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Sustancia (Aristóteles)

término en la filosofía aristotélica

En la filosofía aristotélica, el término sustancia (del griego oὐσία ousía) tiene varias definiciones. En el libro VII de la Metafísica, Aristóteles repasa todas las acepciones del término, empezando por la sustancia material (entendida como cuerpo material) hasta llegar a las sustancias separadas (el cielo, los astros y el primer motor inmóvil), es decir, sustancias eternas. La palabra oὐσία fue traducida por los romanos como «substancia» (lo sub-estante, lo que subyace, lo que sostiene). También se ha traducido como «entidad».[1]

La definición más clara de la sustancia es como oὐσία πρώτη o sustancia primera. La sustancia primera es «Lo que no es afirmado de un sujeto ni se halla en un sujeto, como el hombre y el caballo individuales.»[2]​ Su única designación sería el señalamiento mediante el dedo índice[3]​ o mediante un nombre propio. Porque lo primero es el ser individual del cual se predica algo. Todo lo demás es todo lo que se puede decir de él. La sustancia primera es la esencia por excelencia, oὐσία κατʼ ἐξοχήν. Las sustancias primeras no pueden ser más que sujeto. Si no fuera así podríamos afirmar de una cosa lo que es otra cosa.[4]​ El sujeto es el sujeto que existe por sí mismo. Aristóteles considera que la sustancia primera es el modo más propio para hablar de ser, como ser que existe en el mundo; por ello no puede ser predicado de ninguna otra cosa, sino que es siempre sujeto. Sin embargo, la teoría de la sustancia como sujeto de la predicación tiene lugar en el libro las Categorías.

Otra tradición hermenéutica, que se apoya en la lectura del libro Dseta de la Metafísica, establece que oὐσία no es sustancia, sino «lo que es primero», en tres órdenes: lógico, del conocimiento, y del tiempo. En el orden lógico porque en el enunciado de cada cosa es requisito que esté presente el enunciado de la oὐσία; en el orden epistémico porque se cree conocer cada cosa sólo cuando se sabe cuál es su oὐσία. En el orden del tiempo porque ningún predicado puede existir separado de la oὐσία. De esto se desprende que la oὐσία es aquello que antes, ahora y siempre se ha buscado, y que siempre será objeto de aporía o perplejidad. Las conclusiones del libro Dseta apuntan a comprender por oὐσία a la forma o causa formal, de manera que la pregunta verdadera no es la que corresponde a la sustancia «¿por qué X es X?», sino «¿por qué en X se da Y?». A partir de estas conclusiones de Aristóteles, oὐσία es la representación del en-sí de las realidades individuales sensibles, que hace que sean lo que realmente son.[5]​ Como premisa, esta lectura tiene una especial interpretación en el psicoanálisis, que se expresará como el S1 de Jacques Lacan.

Aristóteles distingue la sustancia primera, aquella que no se predica de un sujeto, ni está en un sujeto, de la substancia segunda, aquella que se predica de la substancia primera, tal como la especie o el género.[6]​ Así Sócrates como hombre individual es una sustancia primera, y hombre es su especie, o sea que es una sustancia segunda.

Del hombre individual podemos decir que es hombre, por lo que ese término que significa hombre se predica de su ser, y podemos decir que es individual, predicando entonces como cualidad dentro de aquel su individualidad. Pero el individuo en sí, la persona específica y particular, el ser o ente determinado sobre el que recaen esas cualidades, el sujeto, es un elemento que no puede ser predicado sobre ninguna otra cosa, que no se puede constituir como cualidad dentro de ningún otro sujeto.

Aristóteles aplicará el hilemorfismo a su concepto del hombre, que es entendido como un compuesto único formado por un alma como forma de un cuerpo, siendo su particularidad del alma humana su razón. Por ello la definición del hombre es «animal racional», siguiendo el modelo de definición que ha pasado a la historia durante siglos como modelo de definición lógica y clasificación de los seres: género más diferencia específica.

Las sustancias segundas accidentesEditar

Todos los demás predicados lo son (del verbo ser atributivo) por analogía con respecto a la sustancia primera; pero los que se refieren a la especie y los géneros Aristóteles los considera como «sustancias segundas» ούσία δέυτερα. Todos estos predicados no podrían existir si no existieran las sustancias primeras.[7]

Por qué Aristóteles sigue llamando sustancias a los géneros y las especies, no cabe más que pensar que son predicados que afectan a la esencia de la sustancia, por lo que parece que cuanto más cercanos al individuo más cerca están de ser. La especie más ser que el género y el género más próximo, mas ser que el remoto.[8]​ Lo que muestra que Aristóteles no está tan lejos de la dialéctica platónica. Estos predicados y sus propiedades correspondientes, según Aristóteles, no cambian mientras la sustancia primera permanezca en su ser-en-el-tiempo, es decir a lo largo de los cambios que padezca a lo largo de su existencia en el mundo.

Los accidentesEditar

Frente a los predicados de sustancias segundas, los accidentes están en el sujeto de forma circunstancial. Están pero pueden no estar.

Según la clasificación de los predicados por Aristoteles: sustancia y accidentes. Siendo la categoría de sustancia considerado como sustancia segunda y los accidentes: cantidad, relación, modo, hábito, situs, por lo que se considera a la substancia como un modo de ser (otros modos de ser, según Aristóteles, son los accidentes, la generación, la corrupción, la esencia, etc.)

En el Medievo, el término sustancia en Aristóteles se redefine al grado de llegar a una cosificación, con esto se pierde toda noción de la sustancia como un modo del ser.

En el empirismo, la sustancia es reducida a un conjunto de sensaciones. Siguiendo la lógica aristotélica, Kant define la sustancia como un concepto a priori resultado de la forma de un juicio categórico: consiste en afirmar o negar un predicado de un sujeto. En la Crítica de la razón pura, Kant reduce la sustancia a la categoría de la relación, dentro del esquema categorial de la inherencia, en contra de lo que suponía la Metafísica tradicional.

Heidegger, por su parte, en Ser y Tiempo achaca este olvido del ser en virtud de la sustancia, lo que genera una idea del ser a partir de lo ente (de una cosa). Por eso, para Heidegger el error de la filosofía después de Aristóteles fue considerar a la sustancia como un ente, como una cosa. Para resolver dicho error hay que olvidarse del término substancia para recuperar una noción clara del ser.

ReferenciasEditar

  1. Aristóteles. Tratados de lógica. Madrid, Gredos, 1994
  2. Aristóteles. Cat., 5, 2 a 11.
  3. Como hacen los niños pequeños, alrededor del año de edad, cuando no tienen palabra para designar lo que quieren
  4. Jamás podremos predicar Pepe de alguien que no sea Pepe.
  5. Samaranch, Francisco (1999). «El saber del deseo. Releer a Aristóteles.». Madrid: Trotta. 
  6. Aristóteles. Categorías, 2 a 11ss
  7. Cat., 5,2 b 5
  8. Así el individuo Pepe es la sustancia primera, y sus predicados como hombre (sustancia segunda) tiene más ser como especie que el predicado animal como género, o ser vivo como género remoto.