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Nunca más, informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, o simplemente Nunca más, es un libro que recoge (y adapta el formato) el informe emitido por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas respecto a las desapariciones ocurridas en la Argentina durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). Es conocido también con el nombre de Informe Sabato (pronúnciese «Sábato»)[1]​puesto que fue el escritor Ernesto Sabato, quien presidió la comisión que lo entregó el 20 de septiembre de 1984 al entonces presidente, Raúl Alfonsín. El título Nunca más fue propuesto por Marshall Meyer debido a haber sido el lema utilizado originalmente por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia para repudiar las atrocidades del nazismo.[2]​ El libro inspiraría la publicación de un informe similar en Brasil un año después con nombre similar: Brasil: Nunca Mais.

Nunca más
de Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas Ver y modificar los datos en Wikidata
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Nunca mas.jpg
Portada original
Género Género didáctico Ver y modificar los datos en Wikidata
Tema(s) Desaparecidos durante el Proceso de Reorganización Nacional
Edición original en español Ver y modificar los datos en Wikidata
Tipo de publicación Libro
Editorial Eudeba
Ciudad Buenos Aires
País  Argentina
Fecha de publicación 1984
Formato 20 cm
Páginas 490

Índice

OrigenEditar

El 29 de diciembre de 1983 Ernesto Sabato fue elegido Presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de personas (CONADEP), gracias a su honestidad y espíritu crítico. La misma tuvo a su cargo investigar y publicar un informe sobre los crímenes de Estado cometidos por la dictadura militar, en el poder entre 1976 y 1983. Cinco departamentos fueron creados para tratar los diferentes aspectos de trabajo. Se relevaron miles de casos de abducción, desaparición, tortura y ejecuciones. Cada caso fue documentado en un archivo numerado. Se compilaron más de 50.000 páginas de documentación. [3]

La comisión fue creada por el mencionado presidente el 15 de diciembre de 1983. El objetivo era esclarecer los hechos sucedidos en el país durante la dictadura militar instaurada desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. Su misión fue la de recibir documentos y denuncias sobre las desapariciones, los secuestros y las torturas acontecidos dentro de aquel período a manos del régimen, y generar informes a partir de estos.[4]

ContenidoEditar

 
Ernesto Sábato entrega informe final a Raúl Alfonsín

Un resumen, fruto de las tareas de dicha comisión, fue publicado en un reporte oficial en el año 1984. Se trata de Nunca Más. informe de la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas (Eudeba, 1984), conocido mundialmente como Informe Sabato. En dicho informe se da testimonio de la desaparición y muerte de más de 30 mil personas durante la dictadura militar instaurada en el país. Luego de miles de testimonios y hechos horripilantes, la Comisión concluyó con una serie de recomendaciones para iniciar acciones legales contra los responsables.[5]

Debido a la enorme documentación recogida por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, el informe sostiene que los derechos humanos fueron violados de manera sistemática y orgánica por la represión estatal, con similares secuestros e idénticos tormentos, utilizando una metodología del terror planificada cuidadosamente por los altos mandos de las Fuerzas Armadas, rechazando así la posibilidad de que se hubiera tratado de «excesos» por parte de algunos individuos. El informe generó numerosas reacciones entre los organismos de derechos humanos, los partidos políticos y las Fuerzas Armadas.[6]

En nombre de la seguridad nacional miles de ciudadanos fueron secuestrados y pasaron a formar parte de una categoría fantasmal: los «desaparecidos».
Desde el momento del secuestro la víctima perdía todos los derechos, se la privaba de toda comunicación con el exterior, se veía sometida a «suplicios infernales» y a sus familiares se les negaba que estuviera encarcelada.

Fragmento del discurso de Ernesto Sabato durante la entrega del informe (1984)

ConclusiónEditar

El informe explica que la comisión repudia el terrorismo en general pero que su misión no es la de investigar sus crímenes sino estrictamente la suerte de los desaparecidos, llegando a la conclusión de que la desaparición de personas existió, que no fueron casos aislados, y que se pudo presentar una lista completa con los datos exactos de 8961 desaparecidos, advirtiendo que «es inevitablemente una lista abierta», y que «muchas desapariciones no [habían] sido denunciadas, por carecer la víctima de familiares, por preferir estos mantener reservas o por vivir en localidades muy alejadas de centros urbanos».[7]

ContextoEditar

Luego de la derrota en la guerra  de Malvinas,  la  crisis  política  se  profundizó,  la dictadura ya no pudo recuperarse y se  fueron generando  las condiciones para un nuevo escenario  político,  en  el  que  distintas  organizaciones sociales y la Multipartidaria –el espacio que reunía a la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista, el Intransigente, el Demócrata Cristiano y el Movimiento de Integración y Desarrollo–  retomaron, aunque con distintos matices, la búsqueda de los desaparecidos.[8]

Pero además, en ese mismo escenario surgió una demanda novedosa: el pedido de enjuiciamiento de los responsables políticos de  los crímenes de  lesa humanidad cometidos durante  la ultima dictadura. Un buen ejemplo  de  esta  demanda  se  vio  en  la multitudinaria «Marcha  por  la  vida»,  realizada  en  octubre  de  1982, que tenía como consigna central «juicio y castigo a los culpables».

Ante  la  creciente movilización  social  -incluso,  por parte  de  actores  que  antes  habían  sido  renuentes  a expresar  su apoyo a  todo  tipo de demandas que  reivindicara el cumplimiento estricto de los Derechos Humanos-, la dictadura respondió el 28 de abril de 1983 con un  informe conocido como «Documento final», en el que,  como  era previsible  según  el  título mismo del escrito,  la Junta Militar  interpretaba  la violencia estatal por ella misma  instrumentada como parte de una batalla  final  contra  la  subversión  y  el  terrorismo. En  ese mismo documento,  la Junta  también descalificaba  las denuncias por las desapariciones, daba por muertos a los desaparecidos y dejaba al criterio de Dios el  juicio final sobre su accionar en esos años.

Esta mirada sobre el pasado argentino asumió carácter jurídico con la ley 22.924, titulada «ley de Pacificación Nacional» y conocida como ley de autoamnistía en la que se instaba a que el pasado «nunca más vuelva a repetirse» y en la que se pretendía justificar el conjunto  de  crímenes  cometidos  en  virtud  del  decreto  que, en  febrero del año 1975, habían  firmado  Isabel Perón e Ítalo Luder para avalar el Operativo Independencia, y en el que se instruía al Ejército a «aniquilar físicamente al enemigo subversivo».

Luego de su triunfo en las elecciones de octubre y apenas asumió su presidencia, en diciembre de 1983, Alfonsín tomó una serie de medidas importantes como la derogación de la ley de autoamnistía militar, el enjuiciamiento a siete jefes guerrilleros y a las tres primeras Juntas Militares y la que produjo más polémica: la reforma del Código de Justicia Militar, para que se conformara por su medio un Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que tendría la potestad de juzgar el accionar militar y las violaciones a los Derechos Humanos, dejando abierta la posibilidad de apelar en primera instancia a  la Cámara Federal. Dichas medidas se  inscribían en un análisis del accionar militar que pretendía diferenciar la responsabilidad jurídica, política y militar de los altos mandos, los que habían abusado de su autoridad para cometer todo tipo de «exceso» en los actos represivos y,  finalmente, quienes  habían  acatado  las  órdenes de represión siguiendo estrictamente el principio de obediencia.

Algunas  de  estas medidas  fueron  fuertemente  repudiadas,  tanto por  los organismos de Derechos Humanos  como  por  varios  partidos  políticos.  El  repudio central se  focalizaba en  la  idea de que  fueran  los propios militares  los que debían  juzgar el accionar de sus pares en el pasado: pocos actores confiaban en la imparcialidad de tal tribunal. Este rechazo crecía y tomaba fuerza –incluso entre los diversos partidos políticos y el propio partido radical– la idea que habían impulsado los organismos de Derechos Humanos: crear una comisión parlamentaria que  juzgara  los crímenes cometidos por la dictadura.

Pero Alfonsín no estaba de acuerdo con esta propuesta porque sostenía que, si se dejaba esta tarea en manos del Poder Legislativo, se generaría un clima político de alta tensión, que favorecería la adopción de condenas radicalizadas por parte de los parlamentarios. De algún modo, Alfonsín temía que, ante esas presumibles condenas, se produjera un enfrentamiento severo con las Fuerzas Armadas que pusiera en crisis la gobernabilidad política. En aras de esquivar esta alternativa, en los círculos cercanos a Alfonsín comenzó a tomar relevancia la idea de crear una comisión integrada por notables de la sociedad civil capaz de llevar a cabo las tareas de investigación.

 
Relevamiento Conadep de testimonios y centros clandestinos de detención

En estas condiciones políticas surgió la CONADEP.  Si bien  varios organismos  rechazaron originalmente  la idea, muchos  familiares  y  testigos de  las desapariciones confiaron su testimonio a la comisión. Como hemos dicho,  la  investigación se materializó en el  libro Nunca Más, cuya información resultó sumamente valiosa para llevar a cabo, año después, la entrega del Informe y el Juicio a las Juntas.

Por varios motivos, el Nunca Más es uno de  los  libros más importantes que se han producido en nuestro país desde la reapertura democrática y aún de nuestro siglo XX. El impacto social del libro sigue siendo asombroso, hasta el año 2007, se habían vendidos 503.830 ejemplares y había sido traducido a varios idiomas.

¿En qué radica su importancia? En primer lugar, en que demuestra fehacientemente, contra la idea de que los crímenes cometidos por los militares argentinos habían obedecido  a  ciertos  «excesos», que  la dictadura ideó  un  «plan  de  carácter sistemático»  de  secuestro, tortura y desaparición de personas. En segundo lugar,

porque reúne un caudal de  información apreciable sobre  los crímenes cometidos contra  la humanidad que resultó  sumamente  valiosa  en  el  Juicio  a  las  Juntas, además que reforzaba, desde un punto de vista moral, la demanda de castigo a los culpables.

Asimismo,  el  informe  le  otorgó  mayor  legitimidad pública a la voz de los familiares y los militantes de los organismos de Derechos Humanos. La sola publicación de esa información atentaba contra uno de los propósitos centrales de  la  «política de desaparición»: borrar todas las huellas de los crímenes cometidos.

ReedicionesEditar

Por  todas estas  razones, el  libro es altamente  valorado socialmente. Pero su recepción ha ido variando con los años y su prólogo generó una serie de polémicas porque allí quedó expuesta una interpretación de la violencia política conocida como  la  «teoría de  los dos demonios»

Esta interpretación del pasado argentino que subyace en el prólogo originario del libro fue rebatida en el año 2006, cuando el Nunca Más se  reeditó con un anexo que  incluía un  listado más completo de  los desaparecidos y de los centros clandestinos de detención. En esta reedición, la línea argumentativa del prólogo se modificó y consistió en argumentar que la violencia estatal y la utilizada por las organizaciones populares no eran simétricas y, por  lo  tanto,  tampoco  igualmente  repudiables, a  tal punto que el lema Nunca Más, si bien suponía un legítimo reclamo por el cese del uso de la violencia política, no podía significar asimismo un repudio por las consignas  políticas  que  portaron muchos militantes  durante los años setenta, nucleados en dichas organizaciones.

A pesar de esta polémica, el Nunca Más siguió provocando  una  alta  identificación  en  nuestra  sociedad, como  lo prueba  el  hecho de que  el  título del  libro  se convirtió en una consigna utilizada en diversos tipos de manifestaciones públicas convocadas para pedir  justicia, no solamente cuando se  trata de hechos  relacionados  con  la dictadura  sino  también  cuando  se  trata de reclamos vinculados al respeto de los Derechos Humanos en general. La  imagen de Julio César Strassera, el Fiscal acusador del Juicio de 1985, finalizando su alegato con la expresión «Nunca Más» condensa como ninguna otra esta situación y este reclamo social.[9]

En 2006, al cumplirse el 30.º aniversario del golpe de Estado que dio comienzo a la última última dictadura cívico-militar, el gobierno de Néstor Kirchner realizó una reedición y actualización del libro. En el mismo se actualizó el anexo en el que los que figuran los nombres de los desaparecidos, cuyos secuestros fueron denunciados ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personasy la Secretaría de Derechos Humanos y la lista de los centros clandestinos de detención.[10]

Asimismo, se agregó una nueva introducción sin reemplazar a la anterior, por las críticas al prólogo original que supuestamente sostenía la teoría de los dos demonios.

En 2016, al cumplirse cuarenta años del golpe de Estado de 1976, el gobierno de Mauricio Macri realizó una reedición del libro. En la edición fue presentada como la reimpresión de la edición original de 1985, con el prólogo en su forma original.[11]

Controversia con la reedición de 2006Editar

En 2006, la inclusión de un nuevo prólogo, redactado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación donde se criticaba la posición favorable a la teoría de los dos demonios del prólogo original, resultó en diversas controversias.[12][13]​ El prólogo original sostiene que «durante la década del 70, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda». El nuevo prólogo en cambio afirma que «Es preciso dejar claramente establecido, porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes, que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado, que son irrenunciables».[14]

En 2012, se volvió a encender la controversia sobre la reedición del Nunca Más, cuando la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú afirmó en una editorial del diario La Nación que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner había quitado la firma de Sabato del prólogo original.[15]​ Luego, la propia editorial realizó la aclaración que el prólogo nunca llevó la firma de Ernesto Sabato ni de ningún otro de los miembros de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas.[16]

Controversia con la reedición de 2016Editar

En 2016, se generó controversias por la nueva edición porque se la presentó en el marco de la Feria del Libro, pero «no se difundió ni en comunicados de prensa ni fue oficial». Asimismo, también fue criticada la decisión de eliminar el prólogo de 2006, por la habilitación que realiza hacia la teoría de los dos demonios. La Secretaría de Derechos Humanos afirmó que no quitaron el prólogo de 2006, y «que la idea no fue «agregar» ni «sacar nada», que el «problema» en realidad «lo tienen quienes en algún momento decidieron agregar» algo que no estaba».[11]​ El cambio fue impulsado por Mario Sabato, quien afirmó que se trata de un documento histórico y debe ser conservado en su forma original.[14]​ Tampoco hubo ninguna comunicación institucional que se refiriera al tema, según algunos escritores e intelectuales el nuevo prólogo intenta reeditar la teoría de los dos demonios.[17][13]


El Nunca más es un claro testimonio de la necesidad de nuestra sociedad de conservar vigente el doloroso recuerdo de la época más oscura que ha conocido la historia nacional; es una demostración de que a lo largo de los años que nos separan de aquel trágico período, la comunidad argentina no ha querido distanciarse de su historia, por mucho que sea el horror que despierte su recuerdo. Es necesario más que nunca reafirmar la consigna que el pueblo argentino hizo suya a partir del título de este libro.[18]

ReferenciasEditar

  1. «¿Sábato o Sabato?». etcéter@. septiembre de 2007. Consultado el 8 de febrero de 2008. 
  2. Marcelo Horestein y Daniel Silber (25 de marzo de 2011). «Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia: No es una suma de casualidades». Clarín. Archivado desde el original el 15 de mayo de 2013. Consultado el 4 de noviembre de 2012. 
  3. «Nunca más». 
  4. FERNÁNDEZ MEIJIDE, Graciela (2009): La historia íntima de los derechos humanos en la Argentina. Buenos Aires: Sudamericana, 2009.
  5. «Nunca más». 
  6. Camacho Padilla, Fernando. «Memorias enfrentadas: Las reacciones a los informes Nunca Más de Argentina y Chile». 
  7. Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, Informe Nunca Más, Capítulo II, Título Primero: Víctimas
  8. «Nunca más». 
  9. «educacionymemoria.educ.ar». 
  10. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-66922-2006-05-15.html
  11. a b «Volvió la teoría de los dos demonios: el gobierno lanzó su versión del Nunca Más». El Destape. 12 de junio de 2016. Consultado el 26 de febrero de 2019. 
  12. http://www.lanacion.com.ar/807208-controversia-por-el-prologo-agregado-al-informe-nunca-mas
  13. a b Alejandra Dandan (12 de junio de 2016). «De vuelta a los dos demonios». Página/12. Consultado el 26 de febrero de 2019. 
  14. a b Editan el "Nunca más" sin los agregados del kirchnerismo: hay polémica
  15. http://www.lanacion.com.ar/1521586-robar-a-los-muertos
  16. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-206695-2012-10-30.html
  17. Verónica Torras (12 de junio de 2016). «La palabra segregada». Página/12. 
  18. «www.eudeba.com.ar».