Judea (provincia romana)

provincia romana

Judea (en latín, Iudæa; en inscripciones, IVDÆA), fue una provincia romana en la región conocida como Palestina en la orilla sudoriental del mar Mediterráneo. El Imperio romano cambió el nombre de Judea a Palestina o Provincia Siria Palestina en el año 135, tras aplastar la rebelión de Bar Kojba; lo cual para ciertos historiadores fue un intento de borrar la memoria judía de la región,[1][2]​ aunque se ha cuestionado esta interpretación [3][4]​Los geógrafos Estrabón y Ptolomeo describen la Provincia de Judea como abarcando el territorio de Judea propiamente dicha junto con Galilea, Samaria, Gaulanítide, Perea e Idumea. En el Nuevo Testamento se usa el nombre Judea para designar tanto la región, como la provincia en su conjunto.

Judea
Ivdaea
Provincia
6 d. C.-135 d. C.
Roman Empire - Iudaea (125 AD).svg
Judea en el año 125
First century palestine-es.svg
La provincia romana de Judea en el siglo I
Coordenadas 32°30′N 34°54′E / 32.5, 34.9Coordenadas: 32°30′N 34°54′E / 32.5, 34.9
Capital Cesarea Maritima
Entidad Provincia
 • País Imperio romano
Idioma oficial griego helenístico, arameo palestino, idioma hebreo latín, administrativo
Historia  
 • 6 d. C. Censo de Quirinio
 • 135 d. C. Rebelión de Bar Kojba
Correspondencia actual Porciones de Israel y Palestina
Precedido por
Sucedido por
Tetrarquía de Herodes
Siria Palestina

AntecedentesEditar

Reino AsmoneoEditar

Entre 129 a. C. y 116 a. C., el reino seleúcida sufrió una serie de derrotas que fueron aprovechadas por sus estados clientes para rebelarse.[5][6][7]​ Entre ellos, el Sumo Sacerdote de Jerusalén y gobernante de los judíos, Juan Hircano, comenzó desde 110 a. C. la conquista de los territorios vecinos hasta consolidar un estado judío independiente. Este estado se convirtió formalmente en reino bajo Aristóbulo, hijo de Juan en 104 a. C. y adquirió su mayor expansión durante el reinado de su hermano y sucesor Alejandro Janneo (103 a. C.-76 a. C.)[8]

 
Pompeyo entra en el Templo de Jerusalén (Jean Fouquet)

Guerra civil e intervención romanaEditar

La sucesión de Alejandro, tras la muerte de Salomé Alejandra, desencadenó una guerra civil que fue resuelta con la intervención romana en el año 63 a. C. En efecto, después del final de la Tercera Guerra Mitridática, se estableció la provincia romana de Siria sobre los restos del desaparecido reino seleúcida, de esta manera el reino asmoneo tuvo como a Roma, entonces su aliada, también como vecina. En Siria se encontraba el victorioso general romano Pompeyo, quien fue llamado en su auxilio por el derrocado príncipe asmoneo Hircano II para recuperar el poder. Pompeyo tomó Jerusalén y entronizó a su cliente como Sumo Sacerdote y etnarca, pero no rey, de los judíos. De este modo, el reino se convirtió en un protectorado de Roma.[9]

Después de la invasión de los partos y ante la dudosa lealtad de los últimos asmoneos, el Senado romano nombró rey de Judea a Herodes,[10]​ de origen idumeo pero criado como judío, quien era funcionario de Hircano II, casado con su nieta Mariamna I. [11][12][13][14]

Reino Herodiano de JudeaEditar

 
Maqueta del Templo de Jerusalén (llamado el Segundo Templo) y de la ciudad en el siglo I. Exhibida en el Museo de Israel, Jerusalén.

El reino de Judea bajo Herodes comienza en 37 a. C., [15]​con la captura de Jerusalén y comprende, además de Judea, un extenso territorio en el Levante.[16]​ Durante ese período se construye la ciudad y puerto de Cesarea Marítima [17]​que se convierte, junto a Jerusalén, en una de las capitales del reino.

A la muerte de Herodes en el año 4 antes de nuestra era, Augusto dividió el reino entre tres de sus hijos: dos de ellos, Filipo II y Antipas, fueron establecidos como tetrarcas de Iturea - Traconítide y Galilea - Perea, respectivamente, mientras que el tercero; Arquelao, recibió el resto del reino, Judea, Samaria e Idumea, como etnarca. Ante las protestas de la aristocracia judía por el mal gobierno de Arquelao, Augusto decidió, en 6 d. C., relevarlo del mando y convertir a Judea en una provincia, gobernada por un prefecto de rango ecuestre.[18]

Judea, provincia romanaEditar

 
Anfiteatro de Cesarea

El territorio de la provincia estaba formado por Judea, Samaria e Idumea, aunque algunas ciudades, como Ascalón, fueron adscritas directamente a la provincia de Siria. Pese a su escasa importancia económica, era vital para la protección de Egipto, el granero del Imperio y como una guarnición fronteriza contra los partos. Su capital era Cesarea en lugar de Jerusalén[19]​ y no se consideraba provincia senatorial ni imperial, sino una dependencia de la provincia de Siria, por eso su gobernador era un prefecto ecuestre.[20][21]

PoblaciónEditar

La provincia de Judea no era étnicamente homogénea. Entre sus pobladores se contaban judíos, concentrados en las regiones de Judea y Galilea, idumeos, originalmente paganos convertidos al judaísmo de manera forzosa por Juan Hircano, samaritanos, vinculados a los judíos, pero separados de ellos desde la época persa, y “griegos”, es decir sirios helenizados. Además, en las regiones del interior, había una importante cantidad de sirios que mantenían la lengua y la cultura aramea, nómadas nabateos de origen árabe y minorías de colonos venidos de Mesopotamia. Los pueblos transjordanos, descendientes de amonitas y moabitas, tenían también una fuerte impronta cultural griega.

Rivalidades y disputasEditar

Una de las características de la provincia era la permanente oposición entre las poblaciones greco-sirias y judías. Entre la primera estaba extendida la desconfianza hacia los “hebreos”, como se los llamaba, a los que consideraban ajenos a la cultura helenística, que era considerada universal, reacios a la asimilación, exclusivistas y maliciosos. Los judíos, en especial en las clases populares, veían a sus coprovincianos “griegos” como infieles, opresores y pecadores. En algunos momentos y en ciertos sectores radicales, sobre todo a partir de mediados del siglo I, la vinculación de la aristocracia judía con sus semejantes “griegos” era vista como una traición a la identidad judía.

Otra disputa que aparece frecuentemente en las fuentes, es la que existía entre los habitantes de Judea propiamente dicha y los samaritanos. Ambos pueblos tenían un origen común, los antiguos reinos de Israel y Judá, adoraban al mismo dios y seguían la que llamaban su ley o Torá, que había sido, según la leyenda compartida por judíos y samaritanos, entregada a Moisés por Dios. La diferencia principal, era que cada uno consideraba al otro como un renegado a las costumbres ancestrales. Los samaritanos consideraban que el Templo de Jerusalén no correspondía a los mandatos divinos y en su lugar tenían un santuario en el monte Gerizim, y recordaban que Juan Hircano lo había destruido. Los judíos, por su parte, sostenían que los habitantes de Samaria eran mestizos, descendientes de los antiguos israelitas mezclados con pueblos venidos de Mesopotamia, cuyo culto era ilegítimo y medio pagano.

En Galilea, predominaban los pobladores judíos, traídos por los asmoneos, en las áreas rurales y en algunas ciudades pequeñas. Las mayores, como Séforis, primera capital de la región, y Tiberíades, fundada en el año 20 por Antipas, eran ciudades de tipo griego, con una población judía minoritaria que se fue incrementando a lo largo del siglo.

A semejanza de otras provincias del Imperio, las ciudades rivalizaban entre sí y en ocasiones llegaban al enfrentamiento armado, momento en el cual intervenían las tropas romanas para proteger el orden. En el interior de las mismas, solían desatarse tumultos originados en la falta de alimentos, las rivalidades étnicas y el antagonismo entre la aristocracia y las clases populares; estos conflictos solían comenzar con la quema de los archivos, para hacer desaparecer los registros de deudas, la organización de facciones y, por lo general, terminaban ante la presencia de las tropas romanas.

RegionesEditar

El centro histórico de la provincia era la región de Judea, núcleo de reino asmoneo y herodiano, cuya capital, Jerusalén, constituía lo que se denomina un estado - templo, es decir una entidad política regida por una aristocracia sacerdotal. El Templo, además de ser un santuario, era el eje económico de la región: administraba grandes extensiones de tierra, poseía un ingente tesoro y funcionaba también como un banco. A diferencia de otros estados templos, comunes en medio Oriente, el de los judíos se caracterizaba por el rechazo a todo tipo de sincretismo; mientras que los demás aceptaban que el dios local se identificase con el griego Zeus u otra divinidad olímpica, los sacerdotes de Jerusalén rechazaban este compromiso y, además, se oponían a admitir el culto de otras divinidades en su Templo e incluso en su territorio. Este repudio se extendía al uso de imágenes religiosas o incluso de aquellas que solo tenían una relación eventual con el culto, como las águilas de las legiones romanas o las estatuas del emperador. No obstante, los sacerdotes admitían la legitimidad del gobierno imperial y ofrecían sacrificios por “la salud del emperador”.

Jerusalén ha sido llamada “la ciudad ingobernable del Imperio romano” en razón de las características mencionadas. Era, también, un centro de peregrinación para los judíos de la provincia y del resto del Imperio o de las regiones vecinas como Arabia y Mesopotamia. Desde el siglo IV a. C., existían numerosas comunidades judías en el mundo mediterráneo y el Cercano Oriente. Estas agrupaciones, llamadas de modo genérico la Diáspora, mantenían un lazo estrecho con la ciudad que consideraban santa a cuyo Templo pagaban un impuesto anual y enviaban numerosas ofrendas. Un pequeño número de no judíos, conocidos como temerosos de Dios o prosélitos, habían abrazado algunas creencias del judaísmo, pero no la Torá en su conjunto, y también remitían valiosas donaciones al Templo.

El resto de la provincia estaba compuesto por ciudades de tipo helenístico, con las instituciones cívicas de la polis como la Asamblea y la Bulé, ornadas con edificios públicos y templos de estilo griego, y por aldeas rurales dependientes de las mismas o de poderosos terratenientes absentistas, algunos de ellos miembros de la familia imperial o de la dinastía herodiana. En los márgenes se encontraban tribus árabes vinculadas al reino independiente de los nabateos, con capital en Raqmu (Petra).

Algunas ciudades de la provincia, como Ascalón, o vecinas, como las que formaban la Decápolis, dependían directamente de la provincia de Siria, aunque mantenían estrechos lazos comerciales y culturales con Judea.

LenguasEditar

La lengua hablada en la provincia era, de manera predominante, el griego koiné. Aunque la administración romana hiciera uso del latín en inscripciones y algunos documentos, el griego era usado para la conversación, la redacción de contratos, la acuñación local de moneda y los textos literarios. En Judea, Samaria y Galilea se usaba, además, el arameo que había sido la lengua de uso común en la región desde por lo menos el imperio persa. Se trataba de una variante particular del arameo, más tarde llamado arameo palestinense, que estaba difundido sobre todo en el medio rural, y era una de las lenguas dominantes de la provincia. El uso del hebreo durante este período es un tema discutido, la versión aceptada sin casi excepciones hasta mediados del siglo XX, era que poco antes del comienzo de la Era Cristiana, el hebreo había dejado de ser hablado incluso en Judea, sustituido por el arameo, como se evidenciaba por algunas expresiones del Nuevo Testamento. El descubrimiento de manuscritos contemporáneos (en Qumran y Wadi Muhabarat)  y el estudio de los textos mishnaicos, revelan el uso extendido de la lengua hebrea, como un idioma viviente y comprensible por amplios sectores de la población. Los estudios recientes postulan una situación de trilingüismo en la provincia: el hebreo (con arameísmos) como lengua local y religiosa, el arameo para el intercambio con los pueblos del interior o de Mesopotamia, además de para los asuntos comerciales internos y el griego como lengua de las relaciones con otras provincias del imperio, la administración romana y la cultura internacional. [22][23]​ Otros autores, sin negar lo anterior, consideran una división geográfica; el arameo como lengua vernacular de Galilea y Samaria, y el hebreo como lengua de la aristocracia en Judea [24][25]​ El griego, por su parte, era el medio principal de comunicación en las ciudades de la costa y en la clase alta de Jerusalén, pero no de las clases populares que hablaban sobre todo arameo en la ciudad y hebreo en el campo.[26]

HistoriaEditar

La historia de la provincia puede dividirse en cinco períodos: 1) el gobierno de los prefectos entre Augusto y Claudio, 2) la autonomía bajo el rey Herodes Agripa I, 3) el gobierno de los procuradores entre Claudio y Nerón, que condujo a 4) la Primera guerra Judeorromana y 5) el gobierno militar de los legados entre la captura de la provincia y el estallido de la Rebelión de Bar Kojba.

Prefectos (6-41)Editar

El primer acto de la administración romana fue la realizaciòn de un censo impositivo, conducido por el gobernador (legado) romano de Siria; Quirinio. Esto provocó revueltas y, según Josefo, el nacimiento del partido zelote.

La provincia fue creada a instancias de la aristocracia judía, por lo cual esta gozó de amplios poderes bajo el mando romano; esto incluía el derecho a juzgar bajo sus propias leyes y tribunales e incluso el ejercicio de la pena capital hasta el 28 de nuestra era.

Según los textos cristianos que forman el llamado Nuevo Testamento y, posiblemente, Flavio Josefo (véase: Testimonio flaviano) así como las investigaciones más recientes, en esta época vivió Jesús de Nazaret, considerado el Mesías por algunos judíos contemporáneos, a partir de cuyo movimiento se originó el cristianismo.[27][28][29]

A pesar de algunos disturbios, la provincia no fue escenario de revueltas contra el dominio romano desde el final del imperio de Augusto y bajo Tiberio (años 7 a 37). Al final del reinado de Caligula (37–41) tiene lugar la primera crisis entre el imperio y los judíos, cuando este soberano pretende instalar su estatua en el Templo de Jerusalén. La protesta, según Josefo, fue pacífica y consistió en negarse a trabajar los campos; se resolvió con la muerte del emperador.[30]

 
Antigua puerta romana, conocida como Bab al-'Amud, en la ciudad vieja de Jerusalén.

Autonomía bajo Herodes Agripa (41-44)Editar

El emperador Claudio, quien según Josefo debía su poder a Herodes Agripa, nieto de Herodes y rey de Galilea en sustitución de Antipas, le otorgó el título de Rey de los Judíos en el año 41. Si bien esto fue una suerte de restauración de la dinastía herodiana y Judea obtuvo una amplia autonomía, no hay indicios para pensar que dejase de ser provincia para convertise una vez más en reino cliente.

Agripa siguió una política interior destinada a favorecer la convivencia entre los dos grupos étnicos de la provincia, los judíos y los "griegos"; testimonio de esto fue la existencia de dos capitales; Jerusalén, centro de la vida religiosa, y Cesarea, construida como una pequeña Roma.[31]​ En la primera, favoreció al partido de los fariseos,[32]​ que eran los más respetados por la población, y desarrolló un ambicioso programa de obras públicas, finaciado con el tesoro del Templo, que extendió el área urbana al norte, Bezeta, y construyó un nuevo cinturón de murallas en el norte y el oeste, los sitios más vulnerables de la ciudad.[31][33]​ En la regiones "griegas" prosiguió la política de evergetismo de su abuelo Herodes, [32]​financiando anfiteatros y termas, así como ofreciendo juegos, incluso de gladiadores prohibidos por la ley judía. En política exterior, procuró mantener buenas relaciones con otros soberanos clientes de Medio Oriente. Esta iniciativa, así como la fortificación de Jerusalén lo hizo sospechoso a los ojos de las autoridades romanas de Siria.[34]​.

No obstante, su gobierno fue tan breve que no modificó de manera significativa las relaciones de dominio vigentes. [35]​ En efecto, Agripa murió en el año 44 , después de tres años de reinado, durante los juegos en honor a Claudio que tenían lugar en Cesarea. Su muerte fue, según rumores de la época, resultado de un envenenamiento por orden del legado de Siria, Vibio Marso, ante sus intentos de aumentar su autonomía, aunque también es posible que se tratase de una enfermedad. Agripa I fue el último rey de los judíos y, según algunos historiadores, las expectativas de recuperar la libertad del país despertadas por su breve reinado, fueron una de las causas de la revuelta judía que estalló veinte años después.[36]

Procuradores (44-66)Editar

Agripa II, el joven hijo de Agripa, no recibió los dominios de su padre. Claudio puso al territorio, una vez más, bajo directo control romano, añadiéndole las regiones de Galilea y Perea. Al frente de la administración de esta nueva provincia de Judea, siempre con sede en Cesarea, se colocaron procuradores. Estos funcionarios, de rango ecuestre e incluso libertos, dependían directamente del emperador, en cuyo nombre actuaban. La elección de los mismos suele ser interpretada como un indicio de la desconfianza de Claudio hacia Marso, de hecho Cuspio Fado, el primero de ellos, fue encargado de investigar los tumultos acaecidos después de la muerte de Agripa.

En ese momento comenzaron los primeros indicios de rebelión contra el dominio romano. Teudas, quien afirmaba ser un profeta, condujo una multitud hacia el Jordán anunciando que el río se partiría, como antaño bajo Josué, para dejarlos pasar. Fado, al tanto de la implicaciones mesiánicas de esta prédica, lo hizo ejecutar. Dos años después fue sucedido en el cargo por Tiberio Julio Alejandro, de origen judío alejandrino, pero que había abandonado la religión de sus ancestros para hacer carrera en la administración romana. Se trató de un procurador bien conectado con la aristocracia judía, pues era hijo del alabarca de Alejandría y estaba emparentado con la familia de Agripa; no hay noticias de revueltas durante su gobierno, aunque fue el responsable de ajusticiar, por crucifixón, a Jacobo y a Simón, hijos del zelote Judas de Galilea. En esa época se registró en Judea y regiones circundantes una severa hambruna. [37]

En ese momento, en el año 48, Agripa II, ya mayor de edad, recibió de Claudio el diminuto reino de Calcis (hoy Anjar en el Líbano), donde había reinado su tío, y el título de "Rey de los judíos", puramente nominal pero que implicaba la supervisión del Templo. En el año 53, Agripa II cedió el reino de Calcis a su sobrino y recibió a cambio la antigua Tetrarquía de Filipo (Iturea y Traconítida) y la tetraquía de Lisanias.[38]

El sucesor de Alejandro fue Ventidio Cumano; se discute, por la discrepancia entre las fuentes, si su autoridad se extendía a toda la provincia, pues Tácito hace alusión a Félix como autoridad de Judea y Samaria, siendo Cumano el encargado de Galilea, mientras que Josefo, más próximo a los hechos, lo considera procurador de toda la provincia. Lo cierto que en este período se incrementaron los disturbios en la región. El primero tuvo lugar durante la Pascua; ante la afluencia de peregrinos a Jerusalén, Cumano ordenó al destacamento local que se posicionara en las inmediaciones del Templo con el fin de mantener el orden. Sin embargo, estos soldados comenzaron a burlarse de las costumbres del pueblo judío, profiriendo ofensivos calificativos. Los representantes del pueblo se presentaron ante el procurador para quejarse, pero la multitud pasó a los hechos y apedreó a los ofensores.[39][40]​ Incapaz de hacer frente a la turba por su cuenta, Cumano pidió refuerzos y se fortificó en la Fortaleza Antonia, un edificio fácil de defender que dominaba la ciudad y el Templo.[41]​ Flavio Josefo estima que en la estampida que siguió a la llegada de los romanos murieron aplastadas entre 20.000 y 30.000 personas,[42]​ aunque es probable que estas cifras sean una exageración,[40]​ lo cierto es que el número de muertos fue considerable.

Tiempo después, Esteban, un esclavo imperial, fue asaltado en las proximidades de Bet-horón; en respuesta al robo, Cumano envío tropas a todos los pueblos de las inmediaciones con órdenes de detener a los líderes de estas poblaciones. Un soldado de uno de estos destacamentos destruyó públicamente un ejemplar de la Torá, lo que ocasionó un nuevo disturbio. Una delegación de judíos se entrevistó con el procurador para exigir el castigo de los culpables. El gobernador actuó con decisión, hizo apresar al responsable y, después de un jucio, lo sentenció a muerte. El soldado fue decapitado y se restableció la calma por poco tiempo.[43]

El siguiente hecho tuvo lugar en Samaria y terminó por costarle el puesto a Cumano. Algunos peregrinos galileos fueron asesinados presuntamente por samaritanos. Una embajada galilea planteó el caso ante el procurador, pero no fue tomada en cuenta, según Josefo porque Cumano había sido sobornado por los samaritanos.[44]​ Eleazar y Alejandro, dos zelotas, organizaron una milicia, atacaron Samaria y saquearon la región, matando a varios samaritanos. Cumano ordenó la represión; los insurgentes fueron derrotados, se ejecutaron a algunos, otros quedaron prisioneros y el resto fue convencido por los líderes de Jerusalén para que abandonaran la lucha. A pesar de la pacificación del territorio, comenzaron a operar guerrillas en las zonas rurales.[45]

Los samaritanos, por su parte, enviaron una embajada al legado de Siria, Cayo Umidio Durmio Cuadrado, para quejarse del ataque de los judíos. Éstos, a su vez, también recurrieron al legado, responsabilizando a los samaritanos por la violencia y acusando a Cumano de apoyarlos.[46]​ Cuadrado accedió a investigar, e inició sus pesquisas en el año 52 en Judea, donde ordenó que todos los prisioneros judíos que Cumano había capturado fuesen crucificados y ordenó la decapitación de otros judíos y samaritanos que se habían visto implicados en la lucha.[47][48]

Ante las acusaciones en su contra,[47]​ Cumano fue llamado a Roma, junto con varios líderes judíos y samaritanos, para que respondiera ante Claudio. Entre los acusados se incluía el Sumo Sacerdote Ananías. Durante el proceso, varios de los libertos más influyentes de la corte imperial se posicionaron del lado de Cumano, pero los judíos contaban con el apoyo de Herodes Agripa II, amigo de Claudio. El proceso resultó favorable a los judíos, los dirigentes samaritanos fueron ejecutados y Cumano, enviado al exilio.[49]

El nuevo procurador fue Marco Antonio Félix, hermano de Palas, el liberto y secretario de Claudio, a quien debió su nombramiento. Tomó por esposa a Drusila, hija de Agripa I y hermana de Agripa II, quien se divorció de su anterior esposo, el rey de Emesa, Cayo Julio Azizo. El gobierno de Félix, según las fuentes, estuvo marcado por la corrupción y la crueldad, lo que provocó un incremento de disturbios en la provincia. En Roma, Félix fue acusado de aprovecharse de una disputa sobre los derechos de ciudadanía entre judíos y "griegos" en Cesarea para extorsionar a sus habitantes, pero dada la influencia de Palas ante Nerón, el nuevo emperador, pudo salir impune.[50]

 
Moneda de bronce (prutah) acuñada por Porcio Festo..Anverso: en griego Nerón con una corona y una X.Reverso: en griego César y la fecha año 5, que equivale al 58/59) junto a un ramo de palma.

El sucesor de Félix fue Porcio Festo, cuyo comienzo de mandato no está claro,[51]​ pero que parece haber tenido lugar entre 58 y 60, según se desprende de los datos numismáticos.[52][53]​ Festo heredó de su predecesor la discusión acerca del derecho de ciudadanía en la polis de Cesarea. La población "griega" consideraba que los habitantes judíos carecían de los mismos, pues la ciudad no era parte integrante del antiguo reino y había sido fundada para los no judíos. Éstos, por su parte, reclamaban serlo ya que un rey judío, Herodes, la había fundado y era la capital de la provincia. Este hecho fue el desencadenante de la guerra. Otro conflicto durante su gobierno, fue la controversia entre Agripa II y los sacerdotes del Templo, por la construcción de un muro que impedía la vista del patio del mismo desde el palacio del rey; discusión que ponía en cuestión la función de supervisión del monarca sobre el santuario nacional judío. Festo murió en su cargo, posiblemente de tuberculosis.

En 62, tomó el mando Luceyo Albino.[54]​ Antes de su llegada, el Sumo Sacerdote Ananías ben Ananías sentenció a muerte por lapidación al líder religioso de los cristianos, Santiago, conocido como el Justo. Este hecho provocó las protestas de gran parte del pueblo y se envió una delegación al nuevo procurador para dar cuenta de la ilegalidad cometida por el sacerdote. Albino recriminó a Ananías por haber reunido al Sanedrín sin su permiso y el rey Agripa depuso al pontífice, poniendo en su lugar a Jesús ben Damneo. No obstante, Ananías continuó siendo una figura política importante y buscó apoyo entre los zelotes.[55]

El sucesor de Albino fue Gesio Floro quien asumió su cargo en 64. Natural de Clazómenas, su esposa era amiga de Popea Sabina, la esposa de Nerón, a cuyo favor pudo deberse su nombramiento. Según Flavio Josefo[56]​, su avaricia e incompetencia fueron una de las causas que motivaron los disturbios de Jerusalén que desencadenaron la primera guerra judeo-romana. Bajo su gobierno, parte de Galilea, las ciudades de Tiberíades y Tariquea, y algunas regiones de Perea fuerosn segregadas de la provincia de Judea a incorporadas al reino de Agripa II, que comprendía la antigua Tetrarquìa de Filippo.

En efecto, Floro aceleró el estallido de la rebelión al asumir una marcada inclinación antijudía. Esto no se debió, sin embargo, a prejuicios contra ese pueblo, sino a su venalidad. Por ello protegió a los llamados sicarios, a cambio de recibir una parte del botín[57]​, y dejó actuar a los ciudadanos griegos de Cesarea en un conflicto con los ciudadanos judíos, simplemente porque los primeros pagaron para que no se inmiscuyese en el asunto. Ante la protesta de la aristocracia de Judea, Floro respondió poniendo en prisión a los enviados.[58]​.

Guerra contra RomaEditar

PreliminaresEditar

La revuelta se inició en el año 66 en Cesarea, cuando, tras ganar una disputa legal frente a los judíos, los griegos perpetraron un pogromo contra el barrio en el que la guarnición romana no intervino.[59]​ La ira de los judíos se acrecentó cuando se supo que el procurador Gesio Floro había robado dinero del tesoro del templo. Así, en un acto desafiante, el hijo del sumo sacerdote, Eleazar ben Ananías, cesó las oraciones y los sacrificios en el templo en honor al emperador romano y mandó atacar a la guarnición romana que estaba en Jerusalén. El tetrarca de Galilea y gobernador de Judea, Herodes Agripa II, y su hermana Berenice huyeron mientras Cayo Cestio Galo, legado romano en Siria, reunía una importante fuerza en Acre para marchar a Jerusalén y sofocar la rebelión.

Gobierno autónomoEditar

Como resultado de los disturbios en Judea, Galo marchó con la Legión XII Fulminata, reforzada con unidades de la III Gallica, IV Scythica y VI Ferrata, además de auxiliares y aliados (unos treinta mil efectivos) para restablecer el orden. Después de algunas victorias, se retiró hacia la costa, donde fue emboscada y derrotada por los rebeldes de Judea en la Batalla de Beth Horon, un triunfo judío que causó conmoción en Roma, con seis mil legionarios muertos y la pérdida del aquila de la XII. Las milicias victoriosas de Judea, que incluían aristócratas, pero con apoyo del campesinado dirigido por Simon Bar Giora, tomaron la iniciativa e intentaron expandir su control a la ciudad de Asakalón, pero tal campaña resultó desastrosa por lo que se abandonó la táctica del combate abierto.

en Jerusalén, se convocó a la Asamblea (probablemente la Bulé) y se resolvió formar un gobierno autónomo formado por una alianza de los más importantes movimientos político religiosos (fariseos, esenios, zelotes y saduceos). El depuesto sumo sacerdote Ananías ben Ananías fue uno de los jefes de gobierno junto a José ben Gurion y Jesús ben Gamla. Se reforzaron las murallas de la ciudad y se nombraron gobernadores para los diferentes distritos de la provincia. José ban Mataías, el futuro historiador Flavio Josefo, fue designado comandante en Galilea y Golán, José ben Simón, quedo a cargo de Jericó, Juan, el esenio fue enviado a Lydda y la región de Tamna y Eleazar ben Ananías, Nìger de Perea y tomaron el comando de Idumea.

Los sicarios, excluidos del poder, intentaron tomar el control de la ciudad al mando de Menahem ben Yehuda, líder de los Sicarii, pero fueron derrotados y su lìder, ejecutado. Los restantes sicarios, se apoderaron de Masada, en manos romanas, de donde controlaron el desierto de Judea.

Simón bar Giora, un líder campesino carismático y radical, también fue expulsado de Jerusalén por el nuevo gobierno, y sus partiidarios también buscaron refugio en Masada donde permanecieron hasta el invierno del 67-68.

Campaña romana de GalileaEditar

El emperador Nerón envió al general Vespasiano para aplastar la rebelión. Vespasiano, junto con las legiones X Fretensis y V Macedonia, desembarcaron en Ptolemais en abril del 67. Allí se le unieron su hijo Titus, quien llegó de Alejandría al frente de Legio XV Apollinaris, así como los ejércitos de varios aliados locales, incluidos la del rey Agripa II. Con más de 60,000 soldados, Vespasiano comenzó a operar subyugando a Galilea. [31] Los rebeldes de Judea en Galilea se dividieron en dos campos, con fuerzas leales al gobierno central en Jerusalén al mando de Josefo y representando a las clases ricas y del sacerdocio, mientras que las milicias zelotes locales estaban en gran parte repletas de pescadores, granjeros y refugiados pobres de la Siria romana. Muchas ciudades asociadas conla élite judía se rindió sin luchar, incluidos Sepphoris y Tiberias, aunque otros tuvieron que ser tomados por la fuerza. De estos, Josefo proporciona relatos detallados de los asedios de Tarichaea, Yodfat (Jotapata) y Gamla; Gischala, la fortaleza de los zelotes, también fue tomada por la fuerza, ya que los líderes zelotes la abandonaron en medio del asedio, dirigiéndose con la mayor parte de su fuerza a Jerusalén.

Para el año 68, la resistencia judía en el norte había sido aplastada, y Vespasiano convirtió a Cesarea Marítima en su cuartel general y procedió a limpiar metódicamente la costa del país, evitando la confrontación directa con los rebeldes en Jerusalén. Basado en números cuestionables de Josefo, se ha estimado que la derrota romana de Galilea resultó en 100,000 judíos asesinados o vendidos como esclavos.

Guerra civil en JudeaEditar

Vespasiano permaneció acampado en Cesarea Marítima hasta la primavera del 68, preparándose para otra campaña en las tierras altas de Judea y Samaria. Los judíos, que fueron expulsados ​​de Galilea, reconstruyeron Joppa (Jaffa), que había sido destruida antes por Cestius Gallus. Rodeados por los romanos, reconstruyeron las murallas de la ciudad y utilizaron una flotilla ligera para desmoralizar el comercio e interrumpir el suministro de granos a Roma desde Alejandría.

Los líderes fanáticos de la revuelta del norte derrumbada, encabezada por Juan de Giscala, lograron escapar de Galilea a Jerusalén con la mayor parte de sus fuerzas. Equipada con militantes de muchas facciones, incluidos restos de fuerzas leales al gobierno provisional de Judea y una importante milicia zelote encabezada por Eleazar ben Simon, y en gran parte aislada por las fuerzas romanas, Jerusalén descendió rápidamente a la anarquía, con los zelotes radicales tomando el control de grandes partes. de la ciudad fortificada. Entonces estalló una brutal guerra civil, con los fanáticos y los fanáticos Sicarii ejecutando a cualquiera que abogara por la rendición.

Después de un mensaje falso de que el gobierno provisional de Judea había llegado a un acuerdo con el ejército romano, entregado por los zelotes a los idumeos, una fuerza importante de unos 20,000 idumeanos armados llegó a Jerusalén. Los zelotes lo permitieron y, por lo tanto, con los idumeos entrando en Jerusalén y luchando al lado de los zelotes, los jefes del gobierno provisional de Judea, Ananus ben Ananus y Joseph ben Gurion, fueron asesinados con graves bajas civiles en el famoso Templo Zealot Asedio, donde Josefo reportó 12,000 muertos. Al recibir la noticia de la carnicería en Jerusalén, Simon bar Giora dejó Masada y comenzó a saquear a Idumea con sus leales tropas, estableciendo su cuartel general en Na'an; se encontró con poca resistencia y unió fuerzas con los líderes idduanos, incluido Jacob ben Susa.

Campaña de JudeaEditar

En la primavera del 68, Vespasiano comenzó una campaña sistemática para someter a varias fortalezas controladas por los rebeldes en Judea propiamente dicha, recapturando Afeq, Lydda, Javneh y Jaffa esa primavera. Más tarde continuó hacia Idumea y Perea, y finalmente a las tierras altas de Judea y Samaria, donde la facción de Bar Giora estaba causando gran preocupación a los romanos. El ejército romano tomó Gophna, Akrabta, Bet-El, Efraín y Hebrón en julio del 69.

Mientras la guerra en Judea estaba en progreso, grandes eventos ocurrían en Roma. A mediados del 68, el comportamiento cada vez más errático del emperador Nerón finalmente lo perdió todo el apoyo para su posición. El Senado romano, la Guardia Pretoriana y varios comandantes prominentes del ejército conspiraron para su destitución. Cuando el Senado declaró a Nerón enemigo del pueblo, huyó de Roma y se suicidó con la ayuda de una secretaria. El emperador recién instalado, el ex gobernador de España Galba, fue asesinado después de unos pocos meses por su rival, Otho, lo que desencadenó una guerra civil que se conoció como el Año de los Cuatro Emperadores. En 69, aunque anteriormente no estaba involucrado, el popular Vespasiano también fue aclamado emperador por las legiones bajo su mando. Decidió, al obtener un mayor apoyo generalizado, dejar a su hijo Tito para terminar la guerra en Judea, mientras regresaba a Roma para reclamar el trono del usurpador Vitelio, que ya había depuesto a Otho.

Con la partida de Vespasiano, que se había opuesto a un asedio abierto a Jerusalén, temiendo perder muchas tropas contra la ciudad fortificada, Tito avanzó sus legiones sobre la capital de la provincia rebelde. Al conquistar pueblo tras pueblo, Tito avanzó rápidamente a través de la región montañosa, mientras que la brutal represión creó una inmensa ola de refugiados de Judea, buscando refugio en la fortificada Jerusalén. Los rebeldes de Judea evitaron la confrontación directa con las tropas romanas, ya que múltiples facciones estaban interesadas principalmente en su propio control y supervivencia, en lugar de la derrota romana. Aunque debilitadas por la brutal guerra civil dentro de la ciudad, las facciones zelotes aún podían desplegar un número significativo de tropas para oponerse a una conquista romana inmediata de la capital. John engañó y asesinó a Eleazar y comenzó un gobierno despótico sobre la ciudad. Simon Bar Giora, al mando de una fuerza mayor de 15,000 soldados, fue invitado a Jerusalén por los líderes gubernamentales provisionales restantes para enfrentarse a la facción zelote de John, y rápidamente tomó el control de gran parte de la ciudad. Las amargas luchas internas entre las facciones de Bar-Giora y John siguieron durante el año 69.

Asedio y caída de JerusalénEditar

El asedio de Jerusalén, la ciudad capital fortificada de la provincia, se convirtió rápidamente en un punto muerto. Incapaces de romper las defensas de la ciudad, los ejércitos romanos establecieron un campamento permanente a las afueras de la ciudad, cavando una zanja alrededor de la circunferencia de sus muros y construyendo un muro tan alto como los muros de la ciudad alrededor de Jerusalén. Cualquier persona atrapada en la trinchera que intentara huir de la ciudad sería capturada y crucificada en líneas en la parte superior del muro de tierra que mira hacia Jerusalén, con hasta quinientas crucifixiones en un día. [38] Los dos líderes fanáticos, John de Gischala y Simon Bar Giora, solo cesaron las hostilidades y unieron fuerzas para defender la ciudad cuando los romanos comenzaron a construir murallas para el asedio.

Durante las luchas internas dentro de las murallas de la ciudad, los zelotes quemaron intencionalmente un suministro de alimentos secos para inducir a los defensores a luchar contra el asedio, en lugar de negociar la paz; Como resultado, muchos habitantes de la ciudad y soldados murieron de hambre durante el asedio. Tácito, un historiador de la época, señala que los asediados en Jerusalén ascendieron a no menos de seiscientos mil, que hombres y mujeres por igual y de todas las edades participaron en la resistencia armada, que todos los que podían recoger un arma lo hicieron, y que ambos sexos mostraron igual determinación, prefiriendo la muerte a una vida que implicara la expulsión de su país. Josefo pone el número de los sitiados en cerca de 1 millón.En el verano de los 70, luego de un asedio de siete meses, Titus finalmente usó el colapso de varios muros de la ciudad para romper Jerusalén, saqueando y quemando casi toda la ciudad. Los romanos comenzaron atacando el punto más débil: el tercer muro. Fue construido poco antes del asiento, por lo que no tuvo tanto tiempo invertido en su protección. Tuvieron éxito a finales de mayo y poco después rompieron la segunda pared más importante. Durante las etapas finales del ataque romano, los zelotes bajo Juan de Giscala todavía sostenían el Templo, mientras que los Sicarii, liderados por Simon Bar Giora, sostenían la ciudad alta. El Segundo Templo (el renovado Templo de Herodes), uno de los últimos bastiones fortificados de la rebelión, fue destruido en Tisha B'Av (29 o 30 de julio de 70).Los tres muros de Jerusalén fueron finalmente destruidos, así como el Templo y las ciudadelas; la ciudad fue puesta a la antorcha, y la mayoría de los sobrevivientes fueron esclavizados; todavía se pueden ver algunas de esas piedras volcadas y su lugar de impacto. Juan de Giscala se rindió en la fortaleza de Jotapata de Agripa II y fue sentenciado a cadena perpetua. El famoso Arco de Tito en Roma representa a los legionarios romanos que llevan los tesoros del Templo de Jerusalén, incluida la Menorah, durante la procesión triunfal de Tito en Roma. Con la caída de Jerusalén, algunas insurrecciones continuaron en lugares aislados de Judea, que duraron hasta 73.

Judea bajo el gobierno de los LegadosEditar

La destrucción del Segundo Templo en 70 EC marcó un punto de inflexión en la historia judía. En ausencia del Templo, la sinagoga se convirtió en el centro de la vida judía. [45] Cuando el Templo fue destruido, el judaísmo respondió con una observancia más devota a los mandamientos de la Torá. Las sinagogas reemplazaron el templo como un lugar central de reunión, y los rabinos reemplazaron a los sumos sacerdotes como líderes de la comunidad judía. Debido al dominio de los rabinos después del 70 EC, la era se llama período rabínico. Los rabinos llenaron el vacío del liderazgo judío después de la Gran Revuelta, y crearon un nuevo tipo de judaísmo a través de su literatura y enseñanzas.La derrota de la revuelta judía alteró la demografía judía, ya que muchos de los rebeldes judíos fueron dispersados ​​o vendidos como esclavos. Josefo afirmó que 1.100.000 personas fueron asesinadas durante el asedio, 97.000 fueron capturadas y esclavizadas y muchas otras huyeron a áreas alrededor del Mediterráneo. Una parte importante de las muertes se debió a enfermedades y hambre causadas por los romanos. "Una destrucción pestilente sobre ellos, y poco después tanta hambruna, que los destruyó más repentinamente".

El artículo de la Enciclopedia Judía sobre el alfabeto hebreo dice: "No fue sino hasta las revueltas contra Nerón y contra Adriano que los judíos volvieron al uso de la antigua escritura hebrea en sus monedas, lo cual hicieron por motivos similares a los que los habían gobernado dos o tres siglos antes; ambas veces, es cierto, solo por un breve período ".

Según la Vida de Apolonio de Filostrato, Tito se negó a aceptar una corona de victoria ofrecida por los grupos vecinos de Judea, con el argumento de que solo había sido el instrumento de la ira divina.

Antes de la partida de Vespasiano, el sabio farisaico y el rabino Yohanan ben Zakkai obtuvieron su permiso para establecer una escuela judaica en Yavne. Zakkai fue sacado de contrabando de Jerusalén en un ataúd por sus alumnos. Más tarde, esta escuela se convirtió en un importante centro de estudio talmúdico (ver Mishná). Esto se convirtió en la marca crucial en el desarrollo del judaísmo rabínico, que permitiría a los judíos continuar su cultura y religión sin el Templo y esencialmente incluso en la diáspora.

La Gran Revuelta de Judea marcó el comienzo de las guerras judías - romanas, que cambiaron radicalmente el Mediterráneo Oriental y tuvieron un impacto crucial en el desarrollo del Imperio Romano y los judíos. A pesar de la derrota de la Gran Revuelta, las tensiones continuaron creciendo en la región. Con la amenaza parta de Oriente, las principales comunidades judías de todo el Mediterráneo oriental se rebelaron en 117 EC. La revuelta, conocida como la Guerra de Kitos en 115-117, que tuvo lugar principalmente en la diáspora (en Chipre, Egipto, Mesopotamia y solo marginalmente en Judea), aunque mal organizada, fue extremadamente violenta y tomó dos años para los ejércitos romanos. para dominar. Aunque solo el capítulo final de la Guerra de Kitos se libró en Judea, la revuelta se considera parte de las guerras judías - romanas. El inmenso número de bajas durante la Guerra de Kitos despobló a Cirenaica y Chipre y también redujo las poblaciones judías y grecorromanas en la región. El tercer y último conflicto en las guerras judía - romana estalló en Judea, conocida como la revuelta de Bar Kokhba de 132–136 CE, concentrándose en la provincia de Judea y dirigida por Simon bar Kokhba. Aunque Bar Kokhba tuvo éxito inicialmente contra las fuerzas romanas y estableció un estado de corta duración, el eventual esfuerzo romano derrotó a los rebeldes de Bar Kokhba. El resultado fue un genocidio casi completo de los judíos, una prohibición del judaísmo y el cambio de nombre de la provincia de Judea a Siria Palaestina. Aunque la muerte de Adriano (en 137 EC) alivió las restricciones y la persecución de los judíos, los sobrevivientes de su campaña no fueron muchos. Solo una pequeña comunidad judía de varios miles de sobrevivientes en Galilea, con comunidades más pequeñas en otras partes del Mediterráneo.

Guerra de KitosEditar

La guerra de Kitos (115-117) estalló en el año 115, cuando la mayoría de los ejércitos romanos estaban luchando en la guerra parta de Trajano en la frontera oriental del Imperio Romano. Las grandes sublevaciones de los judíos de etnia en Cirenaica, Chipre y Egipto se descontrolaron, lo que resultó en una matanza generalizada de guarniciones y ciudadanos romanos abandonados por rebeldes judíos.

Las rebeliones judías fueron finalmente aplastadas por las fuerzas legionarias romanas, principalmente por el general romano Lusius Quietus, cuyo nombre más tarde le dio el título al conflicto, ya que "Kitos" es una corrupción posterior de Quietus. Algunos quedaron tan aniquilados que los romanos se mudaron a asentarse en estas áreas para evitar su despoblación completa. El líder judío, Lukuas, huyó a Judea. [3] Marcius Turbo lo persiguió y sentenció a muerte a los hermanos Julián y Pappus, que habían sido líderes clave en la rebelión. Lusius Quietus, el conquistador de los judíos de Mesopotamia, ahora estaba al mando del ejército romano en Judea, y asedió a Lydda, donde los judíos rebeldes se habían reunido bajo el liderazgo de Julián y Pappus. Lydda fue tomada luego y muchos de los judíos rebeldes fueron ejecutados; los "asesinados de Lydda" a menudo se mencionan en palabras de alabanza reverencial en el Talmud. Los líderes rebeldes Pappus y Julián estaban entre los ejecutados por los romanos en el mismo año. La situación en Judea seguía siendo tensa para los romanos, que estaban obligados por Adriano a trasladar permanentemente la Ferrata Legio VI a Cesarea Marítima en Judea.

Revuelta de Bar KojbaEditar

La rebelión de Bar Kojba (132-135) contra el Imperio romano, también conocida como Segunda guerra judeo-romana, fue la segunda gran revuelta judía en Judea y la última de las grandes Guerras judeo-romanas.

Desaparición de la provincia de JudeaEditar

Gobernantes de la ProvinciaEditar

PrefectosEditar

ReyEditar

ProcuradoresEditar

LegadosEditar

Guerras judeo-romanasEditar

Durante los años 67 y 70, los judíos se sublevaron debido al opresor gobernador de aquel entonces, dando lugar a la primera guerra judeo-romana y el general Vespasiano fue enviado por el emperador Nerón a controlar la situación. El asesinato del último motivó a Vespasiano a dejar la guerra en manos de su hijo Tito para acudir a Roma. Tito sitió Jerusalén en el 70 y cinco meses después logró penetrar la casi inexpugnable ciudad, una vez adentro sus tropas arrasaron el Templo de Herodes, contrariando las órdenes de Tito.

Entre los años 132 al 135 estalló otra revuelta debido a la excesiva romanización de Jerusalén por el emperador Adriano. Después de la derrota de los judíos, Adriano cambió el nombre de la capital a Aelia Capitolina y el nombre de la provincia a Syria Palaestina (Siria Palestina) en lugar de Judea, probablemente para evitar cualquier conexión con el pueblo derrotado. También, les prohibió habitar en la ciudad y sus alrededores. Sin embargo, el pueblo judío no fue expulsado del territorio y muchos judíos permanecieron en él, sobre todo en Galilea.

ReferenciasEditar

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BibliografíaEditar

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Enlaces externosEditar