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Medea (Eurípides)

tragedia de Eurípides

Medea (Μήδεια) es una tragedia de Eurípides. Se representó en el primer año de la Olimpiada 87ª (431 a. C.), y formaba parte de una tetralogía con las tragedias Filoctetes (Φιλοκτήτης) y Dictis (Δίκτυς) y el drama satírico Los recolectores (Θηρισταί). Ganó el certamen Euforión ; el segundo fue Sófocles; y el tercero, Eurípides.

Fragmento de un códice de vitela del s. IV o V d. C. hallado por Flinders Petrie en 1888 en Arsínoe (Egipto) y conservado en el University College de Londres.
El texto corresponde a las líneas
1087 a 1091 de Medea.[1]
A pesar de ser una muestra tan pequeña, ha influido en ediciones modernas de la tragedia.
Elisabetta Pozzi[2]​ en el papel de Medea. Teatro Griego de Siracusa. 2009.
Otro momento de la
misma representación.
Imagen de otra representación.
Eugène Delacroix: Medea furiosa
(Médée furieuse, 1862).
Klara Ziegler[3]​ en el papel de Medea.
Angelique Rockas en una
representación de Medea.
Theatro Technis, de Londres.

PersonajesEditar

Marco míticoEditar

La tragedia Medea trata de la conocida historia de Jasón tras las aventuras que lo llevaron a conquistar el vellocino de oro, trabajo impuesto por su tío Pelias. Jasón, tras el trabajo, se casó con Medea, y en Yolcos tuvieron un hijo: Mérmero.

Para hacerse con el poder en Yolcos, Pelias había matado a Esón, padre de Jasón. Medea engañó a las hijas de Pelias para que lo mataran. Jasón y Medea huyeron de Yolcos., y han arribado a Corinto, donde reina Creonte, y ahí transcurre la historia contada en la tragedia.

ArgumentoEditar

Jasón, esposo de Medea, se promete en matrimonio con Glauce,[4]​ hija de Creonte, ante el espanto de Medea, que ve su lecho deshonrado. Creonte, que había planeado el matrimonio, ante el temor de que Medea, sabia y hábil, se vengue, ordena su destierro inmediato.

Pero Medea, fingiéndose sumisa, pide un solo día de plazo para salir al destierro. Ese plazo lo aprovecha para hacer unos regalos a Glauce: una corona de oro y un peplo que causan la muerte por el simple contacto. Glauce muere de manera horrible:

No se distinguía la expresión de sus ojos ni su bello rostro, la sangre caía desde lo alto de su cabeza confundida con el fuego, y las carnes se desprendían de sus huesos, como lágrimas de pino, bajo los invisibles dientes del veneno.

Tras perpetrar ese horrible crimen, Medea mata a sus propios hijos.

Termina la obra con Medea subida en el carro de Helios, con quien ya tenía pactada su huida a Atenas, para evitar las iras de la familia de Creonte y de su propio marido Jasón, al que increpa desde el carro:

¡Oh niños, cómo habéis perecido por la locura de vuestro padre!
Pero no los destruyó mi mano derecha.
No, sino tu ultraje y tu reciente boda.

Análisis de la obraEditar

Según los críticos, es una de las mejores obras de Eurípides.

Eurípides alza la figura femenina de forma extraordinaria. Medea es formidable, sabia, fuerte, hábil, luchadora y por ello es amada por unos, pero respetada y temida por todos.

Eurípides exalta los valores femeninos y defiende la condición femenina. Medea describe en la obra esta condición:

De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo.[5]
Y si nuestro esfuerzo se ve coronado por el éxito, y nuestro esposo convive con nosotras sin aplicarnos el yugo por la fuerza, nuestra vida es envidiable, pero si no, mejor es morir.
Dicen que vivimos en la casa una vida exenta de peligros, mientras ellos luchan con la lanza. Necios. Preferiría tres veces estar a pie firme con el escudo que enfrentarme al parto una sola vez.
Una mujer suele estar llena de temor y es cobarde para contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente más asesina.

El coro exclama ante el trato que de la sociedad griega recibía la mujer:

Pero lo que se dice de la condición de la mujer cambiará hasta conseguir buena fama, y el prestigio está a punto de alcanzar al límite femenino; una fama injuriosa no pesará ya sobre las mujeres.

Eurípides, conocedor de todas las corrientes filosóficas de su tiempo, avisa ya de un problema que es actualidad en nuestros días: la separación entre la sabiduría y el poder social. Y hace exclamar a Medea:

Si eres considerado superior, por poseer conocimientos variados, parecerás a la ciudad persona molesta.

En esta obra hay una acerba crítica a los sofistas, por poseer conocimientos y utilizarlos en beneficios distintos de la justicia.

Véase tambiénEditar

Notas y referenciasEditar

DELBUENO DE PRAT, María Silvina (27 de mayo de 2014). La problemática de las mujeres filicidas: Las reescrituras de Medea de Eurípides en dos Medeas argentinas y el diálogo intertextual con Médée Kali de Laurent Gaudé. p. 136. Consultado el 3 de septiembre de 2014. 

  1. EURÍPIDES: Medea, 1.087 - 1.091.
  2. Elisabetta Pozzi (n. 1955): actriz italiana de teatro.
  3. Klara Ziegler (1844 - 1909): actriz alemana.
  4. Glauce: Γλαυκή.
  5. En el siglo V sí podían divorciarse con el patrocinio del arconte, pero las desprestigiaba.

Enlaces externosEditar

  • RENAULT, Philippe: estructura de Medea, y algunos fragmentos de la obra.
    • Texto francés en el sitio de Philippe Remacle.
      • Philippe Remacle (1944 - 2011): helenista y latinista belga de expresión francesa.
  • EURÍPIDES: texto conservado de Filoctetes (Φιλοκτήτης).
  • LÓPEZ FÉREZ, Juan Antonio: Mitos y referencias míticas en las cuatro primeras obras conservadas de Eurípides; en Literatura: teoría, historia, crítica, n.º 11, pp. 15 - 82. 2008 (publ.: 2009). ISSN 0122-011X