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Novela sensacionalista

género literario

La «novela sensacionalista» («sensation novel») fue un género literario de ficción popular en Gran Bretaña, surgido a partir de las anteriores novelas melodramáticas y «novelas de Newgate», y desarrollado en las décadas de 1860 y 1870.[Nota 1]​ P. D. Edwards observa que el término «sensation novel» se aplicó inicialmente en tono despectivo a una amplia gama de novelas de crímenes, misterio y terror escritas en la década de 1860.[2]​ El subgénero quedó eficazmente definido en un período de dos años por las novelas de Wilkie Collins, Ellen Wood y Mary Elizabeth Braddon, inicialmente publicadas por entregas en las nuevas revistas literarias antes de aparecer en un formato de tres volúmenes favorecido por los préstamos bibliotecarios.[2]​ Varios fenómenos de mediados de siglo derivaron en la popularidad de las «sensation novels»: la supresión, en 1855, del impuesto del timbre sobre el papel de impresión; el incremento concomitante de la tirada de los periódicos; un incremento del número de lectores en la Gran Bretaña de mediados de la época victoriana; el incremento del número de bibliotecas públicas; nuevas revistas literarias semanales y mensuales (a menudo ilustradas); novelas por entregas de un alto interés para mantener un público lector estable; notorios ensayos tales como el del envenenador Palmer; periodismo sensacionalista; reformas en los procedimientos de divorcio; educación pública.[2]​ Este género se centró en historias urdidas en torno a biografías criminales, descendiendo también de los géneros de narrativa gótica y romántica. Winifred Hughes asocia el auge de la «novela sensacionalista» en la década de 1860 con un continuado gusto popular por la novela gótica del siglo anterior (particularmente el goticismo escalofriante de Ann Radcliffe y el más horripilante de Matthew G. "Monk" Lewis, las novelas históricas de Sir Walter Scott, las historias orientales de Lord Byron) y por la más reciente «novela de Newgate», iniciada por William Harrison Ainsworth, Edward Bulwer-Lytton y Charles Dickens. Los críticos conservadores, sostiene esta autora, consideran este nuevo subgénero ―como así ejemplifican las novelas de principios de la década de 1860 de Wilkie Collins, Ellen Wood y M. E. Braddon― como "impetuoso, vulgar y subversivo".[3]​ Si bien fue La dama de blanco (1859-60), de Wilkie Collins, la novela que inició la moda «sensation»,[2]​ sería la controvertida East Lynne (1861), de Ellen Wood, la primera obra en ser denominada por la crítica como "sensacionalista" y la que inició una tendencia entre cuyos principales exponentes también se incluyen, además de los mencionados Collins (Sin nombre, 1862; Armadale, 1866) y Wood (La sombra de Ashlydyat, 1863), Mary Elizabeth Braddon (El secreto de Lady Audley, 1862; Aurora Floyd, 1863) y Charles Reade (Griffith Gaunt, o los celos, 1866; Juego sucio, 1869).

Índice

Principales autoresEditar

 
Portada de una edición de La dama de blanco, de Wilkie Collins (Chatto & Windus, 1890).

En la revista Household Words, que dirigía Dickens, publicó Wilkie Collins (1824-1889) varias de sus novelas, entre ellas La dama de blanco (1859-60).[4]​ Sobresaliendo en todos los trucos que un novelista tiene a su disposición, Collins demostró ser un espléndido escritor en serie, y todas sus mejores obras posteriores a La dama de blanco, tales como Sin nombre, Armadale, La piedra lunar y The New Magdalen, fueron producidas de esa manera.[5]

En cuanto a La dama de blanco, la estructura de la obra es la de un juicio en el que los lectores escuchan, como si fueran el jurado, las versiones de diferentes testigos. Después de Armadale (1866), brillante novela de crimen, delito y bigamia, Collins publica La piedra lunar (1868) en las páginas del periódico de Dickens All The Year Round.[6]​ Tanto en La dama de blanco como en La piedra lunar, Collins hace gala de una elevada calidad poética, casi mística, unida al poder para crear un argumento de misterio elaborado y bien caracterizado.[7]

La influencia de Dickens es claramente perceptible en la obra de Collins, a pesar de que hay razones para creer que Collins ejerció casi tanta influencia sobre las últimas obras del gran escritor como Dickens sobre las suyas. Dickens anhelaba brillar como elaborador de tramas, mientras que Collins, el anterior maestro de la trama, aspiraba a ser un delineador de caracteres y a producir ficción didáctica y novelas reformadoras según el modelo dickensiano.[8]​ El poder de Collins en sus novelas inspiradas en la vida contemporánea reside principalmente en la construcción de una trama hábil, que mantiene la atención del lector y desconcierta su curiosidad hasta el final.[9]

Ellen Wood (1814-1887), que escribió bajo el seudónimo de «Mrs. Henry Wood»,[10]​ fue autora de más de treinta novelas, muchas de las cuales, especialmente East Lynne, tuvieron notable popularidad. Aunque las historias resultan por lo general interesantes, no tienen un estilo distintivo.[10]​ Su primer gran éxito llegó con East Lynne (1861),[11]​ una historia extensa que comenzó a publicarse a través de las páginas del New Monthly Magazine[12]​ y obtuvo una enorme popularidad.[11]​ Fue traducida a la mayoría de las lenguas europeas y a varias orientales,[12]​ y fue objeto de varias adaptaciones teatrales.[11]

La prolífica Mary Elizabeth Braddon (1837-1915) interesa histórica, social y literariamente por ser una novelista folletinesca que se dedicó a abastecer la demanda popular de lo sensacional y romancesco.[13]​ La más famosa de sus 75 novelas es El secreto de Lady Audley (1862), con la que ganó reconocimiento y fortuna y que ha sido adaptada al teatro, el cine y la televisión en varias ocasiones. La siguió Aurora Floyd, una novela con una marcada afinidad con Madame Bovary,[Nota 2]​ y alcanzó el mismo éxito. Sus inmediatas sucesoras ―La victoria de Eleanor, El legado de John Marchmont, Henry Dunbar― siguen siendo junto con sus anteriores obras las más conocidas de sus novelas, pero todos sus numerosos libros han encontrado un público amplio y agradecido. Dan, en verdad, exactamente lo que requiere la gran mayoría de los lectores de ficción; melodramáticos en trama y personajes, convencionales en sus visiones de la vida, con todo se caracterizan por la destreza constructiva y la opulencia inventiva.[15]

En 1863 Miss Braddon fue considerada como una escritora extraordinariamente sensacionalista y casi "indecorosa" ―una opinión que estaba absolutamente injustificada―.[14]

Marie Louise de la Ramée, «Ouida» (1839-1908), comenzó su carrera literaria bajo los auspicios de Harrison Ainsworth.[16]​ Su primera novela extensa, Granville de Vigne, apareció en The New Monthly Magazine en 1863. Tinsley[Nota 3]​ la publicó en tres volúmenes, cambiando con su consentimiento el título a Held in Bondage.[16]​ Siguió en 1865 Strathmore, e Idalia, escrita cuando tenía dieciséis años, en 1867.[16]

A principios de la década de 1860, Charles Reade (1814-1884) diseñó una secuela de su relativamente trivial historia Love me little, love me long (Ámame poco, ámame por mucho tiempo). La tituló Very Hard Cash, y con ella contribuyó por entregas al All the Year Round, por cuyo director, Charles Dickens, sentía una admiración sin límites. A pesar de que la difusión de la publicación periódica disminuyó mientras la historia estuvo en curso en sus páginas, ésta lograría, al publicarse por separado como Hard Cash en 1863 (3 volúmenes), una popularidad bien merecida. Se trata de un fascinante registro de agónicas evasiones por mar y tierra, culminando con revelaciones de las iniquidades en los manicomios privados, y con críticas un tanto extravagantes sobre la profesión médica.[17]

Su siguiente novela, Griffith Gaunt o los celos, fue escrita en 1865 como historia por entregas para el recién lanzado Argosy, un magacín que fue fundado y dirigido por Mrs. Henry Wood. La aparición de esta novela en 1866 (3 volúmenes) marcó el punto culminante en su carrera.[17]​ Pero la historia, que en intensidad del interés y del patetismo merece un lugar junto a El claustro y el hogar, fue violentamente atacada por los críticos por desmoralizadora.[17]

En su mejor momento Reade era un narrador admirable, pleno de recursos y de capacidad para excitar horror y compasión; pero su ambición de sobresalir como dramaturgo pugnaba en contra de su éxito como novelista, y casi toda su obra está desfigurada por un afán en pos del efecto teatral. Esta tendencia resulta muy evidente incluso en Griffith Gaunt, que en intensidad del interés ocupa el primer lugar entre sus libros.[18]

William Black (1841-1898), periodista y novelista escocés, publicó en 1864 su primera novela, James Merle, una autobiografía, que pasó absolutamente desapercibida por las revistas literarias.[19]​ Su experiencia como corresponsal de guerra en la Selva Negra durante la guerra austro-prusiana (1866) contribuyó al éxito de su excelente novela In Silk Attire (Con atuendo de seda) (1869), parte de la cual estaba ambientada allí. Ya en 1867 había producido una buena novela en Amor o matrimonio, que perdió popularidad por discutir cuestiones sociales delicadas.[20]​ Después de su primer éxito en la ficción, abandonó el periodismo, y se dedicó por completo a la producción novelística. Durante casi treinta años conservó con éxito el favor popular.[21]​ El éxito de Con atuendo de seda ayudó a Kilmeny (1870), una historia igualmente deliciosa por sus esbozos de la vida artística londinense y sus paisajes rurales, y a Un monarca de Mincing Lane; pero el primer verdadero triunfo del autor fue conseguido por Una hija de Heth (1871). Aquí fue más afortunado en su tema, describiendo la domesticación de una briosa mujer francesa en una familia puritana escocesa. Las extrañas aventuras de un faetón (1872) fue si cabe más exitosa, e introdujo lo que se convertiría en característica particular de Black: una combinación tan exhaustiva de escenas de experiencias reales de viajes y deporte con aventuras ficticias que el lector a veces difícilmente sabía si estaba leyendo un libro de viajes o una novela.[22]​ Black alcanzó su punto álgido en Una princesa de Tule (1873),[23]​ otro gran éxito que más tarde sería adaptado al teatro musical. Tanto en este libro como en Madcap Violet (1876), como anteriormente en Una hija de Heth, la delineación del personaje femenino constituía un atrativo especial.[22]​ Retirado del periodismo en 1875, desde entonces se dedicó por completo a la literatura de ficción. Muchos otros títulos (varias colecciones de relatos y más de veinte novelas) se sumaron antes de su muerte en 1898, entre los que cabe mencionar[23]Green Pastures and Piccadilly (1877); Macleod of Dare (1878); White Wings (Alas blancas) (1880); Sunrise (Amanecer) (1880),[22]​ una novela de intriga política internacional; La bella infeliz (1881), una de las varias historias ambientadas en Brighton;[22]Shandon Bells (1882), en gran parte ambientada en Irlanda; Yolanda (1883), que en parte se ocupa de la drogadicción; Aventuras en Tule (1883); Judith Shakespeare (1884), una novela histórica protagonizada por la hija del célebre dramaturgo; Las mujeres sabias de Inverness y otras misceláneas (1885); White Heather (Brezo blanco) (1885);[22]Las extrañas aventuras de una casa flotante (1888); La penitencia de John Logan y otros cuentos (1889); El nuevo príncipe Fortunato (1890), una novela sobre la vida teatral de Londres; ¡Mantente firme, Craig Royston! (1890);[22]Donald Ross of Heimra (1891); Highland Cousins (1894); y Wild Eelin (1898).[21]​ Sus mejores historias son las que estaban ambientadas en medio de las ventosas montañas de su tierra natal, o sobre la cubierta de un velero en el mar frente a las agrestes costas. Sus descripciones de tales escenarios son sencillas y pintorescas.[21]

Durante el transcurso de su vida, las novelas de Black fueron inmensamente populares, y se las comparó favorablemente con las de Anthony Trollope, aunque algunos críticos se quejaron de que sus escritos revelaban demasiado su interés por la caza y la pesca.[24]

James Payn (1830-1898) publicó en 1864, en las páginas del Chambers's Journal, su historia más popular, Lost Sir Massingberd. A partir de entonces siempre se dedicaría a escribir novelas, de entre las cuales las más populares son Married Beneath Him (1865), El año de Carlyon (1868), By Proxy (1878) y The Talk of the Town (1885).[25]​ Se ha dicho que la novela hizo incrementar la difusión [de dicha publicación periódica] en veinte mil ejemplares, y promovió permanentemente la popularidad del autor. By Proxy, publicada de forma independiente en 1878, fue, según él, la más popular de sus novelas, y asentó plenamente su posición.[26]​ Como novelista, Payn estuvo muy influido por Dickens, aunque sin imitarle.[26]

En 1864, el periodista Edmund Yates (1831-1894) escribió una sumamente exitosa obra de ficción, Broken to Harness: a Story of English Domestic Life.[27]​ El crítico y biógrafo John Forster elogió la novela y comparó a su autor con Anthony Trollope. No hay mucho en común entre ambos novelistas, excepto que los dos fueron funcionarios del servicio postal. Las novelas de Yates son posiblemente superiores en ejecución y construcción, abundando como lo hacen en situaciones intensas, pero carecen del interés duradero inherente a las mejores obras de Trollope. Las suyas resultan muy desiguales; Broken to Harness y Black Sheep son tal vez las dos mejores.[27]

Rhoda Broughton (1840-1920), sobrina de Sheridan Le Fanu, ganó rápida celebridad por su audacia inicial.[13]​ Produjo su primera novela, Cometh up as a flower (Irrumpe como una flor), en 1867, siguiendo a ésta en un breve intervalo con Not Wisely but too Well (No prudentemente, pero demasiado bien) (1867) y Red as a Rose is She (1870). En la sociedad rural inglesa, en la que había sido criada, tales novelas fueron entonces consideradas como experimentos demasiado osados.[28]​ Otras obras suyas: Goodbye, Sweetheart, Goodbye (Adiós, amor, adiós) (1872),[29]Nancy (1873), Belinda (1883), Doctor Cupido (1886), Alas! (1890),[30]¿Escila o Caribdis? (1895), Querida Faustina (1897), The Game and the Candle (1899), Foes in Law (1901).[29]​ Nunca se libró de su reputación de crear heroínas difusas y de moral ligera, lo que era cierto en sus primeras novelas, y por lo tanto se estableció la idea de que su obra era meramente ligera y sensacionalista.[cita requerida]

A pesar de que Wilkie Collins bien pudo haber sido "el rey de las «sensation»", la familia real de este nuevo subgénero no fue ni mucho menos reducida.[2]​ Otros escritores que hicieron incursiones en el género: Henry Kingsley.

TemáticasEditar

Algunos de los recursos empleados por los autores de «sensation novels» incluyen la revelación de la hipocresía en la sociedad educada, la bigamia intencionada y no intencionada, el adulterio, la ilegitimidad encubierta, una emotividad extrema, el diálogo y la trama melodramáticos, y el villano brillante pero excéntrico con pretensiones caballerosas,[2]​ además de otros temas impactantes como el robo, el secuestro, la locura, la falsificación, la seducción o el asesinato. Las características comúnmente asociadas con el fenómeno editorial de la «novela sensacionalista» incluyen las siguientes: matrimonios bígamos; cartas mal dirigidas; triángulos amorosos; heroínas expuestas a peligro físico; drogas, pociones y/o venenos; personajes disfrazados; casualidades preparadas; villanos aristocráticos; tenso detallismo intensificado. Estas características narrativas, comunes a la mayoría de las «novelas sensacionalistas» de los años 1860, fueron pronto parodiadas.[2]​ El género de «sensation novels» se distinguía de otros géneros contemporáneos, entre ellos la novela gótica, por el establecimiento de los temas citados en escenarios comunes, familiares y a menudo domésticos, socavando así el presupuesto común de la época victoriana según el cual los acontecimientos sensacionales eran algo ajeno y separado de la confortable vida de clase media.

RecepciónEditar

Cuando las «sensation novels» irrumpieron en una tranquila Inglaterra se convirtieron inmediatamente en best-sellers, superando todos los anteriores récords de ventas de libros. Sin embargo, los críticos intelectuales que escribían en publicaciones académicas de la época vituperaron el fenómeno y criticaron a sus escritores practicantes (y a sus lectores) en los términos más duros.[cita requerida] La notoriedad adicional derivada de la lectura de las novelas probablemente no hizo sino contribuir a su popularidad.[31]

Estilo, características, influenciasEditar

Reginald C. Terry emplea el término "detallismo" para describir un aspecto más de la «novela sensacionalista»: su riguroso realismo que se abasteció de un "gusto por el hecho contemporáneo"[32]​ en sus descripciones y escenarios, una característica que novelistas como Collins mezclaron hábilmente con los emocionantes "ingredientes de suspense, melodrama y conductas extremas".[32]​ Además, Terry observa cómo las tramas de tales novelas se sirven a menudo del "aparataje" de "herederas arruinadas, testamentos imposibles, cartas condenatorias, esqueletos en alacenas y legados malversados".[33]​ P. D. Edwards añade aún más "ingredientes" de la fórmula «sensation»: "incendios provocados, chantaje, locura e inocencia acosada (usualmente, en jóvenes y mujeres), todo ello representado en los escenarios sociales más comunes y respetables, y narrado con ostentoso cuidado por la exactitud fáctica y la plenitud de detalles circunstanciales".[34]​ A todas estas características habría que añadir la investigación realista y comprensiva de la psicología individual y una exploración de la psique femenina a la manera de George Eliot y Charlotte Brontë. La prevalencia de estos "ingredientes" en la ficción popular de las décadas de 1860 y 1870 sugiere que la «novela sensacionalista» extraía su energía de una reacción popular de mediados de la época victoriana frente a la pesadez y la mojigatería de la clase media, reacción que continuaría hasta bien superado el año 1880 y que es evidente en obras victorianas tardías tales como Trilby (1894) de Du Maurier (cuyo villano, Svengali, es una reminiscencia de las mentes criminales sumamente manipuladoras de Collins, excepto por su carencia de estatus caballeroso) y el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde (1886) de Stevenson.[2]

Si tomamos las primeras novelas de Collins como referencia, podemos ver que el nuevo subgénero fusiona de hecho conceptos opuestos: posible e improbable al mismo tiempo, sólidamente inglés y aun así exótico, sórdido y aun así respetable, refinado a la par que violento, científico y supersticioso, documental y a pesar de ello inverosímil, realista y a la vez romántico, racional y al mismo tiempo absurdo, pero, sobre todo, romántico y pleno de suspense, "una especie de melodrama civilizado, modernizado y domesticado".[35]​ Por lo general, en cuanto un escritor "sensacionalista" soluciona un misterio o resuelve un dilema para sus lectores, debe introducir otro con el fin de intensificar el suspense.[2]

George Augustus Sala,[Nota 4]​ indudablemente tratando de legitimar ese formato extremo recientemente aparecido, atribuye la fundación de la «novela sensacionalista» nada menos que a una figura de la talla de Charles Dickens. Si bien algunas de las últimas obras de Dickens, especialmente El misterio de Edwin Drood (1870), presentan algunas de las tendencias de la ficción "sensacionalista", en su última novela más probablemente estaba respondiendo al nuevo género, tal como a los ejemplos producidos por su discípulo y socio en All the Year Round, Wilkie Collins, que remedándolo simplemente.[2]​ Vestigio de una generación anterior de escritores, Dickens se opuso tan enérgicamente a la sexualidad explícita y al radicalismo social de Hard Cash (Al contado) (1863), de Charles Reade, que adoptó el (para él) inusual recurso de publicar un descargo de responsabilidad a la conclusión de la entrega final de la citada novela en All the Year Round.[2]

RepercusiónEditar

Varios de los escritores "sensacionalistas" actuaron y escribieron para el teatro, y novelas como East Lynne y El secreto de Lady Audley demostraron ser populares entre el público cuando fueron adaptadas a la escena teatral.[2]​ Aunque el formato es a menudo mencionado como un fenómeno de dos décadas, sus influencias bien pueden ser detectadas en obras escritas con posterioridad a 1880, incluyendo las novelas de Thomas Hardy (cuya primera tentativa, Remedios desesperados, está muy en la vena «sensation»), George Moore, Robert Louis Stevenson y George Du Maurier.[2]

BibliografíaEditar

  • Cousin, John William. A Short Biographical Dictionary of English Literature. Londres: J.M. Dent & Sons, 1910. No presenta ISBN.
  • Evans, Ifor. Breve historia de la literatura inglesa. Barcelona: Ariel, 1985. ISBN 978-84-3448-383-1.
  • Pujals Fontrodona, Esteban. Historia de la literatura inglesa. Madrid: Editorial Gredos, 1984. ISBN 978-84-2490-952-6.

NotasEditar

  1. Reginald C. Terry, en Victorian Popular Fiction, 1860-80, sostiene que la primera referencia a los "novelistas sensacionalistas" ("sensation novelists") la hizo el crítico B. F. Fisher en el número del 16/02/1861 de la London Review, en el contexto de un debate sobre una tendencia presente en la literatura estadounidense.[1]
  2. Sin embargo, The New International Encyclopædia considera que es otra novela de Braddon, La esposa del médico (1864), la que se asemeja estrechamente a la obra maestra del realismo mordaz de Flaubert.[14]
  3. William Tinsley (1831-1902), editor inglés.
  4. Periodista y crítico inglés (1828-1895).

ReferenciasEditar

  1. Terry, Reginald C. (1983). «Victorian Popular Fiction, 1860-80» (en inglés). p. 181. 
  2. a b c d e f g h i j k l m Allingham, Philip V. (4 de mayo de 2006). «The Victorian Sensation Novel, 1860-1880 - "Preaching to the nerves instead of the judgment"» (en inglés). Consultado el 9 de agosto de 2013. 
  3. Hughes, Winifred (1980). «The Maniac in the Cellar: Sensation Novels of the 1860s» (en inglés). Princeton, NJ: Princeton University Press. p. 6. 
  4. Pujals Fontrodona (1984), p. 499.
  5. Seccombe, Thomas (1901). Sidney Lee, ed. "Collins, William Wilkie (1824-1889)" en «Dictionary of National Biography» (suplemento vol. II) (en inglés) (1ª edición). Londres: Smith, Elder & Co. p. 47. Consultado el 23 de julio de 2016. 
  6. Pujals Fontrodona (1984), p. 500.
  7. Evans (1985), p. 232.
  8. Seccombe, Thomas (1901). Sidney Lee, ed. "Collins, William Wilkie (1824-1889)" en «Dictionary of National Biography» (suplemento vol. II) (en inglés) (1ª edición). Londres: Smith, Elder & Co. p. 48. Consultado el 4 de agosto de 2016. 
  9. Cousin (1910), p. 93.
  10. a b Cousin (1910), p. 413.
  11. a b c Chisholm, Hugh, ed. (1911). "Wood, Mrs. Henry [Ellen] (1814-1887)" en «Encyclopædia Britannica (11th ed.)» (vol. XXVIII) (en inglés). Cambridge: Cambridge University Press. p. 789. Consultado el 4 de mayo de 2015. 
  12. a b Seccombe, Thomas (1900). Sidney Lee, ed. "Wood, Ellen (1814-1887)" en «Dictionary of National Biography» (vol. LXII) (en inglés) (1ª edición). Londres: Smith, Elder & Co. p. 355. Consultado el 14 de julio de 2015. 
  13. a b Pujals Fontrodona (1984), p. 497.
  14. a b Colby, Frank Moore / Williams, Talcott, ed. (1928). "Braddon, Mary Elizabeth (Mrs. Maxwell) (1837-1915)" en «The New International Encyclopædia» (vol. III) (en inglés) (2ª edición). Nueva York: Dodd, Mead and Co. p. 642. Consultado el 15 de julio de 2016. 
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  29. a b Cousin (1910), p. 425.
  30. Colby, Frank Moore / Williams, Talcott, ed. (1928). "Broughton, Rhoda (1840-1920)" en «The New International Encyclopædia» (vol. IV) (en inglés) (2ª edición). Nueva York: Dodd, Mead and Co. p. 30. Consultado el 23 de julio de 2016. 
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  35. Hughes, Winifred (1980). «The Maniac in the Cellar: Sensation Novels of the 1860s» (en inglés). Princeton, NJ: Princeton University Press. p. 16.