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Manolo Villarroel

escritor español

Manolo Villarroel[1]​ Artista polifacético, interdisciplinario y descansado comenzó su ajetreo vivencial en Sotu Cangues en mil novecientos cincuenta y dos, lleva por lo tanto más de medio siglo dedicado a sus diversiones.

Esforzado estajanovista de las Artes Aplicadas y los Oficios Artísticos es escapista, parapsicólogo, reflexólogo podal, sinestésico, narrador, psicoesteta, obeso, homeópata, estilita, escultor, naturista, músico, bajo, ofidio, mamífero, pintor, acupuntor, arquitecto, reikiólogo, obseso y zahorí. Ejerció de labrador, torero, atleta, boxeador, futbolista, trapero, luchador, repartidor de perfumería, mozo de supermercado, ascensorista, peón de albañil, carpintero, guardacoches, funcionario, marino, profesor, electricista, cocinero, camarero, confitero, guía de montaña, pastor y redactor.

Son numerosas las veces que, a lo largo de su vida, experimentó abducciones, traslaciones y resacas. Estas experiencias, más allá del mundo paranormal, le vinieron muy bien para viajar a lo largo y ancho del universo-mundo e incluso hacer viajes astrales a Orión, Levinko, Oyanko, Collanzo, Sotu Deu, Parisana y a la cara oculta de la Luna sin haber abandonado la cama, su refugio más apreciado.

Sufrió su primera abducción-traslación a los catorce años, mientras dormía en una cama construida en lo más alto de un gigantesco cerezo. Al dar media vuelta se precipitó al vació alberizando en Ronda justo en el momento que Pedro Romero se disponía a estoquear su toro número tres mil tres cientos treinta y tres de su ya dilatada carrera. Durante tres largos meses acompañó al maestro. Don Pedro mostrándose magnánimo con su discípulo le regaló un consejo: tomarse unas largas vacaciones y regresar al albero después de crecer unos treinta y tres centímetros a ojo de buen cubero.

En Kinshasa rinneó al lado de Muhammad Alí que lo aceptó como sparring. Cansado, Muhammad, de recogerlo del suelo le pagó el vuelo de regreso a Sotu regalándole un consejo muy valioso: crecer treinta y tres centímetros y dedicarse al baloncesto, balonmano o a meter mano a las chicas porque mano para el boxeo no tenía y mandíbula poca, o muy blanda, porque cada vez que se la tocaban se venía abajo. Continua, Villarroel, padeciendo traslaciones y estudicia entre los pinceles de Jheronimus van Aken en su estudio de Bolduque. Siguiendo las instrucciones de su maestro que ve en él un pintor de grandes obras regresa a su tiempo y se dedica a pintar paredes consiguiendo, en ocasiones, que le paguen por ello.

En la siguiente traslación taberniza a la mesa de Ponciano Ponzato y Gascón dibujante, maño, pintor, saldubense, escultor, cesaraugustano y de Zaragoza cuando el ilustre baturro se disponía a disfrutar unas quisquillas regadas con abundante manzanilla de Sanlúcar. Sorprendido, el afamado artista, con la repentina materialización de Villarroel lo invitó al magno banquete tras escuchar del reasentado que la llamada traslacional lo sorprendió visionando “Amanece que no es poco” justo en la escena en la que Carmelo, el borracho que se desdobla, se desdobla. Aturdido Ponciato por el relato de cosas tan fantásticas, y las abundosas libaciones del dorado líquido, le propone ser su ayudante. La tarea que en ese momento desvela a Gascón es la fundición en bronce de dos leones que han de ornar las puertas del congreso para sustituir a los de piedra que había tallado José Bellver i Collazos que a, a su vez, sustituyeron a los originales de escayola modelados por el propio Ponciato. Siguieron cociéndose en el exquisito caldo de Barrameda siendo el resultado de todos conocido: Daoíz, el Benavides, quedó menguado de cojones.

Prosiguiendo con su devoción escultórica se encontró siendo alumno avejentado de Frédéric Auguste Bartholdi. Muy enfadado con su maestro que le obligó a esculpir la estatua en la Isla de la Libertad mientras él mataba la sed con abundosas libaciones de Bourbon por los chigres de Tribeca, tomó cumplida venganza deslenguando al león de Belfort… sin duda la emasculación de Benavides le sirvió de inspiración. Años después Frédéric visitaría la fantástica ciudad de Framche-Comté y ante la contemplación de su obra (en esta ocasión sin sidra, vino o cerveza, ginebra, vodka, ron o whisky a mano) se percató del deslenguado fallo tomando la única y valiente decisión posible: suizidarse aprovechando que la frontera del país helvético estaba próxima. Bartholdi llevó a cabo su propósito con gran heroicidad pillando, contrayendo o matrimoniando con una tuberculosis que lo arrastraría a la tumba tras grandes padecimientos que él gozó con estoica alegría.

De vuelta al siglo XXI se entregó, Villarroel no el genial Bartholdi, de lleno a su pasión escultórica elaborando más de una gruesa de esculturas comestibles expuestas en el ilustrado Café del Sol y devoradas por los clientes con gran satisfacción y contento. La opinión mayoritaria entre los espectadores-degustadores fue: “Como escultor deja mucho que desear, pero como cocinero lo borda”. Lo que prueba lo efímero del arte y la gratitud de los afamiados comensales.

Escribió manuales de cocina, idolatría, pastelería, pudibundez, pescadería, charlatanería, frutería, carnicería, desenfreno, manipulación de alimentos, taichí, charcutería, reiki, dietética, naturismo, nutrición y alevosía con el honrado fin de conseguir dinero con el que pagarse sus juergas en las que invirtió el sesenta y nueve por ciento de sus ganancias, el resto lo malgastó.

Redactó guías para despistados y/o necesitados de encontrar el mejor sitio donde comer al precio más económico, los paisajes más maravillosos, el clima ideal, la playa más bonita y menos concurrida, los chigres musicales con la marcha más desenfrenada, la ruta menos concurrida y más bonita, el hotel más barato y más limpio, el pico más accesible con la escalada más dificultosa… como el claro objetivo de tal empeño era lucrarse mediante la aceptación de sobornos, chollos, sinecuras, momios o mamandurrias varias sin conseguirlo, la constatación de que en la dura realidad los untes los cobran los editores, abandonó tan excelsa tarea digna de esforzados informantes escasos de oportunidades o predispuestos a ser expoliados, explotados y chuleados por el empresario de turno.

Ha sido seleccionado en numerosos certámenes literarios. En unos pocos ha sido finalista y en alguno menos, ganador. Todos ellos dotados con modestos premios en metálico. Alguno de tales premios con jurados y/o irresponsables que se quedaron con el importe del premio y/o los dineros para la edición del libro ganador. No hablo a tres Velas ni a humo de Rastrojo ni quiero mencionar la confusión de lenguas llamada Babel con cafeína a pesar que, tras ese premio, estaba el irresponsable de publicaciones de una universidad que permanece en silencio a la orilla de un río cuyas aguas pasan a la vera de un Pilar.

No participa, Villarroel, en los repartos de subvenciones de las Concejalías de Cultura de Ayuntamientos ni en las otorgadas por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias por voluntad expresa de sus irresponsables o los irresponsables en quienes delegan.

“Yo nací a la hora que enviudan las vacas. Mi madre había salido a buscar agua a la fuente, manantial, venero, hontanar o alfaguara al que llamábamos H.ontana, así con hache aspirada, y me nació allí, a orillas del Deva la corriente sagrada de los vadinienses, ayudada por Pura, la bruja, que me vaticinó una vida rebelde y porfiada o confiada o atrofiada… no estoy seguro; aunque sé de fijo que terminaba en ada, sin hache. En mi pueblo somos muy de la hache, aspirada o no; pero de la hache, incluso con mayúsculas: HACHE. Las hadas con hache son muy celebradas en mi tierra y, aunque la mayoría no creemos en ellas, sabemos que existen y que nos guardan de todo mal. Bueno de todo, todo… no; pero casi. Mi padre, que por aquel entonces era guardabosques, estaba vigilando Pome, la mayor mancha de haya salvaje de toda Europa. Cuando se enteró, dejó plantadas a las hayas y bajó para casa, mi madre le dijo: es varón y entonces mi padre le contestó: le pondremos José Manuel. Digo yo que sería por lo del autor del conde Lucanor. Los vecinos me pusieron Manolín el de la Pontiga, por abreviar o abrevar que somos muy de beber”. De “Descripción de mí mismo” autobiografía con naturaleza viva.]]


Índice

ObraEditar

EscritorEditar

FanzinesEditar

  • Poesía, música y montaña. Sotu cangues (1981).
  • El Piensador de la Llingua. Sotu Cangues (1983).
  • La Nuechi Celta. Corao (1984).
  • Bajo un sol de justicia. Oviedo (2004).

PoesíaEditar

  • Narves. Álvarez. Oviedo. (1992).
  • D’espluma y azabache. Santa Rita. Cardosu. (1995).

NarrativaEditar

  • El libro de los licores. Cuadernos del bandolero. Gijón. (1999).
  • El viejo de la montaña. KRK Ediciones.[2]​ Oviedo. (2000).
  • Cuentos de Cornión. Eikasia. Oviedo. (2007).
  • La asfixia de tu sonrisa (Antropología poética) Con su hijo Vindio Villarroel. KRK Ediciones, Oviedo, 2011.

ColectivosEditar

  • Todas direcciones/toes direcciones. Dobra. Cangas de Onís. (2002).
  • Poesía Erótica Búho Rojo. GrupoBuho. Madrid. (2006).
  • Vivencias. Orola. Madrid. (2007).
  • Palabras con Ángel. AEA. Oviedo. (2008).
  • Poetas de Asturias en Cangas de Onís. Dobra. (2008).

GastronomíaEditar

  • La cocina de las setas. SETASTUR. Lugones. (1989).
  • La cocina. F.S.D. Oviedo. (1991).
  • De cocina artesana. KRK Ediciones. Oviedo. (1998).
  • La cocina de las setas de campo. KRK Ediciones. Oviedo. (2001).

MúsicaEditar

LP's “Esperando Vietnam” y "El trueno del desertor" con Templun. CD’s "Versos y acordes" y “En la música la palabra” de la Asociación Cultural Dafne y el documental “Emergentes. El laberinto creativo” de Oscar Fernández y Noemí Camblor.

EsculturaEditar

Contra el viento; Por babor; Para el sol; Bajo el agua; Con la leche; A remolque; Sobre el campo; Sin espoleta; Transaturado.

Esculturas comestiblesEditar

Del corazón y otras vísceras desechables; Suculento cerebro; Este es mi hígado muy querido: tomad y comed todos de él; Dos riñones para tres sobre milhojas de ecoremolacha glaseadas con sirope de sidra dulce; Pendiente del pan creas tostas de escanda con gelatina de arbeyos de los Llanos de Somerón, tuétanu de gúe y untu de gochu; La insoportable deconstrucción del brazo gitano; Desconfiado apéndice; Los callos son para comer; Sor viendo hasta el tuétano; Esferificando gónadas desleemos el paisaje atlántico; Croquetas liofilizadas en salsa de bogavante encachopado con queso azul y ginebra. La última es cena.


Notas y referenciasEditar

  1. «Manolo Villarroel» |url= incorrecta con autorreferencia (ayuda). 
  2. Manolo Villarroel. KRK Editorial