países con mayor déficit fiscal, sólo detrás de Túnez, Senegal, Egipto y Panamá. Argentina se ubicó además como el quinto país del mundo con mayor déficit de cuenta corriente. Sumado el conjunto de déficit de cuenta corriente y déficit público se tiene que Argentina se encuentra actualmente en la cuarta posición en materia de los peores déficit gemelos a nivel mundial. Debido a los aumentos tarifarios y los saltos cambiarios en una economía altamente dolarizada, Argentina se encuentra entre los países de mayor inflación en todo el mundo, así mismo Argentina se situó entre los tres países con mayor disminución del salario mínimo en dos años de gobierno.Respecto a la tasa de interés (la tasa nominal es del 40 %) es la mayor del mundo que supera por 22 puntos porcentuales a Irán (18 %) y por 23 puntos a Egipto (16,8 %), incluso a Venezuela. Respecto al crecimiento económico y la caída de reservas. Argentina fue el tercer país en el podio de los que menos crecieron (+0,5 %), sólo por detrás de aquellos que vieron mermada su producción: Nigeria (-0,5 %) y Brasil (-2,6 %). En cuanto a caída de reservas, en el último trimestre Argentina fue el país del mundo de mayor deterioro del mundo, con una merma del 8,3 %.[339]

En 2018 la economía nacional de Argentina fue calificada como hiperinflacionaria por el organismo regulador de Estados Unidos, la Security and Exchange Commission (SEC), basándose a las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), que regulan la presentación de balances de las empresas que cotizan en Bolsa en todo el mundo.[340]​ En tanto la moneda argentina; el peso; fue la moneda de peor desempeño en el mundo en 2017, 2018 y 2019.[341][342][343]

La nueva metodología para medir la pobreza implementada por el gobierno de Macri fue objeto de críticas, debido a ciertas inconsistencias con otros indicadores, como el desempleo, el aumento del precio de los alimentos y la desocupación medida por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.[344]​ En marzo de 2017 renunció la directora de la Encuesta Permanente de Hogares, Cynthia Pok, debido a las presiones que sufría para falsear el índice de pobreza.[345]​ Estudios llevados adelante por universidades independientes, como el Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Católica Argentina, revelaron aumentos de la pobreza mayores que los publicados por el gobierno. Esta última, publicó a mediados de 2019 un estudio que mostraba que —a fines del año 2018— un 51,7 % de la población menor de 18 años eran pobres y que un 10,9 % eran indigentes, que un 29,3 % de los menores estuvieron subalimentados y un 13 % pasó hambre. En todos los casos se trataba de las cifras más altas desde que la UCA comenzó a publicar esas mediciones en 2010.[346][347]​ Según el índice de la UCA, durante el gobierno de Macri (hasta fines de 2018) la pobreza aumentó un 15 % y la indigencia un 27 % (de 3,3 % a 4,2 %).[348]​ Más allá de las dudas sobre la precisión de los datos del gobierno, el propio presidente Macri y sus principales funcionarios reconocieron que la pobreza aumentó durante su gobierno.[349]

Hacia el final del mandato de Mauricio Macri los resultados de la crisis económica tuvieron como consecuencia directa un menoscabo en la base electoral del mismo: Macri pasó de obtener un 51 % de votos en 2015 a un 40 % en octubre de 2019, siendo así derrotado en las elecciones generales por Alberto Fernández, quien obtuvo el 49 % de los votos.[350][351]

ActualidadEditar

Presidencia de Alberto Fernández (2019 - 2023)Editar

Causas del progresivo decliveEditar

 
Evolución del porcentaje del PIB per cápita de Argentina en relación con el de Estados Unidos en el período 1900-2008.

La particular condición de Argentina de ser un país que había logrado un avanzado desarrollo en el siglo XX, pero haber experimentado una gran debacle, inspiró a una gran cantidad de libros y análisis sobre las causas de este declive.[352]Simon Kuznets, ganador del Premio Nobel en Economía, remarcó que hay cuatro tipos de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y Argentina.[353]

Según Guido di Tella y Manuel Zymelman (1967), la principal diferencia entre Argentina y otras sociedades colonizadoras como Australia y Canadá fue la falta de alternativas adecuadas para compensar el fin de la expansión geográfica tras el cierre definitivo de la frontera.[354]​ Carl E. Solberg (1985) tomó nota de las diferencias entre la distribución de terrenos en Canadá, lo que llevó a un aumento del número de pequeños agricultores, y el pequeño número de propietarios de cada uno de los terrenos de gran extensión en Argentina.[354]​ De acuerdo con Platt y Di Tella (1985) la tradición política y la inmigración de diferentes regiones fueron factores clave, mientras que Díaz Alejandro (1985) sugirió que una restrictiva política de inmigración similar a la de Australia habría aumentado la productividad alentado por la relativa escasez de mano de obra.[354]

Taylor (1992) señaló que la relativamente alta tasa de dependencia demográfica y la transición lenta en Argentina llevaron a una dependencia del capital extranjero para compensar la baja tasa de ahorro resultante.[354]

Hacia mayo de 2017 se advirtió que el déficit fiscal era récord, siendo el tercer déficit fiscal más alto de la historia argentina, por encima del 7 %, sólo superado por el Rodrigazo y el pico registrado durante el alfonsinismo en la hiperinflación de 1989.[355][356]​ Mientras otras consultoras estiman que el año termine con un déficit del 7,9 % del PBI en 2017.[357]​ Sumado al déficit cuasifiscal del stock de deuda en Lebacs y Letes que aumentó a 900.000 millones de pesos, y para fin de año, calcula el economista Luis Secco, será de unos 1,2 billones de pesos, es decir, unos 75.000 millones de dólares. Eso es el 14 % del PBI, considerándose un déficit fiscal disfrazado o déficit cuasifiscal.[358]

PeríodosEditar

Período Subperíodos Duración
Indígena Único prehistoria-1516
Colonial Temprano (Potosino), Medio y Tardío (Porteño) 1516-1810
Independiente Guerra de Independencia, Caudillismo y Nacional 1810-1869
Transicional Sarmiento y Avellaneda 1869-1880
Agroexportador Temprano y Tardío 1880-1930
Sustitución de importaciones Temprano y Tardío 1930-1944
Peronista (Nacionalista) Temprano y Tardío 1944-1956
Marchas y contramarchas (stop and go) Inicial, Frondicista, Gradualista 1956-1966
Industrial Tardío Onganía, Lanusse 1966-1973
Tercer Peronismo Pacto Social, Crisis del modelo 1973-1976
Neoliberalismo Temprano, Medio, Tardío y de Crisis 1976-1983, 1989-2001, 2015-2019
Crisis de los '80 Gradualista, De Shock, Crítico (hiperinflación) 1983-1989
Neokeynesianismo Inicial, Medio y Tardío 2003-2007, 2007-2015, 2019-2023

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Simon Kuznets, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1971 por sus investigaciones sobre crecimiento económico, señaló «Existen cuatro clases de naciones: países desarrollados, países en desarrollo, Japón y Argentina». Japón representa un caso de excepción por su capacidad de reconstrucción y desarrollo desde la situación de extrema dificultad en la que se hallaba luego de la segunda guerra mundial (1939-1945). En el otro extremo, Argentina evolucionó desde una posición aventajada hacia un declive de sus variables económicas.
  2. Miguel Castillo García (Marzo de 2015). «La paradoja de la economía argentina: la penúltima crisis de desgobierno». Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Madrid: Universidad Pontifica ICAI ICADI. p. 6. 
    Roberto Cortés Conde (2007). «El país que pudo ser». Historia Económica Mundial. Buenos Aires: Ariel. p. 271. 
  3. «Argentina lidera Latinoamérica en desarrollo humano, pero sigue desigual». Clarín (Buenos Aires). 15 de diciembre de 2015. 
  4. Jorge Schvarzer (28 de abril de 2008). «¿Cuál es la situación de la industria?». Página/12 (Buenos Aires). 
  5. Jimena Segura (4 de mayo de 2014). «La Argentina se afianza como el eje de la industria cultural en la región». Tiempo Argentino (Buenos Aires). Archivado desde el original el 22 de abril de 2016. 
  6. «La Argentina, con las tasas educativas más altas de la región». La Nación (Buenos Aires). 6 de febrero de 2002. 
  7. «La Argentina, el país más desarrollado de América latina». La Nación (Buenos Aires). 7 de septiembre de 2005. 
  8. The World Factbook GDP (gross domestic product) per cápita (estimación para 2016).
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  320. «“Argentina tiene el consumo de energía per cápita más alto de la región y sólo importa un 8 %"». Télam - Agencia Nacional de Noticias. 19 de mayo de 2013. 
  321. «Para la ONU, Argentina es el mejor país de Latinoamérica para vivir. El informe sobre Desarrollo Humano ubica a nuestro país en el puesto número 40, por encima del resto de los vecinos de la región. El estudio tiene en cuenta la salud, la educación y el dinero», artículo del 16 de diciembre de 2015 en el sitio web del canal TN (Buenos Aires). Presenta una copia del informe completo, en español.
  322. Rebossio, Alejandro (2015): «El final del cepo cambiario: el peso argentino se deprecia el 30 % y amenaza con avivar más la inflación. La liberalización del control de cambios deriva de una fuerte devaluación de la moneda. Argentina libera el control de capitales», artículo del 17 de diciembre de 2015 en el diario El País (Madrid).
  323. «El peso argentino recorta pérdidas tras devaluación: la moneda cayó 26 % tras registrar en la mañana su menor nivel desde 2002; el movimiento se debe a la eliminación de los controles cambiarios en la nación sudamericana», artículo del 17 de diciembre de 2015 en el sitio web CNN Expansión (Atlanta).
  324. «El Gobierno de Mauricio Macri anunció el levantamiento de medidas cambiarias que limitaban la operatoria del mercado: el peso argentino se devalúa 30 %, la peor caída en 13 años», artículo del 16 de diciembre de 2015 en el sitio web Dinero en Imagen (México).
  325. Millán, S. (2015): «Telefónica, BBVA, Santander, Abertis o Gas Natural: las empresas españolas en alerta ante la devaluación del peso argentino», artículo del 17 de diciembre de 2015 en el sitio web Cinco Días (Madrid).
  326. «Estanflación», artículo del 17 de enero de 2016 en el diario Perfil (Buenos Aires).
  327. «En el primer semestre el consumo seguirá en baja» Archivado el 29 de enero de 2017 en la Wayback Machine., artículo en el sitio web del canal televisivo Crónica (Buenos Aires).
  328. «En 2016, el desempleo llegaría a los dos digitos», artículo publicado en el sitio web Sin Mordaza (Buenos Aires).
  329. «Según el Congreso, abril tuvo la inflación más alta desde 2002». La Nación. 24 de mayo de 2016. 
  330. Franco, Liliana (2016): «Bein estima para 2016 inflación del 37,4 %, déficit del 4,8 % y caída del 1,9 % en PBI», artículo del 24 de mayo de 2016 en el diario Ámbito Financiero (Buenos Aires).
  331. Darío Gannio (15 de diciembre de 2015). «Retenciones: el costo fiscal de la quita dispuesta por Macri». En Destape (periódico digital). «El grupo de economistas estimó que ese costo fiscal equivale a "885 escuelas, 1.475 km de ruta, 61 meses de AUH+asignación por embarazo o 1.624 unidades de trenes eléctricos al cambio actual".» 
  332. «El precio de la carne subió 50 % en dos semanas». El Sol (Mendoza). 27 de diciembre de 2015. 
  333. «2016: Un año para el olvido». TodoCerdos (portal de noticias del sector porcino. 
  334. José E. Bordón (19 de junio de 2016). «Alertan que se agrava la crisis en el sector porcino por la suba de los costos y la importación». La Nación. 
  335. «Para los tambos, fue el peor año desde la crisis de 2001». AgroVoz. 22 de diciembre de 2016. 
  336. «La faena 2016 fue una de las más bajas de la historia, pero con animales de mayor peso». AgroVoz. 9 de enero de 2017. «[...] el balance de 2016 cerró negativo para los frigoríficos: la cantidad de cabezas faenadas fue la más baja en tres ejercicios y una de las peores de los últimos 37 años.» 
  337. «Según datos de la AFIP, al menos 1686 empresas cerraron en los primeros cinco meses del año». El Diario de Buenos Aires. 2 de junio de 2016. 
  338. «Se cerraron más de 500 mil cuentas sueldo en 2016». Info Gremiales. 9 de septiembre de 2016. «La información surge de las estadísticas del Banco Central de la República Argentina publicados bajo la gestión de Federico Sturzenegger. Además, hasta mayo, se registraron unas 6 mil empresas menos.» 
  339. «Mirá cómo le iría a la Argentina en el "Mundial" de variables económicas». Ambito Financiero. lunes 28 de mayo de 2018. 
  340. https://www.pagina12.com.ar/128338-hiperinflacion
  341. «El peso es la peor moneda con desempeño en el mundo». En Orsai. 1 de marzo de 2018. 
  342. «Los bancos podrán tomar deuda para dar préstamos hipotecarios indexados». 
  343. «https://www.eldia.com/nota/2018-1-28-3-13-31-por-el-boom-de-los-creditos-uva-en-2017-las-hipotecas-crecieron-61-12-en-la-provincia-politica-y-economia». 
  344. «Los engaños metodológicos del INDEC de Todesca». Tiempo Argentino. 9 de octubre de 2017. 
  345. «Macri lanzó su reelección: ¿Es posible que gane?». El destape. 11 de marzo de 2018. 
  346. «Alarmante: el 51,7 % de los chicos son pobres en Argentina (el nivel más alto en una década)». Diario Ámbito Financiero. 6 de junio de 2019. 
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  350. Macri pierde la reelección en Argentina: los 3 errores que torpedearon un proyecto que se planteó "para 20 años", por Daniel Pardo 28-10-2019, BBC News Mundo
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