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Obsesión (sentimiento)

síntoma psicopatológico

Obsesión proviene del término latín obsessĭo que significa asedio. Se trata de una perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente. La obsesión tiene múltiples facetas de expresión.

Este pensamiento, sentimiento o tendencia aparece en desacuerdo con el pensamiento consciente de la persona, pero persiste más allá de los esfuerzos por librarse de él. Preocupación o idea que domina y acapara la atención intelectual y que siempre va a acompañada de un penoso sentimiento de ansiedad.

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Concepto generalEditar

Esta condición se caracteriza por la insaciable necesidad de poseer y ser poseído, y dominar a la persona objeto de la obsesión. Quienes la padecen experimentan sentimientos intensos de celos, incertidumbre y resentimiento, que reemplazan al amor, la seguridad y la confianza. Las personas que sufren el trastorno sienten dolor intenso, angustia, preocupación y desasosiego cuando se encuentran lejos de la pareja o cuando por factores de tiempo, rechazo o disponibilidad física o emocional, no reciben la atención que demandan.

La satisfacción de sus demandas se convierte en una compulsión y fijación perpetua. Esta patología no es exclusiva de quienes han sostenido una relación que sobrepasó los límites; también la padecen personas que se obsesionan con personas a quienes ni siquiera conocen, les basta con solo haber tenido un fugaz contacto. Las obsesiones pueden abarcar acciones que van desde la simple contemplación, hasta el acecho y acoso.

Según los expertos, este tipo de conductas pueden originarse en la infancia o en los primeros años de la adolescencia. Factores como el abandono, el abuso físico o emocional, el descuido, la falta de afecto o la baja autoestima, pueden conducir a la persona a desarrollar este tipo de comportamientos.

El vacío emocional los lleva a la búsqueda desesperada de amor y aceptación, con la falsa creencia de que solo pueden ser felices si están correspondidos por la persona objeto de su obsesión. Crean una ilusión que los lleva cada vez más lejos de la verdad y que les genera sufrimiento y decepción. Además agregando a esto, este tipo de conductas obligan a que se carguen sus responsabilidades en los hombros de sus parejas, o de quienes se ven afectados como el límite de obsesión, manipulando y controlando de manera coordinada para que se les tome en cuenta, se caracterizan por ser cuidadosos, persistentes y sobre todo emocionalmente distantes para lograr que sientan su peso y así mantener a raya a sus víctimas, esta condición es un factor psicológico que estima una línea compleja, ya que tienden a usar argumentos como daños colaterales que pueden afectar, ya sea amenazas, agresiones verbales al no tener una respuesta positiva o sumisa a lo que demandan, además de amenazas de autodestruccion, o de daño propio para lograr su cometido, pero en pocas ocasiones esto se considera como lógico ya que en muchos de los casos va solo en un tema emocional inestable, esta condición se conoce como llamada catarsis afectiva obligatoria, y puede ser una carga muy mayor para su víctima.

TiposEditar

Existen distintos tipos de obsesiones. Por ejemplo, pueden mencionarse aquellas relacionadas con la alimentación. En estos casos, la obsesión funciona como una barrera psicológica que no permite modificar el peso de una persona en forma saludable.

Otra obsesión que parece ser más común es el Síndrome anancástico, que es un desorden mental que asocia a individuos obsesivos con el orden y la limpieza. La persona que padece dicho síndrome, ordena lo ordenado, limpia lo que está pulcramente limpio, no tolera que una figura o elemento físico se salga de su lugar. Las personas que padecen este desorden son personas de mentalidad extremadamente rígida e intolerante, incapaces de la espontaneidad y muy dados a respetar normativas relacionadas con la organización. Así mismo estas mismas personas no toleran a otra que no sea igual de obsesiva en su universo íntimo.[1]

La obsesión amorosa es también una manifestación clínica de este trastorno, en el que un individuo concentra su atención y desarrolla sentimientos obsesivos en una persona idealizada. Los individuos que padecen este trastorno tienen por lo general una baja autoestima y se proyectan en el ser objeto de su amor intentando poseerlo.

LiteraturaEditar

Si la obsesión se torna en noticia, la obsesión es grande y el mundo es pequeño cuando la obsesión es grande. Las historias de los errantes y sus almas perturbadas lo transportarán a lo más profunda de la naturaleza racional de los propietarios de mentes con irracionalidades compulsivas. Historias errantes de almas perturbadas, de Mauricio Percara, encadena relatos de seres humanos que se obsesionan y mueren a causa de dicha obsesión, estando esas narraciones interconectadas a través de titulares de periódicos y la narración de un periodista que se verá envuelto en el mal que persigue a los atormentados individuos que forman parte de las noticias que escribe. Historias errantes de almas perturbadas es una novela breve que lo atrapará de principio a fin, con historias que lo sorprenderán y con un final inquietante.

Este pensamiento, sentimiento o tendencia aparece en desacuerdo con el pensamiento consciente de la persona, pero persiste más allá de los esfuerzos por librarse de él. Preocupación o idea que domina y acapara la atención intelectual y que siempre va acompañada de un penoso sentimiento de ansiedad.


Los expertos aconsejan : Mantener distancia • Deshacerse de los recuerdos • Permanecer en continua actividad • Reunirse con la familia o amigos y evitar la soledad • Unirse a grupos de apoyo • Realizar actividades que permitan fortalecer la autoestima • Buscar asesoría profesional

La persona afectada por este trastorno debe romper el círculo vicioso de la obsesión. El tratamiento debe estar enfocado a buscar las causas que generaron este comportamiento. Identificar el origen y entender los factores que lo causan conducirá a resolverlo definitivamente. Por eso

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. El Mercurio de Antofagasta, 23 de enero de 2011