Pedro de Góngora y Luján

diplomático español

Pedro de Góngora y Luján,[1]​ I duque de Almodóvar del Río (Madrid, 18 de septiembre de 1727-Ibidem, 14 de mayo de 1794), diplomático y escritor español, fue el cuarto director de la Real Academia de la Historia, cargo para el que fue elegido el 6 de enero de 1792 y en el que permanecía a su muerte.[2]

Pedro de Góngora y Luján
Moreno-Retrato de Pedro Francisco Lujan Silva y Gongora.jpg
El duque de Almodóvar, ilustración de Historia política de los establecimientos ultramarinos de las naciones europeas, por Eduardo Malo de Luque, Madrid, 1784. Grabado de Juan Moreno de Tejada por dibujo de Luis Paret y Alcázar. Biblioteca Nacional de España.
Información personal
Nacimiento 18 de septiembre de 1727 Ver y modificar los datos en Wikidata
Madrid (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 14 de mayo de 1794 Ver y modificar los datos en Wikidata (66 años)
Madrid (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Información profesional
Ocupación Diplomático Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados Embajador de España en Portugal Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
Distinciones
  • Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias Ver y modificar los datos en Wikidata

BiografíaEditar

Nacido el 17 de septiembre de 1727, estudió, según Rodríguez Laso, en la rica biblioteca paterna y en «una pública escuela, donde a lo menos pudo aprender que allí el mérito y los talentos daban superioridad al aplicado, no la dignidad o riqueza del padre».[3]​ Resuelto a seguir la carrera diplomática viajó por Europa, llegando a Polonia e Inglaterra. Aprovechó los conocimientos adquiridos en estos viajes para redactar unas Cartas en las que analizaba la figura de Federico II el Grande y la constitución política de Alemania. Se interesó también por el teatro y se relacionó con otros eruditos de su tiempo, como el padre Sarmiento o Enrique Flórez y escribió un ensayo sobre la poesía castellana.

En 1759 fue nombrado embajador plenipotenciario ante la emperatriz de las Rusias, Isabel I, restaurando unas relaciones interrumpidas treinta años atrás.[4][5]​ Asistió al breve reinado de Pedro III y a la revolución palaciega de Catalina la Grande, «testigo de aquella grande revolución, que por no haber costado una gota de sangre carece de exemplar en la historia, como él mismo anota en sus Memorias».[6]​ Pasó luego a la embajada de Lisboa donde le cupo participar en las negociaciones previas a la firma del Tratado de San Ildefonso, por el que se fijaban los límites entre España y Portugal, y a la firma en El Pardo un año después, el 24 de marzo de 1778, del tratado de amistad, garantía y comercio entre las dos naciones. El mismo año fue destinado a la embajada de Londres donde iba a permanecer poco tiempo a causa de la intervención española en la guerra de Independencia de los Estados Unidos, que iba a suponer la interrupción de las relaciones diplomáticas.

Al regresar a España se retiró durante un tiempo a su villa de Hontiveros para dedicarse al estudio y a la escritura. Publicó con el seudónimo de Francisco María de Silva, Década epistolar sobre el estado de las Letras en Francia, Madrid, Sancha. 1781, donde argumentaba, contra lo que en ellas se sostenía, que no es posible que exista la igualdad entre los hombres y que el mundo no puede subsistir sin jerarquías,[7]​ lo que no le impedirá demostrarse atento a las novedades de sus filósofos y escritores, con menciones a la Encyclopédie aun cuando sea para señalar sus errores, como en el artículo dedicado a Sevilla.[8]​ En 1784, con el seudónimo de Eduardo Malo de Luque, inició la publicación de la Historia política de los establecimientos ultramarinos de las naciones europeas, completada en 1790 con la publicación del quinto tomo, dedicado a los establecimientos españoles en Asia.[9]​ Se trataba, en rigor, de una traducción de la Histoire philosophique et politique des établissements et du commerce des Européens dans les deux Indes de Guillaume-Thomas Raynal,[10]​ aunque tratándose de una obra anticolonialista en la que habían colaborado el barón d'Holbach y Denis Diderot, crítica en particular con la colonización española, se había tomado tanto trabajo en traducir como en depurar el texto de su veneno, como reconocía en el prólogo de su primer tomo, sin mencionar al autor de la obra original:

No tengo tanto amor propio, que me impida confesar sin rubor, que el inmenso trabajo de esta utilísima obra se le debe a una pluma estrangera; pero una pluma que teñida muchas veces en sangre dañada, es una mortal ponzoña. No ha sido corto mi trabajo, para purificarla de sus venenosos efluvios; y para corregirla de aquel orgullo, y elación, que no podían por menos de contener los pensamientos de un hombre, que se llama a sí propio el defensor de la humanidad, de la verdad, de la libertad. Las personas instruidas saben muy bien lo que significa aquel vano atributo estos tiempos.
[Pero] ...el amor a la verdad, a la razón, a la justicia, igualmente me impelen a exponer al público, que a pesar de sus desvarros, es esta una obra de las mejores, que han visto los tiempos modernos; su estilo prodigioso; excelente su método; curiosas, útiles, y las más veces exactas sus noticias...[11]

Aprovechaba además el marqués de Almodóvar para responder con una condena de los imperios coloniales de ingleses, franceses, holandeses y portugueses, y daba las pautas que debía seguir España para competir con sus rivales.[12]

Elegido director de la Real Academia de la Historia en enero de 1792, en sustitución de Campomanes, procedió de inmediato a la reforma estatutaria de la institución, mediante la aprobación de un nuevo reglamento el 21 de septiembre del mismo año de su toma de posesión y la organización de la actividad académica en cuatro Salas especializadas: del Diccionario Geográfico, de Historia de Indias, de Antigüedades y Diplomática y sala general o permanente, a la vez que en su corto mandato recuperó e impulsó otros proyectos, como el de la Colección litológica o el Tratado de la cronología de España.[13]

ReferenciasEditar

  1. Alternativamente Pedro Jiménez de Góngora, Pedro Francisco de Luján y Góngora, Pedro Francisco Luján Suárez de Góngora, Pedro Francisco Luján Silva y Góngora, marqués y duque de Almodóvar del Río, marqués de Hontiveros, conde de Canalejas.
  2. Real Academia de la Historia. Director.
  3. Rodríguez Laso, p. II.
  4. Rodríguez Laso, p. VIII.
  5. La Biblioteca Nacional de España conserva un Libro de registro de la correspondencia diplomática del Marqués de Almodóvar, embajador de España en San Petersburgo, con la correspondencia del año 1762, signatura Mss/3526.
  6. Rodríguez Laso, p. IX.
  7. Rodríguez Laso, p. XV.
  8. «Francia en la Década epistolar del duque de Almodóvar: información, opinión e imagen», en Aymes (ed.), p. 221.
  9. Hay edición facsímil del tomo V a cargo del Ministerio de Economía y Competitividad, Madrid, 2013, ISBN 978-84-92546-05-3.
  10. Una primera edición en francés salió en Ámsterdam en 1770, sin nombre de autor; revisada y ampliada fue de nuevo publicada, también anónimamente, en La Haya en 1774. Solo en la tercera edición, Ginebra, 1780, aparecía el grabado con el retrato del autor responsable de la misma. La nueva edición fue inmediatamente prohibida por el parlamento de París y quemada públicamente, en tanto Raynal escapaba a Prusia primero y a Rusia de Catalina la Grande después. Véase sobre ello Pontón (2016), p. 569.
  11. Malo de Luque, Historia política de los establecimientos ultramarinos, tomo I, Madrid, 1784, Prólogo, pp. V-VII.
  12. Pontón (2016), p. 578, nota 18.
  13. Maier, «La comisión de antigüedades de la Real Academia de la Historia», en Almagro Gorbea-Maier Allende, pp.27-28.

BibliografíaEditar

Enlaces externosEditar