Hebreos

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Tiepolo, Los hebreos recogiendo el maná en el desierto, boceto, 1740.[1]

Los hebreos (del latín Hebraei y del griego antiguo Hebraioi [Ἑϐραῖοι], y ambos a su vez del hebreo ‘Ivrīm [עברים]) son un antiguo pueblo semita del Levante mediterráneo (Cercano Oriente) establecidos en el año 616 a.C, también son ancestros de los israelitas y del pueblo judío.[2]

La tradicional fuente de referencia para los hebreos es la Biblia, cuyo contenido también se encuentra en las escrituras hebreas de la Torá. Según estas fuentes los hebreos constituyen el grupo monoteísta inicial, que es descendiente de los patriarcas posdiluvianos Abraham, Isaac y Jacob.

Según la Biblia y las tradiciones hebraicas (orales y escritas), los hebreos fueron originarios de Mesopotamia. Eran nómadas, vivían en tiendas, poseían rebaños de cabras y ovejas, utilizando asnos, mulas y camellos como portadores. Siguiendo a Abraham, los hebreos emigraron hacia Canaán, la tierra prometida por Dios a los descendientes del primer patriarca. Varias tablillas descubiertas en Mari certifican frecuentes migraciones a través del Creciente Fértil.

Abraham es considerado el primer hebreo por dejar su Caldea natal, y haber atravesado "del otro lado del río" Éufrates. El patriarca y los suyos se asientan en Canaán: en Siquem (actual Nablus), Beerseba o Hebrón. Poco a poco, se mezclan con los pobladores locales y se convierten en agricultores sedentarios. El pueblo de Israel era vecino de otros, como los edomitas, moabitas, amonitas e ismaelitas. El rasgo distintivo de los hebreos fue su convicción en la existencia de un único Dios (Yavé). Según los textos del Tanaj, el pueblo de Israel es elegido por Dios para la revelación de principios fundamentales (tales como los Diez Mandamientos contenidos en la Torá) y es con el primer patriarca del pueblo hebreo que Dios establece su Alianza o Pacto, también conocido como Convenio Abrahámico:

E.M. Lilien, Abraham contempla las estrellas, estampa, 1908.[3]

« Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra ». —Génesis 12:1-3.[4]

En la Biblia, Israel es el nombre nacional de los hebreos. Inicialmente y en su condición tribal, los hebreos no poseían un nombre que los distinguiese históricamente como grupo. El cambio del nombre del tercer patriarca, quien de "Jacob" pasa a llamarse "Israel" (Génesis 32:24 y 32:28) es reflejo el hecho histórico conocido como unión de las tribus hebreas iniciales y de su triunfo sobre los cananeos.[5]​ O, dicho de otro modo, "hebreos" eran antes de la conquista de la tierra de Canaán e "israelitas" se los llamará a partir de dicho acontecimiento (siglo VI a.E.C.).[6]

En la actualidad, "hebreo" se emplea para designar a todo aquél que sea miembro o descendiente del pueblo de Abraham, Isaac, y Jacob.[7]​ Hebreo es hoy además sinónimo de israelita y judío.[8]

En algunos idiomas modernos, entre ellos el griego, italiano, rumano y muchas lenguas eslavas, "hebreos" es empleado como etnónimo estándar de judíos.

La dispersión de los hijos de Noé después del Diluvio. El área ocupada por Sem y su descendencia, el Creciente Fértil, se encuentra marcado en rojo. C.V. Monin, Géographie des Hébreux et Tableau de la dispersion des peuples après le déluge, 1838-39. El propósito de este mapa era establecer el órigen geográfico de los hebreos, de ahí la expresión "Geografía de los hebreos" en su título.

Índice

Hebreos y tradición judeocristianaEditar

 
Inspiración bíblica en el arte. Julius Schnorr von Carolsfeld, Dios le muestra a Abraham las estrellas, grabado, 1860. La palabra de Dios es fuente de esperanza para Abraham y fuente de inspiración en el arte: "Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas. Y le dijo: Así será tu descendencia." —Génesis 15:5.[9]

Según la historia y las tradiciones judía y cristiana, la formación del pueblo hebreo tiene lugar durante el segundo milenio antes de la Era Común, posiblemente alrededor de 1800 a.C.[10]​ Si bien existen ciertas dificultades para determinar la ubicación precisa de los primeros hebreos en la historia, ello se debe en gran parte a que la tradición de ese grupo humano fue ante todo oral y no escrita. Y no solo fue la tradición oral en sus inicios sino que además lo fue durante muchos siglos.[11]​ El que las tradiciones y cultura de los hebreos, así como también sus conocimientos y percepción del mundo, hayan sido inicialmente transmitidas de modo verbal y de generación en generación ha dado lugar a lo que hoy pueden parecernos ser inconsistencias en la subsecuente tradición escrita.[12]​ Los parámetros del mundo antiguo no eran precisamente los mismos que los del mundo de hoy. Así, por ejemplo, la concepción del mundo, la noción del tiempo e incluso el ritmo de vida eran sin dudas diferentes a los nuestros.

Al considerar al grupo étnico de los hebreos es necesario recordar que la Biblia no fue concebida para ser un mero texto de historia con presunciones científicas sino un testimonio colectivo trascendental en el cual los creyentes, tanto judíos como cristianos, atesoran desde hace ya más de dos milenios lo que consideran ser revelación y palabra de su Dios.[13]

En lo que a "hebreos" concierne, las principales fuentes de conocimiento son tanto la tradición oral como la escrita, siendo el texto bíblico fuente de información y también fuente de inspiración,[14]​ desde hace —como mínimo— veinticuatro siglos.[15]

Creencias, ritos y éticaEditar

MonoteísmoEditar

 
El Tetragramatón hebreo se lee de derecha a izquierda. Los cuatro caracteres hebreos (יהוה) son cuatro consonantes, «YHVH».
 
Circuncisión de Ismael. Grabado de Gerard Hoet, 1728.
 
El Decálogo o Ley mosaica. Jekuthiel Sofer, 1768. Bibliotheca Rosenthaliana, Ámsterdam.

Los hebreos creen en un Dios exclusivamente. En la Antigüedad, el mundo que rodeaba a los hebreos era politeísta, fetichista e idólatra. La tradición —en este caso hebrea e islámica—, ha preservado una significativa leyenda acerca del rechazo de Abraham respecto a los ídolos (aniconismo), cosa que lo condujo a una eventual destrucción de los mismos.[16]

Los hebreos creen en Yahvé. Por respeto, evitan deliberadamente mencionar o por lo general escribir su nombre propio. Suelen referirse a Dios como Ha-Shem ("El Nombre" [de Dios]) o Barúj Ha-Shem (Bendito [es/sea] el Nombre [de Dios]). Los hebreos emplean además expresiones tales como Elohím (literalmente "Dioses", pero significando "Dios de Dioses"), El-Elión ("Dios Supremo" o "El Altísimo"), El-Shadái (Dios Todopoderoso) y El Ha-Rajamím (Dios Misericordioso). Le asignan también muchos otros nombres y, entre ellos, frecuente es el uso de Adón ("Señor"), Adonái ("Mi Señor") así mismo como Eli ("Mi Dios") y Eloheinu ("Nuestro Dios").

En la escritura, el nombre propio de Dios (Yahvé) es expresado a través de cuatro letras hebreas (יהוה «YHVH») a las que los hebreos, por respeto al "Creador del Mundo" (Boré Ha-Olám) y "Rey del Universo" (Mélej Ha-Olám), se abstienen de pronunciar. Por estar en hebreo compuesta de cuatro letras, la palabra en cuestión es denominada "Tetragrámaton".[17]

Yahvé no posee forma humana ni tampoco es la Naturaleza, sino su creador. Es espíritu y posee además atributos que le son propios (es eterno, todopoderoso, etc.). Pero los hebreos siguen el camino del aniconismo y evitan por lo tanto respresentarlo en términos visuales.

Pacto y AlianzaEditar

Yahvé realiza su Pacto con Abraham, quien actúa en representación del pueblo hebreo. Dios se compromete a brindarle protección y ayuda constantes, una descendencia muy numerosa y la tierra prometida (Canaán). El pueblo hebreo se compromete por su parte a ser incondicionalmente fiel a Yahvé y a la aceptación de su voluntad divina.[18]

La prueba o demostración del acuerdo entre Dios y Abraham se da a través del rito de la circuncisión, por medio de la cual se selló el pacto. Ella constituirá además una señal de la sumisión y fidelidad de los hebreos para con Dios. Los hebreos son a partir de ese entonces los "Hijos del Pacto" (Bnei Brit). Una vez practicada, la circuncisión por otra parte constituye de por sí una característica que les otorga a los descendientes de Abraham identidad, pertenencia para con el grupo inicial e identificación para con lo pactado por el primer patriarca hebreo.[19]​ Todo varón de la casa de Abraham o descendiente del mismo era circuncidado a los ocho días de nacer y recibía entonces su nombre.[20]​ La alianza entre Dios y el pueblo hebreo es posteriormente ratificada en el Monte Sinaí, al recibir Moisés las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos.

MesianismoEditar

Los hebreos creen en la llegada futura de un Mesías y en el papel protagónico del pueblo hebreo en ello, ya que según las Escrituras es precisamente de ese pueblo que surgirá el Mesías.[21]

ÉticaEditar

Una característica importante de la religión hebrea es la moral. Según la alianza o pacto, Yahvé tiene derechos sobre el hombre porque lo creó, por lo tanto le determina prohibiciones y limitaciones, pero también le marca el camino para que alcance su plenitud y felicidad. Yahvé establece los Diez Mandamientos, que se resumen del siguiente modo: se prohíbe el politeísmo y la idolatría; la vana invocación del nombre de Dios así como el juramento en falso; se prohíbe matar; robar; mentir; codiciar bienes ajenos; se ordena el honrar a los padres y la observancia del día de descanso.[22]

Las escrituras de los hebreos reflejan sus costumbres y pensamientos morales. La gran diferencia del pueblo hebreo respecto a los demás pueblos antiguos es que los hebreos son monoteístas. Creen en un Dios bueno y justo, pero también sumamente celoso y exigente en lo que respecta la fidelidad que el pueblo le debe en virtud del convenio sellado con Abraham y sus descendientes.

MigracionesEditar

Egipto y el ÉxodoEditar

En el Siglo XIV a. C. parte de los hebreos establecidos en Canaán emigraron a Egipto debido a la hambruna que asoló la región. Allí fueron recibidos y trabajaron para los egipcios. Inicialmente realizaron diversos trabajos, luego posiblemente de formar parte del sistema de corvea, mediante el cual quienes no podían pagar los tributos con la cosecha debían hacerlo con su trabajo, por lo cual debían trabajar para el Faraón. La deuda de corvea era heredada por los descendientes, con lo cual siempre había algún miembro de la familia dentro del sistema de corvea. Según la tradición oral y escrita terminaron siendo esclavos. Hacia el Siglo XIII a. C. se rebelaron y regresaron a Canaán, bajo la guía de Moisés. Su salida de Egipto y posterior travesía por el desierto se conocen como el Éxodo del pueblo hebreo. En el monte Sinaí, Moisés recibió de Dios el Decálogo y lo transmitió al pueblo hebreo.

Retorno a CanaánEditar

Al volver a Canaán los hebreos se reunieron con otras tribus hebreas que habían allí permanecido. Se estableció la monarquía y bajo los reyes Saúl, David y Salomón combatieron con éxito a los filisteos y amalecitas. Salomón construyó el primer Templo de Jerusalén.

Luego de la muerte de Salomón el reino se dividió en dos: Israel al norte y Judá al sur. Esto fue seguido por un largo período de guerras con los pueblos vecinos, conflictos internos y hasta confusión religiosa.

SociedadEditar

 
Biblia de Alba, texto sefardí, biblia hebraica traducida al romance, 1422-1433, fol. 57v: Tribus de Dan y Gad (hijos de Jacob). Inscripciones: "Figura de Dan y su pendon [...] a figura de un culebro con alas de agila e de la otra par una aguyla"; "Figura de Gad e en su estandarte del manera de omnes afinados como jineste".

La sociedad israelita estaba íntimamente relacionada con su religión. El núcleo de la sociedad hebrea es la familia. Ésta es patriarcal. El padre es la máxima autoridad. Existían también los esclavos; que se obtenían por compra o por ser prisioneros de guerra. En los tiempos de nomadismo, los hebreos vivían en tiendas con pocos muebles. Esta forma de vida les facilitaba su traslado en búsqueda de pasturas para sus rebaños. Luego de asentarse en Canaán, habitaron en casas de piedra, rodeados de huertos, conformando poblados.

Economía y actividadesEditar

Los hebreos, establecidos en Canaán, se dedicaron a la agricultura y la ganadería. El cultivo característico era el olivo y la vid, también obtuvieron legumbres y lentejas. El pastoreo de ovejas, bueyes, cabras, caballos y camellos acompañaba la actividad agrícola. También trabajaron cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de lana y lino, lo más importante de su actividad económica fue el comercio. Esto se debía a que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente, es decir, un lugar de tránsito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto: exportaban aceite y vino e importaban metales, marfil y especias.

Organización socialEditar

El patriarcado

El núcleo de la sociedad hebrea era la familia patriarcal, en la cual el padre era la autoridad máxima. Al principio, los hebreos vivían en grupos familiares o clanes dirigidos por el más anciano, el patriarca, que administraba justicia, dirigía la guerra y los ritos religiosos.

El nuevo rey enfrentó a los enemigos, conquistó Jerusalén y la convirtió en capital del Estado.

Organización políticaEditar

Cada uno de los doce hijos de Jacob/Israel era el representante de una tribu y, como eran doce, se las conoce como las doce Tribus de Israel. Los símbolos de cada una de ellas figuran en una serie de estampillas diseñadas por G. Hamori y emitidas por el moderno Estado de Israel en 1955-56; cada una de ellas presenta una inscripción hebrea con una cita proveniente de la Biblia.

Las tribus de Israel inicialmente no formaron un solo estado, pero en caso de peligro aceptaban el liderazgo de un único jefe, llamado Juez, que generalmente se desempeñaba como caudillo de su pueblo. Este reunía poderes sobre las tribus con considerable autoridad. Ellas formaron una especie de confederación que dio lugar al reino unido de Israel que tuvo por reyes a Saúl, David y Salomón. Luego de la muerte de Salomón, en 941 a.C., tuvo lugar una fuerte rivalidad entre las tribus que condujo a la división del reino en dos unidades políticas claramente separadas en 931 a.C.:

a) Las diez tribus del norte formaron el Reino de Israel, con capital en Samaria, 931-722 a.C.

b) Las dos tribus del sur formaron el Reino de Judá, con capital en Jerusalén, 931-587 a.C.

Esta división llevó a un gradual deterioro en los planos político, económico y religioso de ambos reinos hebreos.

ArtesEditar

La mayoría de las obras literarias fueron compiladas y organizadas durante el período de apogeo de la monarquía y por obra del rey. Merecen especial mención los salmos, los proverbios, los cantos nupciales del Cantar de los Cantares, las Crónicas, el Génesis, el Éxodo, los Jueces, los Reyes y otros libros denominados sapienciales, como el Eclesiastés. Valoraron la música y la emplearon en las ceremonias religiosas. El shofar es un instrumento musical hebreo (cuerno de cordero utilizado para convocar a las ceremonias rituales). También utilizaron liras y cítaras, sistros, panderos o adufes, y flautas. Poseyeron relativamente pocas obras de arte visual, prescindiendo especialmente de máscaras o esculturas porque ellas eran asociadas con la idolatría; el cuarto Mandamiento explícitamente prohíbe su fabricación en tanto que medios de impersonar aquello relativo a la deidad o ya como ídolos: para los hebreos, Dios no poseía foma humana (y está posición es mantenida aún hoy por el judaísmo). El arte fue por lo general de tipo geométrico y tendió hacia la abstración.[44]​ Con todo, se dieron excepciones de tipo artístico, siendo valoradas sólo aquellas que esencialmente tuvieron como propósito el responder a la necesidad de producir arte ritual y litúrgico. Destacada además fue la arquitectura del Templo de Jerusalén (en cada una de sus versiones), así como los palacios y viviendas de los nobles. Durante el período de la monarquía unida, los hebreos desarrollaron un tipo de orden arquitectónico al que se conoce como proto-jónico.[45]

Instrumentos musicales hebreos en la filatelia de Israel; diseños de Miriam Karoly, 1955-56.

Los hebreos en el imaginario colectivoEditar

Evidencia arqueológicaEditar

Según el libro del Éxodo, cuando los israelitas se hallaban esclavos en Egipto, Dios encomendó a Moisés la misión de liberarlos. Pero como el faraón se negaba tenazmente a dejarlos partir, Moisés desencadenó una serie de diez plagas sobre el país. Éstas fueron: el agua del Nilo convertida en sangre, una invasión de ranas, el ataque de mosquitos a hombres y animales, los tábanos que hicieron estragos, la muerte del ganado, úlceras en hombres y animales, caída de granizo que destruyó los cultivos, una plaga de langostas que atacó la vegetación, las tinieblas que oscurecieron el sol, y finalmente la muerte del hijo mayor de cada familia egipcia (Ex 7-11). Semejantes calamidades terminaron doblegando al faraón, que finalmente dejó salir a los hebreos.

Hasta la primera mitad del siglo XX el episodio de las plagas, tal como figura en la Biblia, era considerado un hecho histórico. Algunos las explicaban diciendo que había sido una intervención milagrosa de Dios, otros que fueron cataclismos naturales frecuentes en Egipto. Pero sucesos históricos al fin.

Hoy, sin embargo, la lectura cuidadosa del texto nos ha mostrado una serie de incoherencias e inconexiones, que nos llevan a dudar de que los hechos hayan podido suceder tal como los cuenta la Biblia. Cuando la sangre llega al río

Lo primero que llama la atención es la ampliación gradual que va sufriendo la narración bíblica.

Un ejemplo de ello lo tenemos en el número de las plagas. Cuando Dios llama a Moisés y lo envía a hablar con el faraón, le dice que las plagas serán sólo dos: el agua convertida en sangre y la muerte de los primogénitos (Ex 4,9.23). Pero en el Salmo 78 leemos que fueron siete (v.44-55). El Salmo 105 ya las eleva a ocho (v.28-36). Y en la narración final del Éxodo, las plagas terminan siendo diez (Ex 7-11). ¿Cuántas fueron entonces?

Otro ejemplo de esta exageración gradual lo hallamos en la primera plaga. Al comienzo del relato se dice que sólo el agua que Moisés saque del río y derrame en el suelo debe convertirse en sangre (Ex 4,9). Más adelante se dice que el Nilo entero se convirtió en sangre (Ex 7,17). Luego se afirma que "todas las aguas de Egipto, sus canales, sus ríos, sus lagunas, y todos sus depósitos de agua, hasta la de las vasijas de madera y de piedra" se convirtieron en sangre (Ex 7,19). Y para colmo los magos egipcios, para competir con Moisés, ¡convirtieron ellos también agua en sangre! (Ex 7,22). ¿De dónde sacaron más agua?

Un tercer ejemplo lo leemos en las exigencias de Yahvé al faraón. En la primera plaga le pide reconocer a Yahvé, el Dios de los hebreos (Ex 7,17). Pero en la segunda plaga la exigencia es mayor: que reconozca que Yahvé es más poderoso que todos los dioses de Egipto (Ex 8,6), lo cual es mucho pedir para un faraón egipcio. Al final, le termina pidiendo que reconozca que Yahvé es el Dios más poderoso de todos los dioses de toda la tierra (Ex 9,14). Entonces, ¿qué esperaba Dios del faraón? Un piadoso faraón

Lo segundo que llama la atención del relato de las plagas son los datos históricamente imposibles de aceptar.

Por ejemplo, varias veces se cuenta que mientras el faraón pasea tranquilamente por la orilla del Nilo con sus guardias se le acerca Moisés, representante sindical de una raza detestable de trabajadores, para agraviarlo y amenazarlo con plagas (Ex 7,15; 8,16; 9,13). ¿Acaso el faraón no era el dios de Egipto, al que sólo se le podían acercar unos pocos funcionarios?

También leemos que luego de la segunda plaga el faraón pide a Aarón y a Moisés que "recen" por él a Yahvé (Ex 8,4), algo sin duda imposible de ser real (pues si el faraón hubiera renunciado a creer que él era Dios, se habría trastornado todo el sistema de gobierno egipcio, que se centraba en la divinidad del faraón). En la tercera plaga son los magos egipcios los que reconocen humildemente el poder de Yahvé (Ex 8,15). En la séptima plaga el pueblo entero se convierte a Yahvé (Ex 9,20). Y en la octava plaga hasta los funcionarios egipcios aceptan a Yahvé y piden al faraón que deje salir a los israelitas de una vez (Ex 10,7). ¡Y el faraón le pide humildemente perdón a Moisés! (Ex 10,16-17). Las tres muertes del ganado

Lo tercero que llama la atención son las incoherencias internas del relato. Por ejemplo, en la quinta plaga se afirma que todo el ganado murió de peste (Ex 9,6). Pero en la sexta plaga el ganado vuelve a aparecer, para morir de úlcera (Ex 9,10). Y en la séptima revive otra vez, para morir por el granizo (Ex 9,19). ¿Qué ganado tan extraño es éste?

También en la quinta plaga mueren todos los caballos del faraón (Ex 9,3). Pero más tarde, cuando los hebreos huyen del país, el faraón y su ejército los persiguen... ¡a caballo! (Ex 14,9).

Lo mismo ocurre en la novena plaga, cuando el faraón harto de tantos desastres llama a Moisés y le dice: "Apártate de mi vista; nunca más vuelvas a verme, porque el día que te presentes otra vez ante mí morirás". Y Moisés le contesta: "No volveré a verte nunca más" (Ex 10,28-29). Pero a continuación Moisés vuelve a presentarse ante el faraón, y se da el lujo de amenazarlo con una nueva y terrible plaga: la muerte de los primogénitos (Ex 11,4-8). El debut de Dios

¿Cómo explicar todas estas anomalías? Según los estudiosos, la solución está en el hecho de que el relato de las plagas es un combinado de tres narraciones distintas, de épocas diversas.

En efecto, todo empezó con las tradiciones que se contaban de la salida de Egipto de un grupo de hebreos, que se hallaban cautivos en el país del Nilo. Se decía que una gran epidemia, causada quizás por la contaminación de las aguas del río, se abatió sobre las familias egipcias y mató a sus niños, mientras que las familias hebreas se salvaron porque habitaban en una región diferente y alejada de la población local, llamada Goshén (Ex 8,18). La confusión y el pánico que la epidemia provocó habría sido lo que les permitió escapar hacia el desierto, guiados por Moisés, y alcanzar la ansiada liberación.

Con este recuerdo, surgió la primera tradición de dos "plagas": la contaminación del agua y la muerte de los primogénitos (que es lo que leemos en Ex 4,9.23).

Cuando años más tarde los israelitas se encontraban viviendo en Canaán, la huida de Egipto se convirtió para ellos en el acontecimiento central de su historia. Primero, porque les permitió liberarse de la opresión extranjera. Segundo, porque a partir de ese momento ellos nacieron y se formaron como pueblo. Y tercero, porque fue la primera vez en la historia que Dios aparece actuando directamente sobre la tierra, mostrando así su capacidad de intervenir en el mundo. Nunca antes lo había hecho. Con la memoria cargada

El acontecimiento del éxodo cobró tal importancia en el pueblo de Israel, que con el paso del tiempo la tradición oral lo fue cargando de detalles y ampliaciones, que servían sobre todo para la catequesis y la enseñanza de la fe de los israelitas.

Así, se añadieron al relato primitivo varias plagas más, que destacaban la fuerza y el poder de Dios. También se añadieron diálogos y conversaciones entre los distintos personajes, para crear suspenso y dramatismo, y para enseñar cómo tarde o temprano Dios termina doblegando hasta el corazón más endurecido y obstinado. De igual modo, se añadió en los personajes egipcios (el faraón, los magos, el pueblo, los funcionarios) un gradual cambio espiritual, a fin enseñar que Yahvé no rechaza a los extranjeros, y preparar así a los israelitas para una catequesis misionera abierta y madura. El bastón milagroso

Siglos más tarde se escribió en Jerusalén un primer relato del éxodo, llamado "Yahvista" por los estudiosos. Éste contaba ya siete plagas: la primera (el agua en sangre), la segunda (las ranas), la cuarta (los tábanos), la quinta (la muerte del ganado), la séptima (el granizo), la octava (las langostas) y la décima (la muerte de los primogénitos). Posiblemente contaba siete plagas, porque siete era el número que simbolizaba la perfección.

El relato Yahvista se caracterizaba sobre todo por destacar la figura de Moisés. Él era quien aparecía provocando las plagas. Esta narración de siete plagas debió de volverse sumamente popular, y seguramente circuló durante mucho tiempo entre los israelitas, porque el Salmo 78 al hablar del Éxodo sólo menciona esas mismas siete plagas.

Tiempo después, y basándose en otras tradiciones, surgió en el Reino del Norte (cuya capital era Samaria) un segundo relato del éxodo (que algunos estudiosos llaman "Elohista"). Éste mencionaba sólo cinco plagas: la primera (el agua en sangre), la séptima (el granizo), la octava (las langostas), la novena (las tinieblas) y la décima (la muerte de los primogénitos).

Ahora bien, en el Reino del Norte los profetas gozaban de enorme prestigio y de gran autoridad moral. Más que al rey o al sacerdote, era al profeta a quien la gente veía como representante de Dios. Uno de ellos, llamado Eliseo, era famoso porque tenía un bastón capaz de obrar milagros (2 Re 4,29-31). Esto influyó en la tradición norteña de las cinco plagas. Por eso en ella Moisés no aparece provocándolas directamente como en la Yahvista, sino mediante su bastón. Y por eso, en la actual narración bíblica aparece el bastón de Moisés justamente en esas plagas: la primera (Ex 7,17), séptima (Ex 9,22-23), octava (Ex 10,12-13) y novena (Ex 10,21-22). En la décima no, porque a esta plaga la causará Yahvé en persona. Luchando contra los magos

Hacia el siglo VI a.C, en los círculos sacerdotales judíos surgió un tercer relato del éxodo, llamado relato "Sacerdotal". Describía también cinco plagas, como el Elohista, pero eran diferentes a las de éste. Son la plaga primera (el agua en sangre), la segunda (las ranas), la tercera (los mosquitos), la sexta (las úlceras) y la décima (la muerte de los primogénitos).

Como en los ambientes sacerdotales se tenía preferencia por la figura de Aarón (por ser el hermano sacerdote de Moisés) y no por Moisés, en la tradición Sacerdotal era Aarón el que provocaba las plagas, en vez de Moisés (por eso, en el relato actual, vemos a Aarón causándolas en Ex 7,19-20; 8,1-2; 8,12-13). Además, Aarón no se enfrentaba al faraón, como en las otras versiones, sino con los magos egipcios, porque éstos eran los sacerdotes de la época; es decir, la tradición Sacerdotal presentaba el suceso como un enfrentamiento entre sacerdotes (por eso, en el relato actual, vemos el enfrentamiento con los magos y no con el faraón en Ex 7,22; 8,3; 8,14; 9,11).

Hacia el año 400 a.C, un redactor decidió reunir las tres antiguas tradiciones en una sola. Y tratando de conservar la mayor cantidad de datos posibles de cada una compuso un nuevo relato. Así, la narración del éxodo quedó considerablemente ampliada. Y las plagas, que en los primitivos relatos eran entre cinco y siete, ahora pasaron a ser diez.

Este redactor, a pesar del esfuerzo que puso, no pudo evitar que en su escrito final se le filtraran algunas contradicciones e incoherencias, como vimos sobre el número de las plagas (primero dos y después diez), sobre el agua convertida en sangre, o sobre las exigencias que Dios le impone al faraón. Por cambiar el orden

Pero además el redactor final, al reunir los tres relatos en uno, cambió el orden primitivo que las plagas tenían en sus respectivas versiones, lo cual produjo las incoherencias que antes señalamos.

En efecto, según el Salmo 78 (v.47-48) el antiguo orden de las plagas era: primero el granizo (séptima plaga) y después la peste (quinta plaga). Así el relato tenía sentido, porque el granizo, al no matar todo el ganado (Ex 9,20), dejaba un resto para morir con la peste. Pero al invertir el orden y contar primero la peste (donde muere todo el ganado), y luego el granizo, ya no se entiende cómo aquí puede volver a morir el ganado. Y como, además, entre una y otra agregó la plaga de la úlcera (procedente de otra tradición), en la que también vuelve a morir el ganado, el resultado final fue la narración incoherente que vimos.

Pero al redactor final no le importó el desfase. El colocó las plagas en ese orden porque seguía otro plan. Primero quería ubicar las cuatro más leves, que sólo causaban molestia (agua, ranas, mosquitos y tábanos). Luego las cuatro más graves, con resultados destructores (peste, úlcera, granizo y langostas). Luego la novena, con efectos terroríficos (tinieblas). Y finalmente la décima (muerte de los primogénitos) tan espantosa que permitió la salida de los hebreos. Así, el redactor quiso destacar la gradual pedagogía divina, que poco a poco va mostrando las consecuencias negativas que puede traer el rechazo a Dios.

¿En qué se basaban estas tradiciones de la salida de Israel de Egipto? No lo sabemos a ciencia cierta. Quizás se referían a sucesos que ocurrieron cuando un grupo de israelitas intentó escapar de alguna opresión, y que los ayudaron a sentirse libres.


El enigma de los caballos del faraón de Egipto En el libro de Exodo, 9: 3 y 6, leemos sobre la quinta plaga: "Mira que la mano de Yahveh caerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos, sobre los asnos, sobre los camellos, sobre las vacadas y sobre las ovejas; habrá una grandísima peste… Al día siguiente cumplió Yahveh su palabra y murió TODO el ganado de los egipcios".

Para los literalistas está claro que murió todo el ganado de los egipcios, tanto el ganado vacuno como el ovejuno, el asnal, el caballar y el de los camellos. Los egipcios, pues, se quedaron sin vacas, sin toros, sin bueyes, sin ovejas, sin carneros, sin caballos y sin camellos. Gran desgracia para los de Egipto, pues no pudieron arar los campos ni alimentarse con productos lácteos ni comer carne ni desplazarse grandes distancias para comerciar. Sin animales, mal podía sobrevivir la civilización egipcia. Aquello fue, sobre todo, un gran infortunio para el ejército, pues perdió lo más preciado que tenía: los caballos, imprescindibles para la guerra. Así, los egipcios estaban ahora indefensos, a merced de cualquier enemigo que quisiera invadir sus territorios.

La sexta plaga la encontramos en Exodo 9: 8 y 10, donde leemos: "Tomad dos grandes puñados de hollín de horno y que Moisés lo lance hacia el cielo, en presencia de Faraón; se convertirá en polvo fino sobre todo el territorio de Egipto y formará erupciones pustulosas en hombres y ganados, por toda la tierra de Egipto. Tomaron, pues, hollín de horno y, presentándose ante Faraón, lo lanzó Moisés hacia el cielo y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados".

Literalmente dice el relato que, tanto a hombres como a animales domésticos, les salieron erupciones pustulosas o diviesos. Pero, ¿no habían muerto los animales egipcios durante la plaga anterior? ¿Cómo es que les salieron tales flemones purulentos a unas bestias ya difuntas? caballofaraon2.jpg

En Éxodo 9: 19-25, analizamos el fluir de la séptima plaga: "…el granizo descargará sobre todos los hombres y animales que se hallan en el campo, y cuantos no se hayan recogido bajo techumbre perecerán… Dijo Yaveh a Moisés: 'Extiende tu mano hacia el cielo, y que caiga granizo en toda la tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los ganados'… El granizo hirió cuanto había en el campo en todo el país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados…"

Con la expresión "el granizo hirió" entendemos que "el granizo hizo perecer" a hombres y animales que estaban a la intemperie, tal como lo menciona el versículo 19. Y de nuevo la pregunta: ¿Sobre qué ganado de los egipcios descargó el granizo si todo él había perecido en el transcurso de la quinta plaga?

La décima plaga fue la más terrible. En Exodo, 12: 29 y 30, leemos: "Y sucedió que, a media noche, Yahveh hirió en el país de Egipto a todos los primogénitos, desde el primogénito de Faraón… hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todo primer nacido del ganado… no había casa donde no hubiese un muerto". Nuevamente la pregunta: ¿Cómo pudieron morir los primogénitos del ganado si habían dejado de existir durante la quinta plaga?

Como broche de oro del relato, Exodo 14: 6 a 28 menciona que el faraón se lanzó con sus carros y caballos en persecución de los israelitas: "Faraón hizo enganchar su carro y llevó consigo sus tropas. Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, montados por sus combatientes… todos los caballos, los carros de Faraón, con la gente de los carros y su ejército… Los egipcios se lanzaron en su persecución entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos de Faraón y los carros con sus guerreros… las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército de Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera". Y aún podemos leer en Exodo 15: 1, el cántico de Moisés y el pueblo: "Canto a Yahveh, pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballo y carro".

Y de nuevo la cuestión: ¿A qué caballos enganchó el faraón su carro y qué caballos tiraban de los carros del ejército egipcio y qué caballos se ahogaron en el mar, si todos habían muerto de peste cuando el ganado de los egipcios fue castigado con la quinta plaga? Verdaderamente, si se toma el relato de Exodo al pie de la letra, es un auténtico enigma este de los caballos del faraón.

El Pentateuco “es una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío, realizada 1500 años después de lo que siempre creímos”, sostiene Finkelstein, de 57 años, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv. Texto de página.[59]

Añade que esos textos bíblicos son una compilación iniciada durante la monarquía de Josías, rey de Judá, en el siglo VII a.C. En aquel momento, ese reino israelita del Sur comenzó a surgir como potencia regional, en una época en la cual Israel (reino israelita del Norte) había caído bajo control del imperio asirio.

El principal objetivo de esa obra era crear una nación unificada, que pudiera cimentarse en una nueva religión. El proyecto, que marcó el nacimiento de la idea monoteísta, era constituir un solo pueblo judío, guiado por un solo Dios, gobernado por un solo rey, con una sola capital, Jerusalén, y un solo templo, el de Salomón. En sus trabajos, que han marcado a generaciones de la nueva escuela de la arqueología bíblica.

Finkelstein establece una coherencia entre los cinco libros del Pentateuco: el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. Los siglos nos han traído esos episodios que relatan la creación del hombre, la vida del patriarca Abraham y su familia -fundadores de la nación judía-, el éxodo de Egipto, la instalación en la tierra prometida y la época de los Reyes. Según Finkelstein, esos relatos fueron embellecidos para servir al proyecto del rey Josías de reconciliar a los dos reinos israelitas (Israel y Judá) e imponerse frente a los grandes imperios regionales: Asiria, Egipto y Mesopotamia.

Para las autoridades religiosas, judías y cristianas, Moisés era el autor del Pentateuco. Según el Deuteronomio, el profeta lo escribió poco antes de su muerte, en el monte Nebo. Los libros de Josué, de los Jueces y de Samuel eran archivos sagrados, obtenidos y conservados por el profeta Samuel en el santuario de Silo, y los libros de los Reyes venían de la pluma del profeta Jeremías. Así también, David era el autor de los Salmos y Salomón, el de los Proverbios y el del Cantar de los Cantares.

Desde el siglo XVII, los expertos comenzaron a preguntarse quién había escrito la Biblia. Moisés fue la primera víctima de los avances de la investigación científica, que planteó cantidad de contradicciones. ¿Cómo es posible -preguntaron los especialistas- que haya sido el autor del Pentateuco cuando el Deuteronomio, el último de los cinco libros, describe el momento y las circunstancias de su propia muerte?

La arqueología moderna nos permite asegurar que el núcleo histórico del Pentateuco y de la historia deuteronómica fue compuesto durante el siglo VII antes de Cristo. El Pentateuco fue una creación de la monarquía tardía del reino de Judá, destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese reino. Creo que la historia deuteronómica fue compilada, durante el reino de Josías, a fin de servir de fundamento ideológico a ambiciones políticas y reformas religiosas particulares.

En dos siglos de investigación científica, la búsqueda de los patriarcas nunca dio resultados positivos. La supuesta migración hacia el Oeste de tribus provenientes de la Mesopotamia, con destino a Canaán, se reveló ilusoria. La arqueología ha probado que en esa época no se produjo ningún movimiento masivo de población. El texto bíblico da indicios que permiten precisar el momento de la composición final del libro de los Patriarcas. Por ejemplo, la historia de los patriarcas está llena de camellos. Sin embargo, la arqueología revela que el dromedario sólo fue domesticado cuando se acababa el segundo milenio anterior a la era cristiana y que comenzó a ser utilizado como animal de carga en Medio Oriente mucho después del año 1000 a.C. La historia de José dice que la caravana de camellos transporta "goma tragacanto, bálsamo y láudano". Esa inscripción corresponde al comercio realizado por los mercaderes árabes bajo control del imperio asirio en los siglos VIII y VII a.C. Otro hecho anacrónico es la primera aparición de los filisteos en el relato, cuando Isaac encuentra a Abimelech, rey de los filisteos. Esos filisteos -grupo migratorio proveniente del mar Egeo o de Asia Menor- se establecieron en la llanura litoral de Canaán a partir de 1200 a.C. Esos y otros detalles prueban que esos textos fueron escritos entre los siglos VIII y VII a.C.

Según la Biblia, los descendientes del patriarca Jacob permanecieron 430 años en Egipto antes de iniciar el éxodo hacia la Tierra Prometida, guiados por Moisés, a mediados del siglo XV a.C. Otra posibilidad es que ese viaje se haya producido dos siglos después. Los textos sagrados afirman que 600.000 hebreos cruzaron el Mar Rojo y que erraron durante 40 años por el desierto antes de llegar al monte Sinaí, donde Moisés selló la alianza de su pueblo con Dios. Sin embargo, los archivos egipcios, que consignaban todos los acontecimientos administrativos del reino faraónico, no conservaron ningún rastro de una presencia judía durante más de cuatro siglos en su territorio. Tampoco existían, en esas fechas, muchos sitios mencionados en el relato. Las ciudades de Pitom y Ramsés, que habrían sido construidas por los hebreos esclavos antes de partir, no existían en el siglo XV a.C. En cuanto al Exodo, desde el punto de vista científico no resiste el análisis.

Desde el siglo XVI a.C., Egipto había construido en toda la región una serie de fuertes militares, perfectamente administrados y equipados. Nada, desde el litoral oriental del Nilo hasta el más alejado de los pueblos de Canaán, escapaba a su control. Casi dos millones de israelitas que hubieran huido por el desierto durante 40 años tendrían que haber llamado la atención de esas tropas. Sin embargo, ni una estela de la época hace referencia a esa gente. Tampoco existieron las grandes batallas mencionadas en los textos sagrados. La orgullosa Jericó, cuyos muros se desplomaron con el sonar de las trompetas de los hebreos, era entonces un pobre caserío. Tampoco existían otros sitios célebres, como Bersheba o Edom. No había ningún rey en Edom para enfrentar a los israelitas. Esos sitios existieron, pero mucho tiempo después del Exodo, mucho después de la emergencia del reino de Judá. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en su peregrinación de 40 años. Hemos sido capaces de hallar rastros de minúsculos caseríos de 40 o 50 personas. A menos que esa multitud nunca se haya detenido a dormir, comer o descansar: no existe el menor indicio de su paso por el desierto.

Desde el siglo XVI a.C., Egipto había construido en toda la región una serie de fuertes militares, perfectamente administrados y equipados. Nada, desde el litoral oriental del Nilo hasta el más alejado de los pueblos de Canaán, escapaba a su control. Casi dos millones de israelitas que hubieran huido por el desierto durante 40 años tendrían que haber llamado la atención de esas tropas. Sin embargo, ni una estela de la época hace referencia a esa gente. Tampoco existieron las grandes batallas mencionadas en los textos sagrados. La orgullosa Jericó, cuyos muros se desplomaron con el sonar de las trompetas de los hebreos, era entonces un pobre caserío. Tampoco existían otros sitios célebres, como Bersheba o Edom. No había ningún rey en Edom para enfrentar a los israelitas. Esos sitios existieron, pero mucho tiempo después del Exodo, mucho después de la emergencia del reino de Judá. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en su peregrinación de 40 años. Hemos sido capaces de hallar rastros de minúsculos caseríos de 40 o 50 personas. A menos que esa multitud nunca se haya detenido a dormir, comer o descansar: no existe el menor indicio de su paso por el desierto.

Ese tipo de fluctuación era muy frecuente en Medio Oriente. Los pueblos autóctonos siempre supieron operar una rápida transición de la actividad agrícola a la pastoral en función de las condiciones políticas, económicas o climáticas. En este caso, en épocas de nomadismo, esos grupos intercambiaban la carne de sus manadas por cereales con las ricas ciudades cananeas del litoral. Pero cuando éstas eran víctimas de invasiones, crisis económicas o sequías, esos pastores se veían forzados a procurarse los granos necesarios para su subsistencia y se instalaban a cultivar en las colinas. Ese proceso es el opuesto al que relata la Biblia: la emergencia de Israel fue el resultado, no la causa, del derrumbe de la cultura cananea.

Los pueblos disponen de todo tipo de medios para afirmar su etnicidad: la lengua, la religión, la indumentaria, los ritos funerarios, los tabúes alimentarios. En este caso, la cultura material no propone ningún indicio revelador en cuanto a dialectos, ritos religiosos, formas de vestirse o de enterrar a los muertos. Hay un detalle muy interesante sobre sus costumbres alimentarias: nunca, en ningún poblado israelita, fueron exhumados huesos de cerdo. En esa época, los primeros israelitas eran el único pueblo de esa región que no comía cerdo.

A la muerte de Salomón, alrededor del 933 a.C., las tribus del norte de Palestina se separaron del reino unificado de Judá y constituyeron el reino de Israel. Un reino que, contrariamente a lo que afirma la Biblia, se desarrolló rápido, económica y políticamente. Los textos sagrados nos describen las tribus del Norte como bandas de fracasados y pusilánimes, inclinados al pecado y a la idolatría. Sin embargo, la arqueología nos da buenas razones para creer que, de las dos entidades existentes, la meridional (Judá) fue siempre más pobre, menos poblada, más rústica y menos influyente. Hasta el día en que alcanzó una prosperidad espectacular. Esto se produjo después de la caída del reino nórdico de Israel, ocupado por el poderoso imperio asirio, que no sólo deportó hacia Babilonia a los israelitas, sino que además instaló a su propia gente en esas fértiles tierras.

Hacia fines del siglo VII a.C. hubo en Judá un fermento espiritual sin precedente y una intensa agitación política. Una coalición heteróclita de funcionarios de la corte sería responsable de la confección de una saga épica compuesta por una colección de relatos históricos, recuerdos, leyendas, cuentos populares, anécdotas, predicciones y poemas antiguos. Esa obra maestra de la literatura -mitad composición original, mitad adaptación de versiones anteriores- pasó por ajustes y mejoras antes de servir de fundamento espiritual a los descendientes del pueblo de Judá y a innumerables comunidades en todo el mundo.

la arqueología no ha sido capaz de encontrar pruebas del imperio que nos legó la Biblia: ni en los archivos egipcios ni en el subsuelo palestino. David, sucesor del primer rey, Saúl, probablemente existió entre 1010 y 970 a.C. Una única estela encontrada en el santuario de Tel Dan, en el norte de Palestina, menciona "la casa de David". Pero nada prueba que se haya tratado del conquistador que evocan las Escrituras, capaz de derrotar a Goliat. Es improbable que David haya sido capaz de conquistas militares a más de un día de marcha de Judá. La Jerusalén de entonces, escogida por el soberano como su capital, era un pequeño poblado, rodeado de aldeas poco habitadas. ¿Dónde el más carismático de los reyes hubiera podido reclutar los soldados y reunir el armamento necesarios para conquistar y conservar un imperio que se extendía desde el Mar Rojo, al Sur, hasta Siria, al Norte? Salomón, constructor del Templo y del palacio de Samaria, probablemente tampoco haya sido el personaje glorioso que nos legó la Biblia.

Se menciona con frecuencia a los arameos, pero no existe ningún texto de ellos hasta 1100 a. C. y solo comenzaron a dominar las fronteras septentrionales de Israel después del siglo IX.[60]
  • El texto describe el origen temprano del reino de Edom, pero registros asirios muestran que Edom sólo apareció como Estado después de que la zona fuera conquistada por Asiria. Antes de esa época no tenía reyes ni un Estado propiamente dicho y la evidencia arqueológica muestra que el territorio estaba escasamente poblado.[61]
  • La historia de José se refiere a comerciantes que andaban en camellos y que llevaban «goma arábiga, bálsamo y mirra», un evento poco probable para el primer milenio, pero muy común en los siglos VIII a VII a. C., cuando la hegemonía asiria posibilitó que este comercio floreciese.[62]
  • La tierra de Gosén tiene un nombre que proviene de un grupo árabe que solo llegó a dominar en el Delta del Nilo en los siglos VI y V a.C.[63]
  • El Faraón egipcio está descrito como temeroso de la invasión del este, cuando el territorio de Egipto se había extendido a las partes del norte de Canaán, siendo el norte su amenaza principal por consiguiente, hasta el siglo VII a. C.[64]

El libro comenta que esto concuerda con la hipótesis documental, en la que la crítica textual argumenta que la mayoría de los primeros cinco libros bíblicos fueron escritos entre los siglos IX y VIII a. C.[65]​ Aunque los resultados arqueológicos y los registros asirios sugieren que el Reino de Israel era el mayor de los dos, es el Reino de Judá al que se le otorga mayor preeminencia en el Génesis, cuyas narrativas se concentran en Abraham, Jerusalén, Judá (el Patriarca) y Hebrón, más que en los caracteres y lugares del Reino del Norte (Israel); la Biblia Desenterrada explica esta preeminencia de la Tradición yahvista como un intento de aprovecharse de la oportunidad brindada por la destrucción de Israel en el 720 a. C., para describir a los israelitas como un solo pueblo, con Judá habiendo tenido (siempre) la primacía.[66]

El pentateuco fue concebido 15 siglos despues de lo estipulado en tradiciones biblicas con el fin de unificar los dos reinos israelies (Juda e Israel).El objetivo fue religioso. Los dirigentes de Jerusalén lanzaron un anatema contra la más mínima expresión de veneración de deidades extranjeras, acusadas de ser el origen de los infortunios que padecía el pueblo judío. Pusieron en marcha una campaña de purificación religiosa, ordenando la destrucción de los santuarios locales. A partir de ese momento, el templo que dominaba Jerusalén debía ser reconocido como único sitio de culto legítimo por el conjunto del pueblo de Israel. El monoteísmo moderno nació de esa innovación.http://www.lanacion.com.ar/775002-el-exodo-no-existio-afirma-el-arqueologo-israel-finkelstein

En vez de que los israelitas, después del Éxodo, hayan conquistado Canaán (como está sugerido en el libro de Josué), en realidad la mayoría de ellos ya estaba ahí desde hacía tiempo; los israelitas eran simplemente canaanitas que desarrollaron una nueva cultura.[67]​ Reportes recientes sobre patrones de asentamientos prolongados en los centros israelitas no muestran signos de invasiones violentas o aún de infiltraciones pacíficas, sino más bien una transformación demográfica hacia 1200 a. C. en el que aparecen aldeas en lugares previamente despoblados;[68]​ estos asentamientos tienen una apariencia similar a los campos beduinos actuales, sugiriendo que los habitantes fueron, en alguna ocasión, pastores nómadas, impulsados hacia la agricultura en la Edad de bronce tardía por el colapso de la 'cultura de ciudad' Cananita.[69]

Hay restos de, alguna vez, grandes ciudades en Megido, Jasor y Gézer, con evidencias arqueológicas mostrando que sufrieron una violenta destrucción.[70]​ Esta destrucción antes atribuida a las campañas de Shishak en el siglo X a.C., ciudades entonces atribuidas a David y Salomón como prueba del relato de la Biblia acerca de ellas,[71]​ pero los estratos de destrucción desde entonces han sido refechados a la campaña, de fines del siglo IX a. C., de Hazael y las ciudades a los tiempos de los reyes omrida.[71]

La Estela de Tel Dan, la Estela de Mesha, el Obelisco Negro de Salmanasar, y evidencias directas de excavaciones, juntas muestran un cuadro de los reyes omridas rigiendo un imperio rico, poderoso y cosmopolita, extendiéndose desde Damasco hasta Moab,[72]​ y erigiendo unas de las más grandes y más bellas construcciones de Israel de la Edad de Hierro;[73]​ en contraste, la Biblia solo observa que los omridas 'se casaban con mujeres extranjeras' (presumiblemente para hacer alianzas) y conservar la religión Cananita, ambas cosas que considera como malvadas.[74]The Bible Unearthed concluye que los escritores de la Biblia deliberadamente inventaron el imperio, el poder y la riqueza de Saul, David y Salomón, apropiándose de las hazañas y éxitos de los Omridas, de manera que pudieran denigrar a los omridas y oscurecer sus realizaciones, ya que estos reyes sostenían un punto de vista religioso que era anatema para los editores de la Biblia.[75]

El término hebreo en el contexto contemporáneoEditar

El término es frecuentemente empleado como sinónimo de judío e israelita. En Israel, por ejemplo, la principal institución académica lleva por nombre "Universidad Hebrea de Jerusalén" (fundada en 1925).

A raíz de las matanzas de comunidades judías enteras que fueron perpetradas en Polonia entre 1939 y 1945, Gabriela Mistral escribió un poema titulado "Al pueblo hebreo", evocando en él su terrible condición, particularmente en el tercer verso:

Con tus gemidos se loa arrullado el mundo,
y juega con las hebras de tu llanto.
Los surcos de tu rostro, que amo tanto,
son cual llagas de sierra de profundos.
[76]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Éxodo 16. Pintura preservada y exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.
  2. Ello se desprende de los textos bíblicos que, para judíos y cristianos "contienen la palabra de Dios"; dichos textos son la Torá y la Biblia. En su etimología de hebreo, el DRAE, 22.ª ed., incluye un "quizá del acadio ẖapiru[m], [acaso significando] paria". Posiblemente ello se deba a que existen algunas teorías que buscan conectar los "habiru" —a los que también se conoce como apiru— con los hebreos bíblicos. Sin embargo, lo cierto es tales intentos de relacionar al grupo de los apiru (Habiru) con el gentilicio "ivrim" carecen por el momento de pruebas concluyentes para sustentar tamaña idea. Escritos tales como los de Juan de la Torre Suárez no solo son incompatibles con el texto bíblico sino que además proclaman abiertamente su propia "egiptomanía". Rainey explica que la supuesta relación entre habiru y los hebreos no es más que una expresión de deseo. Véase Anson F. Rainey, Unruly Elements in Late Bronze Canaanite Society, en Pomegranates and Golden Bells, ed. David Pearson Wright, David Noel Freedman, Avi Hurvitz, Eisenbrauns, 1995, p. 483. Para una discusión, ver O. Loretz, Habiru-Hebräer, Berlín, 1984; N. Na'aman, "Habiru and Hebrews: The Transfer of a Social Term to the Literary Sphere", JNES, 45, 1986, pp. 271-88; y A.F. Rainey, Habiru-Hebräer, 1987. "Habiru" no designa ninguna agrupación étnica y es un término empleado en la Antigüedad para referirse tanto a grupos semitas como para otros que no lo son: "la conexión [entre habiru y los hebreos], si es que hay alguna, permanece oscura" (J.D. Douglas, The Zondervan Illustrated Bible Dictionary, 2011, p. 557). Por otra parte, el sentido dado a "hapiru" en la etimología propuesta por el DRAE carece de referencia o sustento científico y por ello no es más que una hipótesis. Inesperadamente, el Diccionario acadio-españolara el [http://lacasaeuropa.blogspot.com.br/2010/08/diccionario-sumerio-acadio-d.html Diccionario sumerio-acadio de Casa Europa (ambos accedidos 12 de julio de 2013).
  3. Imagen incluida en la edición alemana de Los Libros de la Biblia.
  4. Génesis 12:1-3.
  5. Hebrews, Jewish Encyclopedia, versión sin editar 1906; accedida 17 de julio de 2013
  6. "Hebrew (people)", Encyclopædia Britannica, 2008, Encyclopædia Britannica Online, accedida 20 de diciembre de 2008 y 17 de julio de 2013: "Hebrew, any member of an ancient northern Semitic people that were the ancestors of the Jews. Biblical scholars use the term Hebrews to designate the descendants of the patriarchs of the Hebrew Bible (Old Testament)—i.e., Abraham, Isaac, and Jacob (also called Israel [Genesis 33:28])—from that period until their conquest of Canaan (Palestine) in the late 2nd millennium bce. Thenceforth these people are referred to as Israelites until their return from the Babylonian Exile in the late 6th century bce, from which time on they became known as Jews."
  7. Hebrews, thefreedictionary.com, accedido 17 de julio de 2013
  8. Aarón Alboukrek y Gloria Fuentes Sáenz, Diccionario de sinónimos y antónimos, Larousse-La Nación, 2005, p. 139: "hebreo"
  9. «Génesis 15:5, Biblia Paralela, accedida 18 de julio de 2013». 
  10. Josy Eisenberg, Histoire des Juifs, París, 1970, primera parte. Pero Shlomo Sand propone el empleo el término "mito-historia" (Comment le peuple juif fut inventé?, 2011). El problema es que el prisma a través del cual Sand observa aquello que él denominamito-historia poco y nada tiene que ver con la historia en sí misma sino con su propia agenda personal que es político-ideológica. Es indudable que el mito juega en el caso del origen de los hebreos un papel tan importante como que el que juega en el caso del origen de cualquier otro pueblo y en lo que concierne a su propia identidad. Acerca de las primeras civilizaciones del Creciente Fértil, véase el Atlas of World History, Londres, 2004, pp. 26-27, 30-31.
  11. Para el judaísmo, por ejemplo, la tradición oral es sagrada y continúa viva incluso en la actualidad. Al menos en teoría, la tradición oral es tan sagrada para esa religión como lo es el texto escrito de la Torá.
  12. Acerca de las transformaciones del hebreo escrito en la literatura religiosa, véase María Martha Fernández, "Hebreo", Transoxiana, 2005
  13. Por ello no es una fuente fiable de sucesos ocurridos en la vida real sino en realidad una recopilacion de cuentos y leyendas propias de culturas posteriores. Aquello que Clive Lawton, judío ortodoxo, explica acerca de los Evangelios es también aplicable a todos los textos bíblicos como su conjunto: "el punto [fundamental del texto bíblico] no es la precisión histórica, sino el ser un comentario didáctico e incluso [a veces hasta] polémico de la historia"; Jesus through Jewish Eyes, BBC, 23 de junio de 2009 (accedido 21 de julio de 2013). A través de ese artículo títulado "Jesús visto por ojos judíos", Lawton reconoce además que la estructura de pensamiento de los cuatro Evangelistas le resulta verdaderamente familiar, dado que ella, según él, presenta varios puntos en común con las escuelas de pensamiento hebreo (a las que él conoce perfectamente).
  14. H.W.F. Saggs, "Le monde juif d'avant l'Exil" (1979), en: Le monde du judaïsme, ed. E. Kedourie, París, 2003, pp. 37ff.
  15. Tradición escrita: documentos históricos
  16. Cuando era joven y vivía aún en Caldea, Abraham en cierto día destruyó los todos ídolos de barro de la tienda que poseía su padre en Ur Kasdim; todos menos uno. Su padre no había estado presente durante la destrucción de los ídolos y, al regresar a la tienda, le preguntó a Abraham que había sucedido. Abraham, sin inquietarse, le respondió que súbitamente hubo una lucha feroz entre los ídolos y que el figurín que aún permanecía entero en la tienda de hecho era el que había ganado esa terrible lucha. Proveniente de la tradición oral, este episodio aniconista se encuentra hoy registrado tanto en el Midrash (Midrash Bereishit Rabbah 38:13) como en el Corán (Qur'an 21:51-70). Para el punto de vista hebreo, véase Shraga Simmons, Abraham breaking Idols, Ask the Rabbi en About.com, consultado 15 de enero de 2012. Para un estudio de la relación que exsiste entre las fuentes hebreas e islámicas, véase M.S.M. Saifullah, The Story of Abraham and [the] Idols in the Qur'an and Midrash Genesis Rabbah, Islamic Awareness, 2002-6, consultado 15 de enero de 2012. El episodio narrado tendrá más tarde influencia en la iconoclasia de David y de Mahoma respecto a la idolatría pagana. Ello puede obsevarse en ejemplos tales como La lucha de las tropas de David contra los filisteos y destrucción de los ídolos de estos últimos en Baal-Perazim y Asa quema los ídolos paganos (Rudolf von Ems, Weltchronik, Praga, siglo XIV, folios 265r. y 325r.; Landesbibliothek, Fulda), además de La entrada de Mahoma a Meca acompañada de la destrucción de los ídolos paganos, donde el profeta islámico es retratado como una llama de fuego (Bâzil, Hamla-i haydarî, Cashemira, 1808; Biblioteca Nacional de Francia, París).
  17. Para una discusión acerca de Yahvé, sus atributos y el tetragrámaton, véase Yahveh.
  18. Escrito está en la Biblia:

    Dios le dijo a Abraham:
    —Éste es el pacto que establezco contigo: Tú serás el padre de una multitud de naciones. Ya no te llamarás Abram, sino que de ahora en adelante tu nombre será Abraham, porque te he confirmado como padre de una multitud de naciones. Te haré tan fecundo que de ti saldrán reyes y naciones. Estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia, como pacto perpetuo, por todas las generaciones. Yo seré tu Dios, y el Dios de tus descendientes. A ti y a tu descendencia les daré, en posesión perpetua, toda la tierra de Canaán, donde ahora andan peregrinando. Y yo seré su Dios.
    Dios también le dijo a Abraham:
    —Cumple con mi pacto, tú y toda tu descendencia, por todas las generaciones. Y éste es el pacto que establezco contigo y con tu descendencia, y que todos deberán cumplir: Todos los varones entre ustedes deberán ser circuncidados.



    Génesis 17, 4-10
  19. Como tradición ritual, la circuncisión es incluso hoy practicada tanto por judíos como por musulmanes, grupos que se perciben a sí mismos como descendientes directos del primer patriarca postdiluviano y son, a raíz de ello, los herederos y continuadores del Convenio Abrahámico.
  20. Siguiendo la tradición abrahámica y también la ley mosaica, Jesús de Nazareth fue circuncidado a los ocho días de nacer (Lucas 2:21). El hecho, que establece el linaje de Jesús y lo identifica como descendiente de Abraham, ha sido representado por numerosos artistas europeos.
  21. En el caso del judaísmo la fuente principal es la Torá (Biblia hebraica); el cristianismo posee su sustento profético en dicha fuente, denominándola Antiguo Testamento.
  22. Respecto al día de descanso y basados en las tradiciones hebreas, el judaísmo celebrará el shabat desde la aparición de la primera estrella el día viernes hasta su reaparición al día siguiente; el cristianismo tomará el día domingo como día de descanso.
  23. Manuscrito hebreo-catalán presevado y exhibido en la British Library de Londres (BL Add MS 14761).
  24. Para una posible interpretación de la relación entre texto e imagen en este manuscrito, véase Marc Michael Epstein, The Medieval Haggadah: Art, Narrative & Religious Imagination, New Haven and London: Yale University Press, 2011; y Richard McBee, "Bird’s Head Haggadah Revealed", The Jewish Press, 29 de marzo de 2012 (consultado 21 de noviembre de 2014).
  25. El título original de la obra de Roberts fue concebido en inglés: "The Israelites leaving Egypt". En la lengua anglosajona, to leave significa "irse" (Arturo Cuyás, Nuevo Diccionario Cuyás de Appleton, Englewood Cliffs: Prentice-Hall, 1972, p. 333, III: "leave").
  26. En este manuscrito, las figuras con cabeza de ave también bendicen el vino, se lavan las manos antes de comer vegetales y recitan poemas litúrgicos llamados en hebreo paytanim (Elie Kedourie, Le monde du judaïsme, Londres y París: Thames & Hudson, 2003, pp. 117-118, 259).
  27. Parte considerable del pueblo israelita celebra el quadrúpedo ídolo, mientras a la distancia, Moisés desciende del monte con las Tablas de la Ley. Pintura preservada y exhibida en la National Gallery de Londres: The Adoration of the Golden Calf.
  28. Imagen diseñada por Asher Kalderón.
  29. Diseñada por Asher Kalderón.
  30. Representado en el Altar de Isenheim (Museo de Unterlinden, Colmar); este profeta se halla dentro del marco de la Anunciación; posiblemente se trate del profeta Isaías (740-700 a.E.C.).
  31. Cuadro preservado en Bob Jones University Museum & Gallery, Greenville, Carolina del Sur, Estados Unidos.
  32. «יְחִ֥י רְאוּבֵ֖ן». 
  33. «יַ֖חַד שִׁבְטֵ֥י יִשְׂרָאֵֽל». 
  34. «יוֹר֤וּ מִשְׁפָּטֶ֙יךָ֙ לְיַעֲקֹ֔ב וְתוֹרָתְךָ֖ לְיִשְׂרָאֵ֑ל». 
  35. «גּ֤וּר אַרְיֵה֙ יְהוּדָ֔ה». 
  36. «דָּ֖ן יָדִ֣ין עַמּ֑וֹ». 
  37. «נַפְתָּלִ֖י אַיָּלָ֣ה שְׁלֻחָ֑ה». 
  38. «גָּ֖ד גְּד֣וּד יְגוּדֶ֑נּוּ». 
  39. מֵאָשֵׁ֖ר שְׁמֵנָ֣ה לַחְמ֑וֹ. Nótese que este verso ha sido generalmente mal traducido al español, donde a veces se emplea "alimento", cosa que es exégesis, ya que en el texto bíblico figura "לַחְמ֑וֹ" (el pan [de Aser]); semejante es el caso de "שְׁמֵנָ֣ה", al que se suele traducir literalmente en las versiones españolas primigenias como 'grueso', cuando en realidad el sentido de ese vocablo hebreo alude al hecho de que el pan de Asher será sustancioso, sugiriéndose así que será además nutritivo. En las mencionadas traducciones hispanas, el reemplazo de "pan" por "alimento" suprime la culminación poética del verso en cuestión, dado que el texto bíblico original contrapuntea "pan" con "manjares"; en efecto, según el texto bíblico original: « מֵאָשֵׁ֖ר שְׁמֵנָ֣ה לַחְמ֑וֹ וְה֥וּא יִתֵּ֖ן מַֽעֲדַנֵּי־מֶֽלֶךְ » (Génesis 49:20), texto que puede traducirse en castellano como « El pan de Aser será sustancioso; dará manjares de rey. » (dado que "מַֽעֲדַנֵּי־מֶֽלֶךְ" tampoco significa que Aser se los dará a rey ninguno, sino que los manjares en cuestión son, ellos mismos, dignos de un rey).
  40. וּמִבְּנֵ֣י יִשָּׂשכָ֗ר יוֹדְעֵ֤י בִינָה֙ לַֽעִתִּ֔ים; nótese que en la Biblia hebraica, el verso en cuestión figura como 1 Crónicas 12:33.
  41. וְהוּא֙ לְח֣וֹף אֳנִיּ֔וֹת. El texto completo de este verso es "Zabulón habitará a la orilla del mar; y él será puerto para naves" (Nueva Biblia de los Hispanos; Biblia de las Américas).
  42. «מְבֹרֶ֥כֶת יְהֹוָ֖ה אַרְצ֑וֹ». 
  43. בַּבֹּ֖קֶר יֹ֣אכַל עַ֑ד.
  44. En marcado contraste a toda posible mímesis o imitación de la apariencia de la naturaleza o de cualquier aspecto material del mundo visible.
  45. Jewish Art, Tel Aviv: Massada, 1961, cols. 93-95.
  46. «הַֽ֝לְל֗וּהוּ בְּנֵ֣בֶל». 
  47. Versión original del Tanaj hebreo se refiere específicamente al shofar (שופר) y no a trompeta (חצוצרה) ninguna: "תִּקְע֣וּ בַחֹ֣דֶשׁ שֹׁופָ֑ר בַּ֝כֵּ֗סֶה לְיֹ֣ום חַגֵּֽנוּ". La traducción inglesa de la Biblia recurre a la expresión Sound the ram's horn (Haced sonar cuernos de cordero), resultando tal traducción mucho más cercana al texto original hebreo en relación a la española convencional que emplea una expresión incorrecta y que se presta a equívocos: "Tocad la trompeta", cuyo sonido nada tiene que ver con la gravedad propia del shofar (al que los judíos practicantes siguen aún haciendo sonar cuando el Yom Kipur). Nótese además que el texto de Salmos 81:4 del Tanaj figura en la versión cristiana de Biblia como Salmos 81:3.
  48. Conocido en hebreo como מנענעים—'sacudidor'; antiguo instrumento musical de percusión de aspecto similar a un sonajero pero con el cuerpo de metal, en forma de pala o de herradura y atravesado por una serie de varillas metálicas curvadas en su extremo; se tocaba agitándolo con una mano, con lo que las varillas, deslizándose lateralmente, chocaban con el cuerpo metálico y producían así el sonido.
  49. וְדָוִ֣ד וְכָל־ בֵּ֣ית יִשְׂרָאֵ֗ל מְשַֽׂחֲקִים֙ ... וּבִמְנַֽעַנְעִ֖ים וּֽבְצֶלְצֶלִֽים.
  50. Los hebreos desarrollaron siete tipos diferentes de liras e instrumentos musicales de cuerda punteada (Dubnow, Manual de la Historia Judía, Buenos Aires: Sigal, 1977, p. 151).
  51. הַֽ֭לְלוּהוּ בְּתֵ֣קַע שׁוֹפָ֑ר הַֽ֝לְל֗וּהוּ בְּנֵ֣בֶל וְכִנּֽוֹר.
  52. וּבְי֨וֹם שִׂמְחַתְכֶ֥ם וּֽבְמוֹעֲדֵיכֶם֮ וּבְרָאשֵׁ֣י חָדְשֵׁיכֶם֒ וּתְקַעְתֶּ֣ם בַּחֲצֹֽצְרֹ֗ת.
  53. «הַֽ֭לְלוּהוּ בְתֹ֣ף וּמָח֑וֹל ; הַֽלְל֥וּהוּ בְצִלְצְלֵי־שָׁ֑מַע». 
  54. «וְשִׂמְחַ֣ת לֵבָ֗ב כַּֽהוֹלֵךְ֙ בֶּֽחָלִ֔יל». 
  55. Preservado en la British Library, Londres.
  56. La obra es alternativamente conocida como « Esther y Mordecai escriben las cartas a los judíos » (Jorge Glusberg, Obras maestras del Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires: MNBA, 1996, p. 38). Fuente de inspiración: "Escribió Mardoqueo [...] y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y distantes, ordenándoles que celebraran el día decimocuarto del mes de Adar, y el decimoquinto del mismo mes, de cada año, como días en que los judíos estuvieron en paz con sus enemigos, y como el mes en que la tristeza se trocó en alegría, y el luto en festividad; que los convirtieran en días de banquete y de gozo, en día de enviar regalos cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres" (Ester 9:20-22).
  57. Colección Hirsch, Argentina; óleo preservado y exhibido en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires. Donación de Mario Hirsch (Glusberg, Obras maestras del Museo Nacional de Bellas Artes, p. 38). La información provista por el MNBA indica que Aert de Gelder trató en diversas ocasiones la historia de Ester, siendo ella popular en Holanda durante el siglo XVII, dado que el pueblo holandés parangonaba en ese entonces su propia lucha contra el yugo español con aquella que los judíos de la Antigüedad libraban contra sus enemigos. El Libro de Ester narra cómo una joven judía intercedió ante el rey persa Asuero (Jerjes) a fin de evitar la masacre de su pueblo, decreatada por Aman, quien era enemigo de los judíos. La masacre estaba prevista para un día "tirado a suertes". Mas la intervención de Ester contribuyó al triunfo de los judíos y a partir de ello se estableció la fiesta de Purim, nombre que deriva del persa p[u]r [Libro de Ester: "fue hechada Pur, esto es, la suerte"; Ester 3:7] y que significa "echar suertes". El tema era considerado ejemplificador y a su vez celebratorio del triunfo holandés respecto a su enemigo de entonces, España (Á.M. Navarro y A. Lo Russo; Texto obra MNBA 8643, consultado y adaptado 5 de agosto de 2014). Sin dar referencia ninguna, el sitio del MNBA determina que "Purim" es un "nombre que se deriva del sánscrito par o del persa por" (Obra MNBA 8643, consultado 5 de agosto de 2014); pero ello no es del todo exacto: Purim es ante todo un término del idioma hebreo, cuyo singular es Pur (פור), y que en dicha lengua, tanto la histórica como la moderna, es identificado con ha-goral, vocablo que es entendido en este caso como "la suerte" (פורים); el término es empleado en hebreo desde el siglo V a.C. (siendo identificados a partir de la cronología de los reyes de Persia, y a través de Jerjes I en particular, Ester y Mardoqueo pertenecen al siglo V a.C.; "Ahasuerus", Jewish Encyclopedia, Nueva York, 1906; Robert J. Littman, "The Religious Policy of Xerxes and the Book of Esther", The Jewish Quarterly Review, 65/3, enero de 1975, pp. 145-148; Simón Dubnow, Historia Judía, Buenos Aires: Sigal, 1977, capítulo XIV; "Ahasuerus", Chabad, accedido 11 de agosto de 2014; siendo muy posible que el término hebreo provenga a su vez del persa Pur (Agencia Judía: Purim); Ernest Klein sugiere que el término Purim proviene del acadio puru y este a su vez del sumerio bur (A Comprehensive Etymological Dictionary of the English Language, Ámsterdam: Elsevier Scientific Publishing Co., 1971; Douglas Harper, "Purim", Online Etymology Dictionary, 2001-2014). Tanto el Webster's Revised Unabridged Dictionary como el Chambers's Twentieth Century Dictionary indican que la etimología de Purim es hebrea (Fine Dictionary: Purim). Con todo, ninguna de las fuentes consultadas sugiere un posible origen sánscrito para el término en cuestión. Consulta realizada 5 de agosto de 2014.
  58. París, Bibliothèque nationale de France, Jean Fouquet, peintre et enlumineur du XVe siècle, 2003.
  59. [1],.
  60. The Bible Unearthed, p. 39.
  61. The Bible Unearthed, p. 40.
  62. The Bible Unearthed, p. 37.
  63. The Bible Unearthed, p. 66–67.
  64. The Bible Unearthed, p. 67.
  65. The Bible Unearthed, p. 36.
  66. The Bible Unearthed, p. 45.
  67. The Bible Unearthed, p. 118.
  68. The Bible Unearthed, p. 107.
  69. The Bible Unearthed, p. 111-113.
  70. The Bible Unearthed, p. 135–139
  71. a b The Bible Unearthed, p. 141–142
  72. The Bible Unearthed, p. 178–180.
  73. The Bible Unearthed, p. 182.
  74. The Bible Unearthed, p. 194.
  75. The Bible Unearthed, p. 194–195
  76. Gabriela Mistral, Poema "Al Pueblo Hebreo (Matanzas en Polonia)", Desolación (Instituto de las Españas en los Estados Unidos, Nueva York), 2.ª ed., Santiago de Chile: Editorial del Pacífico, 2.ª ed. 1957. Obras selectas II. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Observaciones sobre la autora y su poema por Gil Sinay. Ambos documentos accedidos 22 de julio de 2013.

BibliografíaEditar

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