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Ramón Pelayo de la Torriente

empresario e indiano español

Ramón Pelayo de la Torriente (Valdecilla, 24 de octubre de 1850-ibídem, 26 de marzo de 1932), I Marqués de Valdecilla, fue un empresario e indiano español.

Ramón Pelayo de la Torriente
i marqués de Valdecilla
Marqués de Valdecilla.png
Fotografiado en 1929
Información personal
Nacimiento 24 de octubre de 1850
Valdecilla, Bandera de España España
Fallecimiento 26 de marzo de 1932
Valdecilla, Bandera de España España

BiografíaEditar

Ramón Pelayo nació el 24 de octubre de 1850 en la localidad de Valdecilla, del municipio de Medio Cudeyo, perteneciente a la provincia de Santander. Hijo de modestos comerciantes, marchó a Cuba en el año 1864. Trabajó en el comercio de Cienfuegos y como propietario de un pequeño "abarrote" en Matanzas, donde puso la primera piedra de su fortuna. Inquieto por aprender, marcha a Estados Unidos en plena revolución industrial quedando profundamente impresionado del progreso tecnológico de la industria del país. Vuelve en 1892 con las ideas renovadas y en Aguacate compra el ingenio "Rosario" y lo transforma hasta convertirlo en una de las explotaciones más avanzadas tecnológicamente de la isla. Allí levanta una planta azucarera en la que emplea a 8000 obreros, contando incluso con ferrocarril propio, y construyendo viviendas y escuelas para sus obreros.

En estos años ocurre un hecho significativo en el destino del ajedrecista José Raúl Capablanca. Por aquel entonces Ramón Pelayo, uno de los hombres más influyentes de Aguacate entabla amistad con los padres de aquel. Ve el potencial que ofrece el chico, en esos días un reputado niño prodigio, y propone a aquellos financiar su educación en EE.UU.[1]

Pelayo no era ajeno a la práctica del ajedrez en Cuba, o al menos no a su figura más renombrada, porque conocía a Celso Golmayo, quien estaba casado con una pariente de Pelayo, Carmelina de la Torriente y Ceballos. Ambos hombres también habían estado afiliados al Partido de la Unión Constitucional conservadora.[1]

El acuerdo entre Pelayo y los padres de Capablanca sería simple: el primero financiaría los estudios de José Raúl en los Estados Unidos en la carrera de ingeniería química en la Universidad de Columbia y, una vez que se graduase, el joven se haría cargo de la parte industrial del negocio azucarero de su mecenas. Pero a Capablanca los estudios no le interesaba lo más mínimo y si viajo a EE.UU. en 1904 fue solo por la presión de sus padres.[2]​ Allí daría a conocer al mundo sus extraordinarias facultades para el ajedrez.[1]

Apodado el montañés, Pelayo tenía fama de ser terco y las realidades de la vida terminaron destruyendo este acuerdo, ya que se enfrentaban entre sí dos personalidades opuestas. Por un lado, un joven con talento, pero indiferente cuando no había nadie a su lado que lo guiara y lo ayudara a concentrarse; en el otro lado, un hombre diligente que no perdonaba el incumplimiento. [1]

Durante la Guerra de Independencia cubana la residencia Ramón Pelayo se convierte en cuartel de las tropas españolas y hospital de sangre. Como otros muchos españoles, no permanece en Cuba tras la independencia y en 1920 regresa a España, donde se dedica a los negocios.

En 1916 se le concedió el marquesado de Valdecilla, y en 1927 fue Grande de España, así como Hijo Preclaro y Predilecto de Medio Cudeyo. Las obras de este indiano en Cantabria y fuera de ella son innumerables, pero hay que señalar algunas: Escuelas de Medio Cudeyo, Ayuntamiento, Juzgado, Casa Cuartel, iglesia de Valdecilla. Ramón Pelayo dio un millón de pesetas para la construcción de la Universidad Central y 110 000 para el Palacio de la Magdalena. La relación sería interminable, pero cabe destacar su mayor obra, el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, inaugurado en 1929 y construido según las más avanzadas ideas de arquitectura hospitalaria de aquel momento.[3]

 
Lápida conmemorativa ubicada en la calle del Noviciado de Madrid, inaugurada el 10 de octubre de 1928 con asistencia de Miguel Primo de Rivera.[4]

La escritora cántabra Concha Espina, en un artículo publicado el 2 de abril de 1927 en el diario madrileño La Libertad, aunque escrito en marzo de ese mismo año, cuenta como gracias a las importantes cantidades económicas que invirtió en su tierra, se le había adjudicado en la entonces denominada Provincia de Santander de forma afectuosa el título de Duque de Cantabria:

Dicen que una vez a Cantabria la gobernó un duque. (...) Revive hoy en nosotros con fuerte obstinación la memoria de aquella jerarquía. Duque de Cantabria decimos, y nos suena muy bien, no a la frase y hueca redonda, sino a recio poderío, saturado por la braveza del mar y del monte, a rehabilitación señorial, ancha y robusta, hincada en la Historia, con masteleros navegantes, con surcos fértiles, camino de las Américas. Es que nos sugestiona la imagen actual de un hombre a quién instintivamente se ha llamado en nuestro país Duque de Cantabria. (...) Este montañés, Duque de Cantabria por aclamación sentimental de un pueblo y por derecho de tributos económicos, tiene cerca de sí la mano blanca de una musa que coincide siempre con el ademán extendido de millonario.

Concha Espina[5]

Ramón Pelayo moriría en su localidad natal, Valdecilla, el 26 de marzo de 1932.

ReferenciasEditar

  1. a b c d Sánchez, Miguel A. José Raul Capablanca: A Chess Biography (en inglés). MCFARLAND & CO INC. ISBN 978-0786470044. 
  2. http://www.habanaradio.cu/articulos/jose-raul-capablanca-anecdotas-de-un-genio/
  3. «Reseña histórica HUMV». Servicio Cántabro de Salud. Consultado el 13 de mayo de 2019. 
  4. «Ramon Pelayo (Ref.: 8192)». Monumentamadrid. 
  5. http://hemerotecadigital.bne.es/details.vm?q=id:0002873249&lang=es