José Dolores Alfonseca

José Chuchu Dolores Alfonseca Garrido (Santo Domingo, 24 de mayo de 1878-Puerto Rico, 15 de febrero de 1933) fue un político y periodista dominicano. Vicepresidente en el último gobierno de Horacio Vásquez.

José Dolores Alfonseca
Información personal
Nombre de nacimiento José Dolores Alfonseca Garrido Ver y modificar los datos en Wikidata
Nombre en español Chuchu Alfonseca Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 24 de mayo de 1878 Ver y modificar los datos en Wikidata
Santo Domingo (República Dominicana) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 15 de febrero de 1933 Ver y modificar los datos en Wikidata (54 años)
Nacionalidad Dominicana
Información profesional
Ocupación Político y médico Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados Vicepresidente de la República Dominicana (1924-1930) Ver y modificar los datos en Wikidata

BiografíaEditar

Un hombre de gran educación, inicialmente estudiante del maestro Hostos, luego especializado en París, hablaba francés. Participó como voluntario en el ejército francés y sirvió como médico, siendo distinguido con una medalla. Regresó a República Dominicana, siendo eventualmente, como ya se ha dicho, vicepresidente de Vásquez, fue débil ante la corrupción y trató de usurpar el puesto de Vásquez. En una de las ausencias de Vásquez y Alfonseca sirviendo como presidente en funciones trató de destituir a Trujillo, el general del ejército de su puesto. Este último, al ser convocado por Chuchu Alfonseca, se presentó junto a un contingente fuertemente armado de tropas leales a él mismo.

En ese tiempo, un golpe de estado y el desplazamiento de un gobierno por generales eran muy frecuentes y Chuchu Alfonseca le tembló el pulso y no prosperó su enfrentamiento con el jefe del ejército.

Hizo fraude bancario a espaldas de Vásquez, con la intención de que pensaran que era su jefe el presidente, el que hacia el fraude y lo echaran del poder, pero lo que Alfonseca no se dio cuenta de que Vásquez sabía lo que él hacia y en la noche del 24 de junio Vásquez lo llamó y ordenó fusilarlo junto a un grupo de hombres pero cuatro meses después se descubrieron los fraudes bancarios que se le estaban realizando a los norteamericanos y lo presionaron para quitarlo del poder y poner a un presidente provisional elegido por los norteamericanos.

Alfonseca fue casi fusilado, sin embargo escapó a ese destino y se consagró con su aliado Virgilio Martínez Reyna en una lucha salvaje contra el creciente poderío del jefe del ejército, el general Rafael Leónidas Trujillo Molina.

Chuchu Alfonseca, Martínez Reyna y sus otros aliados promovían la campaña "No Puede Ser", para describir a Trujillo como un hombre al cual no se le podía confiar el poder.

Entre algunos de los motivos era la falta de abolengo en el árbol genealógico de Trujillo, «familia de segunda» como se les decía, había sido entrenado por los yanquis y se conocía como un hombre de gran ambición. Alfonseca, Martínez Reyna y los otros eran de familias prestigiosas y de origen europeo, eran de «las familias de primera».

Trujillo por su parte impulsaba el eslogan «No hay peligro en seguirme», de tal modo indicándole supuestamente a todos los hombres de trabajo y deseos de laborar junto a él en la construcción del país para terminar con la corrupción y el desorden existente en los gobiernos débiles que habían caracterizado la historia de la política dominicana.

ExilioEditar

Siendo Trujillo el vencedor de todos los ataques imaginables de parte de Alfonseca y los aliados, Chuchu ya no ve futuro en el país y «se embarca», tal como lo decían los dominicanos de ese entonces para describir el deseo de exiliarse por un tiempo, en el caso de Chuchu Alfonseca sería para siempre.

No volvería a ver Quisqueya ya que su último "embarco" lo llevó a Santurce, Puerto Rico.

Allá volvió a desempeñar sus labores como médico, a pesar de que casi había ocupado la primera magistratura del estado dominicano, nunca volvió a ser un político de relevancia ya que Trujillo desbarató los antiguos carteles de poder y las rancias elites que mantenían al país en zozobra y en condiciones de atraso por motivo de su corrupción endémica, «mini»-revoluciones constantes, golpes de estado, colosales deudas externas y peleas entre partiditos políticos.

Si hubiese sido un oponente abierto para el presidente Trujillo, posiblemente hubiera corrido la misma suerte de Martínez Reyna que se empecinaba en seguirle la oposición activa en contra de Trujillo. Tal vez al oír de la macabra muerte del anterior junto a su esposa Altagracia Almanzar, se convenció a sí mismo en el «dejar eso así» y morir relativamente tranquilo en Puerto Rico a la edad de 54 años por problemas de corazón.