Nacionalismo valenciano

El nacionalismo valenciano, o valencianismo político, es un movimiento político que defiende la existencia de unos rasgos identitarios comunes de las tres provincias (de Alicante, de Castellón y de Valencia) en que quedó dividido a partir de 1833 el territorio del antiguo Reino de Valencia y que constituirían una «nación», designada generalmente con el término País Valenciano (País Valencià). Se distinguiría históricamente del regionalismo valenciano, que considera a la región valenciana como parte integrante de la «nación española», en que defiende el reconocimiento oficial de la lengua propia (el valenciano) y en la demanda de autogobierno.[2]

Bandera oficial del Consell del País Valencià (1979-1982).[1]

La consideración sobre cuál es su "nación cultural", sin embargo, varía dependiendo del momento histórico, pero generalmente se asume que el País Valenciano comparte gran parte de su condición cultural con Cataluña, Islas Baleares, y la Franja de Aragón, sin que ello influya en su "marco político" definido.[3][4]​ No obstante, un sector minoritario «pancatalista» considera que el País Valenciano formaría parte de los «Países Catalanes».[5][6]

Historia

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Orígenes: Restauración (1902-1931)

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Al igual que el nacionalismo catalán y el nacionalismo vasco el nacimiento del valencianismo político se sitúa en torno al «desastre del 98» que puso en evidencia las carencias del sistema político de la Restauración, pero a diferencia de lo sucedido en Cataluña y en el País Vasco, como ha destacado Ferran Archilés, «los réditos de la crítica del sistema restauracionista en Valencia los capitalizará el movimiento blasquista (así como otros movimientos republicanos semejantes como es el caso de la ciudad de Castellón)... En grado considerable el espacio político ya estaba definido... [dejando] poco espacio para el afianzamiento de una nueva fuerza política, de una nueva cultura política». Además, señala Archilés, «las fuerzas políticas valencianas mayoritarias, conservadoras o republicanas, había interiorizado —en versiones rivales donde el peso de la religión, del relato histórico o de la cultura popular podían ser contrapuestos— buena parte del programa identitario y simbólico del discurso regionalista. De hecho eran sus autores...».[7]

El historiador Alfons Cucó ya señaló como el momento fundacional del valencianismo político el discurso inaugural que pronunció Faustí Barberà (De regionalisme i valentinicultura) en Lo Rat Penat en 1902, en el que sentó las bases de lo que sería el primer cuerpo teórico del nacionalismo valenciano.[8][9][10][11][12]​ Fue la primera vez en que se cuestionó el imaginario del regionalismo valenciano y su propuesta, como la de todo el valencianismo político posterior, se basó en dos elementos: la lengua y el relato histórico del pasado valenciano (el del antiguo Reino de Valencia abolido por los Decretos de Nueva Planta de 1707). «Estos dos elementos habían sido codificados por los autores de la Renaixença en décadas anteriores: Teodor Llorente o Vicent Boix, por ejemplo. Hasta entonces, sin embargo, no se habían contemplado como una palanca para la politización de la identidad en ningún sentido que no fuera español. Este fue el salto adelante del valencianismo político», ha señalado Ferran Archilés.[13]​ Sin embargo, el valencianismo político nació en un momento de máxima consolidación de la identidad «regional» por lo que tuvo muchas dificultades para desmarcarse de ella.[14]

Hay que esperar a la segunda década del siglo XX para encontrar «un nacionalismo mucho mejor organizado y coherente y con propuestas más complejas que, sin duda, tensaban mucho más las relaciones con la identidad regional».[15]​ El año clave es 1918 cuando se publica la Declaración Valencianista, posiblemente el documento más complejo hasta esa fecha, y se funda la Unió Valencianista, que se suele considerar como el primer partido propiamente dicho del nacionalismo valenciano (estrechamente relacionado con la Lliga Regionalista catalana, en plena campaña en favor de un Estatuto de Autonomía para Cataluña).[16]​ Ese mismo año también se publica la Síntesi del criteri valencianista.[17]

Segunda República (1931-1939)

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La caída de la Dictadura de Primo de Rivera en enero de 1930 abrió un momento decisivo para el crecimiento y la renovación del valencianismo político. En abril de ese año se fundaba la Agrupació Valencianista Republicana (al mismo tiempo, por el lado del regionalismo valenciano, nacía la Derecha Regional Valenciana).[18]​ Tras la proclamación de la Segunda República Española el 14 de abril de 1931 (en el ayuntamiento de Valencia se izó la bandera republicana junto con la bandera de la ciudad y se tocaron el Himno de Riego, la Marsellesa y el Himno Regional) el conservador Joaquim Reig de Unió Valencianista (que había obtenido una concejalía en la ciudad de Valencia por la candidatura monárquica) fundaba el Centre d'Actuació Valencianista (CAV), aunque con voluntad apartidista. El CAV será el promotor de El Camí (1932-1934) la publicación más importante del valencianismo político hasta esa fecha.[19]

 
Senyera de Esquerra Valenciana.

En 1934 se hizo evidente la fractura entre la izquierda y la derecha del valencianismo político. En el lado conservador se encontraba Acció Nacionalista Valenciana fundada en 1933 por un grupo procedente de la órbita de la Derecha Regional Valenciana; en el progresista Esquerra Valenciana, fundada en 1934 por miembros escindidos del blasquista PURA, al que se añadiría al año siguiente el Partit Valencianista d'Esquerra (las dos formaciones se integrarían en las candidaturas del Frente Popular para las elecciones generales de febrero de 1936.[20][17]​ «Estas dos fuerzas políticas —que podemos situar en el centro-izquierda del escenario valenciano— fueron las más importantes formaciones republicanas del valencianismo de izquierdas que nunca había tenido el País Valenciano. Heredaron y actualizaron tanto el programa federal como el del valencianismo histórico», ha señalado Ferran Archilés.[21]

Uno de los principales logros del valencianismo político, a pesar de su limitado peso electoral, fue situar la demanda de un Estatuto de Autonomía como uno de los ejes de la política valenciana, aunque ninguna propuesta llegó a cuajar hasta la víspera misma del inicio de la guerra civil (el 16 de julio se reunía en Castellón la comisión «pro-Estatut» que emplazó a sus integrantes a una nueva reunión en Valencia que no llegaría a celebrarse a causa del golpe de Estado iniciado al día siguiente). Otro logro fue su contribución para que se alcanzara un acuerdo para fijar las normas ortográficas del valenciano, las «Normas de Castellón» de 1932, que estuviera en concordancia con las adoptadas por el Institut d'Estudis Catalans para el catalán, reconociendo así la unidad de la lengua hablada por catalanes, valencianos y habitantes de las Islas Baleares, y que al mismo respetara sus singularidades morfológicas.[22]

Empezando por la lengua a la que convirtió en el eje central de la identidad valenciana (con la consiguiente demanda de su reconocimiento como lengua oficial junto al castellano), el nacionalismo valenciano procedió a una «relectura» en clave política de los referentes simbólicos elaborados por el regionalismo valenciano en las décadas anteriores, como fue el caso del relato histórico que provenía de la tradición heredada de la Renaixença valenciana (el «pueblo valenciano», nacido con la conquista de Valencia por Jaime I, había vivido una época de esplendor durante el «periodo foral» a la que puso punto final Felipe V con el Decreto de Nueva Planta de 1707. En general aceptaron que la bandera de la ciudad de Valencia (cuatro barras rojas con franja azul coronada) fuera la bandera propia de todos los valencianos, aunque sin descartar las cuatro barras estrictas, así como el «Himno regional» que suscitó un mayor rechazo a causa de su primer verso («Per ofrenar noves glòries a Espanya» ('Para ofrendar nuevas glorias a España'). La ruptura más clara con los referentes regionalistas fue el nombre del territorio, porque defendieron el término «País Valencià» ('País Valenciano') frente al de «Región Valenciana» (o el de «Levante» utilizado con frecuencia desde Madrid). De hecho «País Valencià» fue el único que apareció en el preámbulo de las Normas de Castellón de 1932 y al año siguiente Felip Mateu i Llopis publicaba un opúsculo con el titulo de El País Valencià.[23]

El valencianismo político coincidió en gran medida con los postulados del catalanismo político partiendo de los lazos lingüísticos y culturales que les unían, lo que les valió a sus miembros el calificativo de «separatistas» por parte del PURA y de la Derecha Regional Valenciana. En el editorial del primer número de La República de les Lletres (verano de 1934), dirigida por Enric Navarro i Borràs, se explicaba así el «marco nacional» del valencianismo político:[24]

Catalunya, València, Euzkadi, Galícia són Espanya. Són Ibèria, però no són ni seran mai Castella. En el decurs de més de dos segles i encara en la actualitat Espanya ha estat sotmesa a l'idioma, a la cultura, a la política i als designis de Castella. En tant Espanya continui essent absolutament Castella —i una Castella unitarista i unificadora, dominadora, monàrquica o monarquizant— Catalunya, València, Euzkadi, Galícia no seran mai Espanya
Cataluña, Valencia, Euzkadi, Galicia son España. Son Iberia, pero no son ni serán nunca Castilla. A lo largo de más de dos siglos y todavía en la actualidad España ha estado sometida al idioma, a la cultura, a la política i a los designios de Castilla. En tanto España continue siendo absolutamente Castilla —y una Castilla unitarista y unificadora, dominadora, monárquica o monarquizante— Cataluña, Valencia, Euzkadi, Galicia no seran nunca España.

Durante la guerra civil española se celebró en Valencia en julio de 1937 el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en el que participó una delegación valenciana como reconocimiento a la entonces capital de la República. Estaba integrada por los escritores nacionalistas Enric Navarro i Borràs, Adolf Pizcueta, Bernat Artola, Ricard Blasco y Carles Salvador. Este último fue el encargado de leer la ponencia elaborada por todos ellos, en la que entre otras cosas se decía:[25]

Se sabe de sobra ya que España... carece de una unidad efectiva, específica, por estar constituida por un numeroso grupo de pequeñas nacionalidades que desde hace siglos y por una unilateral creencia de falsa unidad, han venido soportando una infame y vergonzosa difamación —y también opresión— por parte de elementos centralizadores que las predestinaban a morir bajo un completo olvido. […] El idioma es la fundamentación de la cultura, y ninguna nación tendrá una plenitud cultural mientras no tenga derecho al uso oficial de su idioma [...] Negando el derecho de existencia cultural a las minorías nacionales, el fascismo sabe muy bien que lo que niega es la existencia de un medio fundamental de cultura y de expresión normal para el pueblo. Es en el pueblo donde se ha conservado, por años y siglos, la esencia de la lengua.[...] Defendiendo nosotros, nacionalistas ibéricos, con la pluma y la palabra, el derecho incuestionable que tenemos al reconocimiento de nuestras personalidades, fundamento de nuestra cultura… Defendiendo la cultura particular, peculiar de cada pueblo ―y todavía más, de las pequeñas nacionalidades oprimidas― es como se puede llegar a defender la cultura general, universal.

Dictadura franquista (1939-1975)

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La dictadura franquista supuso, en la práctica, la desaparición y disolución del emergente nacionalismo valenciano que no llegó a tener la misma fuerza que tuvo en Cataluña, en el País Vasco o en Galicia. Durante esos años, generalmente, sus principales personalidades se apartaron de la vida política, y la mayoría se centraron en actividades académicas o literarias,[26]​ en cuyo trasfondo se intentaba mantener la identidad valenciana. Alrededor de las figuras de Xavier Casp y Miquel Adlert se formó el grup Torre, dónde surgiría la figura de Joan Fuster.[27]​ Durante las décadas de 1960 y 1970 surgirían diferentes grupos de jóvenes valencianistas influidos por Fuster[28]​ con una serie de propuestas de tipo rupturista, provocando un distanciamiento entre su discurso y el del regionalismo valenciano.[29]

La generación influida por Fuster, que bautizó a sus propuestas como "nou valencianisme", tenía unos planteamientos y símbolos alejados de los del valencianismo anterior al franquismo, en gran parte debido a la apropiación y control del régimen de las entidades cívicas y culturales que durante la Segunda República propugnaban el autogobierno valenciano, especialmente de Lo Rat Penat, que daban una imagen que el "nou valencianisme" consideraba "folclórica",[29]​ y no ayudaba a la "dignidad nacional". Pero la ruptura también llegó al planteamiento político: sin entrar en considerar si el País Valenciano (como región histórica, sin connotaciones políticas) es una "nación política" o no, se pasó a propugnar los Países Catalanes, con una cierta confusión de si se trata de un concepto cultural,[30]​ o también de un concepto político, como afirmaba Joan Fuster en su ensayo Nosaltres els valencians.[4]

Transición democrática (1975-1982)

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Bandera propuesta en el Estatuto de Benicasim de 1981.

El pensamiento de Joan Fuster logró gran influencia entre diferentes fuerzas políticas y sindicales antifranquistas entre las décadas de 1960 y 1980,[31]​ destacando el Partit Socialista del País Valencià (PSPV), de izquierdas, y la Unió Democràtica del País Valencià (UDPV), de centro-derecha, como principales fuerzas nacionalistas en las dos últimas décadas de la dictadura franquista y en los primeros años de la Transición. En lo que respecta a las fuerzas de ámbito estatal, el pensamiento fusteriano logró influir entre las fuerzas de extrema izquierda como el Partido Comunista del País Valenciano y en menor medida en la rama valenciana del PSOE.[32]​ Estas fuerzas se encontraron con dificultades para reivindicar el discurso valencianista de influencia fusteriana en una sociedad que rechazaba mayoritariamente planteamientos tan drásticos como los de Joan Fuster.[32]​ En las primeras elecciones democráticas, los diferentes partidos nacionalistas valencianos no consiguieron representación parlamentaria.

A consecuencia de ello, tiene lugar un profundo debate a partir de estas divergencias políticas, que acaba con la integración de dichos partidos nacionalistas en partidos de ámbito estatal, como el PSPV, que se integró en el PSOE, o la UDPV, que hizo lo propio con la UCD, con la pretensión de que ambos partidos asumieran parte de sus objetivos valencianistas. Sin embargo, no toda la militancia asumió esta decisión,[33]​ y se crearon partidos como el transversal Partit Nacionalista del País Valencià (PNPV) o el Agrupament d'Esquerres del País Valencià (AEPV), que acabarían confluyendo en Unitat del Poble Valencià (UPV), principal formación nacionalista en los años 80 y 90.[34]​ Con unos resultados entre el 1% y el 3% de los votos en las diferentes elecciones de este período, desde mediados de los años 80 se inician una serie de reflexiones conocidas como "tercera vía", o "valencianismo de reconciliación", que buscaban, desde posturas revisionistas del pensamiento de Joan Fuster, una entente entre el electoralmente exitoso blaverismo (el regionalismo anticatalanista) y el pancatalanismo.[34][35]​ A pesar de que se considere que este intento de reconciliación fracasó,[36]​ la Unitat del Poble Valencià acabaría refundándose como Bloc Nacionalista Valencià. El BLOC creció electoralmente y se situó muy cercano al 5% de voto en 1999 y 2003, consolidándose posteriormente como tercera fuerza política de la Comunidad Valenciana dentro de la Coalició Compromís.[37]

Véase también

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Referencias

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  1. Compromís: con falda y cuatribarrada en apoyo a la indenpendencia escocesa
  2. Archilés, 2022, p. 259-260. «La línea de fractura entre regionalismo y valencianismo político se estableció alrededor de dos ejes: el reconocimiento oficial de la lengua de los valencianos y la demanda de autogobierno, en una propuesta fuertemente anticentralista».
  3. I malgrat tot, valencians, encara Archivado el 11 de noviembre de 2013 en Wayback Machine. artículo d e Albert Montón sobre el libro de Vicent Sanchis. Publicado el 28 de mayo de 2013 (en catalán)
  4. a b Català i Oltra, 2012, p. 581.
  5. Iborra, Josep (1995). La trinxera literària, 1974-1990: estudis sobre literatura Catalana al país Valencià (en catalán). Universitat de València. ISBN 9788478266265. Consultado el 4 de diciembre de 2018. 
  6. González, Damián A.; Heras, Manuel Ortiz; Garzón, Juan Sisinio Pérez. La Historia, lost in translation?: Actas del XIII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha. ISBN 9788490442654. Consultado el 4 de diciembre de 2018. 
  7. Archilés, 2022, p. 261. «No en vano Teodoro Llorente y Blasco Ibáñez había sido los líderes políticos de los conservadores y los republicanos en el momento decisivo del cambio de siglo».
  8. Jordi Bonells, Manuel Frau (2001). Les Nationalismes espagnols (1876-1978). Synthèse de civilisation espagnole. París: Éditions du Temps. p. 121-122. ISBN 978-2-84274-182-2. 
  9. Cucó, 1971, p. 37
  10. Sanchis Guarner, 2009, p. 330
  11. Cassasas, 2012, p. 106
  12. Archilés, 2022, p. 260.
  13. Archilés, 2022, p. 260-261.
  14. Morant, 2022, p. 262. «El valencianismo político nació »
  15. Archilés, 2022, p. 262.
  16. Archilés, 2022, pp. 262-263.
  17. a b Alfons Cucó, Los nacionalismos periféricos: el caso valenciano, Universidad de Valencia.
  18. Archilés, 2022, p. 164.
  19. Archilés, 2022, p. 264-265.
  20. Archilés, 2022, pp. 265-266.
  21. Archilés, 2022, p. 266.
  22. Archilés, 2022, p. 266-267; 271.
  23. Archilés, 2022, p. 266-269.
  24. Archilés, 2022, p. 270-271.
  25. María Bonillo (18 de noviembre de 2017). «Ciudad en guerra. Letras y debates entre bombas y hambre». Levante-El Mercantil Valenciano. 
  26. Ripoll Domènech, 2010, p. 85
  27. Sanchis i Llàcer, 2012, pp. 119-121.
  28. Archilés, 2013, pp. 36-38.
  29. a b Archilés, 2013, pp. 32-33.
  30. I malgrat tot, valencians, encara Archivado el 11 de noviembre de 2013 en Wayback Machine. article d'Albert Montón sobre el llibre de Vicent Sanchis. Publicat el 28 de maig de 2013 - Sobre la nació dels valencians, de Joan Francesc Mira, mereix justament molt més crèdit, perquè perfila en el terreny de les idees allò que el valencianisme polític havia assumit gairebé des de la dècada de 1970: la dissociació entre el concepte de Països Catalans com a unitat lingüística i cultural i del territori del País Valencià com a àmbit estricte d'actuació política del nacionalisme valencià.
  31. Sanchis i Llàcer, 2012, p. 136.
  32. a b Sanchis i Llàcer, 2012, p. 152.
  33. Sanchis i Llàcer, 2012, p. 169.
  34. a b Estratègies polítiques i identitat col·lectiva al País Valencià Archivado el 11 de noviembre de 2013 en Wayback Machine., Pere Arberola i Garcia
  35. Sanchis i Llàcer, 2012, p. 161.
  36. Sanchis i Llàcer, 2012, p. 159-160.
  37. Estadísticas electorales Archivado el 19 de junio de 2010 en Wayback Machine. Generalitat Valenciana

Bibliografía

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Enlaces externos

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