Teoría crítica

cuerpo teórico de la Escuela de Frankfurt
(Redirigido desde «Teoría Crítica»)
Max Horkheimer (izquierda), Theodor Adorno (derecha) y Jürgen Habermas (fondo derecha) en 1965 en Heidelberg.

La teoría crítica es una escuela de pensamiento que pone énfasis en la evaluación y la crítica de la sociedad y de la cultura a partir del estudio de las ciencias sociales y las humanidades. Como término, la teoría crítica tiene dos significados con diferentes orígenes e historias: el primero tiene sus orígenes en la sociología y el segundo en la crítica literaria. A través de este último, la teoría crítica se usa como un término genérico que puede describir una teoría fundada desde la crítica.

La noción de Teoría Crítica se aplica en la filosofía para designar a la doctrina que nació en la Escuela de Frankfurt para establecer una crítica a la teoría tradicional. Esta Teoría tuvo su origen en el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Fráncfort del Meno.

La Teoría crítica es representada principalmente por: Theodor Adorno, Walter Benjamin, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas, Oskar Negt o Hermann Schweppenhäuser, Erich Fromm, Albrecht Wellmer y Axel Honneth entre otros.

La teoría crítica insiste en la ideología como el principal obstáculo para la liberación humana. Esta fue establecida como una escuela de pensamiento principalmente por los teóricos de la escuela de Frankfurt Herbert Marcuse, Theodor Adorno, Max Horkheimer, Walter Benjamin y Erich From. Asimismo, la teoría crítica moderna también tiene influencias de György Lukács y Antonio Gramsci, así como de la segunda generación de los escolásticos de Frankfurt, principalmente de Jürgen Habermas. En los trabajos de Habermas, la teoría crítica fue más allá de sus raíces teóricas del idealismo alemán y se aproximó al pragmatismo americano. El interés por la “base y superestructura” social es uno de los conceptos filosóficos marxistas persistentes en gran parte de la teoría crítica contemporánea.

Índice

Definición y primera formulación de la teoría crítica.Editar

La teoría crítica es formulada por Max Horkheimer por primera vez en su obra de 1937 de.12 En ella, describió la teoría como crítica en la medida en que busca liberar a los humanos de las circunstancias que los esclavizan.

El proyecto inicial se define como marxismo heterodoxo, es decir, de realizar soluciones congruentes a los problemas de la sociedad, como la desigualdad de clases, no solo desde el punto de vista sociológico, sino también filosófico. Aspiraban a combinar a Marx, reparando en el inconsciente, en las motivaciones más profundas. Por ello la teoría crítica debería ser un enfoque que, más que tratar de interpretar, debiera poder transformar el mundo.

Los conceptos centrales de la teoría crítica son los siguientes:

1.     Que la teoría crítica y social debe dirigirse a la totalidad de la sociedad en su especificidad histórica (i.e. cómo se configuró en un momento específico).

2.     Que la teoría crítica debería mejorar la comprensión de la sociedad integrando todas las ciencias sociales principales, incluyendo la geografía, la economía, sociología, la historia, las ciencias políticas, la antropología y la psicología.

Esta versión de teoría “crítica” proviene del uso del término “crítica” de Kant (S.XVIII) y Marx (S.XIX) en la Crítica de la razón pura de Kant y el concepto de Marx de que su obra Das Kapital  forma una “critica de la economía política”. Para el idealismo transcendental de Kant, “crítica” significa examinar y establecer los límites de la validez de una facultad, tipo o conjunto de conocimientos, especialmente explicando las limitaciones impuestas por los conceptos fundamentales e irreducibles en uso en ese sistema de conocimiento.

La noción de crítica de Kant se ha asociado con la revocación de creencias falsas, improbables o dogmáticas, filosóficas, sociales y políticas, porque la crítica de Kant a la razón implicaba la crítica de ideas dogmáticas, teológicas y metafísicas y se entrelazaba con la mejora de la autonomía ética y la crítica de la ilustración de la superstición y la autoridad irracional. Ignorado por muchos en círculos de “críticos realistas”, sin embargo, el ímpetu inmediato de Kant por escribir su Crítica de la razón pura fue para abordar problemas planteados por el empirismo escéptico de David Hume que, al atacar a la metafísica, empleó la razón y la lógica para debatir contra la cognoscibilidad del mundo y de las nociones comunes de la causalidad. Kant, por el contrario, impulsó el empleo de demandas metafísicas a priori como requisito, ya que si se puede decir que algo es cognoscible tendría que establecerse sobre las abstracciones distintas de los fenómenos perceptibles.

Una de las características distintivas de la Teoría Crítica, como Adorno y Horkheimer elaboraron en su Dialéctica de la Ilustración (1947), es una cierta ambivalencia respecto a la suprema fuente de fundación de la dominación social, una ambivalencia que dio lugar al “pesimismo” de la nueva Teoría Crítica sobre la posibilidad de la emancipación humana y la libertad. Esta ambivalencia se arraigó, por supuesto, en las circunstancias históricas en las que el trabajo se produjo originalmente, en particular en el ascenso del Socialismo Nacional, el capitalismo de estado y la cultura de masas como nuevas formas de dominación social que no podrían ser explicadas adecuadamente dentro de los términos de la sociología Marxista tradicional.

Para Adorno y Horkheimer, la intervención del estado en la economía había abolido eficazmente la tensión entre las “relaciones de producción” y “fuerzas productivas de la sociedad”, una tensión que según la Teoría Crítica tradicional, constituía la contradicción primaria dentro del capitalismo. El mercado (como un mecanismo “inconsciente” para la distribución de bienes) y la propiedad privada habían sido sustituidos por la planificación centralizada y la propiedad socializada de los medios de producción.

Sin embargo, al contrario que la famosa predicción de Marx en el Prefacio a la contribución de la crítica de la economía política, este cambio no dio lugar a una “era de revolución social”, sino más buen al fascismo y al totalitarismo. Como tal, la Teoría Crítica fue dejada, en palabras de Jürgen Habermas, sin “nada en la reserva a lo que pudiera apelar; y cuando las fuerzas de producción entran en una simbiosis perniciosa con las relaciones de producción que se suponía que debían abrirse de par en par, ya no hay más dinamismo sobre el cual la crítica pueda basar su esperanza”. Para Adorno y Horkheimer, esto planteaba el problema de cómo explicar la aparente persistencia de dominación en la ausencia de la misma contradicción que, según la Teoría Crítica tradicional, era la fuente de la propia dominación.

En los sesenta del siglo XX, Jürgen Habermas planteó el debate epistemológico a un nuevo nivel en su Conocimiento e interés, identificando el conocimiento crítico como aquello basado en principios que lo diferenciaban de las ciencias naturales o de las humanidades, a través de su orientación a la auto-reflexión y a la emancipación. Pese a no estar satisfecho con el pensamiento de Adorno y Horkheimer en su Dialéctica de la Ilustración, Habermas comparte la opinión de que en forma de la racionalidad instrumental, la era de la modernidad marca un movimiento aparte de la liberación de la ilustración y hacia una nueva forma de esclavitud. En el trabajo de Habermas, la Teoría Crítica trascendió sus raíces teóricas en el idealismo alemán y progresó hacia el pragmatismo americano.

Habermas ahora está influenciando la filosofía de la Ley en muchos países – por ejemplo, la creación de la filosofía social de la Ley en Brasil, y su teoría tiene también el potencial de hacer del discurso de la ley una institución importante del mundo moderno como herencia de la ilustración.

Sus ideas acerca de la relación entre la modernidad y la racionalización están fuertemente influenciadas por Max Weber. Habermas eliminó más elementos de la Teoría Crítica derivados del idealismo alemán Hegeliano, aunque su pensamiento sigue siendo ampliamente Marxista en su enfoque epistemológico. Tal vez sus dos ideas más influentes son los conceptos de la esfera pública y la acción comunicativa; este último llega parcialmente como una reacción a nuevos retos post-estructurales o, también llamados post-modernos para el discurso de la modernidad. Habermas mantuvo correspondencia con regularidad con Richard Rorty y se puede percibir un fuerte sentido del pragmatismo filosófico en su teoría; tal pensamiento atraviesa con frecuencia los límites entre la sociología y la filosofía.

Escuela de Frankfurt y teoría crítica de la sociedad.Editar

Orígenes de la Escuela de FrankfurtEditar

En 1923 se funda en Fráncfort del Meno un Instituto de Investigación Social asociado a la Universidad de Fránkfurt.

La escuela de Frankfurt surge como grupo filosófico en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en un panorama en el que el proletariado no había producido la revolución como lo había previsto Marx, y por el contrario había fracasado completamente en Alemania, aunque se produjo en contextos agrarios como el de Rusia, con condiciones materiales opuestas a las previstas por Marx, como los países industrializados.

Ante esta situación, el papel del intelectual de izquierda resulta profundamente cuestionado, pues se veía ante la encrucijada del pensamiento autónomo objetivo, libre de compromisos, y la respuesta a un compromiso social,- político, que no comprometiera sus propuestas teóricas a favor de un partido. Los intelectuales de izquierda ven en la integración en un partido, el peligro de transformarse en intelectuales orgánicos. El intelectual orgánico, como es bien sabido, acaba quitándose la cabeza -y no sólo el sombrero- al ingresar en un partido (Cortina, 1985. p. 33).

Sin embargo, pervive en el intelectual la necesidad de pensar la teoría en términos de praxis política, reconociendo las implicaciones teóricas de determinadas condiciones sociales de las cuales el intelectual no puede escapar, con lo cual se convierte en una misión filosófica, la ilustración teórica de la acción. Misión que la escuela de Frankfurt tomó como propia y que encontró en la oferta filosófica de la época, a la teoría marxista, entendida como teoría crítica de la economía política, una teoría que trataba precisamente de la acción y la crítica del intelectual hacia el acercamiento teórico a la realidad.

En esta línea, algunos autores califican a la Escuela como un grupo neomarxista, debido a la marcada tendencia por la crítica que se constituye en teoría y se opone a la teoría tradicional. Esta teoría -que adquiere el adjetivo de "crítica"-, tuvo que afirmarse frente a toda una tradición filosófica que había expulsado a Hegel del panorama, aunque también fue influida por sus ideas, al igual que a cambios en las condiciones políticas, económicas y sociales, que repercutieron sobre ella. En la época de la escuela de Francfort, el capitalismo occidental, con Alemania como uno de sus representantes más destacados, había entrado en una etapa cualitativamente nueva, dominada por monopolios de expansión y una creciente intervención gubernamental en la economía.

Parte de este contexto económico hizo que la escuela fijara su atención en la experiencia de la Unión Soviética. Los primeros teóricos que hicieron parte de ella, se encontraron ante el surgimiento de una nueva fuerza negativa, revolucionaria, que se agitaba en la sociedad, fuerza que puede ser considerada como el agente que realizaría su filosofía así, de la primera generación de teóricos críticos en la década de 1840 podría decirse que la suya era una crítica «inmanente» de la sociedad basada en la existencia de un «sujeto» histórico real (Jay, 1974, p. 86). Sin embargo hacia el final del siglo XX la teoría Crítica se vio forzada a cambiar su planteamiento ante el debilitamiento de la clase obrera revolucionaria.

Estos cambios hicieron que la escuela cambiara de sede, lo cual implicó de manera concomitante un cambio en los planteamientos teóricos que se discutían en su interior, así pues, cuando el Instituto cambia su sede a Columbia University, surge un cambio en dirección pesimista, evitando el uso de términos como «comunismo» o «socialismo» y reemplazándolas por «materialismo dialéctico» o «teoría materialista de la sociedad». Estos cambios sin duda se debieron parcialmente a la delicada situación en que se hallaban los miembros del Institut en Columbia. Pero además expresaban una pérdida progresiva de esa confianza básica que los marxistas habían sentido tradicionalmente en el potencial revolucionario del proletariado (Jay, 1974. p. 87).

Esto muestra de manera general la relación que se dio entre el contexto social, político y económico en que surge la Escuela de Frankfurt y la producción intelectual de sus miembros, lo cual también alerta ante la tentativa de pensar la escuela como un todo homogéneo, pues aunque la Escuela de Frankfurt se presenta como el espacio de reflexión de un variado grupo de filósofos unidos por intereses teóricos similares, las propuestas teóricas de sus miembros llegaron a ser muy distintas y en ocasiones divergentes, sin embargo, se podría decir que el tema que une a los distintos autores que hicieron parte de esta escuela, desde Horkheimer hasta Habermas, es la reflexión en torno a la razón, la cual, en oposición a la razón instrumental de la teoría tradicional, se constituye en una razón humana, o como dice Adela Cortina, "una razón que pierde todo norte si no hunde sus raíces en el sentimiento. Desde la piedad y desde el dolor, desde el ansia de vida feliz y desde el sueño de emancipación, se pone en camino la auténtica razón de Occidente" (Cortina, 1985. p. 21).

Presupuesto teórico-crítico de la Escuela de Frankfurt, teoría crítica y teoría tradicionalEditar

A partir de este contexto, la escuela de Frankfurt, plantea la pugna teórica alrededor de la disputa entre la teoría crítica y la teoría tradicional, como reacción ante la unilateralidad hegemónica de la racionalidad teleológica (Cf. Max Weber). La Teoría Crítica de la sociedad se propuso interpretar y actualizar la teoría marxista originaria según su propio espíritu. Por ello, entiende que el conocimiento no es una simple reproducción conceptual de los datos objetivos de la realidad, sino una auténtica formación y constitución de las mismas.

La Teoría Crítica se opone radicalmente a la idea de teoría pura, que supone una separación entre el sujeto que contempla y la verdad contemplada, e insiste en un conocimiento que está mediado por la experiencia, por las praxis concretas de una época, como por los intereses teóricos y extra-teóricos que se mueven al interior de las mismas. Lo cual significa que las organizaciones conceptuales, o sistematizaciones del conocimiento, en otras palabras, las ciencias, se han constituido y se constituyen en relación al proceso cambiante de la vida social. Dicho de otra manera, las praxis y los intereses teóricos y extrateóricos que se dan en determinado momento histórico, revisten un valor teórico-cognitivo. Pues, son el punto de vista a partir del cual se organiza el conocimiento científico y los objetos de dicho conocimiento.

Surge así una aversión a los sistemas teóricos cerrados, y un gran interés por el contexto social, sobre el cual se buscaba influir directamente a través de la filosofía. Se preocuparon… por el método dialéctico instrumentado por Hegel y trataron, como sus predecesores, de orientarlo en una dirección materialista. Estaban particularmente interesados en explorar las posibilidades de transformar el orden social por medio de una praxis humana tradicional.

Teoría Crítica y Positivismo LógicoEditar

Desde esta perspectiva la Teoría Crítica se opone a la Teoría Tradicional como a la teoría que surge en el círculo de Viena llamado Positivismo Lógico y esto en dos niveles:

  • En el Plano Social, ya que la ciencia depende, -en cuanto ordenación sistemática- de la orientación fundamental que damos a la investigación (intereses intrateóricos), como de la orientación que viene dada dentro de la dinámica de la estructura social (intereses extrateóricos).
  • En el plano teórico-cognitivo, denuncia la separación absoluta que presenta el positivismo entre el sujeto que conoce y el objeto conocido. Es decir, que cuanto menos se meta el investigador en lo investigado, gracias al método, más objetiva y verdadera será la investigación. De esta manera, se pierde el aporte del sujeto que hace ciencia, se absolutizan los hechos y se consolida, mediante la ciencia, un orden establecido (establishment). Es decir, las ciencias pierden su carácter transformador, su función social. En este sentido, los resultados positivos del trabajo científico son un factor de autoconservación y reproducción permanente del orden establecido.

Teoría Crítica y Horizonte FilosóficoEditar

Finalmente, esta teoría crítica transformadora del orden social que busca de un mayor grado de humanización -"antropogénesis"- se fundamenta en el concepto hegeliano de razón. Es decir, la Teoría Crítica asume como propia la distinción entre razón y entendimiento, y entiende que la razón lleva las determinaciones conceptuales finitas del entendimiento hacia su auténtica verdad en una unidad superior, que para la Teoría Crítica es la reflexión filosófica o racional. Con la razón pensamos, con el entendimiento conocemos.

Estas posturas teóricas generales, pueden ser rastreadas a través de autores como Horkheimer, uno de los directores y miembros más destacados de la escuela de Frankfurt, y quien plantea el debate entre teoría tradicional y teoría crítica, al igual que Habermas quien comprende esta distinción dentro de una racionalidad procedimental a partir de la cual el conocimiento humano no opera según presupuestos jerárquicos-metafísicos (teoría tradicional) sino pragmático-procedimentales (teoría crítica) al interior de las comunidades científicas y de los mundos socio-culturales de vida. Esto significa que todo modo de conocer es interesado y, que sólo conocemos por el interés.

Esto lo trabaja Habermas a partir de una teoría de los intereses rectores del conocimiento, que son en su terminología "el interés cognitivo-práctico" y "el interés cognitivo-técnico" que tienen sus bases en estructuras de acción y experiencias profundas vinculadas a sistemas sociales y el interés cognitivo-emancipatorio que posee un estatuto derivado y asegura la conexión del saber teórico con la práctica vivida. Se concluye así que la Teoría Crítica es una teoría que al mismo tiempo que aspira a una comprensión de la situación histórico-cultural de la sociedad, aspira también a convertirse en la fuerza transformadora de la misma en medio de las luchas y las contradicciones sociales.

Primera formulación de la teoría críticaEditar

La teoría crítica es formulada por Max Horkheimer por primera vez en su obra de 1937 Teoría tradicional y teoría crítica.[1][2]

El proyecto inicial se define como marxismo heterodoxo, es decir, de realizar soluciones congruentes a los problemas de la sociedad, como la desigualdad de clases, no solo desde el punto de vista sociológico, sino también filosófico. Aspiraban a combinar a Marx, reparando en el inconsciente, en las motivaciones más profundas. Por ello la teoría crítica debería ser un enfoque que, más que tratar de interpretar, debiera poder transformar el mundo.

Exilio ante la llegada de HitlerEditar

Con la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en 1933, sus miembros se ven obligados a huir de Alemania. Tras recorrer varias ciudades europeas, el Instituto se instalará finalmente en Nueva York, donde permanecerá hasta 1950. Allí se trasladan Adorno y Horkheimer, las figuras más destacadas de esta etapa; el segundo de ellos fue su director.

Investigación sobre teoría comunicativaEditar

En las primeras investigaciones sobre comunicación que llevaron a cabo en Estados Unidos, de enfoque empirista y ligadas a grandes instituciones, como La Fundación Rockefeller, surgirán las principales diferencias entre teoría crítica y positivismo, que marcarán los sucesivos debates y los estudios sobre comunicación y sociedad en la mitad del siglo XX. Desde la teoría crítica se proponía ampliar el concepto de razón, de manera que el pensamiento se liberara de los límites marcados por la práctica empirista, y de una visión objetiva de la realidad.

El empirismo, como la dialéctica, fue una vez una filosofía. Pero una vez reconocido esto, el término "filosofía", que a nosotros se nos reprocha como si fuera una vergüenza, deja de causar horror y se revela a sí mismo como la condición y la meta de una ciencia que quiera ser algo más que simple técnica y que no se doblegue a la burocracia.

T. W. Adorno. Epistemología y ciencias sociales. Madrid. Cátedra. 2001

La denuncia de la teoría crítica se centrará en las implicaciones institucionales y mercantiles del enfoque positivista, que naturaliza las exigencias propias de la sociedad de consumo, sin prestar atención a los conflictos sociales.

Por su lado, Max Horkheimer centró su crítica al positivismo en el libro Crítica de la razón instrumental, publicado en 1946 a partir de unas conferencias que impartió en la Universidad de Columbia a lo largo de 1944.

Mediante su identificación de conocimiento y ciencia el positivismo limita la inteligencia a funciones que resultan necesarias para la organización de un material ya tallado de acuerdo con el molde de la cultura comercial

Horkheimer Crítica de la razón instrumental. Madrid. Trota. 2002.

Juntos publicaron en 1944 el ensayo Dialéctica de la Ilustración, libro que se revelaría fundamental a la hora de abordar los problemas relativos a las conexiones entre comunicación y sociedad. Se plantea, según sus autores, como un proyecto para lanzar conceptos que promuevan un cambio social. "Hasta ahora los filósofos han interpretado el mundo, a partir de ahora deberían ayudar a cambiarlo" (Marx). En él presentan el fascismo no como un hecho puntual ocurrido en occidente, sino como una de las consecuencias de la modernidad.

IlustraciónEditar

Horkheimer y Adorno señalan en Dialéctica de la Ilustración que la Ilustración tiene un modo de concebir las relaciones de poder que desde un principio hace que nos enfrentemos a la diferencia y la alteridad de un modo conflictivo. Los procesos de subjetivación modernos -entendiendo por tal todos aquellos procesos sociales y culturales formativos que explican lo que hemos llegado a ser- se caracterizan por su tendencia a la homogeneización y destrucción de la diferencia. De este modo la razón se usa de un modo eminentemente destructivo que socava los potenciales liberadores que siempre tuvo la modernidad. Ello lleva a Habermas a indicar que la modernidad tiene un proyecto emancipador truncado que todavía puede llevarse a cabo, pero que es necesario volver a reinterpretar la racionalidad desde un punto de vista libre de dominación. Sin embargo, autores como Hermann Schweppenhäuser o Christoph Türcke han cuestionado que Habermas sea un continuador legítimo de la teoría crítica de Horkheimer y Adorno, ya que su reinterpretación de una racionalidad libre de dominio supone la renuncia a algunas de las pretensiones fundamentales de éstos y de la herencia del marxismo occidental.

En "Dialéctica de la Ilustración" Adorno y Horkheimer sostienen la ruina de la civilización, definitivamente malograda. El devenir o decurso del proceso de la civilización se entabla como relación dialéctica entre el mito y la ilustración. Así, en la antigüedad, la mitología había constituido un intento de dominación y explicitación de la naturaleza. La Ilustración despojó al mundo de esa dimensión mágica, pero, subrepticiamente, inventó sus nuevos mitos, secretamente.

En el momento en que los autores escribían esta obra se vivía con crudeza un ejemplo contemporáneo de aquello a lo que estaban refiriéndose: el falso fundamento pseudorracional de la demencial teoría de los Nacional Socialistas que sostenían el mito desprovisto de toda razón de la "superioridad" de los germanos, sobre las otras razas.

Es a partir del siglo XVIII, de la Ilustración o de las luces, que la cultura de occidente había relacionado de modo inextricable su porvenir y su futuro al uso de la razón. Pero la racionalización introducida por este proceso habría de engendrar a la larga su posición contraria. En efecto, al promediar el siglo XX la barbarie se había entronizado en todo el mundo europeo. Y hasta había fallado en un todo esa razón, pues había sido manipulada para dar "racionalidad" a lo totalmente irracional.

La razón misma se había ocupado de dar lugar al ascenso a la imprevisible locura del nacionalsocialismo. El orden burgués, la razón y su racionalidad, habían posibilitado la llegada de Hitler. Y todo, hasta los límites impensables de las matanzas de Auschwitz.

Adorno ya no va a depositar sus esperanzas en la racionalidad, sino, más bien en el arte y en la cultura. Pero no apuntaba a cualquier forma de arte, sino a las vanguardias opuestas a las manifestaciones artísticas de masa del siglo XX, en creciente despliegue. En Estados Unidos bien se pudo conocer el avance avasallador de esta "comunicación" de masas. Radio, cine, televisión, música popular eran el nuevo mito ilustrado. Ambos autores sostuvieron con desencanto que los nuevos medios técnicos producían arte estandarizado y fácilmente consumible. La "industria cultural", entretanto, estaba segura de la fidelidad de sus clientes.

Todo fue derivando hacia una cultura del banal y superficial entretenimiento. Esto paulatinamente se fue transformando y se habría de seguir transformando en un elemento unificador aplastante de la individualidad, de la independencia, de la capacidad de pensamiento del sujeto. Su previsión del futuro, era así desalentadora, a diferencia de la posición sostenida por Walter Benjamin, que cifraba esperanzas en los innovadores medios de la sociedad, pensando, decididamente en las películas, en la fotografía y en los elementos magnetofónicos.

La visión que Adorno y Horkheimer tejieron sobre la civilización occidental masificada tiene un tinte señaladamente sombrío. Mirando el pasado se tiene la brutal barbarie del nazismo, y mirando hacia adelante se puede avizorar una comunidad de hombres-masa en que la libertad se va atrofiando por los manejos de la industria cultural.

Ámbitos académicos en la Teoría crítica.Editar

MarxismoEditar

Mientras que los críticos teóricos con frecuencia han sido definidos como intelectuales marxistas, su tendencia a denunciar algunos conceptos marxistas y a combinar el análisis marxista con otras tradiciones sociológicas y filosóficas ha dado lugar a acusaciones de revisionismo por marxistas clásicos, ortodoxos y analíticos, y por filósofos marxista-leninistas. Martin Jay expresó que la primera generación de la teoría crítica se define mejor por no promover un programa filosófico específico ni una ideología específica, sino por rondar otros temas.

PostmodernismoEditar

Mientras que la teoría modernista (como se describe anteriormente) se refiere a sí misma como “formas de autoridad e injusticia que acompañaron a la evolución del capitalismo industrial y corporativo como un sistema político-económico”, la teoría crítica postmodernista politiza problemas sociales “situándolos en contextos históricos y culturales, para implicarse a sí mismos en el proceso de recopilación y análisis de datos, y a relativizar sus hallazgos”. Refiriéndose a sí misma como inestable debido a la transformación rápida en estructuras sociales. Como resultado, el foco de investigación se centra en manifestaciones locales, en vez de en amplias generalizaciones.

La investigación de la crítica postmoderna también se caracteriza por la crisis de representación, que rechaza la idea de que el trabajo de un investigador es una “representación objetiva de ‘otro’ estable”. En su lugar, muchos críticos postmodernos han adoptado “alternativas que animan a la reflexión sobre la ‘política y poética’ de su trabajo. En estas consideraciones, los aspectos materializados, colaborativos, dialógicos e improvisados de la investigación cualitativa se clarifican”.

El término “Teoría Crítica” se apropia a menudo cuando un autor trabaja con términos sociológicos, aunque ataque las ciencias sociales o humanas (intentando de este modo mantener “aparte” esos marcos de investigación). Michael Foucault es uno de esos autores.

Jean Baudrillard también ha sido descrito como un teórico crítico hasta el punto de ser un sociólogo crítico y poco convencional; esta apropiación apenas mantiene relación con la escuela de Frankfurt. Jürgen Habermas, de la escuela de Frankfurt, es uno de los críticos clave del post-modernismo.

La Teoría Crítica está centrada en el lenguaje, e simbolismo, la comunicación y la construcción social.

ComunicaciónEditar

A partir de los años 60 y 70 del siglo XX, el lenguaje, el simbolismo, el texto y el significado llegaron a ser considerados como la base teórica para las humanidades, a través de la influencia de Ludwig Wittgenstein, Ferdinand de Saussure, George Herbert Mead, Noam Chomsky, Hans-Georg Gadamer, Roland Barthes, Jacques Derrida y otro pensadores en la filosofía lingüística y analítica, lingüística estructural, interaccionismo simbólico, hermética, semiología, psicoanálisis orientado a la lingüística (Jacques Lacan, Alfred Lorenzer), y la deconstrucción.

En los 70 y 80 del siglo XX, Jürgen Habermas redefinió la teoría social crítica como una teoría de comunicación, i.e. la competencia comunicativa y la racionalidad comunicativa por un lado, la comunicación distorsionada por el otro.

EducaciónEditar

Los críticos teóricos han acreditado abiertamente a Paulo Freire debido a las primeras aplicaciones de la teoría crítica hacia la educación. Consideran su obra más conocida, Pedagogía del oprimido, un texto seminal en el que es conocido como la filosofía y el movimiento social de la pedagogía crítica.

CRÍTICA LITERARIAEditar

EstructuralismoEditar

SaussureEditar
 
Ferdinand de Saussure

El estructuralismo tiene su origen en la teoría lingüística de Saussure. Él aspiraba a poner en descubierto la estructura universal del lenguaje como un sistema de normas. La idea principal es la relación entre el significado y el significante. La conexión entre el significante lingüístico g/a/t/o y el significado del concepto ‘gato’ es completamente arbitrario para Saussure.

Todo se traduce en la palabra. Por lo tanto, la palabra es más importante que el objeto, según Saussure. Su foco de interés es el lenguaje como un sistema funcional, no como un conjunto de expresiones individuales.

El inconsciente estructuralEditar

Se trata de una profunda estructura – algo así como un programa genético – que prescribe cómo debe operar dicho sistema. Marx establecía un ‘inconsciente’ oculto en la economía de producción; Freud indagó en ello para los impulsos físicos.

Para el estructuralismo, el inconsciente se localiza en el propio lenguaje. Todo sistema de signos es análogo al lenguaje y consiste en una ‘gramática’ de reglas descifrable que opera sobre elementos de un sistema por medio de convenciones.

Psicoanálisis estructuralista y Jacques LacanEditar
 
Jacques Lacan

El post-Freudiano Lacan propuso la famosa idea de que el inconsciente está estructurado ‘como un idioma’. Esto es, el inconsciente es accesible para nosotros solo como un ‘sistema gramatical’, pero permanece incognoscible por sí mismo.

En términos de Lacan, ‘el lenguaje existe antes de que cualquiera de nosotros lo haga’. Como ‘individuos’, nosotros estamos estructurados por aquello que es previo a nosotros.

BarthesEditar

Para el semiólogo cultural Roland Barthes, el estructuralismo no está limitado a la literatura y el arte sino que perfectamente puede, de igual modo, ser aplicado al mundo de la moda, los anuncios y los medios de comunicación – o incluso la lucha, el fútbol o el menú de un restaurante.

Para Barthes, todo tipo de narrativas comparten una ‘estructura común’ y un ‘sistema implícito de reglas y unidades’ – esta creencia también fue sostenida por el antropólogo Levi-Strauss (la presunción de una ‘profunda estructura’ inconsciente para los fenómenos culturales, determinando su composición general).

El marxismo estructuralista de AlthusserEditar

El éxito del pensamiento estructuralista en Francia llevó a una variante del Marxismo llamada ‘Marxismo estructural’, representada por su principal teórico, el filósofo Louis Althusser.

La ideología está diseminada por lo que Althusser llama ‘aparatos ideológicos de estado’ (instituciones como pueden ser el sistema legal y los medios de comunicación) y mantenida por los ‘aparatos represivos de estado’ (la policía y el ejército).

Por lo tanto, el Marxismo es la ‘ciencia de la sociedad’ que nos permite ver a través de las manipulaciones de una ideología dominante para desarrollar una consciencia revolucionaria.

Estructuralismo genéticoEditar

El estructuralismo genético es un enfoque ideado por el teórico Franco-Romano Lucien Goldmann. Este postula la existencia de paralelas – o de ‘homologías’, de acuerdo con su propia terminología – entre los trabajos literarios y ciertos grupos sociales influyentes que operan al tiempo que esos trabajos de producción.

Más que ser solo un reflejo de la opinión de tales grupos, la mejor literatura ha de ser una articulación coherente de lo que de otro modo sería ‘vago y confuso y contradicho por otras innumerables tendencias’ en el grupo en particular en cuestión.

El Formalismo rusoEditar

Pese a no ser estrictamente una ‘escuela Marxista’, los formalistas rusos estuvieron activos precisamente antes y después de la Revolución Soviética de 1917.

Las ideas formalistas volvieron a emerger en occidente en los 60 del siglo XX para inspirar a nuevas generaciones de teóricos en el movimiento estructuralista -esta influencia se puede percibir en el trabajo de posteriores teóricos como Roland Barthes, que comparte la implicación rusa con la ‘literalidad’.

Como reacción contra la imprecisión de teorías literarias anteriores, el formalismo intentó ofrecer una descripción de la literatura (especialmente de la poesía) como un uso especial del lenguaje con características apreciables. Con la consolidación de la dictadura de Stalin alrededor de 1929, el formalismo fue silenciado como una herejía en la Unión Soviética y su centro de investigación migró a la Escuela de Praga en los años 30.

Junto con la ‘literalidad’, el concepto más importante de la escuela fue la defamiliarización: en lugar de ver la literatura como un reflejo del mundo, Victor Shklovski y sus seguidores formalistas lo vieron como una dislocación lingüística.

Uno de los formalistas rusos más prominente es Roman Jacobson, que estuvo activo tanto en Moscú como en Praga antes de introducir teorías formalistas en los Estados Unidos. El trabajo de los formalistas rusos ha tenido gran influencia en teorías estructuralistas de la literatura y también sobre algunas de las variedades más recientes del criticismo literario marxista.

SemióticaEditar

La semiótica fue definida por uno de sus fundadores, el lingüista suizo Saussure, como el estudio de ‘la vida de las señas dentro de una sociedad’.

Charles Sanders Pierce definió una ‘seña’ como ‘algo que está para alguien por algo’ y una de sus mayores contribuciones a la semiótica fue la categorización de signos en tres tipos principales:

1.    Un icono, que se parezca a su referente (como una señal de carretera).

2.    Un índice, que se asocia con su referente (como el humo en las señales de fuego).

3.    Un símbolo, que se relaciona con su referente solo por convención (como una señal de ‘ceda el paso’).

Saussure trató el lenguaje como un sistema de signos, y su trabajo en lingüística ha proporcionado los conceptos y métodos que los semióticos aplican a los sistemas de signos. Uno de estos conceptos básicos de la semiótica es la distinción de Saussure entre los dos componentes inseparables de un signo: el significado y el significante.

Este interés en la estructura bajo el uso de signos particulares, relaciona a los semióticos con métodos estructuralistas, que buscan analizar estas relaciones. Las teorías de Saussure son, por lo tanto, también consideradas fundamentales para el estructuralismo (especialmente para los lingüistas estructurales) y para el postestructuralismo.

La "Teoría de la Prosa" de ShklovskiEditar

La teoría de la prosa puede ayudarnos a entender y escribir narrativa, pero el libro va mucho más lejos que esto. Algunos acusan al formalismo ruso de ser ‘frío’ y ‘carecer de interés en lo social’. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

Shklovski está muy interesado en aspectos sociales de la narrativa y en la importancia de la sociedad en el arte. ¿Por qué deberíamos hacer arte y dedicar tanto tiempo a analizarlo, si no entendemos por qué lo hacemos y por qué nos gusta? En otras palabras, Shlovsky quiere utilizar en análisis formal para demostrar cómo y por qué la narrativa es esencial para el ser humano.

Existe un punto en el que estamos tan inmersos en el mundo ficticio que suspendemos inconscientemente la distinción entre la ficción y la realidad. Esto es lo que Colleridge llamó ‘suspensión de la incredulidad’.

Shlovsky hace esto en el primer capítulo de su “Teoría de la prosa”. En él, Shlovsky explica que hay ina diferencia entre ‘reconocer’ algo (percepción automática) y ‘ver’ algo. El reconocimiento sucede cuando miramos las cosas sin verlas realmente (cuando lo que te rodea es tan familiar para ti que simplemente desconectas de ello).

‘ver’, por el contrario, ocurre cuando algo te hace mirar otra vez hacia lo mismo, y observar una cosa como si fuera la primera vez.

Shlovsky se pregunta cómo podemos escapar del ‘reconocimiento’ y retornar a la ‘visión’.

El arte solo es parte porque nos saca de nuestra complacencia y nos recuerda que estamos vivos y que las coas no tienen por qué ser tal y como son. Cualquier cosa es posible, a pesar del hecho de que rutinariamente nos convenzamos de que muchas cosas, de hecho, no son posibles, de que el mundo está hecho tal cual como nosotros lo hemos heredado y de que nada puede cambiar. Esta es la esencia del artista, de vivir fuera de la realidad prescrita.

Shlovsky también se interesa mucho en por qué algunos trabajos se sienten frescos y vivos, mientras que otros se perciben como caducados y muertos. Él busca desesperadamente las sensaciones de vitalidad y posibilidad, que para él son aspectos fundamentales del ser humano. Así pues, él quiere explicar por qué algunas obras (narrativas) producen estos sentimientos mientras que otra no.

Shlovsky nos ayuda a comprender cómo la escritura narrativa puede formar parte de nuestro deseo humano básico.

Criticismo PsicoanalíticoEditar

El criticismo psicoanalítico se refiere al criticismo literario que viene influenciado por la tradición del psicoanálisis iniciado por Freud. La lectura psicoanalítica ha sido practicada desde el temprano desarrollo del psicoanálisis.

El criticismo psicoanalítico es cualquier forma de criticismo que recurra al psicoanálisis, la práctica de analizar el papel del inconsciente (emociones ,manipulación, que comenzó con los poetas y escritores del romanticismo). La psicología dirige e impulsa la forma de la conducta humana y de la producción artística.

Los textos literarios, como los sueños, expresan los deseos secretos e inconscientes y ansiedades de los autores, de modo que un trabajo literario es una manifestación de la propia neurosis del autor. Los traumas de la infancia del autor, su vida familiar, sus conflictos sexuales, etc serán más visibles a través del comportamiento de los personajes y de su obra literaria. Así pues, los personajes son proyecciones de la psique del autor.

Las tres escuelas principales del psicoanálisis son: el criticismo de Freud, el criticismo de Jung (interesado en la cultura india y lo oculto) y el criticismo de Lacan.

Sigmund FreudEditar

Una de sus obras es “La interpretación de los sueños” (1899), para descubrir cómo funciona el inconsciente.

Él desarrolló el psicoanálisis tratando de crear una terapia para tratar desórdenes mentales. Así, desarrolló dos principios: el principio del placer y el principio de la realidad (dos fuerzas opuestas que controlan el comportamiento humano).

El principio del placer es una gratificación inmediata de los deseos y de la sexualidad en la naturaleza. Somos seres físicos con deseos físicos (comer, tener sexo…).

 
Teoría del iceberg

El principio de la realidad es el pensamiento lógico, que permite a las personas postponer esta ‘gratificación’. Este principio es más social y está relacionado con el ‘elloo’, el ‘ego’ y el ‘super-ego’.

El ‘ello’ es el inconsciente, basado en el principio del placer. Es instintivo y animal. Se relaciona con la supervivencia y con lo físico. El super-ego y el ego son pre-conscuentes. El super-ego son los aspectos sociales de uno mismo, lo que uno quiere llegar a ser por lo que ve de otras personas. Son las normas de la sociedad. El ego es la negociación entre el ‘eso’ y el ‘super-ego’, es una fluctuación que existe en nosotros mismos.

Por otro lado, la parte ‘inconsciente’ y ‘precionsciente’ no son tan evidentes para nosotros como es la parte ‘consciente’, es decir: somos como un iceberg: solo vemos una pequeña parte de lo que realmente existe en nosotros mismos.

Un ejemplo de esto es el caso del “Doctor Jeckyll y Mr. Hyde”: una parte de él carece de moral y la otra parte es el super-ego, su lado social.

Freud también trató muchas otras cuestiones como es el principio de la realidad, la perversidad polimorfa, la represión, la sublimación, el romance familiar, los fetiches o lo misterioso.

Para Freud, las mujeres sienten ansiedad por un sentimiento de castración: Cuando las mujeres descubren que sus genitales no son iguales que los del hombre y sienten envidia de este, se dan cuenta de que ellas carecen de pene y desean tener uno. Cuando se dan cuenta de que esto es imposible, buscan un sustituto: un bebé. La mujer quiere quedarse embarazada de su padre pero su padre ya tiene una pareja: su madre. De este modo, se produce el complejo de Edipo y de Electra.

Jacques LacanEditar

Jacques Lacan postuló que “el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje

La teoría del registro: Lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real forman un marco de referencia. Los nudos borromeos (imaginación, simbolismo y realidad) están unidos, pero al mismo tiempo, son diferentes, ya que se solapan y están en continuo movimiento.

El estado imaginario: Está relacionado el “ello” freudiano: los bebés se ven a sí mismos en el espejo, se distancian de su madre. Hay una adquisición de movimiento y gradualmente se reconocen a sí mismos.  Lo Imaginario es infantil, impulsivo y está relacionado con el narcisismo. Freud lo describió como una estrategia para lidiar con problemas personales. Asimismo, es fraudulento. Lacan, al escoger la palabra “imaginario” designa lo que es ficticio, simulado y virtual. Los fenómenos de lo Imaginario son necesariamente ilusiones o abstracciones reales.

Lacan tiende a asociar lo Imaginario con las partes restringidas de la conciencia y de la autoconciencia.

Lo Simbólico se adquiere cuando aparece la figura del padre, porque los bebés necesitan comunicarse con una tercera persona mediante la conversación. (El lenguaje entre la madre y el bebé es en su mayor parte no verbal, pero con el padre es verbal)

Lo simbólico está ligado a los lenguajes naturales como fueron caracterizados por Saussure. Este registro representa costumbres, instituciones, leyes, normas y reglas de culturas y sociedades que a su vez están ligados con el lenguaje. El orden simbólico lacaniano es equivalente al “espíritu objetivo” de Hegel.

Lo real es “lo que resiste la simbolización”

Lacan integró en sus obras teorías estructuralistas y enfatizó la dependencia de lo Imaginario con lo Simbólico. Esta dependencia significa que más fenómenos percibidos por los sentidos (imágenes y experiencias) nos afectan como emociones vividas de manera consciente. Además, son determinadas por estructuras socio-lingüísticas.

Con el auge de lo Real en la década de los años 60 y de los nudos borromeos en la década de los 70, se hace evidente que Lacan concibe lo Imaginario relacionado con los otros dos registros. Asimismo, lo Imaginario y lo Simbólico, cuando se consideran de manera conjunta ya están mutuamente integrados, constituyen la “realidad” en sí misma.

Por tanto, el registro de lo Imaginario es una dimensión intrínseca, inevitable de loa sujetos físicos. Además, las abstracciones ficticias de lo Imaginario no son “irreales”, sino que son integrales y tienen efectos concretos sobre realidades factuales humanas.

Según Lacan, una de las condiciones indispensables para la posibilidad de una subjetividad singular es el orden simbólico colectivo, a veces llamado “big other”.

El inconsciente analítico que está estructurado como un lenguaje está descrito mediante las redes cinéticas de los significantes interrelacionados.

Además, el inconsciente lacaniano está estructurado como un “lenguaje” no una “langue”. Aunque las dos palabras francesas se traducen al español como “lenguaje”, la primera se refiere a la lógica y a las estructuras de la sintáxis y la semántica, no necesariamente específico para lenguas naturales en particular, mientras que, la última, que también se podría traducir al español como “lengua”, se refiere a la noción del lenguaje natural.

Feminismo y PsicoanálisisEditar
 
Sigmund Freud

Según Freud, las mujeres se sienten ‘castradas’ y tienen ‘envidia del pene de los hombres’. La histeria es un desorden mental propio de las mujeres. Además, la feminidad se describe en términos desfavorables: con tendencia a los celos, pobre impulso creativo y pobres facultades morales.

Por otro lado, Lacan entiende esta ‘castración’ como meramente simbólica: se trata de del reconocimiento de la diferencia. El reconocimiento de uno mismo es el primer paso para ser consiente de la habilidad.

Entre otros autores, también cabe destacar a Julia Kristeva. En su obra, desmantela todas las ideologías, incluyndo la feminista. La autora está en desacuerdo con los puntos de vista patriarcales de Freud y Lacan.

 
Julia Kristeva

Kristeva teoriza sobre la constitución del sujeto distinguiendo entre la modalidad de la semiótica y del simbolismo. Estas modalidades son relativamente exclusivas y necesariamente dialectales. Esta distinción se establece a través sutil combinación del concepto derivado de trabajos de Platón y de las teorías psicoanalíticas, fenomenológicas y lingüísticas. Los procesos semióticos son previos a los simbólicos y son instintivos y maternales. Estos no están regulados pero sí ordenados de acuerdo a restricciones sociales.

Lo simbólico: las palabras representan claramente objetos. Lo lógico y lo ordenado. El discurso científico. La autoridad y el poder. Por otro lado, lo semiótico trata lo preedípico. El ritmo y el sonido. Las restricciones, disrupciones, ausencias, el silencio en el lenguaje y el lenguaje poético.

El lenguaje está moviéndose constantemente entre lo simbólico y lo semiótico. El significado no siempre se expresa con palabras, también se puede expresar, por ejemplo, a través de la música. Así, debemos analizar tanto el inconsciente como el consciente, el cuerpo y la mente, lo cultural y lo natural para hacer significado.

Kristeva posiciona que el lenguaje es una negociación de la relación del niño con su madre y su padre. Además, critica las premisas de Freud y de Lacan del psicoanálisis que sitúan el proceso de la identidad y el lenguaje con el ámbito del patriarcado o del padre y centra la atención en el proceso semiótico del lenguaje. Así, defiende que ambos, lo semiótico y lo simbólico (la madre y el padre), trabajando juntos, son necesarios para la práctica de la conversación en el sujeto.

Kristeva emplea el concepto de ‘chora’ para describir en contínuo y rítmico y femenino espacio compartido entre la madre y el hijo, previo a la emergencia de la fase que prepara el signo para la emergencia del orden simbólico.

Crítica feministaEditar

Definición y conceptos básicosEditar

La crítica feminista se preocupa tanto por la representación de la mujer en la literatura como por cambiar su posición en la sociedad al liberarla de restricciones opresivas. Dentro de estas restricciones, se encuentran definiciones existencialistas sobre lo que es “ser una mujer”, las cuales asumen que la naturaleza humana es universal y niegan la influencia que la cultura tiene en la construcción de la identidad femenina.

Aunque la crítica feminista incluye una gran variedad de prácticas, la mayoría de esta parte de unas percepciones fundamentales: el reconocimiento de la estructura patriarcal de la sociedad y de que el mundo está organizado en términos dictados por hombres y en su propio beneficio. Esta percepción es central para dos de las obras seminales del feminismo: Una Habitación Propia (1929) de Virginia Woolf y El Segundo Sexo (1949) de Simone de Beauvoir. Estas obras influyeron a muchas críticas posteriores, pero es a finales de los años sesenta y principios de los setenta cuando el feminismo empezó a tener un impacto sustancial en la crítica literaria. Inicialmente, en obras como las de Kate Miller, el énfasis recayó en la naturaleza misógina de una gran parte de la literatura. Al mismo tiempo, la crítica feminista comenzó a elogiar obras como Villete (1853) de Charlotte Brontë, que ofrecía una fuerte valoración sobre la experiencia de la mujer.

Toda la crítica feminista es, a su vez, política, siempre consciente de la opresión de las mujeres. Una consecuencia de esto ha sido el descubrimiento y la reedición de libros escritos por mujeres “silenciadas” por el canon masculino tradicional y la crítica en sí, como en The Madwoman in the Attic (1979) de Susan Gubar y Sandra Gilbert, se centra en la figura de la mujer reprimida.

Teóricas francesas y la "écriture féminine"Editar

Por otro lado, se comenzó a plantear preguntas sobre la naturaleza de la mujer y del hombre: las tres figuras más influyentes en esta área fueron las teóricas francesas, Julia Kristeva, Hélène Cixous y Luce Irigaray. Su trabajo no solo introdujo nuevos retos al orden establecido, sino que también planteó preguntas complejas sobre nuestro entendimiento de la subjetividad humana y su relación con el lenguaje.

Las obras de Kristeva, Cixous e Irigaray estuvieron influidas por, aunque también fueron reacciones contra la crítica deconstructivista de Jacques Derrida y de las teorías psicoanalíticas de Jacques Lacan. Resumiendo, Derrida y Lacan llamaron la atención sobre la fragilidad del orden racional que existe en la sociedad. Lacan, en cierto sentido, toma la percepción feminista de la estructura patriarcal de la sociedad, pero muestra como impregna incluso cosas tan fundamentales como la estructura del lenguaje y la mente. Sin embargo, al exponer el alcance del patriarcado, Lacan, como Derrida, también expone su ficcionalidad, construida a través del lenguaje. Contra este orden masculino, Irigaray y Cixious plantearon una escritura femenina (écriture féminine) que puede funcionar al margen de las estructuras patriarcales. Kristeva también desafía la rigidez del orden simbólico, sugiriendo que las mujeres pueden trabajar en un espacio diferente, más fluido y abierto. Por lo tanto, estas teóricas francesas, desafían una visión del mundo heredada; ven a las mujeres capaces de hablar fuera del orden falogocéntrico de la sociedad.

El feminismo francés coincide con el instinto de la crítica moderna de cuestionar las categorizaciones tradicionales y las definiciones que nuestra sociedad ha heredado. Así, se lleva a cabo un intento de reconsiderar y reexaminar la cuestión del género.

Crítica Feminista y Nuevo HistoricismoEditar

Otra inyección teórica apareció en la década de los ochenta, cuando las ideas de Michael Foucault y del Nuevo Historicismo se fusionaban con el trabajo realizado por las feministas. El Nuevo Historicismo cuestiona la visión aceptada del pasado: analiza cómo se concentra el poder y quién es excluido y marginado. En las obras de críticas como Catharine Gallagher, Nancy Amstrong, Gillian Beer y Mary Poovey se considera la relación que existe entre el género, clase y la sociedad del siglo XIX. La deconstrucción, el psicoanálisis lacaniano y el Nuevo Historicismo también cuestionaron la noción de uno mismo como se ha construido en la cultura occidental, y esto, también, se fusionaba con el cuestionamiento feminista sobre la construcción de la identidad y el género.

Importancia de la noción del géneroEditar

Durante las décadas de 1970 y 1980, se pasó de examinar la experiencia despreciada de las mujeres a un análisis mucho más amplio y una nueva lectura de toda la estructura de la sociedad, de los roles masculinos y femeninos y, de hecho, de la propia noción de género: el género llegó a ser visto como un constructo social, ni natural ni biológico, diseñado para facilitar el buen funcionamiento de la sociedad en beneficio del hombre.

Crítica gay y lesbianaEditar

Una extensión de esta conciencia, que es central para el patriarcado, es el establecimiento de roles de género firmes. Así, ha habido un aumento de la crítica gay y lesbiana, que, entre otras cosas, llama la atención sobre la naturaleza homofóbica de la historia reciente de la sociedad occidental y sobre la performatividad del lenguaje (Judith Butler).

Estudios Afroamericanos (Black Studies) y el Imperialismo del FeminismoEditar

Los Estudios Afroamericanos (Black Studies) también pueden, por supuesto, funcionar a partir de percepciones similares. Pero la percepción en los Estudios Afroamericanos de que el debate feminista ha sido principalmente sobre la experiencia blanca, y que la diferencia racial supone una diferencia a cualquier análisis, ha llevado no solo a la crítica feminista negra sino también al tipo de crítica de Gayatri Spivak sobre la forma en que incluso el feminismo, aunque involuntariamente, coopera con el imperialismo.

Objetivos de la Crítica FeministaEditar

La crítica feminista no se detendrá todavía, ya que es un movimiento crítico que parte de un reconocimiento de que la fijeza y las generalizaciones eran parte del orden antiguo para dar sentido y controlar la sociedad. La crítica feminista funciona con un programa cambiante, de reconocimiento interminable tanto la complejidad del pasado y los límites de cualquier esquema de interpretación que coloquemos en el pasado. Cuestiona el orden patriarcal de la sociedad, pero está dispuesto a aceptar y trabajar con la provisionalidad que es la consecuencia de cuestionar o abandonar ese orden antiguo, que contiene ficción.

Historia de la Crítica FeministaEditar

Hubo tres grupos:

LA PRIMERA OLA:  siglo XIX y XX: Marcado por la lucha por el sufragismo femeninoEditar
  • Olympe de Gouges: Declaración de los Derechos de la Mujer de la Ciudadana (1791). Fue una respuesta a la Declaración de los Derechos de los Hombres. Más tarde fue asesinada debido a este trabajo.
  • Mary Wollstonecraft: Vindicación de los derechos de la mujer (1792). Escribió esta obra en respuesta a la conservadora crítica de Edmund Burke a la Revolución francesa en Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790).
  • Soujoumer Truth: Ain’t I a woman? (1851). Criticó las diferencias entre los derechos de las mujeres blancas de la clase obrera y las de las mujeres negras.
LA SEGUNDA OLA: Siglo XXI (1960-1970).Marcada por la lucha por los derechos reproductivos.Editar
  • Simone de Beauvoir: El Segundo sexo (1949)
  • En 1960, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) aprobó la píldora anticonceptiva oral combinada.
  • Betty Friedan: La mística de la feminidad (1963). Denunció la opresión de las mujeres argumentando que las mujeres no pueden tener su propia identidad. Fundó NOW, Organización Nacional de Mujeres, cuyos miembros eran mujeres blancas ricas.
  • Kate Millet publicó Política Sexual (1970) y definió el patriarcado como una institución en la que la mitad de la población (mujeres) está bajo el control de los hombres. Según Millet, todas las sociedades son patriarcales porque los hombres dominan y las mujeres están subordinadas. Como la familia es una unidad patriarcal, ayuda a imponer la noción de subordinación femenina y superioridad masculina en todas las esferas de la sociedad, como la educación, la religión y la literatura.

La otra cara del feminismo radical fue el "feminismo de la diferencia". Sus principales representantes fueron Adrianne Richard y Germane Geer. Pensaban que las mujeres no tenían que imitar a los hombres.

El "feminismo de la diferencia" francés está representado por: Julia Kristeva, Hélène Cixous, Luce Irigaray y Annie Leclerc.

En Italia: de la escuela Milano: Carla Lonzi, Rossana Ronda y Luisa Murano.

LA TERCERA OLA: Década de 1980, 1990 y 2000.Editar

Surge el Ecofeminismo, el Ciberfeminismo, la Interseccionalidad, el Feminismo negro, la Teoría queer, la Teoría chicana, etc.

Crítica PostcolonialEditar

DefiniciónEditar

La crítica postcolonial se centra en el estudio de las consecuencias de la colonización de culturas orientales por otras occidentales. Los colonizadores habían extendido la idea que los occidentales eran de raza superior, civilizados, morales, justos, racionales, masculinos y que los orientales eran débiles, salvajes, incivilizados, supersticiosos y femeninos.

Imperialismo culturalEditar

Además, existe un imperialismo cultural, es decir, la cultura (e.g. literatura, lenguaje, cultura popular) apoya el imperialismo. La cultura difunde la idea de que “el Otro” es inferior. Es más, la propia definición del “Otro” es racista. Ejemplos de esta literatura racista serían: la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas (1899) y Las mil y una noches, entre otros.

Alienación del nativoEditar

Documentos históricos como la obra Minute on Indian Education (1835) de Thomas Babington Macauly muestran que la educación, junto al estudio de la literatura inglesa y el idioma inglés, desempeña un papel estratégico en la corrupción de los pueblos colonizados.

Al inculcar el eurocentrismo occidental, la educación literaria apoya una especie de colonización cultural, creando una clase de sujetos coloniales a menudo presionados por una doble conciencia.

El ensayo Una imagen de África: racismo en «El corazón de las tinieblas» de Conrad (1977) del autor y crítico nigeriano Chinua Acheve, es un texto fundamental de la crítica poscolonial. Expone el racismo que radica de esta obra, un racismo en el que a la cultura occidental se le otorga el estatus de privilegio dentro del canon occidental.

La literatura colonizadora ven a las personas colonizadas como una amenaza para ellos mismos y para el mundo civilizado si se las deja “desatendidas”. Así, debido a la marginación del colonizado, surge la alineación colonial. Por lo tanto, el colonialismo conduce a la alienación del nativo a su propia tierra.

Objetivos de la Crítica PostcolonialEditar

La crítica poscolonial busca:

- Describir los mecanismos del poder colonial, recuperar las voces subalternas excluidas o marginadas y teorizar las complejidades de la identidad colonial y poscolonial, la pertenencia nacional y la globalización.

- Recuperar el pasado de las colonias, ya que se encuentra devaluado por la ideología colonialista

- Encontrar discursos intelectuales alternativos basados ​​en sus propias voces.

- Examinar la representación de otras culturas

- Mostrar cómo la literatura no dice nada sobre asuntos de imperialismo y colonialismo

-  Plantear la cuestión sobre la diversidad y la diferencia cultural

- Celebrar la cultura política perteneciente a más de una cultura

- Afirmar que la marginalidad, la pluralidad y la "otredad" son fuentes de energía y pueden potencialmente cambiar

- Poner énfasis en la identidad como inestable y que puede cambiar

Autores postcolonialesEditar

Dentro de la crítica postcolonial se encuentran autores como:

-  Homi K. Bhabha

- Stuart Hall, La cuestión poscolonial (1996)

- Edward Said, Orientalismo (1978)

-  Joy Kogawa, Obasan (1981)

-  Bill Ashcroft, The Empire Writes Back (1989)

Crítica PostmodernistaEditar

Dentro de la crítica postmodernista, hay diferentes puntos de vista: la del lector, la del texto y la del autor. Cada una representa diferentes construcciones de la realidad, por lo tanto, puede haber múltiples conciencias. La teoría de la recepción se centra en la impresión del lector sobre el libro. Destacan críticos como Hasserl, Sartre, Heidegger, Hirsch, Wiser, Stanley y Levi- Strauss.

También hay una relación entre Postmodernismo y la Deconstrucción: destacan autores como Roland Barths, Michael Foucault y Jacques Derrida. Lyotard Baudillard concluyó con la idea de que no ya no hay una realidad porque creemos en cosas que ya no son verdaderas, pero creemos que lo son (Hiperrealismo)

Según el Estructuralismo, la cultura nos crea a nosotros. El lector puede deconstruir el texto y crear una nueva realidad, una nueva cultura.

Las raíces del Postmodernismo también se encuentran en el Existencialismo el cual postula:

-  La existencia precede al conocimiento.

-  Los hombres crean todos los significados

-  Hay un sentimiento inherente de alienación, angustia y ansiedad.

- Concepto nietzscheano de que los hombres deberían alzarse de las ruinas

-  La filosofía del Postmodernismo es el nihilismo, lo absurdo y la desesperación

El precursor del Postmodernismo: la literatura modernista:

- Ponían énfasis en el impresionismo y la subjetividad

- Había una tendencia hacia la reflexividad y la autoconciencia

- Obsesión con la psicología del yo

- Rechazo a las teorías estéticas tradicionales

- Lenguaje experimental

Teoría postmodernistaEditar
Teoría de la recepción:
  • l significado comienza con el lector, no con el autor ni con el texto
  • -Necesitamos abrirnos a los fenómenos del texto
  • Leer es una experiencia “espiritual” que puede conducirnos a un sentido
  • Leer nos permite conectar con “la historia, esencias y tradiciones”
  • Los lectores somos co-socios del autor
  • Para Husserl, leer es un proceso intuitivo
  • Jean Paul Sartre considera que la recepción de los lectores sobre los libros forma parte de la propia ob
  • Martin Heidegger no coincide con la opinión de Husserl (sujeto transcendental capaz de conocer a través de la intuición), cree que el lenguaje forma parte de la sociedad, su idea fundamental es que es la cultura nos construye
  • Hirsch le da importancia a la intención del autor y piensa que el lector debe reconstruir lo que el autor ha escrito.
  • Wolfgang Iser le da importancia al papel del lecor como co-socio. El lector aporta conocimiento y experiencias al encuentro literario.
  • Levi- Strauss: Post Estructuralismo: Entendemos el mundo a través de conceptos binarios. Todas las culturas organizan el conocimiento mediante pares binarios y gracias a ellos, la gente puede creer en contradicciones.
HermenéuticaEditar

El nombre proviene del dios griego Hermes. Todas las interpretaciones consisten en el diálogo entre el presente y el pasado.Gadamer considera que todas las interpretaciones son situacionales y limitadas por criterios relacionados con la historia de cada cultura. Así, es imposible conocer el texto tal como es.Roland Barthes dijo que “el autor está muerto”. Así, hay una transición entre Estructuralismo y Postestructuralismo. Roland Barthes fue uno de los primeros en analizar la manipulación de la realidad a través del consumismo y los medios de comunicación El lector “produce” un texto en sus propios términos, forjando significados a partir de “lo que ya se ha leído, visto, hecho y vivido.Se puede interpretar la literatura desde muchos puntos de vista.

Teoría literaria postmodernistaEditar
  • No es una escuela unificada, sino un grupo de posiciones teóricas
  • Discurso auto reflexivo que es “consciente de la provisionalidad, ambigüedad y complejidad y complejidad de las interrelaciones entre los textos y sus significados” (Lye)
  • Rechaza una visión totalitaria, el concepto esencialista y el fundamentalismo
Definición del PostmodernismoEditar
  • Es una reacción en contra del Modernismo, pero no añoran la historia, el yo, la religión, etc,
  • Es un término que se puede aplicar a varias disciplinas como la antropología, la psicología, arquitectura, historia, etc.
  • Rechazan las narrativas dominantes.
  • Considera que el lenguaje es una construcción social que “habla” e identifica el sujeto.
  • Tienen un sentimiento de fragmentación del yo
  • Hay autores múltiples con múltiples voces conflictivas
  • Auge de la literatura electrónica (Blueberries)
Conceptos básicos del PostmodernismoEditar
  • El conocimiento es contingente, contextual y vinculado al poder
  • Todas las interpretaciones están condicionadas por la perspectiva cultural y son mediada por signos. El lenguaje es una construcción social
  • La verdad es pluralista y depende del marco de referencia del observador
  • Los valores derivan de las prácticas sociales ordinarias, las cuales sufren manipulación y dominación.
  • El observador participa y forma parte de lo que se está observando. Así, hay performatividad.
Conceptos básicos de la literatura PostmodernistaEditar
  • Libertad extrema de forma y expresión
  • Rechazo de los límites de la narración y el género
  • Autor intruso y autorreflexivo
  • Uso de símbolos, imágenes y pastiche
  • Colección Electrónica Digital
  • Interactividad
  • Parodias de meta-narrativa y humor negro
  • Conspiraciones y paranoia
  • Desapego irónico
  • Innovación lingüística
  • AmbigüedadMúltiples terminaciones

Introducción de la Teoría Crítica en EspañaEditar

Manuel Sacristán fue el primero en España en traducir un libro de un miembro de la Escuela de Frankfurt. De hecho, en 1962 tradujo no uno, sino dos de los libros de Adorno, Notas de literatura y Prismas; La crítica de la cultura y la sociedad, ambos publicados por Ariel.[3]​ Por otro lado, Jesús Aguirre, durante su estancia como director literario en la editorial Taurus, también jugó un papel crucial en la introducción de la Teoría Crítica en España a través de la traducción y edición de numerosas obras de diversos miembros de la Escuela, particularmente Benjamin.[4]​ De hecho, los 43 libros de la Escuela de Frankfurt que fueron publicados en España entre los años 1962-1981, la editorial Taurus fue responsable de un total de 13.[5]

BibliografíaEditar

ReferenciasEditar

  1. Teoría tradicional y teoría crítica (1937), Max Horkheimer, Paidos UAB, 2009 ISBN 978-84-493-0819-2
  2. Voz Teoría crítica en Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora, Vol Q-Z, Editorial Ariel, 1994, ISBN 88-344-0-504-0 pág. 3477
  3. Caballero Rodríguez, Beatriz. Against Instrumental Reason: Neo-Marxism and Spirituality in the Thought of J.L.L. Aranguren and J. Aguirre: Anagnórisis, 2013: 24 ISBN 978-84-15507-18-5.
  4. Caballero Rodríguez, Beatriz. Against Instrumental Reason: Neo-Marxism and Spirituality in the Thought of J.L.L. Aranguren and J. Aguirre: Anagnórisis, 2013: 26, 262-71 ISBN 978-84-15507-18-5.
  5. Caballero Rodríguez, Beatriz. Against Instrumental Reason: Neo-Marxism and Spirituality in the Thought of J.L.L. Aranguren and J. Aguirre: Anagnórisis, 2013: 27 ISBN 978-84-15507-18-5.

Véase tambiénEditar

Enlaces externosEditar