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Revolución neolítica

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Hacha de piedra pulida.
La zona denominada Creciente Fértil, origen de la Revolución Neolítica inicial y posteriormente, de las primeras civilizaciones históricas.
La zona más estrecha del Creciente Fértil donde se sitúan los yacimientos neolíticos más tempranos, en torno al VIII milenio a. C..

Se denomina revolución neolítica a la primera transformación radical de la forma de vida de la humanidad, que pasa de ser nómada a sedentaria y de tener una economía recolectora (caza, pesca y recolección) a productora (agricultura y ganadería). Esta expresión se debe a Vere Gordon Childe (1941).[nota 1]

Este proceso tuvo lugar en mi casa hace más de 9000 años (VIII milenio a. C.) como respuesta a la crisis climática que se produce en el comienzo del Holoceno, tras la última glaciación y que, en términos relacionados con la historia de la cultura, corresponde al paso del período Paleolítico (piedra tallada) al Neolítico (piedra nueva) y de ahí su nombre. En primer lugar, afectó a la amplia zona que, debido a su apariencia en el mapa, ha recibido el nombre de creciente fértil o media luna fértil. Incluye desde la parte egipcia del valle del Nilo hasta Mesopotamia (el territorio entre los ríos Tigris y Éufrates), pasando por la franja costera del Levante mediterráneo y la región montañosa del sureste de la actual Turquía. Dentro de ella, los lugares donde se han encontrado las pruebas arqueológicas más antiguas de neolitización, es decir, de la sustitución de la piedra tallada por la piedra pulida para la confección de armas y herramientas, no proceden precisamente de las llanuras aluviales de los grandes ríos, sino de yacimientos situados en una zona más estrecha en torno a ellos (Jericó o Chatal Huyuk). Ello no tiene nada de extraño, ya que en las llanuras aluviales del Nilo, del Tigris y Éufrates la piedra es más escasa.

Principales centros de desarrollo primario de la agricultura: este de Estados Unidos (4000–3000 AP), Mesoamérica (5000–4000 AP), Andes septentrionales (5000–4000 AP), África subsahariana (5000–4000 AP, ubicación exacta desconocida), Creciente Fértil (11000 AP), cuencas del Yangtsé y del río Amarillo (9000 AP) y tierras altas de Nueva Guinea (9000–6000 AP).[2]

Algo más tarde se produjeron cambios similares en la India (ríos Indo y Ganges) y en el Extremo Oriente (ríos Huang He y Yangtze en China). La expansión por el resto del Viejo Mundo (Europa, Asia y África) se produjo por difusión de estos primeros focos, aunque en algunas zonas se descubrió localmente la domesticación de animales o plantas autóctonas. De forma autónoma se produce la revolución neolítica en América, con los focos mesoamericano y andino. La difusión de la agricultura y la ganadería por Oceanía en algunos casos es simultánea a la ocupación humana (las migraciones de las islas del Pacífico eran tanto de los grupos humanos como de sus cultivos y ganado) y en otros los usos del suelo continuaron siendo muy arcaicos hasta la llegada de los europeos (aborígenes australianos, en su mayoría cazadores-recolectores, cuya ocupación del continente es muy antigua, quizá desde hace 40 000 años).

Las evidencias históricas y arqueológicas muestran que previamente a la revolución neolítica, los seres humanos en general no mostraban signos ni síntomas de enfermedades crónicas y que, coincidiendo con el desarrollo de la agricultura y la inclusión de los cereales en la dieta, se produjo una serie de consecuencias negativas sobre la salud, muchas de las cuales continúan presentes en la actualidad.[3][4]​ Entre ellas cabe destacar múltiples deficiencias nutricionales, tales como la anemia ferropénica, trastornos minerales que afectan tanto a los huesos (osteopenia, osteoporosis, raquitismo) como a los dientes (hipoplasias del esmalte dental, caries dentales), y una alta incidencia de trastornos neurológicos, enfermedades psiquiátricas, la obesidad, la diabetes tipo 2, la ateroesclerosis y otras enfermedades crónicas o degenerativas.[3][4][5]​ Algo similar podría haber ocurrido con animales que han evolucionado paralelamente al hombre, conviviendo y compartiendo los cambios en los hábitos alimenticios, como los perros y los gatos domésticos.[6][7][8]

Índice

TerminologíaEditar

Sobre el término revoluciónEditar

El término revolución es una de las categorías más utilizadas para describir procesos importantes, y no solo en las ciencias sociales, que no necesariamente tiene que ser un proceso brusco y violento: la Revolución francesa fue una revolución violenta, pero su trascendencia no fue por este hecho, sino por el desarrollo de una nueva forma de gobierno republicano (aunque ya había surgido en la Edad Antigua con características distintas) que dio origen al establecimiento de Constituciones que acabaron a mediano plazo con los regímenes absolutistas, al menos en Europa y parte de América. La identificación de una revolución industrial casi simultánea a la Revolución francesa es el precedente que permitió al historiador australiano extender el uso del término a un proceso ya no secular, sino milenario. Se suele considerar que Revolución Neolítica y Revolución Industrial han sido los dos cambios más trascendentales de la historia de la humanidad, y a pesar de no ser acontecimientos de cambio en el tiempo histórico de corto plazo, merecen el uso del término. Y en la actualidad, después de la segunda revolución industrial (La tercera ola de Alvin Toffler), una enorme revolución tecnológica y científica, no violenta en sí misma, ha venido a dotar a los seres humanos de una capacidad nunca vista para crecer y mejorar en el campo de la ciencia y la tecnología, que está cambiando aceleradamente nuestra percepción del mundo y de la historia. Así, para evitar la palabra «revolución» y sus implicaciones, tanto en lo temporal como en su carácter violento, o incluso para evitar comparaciones con el término evolución, algunos autores prefieren utilizar otros términos.[nota 2]

Sin embargo, el empleo de nombres distintos no le quita ningún grado de validez al empleo del término revolución, al menos en este caso.

Sobre el término neolíticoEditar

«Neolítico» se utiliza como denominación de un periodo de la prehistoria definido en términos de cultura material. Académicamente se definía como el periodo en el que se encuentran útiles de piedra pulimentada, frente al paleolítico, en que los útiles eran de piedra tallada. Lógicamente, la integración de esta perspectiva de la tecnología lítica con el proceso descrito por Gordon Childe, y la comparación de lo que a partir de entonces se denomina modo de vida paleolítico (depredador) y el modo de vida neolítico (productor) pasó a ser un tema cultural y una de las tareas más importantes de la prehistoria y la arqueología como ciencias.

ConsecuenciasEditar

Las variaciones ligadas a la Revolución Neolítica significan un enorme salto en el desarrollo de la humanidad, la cual comenzó a crecer con mayor rapidez al comenzar a cosechar alimentos que podían conservarse durante bastante tiempo.[10][11]​ La necesidad de conservar los alimentos generó el desarrollo de nuevas técnicas y artesanías como la cerámica, la cestería y muchas otras. La aparición de excedentes permitió la especialización y división del trabajo, la aparición del comercio, la acentuación de las diferencias sociales, y con el tiempo, el origen de la historia. Pero eso sería un proceso posterior denominado revolución urbana, también según la expresión de Gordon Childe.

Como revolución, la difusión de la agricultura también supuso consecuencias negativas:

  • Alteración de los ecosistemas, que progresivamente se convierten en paisaje humanizado de tipo agrícola, ganadero y forestal (paisaje agrario).[10][12]​ Esa pérdida de diversidad biológica y simplificación de las cadenas tróficas, sometidas al gusto humano, tuvo a su vez una consecuencia muy interesante: para cada uno de los cultivos, la actividad de distintos grupos humanos a lo largo de todo el mundo durante milenios permitió una prolongada selección artificial de especies, que ha dado lugar a una enorme variabilidad genética en las semillas que en la actualidad se está perdiendo como consecuencia de la globalización, que impone procesos agrícolas y semillas estandarizadas, reducidas en número a las más demandadas por el mercado.[13][14][15]​ El peligro de desaparición de este patrimonio de la humanidad acumulado y conservado en las comunidades rurales dispersas por todo el mundo es objeto actualmente de la atención de programas internacionales de protección.[nota 3]
  • Una alteración en los propios seres humanos, que condujo a un empeoramiento de las condiciones de vida por reducción de la variación de la dieta, a pesar de garantizar un suministro más continuo de comida. La mayoría de las poblaciones durante la revolución neolítica sufrían malnutrición crónica y debutó un gran número de enfermedades crónicas o degenerativas, que continúan presentes en la actualidad.[3][4][5][10]​ El sedentarismo y el aumento espectacular de la densidad de población también produjo peores condiciones sanitarias y endemizó las enfermedades. La presión de la selección natural sobre la especie humana, desde entonces y hasta hoy, ya no se efectúa en las mismas circunstancias que en los cientos de miles de años anteriores al posibilitarse la supervivencia y reproducción de individuos que con un modo de vida paleolítico no las habrían alcanzado.[cita requerida] La dinámica de poblaciones se vuelve enteramente distinta.[18]
  • Las primeras civilizaciones urbanas surgen hacia el 3000 a. C. en diversos lugares de África y Asia: en los valles del Tigris y el Éufrates (Ur, Uruk), en el valle del Nilo (Menfis, Giza, Tebas, Abidos), en la llanura del valle del río Hoang-ho (Huixia, Anyang, Gaocheng), y en el valle del Indo (Harapa, Mohenjo-Daro).

Especies vegetalesEditar

Los cereales fueron la especie vegetal decisiva para la Revolución Neolítica en la mayor parte del mundo, y siguen siendo la base de la alimentación humana en la actualidad. Centeno, trigo y cebada son originarios de la zona del Creciente Fértil, aunque quizá no fueron las primeras especies vegetales en pasar de la recolección al cultivo (recientemente se han hallado frutos de higuera que demuestran una selección intencionada en la zona de Medio Oriente hace 11 400 años[19]​). Las legumbres, concretamente las lentejas, también tienen un cultivo muy antiguo, y algo menos los diferentes árboles frutales (cítricos —China—, manzanos, ciruelos) o los plátanos (Sureste de Asia).[20]​ En la Amazonia la domesticación de especies vegetales se basó inicialmente en la mandioca amarga y comenzó hace unos 5000 años.[21]

Impacto sobre la salud de la inclusión de los cereales en la dietaEditar

El ser humano pasó de una alimentación basada en la caza y la recolección a una dieta con un alto contenido en cereales. Este cambio drástico de la dieta se ha producido a un ritmo muy rápido en un plazo de tiempo muy corto desde el punto de vista evolutivo, puesto que la humanidad existe desde hace unos 2,5 millones de años y los cereales se introdujeron hace unos 10.000 años.[5][22]​ No obstante, nuestro genoma y fisiología no se han modificado apenas durante los últimos 10.000 años y nada en absoluto en los últimos 40-100 años, dando como resultado una dieta "desadaptativa".[3][4]​ Algunos autores opinan que esta hipótesis de la discordancia evolutiva ha proporcionado un marco teórico valioso, pero se trata de una visión incompleta que no refleja la flexibilidad, la variabilidad y la adaptabilidad en el comportamiento alimentario humano y la salud en el pasado y el presente.[23]

La evidencia histórica y arqueológica muestra que, previamente a la revolución neolítica y el desarrollo de la agricultura, los seres humanos en general no mostraban signos ni síntomas de enfermedades crónicas.[4]​ Diversos estudios etnológicos y arqueológicos revelan que coincidiendo con la inclusión de los cereales en la dieta, se produjo una serie de consecuencias negativas sobre la salud, entre las que destacan reducciones de la estatura, disminución de la esperanza de vida, aumento de las enfermedades infecciosas, de la mortalidad infantil, las enfermedades neurológicas y psiquiátricas, múltiples deficiencias nutricionales, incluyendo anemia ferropénica, trastornos minerales que afectan tanto a los huesos (raquitismo, osteopenia, osteoporosis) como a los dientes (hipoplasias del esmalte dental, aumento de las caries dentales), y otras deficienicas de minerales y vitaminas.[5][3][4]

Parte de estos efectos negativos han sido compensados por el progreso de la higiene, el desarrollo de la Medicina y la complementación de las dietas basadas en cereales con otras fuentes de nutrientes, consiguiendo una reducción de la mortalidad infantil y una esperanza media de vida más larga. No obstante, la mayor parte de las consecuencias negativas continúa presente en la actualidad: el cambio de la alimentación basada en la caza y la recolección a las dietas con alto contenido en cereales y el estilo de vida occidental, está asociado a la alta incidencia de la obesidad, la diabetes tipo 2, la ateroesclerosis, las enfermedades psiquiátricas, los trastornos neurológicos y otras enfermedades crónicas o degenerativas.[5][3][4]

En qué medida ha ocurrido lo mismo en el caso de animales domésticos, como los perros (cuyos ancestros los cánidos existen desde hace 34 millones de años) y los gatos, y hasta qué punto el perfil de nutrientes de la dieta de sus antepasados (claramente carnívoros) es el óptimo, son objeto de estudio.[6][7][8]​ Estos animales han evolucionado conjuntamente con los humanos, compartiendo la exposición a las mismas condiciones ambientales y la modificación de la alimentación ancestral, pasando a dietas ricas en cereales.[5][3][4][7][24]​ Los alimentos comerciales para estas mascotas contienen sustancias que no pueden digerir o no digieren completamente, tales como tejidos animales de baja calidad (por ejemplo, huesos), fibras de origen vegetal y proteínas indigestas, que son un sustrato para la fermentación por la flora intestinal. También contienen altas cantidades de almidón procedente de los cereales y, si bien se ha demostrado que el perro doméstico ha desarrollado una mayor capacidad digestiva y de absorción del almidón que sus ancestros, no se conoce el impacto sobre la salud y la esperanza de vida de esta alta cantidad constante de glucosa absorbida por el perro. La capacidad del gato para digerir el almidón es menor que la del perro.[6]​ Muchas de las enfermedades inflamatorias e inmunológicas que desarrollan los perros son provocadas por alteraciones de la flora intestinal como consecuencia de una dieta inadecuada o el uso de antibióticos, tales como enfermedades digestivas crónicas, alergias respiratorias, asma, enfermedades de la piel (especialmente dermatitis atópica) y trastornos autoinmunes.[25]​ Junto a los humanos, los perros domésticos tienen la mayor diversidad fenotípica y enfermedades naturales conocidas de todos los mamíferos. Aproximadamente 400 enfermedades hereditarias similares a las de los humanos se caracterizan en los perros, incluidos trastornos complejos como cánceres, enfermedades cardiovasculares, enfermedades autoinmunes y trastornos neurológicos.[26][27]​ Entre estos últimos, destaca especialmente la enfermedad de Alzheimer. Los perros muestran muchas similitudes con el deterioro cognitivo humano, incluyendo la acumulación en el cerebro de placas amiloides.[7]

Especies animalesEditar

 
Ovejas y vacas estuvieron entre las especies más precozmente domesticadas.

La domesticación de animales —a excepción de la del perro, seguramente muy anterior, propia de sociedades cazadoras— fue simultánea a la de las especies vegetales. Las más extendidas hoy, ovino, bovino y caprino, proceden también de la zona del Creciente Fértil. La siguiente, decisiva para el desarrollo histórico, fue la del caballo en las estepas de Asia Central, papel que en otras zonas correspondió a los camélidos (dromedarios, camellos, llamas y alpacas). Las demás especies importantes se seleccionaron de entre todos los grupos zoológicos: mamíferos (destacándose el cerdo), aves, las más usuales denominadas de corral, como gallinas y patos, y otras como las palomas —para alimentación y uso colombofílico— y las rapaces —utilizadas en cetrería—, e incluso insectos (abejaapicultura— y gusano de la sedasericicultura—).[nota 4]​ La utilización ganadera de reptiles (como iguanas y cocodrilos) ha tenido menos extensión.

Algunas de las domesticaciones más recientes en términos históricos fueron la del gato —que se debió a la mutua utilidad para felinos y humanos de su presencia en los graneros del Antiguo Egipto, vulnerables a los roedores— y la del elefante —con fines económicos y bélicos en sus variedades asiática y africana, aunque el uso de esta última se ha perdido desde la Edad Antigua—.

Especies microbianasEditar

El aprovechamiento controlado de especies de tamaño microscópico —que no pueden considerarse animales ni vegetales— se produjo desde épocas muy tempranas, en las que se daba una biotecnología inconsciente pero eficaz: la ganadería microbiana de fermentos, levaduras y bacterias, que existe desde que existen el pan, los productos lácteos y las bebidas alcohólicas.

Véase tambiénEditar

Notas y referenciasEditar

NotasEditar

  1. Gordon Childe, que en 1941 acuñó el término de Revolución Neolítica, identificó el inicio de la producción de alimentos con la cría de ganado y la agricultura como un paso decisivo.[1]
  2. Alvin Toffler emplea el término ola como sinónimo de la primera revolución neolítica o revolución agrícola (primera de las tres olas que describe en su libro ya citado, siendo la Revolución Industrial, la segunda y la segunda revolución industrial, la tercera como ya se ha señalado.[9]
  3. La FAO y varias ONG llegaron en 2002 a un Acuerdo sobre la protección de los recursos genéticos.[16]​ Desde una postura reivindicativa, ecoportal define las semillas como patrimonio de los pueblos.[17]
  4. Su antigüedad se ha datado analizando el genoma de los gusanos, que presentan hasta 354 genes vinculados a su utilidad productiva, en 5000 años.[28]

ReferenciasEditar

  1. Colin Renfrew, Paul Bahn (1993 y 1994). Arqueología: Teoría, métodos y práctica. AKAL. 
  2. Diamond, J.; Bellwood, P. (25 de abril de 2003). Farmers and Their Languages: The First Expansions (en inglés) 300 (5619). Science. pp. 597-603. Bibcode:2003Sci...300..597D. PMID 12714734. doi:10.1126/science.1078208. 
  3. a b c d e f g Sands DC, Morris CE, Dratz EA, Pilgeram A (noviembre de 2009). «Elevating optimal human nutrition to a central goal of plant breeding and production of plant-based foods». Plant Sci (Revisión) 177 (5): 377-89. PMC 2866137. PMID 20467463. doi:10.1016/j.plantsci.2009.07.011. 
  4. a b c d e f g h O'Keefe JH Jr, Cordain L (enero de 2004). «Cardiovascular disease resulting from a diet and lifestyle at odds with our Paleolithic genome: how to become a 21st-century hunter-gatherer». Mayo Clin Proc (Revisión, Artículo Histórico) 79 (1): 101-8. PMID 14708953. doi:10.4065/79.1.101. 
  5. a b c d e f Bressan P, Kramer P (29 de marzo de 2016). «Bread and Other Edible Agents of Mental Disease». Front Hum Neurosci (Revisión) 10: 130. PMC 4809873. PMID 27065833. doi:10.3389/fnhum.2016.00130. 
  6. a b c Bosch G, Hagen-Plantinga EA, Hendriks WH (enero de 2015). «Dietary nutrient profiles of wild wolves: insights for optimal dog nutrition?». Br J Nutr 113 (Suppl): S40-54. PMID 25415597. doi:10.1017/S0007114514002311. 
  7. a b c d Mazzatenta A, Carluccio A, Robbe D, Giulio CD, Cellerino A (octubre de 2017). «The companion dog as a unique translational model for aging.». Semin Cell Dev Biol (Revisión) 70: 141-153. PMID 28803893. doi:10.1016/j.semcdb.2017.08.024. 
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  9. Toffler, Alvin (1979). La tercera ola. Barcelona: Plaza & Janés. 
  10. a b c «La ética de la intensificación sostenible de la agricultura». Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. 2004. Consultado el 26 de abril de 2018. 
  11. Downey SS, Haas WR Jr, Shennan SJ (30 de agosto de 2016). «European Neolithic societies showed early warning signals of population collapse». Proc Natl Acad Sci U S A 113 (35): 9751-9756. PMID 27573833. doi:10.1073/pnas.1602504113. 
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  15. «El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2003-04. 3. De la Revolución Verde a la Revolución Genética». Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. 2004. Consultado el 26 de abril de 2018. 
  16. «Acuerdo sobre la protección de los recursos genéticos». 24 de junio de 2002. Consultado el 14 de mayo de 2014. 
  17. «La semilla, patrimonio de los pueblos». 16 de julio de 2005. Consultado el 14 de mayo de 2014. 
  18. «How Neolithic farming sowed the seeds of modern inequality 10,000 years ago». The Guardian. 2017. Consultado el 26 de abril de 2018. 
  19. «El higo, el primer fruto que habría cosechado el ser humano». Clarín. 1 de junio de 2006. Consultado el 14 de mayo de 2014. 
  20. «Banana» (en inglés). Archivado desde el original el 14 de marzo de 2012. Consultado el 2014. 
  21. R. M. W. Dixon; Alexandra Y. Aikhenvald (1999). The Amazonian languages (en inglés). Cambridge: Cambridge University Press. pp. 4-5. ISBN 0-521-57021-2. 
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  24. Gale EA (octubre de 2005). «Do dogs develop autoimmune diabetes?». Diabetologia 48 (10): 1945-1947. PMID 16132943. doi:10.1007/s00125-005-1924-y. «Modern dogs are relatively inactive and consume more food than their ancestors, much of it in the form of vegetable chow for which evolution left them unprepared. Los perros modernos son relativamente inactivos y consumen más alimentos que sus antepasados, gran parte de ella en forma de comida vegetal para la cual la evolución no los preparó.». 
  25. Tizard IR, Jones SW (marzo de 2018). «The Microbiota Regulates Immunity and Immunologic Diseases in Dogs and Cats». Vet Clin North Am Small Anim Pract (Revisión) 48 (2): 307-322. PMID 29198905. doi:10.1016/j.cvsm.2017.10.008. 
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  27. Gershwin LJ (marzo de 2018). «Current and Newly Emerging Autoimmune Diseases». Vet Clin North Am Small Anim Pract (Revisión) 48 (2): 323-338. PMID 29248206. doi:10.1016/j.cvsm.2017.10.010. 
  28. Alicia Rivera (2 de septiembre de 2009). «El gusano de seda revela su historia de más de 5.000 años». El País. Consultado el 14 de mayo de 2014. 

BibliografíaEditar

  • Gordon Childe, V. (1978). Los orígenes de la civilización. Madrid: F.C.E. ISBN 84-375-0015-X.