Historia precolombina de Argentina

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Poblamiento inicialEditar

El científico argentino Florentino Ameghino (1854-1911) elaboró una teoría que afirmaba el origen pampeano del hombre (el Homo pámpeus) pero que luego sería refutada y dejada de lado.

Los primeros seres humanos en llegar al actual territorio argentino parecen haber llegado por el extremo sur de la Patagonia provenientes de lo que hoy es Chile. La presencia humana más antigua se encuentra en Piedra Museo (Santa Cruz) y se remonta a 11 000 a. C. Junto con los yacimientos de Monte Verde (Chile) y Pedra Furada (Brasil) constituyen, hasta el momento, los sitios de poblamiento más antiguos de Sudamérica y sustenta la teoría del poblamiento temprano de América (pre-Clovis).

Otro remoto asentamiento fue ubicado en Los Toldos, también en la provincia de Santa Cruz. con restos que datan de 10 500 a. C..

Estos primeros habitantes del territorio argentino cazaban milodones (parecido a un gran oso con cabeza de camello ya extinguido) e hippidions (caballos sudamericanos que desaparecieron hace 10 000 años), además de guanacos, llamas y ñandúes.

Cerca de allí, también es posible ver las pinturas de manos y guanacos estampadas 7300 a. C. en la Cueva de las Manos (río Pinturas, provincia de Santa Cruz). Se trata de una de las expresiones artísticas más antiguas de los pueblos sudamericanos y ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Para el año 9000 a. C. ya había comenzado el poblamiento de la pampa, en tanto que la zona del noroeste comenzó a ser habitada hacia el 7000 a. C..

Zonas culturalesEditar

Los pueblos aborígenes argentinos se dividieron en dos grandes grupos: los cazadores y recolectores, que habitaban la Patagonia, la Pampa y el Chaco; y los agricultores, instalados en el noroeste, Cuyo, las Sierras de Córdoba y, más tardíamente, en la Mesopotamia.

Culturas andinasEditar

Culturas andinas de CuyoEditar

  • Período precerámico: (No hay datos)

Agua de la Cueva, a 2900 msnm, en la precordillera mendocina, testimonia la presencia humana hacia el 8900 y 8300 a. C.

  • Cultura de Ansilta. Fue una de las primeras culturas en desarrollar una agricultura precaria en lo que hoy es Argentina, donde hoy se encuentran Mendoza, San Juan y San Luis. La cultura de Ansilta se prolongó por más de 2000 años, entre el 1800 a. C. hasta el año 500 d. C., lo que significa un extraordinario caso de continuidad. Es probable que hayan sido antecesores de las etnias del linaje huarpe.
  • Sur de Mendoza: En la Cueva del Indio del Rincón del Atuel, se observa que, a partir del siglo IV d. C., los cazadores y recolectores comenzaron a practicar la agricultura, así lo demuestran restos de porotos, semillas de maíz y de zapallo.[1]

Culturas agroalfareras del NoroesteEditar

De acuerdo a la clasificación que Rex González hizo en 1962, las culturas agroalfareras del período preincaico en esta zona se pueden agrupar en tres períodos cronológicos:

Período tempranoEditar
Prehistoria de Argentina
 
Cueva de las Manos (Santa Cruz, Argentina; 7300 a. C.)
El arte más antiguo de Sudamérica.
 
El maíz, domesticado en Mesoamérica, traído por las culturas andinas.
 
El tomate, descubierta por las culturas andinas
 
La papa, domesticada por las culturas sudamericanas
 
Menhires de la cultura Tafí.
Colección del Museo de La Plata
 
Detalle de la vitrina dedicada a la Cultura de la Ciénaga.
Museo de La Plata.
 
Vitrina dedicada a la cultura La Candelaria.
Museo de La Plata
 
Escultura monolítica de un suplicante.
Cultura Alamito
 
Los guaraníes cultivaban la mandioca, entre otras plantas.
 
El mate viene de los guaraníes.

Comprende las culturas que abarcan desde los primeros poblamientos hasta el año 650 de nuestra era, son las siguientes:

  • Cultura condorhuasi. Hacia el 200 a. C. aparece la cultura condorhuasi, en la actual Catamarca. Fue una sociedad de pastores de llamas en la que la agricultura era solo complementaria. Tuvieron un culto violento, en el que utilizaban de modo chamanista alucinógenos como el cebil y realizaban sacrificios humanos. Estuvieron entre los primeros en realizar aleaciones metálicas. En la actualidad llaman poderosamente la atención sus esculturas antropomorfas de piedras, denominadas hoy Suplicantes, bellas y abstractas esculturas en las que se representan figuras humanas en una conmovedora posición de súplica (invocando la lluvia y la fertilidad). Desaparecieron entre el 200 d. C. y el 500.
  • Cultura de Tafí (siglo III - siglo IX). Contemporáneamente con la Cultura de La Ciénaga aparece la zona del Tafí del Valle, en el hoy territorio de Tucumán. Eran agricultores que cultivaban, entre otras cosas, maíz. Lo hacían en sencillas terrazas y andenes y domesticaban llamas.
  • Cultura de la Ciénaga (1-600 d. C.). En el siglo I aparece esta primera sociedad plenamente agrícola que se desarrolló en actual territorio argentino, también donde hoy está Catamarca. Tenían plantaciones de maíz y sistemas de irrigación por canales. Tenían ganados de llamas y las utilizaban en caravanas para realizar intercambios entre aldeas. Construyeron pequeñas aldeas de no más de 30 viviendas. Fueron un antecedente directo para la Cultura de la Aguada.
  • Cultura de La Candelaria: se desarrolló entre el año 200 y el 1000 de nuestra era en el área centro-sur andina de la provincia de Salta y centro y norte de la de Tucumán en las llamadas selvas occidentales. Toma el nombre del departamento salteño de La Candelaria, donde fue descubierta. La cerámica que produjeron es generalmente de color gris con trazos simples y figuras geométricas como rectángulos y triángulos que representan figuras humanas y de animales. Fabricaban también instrumentos musicales de viento con formas de animales.
  • Cultura de Alamito: se desarrolló entre el 400 a. C. y el 650 d. C. en la zona del Campo de Pucará (en la provincia de Catamarca). Muy influenciada por la cultura Condorhuasi. Trabajaron admirablemente la piedra, creando las obras llamadas Suplicantes tomando como modelo la figura humana, de absoluta originalidad.
  • Cultura Las Mercedes: se desarrolló entre el 400 a. C. y el 700 d. C. en las sierras de Sumampa y Guasayán, en la provincia de Santiago del Estero.
  • Cultura de San Francisco: es la más antigua manifestación de asentamientos de grupos agroalfareros del Noroeste argentino. Se desarrolló desde el año 600 a. C. hasta el comienzo de nuestra era en los valles orientales jujeños.
Período medioEditar

Comprende las culturas desde el año 650 hasta el 850, son las siguientes:

  • Cultura de la Aguada. Entre los siglos IV y X se desarrolla la cultura de La Aguada en el territorio de las actuales provincias de Catamarca y La Rioja, identificada por el arqueólogo argentino Rex González, quien la define como «la más andina de las culturas del noroeste argentino», vinculada al horizonte cultural Tiwanaku. La Aguada se caracterizó por desarrollar un extraordinario arte alrededor de la figura del yaguar. Según José Pérez Gollán (1992) la Aguada es un momento histórico de la culturas del noroeste, en el que surge una nueva forma política: los llamados «señoríos» o «jefaturas», por estar dominadas por un «señor», que dominaba una determinada región por medio del control del excedente económico y los recursos simbólicos.

En sus representaciones se destaca la presencia del sacrificador. Su economía estaba apoyada en una expansiva agricultura en terrazas regadas por complejos sistemas hidráulicos. Producían maíz, porotos, calabazas y maní. Intercambiaban productos con lugares muy distantes San Pedro de Atacama o el Valle de Copiapó, usando un sistema transporte basado en las llamas. La metalurgia era muy avanzada y descubrieron el bronce antes de la llegada de los españoles. Hacia el 900 d. C., La Aguada desaparece. Su herencia va a encontrarse en las Cultura Belén y Santa María.

  • Cultura Sunchituyoc: se desarrolló entre el 700 y el 900 de nuestra era en el interior de la llanura central de la provincia de Santiago del Estero. La decoración de su cerámica fue profusa, con pájaros humanizados, cóndores, águilas y loros de agudo pico y víboras.
Período tardíoEditar

Comprende las culturas desde el año 850 hasta la llegada de los incas en el 1450, son las siguientes:

  • Cultura Santa María (1200-1470): la existencia de terrazas de cultivo y sistemas de riego muy complejos permitió a Santa María tener una gran población y acumular excedentes que eran almacenados en silos subterráneos. Cultivaron el maíz, la papa, el poroto, la quínoa y el zapallo y recolectaron intensivamente algarroba y chañar. Fueron expertos ganaderos y utilizaron el forraje. Realizaron un amplio intercambio de producto con otros pueblos distantes usando sus caravanas de llamas. Alcanzaron un notable desarrollo de la metalurgia del cobre, el oro y la plata y fueron conocidos en toda la región por sus bronces de excelente calidad. Santa María alcanzó una gran complejidad sociopolítica: un señor, cuyo poder era hereditario; guerreros y sacerdotes, la cultura santamariana coincide en gran medida con la etnia diaguita.
  • Cultura Belén: se desarrolló en los departamentos de Belén y Tinogasta en la provincia de Catamarca, a lo largo del río Hualfín. Su desarrollo se produce entre el año 1000 y el 1450 en los valles de Abaucán y Hualfín, donde estaba su centro principal, y en el bolsón de Pipanaco.
  • Cultura de Humahuaca: correspondió al pueblo omaguaca, que habitaba la Quebrada de Humahuaca y zonas aledañas.
  • Cultura de Sanagasta o cultura de Angualasto: comenzó su desarrollo hacia el año 1000, tuvo su centro en territorio de la actual provincia de La Rioja y extendió su influencia hasta el territorio de la actual provincia de San Juan. Se caracteriza porque su cerámica tiene dibujos abstractos en grandes recipientes o urnas de boca amplia y paredes oblicuas. Emplearon los colores negro, rojo y blanco. Trabajaron también metales, principalmente el cobre con el que hicieron pectorales y aros.
  • Cultura de Averías: se desarrolló entre el año 1200 y el 1500, aproximadamente en la provincia de Santiago del Estero. Recibieron fuertes influencias de la zona andina.

Fuente El noroeste argentino

Invasión inca (1400-1520)Editar
La formación del Tucumán

Un siglo antes de la llegada de los españoles a América, el noroeste andino de lo que hoy es Argentina registraba la presencia de una gran cantidad de pueblos sedentarios con identidades, culturas propias, entre ellos se contaban a los diaguitas, atacameños, omaguacas y huarpes. En el siglo XV gran parte del territorio de estos pueblos fue invadido por los quechuas y anexado a la zona meridional del Kollasuyu o Collasuyo (aunque hacia fines de dicho siglo, dada la lejanía respecto al Cusco, la región formaba un territorio especial del Tawantinsuyu conocido como el Tucumán ―en el sentido amplio de la palabra Tucumán― y el Kiri-Kiri).[2]

Santuarios incas de alta montaña

Uno de los más interesantes puntos incaicos en territorio argentino ha sido el centro de ritual más alto del mundo, el volcán Llullaillaco (a 6710 metros), donde se realizaban sacrificios humanos. Para los incas las montañas eran huacas, lugares sagrados; por esa razón establecieron un sistema de santuarios en las cumbres de las montañas más altas de Los Andes. En 1999 un equipo de arqueólogos de altura liderado por los arqueólogos Johan Reinhard (estadounidense) y María Constanza Ceruti (argentina), realizó el hallazgo de tres momias incas, una joven (la Doncella), una niña (la Niña del Rayo) y un niño, sacrificados en la cumbre del volcán, consagrados a Inti (dios del Sol), a Illapa (dios del rayo) y a Viracocha (el dios creador). Explica Ceruti que «se elegían niños porque eran símbolos de pureza ante los dioses y a las nenas se las criaba en la Casa de las Vírgenes del Sol, donde vivían desde los ochos años de edad hasta el momento del sacrificio. El consumo de hojas de coca y el alcohol de la chicha adormecía a las víctimas elegidas. Al menos en este caso no murieron por un golpe en el cráneo, ni por asfixia o estrangulamiento. Sencillamente, se quedaron dormidas y murieron congeladas». Los niños salieron a pie desde Cusco, acompañados por un grupo de sacerdotes, en algún momento cercano al año 1500. (Véase Momias de Llullaillaco).

El Señorío de Tastil

Tastil (Salta) es considerada la ciudad precolombina más grande del actual territorio argentino. Con una población de 3000 habitantes del conjunto lickan-antay, se ha sostenido (Cigliano, 1977) que el Señorío de Tastil llegó a contar una serie de colonias-factorías en la actual zona de Salta y Jujuy. Tastil quedó súbitamente despoblada a fines del siglo XIV ―en el momento de su apogeo― ante la invasión quechua. No hay consenso entre los estudiosos sobre las causas de su colapso.

Las culturas andinas independientes (1400-1520)Editar

Fuera del Tahuantinsuyu o Tawantinsuyu existieron en el actual territorio argentino otras poblaciones sedentarias con influjos culturales andidos, por ejemplo los lule-toconoté (en guerra con los quechua, llamados peyorativamente por éstos: surí:ñandúes’) y los sanavirones en el área actualmente correspondiente a las provincias de Tucumán, oeste de Santiago del Estero y norte de Córdoba, así como los comechingones en las sierras de Córdoba y San Luis.

Culturas de la MesopotamiaEditar

Los guaraníesEditar

En la Mesopotamia se habían asentado, también recientemente, los guaraníes, provenientes de la Amazonia y parte del grupo cultural conocido como tupí-guaraní.

Los avá (más conocidos como guaraníes) se establecieron en territorio argentino entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, avanzando desde el noreste principalmente por los ríos y otros cursos de agua. Se subdividieron en distintos grupos dependiendo de la zona donde habitaban, como los guaraníes de las islas (en las islas del Delta del Paraná), los del Carcarañá, de Santa Ana (en el norte de Corrientes, los cainguás (en la región mesopotámica) y los chiriguanos (en Salta y Jujuy).

Vivían en aldeas (tekuas) que constituían verdaderas unidades tribales por ser entidades económicas independientes. Cada aldea guaraní estaba dirigida por un jefe político llamado mburuvichá y un jefe religioso llamado payé. Su organización social estaba encabezada por un cacique (tuvichá) hereditario.

Eran diestros navegantes de canoas, conocedores cazadores de la selva, recolectores, pescadores y practicaban la agricultura. Entre los cultivos más importantes se encontraban la mandioca (mandió), la batata (jetý), la calabaza (andaí), el zapallo kurapepé), el maíz (avatí), el poroto (kumandá), el algodón (mandiyú) y la yerba mate (kaá), que usaban para preparar el mate, bebida que aún hoy se sigue tomando.

Los guaraníes guiaban sus actos ―y aún se guían― por La Tierra Sin Mal, guiaba — y guía — que se encontraba en la base de su cultura guerrera y en las prácticas caníbales. El pueblo guaraní ingresó violentamente en la cuenca del Río de la Plata, generando una situación de guerra permanente con las poblaciones aborígenes no guaraníes que habitaban la región.

Su estrategia guerrera se fundaba en un sistema de ataques masivos. Previo al ataque, hacían caer sobre las fuerzas adversarias una lluvia de flechas y piedras. Luego venía la embestida directa con lanzas, macanas o garrotes.

En el siglo XV, la sociedad guaraní pasaba por un período de cambio. Comenzaron a aparecer instituciones unificadoras que, probablemente a la larga hubieran llevado al surgimiento de un estado. Habían surgido los karaí (palabra que inicialmente significó a alguien supuestamente dotado de poderes mágicos y luego pasó a significar ‘señor’), profetas aceptados por todas la tekuas (aldeas), que se enfrentaban entre sí en un permanente ciclo de búsqueda de la Tierra sin Mal. Los karaí recorrían las aldeas predicando un mensaje de advenimiento de importantes cambios, y no pertenecían a ninguna tekua en particular sino que eran panguaraníes.

Cien años después, con la invasión europea en la zona, llegan los jesuitas que en cierto sentido, vienen a competir directamente con los karaí. Aunque extranjeros, traen un mensaje unificador y sobre todo los guaraníes que aceptaban la invasión pasaban a estar cubiertos por las leyes de España (véase: Las reducciones jesuíticas).

El idioma guaraní sigue siendo hablado masivamente en el noreste argentino (Corrientes, Misiones, Formosa y parte de Chaco); sobre todo se habla en la provincia de Corrientes. Este idioma, el guaraní, ha tenido un poderoso impacto en el habla cotidiana de los argentinos. Palabras de uso cotidiano, como che, que se asocia mundialmente con el modo de hablar argentino, son de origen guaraní.

Culturas del Gran ChacoEditar

En la zona norte del Gran Chaco se instalaron cinco culturas o familias lingüísticas: guaycurú, mataco-macá (wichí), tupí-guaraní, arahuac y lule-vilela. A la cultura guaycurú pertenecen los qom'lek (tobas), pilagás, mocovíes y los abipones. Se distinguieron por sus habilidades guerreras y a la llegada de los españoles incorporaron el caballo y resistieron la colonización. Los españoles les llamaban «frentones» (especialmente a los qom leek/tobas) porque se depilaban la frente como marca de guerra, y la palabra «toba» tiene más que ver con la cara grande, en forma despectiva, pero esto era debido a lo ya mencionado, que parecían frentones). Ocupaban el territorio oriental y sur de la región chaqueña. La cultura mataco-macá la integran los wichís («matacos»), chulupíes y chorotes; se ubicaron en la zona occidental del Chaco. Pertenecientes a la cultura tupí-guaraní son los chiriguanos, que se instalaron en el oeste de la región. En la misma zona se asentaron los chané, de la cultura Arahuac. Al noroeste del Chaco se ubicaron los vilelas (lule-vilela).

Muchas de estas culturas guardan aún memoria[cita requerida] del gran cataclismo que produjo la caída de una lluvia de meteoritos gigantes en el siglo XXXVIII a. C. en la zona conocida como Campo del Cielo (traducción del qom lek (idioma toba) piguén nonraltá o pinguén nonaksa).

Culturas de la Pampa y la PatagoniaEditar

En la zona pampeana y la Patagonia se destacaron los het (pampas antiguos o querandíes), los tehuelches (tsonek) y los mapuches -estos últimos controlaron el norte de la Patagonia hasta fines del siglo XIX-. Los estudios antropológicos de los grupos cazadores y recolectores, tradicionalmente considerados más simples que los pueblos agricultores, han puesto de manifiesto la complejidad que alcanzaron culturas de un alto grado de simbolismo, como los sélknam, aush, yámanas, kawésqar, de Tierra del Fuego.

ReferenciasEditar

  1. Adolfo Gil, Gustavo Neme, Alicia Hernández, Paula Novellino, Miguel Giardina, Laura Salgán, Hugo Tucker, Elina Albarrán. «Rincón del Atuel-1 (San Rafael, Mendoza): evidencias arqueológicas e implicancias regionales». Intersecciones en antropología. 
  2. A la luz de los hallazgos arqueológicos en el norte de Santiago del Estero en 1984, y por las características de recientes descubrimientos en la zona central de la provincia, cobra fuerza la hipótesis de que los incas habrían comenzado a anexar territorio santiagueño medio siglo antes de la llegada de los españoles a la región en 1543, con la expedición de Diego de Rojas. Se desconoce aún si se trató de mitimaes o si la colonia surgió, como plantea el Ing. Turbay, como consecuencia del traslado de la fortaleza incaica de Quilmes al pie del Cerro del Alto. De acuerdo con la teoría de Turbay, producida la caída de sus gobernantes cuzqueños, los incas establecidos en la fortaleza de Quilmes decidieron el traslado de la colonia, y al no poder regresar al Perú, se dirigieron a Santiago del Estero probablemente por la Quebrada del Portugués, atravesando una región de espesa vegetación. Véase «La difusión del quichua en el NOA y su entrada a Santiago del Estero», Gobierno de la Provincia de Santiago del Estero.

BibliografíaEditar

Prehistoria

  • CANALS FRAU, Salvador (1976). Prehistoria de América. Buenos Aires: Sudamericana. 
  • GONZÁLEZ, Rex; PÉREZ, José A. (1987). Historia Argentina: Argentina indígena, vísperas de la conquista. Buenos Aires: Paidós. ISBN 950-12-7721-6.